DISCLAIMER: Es muy complicado decir quién le pertenece a quién sin poner spoilers. Lo que sí debo hacer es decir lo Obvio. Los personajes son creación de JK Rowling y yo no lucro con esta historia.
ADVERTENCIA: Pues no, no hay advertencia. Estoy segura que muchos de mis lectores esperaban este momento.
CAPÍTULO CUATRO
"La Colmena"
POR: TlalGalaxia
Fue difícil salir del shock camino al lugar. Hermione todavía se encontraba pensando en los distinto que había sido Draco antes de dejarla ir, que cuando la puerta se cerró detrás, apenas se dio cuenta que ya estaba ahí.
Era un patio. Aunque daba la impresión de tener el tamaño de un jardín exterior aunque no era más que un jardín interior en alguna parte de la mansión Malfoy. A Hermione siempre había sabido que la mansión era una construcción muy grande, pero ese tipo de espacio no le quedaba duda que se trataba de un hechizo de ampliación como el que ella a veces perpetuaba en su bolso. Había gran fuente al centro y sus alrededores eran arcos sostenidos por columnas que a su vez sostenían los caedizos que daban sombra y resguardaban algunos enormes sillones de descanso donde algunos de los esclavos pasaban el rato.
Mientras entraba lentamente, Hermione se dio cuenta que era la única persona que caminaba usando sus cuatro extremidades. Se reincorporó poco a poco mientras terminaba de inspeccionar a todo detalle el enorme patio. Detrás de los caedizos había bardas altas que debían medir dos o tres pisos como la mansión misma. Prestó más atención a las personas ahí dentro, más esclavos desnudos aunque la mayoría eran mujeres. Algunas repararon en ella y decidieron ignorarla, otros la siguieron con la vista mientras seguía con su inspección. La fuente al centro era como una flor de obelisco con el pistilo apuntando al cielo, o como Hermione ahora se percataba, un inmenso falo expulsando sus jugos. La comparación era depravada, sí, pero era difícil no pensar en eso cuando varias de las personas en la colmena estaban en medio de varias intensas sesiones sexuales y era por eso que no reparaban en ella o no les importaba.
Una vez frente a la fuente, que en realidad sí era como una enorme flor, miró cada uno de sus pétalos de piedra. En la punta de cada uno había una enorme argolla de hierro oxidado y Hermione se preguntó si tenían algún propósito o si eran algún adorno. Se sentó un poco ahí, utilizando el pétalo de piedra como asiento y dejó que el sol besara su cuerpo por primera vez en mucho tiempo. Era irreal pensar en el tiempo que llevaba ahí. Parecían años y justo en ese momento parecía solo un instante aunque en realidad hubieran pasado casi dos semanas. No podía evitarlo, llevar la cuenta de las cosas era algo natural. Cerró los ojos y elevó su rostro al cielo intentando no pensar demasiado en lo que había ocurrido en la recámara del amo minutos antes.
A veces era confuso. Desde que había llegado todo había sido confuso. Luego que la habían atrapado husmeando en el jardín de la mansión, la habían llevado por un pasadizo hasta la perrera. La habían desvestido, colocado el collar y metido en la jaula donde esperó por varas horas antes de que alguien fuera a buscarla y llevarla a la habitación oscura con la enorme mesa de los grilletes. Malfoy había estado ahí, vistiendo un pantalón de montar color tinto y una camisola color beige. Las botas habían sido negras y olían a cuero al igual que su fuete. Hermione recordaba haber sentido un intenso escalofrío cuando miró sus ojos grises y esa sonrisa triunfal mientras sus esclavos la sujetaban a una barra horizontal que pendía del techo de una cadena. La habían usado unos grilletes para asegurarla, ambas manos separadas y luego había sido suspendida hasta que sus pies terminaron de puntillas.
"Sabía que te enviaría" le había dicho caminando alrededor de ella como evaluándola. Hermione había sentido una enorme ira dentro de su estómago que no pudo evitar gritarle todas las groserías que su corto repertorio le permitía.
