Muchas gracias a los que leen, quizá sea bueno ir anunciando que
este fic es en realidad muy corto y que quedan ya muy pocos capítulos…
De todas formas, espero que les vaya gustando y que les den ganas de comentar.
Saludos!
No me muerdas
Se sentó a su lado con la espalda pegada al muro y miraron los dos a la roca lisa de enfrente durante ¿cuánto?, ¿dos horas?, tal vez menos; cuando al fin se le ocurrió mirarlo, tenía la barbilla alzada y su nariz lucía respingada y fuerte, mientras sus ojos parecían estar llenos de un sentimiento que interpretó como impotencia, aunque no podía estar segura porque no lo conocía; porque no sabía nada de él, porque jamás en su vida se le habría cruzado por la cabeza relacionarse con alguien así. No lo conocía, esa era la verdad más total de todas las que en ese momento podía sentir, Weasley era un desconocido y contra eso no podía hacer nada; todavía pensando en eso y sin saber cómo, se llevó la mano a los labios como para acariciar la ausencia del beso, pensando quizá en lo que ese contacto representaba y en la desgracia que les iba a traer, frunció el ceño y se quedó con dos dedos en los labios como obligándose a callar lo que sentía, y ese gesto hizo que Ron se volviera interesado.
De entre todas las mujeres, esa. No cabía duda de que era un hombre con mala suerte, no había nacido con estrella, él estaba estrellado; de entre todas las mujeres, la única que podría hundirlo con un comentario mordaz o bien enfurecerlo con una sonrisa, Pansy Parkinson era el diablo, el mismísimo diablo con brillo labial. ¡Y uno que sabía a fresa! Por eso le analizó esa reacción y la tomó como una señal de mal agüero, ¿cuántas veces ve uno a la Parkinson quedarse pensando?, más bien, ¿cuántas veces es notoria en ella la acción de pensar?
-¿Y ahora? –Preguntó de pronto sacándolo de sus pensamientos, y le hormigueó el cuerpo entero como si estuviera a punto de hacer una prueba con Snape, como si de pronto ella fuera Hermione y se le antojara decirle algo bonito.
-¿Qué? –Soltó áspero y tajante como siempre solía ser, ella le volvió una mirada dura y fría como un maldito puñal, porque era raro que alguien le contestara así, porque nadie tenía derecho a hacerlo, ella era Pansy no cualquier tipa del Colegio, ella era una Parkinson ¡Por Merlín!
-Me besaste, Weasley. –Inclinaba la cabeza como si estuviera diciendo algo obvio y abría la boca como si trajera algo adentro, a él se le trabaron los recuerdos y un poco hecho nudo, comprendió que quería lavarse las manos y culparlo de todo.
-¿Te besé?... ¡Tú me besaste! –Exclamó acalorado y ella se movió como para ponerse frente a él cruzándose de brazos y mirándolo como si fuera una rata y además mentirosa; confundido empezó a enrojecer de rabia. -¡No Parkinson no!, esto no va a ser mi culpa, tú me besaste a mí y que no se te olvide.
-¿Y lo que pasó el otro día qué?... ¿Me metí en tu cabezota hueca y te dije que me besaras? –Casi habría jurado que esa pregunta se había escuchado en su sala común e intentó acallarla encogiéndose de hombros y moviendo las palmas como para bajarle el volumen. -¡No, no, Weasley!... ahora resulta que yo soy la fácil, si fuiste tú el que me besó primero… ¡Yo no soy una fácil que se mete con cualquiera!
-Pues eso dicen. –Murmuró y se encogió casi por completo cuando la sintió darle un manazo en la espalda y soltar un gruñido digno de epopeya.
-¡No te atrevas! –Estaba roja y empezaba a sentirse más fuera de lugar que nunca, pero Ron se volvió a verla y le descubrió en la frente una mancha roja, de esas que se les hacen a los niños cuando ríen o lloran mucho y no pudo evitar sonreírse. -¿Qué?... ¿Qué estás pensando Weasley?
-Tienes una mancha en la frente. –Comentó entretenido llevándose el dedo a la frente, como para mostrarle dónde, ella rabió y entrecerró los ojos acrecentando la intensidad de la mancha.
-Es de nacimiento, no puedo evitarla ni se quita con nada… ¡Y además no te importa!… ahora, ¿Qué vamos a hacer? –Volvió a interrogar y él infló las mejillas y frunció el ceño sin saber qué contestar.
