Disclaimer:

Los personajes de GW no me pertenecen, sólo los tomo prestados.


Capitulo 4

Tu falta, mi error, su oportunismo...

Las lagrimas han quedado atrapadas en mis ojos,
mi llanto se ha ahogado en mi garganta...

Veo los muros de mi fortaleza levantarse a mi alrededor
y el lloro apagado, forjar las paredes y columnas que le conforman
con cada lágrima no derramada, con cada suspiro ahogado
mi corazón en hielo y sangre palpita resignado
y aún sin ganas de vivir... no muere.

Ya había pasado una semana... una larga semana.

Había estado viviendo en casa de Trowa y por fin le habían quitado el yeso ayer, condicionándolo a que no podía realizar actividades físicas en por lo menos un mes más, además de que no podía hacer esfuerzos ni con la pierna ni con el brazo lastimado. Pretexto que le sirvió bastante bien a Trowa y al resto de los expilotos para obligarlo a quedarse un tiempo más en reposo y fuera de los Preventivos.

Desde su primera mañana en la casa, luego de haber escuchado la respuesta inconclusa de Trowa a la pregunta de Catherine, no había podido dejar de pensar en ello. Casi en forma de reflejo guardaba mayor distancia de él, y en las ocasiones que necesitaba su ayuda para hacerle curaciones o lavarse se sentía realmente incómodo... extraño. Seguramente Trowa lo había notado, pero no lo diría... no quería hacerle daño, pero, tampoco quería arriesgarse de nuevo a lo antes ya sufrido, cuando aun era demasiado joven como para comprender las consecuencias.

Cerró los ojos mientras hundía medio rostro en la tina de baño, pensando... cansado de no hacer absolutamente nada. Ahora Trowa no se encontraba en casa, y quien lo cuidaba era Dúo, pero desde el otro lado de la puerta, por su puesto que no lo iba a dejar pasar, conociéndolo como era... debería estar loco si lo hacía.

—Heero... —llama desde afuera— ¿estas bien? ¿Aún respiras?

—Hai —respondió con fastidio.

—Mmmh, si te quedas un rato mas allí te saldrán escamas de seguro, si no es que ya eres todo un percebe —dijo mientras abría lentamente la puerta, quedándose apenas sin poder asomar el rostro cuando un jabón lo golpeo— ¡Ahh!

—¡Kisama! No espíes.

—¡No espiaba! Sólo... —con un sonrojo— quiero que ya salgas de allí —dijo Dúo en justificación, y solo escucho agua caer, probablemente al fin Heero se había levantado—. Sure... voy a la cocina, si necesitas algo, gritas.

Heero se visitó en el baño, secándose el cabello, al menos ahora podía bañarse y cambiarse sin ayuda. Al terminar, fue hasta la cocina para encontrarse a Dúo bastante animado mientras cocinaba algún guiso, moviendo las caderas al tiempo que tarareaba, con los audífonos puestos. Se acercó para mirar lo que estaba en el sartén, poniéndose atrás de Dúo para asomarse, mientras que Dúo, al sentir unas manos sobre sus hombros salto algo espantado, casi tirando el guiso.

—¡¡HEERO!! ¡por poco me matas de un infarto!—regaña gritando al tiempo que voltea—. ¡Casi tiro todo! ¡No deberías asustar a alguien que trabaja con cosas calientes!

Heero empezó a desesperarse y quitó los audífonos al trenzado.

—Deja de gritar —ordenó con voz fría.

Dúo primero miró inconforme al chico frente a él, luego miró su situación. Estaba completamente recargado en la esquina de la cocina, al lado de la estufa, y Heero frente a él, a una distancia de... digamos no más de 20 cm. Lo que hizo sonrojar a Dúo, desviado ligeramente la mirada con un puchero, no era difícil darse cuenta, a Dúo le gustaba Heero, bastante en realidad.

—¿Y Trowa?

—Ya me extrañaba que tardaras tanto en preguntar —contestó el trenzado un poco molesto, empujando ligeramente a Heero para poder seguir con su labor antes de que se quemara—. No estoy muy seguro a dónde fue, pero se le veía con mucha prisa. Cuando llegué en la mañana para conversar con él...