Malfoy había reído echando la cabeza atrás poniendo en evidencia que Hermione no estaba en posición de insultar o de lograr nada al hacerlo. Luego le había dado un par de golpes con el fuete haciéndola gemir.
"¿Por qué haces esto?" le había preguntado sintiéndose más confundida que nunca.
Malfoy no había contestado. En lugar de eso había comenzado a pellizcar uno de sus pezones hasta hacerla gritar. Luego había caminado alrededor de ella nuevamente y una vez detrás le dio una nalgada que le extrajo un grito de sorpresa.
"Debes controlarte" le había dicho dándole una segunda nalgada y después una tercera y una cuarta. Hubo un momento en el que Hermione dejó de sollozar y fue cuando él se detuvo "solo te castigaré cuando no te comportes".
Claro que Hermione no sabía cómo debía comportarse para evitar los castigos y eso Draco lo sabía y era por eso lo usaba para su propio beneficio. Además, estaba la parte donde Hermione simplemente no quería dejar de gritar solo para complacerlo. Pero luego pensó que quizá él sabía eso de ella y dejó de gritar para quitarle el gusto de volver a propinarle otra nalgada. Para ese entonces le dolían los brazos y el punto donde se unían con su torso, además de sus glúteos que se sentían más hinchados de lo que jamás habían estado en su vida.
Esa había sido la lección del dolor, ahora Hermione lo sabía, Malfoy había utilizado más que solo el fuete y la mano. Luego había utilizado tabla y ella se sintió desfallecer, entumecida y al borde del cansancio.
Y entonces la tortura había terminado.
La cadena había bajado haciéndola caer sobre sus rodillas. Sus pensamientos habían ido y venido en todas las direcciones mientras su castigo había ocurrido, empezado con Ron y la reacción que tendría al darse cuenta (si se daba cuenta) de lo que había pasado, luego en Harry y en lo culpable que se iba a sentir al saber que la había mandado ahí solo para terminar así. Había intentado por todos los medios no pensar en sus hijos pues de por sí todo era muy humillante. Y finalmente había pensado en Malfoy y en lo mucho que lo odiaba y en lo que le haría cuando pudiera recuperar su varita o salir libre.
Y entonces había llegado la recompensa.
La mano de Draco había acariciado lentamente algunas de sus marcas haciéndola sollozar. Para entonces las lágrimas ya le habían cubierto casi todo el rostro y sus ojos comenzaban a sentirse cansados. Luego, sin previo aviso, él había acariciado la entrada de su recto y se sintió peor que asaltada y ultrajada. Así que comenzó a llorar.
"Yas" había dicho tronando los dedos. "El bálsamo"
Luego había sido la mano de Draco nuevamente aplicando el bálsamo que le traía alivio aunque de todas formas no pudo dejar de sollozar.
"El ungüento impedirá marcas permanentes" le había dicho de rodillas frente a ella, mirándola a los ojos en un gesto que no parecía propio de Draco Malfoy. Sintió sus manos acariciando todavía sus glúteos cuando empezó a recitarle algunas reglas "Debes llamarme siempre amo, debes mirarme a los ojos solo cuando te lo pida o cuando sea yo quien busque tu mirada, debes aceptar tus castigos sin chistar y disimular tu dolor a menos que sea YO quien te pida que llores, debes hacer lo que yo te diga en cuanto lo ordene…"
"¿Por qué haces esto?" se atrevió a preguntarle todavía con lágrimas en sus ojos.
Malfoy le había dado una cachetada que le volteó el rostro. Hermione lloró un poco menos esta vez.
"No puedes hacerme preguntas si no te doy permiso de hablar y si lo haces debes dirigirte a mí con respeto. Deberás llamarme "amo"".
"Estás enfermo" le había dicho escupiéndole el rostro y ella había esperado por una segunda cachetada pero recibió algo peor que eso.
La cadena volvió a subir y esa vez, la ronda de golpes había sido propinada con un látigo que dejó marcas más profundas.
"No esperaba menos de ti" le había dicho acariciándole la espalda y haciéndola quejarse.
