Capítulo 3: Dánae
Óyeme, Hermes, mensajero de Zeus, hijo de Maya, que tienes un gran corazón, que presides en las disensiones; señor de los hombres, alegre, lleno de astucias, intermediario, matador de Argos que tienes talones alados; amigo de los hombres, inspirador de la elocuencia, que te regocijas con las disensiones y las mentiras astutas; intérprete universal, que gustas del provecho, que disipas las inquietudes, que tienes en tus manos el signo irreprochable de la paz; bienaventurado obrero, utilísimo, el de espíritu cambiante que vienes en ayuda de los hombres en sus trabajos y sus necesidades y que los proteges cuando hablan. Óyeme, da un dichoso fin a mi vida, los trabajos, la elocuencia y la memoria.
Atena casi podía escuchar la silenciosa oración del Santo de Piscis. Lo miraba paciente, seria y expectante. El olor del incienso le picaba la nariz pero no le molestaba. Alguna vez estuvo acostumbrada al aroma y el aspirarlo le traía buenos recuerdos; una buena noticia después de haber presenciado las tristes condiciones de Feneo. La bella ciudad se había transformado en una simplona zona rural: árida y pobremente habitada. No era de sorprender que Hermes dejara de visitar su restaurado templo desde hacía tanto tiempo.
Tanto que no estaba segura de encontrarlo.
Los rezos se extendieron por varios minutos y la Diosa comenzó a impacientarse.
-"¿Quién es él?"
Una aguda voz la hizo respingar. Fue difícil distinguir al dueño de la misma, pues la luz en el exterior del templo y la débil iluminación del mismo solo le permitieron ver el perfil del recién llegado. Solo una cosa era clara: el invitado era pequeño y delgado. Flaco por no decir más. Atena recargó su frente en la parte lisa de su báculo, escondiendo con él la sonrisa de su rostro.
-"¿De cuándo acá usas disfraces para presentarte, mensajero Argifontes?"
El muchacho se adentró al edificio, mostrando ante la luz de las antorchas, las delgadas y sucias ropas que le cubrían. Su morena piel estaba llena de manchitas de lodo y su cabello desaliñado y polvoriento. Definitivamente no se trataba de una imagen muy divinal.
-"No era sabio que me presentara en la Tierra. No después de lo ocurrido."- La sonrisa desapareció del rostro de la Diosa. 'Después de lo ocurrido'. Aquella frase no era una que le resultara muy grata. –"Pero sabes que siempre he sido curioso. No pude evitar el venir. ¿Cómo negar semejante súplica?"- El niño dejó de prestarle atención a la mujer y caminó hacia el Caballero Dorado, que permanecía impasible hincado ante una figurilla de madera
-"¿Quién es?"
-"El duodécimo."
El Dios sonrió, inclinando su cabeza hacia delante para estudiar a Afrodita con mayor detenimiento. Una vez concluido su reconocimiento, decidió proseguir con la conversación.
-"¿Qué deseas, Tritogenia? Seguramente no me llamaste para hablar del buen clima."
Ella negó con la cabeza sin sorprenderse por aquellas palabras. Hermes no era precisamente la más paciente de las deidades: siempre con prisas, siempre desesperado. No era para menos… era alguien con muchas obligaciones.
-"Necesito información. Me gustaría que me dijeras qué es lo que pasa a través de la mente del resto de los Olímpicos. ¿Pretenden hacer algo en mi contra?"
-"El espíritu de las deidades descansa por ahora. No alzarán más sus armas en tu contra."
Atena frunció el ceño. Semejante respuesta no la convencía.
-"No me mientas, Hermes. ¿He de creer que se cruzarán de brazos después del insulto que mis hombres les propinaron?"
Una infantil risa retumbó por las paredes.
-"Hablas como si desearas una venganza de su parte. Sé que es difícil de creer pero no miento. Sabes bien que no lo hago."
-"No, tu no mientes."- Aún estaba dudosa. –"Pero dices la verdad a medias."
El niño se cruzó de brazos, sintiéndose ofendido a pesar de que sabía que aquella acusación tenía más que fundamentos.
-"No planean hacer nada más por ahora. Le temen a tus hombres. Han escapado de una cárcel peor que la del Tártaro y saben que enfrentarlos nuevamente sería en vano. Los dejarán vivir por ahora pero cuando sea su turno de regresar al inframundo harán lo posible para alejarlos de ti. Los harán beber mil veces del Lete antes de traerlos de regreso al mundo de los humanos."