—¿Desde cuándo hablas con él? —cuestionó Heero incrédulo, interrumpiendo.

—¿Celos? —devolvió la pregunta, molesto por la interrupción—. El caso es que al poco rato sonó el teléfono; yo le iba a preguntar quién llamaba pero en cuanto vi la expresión de Trowa... Oh, de verdad ese chico es muy poco expresivo pero pareció que fuese lo que fuese le afectó bastante, así que cuando dijo que tenía que salir rápido y que si me podía hacer cargo de ti un rato no pude decirle que no, después de todo...

—¿Te puedo pedir un favor? —preguntó nuevamente interrumpiendo.

—¿Dime...?

—Cállate.

—¡Sólo te cuido porque Trowa me lo pidió! —contestó indignado el trenzado—. Ni creas que soy tan masoquista como para soportar a alguien tan antisocial, con mal carácter y que se la pasa callándome en cada oportunidad que se le presenta.

"Aunque..." Dúo guardó silencio, moviendo el sartén con cuidado, llevando su expresión a una mas seria, aun cuando el rubor hacía gala en sus mejillas.

Heero se encogió de hombro y se dio la media vuelta, luego desde la entrada a la cocina inquirió: "¿entonces no sabes a qué hora regresa Trowa?"

—No —contestó Dúo en un suspiro resignado—. Pero espero sea pronto, también hice de comer para él.

Heero salió entonces a la sala, era agradable poder caminar sin las muletas, aunque todavía dolía algo, era un dolor bastante más soportable. Se recostó en el sillón y cerró los ojos.

"¿Qué estará haciendo Trowa?" la pregunta llegó a su cabeza de repente junto con otras que luego se le unieron "¿qué lo había alarmado? ¿Si era una misión? ¿Y si está herido?" Abrió los ojos un tanto inquieto ahora, mas en ese mismo instante logró escuchar la motocicleta de Trowa probablemente fuera del departamento. El trailer no era de él, era del circo pero se lo prestaron, la moto si es suya, aclarado el punto... Se levantó con cautela para mirar por la puerta.

Cuál sería su sorpresa al encontrar al circense besando dulcemente a una linda rubia en sus brazos...

Ante la escena, Heero cerró la puerta despacio, sin hacer ningún ruido. Sintió por unos segundos que la fuerza lo abandonaba, sus piernas cedieron y terminó de rodillas en el piso, sentado luego sobre sus pies, con su mano todavía en la perilla de la puerta. Sintió una enorme opresión en su pecho, como si algo dentro de él se hubiera roto, ¿qué demonios era lo que estaba sintiendo? Fuese lo que fuera, se sentía realmente horrible. Su corazón palpitaba tan rápido y fuerte que dolía y sentía como si no pudiera respirar por el nudo que se había formado en su garganta... ¿por qué?

Intentó calmarse, pero era como si hasta el aire a su alrededor fuera mas denso.

—¿Estás bien? —Preguntó Dúo al ver al chico en el suelo, dispuesto a ir a ayudarlo.

—Ha-i —contestó casi en reflejo y se puso de pie, muy lentamente, caminado con la mirada perdida y casi torpemente hasta el cuarto de Trowa, para luego cerrar la puerta tras él.

Dúo siguió con la vista, ver a Heero así lo dejo por unos segundos pensativo, pensó en que pudiera ser por su anterior estado, alguna secuela o algo similar, pero... estaba frente a la puerta con la mano en la perilla, ¿entonces?

El sonido de la puerta lo sacó de sus pensamientos.

—¡Hi, hi, Tro-kun!¡Bienvenido!!—Volteó para encontrarse con la figura de Trowa y una linda rubia que le acompañaba, aparentemente de su mismo rango de edad—. Oh... ¡hola!

La chica que estaba un poco a tras de Trowa miró al chico frente a ella. Un rostro casi tan inexpresivo como el de Trowa, pero igual sereno, contestando moviendo alzando y moviendo la mano en gesto de saludo.

—Dúo Maxwell, Midii Une —dijo Trowa en forma de presentación.

—Un gusto conocerla, señorita —Dúo ofreció una de sus más coquetas sonrisas a la joven, extendiendo su mano—. Eres muy bonita ¿sabes? —concedió con un guiñó.