Y luego la había besado. Justo ahí y sin previo aviso. La había besado y ella había estado tan sorprendida, cansada y adolorida para reaccionar que lo había dejado pasar. Y entonces alguien le había aplicado el ungüento en la espalda mientras él continuaba besándola y ella comenzaba a preguntarse si el alivio que sentía tenía algo que ver con el beso o con la mano que comenzaba a acariciarle la entrepierna o la otra que se cerraba en la forma de sus senos. O si era la visible presión que hacía la erección de Malfoy contra su cadera.
Ella había abierto los ojos y lo había mirado una vez más. Esos ojos grises habían perdido el frío y ahora la miraban ansiosamente. Todas las señales eran tan confusas. Ella había mirado al suelo pero él le había soltado el seno para sujetar su barbilla y hacerla mirarlo a los ojos nuevamente.
"No es lo que crees" le dijo seriamente pero parecía más bien buscando consolarla, "solo haré lo que deseas y no te atreves a pedirme todavía" metió un dedo dentro de ella mientras decía esto haciéndola gemir. Él sonrió y volvió a besarla.
Esas últimas palabras todavía habían jugado en su cabeza cuando alguno de los ayudantes la había desatado de los grilletes y Draco la cargaba en brazos en dirección a la mesa. Por un instante temió que la ataría a los grilletes de la mesa y volvería a torturarla. Pero en lugar de eso la sentó en el filo de la mesa y se colocó entre sus piernas para besarla nuevamente. Todo lo que había pasado era tan confuso y sabía que odiaba a ese hombre entre sus piernas pero no podía dejar de besarlo. Su erección se golpeaba dolorosa y placenteramente contra su clítoris, y de inmediato se percató de que estaba mojada ¿En qué momento había ocurrido eso? No podía decirlo. O más bien le aterraba la respuesta.
Y entonces ahí, en esa habitación oscura y llena de depravación, se había hundido en ella por primera vez y Hermione se sorprendió a sí misma gimiendo cada vez que él se golpeaba dentro de ella. Y no era un gemido de dolor precisamente (aunque el dolor en sus glúteos y la espalda no se había ido del todo), lo sentía abrirse paso en ella y a sus pezones responder cada vez que él cerraba los labios en ellos. Y sin querer descubrió que sus manos estaban en la espalda de Draco, incitándolo, llamándolo a ella y a seguir cada vez con más fuerza.
-Ese debe ser un recuerdo interesante.
Hermione abrió los ojos al escuchar la voz de un desconocido y se encontró con una enorme sombra obstruyéndole el sol. Parpadeó un par de veces y colocó la mano sobre la frente y se encontró con una perfecta hilera de dientes blancos sonriéndole.
-¿Disculpa?
Era un hombre posiblemente en a principios de sus treinta como ella. Era demasiado alto como para no lastimarse el cuello mirándolo, así que lo invitó asentarse junto a ella y así fuera del contraste del sol pudo admirar mejor sus características físicas. Toda su apariencia le recordaba a aquella puesta de sol en Creta donde había ido de luna de miel con Ron. Su piel bronceada como la de los locales griegos, su cabello rubio era del mismo color del cielo cando el sol se ponía y su sonrisa era amable e invitaba a querer estar cerca de él a pesar de no tener idea de quién era. Claro, eso si pasabas de largo el hecho de que estaba desnudo y su prominente miembro se asomaba descaradamente entre sus piernas como si fuera la cosa más normal.
Hermione intentó no mirar en esa dirección, así que se concentró en mirarlo a los ojos que eran otra hermosa mezcla de dorados y rojizos con betas cafés. Era un hombre hermoso, sin lugar a dudas, con las cejas y pestañas teñidas de dorado como casi todo su cuerpo y unos rasgos toscos salvo sus labios que parecían gritar "bésame ahora". Hermione se preguntó por un microsegundo lo que se sentiría colgarse de su cuello y sentir ese musculoso pecho contra sus senos y esos brazos tan grandes y masculinos cerrarse en su cintura. Aunque claro que fue solo un microsegundo pues pronto se encontró a sí misma reprendiéndose y recordando que ya tenía un amo a quien había jurado su obediencia.