La leche que ponen los elfos sobre la mesa en las mañanas, suele estar a temperatura ambiente y es muy raro que algún alumno la pida tibia o caliente, sobre todo cuando se trata de usarla en el cereal; por eso esa mañana a Neville le pareció inquietante que la leche en el vaso de Ron, justo entre su mano derecha, estuviera tan caliente, tanto que a simple vista era posible mirar las diminutas olas de vaporcillo que emanaban de ella hacia el espacio frío de esa mañana. Cuando abrió la boca para preguntarle cómo era que había concentrado suficiente energía en su mano como para tibiarla, notó que el pelirrojo no le hacía caso ni a él ni a Harry sentado delante, sino que miraba sobre el hombro de su amigo enfocando la mesa verde, donde Pansy Parkinson, ponía en práctica sus más desaforados trucos de seducción sobre Draco Malfoy.
El rubio gozaba de la morena que le daba hojuelas de avena una a una mientras sostenía una charla con Crabbe y Goyle, Neville le hizo una seña a Harry con las cejas para preguntar qué pasaba, pero su compañero ojiverde sólo frunció la frente y se volvió a un lado como si considerara una ofensa que le preguntaran algo sobre el estado del ojiazul; Neville lo atribuyó a sus últimos problemas, cosas que empezaban a ser ya muy frecuentes para el pobre Potter, destinado a salvar a la humanidad, pero cuando buscó con la mirada la de Ron para preguntarle si se sentía bien, el enorme muchacho se puso de pie, dejó el plato a medias y salió del Comedor, topando en la puerta con Hermione que logró arrancarle una sonrisa a medias y con Ginny que lo miró tan inquieta como él. Neville empezaba a creer que Ron estaba enfermo, cuando una voz aguda lo sacó de sus pensamientos y lo hundió en otros peores.
-La ve como si fuera a matarla. –Luna sonriente miraba a Pansy en la mesa verde y Neville confundido y pálido de sorpresa, se volvió a verla.
-¿A quién? –Preguntó interesado, la rubia le posó sus ojos azules en la cara y sonriente refirió.
-A Pansy, si no fuera porque sé que es imposible, diría que Ronald tiene celos de cómo trata a Draco… ¿no crees? –La rubia tomó el vaso de leche dejado por Ron y se lo llevó a los labios.
-¡Mentira! –Exclamó Harry acalorado, dejó a medias el tazón de avena y salió llevándose sus cosas; Neville se sintió profundamente avergonzado por provocar aquello, pero cuando Hermione y Ginny llegaron hasta él, la pasó orando porque Luna no dijera sus "sospechas".
-Se suponía que te alejarías de ella, que te salvarías de sus aros y ahora no sé por qué, pero eres más obvio que nunca… ¿Qué pasó? –Le preguntó mientras avanzaban entre la multitud de alumnos, Ron frunció los labios. –Debías llegar antes de la una y dieron las dos cuando escuché tus pasos… ¿Ron, qué pasó?
-No pasó nada. –Contestó frío, pero Harry intuyó que mentía y de una forma por demás descarada.
-Claro que pasó algo… dime Ron, ¿Qué pasó? –Harry lo tomó del brazo y lo obligó a volverse.
-Me besó. –Soltó sonrojado hasta la raíz del pelo.
-¿Pero te has vuelto loco? –Preguntó impacientado, lleno de una sensación de irritación tan grande que casi podría haberlo noqueado de un golpe.
-Me curó el dedo. –Soltó como único pretexto y Harry abrió la boca en una mueca de incredulidad.
-¡Eres un tonto! –Le gritó al verlo echar a andar y Ron se abrazó más a su mochila e inclinó el cuerpo mientras avanzaba más aprisa entre las chicas de segundo que le miraban asustadas. -¡Estás metiendo las cuatro patas, Ron!
-¡Yo sólo tengo dos pies! –Contestó enfurruñado, se internó en medio de un pasillo y por poco choca de lleno con Blaise Zabini que le miró molestó; entonces se dio cuenta de que se había metido en una buena, media casa Slytherin estaba ahí, franqueando al cabecilla de todos, que además era para colmo, su enemigo acérrimo.
-Cuídado Weasley… ¿Qué los pobretones ni a ojos llegan? –Soltó Draco apoyando a su amigo Blaise, que rió a medias mientras los franqueaban algunos más de su casa entre ellos, la susodicha serpiente.
-Cierra la boca, Malfoy. –Dijo enojado y encogido sobre sus cosas, no había encontrado nada más qué decir y esa era la única frase en su cabeza; al pasear la mirada de lado a lado buscando un sitio por donde huir, porque no tenía cabeza para tener un encuentro con un montón de pedantes, dio con los ojos de Pansy y turbado volvió a mirar al rubio ya sin poder moverse, mientras Harry se paraba a su lado.