—Gracias —concedió igual su mano con una leve sonrisa—. Supongo que eres amigo de Nanashi.

—Nana... ¿what?—preguntó Dúo sin poder evitar su reacción.

—Ahora me conocen como Trowa —explicó a Midii, tomándola suavemente de la barbilla para que lo mira.

Dúo miró complacido la escena, Trowa se veía contento, no de una forma demasiado notoria, pero si en ese cambio sutil en sus facciones y esa muy leve sonrisa que le concedía a la joven.

—Entonces... tú eras quien llamó esta mañana —inquirió el americano con una amplia sonrisa en su rostro. Ella asintió—. So... ¿cómo conociste a Trowa?

De un momento a otro las facciones de la chica se ensombrecieron, como pasa ante los malos recuerdos que nos persiguen, bajando levemente la mirada, contestó:

—Na... Trowa y yo nos conocimos cuando éramos apenas unos niños. Yo... hice algo terrible en ese entonces —Dúo miraba expectante a la chica, sorprendido del drástico cambió—.Desde que la guerra acabó, estuve buscándolo para poder disculparme, agradecerle y...

Los labios de Dúo estaban apenas separados... no entendiendo realmente, tan sólo imaginando que pudiera haber sido tan grande, que aún siendo crimen de guerra, llevara a alguien a tratar de contactar a quien fue agraviado. ¿Pudiera ser algo para ella como la muerte del Mariscal Noventa lo fue para Heero?

—No hay razón para pedir perdón... —musitó Trowa acariciando un mechón del cabello de la niña— tenías tus razones.

—¡Aww! —gritó Dúo feliz la escena frente a él, sin poder ocultar una sonrisa complacida y emocionada—. Te quedarás a comer ¿verdad? —Preguntó casi interceptando a la chica—. No puedes irte sin probar lo que cociné. Siéntate.

Seguro que le encantaba la idea, Trowa se había portado muy bien con él y lo había ayudado en las últimas semanas. Después de saberlo un tanto decaído, lo mas probable por Heero, verlo ahora con aquella linda chica lo llenaba de gusto...

Aunque quizás ese gusto también tenía una razón un poco más egoísta...


Heero sentía la sangre hervir de sólo pensar que Trowa besaba a alguien más, coraje, al tiempo que sentía algo dentro de su estomago, apretaba los dientes al igual que la almohada que abrazaba.

¿Por qué?

No era como si realmente le hiciera algo a él besando a esa chica, tampoco tenían ninguna relación que traicionar, entonces... ¿porqué se sentía así? Estaba sentado en la cama, formulándose cuanta pregunta le ayudara a poner en claro lo que estaba sintiendo, pero nada parecía ayudar. Escuchó que tocaban a la puerta, pero no se sintió con ánimos de contestar... nuevamente tocaron y de nuevo no dio respuesta alguna. Tal vez porque aunque hubiera querido el nudo en su garganta y el momentáneo coraje que sentía no le permitían decir nada.

—Heero... —llamó con cuidado la voz de Trowa desde el otro lado de la puerta.

—¿Hn? —contestó a penas, tratando de que todo lo que estaba sintiendo no se reflejara en su voz, porque sentía, seguro que sí, siempre lo había hecho, sólo que no lo demostraba como los demás.

—¿Podrías venir? —Preguntó Trowa desde la puerta, abriéndola apenas un poco—. Me gustaría presentarte a alguien.

Esa idea enardeció más a Heero. ¿Por qué él querría conocer a esa niña? ¿qué necesidad tenía?... ¿Por qué estaba tan molesto! Abrazó la almohada con todas sus fuerzas por unos instantes, tratando de relajarse. Luego de eso se levantó para llegar a donde Trowa y salir al comedor para ver la chica escuchando atentamente el medio monólogo de Dúo.

—Midii —llamó Trowa, a lo que la chica volteo con sus grandes ojos azules, del mismo tono que los de Heero—, él es Heero.

La chica se puso de pie con cuidado, contemplando la figura frente a ella, podían tener casi la misma mirada, casi distante en ambos, de ese azul penetrante... ese tono que en ambos tanto llegó a amar Trowa, porque ellos eran iguales.

