Bueno, este es el capítulo final. Antes de añadir nada más, me gustaría pedir perdón. Ya sé que dije que subiría este capítulo hace semanas, si os sirve de excusa, he estado sin internet más de dos semanas, y luego tuve a una amiga de visita en casa (^_^ nos divertimos mucho!) Para algunos no será excusa, lo sé, cuando leo algo que se actualiza regularmente, me dan mucha rabia los retrasos, así que sé lo que se siente. Aun así, perdón a todos.

Como adelanto, os diré que estoy terminando otro fic, más largo y más dramático, Drarry también y que dentro de muy poquito lo estaré publicando, así que no me perdáis de vista ^_^

Muchas gracias a todos los que habéis seguido la historia, de verdad. Un beso.


En cuanto sale por la chimenea, el sonido suave de la música y la charla de la gente le inunda los sentidos. Se oyen montones de voces, unas murmurando, otras hablando casi a gritos. Se adentra mirando a un lado y a otra y reconoce caras y gestos.

Como hizo en la fiesta anterior, se desliza cuidadosamente hacia un lado con el fin de no llamar mucho la atención. Sin darse cuenta de que precisamente él es el invitado de la noche y antes de que se quiera darse cuenta, se ve envuelto en mil y una conversaciones diferentes.

Cerca de dos o quizás tres horas después, puede volver a escabullirse; la cena ya ha terminado y se acerca a un grupo de gente joven que charla animadamente. Justo cuando va a intervenir, nota como alguien le da un toque suave en el hombro. Al volverse se encuentra con prácticamente toda la generación gryffindor de cuando estudiaba en Hogwarts.

—¡Ey! ¿qué pasa tío? —dice un chico irlandés del que no recuerda el nombre.

—¿Qué pasa Harry? —pregunta otro.

Él simplemente sonríe y deja que el verdadero Harry hable con sus amigos.

Pero para su desgracia, un par de minutos después, llegan Weasley y compañía para echarle un brazo sobre el hombro y llevárselo a otro lado.

—¿Qué pasa, compañero? —dice el pelirrojo—. ¿Por qué has venido tan pronto? Sabes que hasta después de la cena no empieza lo interesante.

Draco intenta no pensar en que Harry se la ha jugado por ocultarle eso.

Están charlando un rato más hasta que es Granger, quien esta vez, lo agarra de la túnica para que nadie más pueda oír lo que quiere decirle.

—¿Qué tal estás Harry? —pregunta escudriñándole con la mirada.

—Bien, como siempre.

—Te veo raro —añade acercándose aún más—, ¿ha ocurrido algo?

—No —se apresura a decir—, absolutamente nada.

—¿No? —insiste—, ¿todo bien con ese chico del que me hablaste? No entiendo por qué no quisiste decirme ni siquiera cómo se llama.

Draco alza una ceja bastante sorprendido por eso, y curioso. Harry para la conversación o al menos lo intenta.

—No hay nada con ese chico, no era nada serio. Nos acostamos un par de veces, pero ya ha terminado —dice con cierto tono.

—Ah, pues yo creía que te gustaba, ¿qué ha pasado?

—Nada, ya sabes, miedo al compromiso, les pasa a muchos.

—Lo siento —añade Granger mirándolo con disgusto—. Es una pena, creía que podría llegar a ser algo más.

Draco, que se ha estado mordiendo la lengua hasta ese momento, explota.

—Ya, quizás lo que realmente le molestó fue que me presentase en su trabajo y le besase allí mismo, en medio, delante de cualquiera que estuviese allí.

Hermione alza una ceja perpleja.

—¿Hiciste eso, Harry?

—Sí —responde intentando recuperar su voz de la sorpresa—, pero es una tontería, si lo hice fue porque pensé que le gustaría.

—Bueno, a lo mejor sí que le molestó. Podrías preguntárselo. Yo no me molestaría, pero…

—¡Es que no es motivo para enfadarse! —dice Harry; pero rápidamente, Draco contraataca—. Puede, pero quizás se molestó porque hacía poco que lo habían ascendido y no quería que la gente pensase que eso era porque se estaba tirando al niño que vivió.

—¡Harry! —grita Hermione algo escandalizada.

—¡Draco! —dice Harry casi al mismo tiempo.

—¿Draco?, ¿has dicho Draco?

Hermione lo mira suspicaz.

—No he dicho eso —se corrige en seguida—. He dicho lo siento, lo siento.