-¡Oh, pobre Weasley!... tan estúpido que siempre que le digo algo me responde con la misma frase. –Draco arrastraba las palabras con tanta cadencia que Ron sintió que se le curvaba más la espina dorsal y hubiera deseado no estar ahí, porque la presencia de Pansy empeoraba todo.
-Cierra la boca, Malfoy. –Murmuró Crabbe con cara de idiota, parpadeando como una chica y juntando sus manos como en una oración; Harry frunció el ceño y sacó la varita con disimulo.
-Cierra la boca, Malfoy. –Repitieron otras chicas a espaldas de Draco, y Pansy sonreía a medias apretando los dientes y deseando no estar ahí, porque tanto quería burlarse, como quería sacar de ahí al Gryffindor ofendido.
-Llegaremos tarde. –Atinó a mascullar tomándole la mano a Draco sutilmente, movimiento que hizo que Ron se irguiera de un golpe y la mirara de reojo lleno de algo demasiado parecido a los celos.
-Vamos Weasley, que no hay que tener dos dedos de frente para contestarme. –Draco se le acercó al pelirrojo y Harry salió al quite parándose frente a Ron.
-Para contestarte no, pero tampoco para bajarte a la novia, ¿o sí? –Escupió Potter sin pensarlo y sus ojos verdes viajaron del rostro más pálido de Draco, a la cara roja de vergüenza de Pansy; dos chicas de verde se llevaron la mano a los labios con indignación y Goyle miró a la chica como si tuviera monos en la cara.
-¿Qué dices, Potter? –Draco se acercó al chico que sonreía y Ron se metió entre los dos, mirando fijamente al rubio que no pudo evitar empujar a Pansy como por instinto.
-Mejor lárgate. –Amenazó Ron sin decir nada más y los pasos de toda la horda de alumnos que salían del comedor y se apresuraban a llegar a clases, les dijeron que no debían seguir ahí a la vista de algún prefecto.
-Vámonos. –Dijo Draco a sus seguidores y cuando Pansy le tomó la mano para irse con él a falta de algo mejor que hacer, le tomó la mano con fuerza, entrelazó sus dedos con los de ella y le alzó la mano hasta llevársela a los labios; Ron hirvió entero al ver que le besaba la mano a una Pansy sorprendida y confusa, que atinó a sonreír embelesada y abrazar al rubio en una clara respuesta a ese gesto de "amor"; mientras la mitad de los verdes se mofaba de la sorpresa evidenciada en su palidez.
-Te dije, que esa no es más que una víbora. –Masculló Harry antes de echar a andar; todavía con la mente abrumada Ron le siguió, sin saber ni a dónde iban.
¿Por qué lo había hecho?, no tenía sentido, conocía a Draco y sabía que ese gesto era sólo para molestar a Ron y sin embargo, la felicidad la había embargado antes de lo pensado; lo cierto es que lo que había dentro de su corazón para Draco, era mucho más inmenso que lo que, de a poco, había nacido en el mismo sitio para Ron. Se sabía malvada, se conocía cruel y ese acto desesperado, ese abrazar al hombre que humillaba al chico que la había encantado, había sido la peor mordida de todas y eso aunque lo dudara medio Colegio, bueno, el noventa por ciento del Colegio, había dolido; ahora sentada tomando clase, las palabras y los datos entraban por un oído y salían directamente por el otro y sólo la pregunta esa que le había hecho a Ron en medio del pasillo le volvía una y otra vez.
Habían cometido un error al irse de ahí proponiéndose pensarlo, ¿qué iban a pensar si ni siquiera habían sido capaces de definir quién tenía la culpa de qué?, ¡Es que no era culpa de algo!, es que quizá se habían equivocado; ella se había equivocado al besarlo y tenía que reconocer que su instinto era lastimarlo por no ser como ella y penosamente, ese era ahora el encanto de esa "relación". Empezaba a tomarle el gusto a verlo penando por ella, por no saber qué esperar de esa chica que, como toda una Slytherin, lo encantaba y luego lo mordía. Condolida por esa condición o mejor dicho, ese estado en el que se habían sumergido juntos, no se dio cuenta de que ante sus ojos, sobre su escritorio, bailaba una figurita de papel, sino hasta que Millicent, poco sutil, le dio un codazo que la hizo caerse de su asiento ante la burla de media clase.
