Es mañana me desperté muy temprano, a pesar del inexplicable cansancio de mi cuerpo, estaba muy emocionada de poder alejarme de la vida en el castillo.

-Debes estar loca, princesa—Celine empacaba ropa en mis baúles de mala gana—¿Quién en su sano juicio cambiaría los lujos del palacio por una vida simple en el campo, rodeada de insectos y animales salvajes?

Sonreí, tal vez si estaba loca. Ya averiguaría lo necesario sobre Link con información de las personas que mejor lo conocían, su familia.

Viajé durante tres días antes de llegar a Ordon. Me detuve a admirar el paisaje en muchas ocasiones, no recordaba cuándo había sido la última vez que me tomé las cosas con calma. Normalmente estaría atendiendo asuntos del reino o preocupándome por el futuro.

Mi montura anduvo un buen rato en las profundidades del bosque hasta que me encontré frente al puente colgante que conectaba a la villa con el reino. Tomé aire y le ordené al caballo que anduviera, nerviosa por lo que me esperaba al otro lado.

Había estado ahí una sola vez. Estaba por oscurecer cuando me adentré en la villa, pero no por eso la vista me pareció menos interesante.

Un riachuelo atravesaba la villa y la abastecía de agua necesaria para la vida y las plantaciones de calabaza por las que era reconocidos en todo Hyrule.

Un joven alto se acercó a mí y me saludó amigable. Me ofreció la mano para ayudarme a bajar de mi montura y la acepté bajando de un salto.

-Bienvenida a Ordon, señorita—lo observé con curiosidad, su acento me pareció gracioso.

-Se lo agradezco—sonreí.

-¿Ha venido usted de vacaciones?

Asentí con la cabeza.

-Así es—contesté mirando con asombro alrededor, esa pequeña villa no se parecía en lo absoluto a la ciudadela—aunque primero, me gustaría visitar a un buen amigo que reside en esta villa—el hombre arqueó una ceja.

-Si me dice el nombre, yo podría conducirla hasta su destino—pude notar un leve sonrojo en sus mejillas.

-Mi querido amigo se llama Collin—el hombre puso cara de sorpresa.

-¿Ha dicho usted Collin? ¿El hijo de Rusl? –Asentí.

El hombre se rascó la nuca en un gesto de confusión, pero aceptó mi petición y me condujo hasta una pequeña casita de madera. No tarde mucho en reconocer a la hermosa y jovial mujer rubia. La esposa de Rusl, Uli, estaba sentada en las escaleras mientras observaba el riachuelo con mirada soñadora.

A pesar de que ya la había visto con anterioridad, nunca cruzamos palabras. Me sentí nerviosa de pronto, ella era lo más cercano a la madre de Link. Fado, el joven que me había indicado el camino hasta la casa de Collin, saludó a la mujer, ella le regresó el saludo y su cálida mirada azul se encontró con la mía. Me sonrió, poniendo la canasta a un lado de ella y se puso de pie.

-Así que eres amiga de Collin—dijo mientras me ofrecía su mano.

La observé un momento y asentí torpemente. Me limpié el sudor de las manos en el pantalón y estreché su cálida mano. Fado se despidió diciendo que tenía asuntos que atender, le agradecí el favor y sólo se limitó a agitar su mano izquierda mientras caminaba a toda velocidad. Ya había anochecido para entonces y Uli me invitó a entrar a su casa después de contarme que Collin había salido a recolectar madera con su padre.

Aunque no estuve muy convencida, acepté su invitación. Colocó la canasta en la mesa mientras ponía agua en la cacerola del fogón. Me acerqué y pude ver el apacible rostro de la pequeña hermanita de Collin descansar. La sábana que la cubría subía y bajaba al ritmo de su respiración. Era mucho más grande que el pequeño bulto rosado que Rusl me había mostrado en el castillo.

Quise acariciarla, pero me detuve justo antes de tocarla, no quería interrumpir su sueño.

-No eres de por aquí…-dijo sirviendo té en una pequeña tacita de porcelana. Mi mirada se encontró con la suya.

-No—dije encogiéndome de hombros—vivo en Castle Town.

Me miró con curiosidad, probablemente preguntándose cómo era posible que su pequeño hijo fuera amigo de una mujer adulta que además vivía muy lejos de su hogar. Miré el lugar en un intento de calmarme, era una pequeña casita con acabados y muebles de madera. Las paredes estaban decoradas con fotografías de la familia y uno que otro dibujo cuyo autor debía tratarse nada más y nada menos que de mi viejo amigo.

-Has hecho un largo viaje, pequeña—dijo sonriendo con amabilidad—espero que Collin llegué pronto—asentí, sonrojándome. Esa mujer tenía una hermosa sonrisa.

De pronto recordé una de las conversaciones que había tenido con Link durante las inundaciones. Él había mencionado que Uli siempre le decía que todo lo que hiciera, lo hiciera con el corazón. Una sonrisa y una palabra amable no se le negaban a nadie. Esta mujer era la figura materna de Link, una mujer así nunca lo proveería con malos consejos. Suspiré y me hundí en la silla, ahora me resultaba más confuso el por qué Link seguía ocultando lo sucedido durante el festival.

