Hola, bellezas. ¿Cómo están? Ansiosas... Muchas gracias por todos los reviews a «Salvaje» y a «Pequeña». Son muy lindos los comentarios cuando dejan entrever que han interpretado los silencios, las metáforas y los diálogos a la perfección. A veces me planteo si alguna frase no queda sobrecargada o inentendible, pero ver que estamos en la misma onda es genial.
En el capítulo anterior, Vegeta y sus amigos llegan a «Estado Salvaje», el club donde Bulma trabaja. Allí la ven bailar y se quedan maravillados, y mucho más ante la posibilidad que se les presenta de verla teniendo sexo. Todos, excepto Vegeta, que está que hecha humos por los ojos. Después de una actuación que lo deja más confundido sobre lo que de verdad desea hacer con la peliazul, la visita en su camarín y el resultado oficial en cuanto a peleas verbales queda Bulma 2 - Vegeta 0. Y para peor, la maldita está ingresando semidesnuda a una habitación junto a un calvo con la intención de terminar de joderle la noche.
Los personajes no me pertenecen. Son de Akira Toriyama.
POV Bulma
«Maldito, Ouji. Cómo se atrevía a reclamarle, a condenarla, a movilizarla de esa manera. Maldito fuera.»
Era un idiota, de mente tan estrecha como todo el mundo. Obviamente, el gran casanova era un mujeriego confeso. De los que se acostaban con todas las que podían sin prometerles nada; de los que nunca llamaban ni se interesaban siquiera en conocer el nombre de sus amantes. ¿Por qué ella, que conocía y hasta estimaba a todos aquellos con los que se acostaba; que jugaba su mismo juego pero con las reglas más claras y cuidando siempre de que nadie saliera lastimado, era una zorra y el … un ganador?
Contra todo esto es que se revelaba desde hacía años. No había una lógica en esa premisa más que lo moralmente aceptable era una lista que habían escrito únicamente hombres.
Pero Vegeta Ouji estaba muy equivocado si pensaba que algo de lo que había dicho le había afectado y sembraría dudas sobre la forma en la que había elegido vivir. Bulma Brief estaba más allá de todo ello. Ella seguiría haciendo lo que quisiera, y en el momento que quisiera, y eso, ahora, incluía una sesión de buen sexo con Ten Shin Han. Sería divertido. Ten era atento, muy bueno con la lengua, y soportaría una maratón como la que necesitaba en ese momento.
«¡Mierda! ¿Por qué le había dedicado el quinto orgasmo? ¿El quinto?»
Ten era bueno, pero sabía que con él no tendría tantos… a lo sumo tres. ¿Por qué no le prometió el tercero? Bueno, tendía que fingir uno o dos… todo sea para cerrarle la boca a ese idiota y restregarle lo zorra que podía llegar a ser.
Dios, estaba iracunda. Su cuerpo ardía de la furia. «Pero sería furia, ¿en realidad?» Parecía deseo… se sentía como pura lujuria… pero estaba furiosa con ese idiota, con el arrogante mono cabello de flama, por dejarla tan lasciva. Aunque por Kamisama que usaría todo el fuego que sentía en ese momento para que ese idiota tuviera la corrida más precoz de su vida y en recordatorio mordaz de lo que nunca tendría: a ella.
–Hola, preciosa.
–Hola, guapo. ¿Preparado? Hoy estoy especialmente deseosa.
–¿Sí? No sabes cómo me alegra saberlo. Y no te preocupes, linda –le tomó la mano y se la llevó hacia su gran erección–, estoy más que preparado para ti… como siempre.
–Me alegro… porque he prometido cinco orgasmos.
–Ja ja ja. ¡Por Kami, preciosa! Te los daré, no te preocupes. ¿Alguna preferencia para esta noche?
–Ninguna en especial. ¿Y tú?
–Me gustaría atarte las manos mientras «te como» el sexo hasta que te corras.
–Me parece rico… pero a partir de ahí improvisamos, ¿ok?
–Por eso eres la mejor… lo sabes, ¿no?
–No, ¿por qué?
–Porque dejas todo a tu imaginación, y tu imaginación, preciosa, es lo más caliente que hay sobre la tierra.