-Parecías tener uno de esos recuerdos que más que recuerdos, son una golosina para el cuerpo. Parecías disfrutarlo mucho.
Su voz también era gruesa pero al mismo tiempo con una melodía en ella que la hacía agradable, casi seductiva. Hermione intentó mirarlo a los ojos para no distraerse al contestarle y se dio cuenta que él le estaba viendo los pezones.
Se sintió intimidada por ese gesto y se apresuró a cubrirse usando ambas manos. El hombre a su lado rió ampliamente exhibiendo de nuevo lo agradable de su voz.
-¿No crees que ya has pasado la línea del pudor desde hace mucho?- parecía adivinar que ella no quitaría las manos de ahí así que procedió a quitárselas él mismo,- después de todo lo que has pasado para llegar aquí… no pierdas la educación o alguien podría denunciarte y volverías a la perrera.
Hermione tragó saliva. "La perrera". Había ido a parar ahí luego de la primera lección de Draco y no había sido fácil despertar ahí, desnuda y dentro de esa jaula con la comida fría en un plato en el suelo. De alguna manera, en ese momento, de todos los recuerdos que había acumulado en la mansión, la perrera era peor. Peor que los latigazos y los grilletes, peor incluso que los nudos y las veces que Malfoy la hizo limpiarle las botas con la lengua ¿Por qué? Quizá le daba miedo admitirlo en voz alta, pero dentro de sí estaba segura que se debía a que ahí estaba sola, que cada que iba ahí se sentía como que el amo la había castigado o como que no lo había complacido lo suficiente. La colmena, en cambio, estaba segura que había hecho algo bien para conseguirlo y que su amo estaba contento ¿No le había dado un premio por eso antes de dejarla ir ahí? Una pequeña parte primitiva en su cerebro había registrado la asociación: perrera mala, colmena buena.
-Tendrías que haberme estado observando muy detenidamente para darte cuenta de lo que pasaba con mis pezones,- dijo Hermione mientras quitaba las manos que antes la cubrían y mirándolo desafiantemente.
A él no pareció importarle mucho y se encogió de hombros mientras contestaba despreocupadamente.
-Pues claro que te estaba viendo ¿Cómo no lo iba a hacer? Mírate.
Era un cumplido y Hermione lo sabía así que procedió a sonrojarse como siempre ocurría cuando alguien hacía alusión a su belleza. Por supuesto que no estaba acostumbrada a ello, desde hacía muchos años que nadie la miraba de esa manera y tras diez años de casada era de entenderse por qué.
-Gracias,- dijo ella levemente intentando despabilar su incomodidad,- pero muchas mujeres aquí son mucho más bellas y sobre todo más jóvenes.
-Demasiado jóvenes para mí,- pareció renegar al decirlo,- y no estoy de acuerdo en lo de más bellas, tus labios son perfectos…
Dijo eso y se permitió trazar la línea de sus labios. Hermione tuvo el instinto de alejarse pero honestamente no quería y no lo hizo. Él sonrió quitándole la mano del rostro y extendiéndola para tomarle la mano en lugar de eso.
-Soy Lawrence, por cierto.
-Hermione,- respondió ella sintiendo que la voz no le salía del todo bien. La mano de Lawrence estaba tibia y no dejaba de agitarla mientras le sonreía.- ¿Y puedo saber qué pensabas mientras me mirabas?
Hermione no quiso hacer obvia su referencia a, pero no pudo evitar mirar de reojo la erección de Lawrence que seguía muy puesta en su lugar. Lawrence no pareció apenado en lo más mínimo pero sonrió como un chiquillo a quien acaban de descubrir haciendo una travesura.
-Pareces muy preocupada por esto,- le dijo sujetándose con una mano de manera obscena, Hermione sintió todo el calor en sus mejillas,- no dejes que te inhiba, es lo más normal en la colmena ¿Y cómo no va a serlo? Todos estamos desnudos aquí y a veces no somos llamados a dar servicio. Toda esa tensión tiene que ir a algún lado.
