El sol llegaba desde el gran ventanal en ondas de luz que, filtrándose por las cortinas, despertaron a la chica. Restregándose los ojos, se dirigió al baño, dispuesta a darse una larga y merecida ducha. Sin duda ese día sería memorable para el resto del colegio, no habría alumno que no olvidara lo que estaba a punto de acontecer esa mañana. Éste día de clase no sería igual a los anteriores, esta vez sería diferente. Cerró con llave el baño, y se metió a la ducha de relajante agua tibia, sintiendo el sol y la suave brisa de las seis de la mañana en su rostro a través de la ventanilla del cuarto, mientras repasaba mentalmente el plan que la noche anterior habían elaborado junto a su exclusivo círculo de serpientes. Lo más importante era que Albus no sospechara de nada cuando se llevara a cabo el plan, si algo detestaba la pelirroja era pelear con su primo preferido y uno de sus dos mejores amigos. Un par de galletas acompañaban aquel apacible relajo, traídas por una de las elfinas domésticas de las cocinas del castillo, con la que había entablado una muy buena amistad a lo largo de los años en Hogwarts. Aunque fuera slytherin carecía de los prejuicios y desprecios ante aquellas criaturas, es más, las amaba aunque para muchas familias de sangre pura solo fueran animales de servicio. Esa era una de las grandes diferencias entre ella y los demás slytherins. Y se enorgullecía de eso.

Una hora más tarde, a las siete en punto exactamente, bajaba las escaleras de la habitación de las chicas a su sala común, perfectamente arreglada para otro día de clases. Por arte de magia Faith y Lily aparecieron una a cada lado de la pelirroja, y las tres, con ese paso grácil y elegante que las caracterizaba, salieron de las mazmorras con rumbo al gran comedor. En una esquina las esperaba Frank, pulcra y perfectamente arreglado, con el cabello ligeramente despeinado, lo que le daba un aire rebelde que acarreaba suspiros entre las féminas, incluyendo a Faith. Como un chispazo, la pelirroja se acordó de la nota mental del día anterior y, dispuesta a cumplirla en ese mismo instante, le dijo a sus amigas que se adelantaran, que tenía que hablar de algo con el ojimiel. Una vez que Lily y Faith se hubieron alejado lo bastante, la pelirroja arrastró hasta un aula vacía a Frank, aprovechando que no venía nadie por el pasillo. Luego de sellarla mágicamente y de murmurar un "Muffliato", encaró al chico, que estaba algo perturbado con la súbita actitud de su mejor amiga.

-Tenemos que hablar.-determinó tajante, mientras observaba fijamente al ojimiel.

Éste puso una silla frente suyo, mientras se sentaba con el respaldo hacia él y observaba con la misma fijeza a la chica.

-¿Es algo sobre el plan?-preguntó, observándola divertido.

-No. Es sobre Faith y lo que pasó la otra noche entre ella y tú.-respondió, intensificando la mirada hasta hacerla intimidante.

Frank empalideció de golpe, adquiriendo la blancura de un fantasma y el rostro desencajado. No creía que Faith había sido capaz de contarle a la pelirroja sobre lo que había pasado esa noche de fiesta, en donde el alcohol se les había subido más de la cuenta y habían terminado acostándose. Se ruborizó levemente, mientras esos recuerdos de esa noche de besos fogozos y pasión desbordada inundaban su mente. No iba a negar que era la primera vez que se sintió por fin completo y diferente, ni que había comenzado a desear que así fuera todas sus noches por el resto de su vida. No tenía certeza de lo que le pasaba, pero al parecer lo que sentía por la rubia no era una simple atracción física como pensaba hasta ese momento. Al parecer, era algo más serio de lo que creía. Y eso, le aterraba.

-¿Te contó...?

-No.-le cortó Rose, igual de seria que una estatua.-Su cara dice más que mil palabras, y la tuya también.-aseveró, reprimiendo una sonrisa burlona.-Lo que si tengo que saber, Frank, es qué pretendes hacer con ella ya que han pasado la barrera de lo "decente". Y me lo dirás ahora, rapidito que no tenemos todo el día, acuérdate que a las ocho y media comienza la acción de nuestro plan.