–¿Dirás lo mismo cuando comience a meterte cosas por el trasero?
Ten abrió los ojos como platos y tragó saliva a través de un nudo en su garganta.
–Ja ja ja –rió Bulma divertida–. Era una broma, Ten.
–¡Maldita seas, preciosa! –exclamó ahora divertido el calvo mientras tomaba a Bulma por la cintura y comenzaba a besarle el cuello y los hombros.
–¡Tranquilos, adolescentes! –el viejo Roshi entró aclarándose la garganta–. Tienen a casi todo el club esperándolos detrás de ese vidrio. ¡Guarden algo para ellos!
–Yo todo lo guardo para mi preciosa peliazul. Si ella quiere que lo hagamos bajo el agua, yo me anotó y salgo corriendo a comprar un snorkel.
–Roshi, cariño. Agenda esto: «comprar pecera gigante», por favor.
–Ja ja ja –rió Ten.
–Ustedes son como niños. No entiendo cómo pueden divertirse ahora y ponerse tan cachondos al cruzar esa puerta. Cuando mi exesposa y yo…
–Por favor, Roshi. No nos bajes la libido haciendo que te imaginemos a ti teniendo sexo con esa vieja –suplicó Bulma.
Ten lanzó una fuerte carcajada y Roshi los miró irritado:
–¡Malditos irrespetuosos! Pero pasen, apresúrense que mi hermana debe estar como loca tratando de aplacar a la multitud.
–¿Vamos, guapo?
–Primero las damas, preciosa.
–Y de paso me miras el trasero, ¿no?
–Créeme, mirarlo es solo lo primero de mi lista.
–¡Atrevido! –le dijo Bulma pícaramente dándole un suave golpecito en el pecho, y se dio vuelta para empezar a caminar hacia la puerta que era el ingreso a la habitación roja, una de las más bonitas del club.
POV Vegeta
El calvo empezó a acariciarle la espalda mientras besaba su cuello y le daba fuertes lametazos. Vegeta sentía un nudo en el estómago, otro en la garganta y como si le hubieran apoyado un yunque en el pecho.
«¿Qué diablos era eso? No podía estar tan afectado por esa mujerzuela. Era una cualquiera. Había tenido a otras zorras en su cama, y tampoco es que ella fuera taaaan espectacular.»
En ese momento, el odioso calvo le desató el corpiño y lo arrojó al piso.
«Era un imbécil. Él lo hubiera hecho en la mitad del tiempo.»
Ya sin ese estorbo se dedicó a lamer, succionar y mordisquear esos deliciosos pezones rosados… y entonces la oyó.
–¡Ahhhh!
Fue solo eso... una sílaba… dos letras… ¡ni siquiera era una maldita palabra!
Cómo podía ser que esa mujer lo encendiera de esa manera.
Su falo respondió como un cachorro al llamado de su amo… y comenzó a buscarla con desesperación.
Cerró los ojos. Se negó a seguir mirándola.
–¡Ahhhh!
Mierda. No podía ser posible. ¿Por qué carajo le pasaba eso? ¿Qué había hecho para merecer que esa maldita zorra lo manipulara de esa forma?
–¡Oh, por Kami! –exclamó Broly.
La exclamación de ese idiota lo hizo volver a mira la vitrina: el calvo estaba atando las muñecas de la peliazul con un cordón de una tela roja que se veía brillante y aterciopelada.
«Maldición. ¿Qué está por hacer ese idiota? Acaso esa mujer estaba loca.»
Cuando termino de atarla giró a la peliazul hacia el vidrio y todos los espectadores jadearon ante la hermosa vista de los pechos húmedos de la mujer y… todo lo demás.
«Para qué negar lo evidente: esa mujer tenía un cuerpo de infarto.»
Durante minutos lo recorrió con la vista buscando alguna imperfección, pero tuvo que admitir, aun en contra de sus deseos, que no tenía ninguno. Bueno... sus pechos eran demasiado grandes.
«Idiota. ¿En qué maldito planeta eso es un puto defecto?»
Frenó sus desvaríos cuando notó que el calvo la acercaba hacia el vidrio. La audiencia exclamó expectante.