Heero apenas hizo un gesto, a lo que Midii respondió con otro igual. La mirada cobalto se desvió de la otra. No podía verla... no quería verla. Y Dúo seguro que lo notó, casi sin quererlo, un tanto complacido por el hecho.

Trowa notó inmediatamente como la tensión en el ambiente se acrecentaba por los dos chicos de mirada cobalto. Posado en el hombro de cada uno de ellos una mano, les invitó a sentarse para comer lo que Dúo había preparado, asintieron mirando al latino, colocándose cada cual a su lado. El sonido más persistente y prácticamente el único existente, era el de la voz de Dúo, siendo en pocas ocasiones acompañado por contestaciones simples de Midii o Trowa.

Heero no dijo ni una sola palabra, sin terminar siquiera su plato, se retiró temprano a la habitación de Trowa, sin decir ni una sola palabra, dejando a los otros tres en la sala.


Abrió la puerta dejando salir una gran nube de vapor. Acababa de tomar un relajante baño después de un día un tanto pesado.

Cuidar a Heero en la mañana, quedarse a comer y conversar en casa de Trowa con él y Midii, mirar a Heero actuar tan antisocial como siempre; luego revisar trabajo con Hilde y otras tantas cosas aburridas, para al fin llegar a la casa que compartían a eso de las 10, todo para que, sólo arreglándose un poco, Hilde saliera de nuevo.

"Así que la casa es para mí solo esta noche" pensó mientras secaba su largo cabello, paseando en bata de baño por la cocina buscando qué cenar. En medio de su tarea, escucha alguien que toca la puerta.

—¿Ahora que se te olvidó? —vociferó, pensando que seguramente sería Hilde, mas al abrir la puerta se encontró con quien menos se hubiera esperado—. ¡Heero! ¿Qué...?

—Midii todavía está con él —dijo Heero interrumpiendo, con la cabeza gacha, sin mirarlo.

—No me digas que Tro...

—No sé, no... no quiero averiguarlo —interrumpió nuevamente, no quería ni pensar en la posibilidad de que ellos estuvieran juntos.

—Puedes quedarte hoy aquí, si quieres —Dúo contemplaba a Heero, entre sorprendido y algo preocupado, moviéndose lo suficiente para dejar paso al japonés en una invitación silenciosa para que entrara—. Hilde se fue con una amiga, así que estaríamos solos —dijo lo último mordiendo su labio inferior, viendo a Heero dejándose caer en el sillón que le daba la espalda—. ¿Ya cenaste? Iba a hacer chocolate caliente, ¿quieres?

No contestó, apenas un leve movimiento de cabeza como asintiendo. Dúo se apresuró para preparar lo dicho y llevar las dos tazas hasta el sillón, sentándose a un lado de Heero.

—Ten... —dijo Dúo ofreciendo la taza— está caliente.

Sus dedos rozaron a los de Heero por apenas un instante, pero Heero ni siquiera parecía haberlo notado. Estaba como perdido en sus pensamientos, en haber visto a Trowa y Midii hablando tan cálidamente, quizás sin roce mayor que el poner su mano en el brazo o la mano del otro de vez en cuando, pero... de sólo pensarlo...

Terminó la cena en silencio, sosteniendo suavemente la taza con ambas manos, las cuales descansaba sobre sus piernas. La mira perdida en algún punto incierto de la pared... y nada, ni una sola pista de lo que pudiera estar en la mente del estoico exsoldado, mas... en sus ojos el dolor, la perdida, la soledad...

Dúo con cuidado tomó la taza de entre las manos de Heero para colocarla en la mesa de té frente a ellos. Tomando con cuidado la mano del japonés, la puso sobre el propio regazo para delinear la palma, a lo que el moreno no ofreció resistencia, ni siquiera una mirada, sólo el dejar caer su cabeza y su mirada.

Entre lazó sus dedos con los de él, con cuidado mirando la figura a su lado, cambiando su postura de forma tal que le fuese posible contemplarlo con mayor comodidad, subiendo una de sus piernas al sillón de manera que le tuviese de frente. Dudando un poco al principio, aventuró finalmente su mano libre para, con las yemas de sus dedos, poder acariciar suavemente la mejilla de Heero contraria a él para hacerlo mirar.

