Hola a todos!...Aquí el capítulo final de esta historia, pensé en abandonarla pero ya ven…

Disclaimer: Los personajes no son míos, son de Himayura Hidekaz, yo sólo los tomo prestados para mi propia diversión…y la de los que leen esto…

Nota: AméricaxInglaterraxFem!América…y nada más…por el momento…

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

Ese día América se fue a dormir sintiéndose miserable, nunca pensó que todo el mundo estaba emparejado menos él. Él y el cejón. Al parecer el destino quería que hiciera algo al respecto.

-¡Mañana lo vas a hacer!-se dijo América frente al espejo del baño.-Eres un héroe, le puedes patear el trasero a medio mundo en lo que quieras y no puedes declarártele al inglés. Eso no es posible-¡Das vergüenza! Sí, se puede. ¿Entendiste?

-¡Párale con el maldito monólogo y déjame dormir!-Una voz femenina venía desde la habitación. Alfred abrió inmediatamente la puerta y vio como Emily estaba desparramada sobre su cama, tapándose la cabeza con una almohada.

-¡Fuera de aquí, morsa!-El americano jaló las sábanas fuertemente haciendo que su otro yo se cayera estrepitosamente al suelo.

-¡Yo no soy una morsa! Y si alguien aquí lo fuera serías tú. –chilló la muchacha levantándose rápidamente y tirándose de nuevo a la cama.-No te des muchos ánimos que yo ya me le declaré a mi querido Inglaterra.

-¡¿Qué?!-América se quedó congelado, con la boca abierta y la cabeza de lado.-De seguro te rechazó.-Dijo tratando de convencerse a sí mismo.

-En realidad, no.-dijo ella muy tranquila.

-¡¿Cómo?! Lo habrá hecho por pena de seguro.-Alfred sintió un revoltijo en su estómago. Esa chica no podía haber logrado en un par de días lo que él no hizo en siglos.

-Bueno, aceptarme así como que no. Pero tengo una cita. Mañana él y yo saldremos a cenar, y nos besaremos y luego me propondrá matrimonio. No te preocupes, te mandaré una invitación.-dijo ella guiñándole un ojo.

-Para que limpie la arena de mi gato con ella.

-Alfred, tú no tienes gato. Pero me imagino que sería una buena compañía cuando te quedes solo y triste.

-¡Escúchame bien! A pesar de que tengas una cochina cita con él, y espero que te regale scones y te intoxiques, Arthur no va a tener nada serio contigo porque yo me voy a declarar primero.

-Eres un cobarde, no lo vas a hacer nunca. Él debe estar cansado de esperar.

-Wait. ¿Te ha dicho algo sobre mí?

-No. Ya déjame dormir.-Emily se dio la vuelta y se cubrió hasta la cabeza con la sábana.

-¡Espera! ¡No te duermas!-Alfred comenzó a jalarla del brazo pero ella no le hacía caso, o simplemente no quería.-Si no vas a decirme nada no voy a seguir molestándote. Ahora vete que quiero dormir y te cuento que has depositado tu enorme humanidad sobre mi cama.

-¡Qué modales!-La muchacha se arrimó sin darse vuelta y Alfred se echó a su costado.

-Modales los tuyos que irrumpes sin permiso en las camas ajenas.-América sintió un manotazo en su cara.

-Perdón, creo que era un mosquito.-Emily rio por lo bajo y Alfred sólo pensaba que esa sería una noche muy larga.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Alfred despertó adolorido, había sido pateado, empujado, cacheteado unas mil veces en toda la noche. Si le era difícil atender a las conferencias normalmente ese día sería un verdadero dolor de cabeza, sobre todo teniendo al inglés al frente todo el tiempo. Rodó sobre la cama varias veces hasta que se dio cuenta de lo que faltaba. Emily ya no estaba.