La puerta se abrió y reconocí a mi pequeño amigo, que resultó no estar tan pequeño como lo recordaba. Collin se veía al menos unos diez centímetros más alto y su rubio cabello había crecido y lo llevaba atado con una cinta verde. Su mirada buscó a su madre y sonrió cuando la encontró, sus ojos azules seguían siendo tan cálidos como los de ella. Su vista se posó en mí y soltó la leña que cargaba en las manos antes de poder ponerla junto al fogón.

-P-p-p…

-¡Collin! –Uli frunció el ceño—no hagas tanto ruido querido, Zelda está durmiendo.

-Hola…-Saludé desde mi lugar agitando una mano—me alegra verte de nuevo Collin—dije sonriendo—has crecido mucho.

Collin se sacudió la ropa, avergonzado y se acercó lo suficiente como para asegurarse de que realmente se trataba de mí, me observó con detalle y finalmente hizo una reverencia.

-Princesa Zelda—dijo con la cabeza gacha. Uli puso cara de sorpresa y después se puso de pie imitando a su hijo.

-Espero que pueda perdonar mis malos modales, alteza—dijo Uli, rígida.

-Al contrario, no has sido más que amable conmigo, Uli. No es necesario que sean tan formales—dije incómoda.

Ambos se miraron y sonrieron avergonzados.

-¡Diosas! Alteza, ¿Qué la trae por aquí? –Dijo Rusl cerrando la puerta tras él—¿le ha gustado esta pequeña villa?

-Así es, Rusl. He venido de vacaciones y me pareció que debía visitarlos para ver cómo estaban.

La mujer de Rusl no tardó en comenzar los preparativos de la cena, me ofrecí a ayudarla, pero me sentí más tranquila cuando rechazó mi oferta. No era ningún secreto que era muy mala para la cocina, no soportaría arruinar la cena de esa noche.

Collin se sentó en la mesa junto a mí, mientras hablaba y hablaba de cómo deseaba convertirse en caballero cuando fuera un poco más mayor. Le sonreí y le dije que sería bienvenido a unirse a las tropas del ejército de Hyrule cuando tuviera la edad apropiada.

Estuvimos conversando por al menos una hora más, Uli participaba en la conversación de vez en cuando desde el fogón. Rusl se había excusado diciendo que tenía un asunto que atender con el alcalde de la villa.

Mi estómago gruñó de gusto al oler el delicioso aroma de la comida que inundó la pequeña casa. Observé con curiosidad el plato que la madre de Collin había colocado frente a mí, se trataba de alguna especie de estofado acompañado de una gran porción de arroz.

-Espero que le guste, alteza—dijo Uli sonriendo mientras colocaba un plato frente a su hijo mayor—lamento que no podamos ofrecer algo mejor.

-No debe preocuparse por esas cosas—dije, intentando no lucir tan desesperada por probar los alimentos—soy yo quien lamenta haberlos incomodado con mi inesperada visita. En realidad, no hay nada que deseé comer más en este momento.

Collin sonrió.

-No ha cambiado nada, alteza. Me alegra que haya decidido visitarnos.

Asentí restándole importancia al asunto, pero la verdad era que a mí también me agradaba la idea de estar ahí en ese momento.

Probé el primer bocado y sonreí al instante. Cuando iba por mi tercera cucharada la puerta de la casa se abrió. Rusl colocaba su espada enfundada junto al fogón, hizo una reverencia con la cabeza y se nos unió en la mesa. Uli, probando una vez más ser una espléndida esposa, se levantó a servir un plato más para su marido. Me sonrió agradeciendo a las diosas por los alimentos y comenzó a comer tan gustoso como yo lo hacía.

-Creo que en verdad se ha quedado corto… -susurré, pensando en las palabras que Link me había dicho alguna vez en la cocina. Los tres me miraron confundidos y yo me sonrojé al darme cuenta de semejante descuido.

-¿Ha podido usted hablar con Link, alteza? –Preguntó Rusl dejando la cuchara de madera en el plato. Lo miré asombrada por su precisión. Me dio la impresión de que sabía perfectamente el significado de las palabras que se me habían escapado inconscientemente.

Observé cómo el rostro de Uli se iluminaba al escuchar el nombre del joven. Collin no pareció tan impresionado de escuchar a su padre mencionar el nombre de su hermano mayor.

-¿Conoce usted a Link, alteza? –miré dubitativa la hermosa sonrisa de la mujer. Asentí mientras le regresaba la sonrisa, después mi mirada se encontró nuevamente con la aguda mirada del antiguo capitán.

-Nos hemos encontrado—dije en tono trivial mientras me limpiaba la boca con una servilleta

-¡Vaya! Mis dos hijos han hecho una amiga tan importante, ¿quién lo diría? –dijo orgullosa la mujer.