Hasta ahora se percata, Dúo está en apenas una bata de baño, con el cabello suelto, aún mojado, sentado de lado mirándolo, sonriendo de forma sugestiva. Aprovechó la cercanía y acarició los rebeldes cabellos de Heero, quien reaccionó ante ello, alejándose aparentemente incómodo.

—Está bien —dijo Dúo haciendo un nuevo intento, que fue igualmente rechazado— ¿Tienes miedo? —preguntó Dúo, aún sonriendo, mas un tanto molesto.

Heero le desvió la mirada, sin contestar, lo que dio oportunidad a Dúo para formar con la uña un camino en el cuello de Heero, que reaccionó ante el contacto con un escalofrío.

—Vamos, no me vengas con el cuento de que eres virgen —dijo sin pensar, mientras acariciaba su nuca.

Heero se estremece ante la cuestión, así que cuando Dúo se acerca más, se mueve violentamente para alejarse lo poco que, por el sillón, le es posible. Sus ojos, como había dicho el Doctor J, eran sinceros, y ahora, en ellos se revelaba toda la confusión, señal de recuerdos pasados, dolor y... ¿miedo?

—Heero... —Los ojos de Dúo se abrieron al pensar en la posibilidad de...— ¿tú...?

—¡Cállate! —gritó Heero.

Dúo lo había oído frío, desesperado, psicópata, pero nunca gritando. Intentó acercarse para abrazarlo, tratar de calmar un poco los malos recuerdos acurrucándolo en sus brazos, pero apenas le rodeo con ellos, Heero puso los brazos entre su pecho y el de él, con los puños cerrados, tratando de alejarlo, más porque en la forma en la que estaban Dúo había terminado con una rodilla entre sus piernas. Lo empujó lo suficiente para poder levantarse y empezar a caminar hasta la entrada.

Lo detuvo la mano Dúo que tomaba su brazo. El sólo amarre le congelo en su posición.

—Lo siento, yo... —dice sujetando gentilmente, pero firme— no era mi intención traerte malos recuerdos...

Heero se recargo en la pared a su lado, doblando ligeramente las rodillas, con la mirada clavada en el suelo. Se posó frente a él, acariciando con una de sus manos la mejilla del japonés, su cuello, su cabello, todo con sumo cuidado, mientras posaba la otra en el hombro del chico, buscando ofrecerle alguna forma de confort.

—¿Qué edad...? —se mordió el labio inferior, tratando de encontrar palabras. Su mirada se ensombreció y la desvió. Con voz apagada y entre cortada terminaron sus labios liberando la dolorosa pregunta— ¿te lastimaron mucho?

—¡Damare! —gritó Heero con todas sus fuerzas, empujándolo— Tú... —Lo tiró al suelo y casi entre rabia y dolor vocifera— ¿Qué es lo que quieres! ¿Quieres... tomarme?

El chico de ojos cobalto rompió con ruidosamente su camisa, de forma violenta, arrebatada, salvaje, arrancando algún botones incluso, luego sentándose sobre las caderas de Dúo que aún yacía en el suelo ante el asombro, apenas apoyándose en sus codos.

—¡Adelante! —gritó, mas en el mismo instante, su voz se apagó, ahora marchita, terminando por musitar apenas— ya no importa...

La mirada violeta se perdió en vació al contemplar la cobalto perdida, dolida, ya sin brillo. Colocó nuevamente su mano en la mejilla del chico sobre él, acariciándola con el mayor cuidado que su manos jamás conocieron. Con uno de sus pulgares, acariciando los tersos labios del moreno, con las yemas de sus dedos, apenas rozando los párpados ahora cerrados.

—¡Hazlo! —gritó de nueva cuenta, pero de alguna forma, terminó ahogado en su garganta— ¿o prefieres que te muestre cuánto dolió!

Dúo sólo lo abrazó. Podía sentir el corazón agitado de Heero palpitando cerca del suyo, la respiración violenta sobre su hombro, sin siquiera un intento de librarse, sin siquiera moverse... El americano acariciaba el cabello y hacía pequeños círculos en la espalda del niño entre sus brazos, ahora besando de forma torpe la mejilla, la oreja, el cuello, el hombro...