-"Entiendo." -No solo eso, ya lo veía venir. Sin embargo, aquel parecía el menor de los males. Seguramente en el Olimpo estaban inquietos. Ella misma lo admitía: no había un grupo así desde la época de los Héroes. ¿Estrellas solitarias? De esas siempre hubo pero, ¿toda una generación de semidioses? No. Eso no se daba muy a menudo. –"Te lo agradezco."- Se inclinó solemnemente. –"Confío que me informarás si hay algún cambio de planes."
-"Si hay algún cambio de planes ten por seguro que te enterarás, Tritogenia."
De nuevo se escuchó la risa y el niño salió del templo, dejando atrás tan solo el eco de sus acortados pasos.
La habitación permaneció en silencio por varios minutos hasta que el Santo de Piscis terminó su oración. Éste se puso de pie y miró a su alrededor para confirmar que se encontraban nuevamente solos.
-"¿Todo ha resultado como esperaba, Atena?"
-"Sí. Incluso un poco mejor. Te lo agradezco mucho, Piscis. Ahora podemos regresar al Santuario. Estoy segura de que Shion se alegrará al saber que podrá descansar del todo."
¿Del todo?
No, no. Pero seguro que el papeleo sería mucho más sencillo que una Guerra Santa.
Era la quinta vuelta que le daba al comedor y aún no se decidía a entrar. Sabía que tenía que hacerlo pronto: en menos de una hora se abriría el edificio y centenares de soldados entrarían a atragantarse de comida grasosa.
¿Y si mejor lo dejaba para otro día? Seguro que a Maias no le importaría demasiado. Seguramente ni siquiera quería verlo. Él no la recibió con los brazos abiertos y ella no era precisamente la señorita armonía.
Mañana. Regresaría mañana. Eso le daría tiempo para pensar mejor en lo que diría y-
Un rechinido interrumpió sus pensamientos. Alzó la vista para encontrarse a una cocinera abriendo una de las ventanas de madera. La mujer, de unos veinte años, no ocultó su quejido de sorpresa.
Escorpio aclaró su garanta mientras sentía la sangre subir por sus mejillas. Era como si lo hubieran atrapado a punto de hacer una travesura. Que sentimiento tan nostálgico.
-"Eh, disculpa..."- El resto de las palabras decidieron no salir de su boca.
-"Debe de estar buscando a Mai, ¿verdad?"- El otro torció la boca. Afrodita tenía toda la razón: no hay tal cosa como secretos en el Santuario. –"Espere, por favor. Iré por ella."
Milo se cruzó de brazos y empezó a dar pataditas al suelo con el pie derecho. Sería muy rudo el irse ahora. Tendría que ser fuerte y aguantarse lo que viniera.
-"¿Qué diablos son ustedes?"
Escorpio no podía esperarse un saludo más cálido.
-"A mí también me da gusto ver que estés sana y salva."
La mirada que la niña le otorgó no fue una muy tierna. Ceño fruncido, ojos chispeantes, boca torcida. ¿Cómo no había notado antes que se parecía tanto a su madre? ¡Las dos berrinchudas! Las dos insoportables.
-"Primero me dijeron que estabas muerto, luego tú y el resto de tu banda reapareció en un bendito monolito, luego me dicen que hay otra guerra y ahora resulta que ya todo es miel sobre hojuelas. ¿Este tipo de cosas pasa a menudo? Porque si es así, creo que ya vi por qué todos ustedes se vuelven locos."
-"¿Es que no puedes abrir la boca para otra cosa que no sea remilgar?"- Arqueó la ceja. –"¿O ya estuviste el tiempo suficiente aquí y tu también enloqueciste?"- Tomó aire. –"Han pasado cosas. Eso es todo. Con suerte todo estará tranquilo por un buen rato y tú solo tendrás que preocuparte por preparar sopitas y embutidos hasta que regrese tu madre."
-"Ella aún no regresará."- Al fin, la muchacha suavizó su tono. –"Me envió una carta diciéndome que ya encontró trabajo pero que aún no encuentra casa."
-"¿En dónde está?"
-"No muy lejos, se está quedando en uno de los albergues de Keratea."
-"Ya… entonces vete haciéndote a la idea de quedarte aquí un rato más."
-"Lo mismo dijo ella."
-"¿Puedo hacer algo por ti?"
A Maias se le ocurrieron muchas cosas pero lo único que se atrevía pedir era el permiso para tomarse el día libre. Esa semana le tocaba estar de mesera en el comedor. ¡Y cómo lo detestaba! Con un solo día que se pudiera escapar estaría muy agradecida. Pero antes de que pudiera abrir la boca, varios chillidos agudos la detuvieron.