El castaño se pasó una mano por el cabello, evidentemente nervioso e incómodo con la pregunta que su mejor amiga había hecho. Sabía de sobra que si no le respondía en ese momento, lo pasaría muy mal y que además no dejaría que se acercara a Faith, porque sería para la pelirroja una señal irrefutable de que solo buscaba otra diversión, como ella llamaba a las chicas con las que él salía semana tras semana. Tendría que darle una respuesta más o menos clara y sincera, aunque ni él mismo sabía con exactitud qué sentía por la rubia.

-Faith no es otra diversión, si es lo que te preocupa, Princesa.-aseguró de una, lo que relajó el semblante de la slytherin.-Pero no sé con exactitud qué es lo que siento, si es igual de intenso como lo que siento por tí, por ejemplo, o es algo que en unos días se me pasará.

La joven alzó una ceja, extrañada por el comentario de su mejor amigo que podía interpretarse de muchas maneras.

-¿Como que igual de intenso que lo que sientes por mí? Explícame bien eso, Frankie.-pidió, esta vez con su tono de voz natural como solía usarlo de antaño, sin desprecio, burla, desdén o indiferencia como lo hacía en el presente.

-Bueno... ya sabes, lo que siento hacia tí es especial, más que un simple cariño de camaradas como el mundo allá afuera lo ve, o un ligero galanteo, es mucho más que un te quiero, Princesa. Te amo, mucho en verdad,-la ojiazul puso una cara de terror que acarreó una risita por parte del castaño-pero como amigos, como mejores amigos que somos, ¿entiendes? Lo que nos une es algo serio aunque sea una amistad, es profundo lo que sentimos uno por el otro, y no sé si lo que siento por Faith es así de serio como lo que siento por tí, o que llegue a ser así de profundo pero en el otro sentido de la palabra y eso... me aterra, Princesa, sería la primera vez que me gustara una chica de verdad...

Rose lo abrazó, sabía que éso era lo que necesitaba en esos momentos el castaño, confundido por lo que su corazón de metal estaba sintiendo en esos momentos por Faith.

-Además, está el hecho de que todos creen y a la verdad esperan que la Reina de Hogwarts salga con el Rey de Hogwarts, y la presión por parte de mis compañeros es tan constante que a veces pienso que es mejor para los dos salir y anunciarles a todos que somos novios o algo así, para que de esa manera me dejaran tranquilo y, además nos beneficiara al mismo tiempo a ambos. Ya sabes que para nosotros la reputación es importante, el buen nombre y honrar a nuestra casa y nuestros colores. Pero Faith...

-No puedes salir con alguien solo porque se vería bien para ambos, eso no sería justo ni para tí ni para mí.-dijo la chica aunque al instante se sorprendió, eso no era algo que un buen slytherin diría, iba en contra de la astucia para el beneficio propio que los caracterizaba, aunque... En este caso las cosas eran diferentes, Rose sabía que por más serpiente que fuera, había un aspecto gryffindor oculto en su ser que ahora, de forma extraordinaria, había salido a la luz.-Y además, tu no eres mÍ tipo.-sonrió divertida, tratando de disimular su comentario anterior.

Frank le observó extrañado, no estaba muy acostumbrado a escucharle decir ese tipo de cosas a la morena, solo en contadas ocasiones salía a relucir ese corazón de carne y hueso que mantenía oculto en lo más profundo de su ser.

Aunque muy en el fondo, sabía que Rose tenía razón, no era justo para nadie. Ni siquiera para un buen slytherin.

-Podríamos intentarlo por lo menos... no sería bien aceptado en la sociedad que salga con Faith a que salga contigo... Tal vez si me dieras una oportunidad...

Rose levantó las cejas, evidentemente alarmada de la estupidez que su mejor amigo estaba pidiendo.

-Aunque nos besáramos no sentiríamos nada porque no nos gustamos Frank, así que déjate de pedirme estupideces y anda a pedirle una oportunidad a Faith que es la que te gusta.-ordenó la joven rodando los ojos, fastidiada.

-Intentémoslo-insistió el castaño, convencido de que si besaba a la pelirroja podría asegurarse de que Faith solo era otra atracción pasajera.-Solo un beso, nada más, Rose.