Heero permanecía en su misma posición, sentado sobre Dúo, que ahora había bajado en su recorrido de besos a su pecho, eliminando ahora por completo la camisa, luego tomándolo de los brazos para recostarlo en el suelo y quitar el peso de encima suyo.

No era capaz de mirarle a los ojos... no quería ver de nuevo ese dolor en ellos, no quería formar las imágenes de un Heero sometido, de el ser que más amaba siendo tomado a la fuerza. Deseaba poder borrar cada recuerdo, cada huella, cada marca... remplazar el dolor por placer, entregársele en alma y cuerpo, tomarlo para quitarle la pertenencia a los monstruos de su pasado, en forma de exorcismo, liberarle de sus demonios.

Los besos de Dúo bajaban ahora a su abdomen bien formado que se movía de forma menos violenta, sin llegar a estar tranquilo. Sus manos ansiosas quitaron el cinto como pudieron, luego desabrocharon el pantalón y lo eliminaron de igual forma habían hecho con los zapatos y calcetas.

Mientras, Heero permanecía en completo silencio. Aún recordaba cómo se sentía, el que el oponer resistencia sólo lo hacía mas doloroso, el que a final de cuentas ellos obtenían cuanto deseaban de él y el daño quedaba en forma permanente en su cuerpo y espíritu... sólo en él. Cerró los ojos tratando de contener todos los sentimientos dentro suyo y, apretando los dientes en impotencia, buscando en la alfombra dónde aferrarse.

Los besos del americano llegaron luego a sus piernas, besando también en la parte interna de ellas, sin mirar los ojos de Heero, tan sólo sabía que no lo había echado... al final podía ayudarlos a los dos.

Ahora lo tenía con la piernas flexionadas y abiertas para poder estar entre ellas. Ya así, sus manos, que habían recorrido vehementemente el cuerpo de Heero, ahora estaban ambas en sus caderas, delineando la única prenda que el joven bajo sí conservaba. Subió nuevamente hasta su cuello y lo besó, ahora de forma más tranquila, para luego susurrarle al oído.

—Realmente te quiero, Heero... permíteme demostrarte cuánto.

"¿Me... quieres?" Piensa Heero con una sonrisa perturbada, mientas lágrimas mudas siguen bajando por sus ojos. "Qué fácil dicen todos lo mismo."

Entonces Dúo despojó a Heero de su última prenda, y se quedó unos segundos contemplando la figura de quien era el mayor objeto de su devoción, por quien sin duda dejaría todo. Dúo se recostó nuevamente sobre el cuerpo de Heero, para retomar su tarea de besar cada parte de Heero hasta llegar a su hombría.

Heero sólo cerró los ojos con mas fuerza al sentir la humedad rodearlo, la boca de Dúo haciendo su trabajo, ahora él mordía su labio inferior tratando de contener los gemidos en su boca, odiaba eso, odiaba la sensación... odiaba el punto en que empezaba a disfrutarlo.

Enterró las uñas en la alfombra, "hazlo parar" pedía algo dentro suyo, su cabeza decía "oponerte sólo hará que sea peor" y su cuerpo... su cuerpo se limitaba a una palabra: "Más". El sólo pesarlo le hizo estremecer, cuando al fin terminó en la boca de Dúo, arqueando la espalda mientras Dúo tomaba firmemente su cadera.

Era todo tan confuso, todo pasaba tan rápido y, sin quererlo, las caricias de Dúo sobre su piel le estaban provocando, haciéndole reaccionar, y aunque por una parte era por lo malos recuerdos de las ocasiones anteriores, por otra era tan distinto... tan sublimemente distinto.

Luego de recibir a Heero en su boca, dejo un poco de él en su mano, quería todo de Heero, algo que había pensado tantas veces sería imposible, ahora... Heero estaba a su merced, de una forma casi indiferente, entregándosele. Subió de nuevo por el cuerpo del japonés, y depositó un beso en medio de su pecho, otro en el cuello, en la barbilla y estaba por rozar sus labios cuando por primera vez en todo ese tiempo, Heero mostró desagrado por el acto.