No sabía si alarmarse o sentirse aliviado. Se levantó con dificultad, sentía punzadas por todo el cuerpo, y se sentó al borde de la cama. Todavía faltaba más de una hora para que empezara otro día de aburrida conferencia. De repente sintió una voz canturreando, más bien destrozando una canción con su voz de pajarraco ahogado, desde el baño. La puerta se abrió revelando a la muchacha. No estaba como en los últimos días, tenía puesto un vestido azul con blanco amarrado al cuello, sin mangas y amarrado con un lazo en la espalda, tacones altos y con el rizador en la mano arreglándose el cabello.

-¿Y ese disfraz? No va con tu personalidad de marimacha salvaje.-se burló Alfred con una sonora carcajada.-Ni pienses en pintarrajearte la cara que vas a parecer un payaso.

-Por lo menos yo tengo una cita con Arthur y tú no. Debo verme más hermosa de lo que ya soy. Sólo necesitaré un par de retoques, mi belleza es natural.

-Naturalmente horrible es lo que serás.

-Últimamente estás siendo muy cruel conmigo. Yo no tengo la culpa de que hayas sido una gallina todos estos años. Pudo haber sido cualquiera. Lo que te molesta aún más es que sea yo, tu otro yo quien te lo quite.

-Nada está dicho. Ya te lo dije ayer, hoy voy a declararle lo que siento y se olvidará de ti en segundos y deberás regresar de donde viniste.

-Eso lo veremos.-Emily se dio media vuelta y entró al baño, cantando otra canción.

-¡Oye! ¡Sal de mi baño ahora mismo! Por si lo olvidas yo soy quien está a cargo de esta nación y debo atender esa maldita charla. Tengo que bañarme así que vete de una vez.

-Ya salgo. Espérate cinco minutos.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Y cinco minutos se convirtieron en tres cuartos de hora. Alfred tuvo que bañarse cual rayo y salió a medio vestir para la sala de reuniones. Pasó la vergüenza de su vida cuando su presidente le pidió que se peinara frente a las demás naciones y sus superiores, especialmente cuando vio a cierto inglés reírse de él. Si veía aparecerse a Emily la golpearía, realmente lo haría y luego la metería a una bolsa y la mandaría a Katmandú. Después de varias horas de aburrida charla llegó la hora del almuerzo. Todo el mundo salió volando hacia el comedor. Alfred se sentó en una mesa con Francia e Inglaterra.

-Hacen una bonita pareja, igual que Matthew y yo.-exclamó Francis mientras miraba a una de las mesas.

-Adhí, ¿Dguienes?.-preguntó Alfred con la boca llena de comida.

-¿Podrías pasar lo que tienes en la boca antes de hablar? ¿A dónde se te fue todo lo te enseñado?-le recriminó Arthur frunciendo las cejas, todas las que tiene al mismo tiempo.

-Deja al muchacho, cejotas. Si tan sólo tuvieras un poco de amor en tu vida serías menos amargado. Me refería a Prusia y Austria. Han vuelto desde la semana pasada.

-¿Han vuelto?-preguntó Alfred, esta vez con la boca vacía. Ya estaba cansado de descubrir nuevas parejas entre los países.

-Tuvieron una pelea, una tontería. Ya sabes, Austria se molesta por todo. Pero ahora están bien.

-Oigan, ¿Puedo sentarme con ustedes? Es que si estoy solo me quedaré dormido y me perderé la siguiente charla. Y en la situación que estoy no debería estar distraído, no debería.-Grecia se acercó a la mesa, con su charola de comida y cara de sueño.

-¿Tienes pareja?-Al americano se le escapó lo último. Si le decía que sí explotaría y sus pedazos llegarían hasta Marte. Francis lo miró extrañado, pero no tanto como Arthur, como si la pregunta hubiera sido una patada o un puñete.

-Es una encuesta.-exclamó Alfred tratando de arreglar la situación.-Asuntos de estado.