La chica reprimió a duras penas un bufido. Es más testarudo que yo, ¡Por Merlín!

-Si eso te deja tranquilo... Será pues.-dijo resignada, sabía que si seguía negándose, él seguiría insistiendo.

Se miraron. Frank estaba nervioso, Rose impaciente. Comenzaron a acercarse lentamente, sus cuerpos a rozarse. El castaño tuvo la ocurrencia de pasar un brazo por la cintura de la ojiazul, para atraerla más hacia él. Estaban a un palmo de distancia, un movimiento de cabeza y sus bocas se encontrarían.

-¿Enserio esto es necesario, Frankie?-preguntó la joven, incrédula.

-Muy necesario, Princesa.-respondió el castaño, mientras conectaba su boca con la de ella.

Rose sintió los labios de su mejor amigo moviéndolos lentamente sobre los suyos, y aunque luego de unos segundos el castaño intensificó el beso, ambos no sintieron absoluamente nada, lo que aterró ciertamente a Frank. Eso significaba que... sentía algo muy serio por Faith, considerando lo mujeriego que en realidad era. Y eso, podría significar un obstáculo en su cómoda vida de slytherin.

Se separaron. El silencio era incómodo y Frank quiso decir algo para aligerar el ambiente, una especie de disculpa para su amiga. Pero ésta era más rápida en cosas del corazón con una simple frase que dejó enterrado aquel episodio en sus vidas del que nunca más iban a hablar.

-Wákala, espero nunca más repetirlo.

El muchacho arqueó una ceja.

-¿Tan mal beso?

Su amiga se largó a reír, mientras decía burlonamente:

-Sé que para Faith no. Ahora vámonos, nos hemos retrasado más de lo previsto y solo faltan diez minutos para que empiece las clases.

Frank puso cara de pocos amigos ante el hecho de que se había perdido su preciado desayuno.

-Vamos, en el camino te doy algo para matar el hambre y que te mantenga despierto, tenemos clases con Binns. Y recuerda, ocho y media comienza la acción querida Faith, digo, Frank.-terminó de decir, burlonamente.

-Ja, já, qué graciosito.-sonrió, mientras desencantaba la habitación y le daba paso a la ojiazul.

Por fin, la clase de Binns sería sumamente interesante.

Historia de la Magia. Día martes. Frank y Rose llegaron con tiempo de sobra para sentarse en sus asientos de siempre, en el centro del aula, acompañados de Lily y Faith. Dos delante y dos detrás, como lo habían acordado, Faith con Rose y Lily con Frank. El asiento que comúnmente usaba Malfoy se encontraba dos asientos a la izquierda, el cual Albus ya tenía reservado. La pelirroja agradeció que su primo hubiera llegado temprano, eso facilitaba las cosas. Sacó de entre su túnica un frasquito con un líquido dorado, que destapó y tomó un sorbo. Sus tres compañeros le imitaron a escondidas, no querían que nadie los viera. Sin duda comenzaban a sentir el Félix Felicis corriendo por sus venas, y la seguridad de que todo iba a salir a la perfección y que no los iban a pillar tomó nuevas fuerzas dentro de ellos. A una señal de Rose, su prima se levantó de su asiento, en dirección a donde estaba su hermano mellizo. Ella sería el factor distractor mientras Frank, sacando disimuladamente su varita, apuntaba a la silla vacía donde se sentaría Malfoy. Con un hechizo hizo que ésta se pegara al suelo, y estaba listo para cuando llegara el gryffindor, a quien pegaría, a su vez, en la silla. Una vez que estuvo asegurado, hizo una señal para que Rose se levantara de su asiento con dirección a donde sus primos estaban, eso le daría una coartada. Para mayor credibilidad, dejó su varita sobre la mesa, a la vista de todos, y fue con paso decidido a decirle buenos días a su primo.

