Mas allá del mar
La cena de bienvenida, había sido espléndida, llena de manjares y exquisiteces de todo tipo. La agasajada, se sentía en la gloria, había devorado todo lo que le ofrecían y más. Además, conoció a Lucinda, la hermana menor de la corte real y discípula del amo de dragones.
-Estoy encanta de conocerte, Lucinda- la chica delante de ella, no representaba ningún tipo de emoción en su rostro -Elliot me ha hablado mucho de ti, bueno...De todos ustedes-
Señalo a los presentes en la mesa, que tomaban café y comían tentempiés, ya que la cena, había culminado hace unos quince minutos.
-Ese es mi vestido-
Indico la joven de cabello negro y ojos café. La vidente, no sabia a donde esconder su desconcierto.
-¡Lucinda!- grito escandalizada, su hermana mayor -¡Tu dijiste que no te gustaba!-
-¡No me interesa!- grito, rabiosa -¡Es mi vestido! ¡Y tu lo regalaste!- golpeó la mesa -¡Además! ¿¡Que rayos tienes en la cabeza!?- clavo sus ojos en la joven -¡Es mi corona cuando era niña!- la apunto -¡Devuelvemela! ¡Bruja!- se abalanzó sobre ella, pero ésta, movió sus manos, dejándola paralizada.
-¡Lo siento!- se disculpo, acercándose a la chica -¡Lo siento!- no sabia que hacer -¡Lo lamento!- se quitó la corona y la coloco en la cabeza de su propietaria -Folken me la regaló, dijo que así se visten las hadas- el pequeñito, por suerte, no estaba presente.
Miro a todos, que estaban impactados por la reacción de la princesa. Ella nunca había actuado así, es mas, era una joven tranquila y muy sociable.
-¿Como hiciste eso?- el rey le tomo las manos -Tu poder es increíble, ¿Como se llama?-
-Inmovilización molecular- hizo un gesto con su rostro y aparto las manos de él, lentamente -Lamento lo que sucedió con su hermana, su alteza-
-Van- le toco el cabello, que era dorado como el sol -Mis amigos pueden decirme Van-
-Esta bien...Van-
Su subconsciente, de ninguna manera, iba a llamarlo así. El rey comenzó a platicar con ella, pero no le prestaba la debida atención, ya que su vista, estaba dirigida a su novio, que hablaba con la princesa, apartados del resto, cuando volvió a la normalidad. Pero no parecía una platica de amigos, la joven lloraba y parecía reclamarle algo con mucho dolor. Cuando él negó con la cabeza y cruzo sus brazos, dejando de hablar, ella lo abofeteó y salio de allí, hecha un mar de lágrimas, dejando caer la corona de sus manos. La amestrisana, cerro sus ojos al comprender la situación, existió una historia entre ellos.
-¿Que dices, Denisse?- la voz del monarca, la trajo de vuelta a la realidad -¿Te gustaría conocer el resto de Fanelia mañana?-
-No, lo siento...- contesto sería -Tengo que declinar su invitación, Elliot prometió llevarme a Shamballa, mañana- no era cierto, pero tampoco tenia deseos de pasear con el rey -Si me disculpa, tengo que hablar con él-
-Adelante, yo iré a ver a mi hijo-
Se despidió de un besamanos y salio de allí, al igual que ella, que camino hacia su novio.
-Lamento haberte dejado sola, muñeca-
Le acomodo el cabello, cuando la tuvo cerca y volvió a colocarle la corona que llevaba puesta.
-Elliot- frotó sus ojos, agotada -Esto no es mío- se la quito -Es de Lucinda y estaba en todo su derecho de enojarse conmigo-
-No, no lo está- aseguro él -No se que le sucede, desde que llegamos aquí, se está comportando de esa manera- señaló la dirección en donde ella se fue -Me recuerda a Isabel-
-No digas eso...- soltó un sonoro suspiro -Ella esta enamorada de ti y lo sabes- susurro por lo bajo -Y tu te aprovechaste de ella, mas de una vez- lo mencionó en transe, producto de una visión repentina.