Sonrojada se volvió a sentar acomodándose la falda y la túnica, miró la nota que Millicent señalaba con sus dedos regordetes y la abrió de mala gana; era la letra alargada y sensual de Draco, que con una pregunta simple la hizo volver a la realidad: ¿Qué tienes tú que ver con Weasley?
Nada, escribió de prisa sobre el papel, lo dobló dos veces y conjuró para que llegara al rubio, dos minutos después, la nota volvió a su escritorio; Potter fue muy claro en esa indirecta y si me entero que las risitas de los últimos días y tus escapadas nocturnas son para encontrarte con el papanatas Weasley, juro que conmigo no te vuelves a meter. Alzó la cara llena de un orgullo enfermo, porque había descubierto que su "amigo" Mafoy estaba celoso del joven pobretón, y arrojada y presuntuosa, sólo pudo escribir: Yo no te ando limitando aventuritas, así que no me vengas con baños de pureza. Más tardó ella en escribir su respuesta, que él en volverle una última amenaza: Conmigo no juegas Parkinson, o dejas al traidor ese o de mí no vuelves a ver ni un pelo.
Era tajante, frío, calculador e infeliz y sin embargo en su pecho se formó una sensación de poder, de satisfacción y alegría tan grande que entonces sí comprendió que estaba enferma; saber a Draco enfurecido por que se metiera con Weasley, saber que le enojaba su actitud pero más allá de eso, que la amenazaba con alejarse, era para Pansy más que una muestra de interés, era una clara muestra de afecto, de deseo, y loca de contento, se propuso seguir jugando con el león, no sólo para darle aguijonazos al rubio, sino también para sentirse mucho mejor.
Le inspeccionó la cara y llegó a la conclusión de que algo grave le pasaba, pero no quiso decir nada porque lo conocía, seguramente se enfurruñaría y si era algo vergonzoso sólo lograría que le huyera, por eso saliendo de clases y ya mezclados entre la gente, se las ingenió para acercarse a Harry.
-¿Qué tiene Ron? –Preguntó en un susurro para cerciorarse que el pelirrojo a pocos pasos no oyera.
-¿Ron? –Harry reaccionó arisco y eso le confirmó que tenía algo que ver. –Nada, no tiene nada… ideas tuyas.
-¿Ideas mías? –Interpeló con un tono de indignación que hubiera querido que no le saliera, pero es que últimamente Ron era de vital importancia para que se sintiera bien.
-Sí, sí… no tiene nada. –Harry le quitó importancia y aceleró el paso, unos metros después antes de perderse cada quien por su camino aprovechando el descanso, aceleró el paso y alcanzó al aludido para decirle algo de aliento.
-Ron. –Lo llamó con cierto recelo, cuando sus ojos azules preocupados se volvieron, tragó saliva y sonrió para decirle. –Ánimo, no estuviste tan mal en la clase. –Sonrió temerosa de hacerlo enfadar, pero los ojos azules se abrieron enormes y luego las cejas descendieron lento y la sonrisa se asomó apenas.
-Gracias. –Murmuraron los labios y ella tuyo que salir corriendo tras de Luna y Ginny para ocultar el sonrojo que se le había venido sin querer.
-Mezquino. –Soltó Harry a su espalda luego que la castaña saliera corriendo y Ron se volvió a verlo sorprendido. -¡Eso es!... lo que le haces a Hermione es mezquino, Ron.
-¡Yo no soy mezquino! –Gritó enfurruñándose otra vez.
-Pues no, pero cuando se entere de lo que pasa con Parkinson, ¿cómo crees tú que se sienta? –Preguntó el moreno y Ron tuvo que hacerse un nudo en la lengua para no contestarle.
-Voy a hablar con Pansy hoy… terminaré con esto hoy mismo. –Aseguró echando a andar dispuesto a hallarla donde estuviera.
-Pues ojalá salga mejor que anoche, porque si pasa lo que entonces, ahora terminarás enredado y bien ahogado en ella. –Arremetió Harry viéndolo correr desesperado y es que en realidad era eso lo que Ron se temía.
Iba pensando seriamente en las posibles consecuencias de ser vista con Weasley en público, el repudio de Draco y el de media casa serían lo de menos, pero quizá valdría la pena para dar de qué hablar; tan perdida iba pensando y repensando esas cosas, que no se dio cuenta que a medio camino entre el salón y los jardines, se topó con Ron, que sin duda alguna venía hecho una furia, pero sobre todo venía dispuesto a acabar con todo y al verlo erguido frente a ella, se le vino un pánico pasmoso y sólo una idea se le ocurrió. Tenía que convencerlo de verse esa noche como la anterior y tendría así la tarde para decidir qué hacer, porque al tenerlo delante le daban ganas de mandar a Draco al caño más lejano del castillo y darle al pobretón una oportunidad.
