Muchas gracias a: Adriana11, Gabriela C, Raainnbow, Klainefiction, Candy Criss, TweetArya, YORDISPARRA, karina-xx :D
Ella
Kurt se encuentra sentado al lado derecho de la cabecera del comedor, tan largo y exuberante que tiene lugar para dos pares de docenas de comensales. Desayuna un tazón de cheerios con leche baja en grasa, un jugo de naranja y fresas. Solo, sobran tantos asientos que es deprimente.
Aun en pijama sale al jardín y mira el trabajo de la fuente, se queda absorto escuchando el sonido que hace el agua al caer y continuar su ciclo sin fin. Como su vida.
Sebastian ha salido y no regresará hasta pasada la tarde. Rachel se encuentra de viaje con Wes en Italia, su padre está enfermo y lejos.
Lentamente recorre las escaleras de la entrada, y las del vestíbulo, tres pasillos, hasta llegar a su habitación; y sin importar que sea medio día se acuesta a dormir. Horas después, es despertado por unos labios suaves en su frente. Sebastian le sonríe desde arriba.
—Hola, Alma. ¿Cómo fue tu día? —Su voz es cálida, Kurt sonríe por ella lentamente.
Cenan.
En la habitación Sebastian le abraza contra su pecho.
Kurt mira fijamente las rosas rojas del tocador.
Silencio, oscuridad.
Amanece, el ciclo se repite.
o.O.o
Desayuna.
Ve la fuente.
Duerme.
Sebastian regresa temprano.
—Amor, hoy saldremos a cenar. Escoge un lugar.
Él le mira adormilado. Momentos después se marcha y escucha el agua correr de la ducha. Se levanta y se da cuenta que aun trae puesto el conjunto azul de pijama de la noche anterior. Suspira, a Sebastian no le agradará eso.
Cena y van al teatro. Una función de Hamlet le recuerda de sus sueños de ser actor, menospreciados y olvidados en algún cajón del escritorio de su padre.
Ha dejado todo lo que antes le hacían sentir algo, no más arte ni expresión. Solo gris apatía.
Sebastian le ha mirado fijamente toda la velada, por mucho que pase el tiempo trabajando sabe que su pareja se encuentra distante.
— ¿Sucede algo?, ¿Quieres contarme?
Nada. Kurt niega y continúa en silencio. Hamlet se esconde detrás de un tapiz en escena.
o.O.o
Ese día Kurt decide romper el círculo.
Acostado de lado, con la mejilla aun recargada en la almohada ve a Sebastian arreglarse y lo decide. Por primera vez en un tiempo sonríe sinceramente al despedirse.
Sale, sin chofer, ni guardias, ninguna sombra que le acompañe.
Va a su vieja tienda favorita de música y compra un violín, aún recuerda lo mucho que disfrutaba Sebastian escucharle. No tiene el anterior, que fue el primer regalo de su relación. Su padre enojado lo destruyo y quemó hasta convertirlo en volátiles cenizas.
Quizá le falté un poco de técnica, pero con la práctica todo será igual o mejor...
Después, al centro comercial. Un par de corbatas que combinarán maravillosamente con los ojos de Sebastian y unas mancuernillas con la forma de sus flores favoritas, rosas. Muy pocas cosas para él, un abrigo para Rachel y unas películas que tienen que ver sus hijos. Y una gorra para su padre.
Son varias bolsas, y por cualquier mística política de las empresas son demasiado grandes para lo que trasportan. Estorbando y limitando su camino, por lo que casi cae en las escaleras eléctricas. Un joven, realmente un adolescente con uniforme de escuela secundaria le ayuda a mantener el equilibrio. Kurt le sonríe y agradece apenado. Le ha salvo de una caída de un par de metros y de chocar contra el filo de los escalones. Por lo que le invita un helado como agradecimiento, y el rubio colegial se emociona ante su acción, sonríe durante todo el rato, y Kurt no puede evitar sentirse un poco incómodo, pero halagado.
Kurt llega temprano, feliz de su día. Ve la hora y decide que tiene tiempo para hacer la comida favorita de Sebastian para la cena. Moviendo caderas llega a la cocina. Precalienta el horno, está troceando zanahorias cuando llega su compañero. El castaño sonríe y pone la mejilla para que su esposo le salude, le bese. Pero no llega ningún labio o caricia a tocarle, solo un puño frío y contundente.
— ¿Crees que puedes engañarme?— Él grita. Kurt le mira aterrado desde el suelo, al que ha sido arrojado.
—No, no. Yo no podría. Yo te amo. — Sacude la cabeza con cada palabra que borbotea de sus labios.
—Sé del tipo, ¡Podría ser tu hijo!— Se agacha y le toma por el cuello de la camisa. El menor niega con la cabeza, retrocede e intenta huir.
—Debería de darte asco. — Patea sus muslos.
—Eres menos que nada. — Golpe sus costillas.
—Me duele, no sigas. — Kurt toma las manos de Sebastian en las suyas. —No, por favor. —Lágrimas cae con la intensidad de los gritos.
— ¿Crees que puedes decirme que hacer?— Se suelta de un manotazo.
Kurt no está sujetado por nada. Corre. Se encierra en el armario de abrigos. Sebastian intenta abrir la puerta asegurada, choca sus puños con la madera, una y otra vez. Él, atemorizado escucha el crujir de los metacarpos al ser impactados.
—Por favor, Alma. Te juro que no he hecho nada. Te amo. — Su voz es audible aun en los sollozos y la madera que les separa.
—Eres una puta, como ella.
Kurt se queda sollozando entre caras telas y pieles extravagantes.
o.O.o
Ese día no hay nadie, ni mucamas, jardineras, cocineras, nadie.
Sebastian está de viaje, Rachel aun no regresa y bueno, su mundo se volvió tan pequeño.
Una involución, lenta, permanente.
Baja las escaleras, tomando el barandal. Abre su boca para cantar, el canto, una de las pocas cosas que le quedan para él. Toma aire, regula su ritmo respiratorio, y nada. Su voz no sale. Nada, ni siquiera una nota estrangulada o desafinada. Nada.
Se llena de pánico, sus manos van a su garganta. Tocando, palpando como si pudiera encontrar el desperfecto que le limita.
Ahora, en la cima de las escaleras, imagina que es un ave. Y que puede volar, libre.
.
No piensa cuando lo hace.
Solo desea que el dolor se marche, que él le abandone.
Solo no más dolor.
Pastillas, vertidas en una vibrante garganta, en el intento de un alivio. Es una súplica de esperanza, de salvación.