Los demás alumnos comenzaron a entrar, sentándose en los asientos y charlando animadamente. La pelirroja estaba conversándole animadamente sobre un trabajo que tendrían en Cuidado de Criaturas Mágicas esa mañana sobre la cual le había comentado la maestra Brown la tarde anterior, con Lily apoyándola, cuando llegó Malfoy, seguido del profesor de Historia de la magia. Rose le lanzó una mirada asesina al joven mientras se daba media vuelta y se dirigía a su puesto, seguida unos instantes por su prima. Frank sonrió arrogantemente hacia las dos slytherin, lo que significaba que había conseguido su cometido. Ambas vieron por el rabillo del ojo cómo el gryffindor se sentaba en su asiento y le dirigía una mirada a la pelirroja, que estaba dada vuelta conversando con Frank y se reía de sus comentarios. El profesor Binns hizo callar a sus alumnos luego de cinco veces, y entonces Faith le dio un codazo a la pelirroja para indicarle que su varita estaba en su mesa. Ésta, con fingida sorpresa, la guardó en su bolsillo, para luego prestarle atención al profesor, que comenzó su cátedra sobre lo que estudiarían ese año.

Así estuvo media hora, hasta que anunció el acostumbrado trabajo sobre lo que habían aprendido el año anterior, mientras sacaba lápices a prueba de trampas y escribía la hora de inicio de la prueba y la hora de término. Pidió a los alumnos que se dirigieran a su escritorio a recoger sus lápices, lo que formó indudablemente un barullo y un desorden característico de aquella clase, como preveían los slytherin. Rose tuvo que reprimir la carcajada que amenazaba con salírsele cuando vió cómo el gryffindor trataba de pararse de su asiento sin mayor éxito. Albus, sentado a su lado, le preguntó qué le pasaba mientras se levantaba de donde estaba y éste, disimulando su pavor al verse pegado a la silla y no poderse levantar, le pidió que fuera a buscarle un lápiz, que tenía que buscar algo en su mochila. Las cuatro serpientes sonrieron maliciosamente, aún no venía la mejor parte del plan que estaba por empezar. Albus volvió trayendo dos lápices, uno de los cuales dejó en la mesa del ojigris. Ambos sacaron un largo pergamino y comenzaron a escribir el resúmen de lo que habían visto el año anterior en la materia, y con eso volvió algo de normalidad para Malfoy. Aplicaría un simple hechizo para despegarse de la silla cuando terminara la redacción, suponía que era una broma pesada de alguno de sus compañeros de cuarto.

Rose, preparada de antemano, tenía su redacción hecha desde las vacaciones de verano, por lo que disponía de todo el tiempo del mundo para llevar a cabo los siguientes pasos del plan. Ahora solo fingía que escribía, aunque en realidad estaba esperando que dieran las ocho y media para observar la efectividad de la poción que Lily había echado en el zumo de calabaza del ojigris, cuando había pasado por la mesa de los leones pidiéndole a su hermano la lechuza para mandarle una carta a sus padres, ya que la suya, misteriosamente, no estaba en condiciones de volar. Los cuatro parecían muy concentrados en su trabajo, por lo mismo su actuación fue impecablemente perfecta cuando un rugido se escuchó en el aula y vieron al popular y guapísimo Scorpius Malfoy inflarse como una pelota de playa, con sorpresa pasmada. Al estar pegado mágicamente a la silla y al piso, Albus tuvo que huír de su asiento cuando la gordura del gran cuerpo inflado de su mejor amigo amenazó con asfixiarlo también. Las chicas que estaban sentadas en los bancos continuos a ellos-y que siempre se sentaban allí para así coquetear con el ojiverde- tuvieron que correr también, como lo mismo con los que estaban atrás y adelante de ellos. Hernández rugía con todas sus fuerzas que lo volvieran a la normalidad, pero nada daba resultado, todos los alumnos-incluyendo al cuarteto de slytheris-lo miraban con horror, aunque una vez que estuvieron alejados de aquella pelota andante que era Malfoy, comenzaron a reírse de forma disimulada. Sin embargo, el sufrimiento no había terminado allí, no; de repente, aparecieron por todo el cuerpo del rubio unos grandes y horribles granos, unos furnúnculos amarillos a reventar en el rostro hinchado del gryffindor que amenazaban con lanzar su pus al que estuviera cerca. Las risas comenzaron a aumentar cuando el reluciente cabello rubio de Malfoy había quedado de un afeminado color rosa. ¡ROSA! Susurraban varias chicas riendo ahora sin parar mientras Malfoy corría por todo el aula exigiendo que le devolvieran su color normal de cabello. El profesor Binns, dándose cuenta por primera vez del show que se estaba generando en su aula, lanzó un grito al ver la pelota andante verrugosa con una pelusa rosa chillón que era Scorpius Malfoy. Voló hacia él tratando de calmarlo, pero súbitamente el ojigris vomitó una serie de babosas y caracoles a los pies del profesor fantasma, que provocaron la repulsión de todos, incluyendo al mismo fantasma. Sin embargo, eso no fue motivo para que un coro de risas se instaurara, iniciada por todos los slytherins y coreada por otros alumnos de otras casas.