—Ah, ya entiendo... no hay besos en la primera cita —dijo Dúo en la forma más sarcástica que sus labios conocieron y, molesto, se acercó al cuello del chico bajo sí para morder su hombro.

Heero no hizo más que reprimir un leve gemido de dolor, que terminó en su garganta... melodioso para Dúo. Decidió que si no podía besarlo como él quería, al menos lo haría gemir como tanto deseaba oírlo. Siguió mordisqueando el hombro de Heero, distrayéndolo. Heero se perdía en la necesidad de contenerse, luchando internamente contra el deseo carnal de soltar la alfombra y cambiar rápidamente de posición, tomar a Dúo allí mismo y mostrarle...

¿Todavía estaba pensando en la venganza? ¿Qué culpa tenía Dúo de lo que habían hecho con él? Quizá... aprovechar la situación...

Sus pensamientos fueron interrumpido por la invasión a su entrada, uno de los dedos de Dúo prelubricado con semen entrando en él. Aunque hubiera hecho de todo para evitarlo, al final aquel gemir se escapó de sus labios y ahora su todo, casi en memoria de eventos pasados, prácticamente gritaron "sal de allí". Ahora sus manos, que se habían limitado a la alfombra, empujaban a Dúo pero de una forma tan torpe, tan distinta a su ideal del soldado perfecto, que a Dúo le fue más que fácil aprisionar ambas muñecas con su mano libre.

Dolía... Por eso los soldados deben evitar sentir, porque todo lo que tiene de base sentir, ya sea miedo, dolor, odio, termina haciéndolos vulnerables.

Ahora Dúo sentía que debía ser más rápido, así que al primer dedo le siguió un segundo, con un grito de Heero, luego un tercero... Dolía tanto.

Fuese como si Dúo no fuera conciente de aquello frente a sus ojos, de como Heero arqueaba la espalda y su cuerpo se estremecía con cada toque, con cada intromisión, con el ahora agarre; sus ojos, sin mirarlo, sellados con lágrimas que apenas se habían escapado: Una. Dos.

Ahora el lugar que habían ocupado sus dedos lo sustituyo su miembro, el grito de dolor en los labios de Heero y un sutil sollozo en sus labios. Tres. Cuatro. Cinco.

Hubiera parado, pero lo deseaba tanto...

Comenzó a moverse dentro de Heero, primero un tanto lento, aunque sin haber esperado que el cuerpo de Heero se habituara, y sin previo aviso, subiendo la velocidad de las envestidas, haciendo temblar de dolor el cuerpo bajo él. Pero ya ni lo notaba, estaba demasiado concentrado en su tarea. Aun sosteniendo las muñecas de Heero con una mano y con la otra, ahora masturbándolo, doliéndole.

Seis. Siete. Ocho. Diez. Doce. Veinte. Treinta y dos. Y en cuarenta y ocho perdió la cuenta de las lágrimas derramadas.

Heero sólo deseaba internamente que todo terminara pronto, cuando al fin se vino en la mano de Dúo y el otro, un par de envestidas más, terminó dentro de él. Sólo quería irse, pero ya conocía ese característico dolor de "post-sexo" y sabía que no podría ir muy lejos de cualquier manera.

Ahora, consumado el acto, Dúo que había prácticamente caído sobre Heero, completamente agotado, se levantó para mirarlo, algo dentro suyo quería creer que Heero estaba satisfecho ahora. Pero al mirarlo, realmente mirarlo...

Su labio sangrando por la forma en que intentó contener los gritos, su respiración agitada y medio convulsionando por el llanto, sus muñecas amoratadas, sus ojos bañados en lágrimas como nunca esperó ver. Su brazo y pierna que apenas se habían comenzado a recuperar, ahora estaban sangrando a través de las vendas. Su cuerpo agrupado, entre de miedo y dolor, como un niño... seguramente como antes.

La imagen le conmovió y ahora se sentía culpable, igualmente llorando, le abrazó.

—Heero... I'm... I'm so so sorry —confesó abrazándolo de forma protectora, mientras sentía su cuerpo temblar—. I don't… I… Heero, just… forgive me... please...