Cuando él se acercó decidido y abrió la boca para hablar, ella también lo hizo y la frase que dijeron era curiosamente parecida:
-Nos vemos donde mismo.
-Esta noche en el pasillo.
Se miraron un momento y al siguiente siguieron con su camino dejado a medias.
Llegó al pasillo con tiempo de sobra y se echó en el piso, recordó cómo la chica sacó su varita y le curó el dedo y clavó en su zapato, en la punta, su mirada celeste; dos posibilidades tenía ahora, dejarla ir y marcharse, mandar todo al olvido o bien aferrarse a ella, pedirle que dejara de hacerle daño y darse la oportunidad. Si ya se la había dado con Lavender, ¿por qué no podría con alguien más?
Le daba vueltas y vueltas a la idea y pensando en su dedo maltrecho y en el cómo ella le había curado resolvió que sí, valía la pena intentarlo; sonrió autosuficiente y se imaginó la cara de Malfoy cuando supiera que estaba saliendo con su chica, iba a ser gloriosa, digna de fotografía y tendría que buscar a alguien para que la tomara y conservara para la posteridad. Le daba vértigo y se le vaciaba el estómago al pensar qué pensaría Hermione, pero un poco de celos tampoco le vendrían mal a la castaña, así que sonrió emocionado y tomó la decisión: en cuanto Pansy llegara, le propondría que lo intentaran.
Se emocionó los siguientes veinte minutos, suspiró los otros cuarenta y cuando se cumplió la hora esperando sin que llegara, empezó a disgustarse; le pediría que lo intentaran pero le pondría de condición que ya no lo dañara, no quería verse de nuevo víctima de las mordidas de esa víbora. Dos horas de espera y Ron se caía de cansancio en medio de un pasillo solo, llegando a la conclusión de que ella lo quería muy poco o mejor dicho, le importaba nada; la tristeza lo inundó. Dos horas y media y nada.
Daba vueltas en su cama, de lado a lado pensando una y otra vez si ir o no, ahora no era un deseo enfermo de hacerle daño lo que la retenía, era la idea entre ceja y ceja de que al ir le pediría que lo intentaran, quería hacerlo, empezaba a quererlo, lejanamente a amarlo; hacía dos horas que tendría que estar ahí y ahora se debatía mordiéndose las uñas dentro del baño, esperando a que se apagara la última luz para salir, porque no quería que alguien la notara. Cuando tuvo el valor suficiente abandonó la sala y salió por los pasillos con tal lentitud, que creía avanzar un metro por minuto; se atragantó con su necesidad de entenderse, de saber lo que tenía dentro para ese chico y cuando la luna brillante por una ventana le iluminó la mitad del camino, comprendió que sí valía la pena intentarlo y que era justo ahí donde quería encontrarlo.
Se imaginó encontrar a Ron en medio del pasillo, sonriente y esperándola, lo creyó encontrar ansioso y emocionado y cuando le dijera "Sí, quiero intentarlo", él saltaría emocionado y la besaría lleno de júbilo y amor. Pero al dar vuelta al pasillo, lo encontró tirado en el suelo, medio dormido, con las piernas separadas, los brazos tirantes a los lados y la cabeza echada sobre el pecho, no era como lo quería encontrar; una ola de tristeza la invadió, tan poco le importaba que no había esperado despierto. Desconsolada hizo lo único que se le ocurrió, se sentó pegando su espalda al pecho del chico, entre sus piernas, y se envolvió con sus brazos, luego le acomodó la cabeza sobre su hombro y se acurrucó en su abrazo, entristecida por la verdad de que no eran el uno para el otro.
Sintió ese halo tibio en todo el cuerpo y cuando abrió los ojos asustado, se encontró envolviéndola con sus brazos, la vio con los ojos cerrados adormilada y se preguntó cuántas horas llegaría tarde; si ella le hubiera dicho cómo quería encontrarlo, quizá habría contestado a su petición, si ella hubiera dicho exactamente dónde habrían de hallarse, tal vez le hubiera dado gusto; un dejo de enfado lo llenó todo y tuvo que contenerse apretando los dientes, porque en el fondo también estaba muy triste.
Concluyó que era cierto lo que había dicho Harry y rabioso sólo pudo apretarla en su abrazo y clavarle la barbilla en el hombro mientras pensaba: Víbora
"Just tell me where you wanna to meet"