Me sonrojé ante el comentario de Uli y me aclaré la garganta en un intento de recuperar mi expresión solemne. Rusl me miraba con curiosidad, estaba segura de que tenía un sinfín de cuestionamientos que quería hacerme. Collin tenía la mirada perdida mientras luchaba con todas sus fuerzas para vencer las evidentes ganas de dormir. Miré a través de la ventana redonda, la inminente oscuridad de la noche era amortiguada por la luz de las antorchas de la villa y las lámparas de las casas.

Agradecí la hospitalidad de mis anfitriones y me ofrecí a ayudar con la limpieza, Uli rechazó mi oferta en el acto. Me despedí de la familia y Rusl se ofreció a escoltarme hasta la modesta posada de Ordon. Caminamos en silencio hasta el lugar y nos detuvimos antes de despertar al velador, que dormía apoyado en el letrero de madera que hacía constar que se trataba de la posada de la villa.

-¿Debería solicitar a la casera una habitación apropiada para su alteza? –preguntó Rusl con formalidad mientras colocaba mi baúl en el suelo.

A pesar de la cortesía de su pregunta, me di cuenta de que sus verdaderas intenciones eran descubrir si en realidad me encontraba ahí por las razones que había mencionado con anterioridad. Sonreí con una sonrisa torcida, era un hombre muy listo. Podía darme cuenta por qué mi padre lo había hecho uno de sus hombres de confianza.

Negué con la cabeza.

-En realidad no me gustaría llamar la atención durante mi estancia aquí, capitán—Rusl parpadeó un par de veces, supongo que hacía tiempo que nadie lo llamaba así—cualquier habitación será buena.

El hombre me miró dubitativo y se rascó la barbilla. Miró hacía la oscuridad del bosque y después volvió a mirarme. Suspiró y sonrió con satisfacción, como si hubiera resuelto alguna ecuación de alto grado de dificultad.

-En ese caso, alteza…-dijo volviendo a levantar mi baúl—creo que conozco el lugar perfecto para usted.

Comenzó a caminar, sobre el hombro izquierdo cargaba mi baúl mientras iluminaba nuestros pasos con una antorcha que sostenía con la mano derecha, yo lo seguí en silencio, preguntándome si necesitaría ayuda. La verdad es que había empacado muchísimas cosas y mi baúl debía tener un peso considerable.

No necesité más que observar las escaleras de madera para darme cuenta a dónde me había llevado. Tragué saliva y lo cuestioné con la mirada fingiendo desconocer la propiedad. Me hizo un gesto con la mano indicándome que entrara y así lo hice. El entró tras de mí y encendió una pequeña lámpara de aceite que colocó cuidadosamente sobre una mesa de madera. Escuché los pasos de Rusl alejarse y tomé la lámpara para observar el interior mejor. Vi el fogón y supuse que nos encontrábamos en la cocina. Vacié un poco de aceite de mi lámpara sobre la leña vieja del fogón y lo encendí cuidadosamente. Sonreí orgullosa al conseguir una mejor iluminación del lugar.

-No se preocupe alteza, este fue el hogar de Link. –Escuché la voz de mi acompañante y me giré para encararlo. Rusl colocaba cuidadosamente mi baúl en el suelo.

-¿Él no…?

-En lo absoluto, creo que estaría honrado de saber que su alteza permaneció en su hogar durante su estadía en Ordon

No estuve muy segura, pero me dio la impresión de que Rusl me dirigió una mirada pícara. Le sonreí sonrosada. Durante años la gente solía decirme que era muy difícil saber lo que pensaba, supongo que no era mujer muy expresiva; pero cuando se trataba del antiguo capitán, me daba la impresión de que él podía leerme tan fácil como un libro abierto.

Hizo una reverencia y me dejó únicamente con los pensamientos enmarañados en mi cabeza. Observé el lugar con más detenimiento, era sorpresivamente espacioso para una sola persona. Subí las escaleras de madera para encontrarme con un mueble de madera, sobre él, un montón de fotos de personas que no conocía. Las observé con detenimiento hasta que encontré una con rostros familiares, un jovial Rusl sonreía mientras abrazaba a su esposa por la cintura. Arqué una ceja al encontrarme con fotografías de cabras y caballos y finalmente mi curiosidad mermó al encontrarme con su rostro. Sonreía mientras abrazaba a una joven de sonrisa dulce. Arrugué el ceño y coloqué el marco de la fotografía nuevamente en el mueble. Continué subiendo las escaleras, finalmente encontré la cama junto a una pequeña ventana circular por la que se podía ver toda la villa.

Me tumbé en la cama con una extraña sensación de incomodidad, estaba lejos de mi hogar y de las personas que conocía. No era más que una extraña en aquella tierra de granjeros. Pensé que todos los sentimientos que había estado reprimiendo me impedirían conciliar el sueño, pero el cansancio de andar a caballo durante tres días estaba cobrándole las facturas a mi cuerpo. Observé el techo hasta que me quedé dormida.