—No, has dicho Draco. Te he oído perfectamente. Espera —de repente, los ojos se le han abierto como si hubiese tenido una iluminación y se lleva la mano a la boca—. ¿Es Malfoy? ¿ese chico del que no me quieres hablar es Draco Malfoy?

"Genial —piensa Harry para que el rubio lo oiga—. Mira lo que has conseguido."

—No es…

—No intentes engañarme, te conozco como la palma de mi mano, Harry James Potter —Hermione se pone en modo madre regañona—. Había oído que Malfoy era gay, y sé de muy buena tinta que ha sido ascendido hace poco. Trabajo en el departamento de Asuntos Internacionales y a menudo tengo contacto con el de Protocolo —Harry resopla porque ya no puede negarse—. Pero, ¿Qué haces enredado con él? ¿No recuerdas todo lo que nos hizo pasar? Harry, no sé si es adecuado que salgas con él…

—¡Oye!, no es mala persona y en el colegio no era más que un crío, no tuvo otra elección. No seas tan prejuiciosa, Hermione —lo defiende Harry para sorpresa de ambos—. Cuando lo conoces mejor te das cuenta de que no es así, tiene sentido del humor y es amable cuando quiere…

—A ver, no estoy diciendo que sea mala persona, no tanto como eso —responde sintiéndose un poco atacada—, es simplemente que detrás de los dos hay mucha historia, pero nada bueno.

—¿Y qué? Hemos hecho borrón y cuenta nueva, no hablamos de esas cosas y no vamos a hablarlas. Es el pasado, además, ¿olvidas que Ron se pasó los primeros cuatro cursos metiéndose contigo y en algunos incluso ni te habló?

—Vale, vale, no hace falta que te pongas tan a la defensiva. Si quieres tener algo con él sabes que no seré yo quien se interponga…

Draco sonríe de lado y deja que Harry siga charlando con Granger de otras cosas. Ahora está tranquilo, nota como todo el peso que su estómago ha estado albergando durante la cena ha desaparecido. Puede que aun tenga una charla pendiente con Harry, pero no lo va a dejar escapar, eso está claro. Lo quiere con él, a su lado.

Media hora más tarde, Draco necesita ir al baño. Está deseando quedarse a solas con Harry, y aunque sea de esa forma en que ni siquiera puede verlo, no puede aguantarse más lo que quiere decirle.

Entra decidido y cuando está frente al espejo la puerta se abre y todas sus intenciones se cuelan por el retrete.

"¿Pero qué problema tiene este chico con los baños?" piensa Draco inmediatamente

Harry que aún está algo molesto, le replica: "Pues la última vez no parecía que te importase tanto, prácticamente te dejaste besar por él"

Draco pone los ojos en blanco, no sabe si Harry está celoso o simplemente molesto con ambos. Desea enérgicamente que sea la primera opción.

Ambos ven por el espejo como Julien se acerca. Antes de que digan nada, el rubio ha vuelto a acorralar el cuerpo de Harry, haciendo que Draco resople algo resignado.

—Llevo toda la noche mirándote, pendiente de ti. Creía que nunca entrarías —dice mirándolo de arriba abajo.

—Ya ves, hasta los héroes necesitamos ir al baño de vez en cuando; si me permites —repite como la última vez.

—No. Hoy no vamos a jugar al gato y al ratón —le susurra mientras le coloca un mechón de pelo negro tras la oreja.

—Mira, Julien, no tengo ganas de tontear, así que hazme el favor de desaparecer —arremete Draco.

Pero como pasase en la anterior ocasión, eso no sirve para persuadir al rubio, quien vuelve a empujarlo y se pega mucho a él.

—No me iré de aquí si no me das al menos una oportunidad. Hasta que me dejes que te toque y te haga mío y solo mío. Me da igual lo que tengas con el otro chico, ese rubio, o quien sea. Eres mío y sé que tú quieres estar conmigo. No lo niegues.

Draco se queda estupefacto. Sin respuesta. Solo siente el cuerpo más grande y más fuerte pegado a él, presionándolo. Su olor impregnándolo, sus labios cerca, unas manos sobre sus caderas…

De repente gira la cabeza, algo agobiado, y ve la imagen en el espejo. No es él. Es Harry. Harry atrapado por ese gilipollas. Las manos de ese completo imbécil sobre su cuerpo. Le hierve la sangre, y como remate, observa como posa sus labios en el cuello del gryffindor y eso ya es motivo suficiente para querer matarle con sus propias manos. Está tocando a Harry. A su Harry. Nadie toca a Harry, es suyo.

