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Capítulo 4: Sólo Un Informe
Puesta ya mi armadura me provocaba calor en la espalda aún herida, el bálsamo me ayudaba medianamente a aligerar el dolor y retener cualquier fisura por la cual mi sangre pudiera brotar de nuevo debido a los roces de la tela que me cubría, ese día detestaba tener que usar mi traje de batalla.
Acomodé los medallones de mi capa preparé mis botas para calzarlas, el recuerdo del castigo me traía el recuerdo del sabor metálico de mi sangre a la boca, trague mi saliva espesa conteniendo apenas la furia que sentía, deseaba poder desquitarme con alguien sin embargo ese día no tenía planeada ninguna batalla.
Bajé de mi habitación a la sala comedor de la nave principal, las miradas me eludían y pude notar perceptible como el viento que azota el murmuro ralo de los que se encontraban ahí comiendo, me senté directamente junto a Nappa para espera el desayuno, llevaba en mis manos los papeles, la noche anterior Zarbon había dedicado de su tiempo por la noche para entregármelos con la informalidad de aventarlos por debajo de la puerta, en realidad agradecí el gesto, no quería verle la cara en mucho tiempo.
—Los pobladores le dieron batalla a nuestro futuro compañero —dijo Nappa al revisar los papeles que le entregué al sentarme.
—Debe ser una basura —me dediqué a contestar mientras nos servían el alimento.
—Bueno, es cierto que nuestro batallón debería estar conformado sólo con la élite de guerreros saiyajin.
—No hace falta más gente, con nosotros es más que suficiente Nappa, qué te hace pensar que necesitamos ayuda de un saiyan débil.
—Bueno, aquí hace referencia a que se quedará con nosotros.
—No me interesa lo que diga ahí.
—No sé qué tan buena idea sea desobedecer.
—Guárdate tus opiniones para cuando las pida Nappa, come y cállate —le ordené y de inmediato obedeció.
Mientras comía sentado a la mesa como cualquier otro, me percaté de que una mirada ponzoñosa se clavaba en mi desde una mesa cercana, al levantar la mirada, el gusano de Kiwi, quien era el dueño de la mirada ofensiva se sonrió con mofa, sabía lo que había pasado, y comía mirándome mientras se aconsejaba con otro sujeto a su lado.
Terminé de comer ignorándole por completo, después de eso me levanté sin esperar a Nappa y dirigí mis pasos hacia la sala de despegues, no había llegado a la mitad del camino por el largo pasillo cuando el imbécil de Kiwi me dio alcance y para antes de que pudiera reaccionar me asestó una palmada fuerte en la espalda haciéndome arquear la vértebra por el dolor agudo que me provocó.
—¡Es cierto! —gritó y soltó una estridente carcajada— Todos murmuran que el príncipe mono fue apaleado ayer, y es completamente cierto.
—Cierra tu maldita boca infeliz —le amenacé haciéndole frente.
—¿Qué hiciste, mono? ¿Te orinaste en la alfombra? —preguntó y soltó de nuevo su carcajada.
La sangre hervía en mis venas, por el golpe y por sus sátiras endemoniadamente afiladas como cuchillas de navaja, sus carcajadas me retumbaron en la cabeza por muy poco tiempo, en mis oíos escuchaba un silbido iracundo que me había cegado por la cólera que sentí y para cuando mi conciencia había retornado un poco me encontraba encima golpeando al insecto con todas las fuerzas que daban mis manos, mis golpes le había llegado por sorpresa y de no había tenido tiempo de reaccionar.
Tomé su quijada decidido a abrirle el hocico hasta matarle, hice palanca con el codo izquierdo en el pecho sujetándole con la mano la quijada y con la mano derecha eché con fuerza la parte superior de su cabeza hacia atrás, iba a hacerlo, lo mataría, sus manos entorpecidas por los ataques se dirigieron a mi cabeza y comenzó a jalar de mis cabellos para que lo soltara, trataba de cerrar la boca mientras tiraba con fuerza de mi pelo.
—Ríete ahora cabrón —le dije y solté mi risa.
Atinaba a duras penas a pasar sus manos de jalarme a tratar de picarme los ojos, graznaba y se retorcía, aunque era más fuerte que yo, por la posición en la que lo tenía le resultaba imposible liberarse, estaba a punto de tronarle la quijada, se la arrancaría de su lugar una vez estuviese floja.
Un golpe seco en mi espalda me hizo bajar la fuerza de mis manos sobre el hocico del infeliz de Kiwi, me quejé con un gruñido al separarme de mi oponente.