Allí levantó las extremidades maniatadas de la peliazul y las colgó de una especie de gancho o algo similar que debía haber por encima del vidrio, del lado de la habitación, fuera de la vista de los espectadores.
Así, la mujer quedó semidesnuda, con el cuerpo humedecido por la saliva de ese maldito calvo, maniatada e inmovilizada frente a casi cincuenta personas que la miraban con deseo, expectativa y hambre.
El calvo empezó a dejar un reguero de besos y lametazos desde su nuca hasta la parte baja de su espalda. Colocó sus manos a ambos lados de la cadera de la peliazul y, de un tirón, desató los nudos que mantenían las bragas en su lugar.
Un alarido de excitación salió de las gargantas anudadas de los hombres de la platea.
La hermosa mujer quedó completamente expuesta, con su sexo enteramente depilado y sin imperfecciones. Vegeta estaba seguro de nunca haber visto uno tan… bonito.
Un grito lo distrajo de esa hermosa vista. Alguien se había corrido y maldecía a todos los demonios por el enchastre.
«Maldito cerdo asqueroso.»
Vegeta aprovechó la oportunidad para mirar en derredor. Broly había sentado a Pares sobre su regazo y ésta se movía lentamente sobre su erección. Eso no le interesaba. Broly podría hacer lo que quisiera, pero algo le molestaba: la mirada de Broly no estaba dirigida a la mujer que en ese momento se hincaba para tomar su miembro con la boca, ni se hallaba perdida en el placer que le estaba proporcionando su compañera. No. Sus ojos estaban fijos en Bulma. El maldito se estaba imaginado con la peliazul. Estaba excitado con ella. No le quitaba los ojos de encima a su cara, a su sexo exhibido.
Vegeta quiso molerlo a golpes.
Luego vio a Raditz, a Kakaroto y a Turles. Diablos. Todos en la habitación, hombres y mujeres, estaban tocándose y jalándose exclusivamente concentrados en la vitrina.
Nunca había sido voyerista y no lo entendía. Por Kami que la escena le causaría repulsión de no ser porque él también estaba paralizado mientras veía a su vecina parada frente al vidrio, con las piernas abiertas mientras el calvo quedaba de rodillas a su espalda y comenzaba a frotar la intimidad de ella con los dedos.
Tenía que irse. Tenía que salir de ahí. Había perdido. Por primera vez en su vida se sentía derrotado, un perdedor.
Se revolvió en su lugar cuando Zangya se le acercó y comenzó a frotar su trasero sobre la erección de Vegeta. Pero ese roce no era placentero sino más bien doloroso, y Vegeta la detuvo y la retiró de ese lugar mientras le hacía señas de que «no» con la cabeza.
Se dispuso a salir de la sala. De repente escuchó como los gemidos de Bulma se intensificaban. Aún en contra de su voluntad, sus pies de detuvieron y su rostro giró hacia ella.
Estaba tan hermosa así, con los ojos vidriosos, mordiéndose el labio inferior con esos perfectos dientes mientras emitía esos sonidos tan armoniosos, tan excitantes.
Se dedicó a mirarla por minutos, no supo cuántos, obviando conscientemente al malnacido que en esos momentos tenía su boca, su lengua y sus dientes dentro del sexo de la peliazul, proporcionándole el placer que él querría darle.
Y entonces lo decidió. Mataría por ser quien la hiciera gemir de esa forma, y lo haría, aunque tuviera que jugarse todo lo que tenía, se hundiría en la peliazul así fuera lo último que hiciera.
El clímax sacudió a la peliazul que empezó a convulsionar mientras le temblaba todo el cuerpo. El calvo se apresuró a sostenerla para que no se lastimara.
«Al menos algo bien haría ese bastardo.»
Ella estaba lánguida. El idiota se apresuró a desatarla y llevarla en brazos hacia la cama. Allí comenzó a acariciarla mientras ella se reponía.
Le sonrío, y ella a él.
Esa mirada de complicidad fue peor que una patada en la entrepierna. Esa mirada lo paralizó, lo estremeció. Le hizo doler el pecho.
Y entonces el maldito calvo se puso de pie y comenzó a desabrocharse el pantalón.
«¡Ah, no!… ¡Eso sí que no!»
