Los personajes no son mios la historia si.
Capítulo 3
Me mire al espejo y una desconocida me devolvió la mirada. Llevaba un vestido ceñido negro que se ajustaba a sus curvas, tenía una manga tres cuartos. El modelo era sencillo y elegante a la vez; sin ninguna cosa llamativa más que una línea de pedrería negra que iba en el borde del cuello del vestido. Solo un collar adornaba su cuello, era una cadena fina de plata. Alice estaría orgullosa.
Iría al funeral de Harry Clearwater, quien estaba destinado a morir ya sea en un mundo con vampiros o sin ellos. Mi rostro estaba listo para la ocasión, vacío y sin vida. Había arreglado mi cabello para que pequeños bucles cayeran bajo mis hombros. Estaba estudiando mi rostro; pálido e inexpresivo. No tenía ojeras en mis ojos, mis sueños han sido más que agradables estos últimos días, pero eso no evita la soledad que me embarga cuando despierto. Mis ojos eran los que más me perturbaban. Estaban vacíos pero en el fondo había una chispa, un fuego que le daban un aire de locura.
Trate que el episodio de Jessica en el baño no me inquietara, solo fue una equivocación. Estaba lejos y no lo vi bien. Mentira, lo viste perfectamente.
Baje a avisarle a Charlie que ya estaba lista. Se sobresaltó cuando le hable, estaba en otro mundo. Suspiré. Tenía que vivir por Charlie. Él era importante.
En el camino nos mantuvimos en silencio, cada uno sumergidos en sus pensamientos. Estaba segura que Charlie pensaba en lo duro que iba a ser ver a su amigo por última vez. Yo por otro lado, demostrando lo mal hija que era estaba planeando mi viaje para descubrir la verdad. Tenía dinero suficiente para ir a Rochester, pero debía trabajar ahí para seguir con mi viaje. Lo difícil era dejar a Charlie. Viajaría dentro de unas dos semanas. Pasado mañana era la semana de exámenes en el instituto. No me preocupaba, había estudiado en Phoenix lo necesario. Mire a la ventana. El paisaje era hermoso, verde y nublado.
Estábamos llegando a La Push cuando pude apreciar a la distancia algo naranja, como fuego, en la carretera. Charlie iba directo hacia eso. Mientras nos acercábamos pude apreciar lo que era. Victoría. Una descarga de adrenalina me recorrió el cuerpo. No. Pensé con pavor. Me comencé a sentir mareada. Podía sentir mi pulso incrementándose en mi oído. No me percate que estaba gritando hasta que Charlie detuvo el auto con tanta fuerza que me fui hacia adelante. Se detuvo justo delante de Victoria. Era tan hermosa y mortífera como la recordaba. Ella sonrió mostrándome sus dientes puntiagudos.
-¿Me extrañaste?- ronroneó acercándose como una leona que encontró su presa.
-Bella, ¿qué pasa?, ¿por qué has gritado?- pregunto Charlie confundido.
Lo mire sin comprender mientras Victoria aparecía en su lado de ventanilla. Ella hizo un gesto poniendo su dedo en sus labios, diciéndome que guardara silencio. Grite. Me sentía cada vez más mareada. Charlie volteó confundido para el lado de su ventanilla justo cuando Victoria acerco sus dientes a su cuello. Charlie no entendía porque estaba gritando y mirándolo con terror. Y ahí fue cuando lo comprendí. El no veía nada. Solo yo lo veía. Victoria me observo divertida. Después se desvaneció en el aire, como si nunca hubiera estado. Eso es porque nunca estuvo. Trate de ignorar esa voz. Me dolía la cabeza. Las náuseas se incrementaron hasta el punto de volverse insoportable. Podía sentir el sabor a bilis en mi boca. Salí del auto hacía un arbusto y vomite todo lo que tenía en el estómago. Alguien sostuvo mi cabeza y me dio palmadas en la espalda.
Cuando al fin deje de vomitar. Charlie me ofreció papel higiénico y agua. Me limpié todos los restos de mi vómito y me enjuague la boca con agua. Después me ofreció un caramelo para que se me pasara el mal sabor de boca. No dijo nada hasta que estuvimos dentro del carro.
-¿Qué te ha pasado?- dijo tratando que su voz no se alterara.
-Lo siento papa me quede dormida y tuve una pesadilla.- dije lo primero que se me ocurrió.- Fue horrible, soñé que chocábamos el coche y que…- dijo con la voz temblorosa incapaz de continuar. Mi rostro lleno de terror y confusión lo convenció. Aun así parecía inquieto mientras nos dirigíamos a la casa de los Clearwater. Me observaba cada minuto como comprobando que no estuviera enloqueciendo. Era tarde, ya estaba loca.