-¿Bromeas? Este muchacho tiene una vida amorosa mucho más activa que la mía.- dijo Francia en una mezcla de risa y ganas de llorar.-Él ha batido todos mis records en el campo.-agregó guiñando un ojo.-Aunque no sé cómo lo hace si todo el día se la pasa durmiendo.

-En realidad, si estoy con alguien, desde hace un buen tiempo.

-No es europeo, sino estaría aquí. ¿O me equivoco?-le inquirió Alfred. Tenía ganas de enterrar la cara en la comida.

-¿Puedes dejar de molestar a la gente?-le gruñó Arthur. Cada vez que hablaba parecía aún más incómodo.

-Nunca es molestia hablar del amor, Arthie.-añadió el galo.-No sé por qué parece molestarte tanto el asunto. Me gustaría darte un poco de amour pero ahora soy un hombre fiel. Y tus cejas me molestan, son feas. Te las raparía mientras duermes.

-Japón. –dijo Heracles tranquilamente antes de darle otro bocado a su almuerzo. Alfred quería llorar ante la respuesta. El asiático había pasado más de doscientos años encerrado y hace menos de cien había salido de su calabozo y ya tenía novio.

-Los dos estamos solos aquí entonces, todos los solteros deberíamos salir a tomar en la noche. ¿Qué dices Arthie?-preguntó Francis dándole un codazo al inglés.

-Tengo algo que hacer, tengo una cita.-dijo Inglaterra con un aura de orgullo.-Francia abrió los ojos en un gesto de sorpresa y su mirada se clavó en América, quien le respondió negativamente con la cabeza.

-La loca de la otra vez.-susurró Alfred, tanto que Francia tuvo que leerle los labios.

-Desesperación.-agregó el francés.

-Saben algo, ya terminé de comer. Los veo adentro.-El inglés se paró llevándose la charola llena de comida.

-Deberías seguirlo.-exclamó Grecia mirando a América.

-¡¿Pero qué?! ¿Yo qué tengo que ver?-chilló Alfred. ¿Acaso había algún gesto extraño?

-No se le cuestiona a la sabiduría antigua. Si Grecia te dice que vayas, deber ir.-lo animó el francés.

-Se llevó la mostaza en su charola.-agregó la nación morena. Pero Alfred ya se había parado y no iba a volver.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Algo le decía a Alfred que era el momento indicado. ¿Y si le decía que no? Estaba casi seguro de que el inglés sentía algo por él pero quién podría saberlo si es que no lo intentaba. Lamentablemente, perdió a Arthur en el camino. Dio un par de vueltas hasta darse cuenta que sólo faltaban cinco minutos para volver a la sala de conferencias. Nada iba a hacer en tan poco tiempo así que tomó su camino hacia ésta. Justo antes de pasar por la puerta una nube de humo apareció en su delante.

-Al parecer no has dicho nada todavía.-Emily le cortó el paso, con la cara llena de satisfacción.

-Eso no te incumbe.-le respondió Alfred molesto.

-Ni bien termine la reunión comenzará nuestra cita. Se te acaba el tiempo, América.-exclamó ella antes de envolverse en otra nube de humo y desaparecer.

El tiempo se pasó lento, aún más para Alfred, quien buscaba las palabras adecuadas para declarársele a Inglaterra. No puso ni un poco de atención a quienes hablaron, en ese momento era lo que menos le podía interesar. Tampoco se dio cuenta cuando Arthur salió de la sala al término de la conferencia. En el instante que lo hizo saltó de su silla como si le hubieran puesto un resorte, no podía haberlo perdido. Tenía que impedir que se encontrara con Emily.

Salió corriendo como endemoniado en busca de la pareja. Buscó por todos lados dentro de la Casa Blanca y por los alrededores, no los pudo encontrar. La desesperación lo carcomía. Después de un buen rato de dar vueltas como un idiota por el jardín, divisó a la muchacha, bien arreglada y al parecer esperando al británico. Alfred respiró aliviado, al parecer su cita no había comenzado. Se acercó a ella sigilosamente, tratando de no hacerse notar y se escondió en un arbusto que estaba justo detrás.