-Nunca la obligue a hacer nada, que no quisiera- se defendió y ella lo aparto a un lugar privado.
-¡Elliot! ¡Por favor!- habló en un susurro exaltado -¡Es una princesa y tu, mancillaste su buen nombre!- él estaba inerte -¿¡Te das cuenta la estupidez que hiciste!?- puntualizó -¡Pueden obligarte a casarte con ella! ¡Esto no Amestris o Keisalhima, que a nadie le importa, cuando haces este tipo de cosas!- ella era la prueba viviente de eso -¡Aquí, es una monarquía y lo que hiciste, ante sus ojos, esta muy mal!-
-¡Ella me prometió que Van, nunca iba a enterarse de lo que paso entre nosotros y que tampoco, tenia que responder por eso!- refutó igual que ella. Aunque, su novia tenia razón, lo que había hecho, estaba muy mal, pero aun así, no se arrepentía de su pasado -¡Y no me vengas con tu falsa moral aquí!- la señaló -¡Que tu y yo sabemos, como son las circunstancias de ambos!-
-Tienes razón...- no la ofendió en lo mas mínimo -No quiero discutir contigo y menos, sobre asuntos morales- desprendió el escote de su vestido, distraídamente, la estaba matando -Pero lo que hiciste...- se detuvo y pensó un momento -Corrijo, más bien...lo que hicieron, puede perjudicarlos a ambos- cerro sus ojos y frotó su nuca -Y también a mi- levanto, levemente, sus ojos hacia él.
-Lo se, mi amor...- le masajeo el cuello con su mano -No quiero que te enojes conmigo y que te preocupes por eso- la abrazo, besándole la frente -Prometo que voy a hablar con ella y lo solucionaré-
Iba a besarla en los labios, pero un leve temblor, remeció el lugar.
-¿Que fue eso?- preguntó asustada, mirando alrededor.
-No te preocupes, siempre hay pequeños temblores aquí- le frotó sus brazos para reconfortarla -Recuerda que es una isla-
-Si, es zona sísmica- apoyo sus manos en la pared mas cercana -Su energía tectónica, no es muy grande- sonrió, un poco mas calmada -Gracias papá, por enseñarme la alquimia-
-Si, tranquila- la abrazo por los hombros -Vamos a descansar- caminaron hacia la salida mas cercana.
-Por cierto, ¿Donde vives?-
El día había sido tan agitado, que en ningún momento, pudo conocer su casa.
-Creeme...Te encantará-
-Tenias razón- estaban en la habitación de él, mirando por el enorme ventanal, las pequeñas luces que provenían de la ciudad -Este lugar es hermoso...-
Ella tenía su espalda apoyada en él, se encontraban abrazados, sentados en la cama y conversando, como siempre lo hacían.
-Esta era la casa de Satine- era la mas alejada de la ciudad y se situaba, sobre la colina mas alta, se podía ver todo desde allí -Cuando me eligió su sucesor y Ciro se marcho de aquí, el rey me permitió quedarme con ella, ya que su esposo, había muerto hace años- contó, jugando con una de las manos de ella.
-Hizo bien- se acurrucó en él, las noches eran muy frías en ese lugar -Hubiera sido un desperdicio, que un lugar tan hermoso como este, quedara en el olvido- su novio asintió, abrazándola con sus fuertes brazos -¿Mañana puedo ir contigo a Shamballa?-
-Si, me encantaría llevarte conmigo-
-Genial, así mi mentira se hará realidad- sonrió como psicópata.
-¿Mentira?- preguntó con gracia.
-No iba a decírtelo...- se arropó hasta los ojos con la frazada que cubría a ambos -Pero creo que al rey, le recuerdo a su difunta esposa y por esa razón, me pidió pasar un tiempo ameno con él-
-Si, me lo suponía- apoyó sus labios en los rizos de ella -Él adoraba a su esposa...Tenia el mismo don que tu, al igual que sus ojos- aseguró -Es lógico que le recuerdes a ella, murió muy joven- finalizo con tristeza.
-Si, Folken no conoció a su madre- apretó los labios bajo la frazada -Millerna me lo dijo-
-¿Te gustaría tener hijos?- pregunto de la nada, el amo de dragones.
