Capítulo 3: Un recuerdo y la familia.

Había despedido a Hinata de forma realmente rápida y bastante fría. La morena debía haber percibido ese cambio, ya que no hizo ningún comentario ni intentó hacerle hablar. Tendría que llamar a Sai y Sakura para hacerles saber el "brevísimo" encuentro que habían tenido con Sasuke Uchiha. No le había agradado nada encontrárselo así tan de repente, y mucho menos estando con Naruto. Sin embargo, mientras que Naruto se había quedado estático, con el cuerpo en plena tensión, el moreno el único gesto que hizo que denotase que había visto al rubio y atractivo kitsune era un leve fruncimiento de ceño. Luego hizo cómo si ambos hubiesen sido fantasmas de su mente y volvió a mirar la lista de la compra, con evidente concentración. Naruto perdió su habitual vitalidad y le rodeó un aura de profunda depresión de la cual la morena no se pudo deshacer ni fingiendo que había roto aguas. Cuando el rubio se percató de que era una broma, estuvo a punto de ahorcarla, pero pronto recordó su estado y la posibilidad de que Neji buscase una retorcida manera de vengarse, así que enseguida descartó la idea de llevar sus manos al níveo cuello de la Hyuga.

Mientras veía alejarse a ese rubio que en tantas ocasiones le había ocasionado tantas lágrimas, no pudo más que pensar en las vueltas que daba la vida. Por fin Naruto se estaba recuperando del golpe que había sido para él la marcha del menor de los Uchiha y justo cuando se estaba distrayendo para evitar recordarle, él aparecía. Eso no podía ser una coincidencia. Y su intuición femenina le decía que sabía quién estaba detrás de ese retorno inesperado. Sakura y Sai habían estado dando mucho la tabarra con el tema de que Sasuke debería volver para el compromiso de Shikamaru y Temari y para el nacimiento de su propio hijo. Y ya de paso, veían a Itachi tras tanto tiempo sin saber nada de él. Hinata no sabía por qué el Uchiha mayor se había ido de Konoha. Lo último que sabía de él era que había arrasado en taquilla haciendo de un aventurero con mirada sexy y único intelecto. La mayoría de las mujeres caían rendidas a sus pies antes de conocerle, excepto una, que le consideraba un arrogante. Como era de esperar, Itachi en la película empezaba a perseguirla mientras unos malos malotes intentaban matarla. Para ella Itachi había hecho mejores películas y mejores interpretaciones. Pero la gran mayoría de sus fans eran mujeres, y bastante pervertidas podía añadir, con lo cual tuvo mucho éxito.

Estaba tan ensimismada en sus pensamientos que casi no se percató de la mano que se posaba en su hombro hasta que el rosto de Neji entró en su campo de visión. Le dedicó una sonrisa que Neji le devolvió en un beso en la frente.

-Él sabe cuidar de sí mismo.

Hinata no supo responderle. Puede que Naruto fuese ya lo bastante mayorcito para saber qué hacer en cada situación, pero no era lo suficientemente maduro cómo para saber cómo enfrentarse a Sasuke. Apoyó su mano en el brazo de su esposo, en una liviana caricia que les inundó de ternura a ambos. Neji, por su parte acarició el voluminoso vientre de su mujer, con evidente satisfacción masculina.

-Vamos a casa- susurró Hinata con voz serena.

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Vagabundeaba sin rumbo alguno por las calles de Konoha. Era la primera vez en mucho tiempo que estaba tan despistado y sin ganas de nada. Sakura, Sai e Hinata nunca le habían dejado suficiente tiempo libre como para vagabundear sin rumbo tras la partida de Sasuke. Y el hecho de que ahora tuviese tiempo libre para pensar en su principal quebradero de cabeza no era para nada sano.

Se sentó en un banco de un parque, sin poder evitar recordar que en aquel parque Sasuke le había hecho la promesa de ser el primero con el que se comunicase. Seguramente, sin quererlo había acabado siendo así. Enterró la cabeza en sus manos, en un movimiento desesperado.

¿Por qué? . ¿Por qué ahora que ya estaba empezando por fin a olvidarle?

Vale, él no era un ex novio del tipo melodramático. Pero era la pura realidad. Por mucho que se hubiese conseguido distraer, todavía añoraba su silueta bajo las sábanas, su calor a su lado al dormir, sus excitantes besos y, sobre todo, la suave caricia de su cuerpo mientras le poseía con el ansia propia de una fiera salvaje.

Lanzó algo que se pudo percibir como un suspiro de desesperación justo en el momento en que una sombra alargada y de unas proporciones parecidas a las suyas le tapaba el sol. No tenía ni ganas de levantar la cabeza para saber quién podría ser. Poco le importaba. El propietario de la sombra debió percatarse de ese hecho ya que decidió darle su tiempo y esperar tranquilamente de pie…

Pero, al igual que el muchacho que estaba sentado en el banco, esa persona no tenía demasiada paciencia.

