Hirako se estaba planteando seriamente si ignorar la curiosidad que se había asentado en su estómago hacía ya un par de horas. No quería levantarse: estaba bien a gusto allí, tumbado, siesteando…
Con un mohín de fastidio, se levantó del sofá; apagó los altavoces, por donde sonaba un fuerte ritmo electrónico que casi hacía temblar el despacho, y se giró hacia Hinamori. Para un día que tenía libre y se lo tenía que fastidiar un recuerdo mal enterrado.
—Momo.
La subcapitana, que estaba leyendo lo que tenía pinta de ser unos informes muy aburridos, contestó de inmediato:
—Sí, señor.
Él fingió estar dolido:
—¿Después de todos estos años me sigues tratando con formalidad?
Una vez más, Hinamori se preguntó si aquellos comentarios iban realmente en broma o si el tiempo pasado en la tierra le había afectado hasta el punto de contagiarle la concepción humana del tiempo.
—Perdón, Shinji.
—Eso está mejor. Me voy a la biblioteca. Si llega alguien con cualquier cosa que no sea una urgencia, le dices que mañana —lo pensó unos instantes— y Shunsui. A Shunsui también hay que recibirle.
Y con esas se encaminó directo a la biblioteca:
—Buenas, señora.
La bibliotecaria, sorprendida de que un capitán se dirigiese a ella de forma tan directa, no contestó.
—Estaba buscando un libro azul. Escrito por un Kuchiki. Habla de Hollow.
Con un resoplido de cabra reumática, la bibliotecaria alzó sus mínimo ciento veinte kilos de la silla y se encaminó a la sección de donde, casi trescientos años atrás, Hirako había visto salir a Aizen a las tres de la madrugada. Estuvo cerca de quince minutos buscando cuando al fin encontró lo que buscaba: un libro en formato de bolsillo, de unas cuatrocientas páginas y color azul marino. "Eri Kuchiki: Teoría sobre conversión en Hollow". Hirako lo recibió con una sonrisa:
—Muchas gracias. Si me lo hubieses dado antes nos habríamos ahorrado unos siglos de enemistad.
La mujer, pensando que Shinji no la miraba, puso los ojos en blanco y se marchó refunfuñando.
Ahora, con el libro en las manos, Hirako se volvió a preguntar si la guerra se podría haber evitado. Daba demasiadas vueltas a las cosas últimamente, pensó. No podía ser demasiado sano.
Devolvió el libro a su sitio, pero no había dado ni dos pasos cuando volvió a cogerlo y salió de allí con él en la mano.
Muse tendría que esperar.
—Byakuya.
El capitán de la Sexta División le abrió la puerta del despacho.
—Hirako.
Se saludaron con una inclinación de cabeza. A veces a Hirako la formalidad de las familias nobles le desesperaba.
Dentro del despacho, Renji Abarai, Rukia Kuchiki e Ichigo Kurosaki, el nuevo subcapitán de la decimotercera división, se encontraban envueltos en una discusión que incluía una extraña mezcla de collejas, risas y palmaditas en la cabeza. Hirako decidió ignorarles.
—¿Te suena Eri Kuchiki? —Al oír ese nombre, Rukia mandó callar a los otros dos y se acercó. Byakuya, sin alterarse, preguntó:
—¿Y para qué quieres saber de ella?
—Curiosidad —repuso Hirako—. Aizen leía sus libros cuando era estudiante.
—Eri no fue capitana, si no recuerdo mal. Ni siquiera llegó a oficial, pero…
—Tercera al mando —interrumpió Rukia—. Era el tercer mando de la sexta división. No se puede decir que fuese muy trascendente, de todos modos.
—Puede ser, no lo recuerdo. Es mi bisabuela. Estaba loca; pensaba que los shinigami y los hollow compartían la esencia, o algo así. Muy en la línea de Aizen, sí. Nadie la tomaba demasiado en serio.
—Igual debisteis hacerlo. Igual podríamos haber evitado la guerra —"y yo sería un shinigami completo". Pero aquello no lo dijo. De todos modos, ser medio hollow no estaba tan mal: no había más que ver a Ichigo—. Bueno, gracias. Que tengáis un buen día.
Ichigo le alcanzó en la puerta.
—¡Hirako! No te estrujes demasiado el cerebro. Ya terminó.
Hirako se abstuvo de hacer comentarios sarcásticos y volvió a la sede de su escuadrón; encendió los altavoces; metió el CD de Muse y se volvió a tirar en el sofá.
SORA DESU!
No puedo ver a Ichigo hablando español. No le pega. Da igual lo que diga. Le pega mucho más un "平子!心配しないで!" O similar. Pero bueno, son manías mías. Sep, he actualizado. Y sep, mañana tengo examen. Si alguien lee esto (cosa que empiezo a dudar), deseadme suerte.