-No- respondió seria -No me gustaría, ¿A ti?- volteo a verlo y sus ojos zafiro, parecían impactados.
-¿Por que? Te encantan los niños- indicó él, estupefacto.
-Me gustan los niños, siempre y cuando, no sean míos- su novio asintió, levemente -Por lo que veo, tu lo pensaste- aseguró sin titubear.
-Si, claro que lo pensé- rascó su nuca, nervioso -Estoy cerca de los treinta años y no quiero ser un amo de dragones toda la vida- indicó -Si tengo un hijo, es posible que sea como yo y me ayude a lidiar con esto-
-Entiendo, es un buen punto- se acostó en la cama, por su sueño repentino -Me encantaría ayudarte con eso Elliot, creeme- expreso con toda la sinceridad del mundo -Pero... Nunca podría cuidar de otro ser vivo, que no sea yo. Imagínate, hace dos días, acaba de morir mi última planta de sombra- hizo el número dos con sus dedos -Y el hámster que compre cuando llegue a Amestris, pues...Paso al otro plano, muy rápidamente- recordó ese suceso con tristeza -De hecho, le regale a Reeden a Folken, porque era consciente, que no podía cuidar de él-
Él rió a carcajadas, como siempre, ella era tan graciosa y presentaba tan buenos argumentos, que era inevitable no darle la razón.
-Si, en eso estoy de acuerdo contigo- se acostó a su lado -Ahora, duerme...Mañana iremos hacia Shamballa...- le golpeo la nariz con su dedo -Por cierto, en tres días, es la festividad de Ceifeed- le acarició el rostro -Tienes que estar bien-
-Si, buenas noches, amo de dragones- susurro en un suspiro.
-Buenas noches, mi amor- se quedo despierto, unos minutos mas, velando su sueño.
Los días pasaron volando para la amestrisana, de hecho, nunca imagino que su novio, se convertiría en un opresor, al llegar a esas tierras. Pero a pesar de todo, la estaba pasando bien.
-¡Por favor, Elliot!-
Suplicaba, mientras él, apilaba unos leños y los ingresaba a la casa, para encender la chimenea esa noche. Tenia pensado, hacerle una hermosa propuesta, solo esperaba, que le dijera que si.
-¡Te dije que no, Denisse!- estaba muy irritado -¡No iras conmigo a Shamballa, nunca mas!-
-¿¡Por que!?- reclamo como niña chiquita -¡Yo no tuve la culpa, de que la roca en la estaba parada, cediera y comenzará a caer colina abajo!- piso el suelo con fuerza, tenía raspones y moretones, por todo su cuerpo, producto de esa caída.
-¡Te advertí! ¡Mil veces, que no saltarás!- exclamó furico, volteando a verla -¡Casi muero, cuando te vi caer por ese acantilado!-
-Pero no caí...- bajo la cabeza y removió el suelo con la punta del pie -Esa raíz me salvo- hizo un mohín con sus labios y puso ojitos tiernos -Por favor, Elliot...Dejame ir contigo-
-No y es mi última palabra- apoyo una mano en la cabeza de ella -No sabes el terror que sentí, cuando no podía alcanzarte, al correr detrás de ti... y cuando te vi caer...- se estremeció -Pensé que...- trago grueso -Por todos los dioses, Deni...- la abrazo, temblando -Me paralice cuando eso paso...No sabia que hacer- escondió su rostro en el cabello de ella.
-Me lo imagine...Por eso grite tu nombre- correspondió su abrazo -Por suerte, estabas ahí para salvarme-
-Por favor...Te lo suplicó- la separo de él, inclinando su cabeza -Quedate- ella cayo ante esos ojos azules.
-Esta bien...Me quedare- miro hacia el cielo -Pero me aburriré como nunca-
-No lo creo...Porque no ayudas un poco- sugirió, besándole el cuello.
-No, mejor iré a...- otro temblor se sintió -Nunca me acostumbraré a esto- él la sostuvo de los codos -Bien, como te decía, iré al palacio a...-
Divisó a la joven princesa, que se acercaba a ellos, con la peor cara antisocial, que podía tener.
