Ya digo desde un principio porque después me olvido, InuYasha no me pertenece (por desgracia), lo que si es mío es esta historia que espero sea de vuestro agrado.

Para aclarar usare:

La cursiva para los pensamientos.

"Las comillas" y supongo que para lo obvio, no se como explicar, uhm ¿inca pie? Así se dice, ¿No?

() cuando yo intervenga.

-para los diálogos en los pensamientos, después verán a lo que trato de referirme.

-.-.-.- cambio de escenario.

Esta es mi versión de lo que hubiera pasado en InuYasha Kanketsu- Hen a partir de la "muerte" de Kikyo.

Sin mas, os dejo leer.


La azabache quedo perpleja, suspiro, otra vez se había quedado sola, se había entretenido mucho hablado con Kouga, y para colmo era de noche, siguió su camino, llegando a la casa de la anciana Kaede media hora después que sus amigos, y para mal de males tuvo que aguantar las quejas del hanyou y los otros dos humanos del grupo, resignada se retiro a dormir, claro hablando por un rato con el espíritu, contándole cada detalle de ese día, siendo ya bastante tarde se durmió teniendo nuevamente otra visión. Aunque no quería aceptarlo, su momento estaba a pocos días de distancia.


Agradecía con el alma que solo estuviera Shippou junto con ella y que por alguna razón, que se imaginaba, Inuyasha y los demás se habían ido a dar un paseo o algo así, suspiro, nadie se daría cuenta de lo que estaba haciendo, los aldeanos estaban muy ocupados al igual que la anciana Kaede y el zorrito, miro al espíritu, el cual le sonreía con poco de tristeza, bien sabia que con esto empezaba su despedida, de entre sus ropas saco una pequeña semilla de cristal con los bordes rosados, hizo pequeño agujero en la tierra y enterró la peculiar semilla, sacó una navaja se corto levemente un dedo, el cual acomodo a unos centímetros de altura de dónde estaba el agujero tapado, unas pequeñas gotas de su sangre cayó sobre esa parte de la tierra, esta palpito.

-¿Me ayudas, Seika?-preguntó como niña pequeña.

-Por supuesto, ¿Quieres el de los niños huérfanos?-inquirió con melancolía.

-Mientras llore...

Suspiro, llevo su dedo índice a la altura de su sien y sin dejar de mirarla a los ojos, dijo algo en un idioma sumamente antiguo que solo los ángeles conocían, observo con culpa como la musume empezaba a llorar, dejando caer sus lagrimas en donde había enterrado la semilla, era peculiar que al juntarse las lagrimas y la sangre de la chica por primera vez, se hubiesen creado esas semillas, y mas peculiar era que solo brotaban al juntarse nuevamente esos dos líquidos, vio como poco a poco un árbol, que tenía la apariencia de estar seco, crecía en lugar donde antes había estado la semilla, la planta era completamente blanca. No podía asimilar la idea que la muchacha ya se estaba yendo del mundo mortal.

Kagome, ¿y esa planta muerta?-pregunto extrañada la anciana Kaede al ver ese árbol sin vida a lado de su cabaña.

Anciana Kaede, ¿recuerda cuando dijo que todos sentimos nuestra muerte?-dijo ella al estar de espaldas, sin percatarse que varios aldeanos y niños estaban con la mujer.

-¡Espera idiota no lo digas!-le grito el ángel.

Si, ¿por qué?-pregunto nuevamente, esperando que no fuese lo que imaginaba.

Yo...yo presiento eso, no me queda mucho tiempo, con esta planta siempre estaré anclada a este mundo, cuando se muestre como una planta sana significara que yo e dejado este mundo.-termino de decir al darse media vuelta y quedar frente a anciana sacerdotisa y los aldeanos.

Señorita Kagome, ¿Por qué se ira?-preguntaron los niños.

Porque mi tarea aquí esta llegando a su fin, y me necesitan allá arriba.-explico con dulzura a los niños, señalando el cielo con su ultimo comentario.-No le cuenten esto a los amigos de la señorita Kikyo, ¿si, niños?-pidió al ponerse de puntas de pie.

¿Por qué?-inquirió un niño.

Es nuestro secreto.-susurro, poniendo su dedo índice sobre sus labios.

Secreto.-repitieron los niños al imitar la acción de la azabache, para luego irse a jugar.

Mis aldeanos, por favor también guarden el secreto.-dijo al estar ya de pie.

No se preocupe señorita, no diremos nada, ahora si nos disculpa debemos trabajar.

Mi niña, ¿Qué estas pensando?-pregunto preocupada la mujer.