Tenía que impedirlo. No podía pasar. No debía permitirlo.
«¡Maldita mujer! No sería de otro.»
Te dedico mi quinto orgasmo.
El recordatorio lo enfureció.
«Sobre mi cadáver, mujer.»
Salió rápidamente del salón. Encontraría esa maldita puerta y le arrancaría las pelotas a ese estúpido calvo. Nadie se daría cuenta que había salido ni le impediría llegar a su vecina. Por supuesto. Nadie querría perderse un segundo del espectáculo detrás del vidrio, espectáculo que el detendría a como diera lugar.
Abrió una puerta, luego otra… en todas había parejas o grupos teniendo sexo, pero ninguna lo conducía hacia la peliazul y el calvo y se le acababa el tiempo.
«¡Maldita sea!»
De pronto, la solución se presentó ante él en la inocente forma de un pulsador de alarma de emergencia contra incendios.
Vegeta sonrió de lado.
–Lo siento, mi querida vecina. De mi parte cuenta que esta noche te quedarás con las ganas.
Rompió el vidrio de seguridad con el codo, sonrió de nuevo y presionó la alarma de incendios.
En el acto, un estridente sonido empezó a invadir el lugar. La gente comenzó a salir raudamente de todas las habitaciones mientras la mayoría terminaba de vestirse y corría hacia la salida de emergencia.
La vieja que los recibió se precipitaba de un lugar a otro secundada por dos gigantes que debían ser de seguridad, mientras se apresuraban a sacar a la gente que estaba demasiado entretenida como para interrumpir su fiesta por la sencilla posibilidad de morir asfixiado o carbonizado.
Vegeta se dirigió tranquilamente hacia la entrada de la sala desde donde podría ver a la peliazul. Quería asegurarse de que la mujer estuviera bien.
Vio salir a Kakaroto, Turles, Broly, Raditz y las mujeres. Todos corrían como idiotas. Al pasar por su lado Zangya le dirigió una sonrisa cómplice.
«¡Qué diablos le pasaba a esa mujer loca!»
Al entrar vio cómo el calvo terminaba de vestirse y cubría el cuerpo de la peliazul con su camisa. La tomaba de la mano y se la besaba en un gesto tranquilizador, mientras la llevaba hacia la puerta por la que habían ingresado.
–¡Vegeta! –gritó Kakaroto desde la puerta de la sala–. ¡Vámonos! Debemos salir de aquí. ¿Qué no oyes la alarma?
«Estúpido Kakaroto.»
–Sí, vámonos.
Se dirigieron al exterior donde ya se encontraban sus amigos.
–¡Maldición! Con lo bueno que se estaba poniendo –exclamó un molesto Broly.
–Con esa mujer trabajando aquí, no me extrañaría que este lugar ardiera en llamas. Por Kami, si es puro fuego dentro del envoltorio más sexy que yo haya visto nunca –convino Turles.
Y Vegeta pensó que no podía estar más de acuerdo. Su vecina era puro fuego, y a él lo estaba consumiendo.
Desde que la conoció su paz se había terminado. Sus días pasaban en una tensa espera de encontrarla en el gimnasio o en el recibidor. Desde que Raditz le había hablado de lo que ella hacía en «Estado Salvaje» su mente había estado inmersa en un universo paralelo en el que él la lograba doblegar y ella caía rendida a sus pies. Pero en esta realidad la peliazul lo había humillado dos veces y parecía indomable.
«¿Cómo diablos lograría llevársela a la cama cuando ella parecía tan decidida a evitarlo?»
El viejo Roshi y Uranai salieron del interior del edificio y se dirigieron a la multitud que aguardaba en la calle.
–Lo sentimos mucho, amigos. Aparentemente has sido una falsa alarma, pero el Departamento de Bomberos ha sido notificado y no nos permitirán reingresar hasta que ellos no hayan revisado el lugar, así que por hoy el club se cierra.
Las exclamaciones de frustración no se hicieron esperar.
–Lo sentimos, amigos. Los tragos de mañana corren por cuenta de la casa. Sigan disfrutando de esta noche en sus hogares. «Estado Salvaje» reabrirá normalmente el día de mañana.