-"Se quedará a comer con nosotros, ¿verdad, señor Milo?"
Maias cubrió su rostro con ambas manos. ¿Es que todas las doncellas del Santuario eran un montón de cacatúas hormonales? Cada que algo similar a un hombre (que no fuera un mero soldado, claro, ni ellas podían rebajarse de ese modo) se les acercaba, se comenzaban a exhibir como gacelitas en celo. Entre mayor fuese el rango del varón, más entusiastas se volvían, llegando al punto de la locura cuando se trataba de un Caballero de Oro. Definitivamente, su hermano era toda una celebridad.
-"Me gustaría, señoritas pero hay cosas qué hacer."
-"Por favor, señor. ¡Le aseguro que le encantará la comida! Y cuando termine, podrá contarnos a lujo de detalle cómo es que regresaron."
Más quejidos.
Tan solo una fuerza divina detuvo a los hermanos de salir corriendo de semejante situación.
-"De acuerdo."- Se rindió. Sabía que no tenía de otra. Al menos no sin tener que sobrellevar los agudos lamentos taladrando su sien por horas. –"Pero si me sirven un menú vegetariano me voy."- Resignado, Escorpio comenzó a caminar hacia la entrada del edificio. –"¿Cómo puedes aguantarlas?"- Inquirió a la menor una vez que se sintió a una distancia segura de la ventana.
-"Costumbre. Supongo. No son peores que las casaderas de Milos."
Un escalofrío recorrió la espina del mayor.
-"Aye. Esta será una larga tarde."- No le sería fácil acortar la velada sin parecer grosero. Maldijo el momento en el que su maestro le instruyó la caballerosidad. ¡Y apenas y aprendió algo de eso!
-"Es bueno ver que estás vivo."
Las puertas del salón ya estaban abiertas. El primer receso de los soldados comenzaría en tan solo unos minutos.
Escorpio dirigió su mirada hacia las 12 Casas. A esa distancia, hasta el Templo de Atena parecía pequeño. Sacudió los cabellos de su hermana de un modo más despectivo que otra cosa y la empujó al interior del edificio.
-"Es bueno estarlo, Dánae."
-"¿Qué?"
-"Nada."
-"Creí que nunca escaparía."
Milo se había equivocado: aquella no fue una tarde larga. Fue una tarde larguísima, incómoda y tortuosa. Tendría que encontrar un mejor lugar para verse con Maias. Otra sesión de esas y su cabeza explotaría. Siempre criticó a Aioria por pasar tanto tiempo con las Koree pero, ahora que experimentaba lo desquiciantes que podían ser el resto de las mujeres del Santuario, la idea no le sonaba tan descabellada. Sí, las Koree podían estar locas pero al menos no estaban al brinco esperando al próximo Caballero que se les acercase para prendarse de él y llevárselo a casa.
Al menos la comida fue buena y gratis. Las raciones no fueron precisamente generosas pero la sazón fue agradable. ¿Sería mucha molestia pedirle a Maias que le trajera comida todos los días? Eso le quitaría un gasto de encima y, mucho mejor, tiempo valioso de cocina. Le apenaba pedirle ayuda a Ilitía en cuestiones de comida. La muchacha tenía suficiente trabajo como para añadirle el de ser cocinera. Su hermana, por otro lado… ese era su trabajo. Seguro no le molestaría demasiado, además de que así podría escaparse del trabajo de mesera. Se notaba a leguas que no nació para eso de ser servicial.
Estaba exhausto. Hacía tiempo que no hablaba así y la garganta comenzaba a dolerle. Se daría un buen baño y de ahí se iría a la cama. No estaba de humor para nada más.
Apenas dio un paso al salón privado de su Templo cuando muy a su pesar se encontró con un par de ojos claros fijados acusadoramente en los suyos.
-"¿Kanon?"
Éste se cruzó de brazos y torció la boca. No se veía de muy buen humor.
-"¿Dónde te has metido?"
-"Por ahí."
-"Me muero de hambre y no hay nada que me guste en Géminis."
-"Si estuvieras muerto de hambre comerías cualquier cosa. O al menos irías a comprar algo."
-"Saga escondió el dinero."
Milo dejó escapar una risa. Con facilidad pudo imaginarse a Saga buscando el rinconcito perfecto para alejar a su hermano del tesoro.
-"Algo habrás hecho para que decidiera hacer eso."- El otro no contestó, confirmando aquella sospecha. –"¿Por qué no le pides ayuda? Dudo que te deje morir de hambre."