Se la razón de mi existencia, la de mi destino y asta como y donde moriré.-hizo una pausa para suspirar.- Se cosas que realmente no quiero saber.-dijo al empezar a caminar.

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Sentía como era observado por todos los aldeanos, su cuerpo ya dolía de tan solo sentir lo profundo de ese poso que el mismo cabo, más bien cavaron usándolo a el como pala, escucho otro grito provenir de aquella azabache y el conjuro nuevamente hizo efecto haciéndolo tragar tierra.

¡ABAJO!¡ABAJO!¡ABAJO!-exclamo enojada, ¿Qué se creía que era?

¡Maldita sea!¡Para ya Kagome!-ordeno al despegar su cara del suelo.

No vuelvas a molestarme entonces.-dijo al irse.

¡¿A dónde vas?!-indago la castaña, pero aun así ella no se detuvo, ni le respondió.

¿Todo esto por una maldita plata?-dijo molesto el hanyou, al ya estar de pie.

Mientras ciertas personas criticaban el comportamiento de la chica, los aldeanos y en especial la anciana mujer negaban con la cabeza, no entendían como eran capaces de criticar a la persona que los ayudo, porque era bien sabido que la joven miko asta enojada se preocupaba por sus amigos, la sacerdotisa de pelo canoso se giro, bien con tristeza como ese árbol marchito mostraba inicios de vida, dentro de poco tiempo la muchacha los dejaría, para siempre.

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Había cruzado el pozo, volviendo a su casa, esos tontos la lastimaban y la hacían enojar, esos si no les daría el gusto de sentirse una carga los últimos días de su vida terrenal, sonrió alegre al ver a su hermano jugando con la pelota, a su abuelo regando sus plantas y a su madre sentada bajo la sombra del árbol sagrado, aguanto una risa al ver a Seika en su forma humana, aun no se acostumbraba verlo con la ropa de su época, la pelota que Sota había pateado termino cerca de sus pies, ella se agacho a tomarla entre sus manos para entregársela al niño frente a ella, el azabache solo se abrazo a su hermana mayor con mucha fuerza.

Kagome, el árbol cada día se ve mas vivo.-fue lo único que dijo, llorando.

Tranquilo, falta unos días para eso...me quedare aquí asta que sea momento.

-Según tú, ¿Cuánto falta para que mueras, Nyusatsu?-pregunto sarcástico el soldado.

Y así lo había hecho, durante casi dos semanas se había quedado en su época, y sin rastro del hanyou, que más daba lo aprovecho, no había ido a la escuela y a sus amigos les decía que estaba enferma, claro que su abuelo seguía inventando enfermedades; estaba feliz pasando esos últimos días con su familia, jugando con su hermano, charlando con su madre, escuchando las historias inventadas de el abuelo, lo molesto era aguantar el "súper optimismo" de cierto ángel, aunque eso la ayudaba a aceptar que por el simple hecho de ser una musume tenia que morir, dejando a todos y cada uno de sus seres queridos en la tierra, y su tristeza aumentaba más al ver a aquel árbol crecer y crecer cada día más, mostrando un soberbio tronco de cristal rojo carmesí, con hojas de cristal, tan blancas como la nieve, más lleno de vida que nunca, mucho más fuerte, todo lo contrario a como ella estaba, débil y vulnerable, gracias a ello su alma no había podido volver al cielo, sabia que si lograba subir, era casi imposible que volviera a bajar, por suerte los amigos alados que tenia, cuidaban de sus pequeños ángeles.

-Es hora, vámonos.-ordeno el espíritu.

-Esta bien.-dijo con tristeza la azabache.

Se reunió con su familia, un último abrazo grupal, la última historia de su abuelo, los últimos consejos de su madre, los últimos sustos de Sota, sería la última vez que escucharía y vería eso, por lo menos como humana, ya que era muy posible que no pudiera renacer o en todo caso revivir. Miro atrás y sonrió con tristeza a su familia, salto dentro del poso devora huesos, siendo rodeada inmediatamente por esas luces violetas y azules, después de varios minutos salió del viejo poso siendo recibida por dos ángeles mellizos, camino a paso calmado pero decidido, ya sabía que la presencia de los dos alados significaba que todos estaban en la aldea de la anciana Kaede, tenía que controlar que sus, aun amigos no le hubiesen hecho nada a su árbol de vida, ya que se había sentido por unos minutos mucho más fuerte.

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Estaba sentado en la rama de uno de los tantos árboles que por esa zona había, como era de esperarse enojado, sus ojos dorados parecían oro fundido al mirar aquella bella puesta de sol, otro gruñido salió de su boca al recordar lo sucedido hace dos semanas, el día que ella había regresado a su época, un escalofrío paso por su espalda al recordar el hoyo tan grande que la chica había escavado con él, desde ese día se encontraba tan malhumorado y por su orgullo no quiso ni siquiera acercarse al poso...

