4 | Interruptor

Yona le observaba con aquellos ojos amatistas y gigantes, abiertos de par en par, brillando con admiración. Le mostraba lo último que había bordado, que al parecer le había costado lágrimas, sudor y sangre (sangre literalmente, puesto que se había pinchado más de una vez aquellos pequeños dedos). Soo-won le sonreía de vuelta, halagando su trabajo con palabras sinceras, y aún rodeado de ese aire de ingenuidad que le caracteriza.

Soo-won podría parecer un poco ingenuo, pero en verdad de eso tenía poco y nada. Comprendía el cómo se sentía la princesa para con él. Podía notar el modo en que lo miraba, y cómo su cuerpo se inclinaba naturalmente a estar más cerca, cómo los nervios la dominaban y lo ansiosa que estaba por ser cada vez mejor a sus ojos. Comprendía.

Y también comprendía otras cosas.

—Vaya, princesa —dijo Hak, logrando que Yona se sobresaltara. Tenía el rostro de su guardaespaldas justo sobre su hombro izquierdo. No lo había escuchado acercarse, aunque era sabido que Hak podía ser realmente muy silencioso si era necesario. Se sonrojó al ver la mirada divertida y esa mueca en su rostro que conocía muy bien: burla—, cada vez eres mejor en crear monstruosidades. Impresionante.

—¡Cállate, Hak!

Soo-won dedicó una larga risa sincera entre que ellos dos peleaban. Yona estaba intentando ahora golpear a Hak con lo mismo que había bordado (aunque no prometía provocar gran daño), mientras la Bestia de Trueno esquivaba cada intento de golpe con una sonrisa burlona y los ojos azules mirando el rostro de la princesa.

Soo-won siguió observando con cariño a sus dos grandes amigos, hasta que Hak dejó propinarse un golpe y Yona le sacó la lengua, dando por finalizada la pequeña contienda. La Bestia del Trueno se sobó el área afectada e incluso puso cara de profundo dolor.

—¡Y no vuelvas a aparecerte así, Hak!... ¿te he golpeado muy fuerte?

—Tal vez sobreviva —dijo. Yona se acercó y tomó su brazo con rapidez, intentando encontrar alguna herida. Obviamente, no había allí rastro de algo que pudiera provocar dolor,… a menos que la herida fuera invisible, claro.

—Pues no tienes nada —susurró la princesa. Soo-won mantuvo la distancia sin apartar la vista.

—¿En verdad? —soltó Hak, mirándose el brazo—. Vaya, tal vez tu fealdad tenga poderes curativos —agregó luego, acercando el rostro burlón al de la princesa.

—¡Cállate!

Hak soltó otra risa divertida, entre tanto Yona volvía a decirle una y mil cosas poco agradables, pero eso no evitó que Hak mostrara aún una sonrisa de oreja a oreja. Y a pesar de que le había dicho "Como desees, princesa" al pedido de que ya se comportara de una vez, la expresión en su rostro indicaba sin equivocación que no dejaría de molestar a Yona. Era de esas cosas que disfrutaba por demás, pensó Soo-won: verle con las mejillas sonrojadas, nerviosa, casi frenética. El que sería (en un futuro cercano) Rey de Kouka se preguntó si acaso Hak se regocijaba pensando que esas reacciones las lograba solo él, o si acaso era demasiado despistado para notarlo.

Hak y Yona siguieron hablando durante otro rato y Soo-won se contentó con ser espectador, sonriéndoles y pensando cómo habían cambiado las cosas a lo largo de los años. Sabía que Yona sentía algo muy fuerte hacia él, pero Soo-won había comenzado a creer que la princesa estaba un tanto equivocada, o confundida. Es decir, él era observador y no podía estar tan errado al respecto. Cualquiera que se sentara a mirarlos de verdad durante un momento podría notarlo, ¿no es verdad?

Hak hacía tiempo que había dejado de pelear por Yona, a pesar de que sus sentimientos eran evidentes. Si incluso le había entregado a la princesa y prometido estar a su lado hacía ya tiempo atrás. Cierta parte de sí odiaba lo que planeaba hacer, dándole la espalda a una vida feliz junto a Yona y con Hak a su lado (aún a pesar de creerlo necio hasta la médula), algo que podría haber logrado, con suerte. Sí, era una perspectiva de vida que podría haber aceptado. Ser Rey, con Yona de su mano y Hak a sus espaldas, siendo el guardián perfecto. No sabía si en esa vida alternativa sentiría culpa por robarles una vida a quienes más amaba, aunque sabía que ambos estarían felices del modo en que se dieran las cosas. Tal vez muchos consideraban que su plan era una locura, que se arriesgaba a destrozar lo bueno que tenía su vida (a sus grandes amigos, para empezar), que era llanamente malvado. Si las cosas salían bien, no los lastimaría tanto. Si salían mal… podía seguir confiando en Hak, seguro que podría.

En ese futuro cercano donde Soo-won se convirtió en Rey de Kouka, siguió confiando en Hak para cuidar de Yona, aunque ambos le odiaran. Y pensó, rememorando las tardes tranquilas en aquellos patios verdes, que en ese camino que había tomado (solitario, sin duda) aunque sea había abierto la oportunidad de que notaran, de que finalmente vieran como veía él.

Yona lo vería primero, estaba seguro; Hak era más difícil. Hak no creía en cuentos de hadas. Pero tarde o temprano vería como él. Podría finalmente apreciar que solo él podía accionar el interruptor y despertar a Yona, hacer que sus ojos brillaran, que dejara de tartamudear, que estuviera tan cómoda a su lado, en un estado completamente natural. Como si estuviera hecha para estar a su lado, es así como él lo percibía.

Soo-won sonrió a Hak mientras Yona se alejaba a paso raudo hacia el interior del castillo, aún enojada y maldiciendo por lo bajo lo descuidado que era Hak, justo después de empujarlo y dedicarle otra sacada de lengua.

—La princesa ha mejorado el bordado —aseguró Hak con una amplia sonrisa. Soo-won asintió e invitó a su amigo a pasear un rato, sin dejar de mirarlo con curiosidad, pensando cuánto tardaría en darse cuenta.

Tonto Hak, pensó, disfrutando otro cálido paseo junto a su amigo.


—Nota de la autora

Seguro creían que no volvería a pasarme, pero volví, con una ¿escena Hak/Yona? (aún tengo mis dudas) desde la perspectiva de Soo-won. Espero haberlo hecho bien~
Gracias por sus reviews (: Espero que sigan disfrutando de estos capítulos y se atrevan a dejar comentarios (:

¡Hasta el próximo!
Mor.