Victoria me pareció tan real, inclusive mucho más aterradora de lo que recordaba. Estaba pasando lo que mi Edward me advirtió. Estoy confundiendo realidad con fantasía. No lo puedo controlar. Los vellos de mi nuca se pusieron de punta al pensar en los otros vampiros que se podían aparecer. Trate de pensar que nada de eso era real. Pero no podía dejar de observar el espejo retrovisor para ver si nos seguían. Sentía como si todos los vampiros a quienes les temía estaban esperando para salir en cualquier momento. Paranoia. Alucinaciones. Esto se ponía cada vez peor.
Llegamos finalmente a la casa de los Clearwater. Habían varios coches aparcados ahí. Acompañé a Charlie a entrar, lo tomé de la mano para transmitir que estaba con él.
La casa era pequeña y modesta pero acogedora. Había distintos arreglos florales alrededor del ataúd. Pero también había distintos símbolos que no lo logré identificar. Símbolos Quileute.
A lado del cuerpo estaba una mujer de complexión fuerte. Tenía el cabello de un negro intenso. En su rostro se podría apreciar la hermosura que de joven debió ser más intensa. Las líneas de su rostro reflejaban cansancio y dureza. No parecía la típica viuda que llora desconsoladamente su perdida. Sus rasgos reflejaban resignación y tristeza. De alguna forma su sufrimiento era más intenso que una viuda común, pues se podía leer en sus ojos. Pero ella poseía una entereza y dominio de sí misma que era merecedora de toda una ovación. No derramo ni una sola lágrima al observar a su esposo y compañero que yacía ahí inmóvil. A lado de ella estaba un niño de unos trece años. Seth. Lucía extraño sin la gran sonrisa que lo caracterizaba. Volteé la mirada incapaz de ver más el dolor de ambos. Mi mirada callo en una joven que estaba en la parte más alejada del salón. Era hermosa al estilo exótico, con su piel cobriza perfecta, su cabello negro centelleante y las pestañas como plumeros. Sus ojos estaban húmedos y llenos de tristeza. Su rostro ojeroso estaba lleno de culpabilidad y dolor. Leah. Era igual y diferente a la chica de mi sueño. La Leah que yo recordaba era idéntica a ella pero su rostro estaba lleno de una amargura y rencor que endurecía sus rasgos. En cambio el rostro de esta Leah reflejaba dulzura. La amargura que la caracterizaba no estaba. Parecía una persona completamente diferente. Sus ojos se dirigieron a un punto del salón. Su rostro se llenó de lágrimas y apartó la mirada. Mire a ese punto. Había un joven de tez cobriza y compleción fuerte. Casi ni lo reconocí. Era Sam. Parecía tan joven. Su rostro estaba lleno de tristeza, remordimiento y culpabilidad. Se podía ver las inseguridades que tenía. Parecía un joven de 19 años. La madurez y el temple que le caracterizaba no estaban ahí. Pero eso no fue lo que más me sorprendió. No fue ni la dulzura en el rostro de Leah, ni la inseguridad en el rostro de Sam. Sino la mirada que ambos se dirigían. Era una mirada llena de amor y anhelo. Su amor parecía tan intenso como el que yo le tenía a Edward. Era diferente a la mirada que en mi sueño le dirigía a Emily. El Sam de Emily la miraba como si fuera el centro de universo. Cuando estuve con ellos me percaté que Emily no podía hacer ni un movimiento sin que Sam no lo notara. Él siempre la miraba. En cambio este Sam no miraba a Leah todo el tiempo. Pero de alguna forma se podía ver en la postura de su cuerpo, en la forma en que hablaba con los demás que amaba a Leah. Era un amor real, un amor que era mejor que el amor incondicional que le tenía a Emily.
El amor de Emily y Sam hizo que tanto Sam, Emily y Leah fueran peores personas. Sam al abandonar todas las promesas hechas a Leah. Al romperle el corazón. Y Emily al aceptar estar con Sam a pesar de que eso significaba romperle el corazón a una prima que era como su hermana. La necesidad de estar juntos los convirtió en personas egoístas. Tomando como resultado que Leah se llenara de una amargura y tristeza que apagara la dulzura que poseía antes.
En cambio el amor de Sam y Leah no era como una droga, era auténtico. Al verlos se podía intuir la culpabilidad que sentían ambos por la muerte de Harry. Seguro que por eso Leah le pidió que se alejara. El Sam de Emily no se alejó a pesar de que sabía que era lo mejor para ella. Su amor lo convirtió en egoísta. En cambio este Sam se alejó de Leah porque sabía que eso haría que se sintiera mejor. Este Sam tenía un amor tan grande que si ella se lo pedía se alejaría para siempre.
Sin saber muy bien que iba decir me acerque a Leah.
-Hola, soy Bella Swan. Lamento mucho tu perdida.
-Hola, te lo agradezco- dijo con una expresión de cordialidad a pesar de la tristeza que estaba pasando.
-¿Crees que pueda hablar contigo en privado?- le pregunte un tanto indecisa.
-Claro, sígueme- dijo con algo de sorpresa.
Me llevó hacia una habitación que pude notar era la cocina.