Pasaron unos minutos e Inglaterra apareció, bien vestido, con un traje y corbata. Al parecer irían a un lugar elegante. Abandonaron el edificio y se dirigieron a un restaurante lujoso en uno de los autos de la comisión británica. El americano tuvo que engañar a uno de los encargados de seguridad para que le permitiera saber la ubicación del auto, todos tenían un rastreador. Le dijo que era un asunto de estado. Con esas tres palabras siempre lograba muchas cosas.

Ya en el restaurante no lo dejaron entrar pues no estaba vestido adecuadamente. Nuevamente quiso sobornar a los empleados pero esta vez no lo permitieron. Tuvo que resignarse a quedarse afuera, no podía hacer escándalos. Los espío a través de la ventana todo el tiempo. No parecía que pasar nada especial, sólo estaban hablando y de cuando en cuando reían. Odiaba que ella hiciera sonreír a Arthur.

Después de una hora el mismo auto los recogió y los llevó de nuevo a la Casa Blanca, donde se quedaron caminando por los jardines. Alfred se llenó de hojas de haberse escondido en todos los arbustos que había por ahí. Le era sumamente difícil escuchar lo que decían y aún más el quedarse quieto para que no lo descubrieran. Finalmente se sentaron dentro de una glorieta. Al igual que antes se ocultó pero justo detrás de ellos. Se tomó dos segundos para acomodarse y ni bien volteó la cabeza, Emily estaba a unos centímetros del rostro de Arthur, con los brazos apoyados sobre sus hombros, casi recostada encima de él.

-¡Esperen un momento! No pueden hacer eso frente a mí.-gritó América al frente de ellos, saliendo a toda velocidad de su escondite.

-¡¿Qué rayos haces tú acá?!-Arthur tenía toda la roja, y de las sienes caían gotas de sudor-

-Nos ha estado siguiendo desde el principio.-gruñó Emily molesta, volviendo a su sitio con los brazos cruzados.- ¿Y bien, tienes algo que decir?-A Alfred le dio vueltas la cabeza, estaba entre la espada y pared, como la carne atrapada entre dos panes para ser una hamburguesa.

-Yo, yo, yo…¡Maldición todo esto es tu culpa!-chilló el americano señalando a la chica.-Todo hubiera ido a su tiempo si tú no hubieras aparecido.

-¿Necesitas un par de siglos para decirlo?-respondió ella con un gesto de desesperación. Gallina.-Arthur los miraba a ambos confundido, tenía ganas de salir corriendo.

-Ella tiene razón, Alfred, no deberías haberte metido en un asunto privado.

-¡Cállate Inglaterra! ¿No ves que estoy tratando de decirte que me gustas desde hace más de cien años y que no te lo he podido decir en todo este tiempo porque soy un cobarde que teme que lo rechaces? Tengo que encontrar las palabras correctas, y si dices una palabra más te juro que…Fuck.-América levantó la vista hacia el inglés, quien no veía lo avergonzado que estaba porque tenía los ojos en blanco.-Bueno, ya lo dije.

-Por lo menos tuviste más valentía que yo para hacerlo.-exclamó Arthur con una sonrisa. Alfred de acercó a él y se sentó a su costado.

-Inglaterra, me gustas mucho, y desde hace muchos años. La llegada de Emily hizo que me pusiera celoso, aún más cuando le aceptaste tener esta cita, y yo no quería que nada pasara entre ustedes, por eso los seguí y aquí estoy como un idiota declarándote mi amor.

-Ella apareció de la nada, diciéndome todo lo que tú no habías podido en tan sólo unos días. La vi tan parecida a ti que dije por qué no. Pero al salir con ella, y hablar y compartir, me di cuenta que son diferentes. Tú eres tú y ella es ella y no debo jugar con sus sentimientos. Iba a decirle eso pero ni bien me doy cuenta está a pocos centímetros de mí y…

El que ahora no estaba a ninguna distancia era el americano, quien lo estaba besando. Se quedaron varios segundos así, unidos, sin que nada ni nadie más existiera, sólo ellos dos en el mundo.