Le da un empujón agradeciendo de nuevo que el moreno tenga un cuerpo mucho más fuerte.

—No vuelvas a ponerme una mano encima, ¿me oyes? —grita furioso—. Estoy con ese chico, y sé que te mataría si se enterase de lo que estás haciendo, así que más te vale mantenerte alejado.

—Puedes decir lo que quieras, pero sé que volverás. Siempre vuelves —le dice con desprecio cuando comprende que está siendo rechazado.

"Saca la varita, Draco." piensa bastante enfurecido, quiere darle su merecido, porque no soporta que le hable así delante del rubio.

"No, Harry, vámonos."

Harry resopla y ambos salen de allí, no sin antes hacerle un gesto bastante ofensivo a Julien.

Draco se sienta en un banco alejado del bullicio, quiere hablar con Harry a solas, y no quiere que esta vez alguien pueda interrumpirlos.

—Siento lo que te dije, estaba algo alterado por todo, no debí pagarlo contigo —le dice intentando parecer lo más culpable posible.

Harry, que puede notar como Draco quiere bloquear sus pensamientos para no mostrar demasiada debilidad, siente que dice toda la verdad, que está siendo completamente sincero.

—Está bien, pero es la última oportunidad que recibirás, de ti depende si la aprovechas bien o no.

Draco sonríe mientras ingesta otra cantidad de poción multijugos, como lleva haciendo toda la noche cada una hora aproximadamente.

—Haré que no te arrepientas, te lo juro —dice, y se apoya con un codo en la barra.

Odia estar así, si estuviesen realmente uno al lado del otro lo tocaría, quizás solo con el dorso de su mano, puede que simplemente lo rozase, y Harry le devolvería esa sonrisa con ojos brillantes y él se sentiría mucho más seguro.

Lucha por no dejar lo que está haciendo, salir corriendo y aparecerse en su casa, lucha con fuerzas porque de repente se da cuenta de que ese impulso es aún mayor que el de querer impresionar en su trabajo y es la primera vez que lo siente.

"Ojalá estuvieses aquí" susurra Harry en su cabeza como reproduciendo las sensaciones que vagan por su cuerpo en ese momento.

¿En qué demonios se ha convertido? En Harry Potter, literalmente. En un manojo de hufflepuffs, metafóricamente. Nunca ha tenido esa ansiedad que siente ahora por besar a alguien. Puede que el hechizo tenga un error y esté permitiendo que Harry pueda poseerlo más allá de sus efectos. Pero sabe que no, que el gryffindor tiene otras formas de atraer y dejar huella en su piel, ya lo ha comprobado algunas noches atrás.

Mientras charlan embobados el uno con el otro un chico moreno se sienta al lado de Harry y le sonríe.

—Hola —le dice—, he visto que estabas solo y he pensado que quizás te apetecería una copa.

—No, gracias, estoy servido —responde Draco levantando la suya.

—Vamos, solo es una copa, no te estoy pidiendo nada más.

El rubio se encoje de hombros, más molesto por la interrupción que por lo que pueda pretender ese imbécil, mientras él esté al mando de ese cuerpo, está tranquilo. Nadie va a tocar a Harry sin recibir su correspondiente hechizo.

El chico le pone una copa delante y le da un sorbo a la suya mientras le mira curioso.

Él coge la bebida, se la lleva a los labios y bebe al menos un cuarto del vaso, quiere que desaparezca lo más rápidamente posible.

—¿Cómo has dicho que te llamas? —pregunta de repente Draco.

Este sonríe con una mueca diferente a la de antes.

—No te he dicho mi nombre, pero es McNair.

—¿McNair? —pregunta extrañado—. ¿Eres sobrino o nieto de Walden McNair?

El chico en vez de contestarle alza su copa y sonríe.

—Multijugos —y sosteniéndole la barbilla con fuerza añade—, y tú ahora te vas a venir conmigo, Potter.

Draco intenta echarse hacia atrás pero no puede moverse. Mira su copa de reojo y sabe que lo han envenenado, o le han dado alguna poción, y por eso no puede mover casi ningún músculo.

"Harry…" piensa, pero éste ya se ha dado cuenta en cuanto McNair ha dicho su propio nombre.

El mortífago agarra al que él cree es el héroe del mundo mágico y lo arrastra hacia un lado. Harry se siente extraño, nota como las percepciones de Draco están cambiando y todo le parece muy raro a la vista.