-Tal vez te sorprenda lo que te voy a decir. Pero igual lo haré. Tú no tienes la culpa de la muerte de tu padre.- dije sin más demora. Me miro sorprendida.
-No sé a qué te refieres.
-Lo sabes, se que piensas que fue la noticia de tu embarazo lo que hizo que sufriera un ataque. Pero no fue así. Tu papa sufría una enfermedad del corazón, iba a morir de todos modos. La noticia tan solo fue un pequeño detonante, que bien pudo haber sido el aparecer de forma repentina ante él o un asalto. Puede haber sido cualquier cosa.- Ella me miró con ojos llorosos.
-Pero fui yo, yo fui la que le hizo sufrir un ataque. Si no hubiera sido por mi no hubiera muerto.- me dijo con la voz alterada.
-Eso no lo sabes. El mundo es muy complejo. Todo esta interconectado que es difícil decir que un solo hecho provocó otro. Es imposible decir que si las cosas hubiesen sido diferentes eso no habría pasado. Es inútil hablar del pasado. Las cosas sucedieron como son. No puedes cambiar nada lamentándote. Solo te condenaras a llevar una vida llena de amargura. Nadie te culpa. Ni tu mama ni tu hermano. Todos saben que Harry murió de un ataque, que su corazón estaba en pésimo estado, que era como una bomba de tiempo que en cualquier momento estallaría. No sufras. Recuerda que ahora son dos personas. Vive por ese bebe. No te alejes de Sam es lo mejor que tienes.
Ella comenzó a llorar de forma desconsolada, la abracé en un intento de tranquilizarla. Supe que me había comprendido y que pensaba hacer lo que le dije. Cuando finalmente se calmó, habló.
-Gracias. No sabes lo mal que me sentía. Eres diferente a lo que había oído de ti.- dijo con una sonrisa dulce en los labios.
-Déjame adivinar. Habías oído que estaba como una cabra y que ataque a Jessica Stanley.- le dije con una sonrisa burlona.
-Si algo así- me miro un tanto apenada. Después su expresión adoptó una sonrisa ácida.- Bueno tampoco es que la perra de Jessica Stanley tenga muy buena reputación. Toda La Push y Forks sabe de qué color son sus calzones, si sabes de lo que hablo.- me guiño un ojo. Bueno tal vez no era tan dulce como pensaba.
-Mmm… creo que ni siquiera lleva calzón- le dije ocasionando que ambas riéramos. Hablamos un rato de cosas sin importancia. Leah era una chica encantadora. Su dulzura engañaba. Era una chica sarcástica y directa pero tenía un buen corazón. Era una mezcla de dulzura y acidez que la hacía ver más atractiva.
Pude apreciar como Sam y Leah se contentaban. Era increíble el amor que se tenían. El rostro lleno de inseguridades de Sam tomo un poco de la calma que yo recordaba cuando Leah habló con él. Aparte la mirada. No podía contemplar un amor como ese sin sentirme desolada. A lo lejos pude ver a Jacob. Era igual a como lo ví cuando visite las playas de La Push en mi sueño. Recordé las palabras de mi Edward. Él quería que lo superara con Jacob. Cuando lo ví con Billy supe que él no podía hacer nada. Que no podía sentir más que amistad por él. Hablé con él un rato de mi auto y de Charlie. Era raro hablar con él. Era una persona distinta a lo que recordaba. Más joven, más ingenua. Yo había cambiado. No era la Bella que él conoció en mi sueño. Estaba llena de soledad. Ya ni siquiera me reconocía. Se me hacía raro hablar con las personas. Me costaba enfocarme en una conversación. Y con Jacob no fue diferente. Recordé una parte de mi sueño que me saco una sonrisa amarga.
—En tal caso, ¿qué es lo peor?
—Lo peor de todo es saber que habría funcionado.
—Que quizá habría funcionado. Suspiré.
—No —meneó la cabeza—. Estoy hecho a tu medida, Bella. Lo nuestro habría funcionado sin esfuerzo, hubiera sido tan fácil como respirar. Yo era el sendero natural por el que habría discurrido tu vida... —miró al vacío durante unos instantes y esperó—. Si el mundo fuera como debiera, si no hubiera monstruos ni magia...
Entendía su punto de vista y sabía que tenía razón. Jacob y yo habríamos terminado juntos si el mundo fuera el lugar cuerdo que se suponía que debía ser. Habríamos sido felices. El era mi alma gemela en aquel mundo, y lo hubiera seguido siendo si no se hubiera visto ensombrecido por algo más fuerte, algo demasiado fuerte que jamás habría existido en un mundo racional.
No podía haber estado más equivocada. Jacob no hubiese significado nada sin Edward. Edward era el único que siempre iba a amar, existiese o no. Mi cuerpo me lo decía. Todo lo llamaba a él. Salí de la casa porque todo era perturbador todo me recordaba a que nada existía.
Este capitulo era mas largo, pero lo corte aqui porque me iba a demorar escribiendolo. Prometo traer el siguiente en tres o cuatros dias máximo. Besos
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