-¿Estas listo, Elliot?- preguntó con una enorme sonrisa, ignorando a la rubia con él.
-Si, espera un momento- miro a su novia con ternura -¿Que decías, mi amor?-
-Que iré al palacio a ver a Folken- hizo gestos de incomodidad.
-Bien...- le dio un pequeño beso -Vámonos, Lucinda-
Tomó a su discípula de un brazo, pero ésta, le envió una mirada irónica, que la hizo temblar.
-Tienes suerte de que no sea celosa, maldita princesa- murmuró, caminando molesta -Sino, te dejaría calva, aunque termine en las mazmorras por eso-
Caminó, la infinidad de calles que llevaban hasta el palacio e ingreso por la puerta principal, después de detenerse a observar, al inmenso árbol rojo, que se encontraba en el centro de la ciudad. Todo estaba muy ajetreado, ya que la festividad del dios Ceifeed, comenzaría allí. Paso por la sala del trono, pero se detuvo, al ver al rey en ese lugar.
-Buenos tardes, su majestad- él inclino la cabeza, eran pasado el medio día, pero su cara, demostraba que no había podido descansar -Perdón que llegué así, sin avisar, pero venia a visitar a Folken-
-Me alegra verte aquí- indico desde su sitio, demasiado serio -Ellos están por llegar-
-¿Ellos?- parpadeo confundida.
-Lucinda y Elliot- aclaró su duda.
-Pero ellos irían a Shamballa- si estaba perdida, ahora lo estaba mucho más -¿Sucede algo?- se estaba inquietando.
-Preferiría hablar cuando ellos estén aquí- se incorporo de su lugar, acercándose a ella -Es penoso, que tengas que presenciar esto-
-¡Ella no tiene porque estar aquí!- se escucho la voz furiosa del amo de dragones -¡No puedo creer que la involucren en esto!- señalo al monarca y a su hermana, perdiendo los estribos -Necesitó que te vayas, mi amor- se acerco a ella, desesperado -Te prometo que iré por ti y te contare todo- le frotaba los brazos, al notar su desconcierto.
-¡No!- negó la princesa -¡Ella tiene que saber la clase de hombres que eres!-
-¡Basta! ¡Lucinda!- levantó una mano su hermano, haciéndola callar -Denisse, cariño- tomo una mano de ella -Es tu elección, si quieres quedarte aquí o no-
-Me quedare- murmuró firme, había sacado sus propias conclusiones -¿Que esta pasando?- cuestionó a los tres.
-Bien...- el rey volvió a su trono -Iré directo al punto, Denisse...- la joven no había apartado la mirada de él -Elliot, tiene que cumplir con su responsabilidad de hombre, con respecto a Lucinda-
Le lanzo una bala, que la atravesó por completa. Pero no iba a flaquear, no, frente a ellos.
-Comprendo- cerro sus ojos, al sentir que algo se rompía en su alma -Creo que...- acomodo voz cuando se quebró -Tengo que irme...-
Bajo la mirada e intento caminar, pero una mano en su muñeca, no la dejo avanzar.
-No te vayas...- rogó el amo de dragones -No puedo creer que hagas esto, Van- miro al rey.
-Tu hiciste esto, Elliot- dijo sardónica, la muchacha -Los dos eramos conscientes, que esto iba a pasar, si Van se enteraba de lo nuestro-
-Nunca fue nuestro, Lucinda. Porque yo, no te amo y lo sabes- aseguro él, apretando los dientes.
-Su majestad...- hablo al fin la joven vidente -¿Cual es el próximo barco a Amestris?-
Su vista seguía fija en sus pies, sin ganas de mirar a nadie.
-Dentro una hora, sale un barco hacia Seillune-
-Gracias- dijo con la voz ronca -Sueltame, Elliot- exigió de la misma forma, pero él, aferró su agarre -Sueltame-
-No- ella forcejeo con él.
-¡Sueltame! ¡Maldita sea!- volteo para mirarlo, estaba llorando a mares -¡Sueltame!-
-Mi amor, por favor...- acercó una mano hacia ella, lentamente -Escucha...- no pudo seguir, ella lo había paralizado.