La multitud comenzó a dispersarse.
–Bueno, llevaré a… a… a esta mujer al centro. Quizá pasemos por algún motel de camino –dijo Turles señalando a su acompañante que se veía lo suficientemente borracha como para notar que su eventual pareja no recordaba ni su nombre.
–Yo llevaré a Pares a su casa y me la follaré en el auto pensando en tu vecina –le avisó Broly a Vegeta en tono de broma.
Broly nunca sabría lo cerca que estuvo de recibir una fuerte patada en la entrepierna que lo dejaría estéril y probablemente también impotente.
–Está bien. Con Kakaroto llevaremos a Maroon y a Lunch. ¿Qué dices, Vegeta? ¿Te ocupas de Zangya?
Vegeta estaba buscando a la peliazul con la mirada. ¿Por qué ella no había salido? ¿Habría quizá otra salida de ese maldito club?
Por supuesto que habría otra salida. Era un club nocturno. Mínimamente tendría una salida principal y dos de emergencia que los empleados del club conocerían de sobra.
«Maldición. La peliazul se le había escapado de nuevo.»
–¿Llevarás a Zangya a su casa? –le repitió Raditz.
–Por supuesto que no, insecto. Te dije que te ocuparas de ella.
–Está bien. No te enojes. Solo pensé que quizá tendrías ganas de desquitarte, como todos…
«O sí que tenía ganas de desquitarse, y lo haría pero con esa maldita arpía de cabellos y ojos azules.»
POV Bulma
No sabía exactamente por qué, pero apostaría todo lo que tenía a que su gallardo vecino tenía que ver con la alarma contra incendios que misteriosamente se había activado en el club. Su sexto sentido se lo decía. Pero… ¿por qué?
Fácil: Molestarla. Vengarse. Joderla.
Sabía que lo de su camerino lo había dejado patidifuso. Se había divertido como hacía mucho no lo hacía poniéndolo en su lugar. Le hubiera gustado que la sangre no le hirviera como lo hacía cada vez que lo tenía enfrente, pero eso lo había podido solucionar rápidamente gracias a Ten. Y lo mejor de todo: saber que él había presenciado su orgasmo la excitaba de una manera especial. Nunca le interesaba quién o quiénes estaban en el club. Podrían ser personas famosas, gente que conocía de sus años como bailarina clásica o de sus trabajos en el teatro. Ella no se avergonzaba ni de su trabajo ni de que le gustara que la vieran, así que no se había sentido antes cohibida. No es que ahora hubiera querido actuar distinto ante Vegeta Ouji. Era que ese simple hecho la había estimulado un poco más de lo normal. Mientras Ten la complacía su mente había volado hacia el primer encuentro con él en el recibidor del edificio, al breve encuentro en el gimnasio de la terraza, a la discusión en su camerino, y sin quererlo su mente se la había jugado: sintió que era él quien estaba entre sus piernas saboreando su sexo como si fuera una fuente de agua fresca en el medio del desierto. Solo lo había imaginado y había experimentado el orgasmo más poderoso de toda su vida. Por Kami, si estuvo a punto de desmayarse.
Pero eso solo sirvió para confirmarle lo que ella ya sabía: Vegeta Ouji era peligroso para ella. Si lo permitía, tendría el poder de hacer con ella lo que quisiera. Tanto así lo deseaba. Tanto así se sentía una débil adolescente a su lado.
No había plan B. Se mantendría alejada de ese hombre y en lo posible, mientras se le pasaba esa obsesión, se alejaría un tiempo de los hombres.
No había nada malo ni extraño en ello –se dijo–. Que no hubiera querido seguirla con Ten no significaba otra cosa más que estaba cansada y el exabrupto la había sacado de onda.
Por suerte, Ten se lo había tomado bien y le había dicho que cuando lo necesitara, solo tenía que marcar su número.
Pero allí estaba, a las 8 de la mañana, frente al edificio que habitaba desde hacía dos semanas, esperando las fuerzas suficientes para entrar en él y enfrentarse a su destino, como le había dicho Tapión hacía unas horas cuando ella se había llegado hasta su antiguo departamento para hablar con su amigo sobre lo ocurrido esa noche.
«No te temo, Vegeta Ouji.»