Pero hablamos de Inuyasha, claro al tercer día, por la noche obviamente, cruzo por el poso devora huesos llegando a la época de la muchacha, de un gran salto salió del poso, y en silencio abrió las puertas de la casilla (no me acuerdo bien el nombre U¬U), donde este se encontraba, camino cual gato ladrón, o mejor dicho perro entrenado asta donde estaba el lugar que siempre poseía el aroma de Kagome, cuando se había dispuesto a saltar a la ventana de aquel cuarto se percato de que se encontraba abierta y con la azabache asomada por esta, mirando con melancolía el cielo nocturno, optó mejor ocultarse para ver que pasaba y después salir, ya que aun no tenía una escusa creíble.

-Que lindas, se ven felices esas estrellas en el cielo, me pregunto si... yo también lo seré cuando todo este problema termine, ¡Ay, Kami-sama! ¿Por qué todos esto me pasa a mi? No le hecho nada a nadie, ¡a nadie!

Su voz más que nada sonaba como un pensamiento, el aroma a sal, odio y tristeza emanaba fuertemente de la chica, y sinceramente no comprendía a que se refería, a caso, ¿ella se refería a lo de la Shikon y a todo lo que ese tema conllevaba? Palideció un poco, ¿ya no quería continuar con la búsqueda, con la lucha contra Naraku?

-Todo esto es culpa de ella, de esa mujer, ¡Yo... yo no deseaba existir aquí!

Ella no era la Kagome que conocía, de eso estaba seguro, no era la misma que se preocupaba por los demás, la que le armaba una pelea gigantesca para curarle heridas que a los tres días desaparecerían, la que era capas de arriesgar su vida por sus amigos, esta era una Kagome desconocida para él. La vio cerrar la ventana, velozmente se dirigió al lugar donde el poso estaba, de un salto entro al poso dimensional volviendo a su época y una vez ahí se concentro en entender a que se refería exactamente la azabache, y a pesar de los días no se le ocurría nada, no tenía explicación razonable, según él.

Un aroma conocido lo saco de sus pensamientos, haciéndolo bajar del árbol en donde se encontraba, sin darse cuenta su ceño fruncido desapareció siendo sustituido por una pequeña pero reluciente sonrisa.

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Estaba de puntillas de pie frente ese crecido árbol de tronco cristalino color carmesí y hojas de cristal, parecía estar bien, no tenía golpe alguno, ¿entonces de donde provenía esa energía? Posiblemente y se estaba quedando loca, esa era la respuesta más lógica. Suspiro, dentro de tres días se separaría del grupo y a la semana moriría, antes de eso le tenía que entregar algo a Shippou y Koga, se puso de pie y dio media vuelta para entrar a la casa de la anciana Kaede.

¡Kyaaaa!-dijo asustada, ¿desde cuando Inuyasha estaba atrás de ella?

¿Te asuste, Kagome?- dijo burlón.

¡Claro que no baka! Solo que me gusta gritar a la noche.-se defendió, cruzando los brazos.

Si claro.-dijo el hanyou, entrando a la cabaña.

Baka.-susurro antes de seguirlo.

Al ya estar dentro de la cabaña no le sorprendió ver al monje con la mejilla roja y con la marca de la mano de cierta exterminadora, o a la castaña limpiando su Hiraikotsu con enfado, o que Shippou saltara sobre ella para abrazarla, menos ver a la seria miko de cabellera lacia sentada en un rincón, y al hanyou acostado como si nada, lo que le extraño un poco fue no ver a la anciana Kaede.

Etto, Minna... ¿Y Kaede-sama dónde esta?-pregunto al ser la única parada.

La anciana Kaede fue a una aldea cercana a arreglar un problema de monstruos.-informo Miroku.

-/- ¿Y ustedes dos que hacen acá entonces?-cuestiono la miko joven.

¿Algún problema?-inquirió enojado el peli-plata.

Le hubiesen acompañado ¬¬.-critico enojada.

Kagome, sabes que Miroku tiene que ver que no le pase nada a Sango.-comento el zorrito, provocando un sonrojo en los susodichos.- Eh Inuyasha no tenía ganas, ya ves que es FLO-JO.-prosiguió divertido.

¿A quién le dijiste flojo?-dijo con una venita sobresaliendo de su sien.

A ti, tonto.-afirmo el kitsune.

Enano del demo...-no pudo terminar porque fue interrumpido.