Una hora después-el trabajo debía entregarse el viernes, antes de que comenzaran las clases-, Scorpius comenzaba a tomar su forma normal de nuevo, aunque aún tenía el aspecto de una naranja verrugosa, debido a todos aquellos horribles y enormes granos que adornaban su rostro y cuerpo. El efecto de las babosas tardaría en desaparecer, por lo que tendría que estar un rato más con la cubeta que recibía aquellas asquerosidades de su boca. Y su cabello, aunque aún no volvía a la normalidad, ya no estaba de un rosa chillón fuerte como al principio. Sin embargo, las horas de humillación sufrida y el nuevo apodo que ahora tenía-pelota de playa-, fueron venganza y castigo suficiente, con lo que Rose quedó satisfecha por el trabajo realizado. Sabía que Malfoy, a la primera que culparía, sería a ella. Sin embargo el largo sorbo extra que se habían tomado en medio de todo el barullo, les aseguraba que nada les pasaría. Saldrían invictos de esto, estaban seguros.

La profesora McGonagall-la aún jefa de la casa de Gryffindor-, había llegado recién después de haber dejado su clase encargada a la profesora Morgan, y pegó el grito al cielo al ver el estado en el que su alumno estaba. Como los slytherins suponían, la anciana señora le preguntó al joven quién había sido el responsable de aquello y, como Rose lo suponía, el ojigris la apuntó acusatoriamente, no sin algo de vacilación. Ésta, ahogó un grito de indignación, mientras le lanzaba una de sus características miradas asesinas y despreciativas, objetando, furiosa como una gorgona, que ella no lo había hecho.

Sus compañeros slytherins comenzaron a abuchear al gryffindor que había osado en acusar de algo así a la popular Reina de Hogwarts, que tenía más poder y nombre de lo que él tuvo en sus años de apogea popularidad. Las miradas asesinas se multiplicaron como la arena del mar, así como las amenazas impresas en sus miradas. Varios alumnos-mayoritariamente eran varones aunque no por ello no habían chicas que seguían y admiraban a la pelirroja-de otras casas también comenzaron a abuchear, mientras la seguridad, la superioridad y la entereza que pudo haber tenido Malfoy al principio se iban al carajo de un sopetón. McGonagall sabía de la declarada y férrea enemistad entre Malfoy y Weasley, que años antes había sido una sólida y bonita amistad, pero no por ello podía acusar así sin más a su alumna, por más que el gryffindor lo asegurara. Además, por muy serpiente que esa chica fuera, nunca había demostrado la crueldad de la que otros slytherin hacían alarde y orgullo, porque ella no había sido criada de esa forma. Por más que Scorpius dijera, no habían pruebas de que la ojiazul haya sido la autora de aquella jugarreta.