-¡Emily!-gritaron ambos al unísono. Se habían olvidado por completo de la chica. Pero ella ya no estaba ahí.

-Qué extraño, ella siempre aparece y desaparece entre una nube de humo. ¿O será que sé fue caminando y no nos dimos cuenta?-dijo Alfred sintiéndose algo culpable por la muchacha.

-Yo también la ignoré por completo. Me siento mal por ella. Deberíamos hablar con ella.

-Debería estar cerca. Bien, hay que encontrarla antes de que cometa alguna locura.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Ni Alfred ni Arthur pudieron encontrar a la chica, ni dentro ni fuera de la Casa Blanca, vale decir que mandaron buscarla también. Se había esfumado. Ya era tarde cuando decidieron regresar a sus respectivas habitaciones, aunque se hubieran querido quedar juntos. En lugares como ese era demasiado difícil hacer travesuras sin ser descubierto. Y ninguna quería ser castigado. América estaba a punto de entrar a su cuarto cuando escuchó una voz conocida.

-Le hubieras visto la cara de idiota que tenía cuando se le declaró. Fue hasta casi patético. Quería reírme en su cara pero me apiadé de él. No debía hacerlo pasar vergüenza. Así que me fui sin mucho alboroto, nada de humo, para que no se dieran cuenta de mí.

-Espero que ya se haya acabado este juego. No soporto estar por aquí. Siempre le dejo a él todo el trabajo sucio. Ya deben haber arreglado sus asuntos. -añadió otra voz femenina, una que el americano nunca había oído.

-Tan tonto el pobre, creyendo que estaba enamorada del inglés cejón.

-¡Oye! Ese inglés es mi otro yo.

-¡¿Qué rayos está pasando acá?!-América dio un portazo y encontró a Emily dentro de su cuarto, hecha un mar de risas junto a otra chica parecida a Inglaterra, con largo cabello rubio sujeto en coletas y que vestía un vestido celeste con un mandil.-¿Cómo que no estabas enamorada de Arthur? ¿Y todo lo que dijiste e hiciste en estos días?

-Por favor, Alfred, está bien que seamos dos formas de una misma nación pero somos en algunas cosas somos diferentes. Y en el cejón no me voy a fijar, eso te lo aseguro. O Alice me mata.-dijo Emily señalando a la otra chica.

-¡Tú puedes hacer lo que te da la gana! A mí no me importa.-gruñó ella cruzándose de brazos.

-Todo lo que hice fue para darte un pequeño empujoncito. Me tenías cansada con el mismo cuento. Siempre supe que te gustaba Inglaterra pero pensé que te le declararías mucho antes. Dejé pasar un buen tiempo.

-¿Es decir que nunca te gustó Arthur ni nada?

-Exactamente.-rio escandalosamente.-Siento haberte hecho pasar un mal rato pero todo tuvo un buen final. ¿No es así?-agregó, guiñándole un ojo.

-Es cierto. No puedo culparte de nada. Gracias.-suspiró América entre aliviado y feliz.

-Es hora de irnos. Algún día puede que volvamos a vernos. Vamos Alice.-Emily arrastró a la inglesa hasta la ventana y saltaron de ella cogidas de la mano.-¡Good bye, fatty!-Alfred se acercó a verlas pero ambas habían desaparecido.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

Colorían colorado, América se ha declarado. Y así termina el cuento.

Espero que les haya gustado… …..me gustaría saberlo así que espero sus reviews… así me hacen saber lo que les gusta y lo que no…Siempre serán bienvenidos!..Gracias por leer…!

Se acepta de todo: críticas, consejos, opiniones, maleteadas, dinero (de preferencia en dólare$), confesiones de amor (o de odio)..lo que sea menos insultos y amenazas de bomba o parecidos….

Saludos!...