-Al menos podrías fingir que te alegras de volver a ver a tu padre después de tres largos meses de ausencia…

Entonces el rubio por fin miró, con cierta mirada de sorpresa, al hombre propietario de la sombra y vio a una persona exacta físicamente a él. Los mismos ojos azules, cabellos rubios y piel morena. Y esa eterna y sincera sonrisa que le caracterizaba.

-¡Papá!- exclamó olvidando su momento de angustia existencial y levantándose de un salto.

Minato Namikaze aumentó la sonrisa.

-Vaya, una reacción, ya pensé que me había equivocado y era un maniquí con tu forma.

Naruto rió encantado y le abrazó palmeándole la espalda. Minato le devolvió el gesto, sin poder evitar observar que Naruto en los últimos meses que había pasado fuera parecía más maduro y por añadidura esa madurez le había dado a sus ojos un brillo de sabiduría. Si estirabas un poco esa madurez se podía apreciar que Minato parecía casi más joven que él. Se separaron un poco y Minato no pudo evitar hacer un comentario sobre esa madurez.

-Fíjate, estás más maduro, cualquiera que no nos conozca pensaría que tú eres el padre y yo el hijo.

Naruto no se enfurruñó, sino que sonrió y le tocó con un dedo la frente donde se podía observar unas raíces más rubias de lo normal.

-Claro que eso sería hasta que viesen tus canas y tus arrugas de viejales.

La sonrisa de Minato se escurrió de su cara como si de un huevo roto se tratase. ¡Joe con el niño! No sólo había madurado sino que ahora también sabía cómo responder a los piques convencionales. Todavía recordaba cuando Kushina le había dicho que estaba embarazada. Fue un trago de agua fría en pleno desierto. Cuando ella murió les dejó una profunda mella a él y a Naruto, que tan sólo tenía cinco añitos. En esos momentos vivían en la capital y tras su muerte se mudaron a Konoha. Desde entonces cada vez que Minato tenía que ir a la capital o bien para una reunión con algún político importante y alguna que otra entrevista, llevaba un ramo de rosas blancas para su mujer.

Abrazó a Naruto con un brazo por los hombros y dijo:

-Bueno, cuéntame si ha pasado algo interesante estos meses…

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-¡Ototo-kun! ¡Ya tienes el traje preparado! Kukukuku- exclamó Itachi desde el salón en el cual había estado planchando los dos trajes que iban a llevar a la fiesta de disfraces de Shikamaru y Temari. No podrían haber elegido hacer una fiesta normal y corriente…nooooooo. Tenían que hacer una fiesta de compromiso de disfraces…que poca consideración por los recién llegados.

Sasuke bajó las escaleras con desánimo y se encaró a su hermano, que recogía su traje, preparándose para irse a su habitación y vestirse. Obviamente a él le importaba un comino esa maldita fiesta de disfraces y con quién pudiese encontrarse, pero resulta que él no iba a ir con ese horrible disfraz y no se iba a encontrar con su ex novio en ella. Se cruzó de brazos en la puerta impidiendo a su hermano mayor pasar por ella. Al ver eso, Itachi enarcó una ceja, cargado de ropa por todos los brazos.

-No pienso ir.

-Irás.

-Por encima de mi cadáver.

-Eso a mí no me supone ningún problema- comentó Itachi como si nada. En una de sus actuaciones más estelares interpretó a un asesino en serie, ganándose un premio de la crítica y rozar un Oscar que se llevó un tío que hacía de mafioso. Mala pata, pero esa cara era la que usaba para amenazar a su ototo con cosas desagradables si no hacía lo que él quería.

Sasuke no se amedrentó.

-Me importa un pimiento.

-Pues anda que a mi…

-¿Por qué tengo que ir si hace cuatro años que no veo a nadie?

-Por la misma razón que yo voy que hace siete que no piso esta ciudad.

-Yo tengo ahí aun ex novio con el que posiblemente acabe peleando.

-Yo tengo por esas cercanías a un amor platónico de mi época dorada de juventud inocente- soltó Itachi, a lo que Sasuke respondió con una mirada de divertida ironía.

-¿Dorada juventud "inocente"?- preguntó con cierto escepticismo.

-Más inocente de lo que soy ahora seguro. Y no cambies de tema.

-Me da igual lo que digas, no voy a ir. Y menos con eso- señaló el traje que según Itachi él debía de ponerse por el bien de la humanidad- que pretende pasar por ropa.

A Itachi le estaba empezando a fastidiar su hermano y por eso empezó a cuestionarse seria mente sacar la maquinaria pesada.

-Como no te lo pongas le diré a todo el mundo que en la fiesta de fin de curso de la universidad te enrollaste con dos tíos y acabaste muuuuuuuy mal…

-¡Pero si ese fuiste tú!

-¿Tiene pruebas válidas que lo demuestren, señor fiscal?- Sasuke se encogió por la vergüenza y por la propia comprensión de que Itachi podría llegar a hacerle mucho más de lo que él podía soñar jamás. El mayor cogió a duras penas el traje y se lo plantó delante de las narices. Sasuke se lo arrebató con rabia y empezó a subir las escaleras, refunfuñando.