-Cuando pase el efecto de la magia- separo los dedos de él de su muñeca -Podrán hablar tranquilos y yo, ya no estaré aqui- limpio sus lágrimas, al verse libre de él -Buenas tardes- salio sin mas de ese lugar.
Camino hacia la casa de él, donde estaban sus pertenencias, las ordenó como pudo dentro de su maleta, guardo dulces, su libreta de canciones en la pequeña mochila en su espalda, dejo una cadena con un dije de arco y flecha sobre la mesa, y sin vacilar, envuelta en lágrimas, cerro la puerta, para encaminar sus pies hacia el puerto.
-¡Denisse!- la voz de él, la detuvo -¿¡Que haces!?-
Corrió, alarmado, pero sobre todo, desesperado.
-Me voy a casa- apretó con fuerza la maleta en su mano, para no desmoronarse frente a él -Ya no hay nada aquí para mi-
-Yo estoy aquí y esta es tu casa- señaló hacia la vivienda a unos metros de ellos.
-Es absurdo- volteo, caminando apresurada -¿Acaso no escuchaste al rey?-
-¡No me interesa lo que ese idiota diga!- la volteo hacia él, girándola por el hombro -¡No voy a permitir, que él ni nadie, me aleje de ti!-
Ella lo observaba con lágrimas bañando su rostro, en completo silencio. Lo contemplaba, como si fuera el mejor hombre del mundo, de hecho, lo era, pero la vida y el destino, se complotaron para separarlos. En ese momento, comprendió las palabras de su madre, los sentimientos florecen, cuando algo hace que aparezcan. Dejo su maleta en el suelo y corrió hacia él, abrazándolo con su alma entera y lo beso, lo beso, tanto que no quería dejarlo ir.
-Te amo- declaro al separarse -Y te amo tanto, que aunque me muera por dentro, tengo que dejarte ir-
Desató un pañuelo, que siempre llevaba atado a su muñeca y le vendo los ojos. Un juego que siempre hacían entre ellos, antes de ir a dormir. Volvió a besarlo, por última vez, diciéndole adiós. Él camino a ciegas, por unos metros, pensando que le había hecho una broma, pero no era así, ella se había ido.
-¡Denisse!- quito la venda de sus ojos y miro al rededor, había llegado a la base de la colina, siguiendo su camino -Lejos- pronuncio y reapareció frente a ella -¡No permitiré que te vayas!- exclamó aterrorizado -¡Podemos pelear por lo nuestro!- intento dar un paso, pero ella, retrocedió -¡No pienso rendirme!-
Un temblor, pero mucho mas fuerte que los anteriores, sacudió toda la isla, quebrando el suelo bajo sus pies. Todos los dragones de ese lugar, volaron de allí, en una gran bandada, como si algo los aterrará.
-Esto no es bueno- murmuró ella, mirando al cielo y un silencio de muerte, lo cubrió todo -Corre...- susurró, presa de una visión, mirando hacia el mar -¡Elliot!- gritó mirándolo con sus ojos dorados -¡Corre!-
Una ola gigante, se apreció en el horizonte y su ensordecedor rugido, era signo de la llegada del caos y la destrucción. Preso de la adrenalina y del miedo que sintió, aferró sus manos y comenzó a correr con ella hacia tierras altas. Aunque, estaba seguro, que no podrían escapar.
-¡Estamos perdidos!- lloraba aterrada -¡No tenemos donde ir!- tenía razón, la isla era muy pequeña para huir.
-¡No!- la abrazo con fuerza y beso su cabeza -¡Vamos a estar bien! ¡Lo prometo, mi amor!- la beso en los labios, en un beso eterno -¡No voy a dejar...!-
La ola llegó, mas rápido de lo que pensaron, él golpe fue duro y la presión del agua, los estaba aplastando, pero él, no la había soltado, se aferraba a la vida de ambos o eso era lo que creía, en un instante, cuando la ola golpeo por segunda vez, la arranco de sus brazos y no supo más.