¡ABAJO!-exclamo enojada la azabache.

Kagome.-dijo sorprendida la castaña.

Señorita Kagome, ¿Por que hizo eso?-continuo el oji-azul.

¡¿Qué diablos te pasa?!-grito el hanyou al despegar la cara del piso.

¿Esto pasara siempre?-murmuro la mujer blanquecina.

Le pegaste a Shippou y le ibas a pegar otra vez.-dijo al salir de la casa.-¡Iremos a dar un paseo, ya volvemos!¡Si quieres ven Kirara!-exclamo en la lejanía, pero aun así la gatita y el medio demonio escucharon, la neko-youkai salió rápidamente para alcanzar a sus amigos.

¿Cómo supo que le pegaste a Shippou?-pregunto la dueña de la gatita.

No lo se.-contesto el chico de ojos ámbar.

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Estaban en el medio de una cerca de árboles de vida, cosa cual se encontraba unos metros mas adelante del poso, para ser exactos, los pequeños árboles formaban un gran circulo, y sobre estos había una barrera que la joven miko había puesto para que nadie supiera lo que allí estaba, en le medio de ese circulo estaban cuatro árboles que formaban un cuadrado. Soltó al pequeño zorrito que asta el momento se encontraba entre sus brazos al igual que la pequeña neko, de quién sabe donde saco algunos grandes fragmentos zafiros, se sentó en el suave césped verde, siendo imitada por los dos pequeños youkai.

-¿Y esos fragmentos, Kagome?-pregunto extrañado el niño.

-Son los fragmentos de la magnifica esfera zafiro de Nyu Satsu.-informo misteriosa.

-Kagome creo esta joya, que es igual o más poderosa que la Shikon.-dijo el chico de ojos negros.

-Seika, Seiga, ¿Desde cuando están aquí? Mas aun con su forma humana.-cuestiono sorprendida.

-Si dijiste que nos quedemos acá porque Kikyo podía percatarse de nuestra presencia, mas aun por sus serpientes casa-almas ¬¬.-recordaron con enojo, ¿Más distraída no podía ser?

-A cierto, bueno no se enojen chicos ^-^.

-Etto...¿Cómo esa esfera sea más poderosa que la Shikon no Tama?-interrumpió un desentendido zorrito.

-Veras Shippou,"Musume no Jikan" poseen la capacidad de crear joyas preciosas, objetos que utilizan para su propio beneficio, Kagome deseaba tener una joya que solo sirviera para el bien solamente, que le dejara comunicarse con los vivos, ella es una musume particular, ya que es la reencarnación de una sacerdotisa pero a la vez es la diosa de la vida, la justicia, la sinceridad, el amor hacia los demás, en resumen una diosa madre, una princesa y siglos anteriores se creía que el color zafiro era representante de las princesas de buen corazón.-relato un Seika serio.

-Y al crearse la esfera zafiro, todos y cada uno de los poderes de tu particular amiga se juntaron en la joya, creando así un poder único y envidiable.-finalizo un Seiga burlón.

-Vaya, pero...¿A que viene todo esto?-pregunto una vez mas el cachorro peli-rojo.

-Shippou dentro de tres días me separare del grupo, quiero que cojas seis de estos fragmentos, tres para ti y tres para Kouga.-dijo la azabache.

-¡No quiero... no quiero que te vallas tan pronto, Kagome!-exclamo el niño al abrazar a su "madre sustituta".

Los dos espíritus, ya con su verdadera forma, miraban con tristeza la escena, dentro de una semana y media la conocida Nyusatsu volvería a formar parte del cielo completamente, y en esos tres días ambos tratarían de romper el conjuro de aquella ángel traviesa, aun no comprendían porque Maya había revivido a Kikyo, ni mucho menos porque había puesto sobre los amigos de la chica aquel conjuro que los hacia tratar mal a la azabache, lo único que sabían era que los conjuros de esa niña eran imposibles de romper pero aun así ellos harían lo posible para que esos mortales se dieran cuenta de lo que estaban a punto de perder.


Después de décadas he vuelto, lo se, lo se me han de querer matar por tardar tanto en actualizar pero es que tuve problemas técnicos, pero bueno por dejarlas con la intriga he tratado de hacer mas largo este capitulo, luego díganme ustedes si alcance mi objetivo xD.

En el próximo cap que pasara, ummm...estoy teniendo ideas contradictorias OwO, ¡Ultimas noticias! ¡La inspiración a regresado a mi! jeje

Gracias a todos los que comentaron n.n

Ya saben comentarios, consejos, criticas y demás.[Mientras sean de buena manera]¡Bienvenidos sean!

¡Sayonara minna!