-Podría ser peor…- le oyó decir Itachi. Con un deje de diversión, el pelinegro dijo:

-Se me olvidaba decirte, ototo: que lleva medias con liguero y zapatos de tacón alto y fino.

-¡SERÁS CABRÓN!

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El aspecto que ahora presentaba la casa era una muestra del esfuerzo que había supuesto dejarla en ese estado. Tanto los Sabaku como los Nara se habían esforzado en dejarla en perfecto estado para la fiesta de compromiso/disfraces que se empezaba a celebrar en esos momentos.

Hubo una sorpresa monumentalmente monumental cuando vieron a Shikamaru disfrazado. El perezoso Nara se había dejado encandilar por su rubia y mandona prometida y se había encasquetado un traje como de ricachón de los años veinte, a juego con el traje de Temari que iba con un vestido de chica de Cabaret a lo Cyd Charisse, corto hasta las rodillas, con brillantes lentejuelas negras. Se había recogido el pelo en un peinado típico de esa época y se paseaba contoneándose de acá para allá con un cigarro con boquilla en la mano y un fular a juego con el pecaminoso vestido. A Shikamaru no se le veía demasiado tranquilo en ese aspecto: le había llamado problemática más veces de las que eran habituales en él.

Los primeros en llegar fueron Neji e Hinata, el primero disfrazado de samurái y la segunda se había saltado el disfraz debido a que no había encontrado ninguno que concordase con su estado. Les siguieron Gaara, Kankuro y Kiba, quiénes iban de mapache, Pinocho y perro respectivamente. Temari hizo un comentario un tanto soez sobre la extraña afición que tenían a los animales…y tuvo que esconderse para protegerse de la temida furia de su hermano menor. Naruto, Minato, Sakura y Sai hicieron más tarde su aparición estelar. El primero iba cómicamente disfrazado de zorro con pelaje rojizo, Sai se vistió de pintor, con bata marrón desgastada y con manchas de tinta de diversos colores. Sakura dio que hablar con un traje rosa largo hasta los tobillos y palabra de honor. Acabado con un cinturón rosa, un par de guantes y una especie de cola como si fuese un pavo real invertido. Sin embargo el que más resaltó con su disfraz fue Minato que iba de…

-Entre todos los disfraces que podrías haber escogido, tenías que elegir el de cura exorcista, ¿no?- preguntó Naruto un tanto molesto y rascándose la nariz con una de sus zarpas.

-Mira quien fue a hablar- Minato se puso en pose de exorcismo, con un libro abierto en una mano y lanzando agua con una botella con la otra hacia su hijo-. ¡Yo te expulso demonio! ¡Deja este cuerpo inocente y vuelve al infierno a dónde perteneces!

-De vez en cuando cuesta ver quién de los dos es más crío- comentó Sakura mientras Naruto empezaba a huir de su padre que seguía lanzándole agua.

-¿Por qué te has puesto esa peluca rubia, Sakura?-preguntó Sai por décima vez. Consiguió la misma respuesta que antes.

-Ya te enterarás.

En su desesperada huída de su padre, Naruto tuvo tiempo de saludar a varios amigos que empezaban a llegar. Entre ellos a Gaara, a Ino y a los propios novios y a Neji e Hinata. La joven todavía seguía un poco preocupada por la rápida desaparición esa mañana del kitsune y se quedó mirándole como si fuese a romper a llorar en cualquier momento. Neji se comportó con más naturalidad aunque también estaba preocupado por el rubio. Cuando este se fue porque su padre le había vuelto a encontrar, Neji comentó:

-Lo lleva bien. Quizás fue el destino el que los hizo reencontrarse.

Hinata enarcó las cejas y le dio un golpecito en el brazo a su esposo.

-No empieces que no llevamos ni quince minutos de fiesta.

Nadie se esperaba que apareciesen por ahí Kakashi e Iruka, pero lo hicieron. Kakashi lo hizo disfrazado de mafioso e Iruka de profesor de instituto y más preocupado que las familias de los novios. Kakashi intentaba por todos los medios recuperar la atención de su novio, pero no había manera de que el castaño no dejase de preocuparse por todo, hasta que Kakashi se hartó y le secuestró. Desde ese instante no le había soltado ni un segundo.

Naruto en ese momento se encontraba saludando a Shino cuando se fijó en que varias personas miraban la puerta de la casa bastante asombrados. Oyó un grito de típica Fangirl, seguramente proveniente de Ino, pero él no pudo evitar que una sonrisa se formase en sus divertidos labios. Fue el primero en acercarse a esa figura enfundada en cuero negro y con una capa negra ondulando tras él. El pelo negro suelto elegantemente a cada lado de su cara.

-Hace mucho tiempo que no te veo, Itachi.

El mayor de los Uchiha sonrió cómo sólo él sabía hacerlo.

-Yo también me alegro de verte, Naruto.