El profesor jefe de la casa de Slytherin, el profesor Mortimer, también había llegado por el asunto de la poción de furnúnculos, justo en el momento en que Scorpius Malfoy acusaba públicamente a su alumna de lo que le había pasado. La observó con una mirada e intentó usar legeremancia para saber si era responsable o no, pero solo encontró la mente cerrada de la muchacha, cosa que suponía, toda buena serpiente lo habría hecho. La profesora McGonagall, percatándose de su presencia, procedió a explicarle los acontecimientos tal como los alumnos le habían dicho, y la sospecha del gryffindor sobre la slytherin. Rose estaba en el centro de sus amigos, escudada por su ejército de slytherins y su máscara de rudeza, observando fríamente la escena. El típico momento de "enfado" que a veces sufría la joven, había pasado, y ahora estaba presta a lo que viniera. Reprimiendo un suspiro, el hombre propuso examinar las varitas de ella y sus amigos, para aclarar de mejor forma las cosas. Los slytherins volvieron a abuchear y quejarse, dando miradas despreciativas a los gryffindors. Mortimer tuvo que acallarlos con una sola mirada, antes de que se desbandaran las quejas en una guerra campal en plena clase de Historia.

-Weasley, Potter, Rosenzweig y Puckett, sus varitas, ya.-ordenó con seco acento, extendiendo la palma de su mano.

De mala gana, los cuatro slytherins le entregaron sus varitas al profesor, aunque la que más se resistió fue Rose, sin lugar a dudas. Veía con odio al gryffindor, quien a su vez observaba fijamente cómo el profesor examinaba una a una las varitas. Las de Faith y Lily salieron invictas, los últimos hechizos habían sido de limpieza la noche anterior. La varita de Frank también había sido inmune, el último hechizo había sido el que usó para desencantar la habitación. Por último, la varita de Rose; el último hechizo había sido esa mañana, cerca de las siete y cuarto, y había sido un muffliato. Todo parecía en orden, ninguna varita presentaba los hechizos que habían sido usados en Malfoy aquella mañana. Pero éste no se iba a dar por vencido, y, en un arrebato de "inteligencia mental" preguntó:

-¿Y para qué había usado el muffliato Weasley? Ese es un acto muy sospechoso, ese hechizo se usa cuando alguien no quiere que otros escuchen lo que está hablando y perfectamente podría haber estado discutiendo con alguien de la broma que me acaban de hacer.

La pelirroja le lanzó una mirada venenosa. Por un momento su semblante se tensó mientras intercambiaba una fugaz mirada con Frank. Luego, con la voz más serena que podía tener en un momento como ese, respondió:

-Estaba hablando de cosas amorosamente privadas con Puckett esta mañana, y obviamente no quería que ningún bocón cotilla nos escuchara. ¿No lo cree lo más lógico, señor Malfoy?-respondió aunque el tono sereno era semejante al siseo suave de una serpiente.

El ojigris miró con ojos abiertos a la pareja, mientras que un fuego abrazador amenazaba con quemarle el estómago si no golpeaba al castaño en ese momento, aunque no sabía el motivo exacto. Mortimer y McGonagall sonrieron, cada uno diferente ya que, mientras la anciana profesora estaba feliz de que su intuición no le había fallado, el joven profesor estaba complaciente con la perfecta actuación de su alumna y compañía, aunque no por eso no tendría una brevísima charla con ellos. El timbre sonó y los alumnos comenzaron a salir del aula en desorden como siempre. La profesora McGonagall se llevó al ojigris a la enfermería con el antídoto de la poción de furnúnculos y la cubeta, quedando solo los cuatro alumnos y su profesor jefe.

-Que no vuelva a ocurrir-ordenó, mientras sus alumnos asentían-, por un tiempo.-terminó de decir ya que tenía más que asumido que volverían ellos a hacer de las suyas, cuando un slytherin quería algo hacía todo para conseguirlo.

Los cuatro dieron media vuelta y salieron por la puerta, en orden. La última fue la pelirroja, a quién el profesor detuvo con una llamada.

-Mira con quién andas, y te diré quién eres. Recuérdelo, señorita Weasley.

La joven asintió.

Salió al pasillo, en donde la esperaban sus amigos. Sus fieles amigos, a pesar de que eran serpientes.

-Malfoy no sabía que contábamos con una varita extra-rió Frank, sacando la varita culpable del bolsillo de su túnica-, tu tío fue de gran ayuda trayéndonos en el acto su vieja varita, con ésta, nunca nos podrán pillar.-terminó de decir mientras que la ojiazul se la quitaba de las manos y la guardaba en su túnica.

Si... Eran amigos, eso no se ponía en duda, pero, más aún, eran serpientes slytherins.

Astutas serpientes.