-"No está en el Templo. Se ha pasado todo el día con Atena. Pareciera mentira que Ella confíe tanto en él."
-"Es raro pero creo que es porque considera que la traición fue hacia Saori Kido, no hacia Ella. Es menos personal el asunto de lo que pareciera."
-"Invítame algo de comer."- Kanon no quería seguir platicando. Su estómago le ardía y cada segundo que pasaba se ponía de peor humor.
-"Estoy cansado, mejor te presto algo de dinero."
-"Anda…"- Insistió. –"No podrás negarle hospitalidad a un paisano, ¿o sí?"
Escorpio se rindió.
-"Está bien. Tengo algunas berenjenas pero no hay carne. Tendrás que conformarte."
-"Lo haré."- Ambos caminaron a la cocina. -"¿Ya me dirás en dónde estabas?"- Preguntó mientras veía al otro rebuscar entre un saco de verduras.
-"En el comedor."
-"¿Y eso? ¿Comida gratis?"
Hubo una larga pausa en lo que Milo decidía qué contestar. Su primer instinto fue decir la verdad pero pronto lo reconsideró. Ya podía adivinar las preguntas que le seguirían. ¿Tienes hermana? ¿Y de dónde salió? ¿Y qué hace aquí? Lo mejor sería evitar aquel interrogatorio.
-"Si. Pero no la recomiendo. El ambiente no es el mejor de todos."
A Kanon no le costó trabajo reconocer la mentira en aquellas palabras pero el sonido de leche vertiéndose en un tazón le hizo recordar su hambre. Tiempo para molestarlo tendría de sobra.
Comentario de la Autora: Ay cosi!!!! Milongas cocinándole a Kanuchis! *coff*
Etto... jaja! ya, ya me calmé. Veamos esto va a estar intenso...
El verso que está al principio del capie es el himno órfico XXVII: Perfume de Hérmes. Se supone que este conjunto de oraciones fue escrita por el mismo Orfeo y servían para solicitar cosas a las divinidades (a cada uno se le pide algo diferente). Quise poner la parte con Hermes para dar un tipo de clausura al evento Atena vs. Todos los Demás Dioses. Además... Hermes es taaaaaaaaan lindo. No quise diseñarle un personaje porque entonces me hubiera visto tentada a ponerlo en otros capítulos y si bien es algo que de todos modos puede pasar, no es algo que tengo planeado. Lo puse como niño porque creo que él es bastante juguetón. Argifontes significa 'Asesino de Argos'. El Dios mató al sirviente de Hera para salvar a una de las muchas amantes de Zeus. Después de meterse en varios problemas (principalmente por robarle a Apolo), Hermes le prometió a Zeus que no volvería a mentir si lo convertía en su heraldo. Eso sí, nada le impediría decir de cuando en cuando verdades incompletas. Zeus aceptó. Hermes tenía su templo principal en la ciudad de Feneo, en la prefectura de Arcadia. Sin embargo, un día se inundó y nunca volvió a ser la misma ^^'
Tritogenia es otro nombre de Atena porque ella nació al borde del lago Tritonis. Me gusta decirle así porque siento que es como cuando tienes un nombre que no te gusta y tus papás te llaman así cuando te regañan XD.
Tal vez puse a las doncellas muy hormonales... pero creo que si yo fuera una de ellas también haría todo lo posible para conseguirme un caballerito. Ellos son vistos como dioses y ¿qué mejor marido que un dios? Creo que todas las doncellas son de orígenes humildes y me imagino que su sueño dorado es casarse y tener hijos. ._.
Dánae, el nuevo nick de Maias. Hija de Acrisio, rey de Argos. Un oráculo le dijo que el hijo de Dánae lo asesinaría, por lo que la encerró (a veces en una gruta, a veces en una torre). ¡Pero nada se le escapa al buen Zeus que se transformó en lluvia y la fecundó! Una vez nacido el hijo de Dánae, Perseo, Acrisio los encerró en un ataúd y los lanzó al mar (era el mar el que los mataba, no él, por lo tanto no era culpable de asesinato de su hija... según él). Las olas llevaron el ataúd a la isla de Sérifos y un tal Dictis los rescató. Claro que al final Perseo sí mató a Acrisio. Hn... ignoremos el hecho de que Dictis se enamoró de Dánae. Elegí ese apodo porque las dos sobrevivieron a una muerte casi segura del mar.
Ay... creo que eso es todo por ahora. El fic ya va tomando más forma y espero que les esté gustando. ¡Reviews en sus mails/mi profile! ¡Gracias por todo!