Tomó aire profundamente y se dirigió hacia el edificio. Al verla, Yayirobe se apresuró a abrirle la puerta.
–Buenos días, señorita Brief.
–Buenos días, Yayirobe. Y, por favor, dime Bulma.
–Lo siento, Bulma. Es la costumbre.
En ese momento la puerta del ascensor de abrió y de él salió un malhumorado Vegeta vestido como un día normal de oficina.
«Era sábado a las 8 de la mañana. Este hombre no podía ser más estirado.»
Vegeta levantó la vista y la vio de repente. Miró su reloj y volvió a mirarla con aún más rabia en sus ojos.
–¿Recién llegas?
–Lo siento, papi. Se me fue el tiempo jugando con mi amigo Ten.
Bulma notó como los puños de Vegeta se cerraban con toda la fuerza que sus manos poseían.
–Eres una zorra.
–Y tú, un idiota.
Bulma se dispuso a dirigirse al ascensor pero Vegeta la tomó del brazo.
–Me debes un orgasmo.
–Y tú me debes cuatro. No creas que no sé que fuiste tú quien activó la alarma de incendios.
Vegeta se removió incómodo.
–No sé de qué hablas. Y en cuanto a los orgasmos de esta noche, cuando quieras te pago los que te debo.
–No te preocupes. Que no lo hayas visto no quiere decir que no los haya tenido. Pero no te aflijas, aunque no estabas presente… pensé en ti durante el último.
–Cuando por fin quites el modo arpía que tienes incorporado y te decidas a probar mi cama, créeme… pensarás en mí durante cada orgasmo del resto de tu vida.
–Guau, señor Ouji. Para ser tan pequeño tiene usted un ego muy grande.
Vegeta frunció el ceño aún más.
–Pues para ser una zorra, tienes demasiados aires de grandeza. Yo también puedo pagarte por sexo, vecina. Efectivo como el calvo, o un departamento con el viejo Gero. Y créeme que yo sí sabría qué hacer con ese bonito cuerpo que tienes.
Bulma estaba tensa. Los hombros le dolían.
«Maldito idiota.»
–Oh, el intachable y honorable santurrón reprimido cree que sabría qué hacer con esto –dijo furibunda señalando su cuerpo–. Mírame, estúpido. Yo no me acuesto con idiotas hijos de papi que tienen todo gracias a un fideicomiso. Me gustan los hombres con vello en el pecho, que me hagan sudar y gritar mientras me estoquean una y otra vez sin descanso. No eres mi tipo, Ouji. Y te aseguro que no tienes idea de lo que necesita una mujer como yo. Pene tienen la mitad de los habitantes del planeta. Que sepan qué hacer con él es otra cosa.
Bulma se dio la media vuelta para dirigirse nuevamente al ascensor. Antes de que la puerta se cerrara levantó la vista para ver a dos hombres que la miraban atónitos.
«Por Kami. Por qué no podía quedarse callada.»
Bueno. Hasta aquí el capítulo 4. Perdón por no avisar que habría lemon pero en esta historia ya saben que siempre habrá alguna cosita. Bulma y Ten, ¿eh? Qué les pareció. Personalmente me gustó cómo bromearon al principio quitándole al asunto toda la connotación tensa que siempre rodea a los encuentros sexuales. Por la personalidad de Bulma y su postura frente al sexo, me pareció lo más correcto, y por supuesto, un compañero que ella eligiera debería compartir sus pensamientos. Por eso en el primer capítulo ella aduce que se alejará de Yamcha porque el muy idiota se está enamorando. Pero no se preocupen, amantes del Lobo del Desierto, Yamcha no está fuera de esta historia.
Pobre Veggi. Me late que voy a tener que dejarle ganar alguna discusión para que las vegetarianas no me linchen. Prometo tratar de que la próxima pelea la gane él (dije «tratar»).
Nos vemos el lunes o el jueves, o el lunes y el jueves. Estoy preparando mi primer drabble para el reto semanal de «Por los que leemos fanfics de Dragon Ball». Será sobre Vegeta y Bulma (obvio), y de lo que piensa nuestro príncipe sobre su vida con Bulma (orientada en la actual DBS).