—Ambos pónganse de pie —Freezer nos había encontrado en plena trifulca, iba acompañado de Zarbon y otro soldado gordo de piel rosa.
Respiré con dificultad aún iracundo, la lagartija movió su cola y retornándola hacia atrás mientras nos veía con cierto deje de diversión que trataba de disimular.
—Príncipe Vegeta, Kiwi… peleando en mi nave —dijo dirigiéndonos la mirada respectivamente.
—Señor Freezer, yo puedo explicarle —se adelantó la sabandija de kiwi.
—No quiero explicaciones soldado, Dodoria llévese a este muchacho malcriado a la ergástula, que esté ahí las próximas veinticuatro —dijo señalando con la palma de la mano al insecto con seña despectiva.
Se mordió la lengua para evitar volver a hablar, me dirigió antes de partir una mirada cargada de rabia a lo cual respondí de la misma manera, observé la pared para esquivar la mirada de Freezer que se había clavado en mi.
—He gastado en ese soldado —dijo refiriéndose a Kiwi— Recursos y horas de entrenamiento con mis mejores soldados.
No respondí, me limité a enredar mi cola en la cintura, no me había percatado de que erizada se levantaba detrás de mí.
—Tuvo un descuido imperdonable —continuó la lagartija—; quizá debí dejar que le mataras.
—Algún día lo haré —dije por lo bajo.
—Seguramente ahora te dirigías a la sala de despegue, hice un cambio de planes príncipe, hay cosas que no puedes esperar —aseguró.
—¿Qué tipo de cambios gran Freezer?
—Acompáñame Vegeta, te explicaré.
Seguí a al réptil hasta la sala de mando, sólo caminaba junto a nosotros Zarbon que me observaba de vez en cuando por el rabillo del ojo, la situación me parecía en demasía sospechosa así que presté atención incluso al más mínimo movimiento.
Al entrar la puerta se cerró tras nosotros, puse los ojos fijos en Freezer que mostraba una incoherente sonrisa, se suponía que estaba enfadado y ahora sonreía disimuladamente, le dirigí una mirada corta a Zarbon que se acomodaba del lado derecho del autoimpuesto emperador.
—Esta línea —dijo mostrándome un mapa de la alineación planetaria—; son todos los planetas que ahora me pertenecen, en la región 048 ¿Lo ves?...
Asentí con la cabeza poniendo atención a sus palabras.
—Bien, esta vez te daré órdenes expresas —me dijo dando con la cola en el suelo—; primeramente, debes saber que en este planeta no hay mucha población, así que irás sólo y será una misión de un día, no más…. En segundo término, no quiero que en el planeta quede nada, ni un alma, ni ningún edificio, destrúyelo todo...
—No se recuperará nada del planeta —pregunté recordando la razón por la cual aún me ardía la espalda.
—No, lo único que quiero es que desaparezca todo, luego mandaré ahí una estación, y esa será su única utilidad, así que anda ahora mismo soldado.
—Sí, gran Freezer —dije e hice una pequeña reverencia antes de girar sobre mis talones y retirarme.
Anduve por el pasillo de salida mientras sus palabras me llenaban de frustración— Soldado —me dije odiando cada desgraciada letra de esa palabra. Como había pasad de ser el príncipe de la raza guerrera más imponente sobre la faz del universo a ser un simple soldado. Extendí mientras caminaba de nuevo por el pasillo los brazos para tratar de descargar mi tensión, moví mis hombros y troné mi cuello.
Efectivamente no esperaba una misión sólo, sin embargo y pese a todo me sentí orgulloso debido a la encomienda, caminé a toda prisa hasta la cabina de despegue, ahí se encontraba Nappa esperándome.
—Me acaban de informar por el rastreador sobre el cambio de planes príncipe, está seguro de ir sólo—indagó rascándose la nuca.
—Dudas de mi capacidad para cumplir con esta encomienda Nappa, en estos momentos casi tengo el mismo nivel de pelea que el tuyo, no me hagas reír con eso.
—De ninguna manera príncipe—contestó de nuevo con su postura de lame botas.
—Déjate de idioteces entonces y quítate del camino, tengo prisa, esta misión debe ser de un día…
Diciendo esto le di la vuelta para subir a la nave en la cual me dirigiría al planeta que sería destruido. El viaje duró alrededor de unas 3 horas y media, me mantuve despierto observando la galaxia, de nuevo respiraba con cautela debido a un "algo" en el ambiente, en el espacio, en las formas que lograba divisar a través de la ventanilla, no tenía idea de lo que se avecinaba, de lo que ocurría en esos precisos momentos en otro lugar.