Y de repente, cuando están llegando a una puerta dentro del ministerio que le suena vagamente, todo se vuelve negro y el hechizo acaba.

Sabe que si eso ha sucedido es que Draco ha perdido la consciencia.

Ahora se siente muy nervioso. Sabe lo que tiene que hacer, pero no puede evitar que la incertidumbre lo posea. Precisamente hoy, hace diez años que no tenía que enfrentarse a algo como esto. A un seguidor de Voldemort.

Lo primero que hace es echarse un hechizo sobre la pierna. Algo que le ayude temporalmente a andar con más normalidad, no se puede presentar allí cojeando. Sabe que luego será peor para su recuperación, pero lo que realmente necesita ahora es ir allí y sacar a Draco de donde esté.

Mediante la red flu se aparece en su despacho en el ministerio y busca esa maldita puerta con desesperación, sabe que la ha visto antes aunque no la reconoce a la primera, sería imposible aprenderse cada una de las puertas que adornan el ministerio.

Con el cuerpo sembrado de nervios busca ansiosamente. Se va a la puerta donde se está celebrando la fiesta e intenta reproducir el camino que ha visto medio difuminado gracias al hechizo de Draco.

De repente, para su suerte, los ve saliendo por una puerta.

Hay dos mortífagos, y entre ambos llevan el cuerpo de quien ellos creen es Harry, levitando por delante.

—¡Eh! —les grita nada más verlos.

Corre hacia los tres, y entonces se da cuenta de la cara de pasmo que presentan ambos y cae en que debe ser muy raro para ellos ver a dos Harry Potter.

Miran a uno y a otro intermitentemente.

—Soltadlo —aprovecha la confusión—. No es el verdadero, solo me está sustituyendo durante la fiesta.

Por supuesto, no lo hacen, como habría esperado.

—Coge a ese también y ya averiguaremos cuál de los dos es el verdadero.

Pero Harry no ha llegado a ser auror por ser un ingenuo a la hora de enfrentarse a sus enemigos y antes de que siquiera den un paso adelante ya ha sacado su varita. Los mortífagos también y de repente se encuentran en un cruce de hechizos.

Ellos son dos, pero tienen que cargar con el cuerpo inconsciente de Draco, lo que dificulta su maniobra.

Uno de los hechizos da sobre una pared y le hace un agujero. De repente, algunos magos se asoman por él sorprendidos por el estruendo y el destrozo.

Todo el mundo en la fiesta parece haberlo oído y salen en tropel para averiguar lo que ha pasado, lo que aprovechan los mortífagos para intentar huir echando un hechizo que provoca una tormenta de polvo y viento que dificulta su visión.

Harry corre hacia delante, pero cuando se quiere dar cuenta tiene a algunas personas a su lado.

—¿Qué está pasando, Harry? —pregunta Ron a su derecha.

Hermione está junto a él, y Neville también.

No sabe cómo empezar a explicarles todo lo que ha pasado, sobre todo porque no quiere descubrir a Draco, pero visto como están las cosas, le resulta sumamente difícil.

Sus amigos escuchan con atención e intentan seguir a McNair por el pasillo. Corren todo lo posible, porque saben que como llegue a alguna de las chimeneas estará todo perdido.

Justo cuando está llegando al atrio los ven. Intentan colarse, efectivamente, usando la red flu, pero Hermione los bloquea mediante un hechizo que les hace retroceder.

—¿Y quién es a quien tienen? —pregunta Ron.

Harry no sabe que responder, porque, ¿y si le dice que es Draco y se niega a ayudarlo?

Le responde que da igual quien sea, que tienen que ir a por él.

Cuando se han visto acorralados, la gravedad de los hechizos ha ido en aumento. Hermione tiene sangre en la cara y eso enerva a su amigo, que comienza también a lanzar hechizos bastante más fuertes.

Él intenta que ninguno le dé a Draco, que permanece aún inconsciente, y espera con ansias que lo que sea que le hayan dado se pueda revertir.

Entonces, el otro mortífago, agarra el cuerpo inerte y lo pone frente a ellos.

—Si sigues atacando, lo mataré —dice presionando su varita en el cuello del ahora moreno.

Harry baja la suya instantáneamente.

Ron lo mira estupefacto, como si no pudiese creer que se esté rindiendo. La mirada de Hermione es más compasiva que otra cosa.