Aterricé en el planeta y para cuando puse un pie en la tierra mi padre, el rey de Vegeta estaba muerto, sentí una punzada que en acto reflejo me hizo voltear hacia atrás viendo sólo el asiento de mi nave, mi cuerpo había hecho algo simbólico, había mirado hacia atrás sin saber que lo que acontecía a miles de kilómetros de ahí tendría resonancia en mi cabeza durante el resto de mi vida.
Tragué en seco y luego me sacudí esperando que la sensación desapareciera, levanté el vuelo y recordando las indicaciones de Freezer busqué con mi rastreador al pueblo más cercano, de inmediato me dirigí hasta ahí, la población de grandes y grotescos lagartos azulados era más bien un pueblo pacífico, llegué hasta un mercado y lo sobrevolé, aparentemente no me temían.
Supuse que las visitas de gente de otros planetas eran comunes para ellos, en el mercado pululaban los habitantes yendo y viniendo, los observé un tiempo en sus formas de convivir, recordé mi planeta, en realidad los mismos saiyan lo destruían cuando perdían el control, no teníamos nada parecido a una vida tranquila o despreocupada.
—Pobladores —grité desde el cielo llamando la atención de algunos pocos.
—Qué quieres niño —me contestó un vendedor del mercado.
—¡Hmp! Te enseñaré a respetarme maldita sabandija —sentencié antes de volarle la cabeza con mi energía.
La sangre negra del insecto se desperdigó por su puesto y sobre el rostro de una de esas cosas, antes de que su cuerpo se desplomara los gritos de los habitantes alrededor sonaron mientras corrían en todas direcciones tratando de huir del peligro, seguí una muchedumbre que corrían en una misma dirección y me planté a su frente.
—Escúchenme basuras —dije raspando la lengua contra mis dientes—; quiero que me digan ¿Dónde se encuentra el emperador de este planeta?
—No te diremos nada monstruo —me contestó uno de los sujetos poniendo un puño de frente.
Con un movimiento veloz me sujeté a su cabeza y de una vuelta le quebré el cuello matándole en seguida puse un pie sobre el cuerpo mientras el resto de los pobladores observaba la escena aterrados, sonreí mientras echaba hacia atrás mi capa.
—¿Dónde? —pregunté únicamente.
—E… él vive en paz —dijo lloriqueando lo que parecía ser una hembra de esa especie—; en lo alto de esa montaña —señaló con el dedo una montaña puntiaguda al centro de una cordillera.
—Así está mejor —dije levantando el pie de encima del cadáver—; ahora mueran.
No tuvieron tiempo para sentir dolor, mi energía acabó con ellos en un santiamén, fui amable con ellos por haberme dicho la verdad, y les hice morir con rapidez.
Me dirigí a la montaña en dónde una casucha terriblemente descuidada se erigía suponiendo algo de humildad de parte del rey de ese planeta, no me demoré en echar abajo la fachada que descubría en el interior de la montaña algo más parecido a un palacio, lleno de lujos y descanso, el dichoso rey gordo rodó por entre los afectos que ahí tenía.
—¡¿Quién ha!?—me miró fijamente.
—He venido a destruir tu mundo insecto, le dije mostrándome sereno-fruncí el ceño en realidad era grotesco de sobremanera, incluso tocarlo para matarlo me causaba repugnancia debido a su piel babosa.
—Espere por favor gran guerrero —dijo al reconocer con la vista mis emblemas—; este planeta nada tiene que ofrecerles.
—Eso a mí no me interesa, gusano —había querido verle pensando que sería el más fuerte de todos aquellas sabandijas sin embargo era torpe e inmundo.
Se acercó para seguir rogando pero, no me apetecía continuar con aquella farse, recordé de inmediato las indicaciones de Freezer así que no había tiempo que perder, le desaparecí a el primero con un rayo de energía azul que lo fulminó enseguida sin dejar desperdigadas partes pues era asqueroso, luego destruí lo que quedaba de su casa.
El rastreador me indicó que había más movimiento, los ejércitos de los habitantes se habían puesto en marcha, iban hacia dónde yo me encontraba luciendo sus uniformes grises que al contraste con su piel azul les confería un aspecto aburrido y monótono, bostecé, decidí hacerles fácil que me encontraran así que me plantee frente a ellos que de inmediato se cubrieron como bien pudieron y desde sus escondites me disparaban con sus ridículas armas.