—Hagamos un cambio —dice Harry mirando a ambos mortífagos—. Me queréis a mí, ¿no? Pues dejadlo en el suelo y yo me iré con vosotros, pero nada de tonterías.

—¡Harry! —grita el pelirrojo que no se cree lo que está haciendo.

—¿Y cómo sabemos que eres tú el auténtico y no este?

Lo único que se le ocurre al gryffindor en ese momento para demostrar su identidad es lanzar un patronus. Uno que todo el mundo mágico conoce. Un enorme ciervo plateado que cabalga por el atrio del ministerio.

Todos se quedan perplejos durante un segundo mientras el animal, apacible, se pasea de un lado a otro pareciendo ajeno a todo.

—Está bien —dice McNair—. Sepárate de tus amigos, deja tu varita en el suelo y te lo acercaré.

Harry obedece y a mitad de camino se cruza con el cuerpo flotante de Draco.

—¿Qué le habéis hecho? ¿se recuperará?

Se pone junto a él y le acaricia el rostro, es un poco extraño ya que es él mismo, pero no puede evitarlo.

Los mortífagos le instan a que se adelante y lo hace sin rechistar, y una vez que está a su lado lo agarran con fuerza y le lanzan un hechizo para atarlo.

Los chicos reciben al clon de Harry y lo ponen con cuidado en el suelo, Hermione intenta volverlo en sí con enervates mientras Ron y Neville observan y piensan en qué hacer ahora.

Pero para sorpresa de todos, cuando quieren darse cuenta, Harry se ha soltado y está luchando con uno de los mortífagos.

Ron lo mira con los ojos completamente como platos, sin saber que ha pasado en esos dos segundos que no ha estado mirando, pero no se entretiene y se lanza a ayudar a su compañero.

Se pregunta de dónde ha sacado esa varita y cuando la observa de cerca se da cuenta de que le parece sospechosamente conocida.

En pocos minutos, tienen a ambos mortígagos totalmente reducidos.

Ellos están agitados y sudorosos pero se sienten satisfechos de sí mismos.

Ron se acerca a él mientras intenta recomponerse del susto y la carrera.

—¿De dónde has sacado la varita de Malfoy? —le pregunta sin rodeos.

Harry mira a Hermione y al falso Harry que en este momento se está recuperando.

El pelirrojo lo mira también y cuando vuelve a fijar la vista en su amigo, este se está acercando a ellos.

—¿Cómo estás? —le pregunta a Draco—, ¿estás herido? ¿necesitas algo?

Este niega aunque se sujeta la cabeza con una mano como si esta le doliese.

Poco a poco, mientras charlan, los efectos de la multijugos van pasando y el pelo negro del Harry que hay sentado en el suelo va pasando de oscuro a rubio.

Cuando ya está casi recuperado, llegan los aurores y se llevan a los mortífagos.

Harry está a punto de volver a irse a la enfermería a recuperarse de su pierna junto a Draco que aún parece algo mareado por lo que ha tomado, cuando Ron y Hermione se unen a ellos en el camino.

—Oye, Harry —le pregunta el pelirrojo—, ¿de dónde sacaste la varita de Malfoy?

Draco también lo mira curioso.

—Es cierto, la tenía escondida, ¿cómo supiste donde la tenía?

Harry que aun cojea ligeramente se ruboriza y lo mira como si no creyese por qué le está haciendo esa pregunta. Y como se da cuenta de que el rubio parece totalmente ajeno a lo que está pensando, lo suelta sin más.

—Bueno, digamos que te he visto vestirte y desvestirte demasiadas veces como para no fijarme donde guardas tu varita.

Ron se ríe creyendo que es una broma y cuando ve que Draco ha pasado de su palidez habitual a un rojo alarmante y que Harry lo mira con desafío en la mirada se para en seco y su risa se convierte de repente en una tos alarmante.

—No —dice sin más.

Hermione comienza a reírse, conocedora como era de ese dato y ayuda a Ron que se ha rezagado un poco debido al shock.

Draco niega con la cabeza avergonzado mientras recupera su color usual y se pone junto a Harry, le da un suave empujón con su hombro y lo mira con suspicacia.

—Gracias —le dice en un susurro para que la otra pareja no les oiga.

Harry se para y lo mira a los ojos con una intensidad que Draco jamás le ha visto antes.

—No me des las gracias, me estaba salvando a mí mismo…

—No seas tonto —dice sonriendo—, aunque fuese tú con multijugos, seguía siendo yo mismo…

—No me has entendido —añade antes de darle un beso en los labios.