De momento me sentí ridículo en ese planeta, sus habitantes no tenías estrategia ni fuerza, había sido para mí un insulto, me habían enviado a un parque recreativo a contar manzanas en lugar de enviarme a donde en realidad tuviera algo que mereciera la pena la visita del mismo príncipe de lo saiyajin. Ya que estaba en esa situación me plantee hacer divertida mi estancia, coronar la visita por lo menos, de modo que decidí no usar poderes especiales, ni siquiera iba a volar, todo sería pelea de cuerpo a cuerpo.
Sonreí ante la idea, me acerqué a uno quitando de sus manos el arma que ante mi parecía un juguete la empuñé y le golpee con ella hasta romperle el cráneo, enseguida muchos soldados se vinieron encima de mí, se aglomeraban a mi alrededor rompiendo mis ropas tratando de herirme, sin embargo sus esfuerzos eran inútiles, lo que ellos hacían no era nada para mi, tomé a uno del cuello y lo bajé de un tirón le arranqué la cabeza, mis movimientos eran veloces, arrancar miembros era divertido.
Los gritos de los masacrados soldados resonaron en el ambiente mientras que utilizando sólo las manos les descuartizaba sin tregua, como era una población pequeña en breve me quedé sin contrincantes, y los soldados que conservaban la vida se arrastraban desmembrados gimoteando su agonía, para mi había sido no mas que un juego, así que no les exterminé de inmediato.
Me dirigí hacia el resto de la población y exterminé por ciudades completas así que eso no supuso para mi ningún problema, habiendo terminado con todos los civiles hombres mujeres o niños, regresé hasta el primer campo de batalla en donde mi rastreador indicaba sobrevivientes, fastidiado por la persistencia de algunos me pasee por el campo rompiéndole el cuello a todos los que aún dieran signos vitales.
Durante el almuerzo me había hecho con un paquete de frutas en tiras, llamé a la nave que en seguida llegó entonces, me saqué la capa, saqué de ahí el paquete y me senté plácidamente en una piedra a comer la fruta. Miré a mí alrededor, todo en el planeta estaba deshecho, había sido realmente fácil, realmente sencillo, realmente poco.
La facilidad con la que la vida de un planeta podía ser exterminado no me sorprendió, sólo me causó indiferencia, removí los pies inquieto de nuevo, era ese persistente mal presentimiento, ese de "algo anda mal" que no me soltaba aunado con el ardor de mi espalda, las heridas se habían abierto por la pelea, me percaté de inmediato de que la humedad en mi espalda no era sudor si no sangre.
Esta vez mi presentimiento había cambiado de rumbo y no me hacía temer en lo absoluto, en general me llevaban únicamente a pensar en lo que podía haber pasado, entre las cosas que pensaba podrían haber pasado, puesto que así lo sentía lo que fuera ya había pasado, quizá mi padre, o mi madre alguno o ambos, la muerte era sin duda parte de mi vida y respiré profundo antes de pensar algo que incluso a mi me causó estupor momentáneo—"De cualquier forma no los pensaba volver a ver".
En el rastreador sonó una llamada, en mi fuero interno esperaba esa llamada.
—Príncipe Vegeta… ¿Puede escucharme? —preguntó, su voz sonaba alarmada, sin embargo me serené absolutamente y no le di importancia.
—¿Qué quiere? —pregunté con cierto enfado.
—El gran Freezer nos anunció que el planeta Vegeta acaba de ser destruido por causa de un fenómeno natural —su voz pronunciaba continuas aquellas palabras que me habían abierto un hueco en el estómago, sin embargo de nuevo reprimí mi reacción por completo.
—¡Ah! ¿Si?... ¿Y qué más?—pregunté con un tono despreocupado.
—Dice que se impactó un meteoro contra el planeta, los únicos saiyajin que quedamos con vida fuimos muy pocos —informó.
—¡Ah! Sí, y… ¿Qué más?...
—Nada más quería informarle —noté un tono de reproche en su voz.
—¡Hmp! Pues los seres de este planeta también fueron exterminados, creo que le pediré al gran Freezer que me dé un planeta que valga la pena —dije con apatía.
—Eso era todo príncipe —dijo con el mismo tono.
—Fuera Nappa, en corto iré de regreso.
—El señor Freezer me indicó que nada más llegando usted, partiríamos a la misión que antes nos había mencionado.
—Como sea —dije y corté la comunicación.
Había mucho en que pensar sin embargo algo era cierto, no tenía por qué sentirme mal por algo sobre lo cual no se podía hacer nada.
Hasta aquí este nuevo capítulo… Hasta la próxima terrícolas…