-Pensé que las chicas de la colmena no eran tu tipo…- Hermione no pretendía usar ese tono de reproche pero se sorprendió al encontrarlo ahí cuando hizo la declaración.
Lawrence sonrió afablemente una vez más antes de mirarla a los ojos.
-Soy un hombre, después de todo. Y varias sí son muy hermosas. Pero ese no es el motivo por el que estoy erecto. Me tomó muchos años de entrenamiento mantenerme siempre listo. Aprendí a hacerlo a los quince años y conforme fueron pasando los años me enorgullecí de mantenerme así por casi días enteros. No por nada me volví el favorito de mi ama.
Hermione no pudo ocultar su sorpresa al escuchar lo que Lawrence decía.
-¿Ama? ¿Quieres decir que Malfoy no es tu amo?
-Mi ama es Malfoy pero no es Draco, mi ama es Narcissa Malfoy.
Por supuesto que estaba sorprendida de saber que Draco no era el único responsable de las aberraciones de la Mansión Malfoy, pero la alarma se activó en otro lado y Hermione se preguntó si estaba ordenando sus prioridades correctamente.
-¿Y qué diría Narcissa Malfoy si supiera que te me has insinuado?
-No creo que le interesaría mucho,- replicó él dejando su cuerpo reposar hacia atrás con las palmas sosteniendo el peso de su cuerpo,- mientras pueda servirle cuando esté aquí… y no sé si me has escuchado cuando lo dije antes, pero puedo durar por horas…
Hermione pudo escuchar la sugerencia en el tono de su voz y se sintió sonrojar ¿Quién era este hombre que parecía tener tanto interés en ella? ¿Y por qué? No era solo que las demás mujeres eran más jóvenes y, sí, más bonitas. Lawrence era un hombre bello en todo el sentido de la palabra. Solo había encontrado tanta belleza antes y esa había sido en la estatua de David de Miguel Ángel en Florencia. Recordaba haber ido a ese museo donde tenían la estatua de mármol original y haberse quedado horas admirándolo sin saber cómo contener lo que eso le hacía sentir. Incluso Ron había parecido celoso de la estatua hasta que en la noche ella había descargado todo ese libido en él y terminó agradeciendo a Merlín por Miguel Ángel y todas sus estatuas.
-Para ya…- le dijo girándose para ver el agua de la fuente e introduciendo la mano para jugar con ella.- me haces sentir incómoda.
Lawrence sonrió como si Hermione fuera la cosa más tierna que hubiera visto en su vida. Luego se giró para ver el agua también.
-En realidad te estoy haciendo un favor.
Hermione arqueó las cejas sin dejar de ver sus reflejos distorsionados en el agua.
-¿Y cómo es eso?
-No es broma. Eres nueva en la colmena así que no te culpo por no saberlo pero incluso aquí hay comportamientos que son aceptables y otros que no.
-¿Y fornicar contigo es un comportamiento aceptable?
Hermione había dicho "fornicar" desechando el hecho como algo sin sentido ni valor para ella ya que eso era en realidad ¿Cómo podía ese hombre, por muy guapo que fuera, pensar que ella se entregaría a él? ¿Cómo podía renunciar a la fidelidad que le debía a su amo?
-Sé lo que piensas pero déjame que te saque de tu fantasía romántica,-Hermione no pudo evitar reír pues si algo había entre ella y su amo no tenía nada que ver con el romance,- no, en serio…esto no se trata de ser devotos a tu amo. No obtienes puntos extra por hacerlo, créeme. Y justo ahora tu amo seguro está entrenando a alguien más o entreteniéndose con alguna de las chicas de la colmena. Mira a tu alrededor…
Algunos grupos se concentraban en los grandes sillones blancos cubiertos con velos donde definitivamente se daban placer unos a otros. En algunas bancas había parejas ya sea de hombre y mujer o de mujer y mujer, y a lo lejos la parecía ver a uno de los hombres dándose placer con la mano. Claro, algunas otras personas simplemente platicaban o conversaban, había quienes incluso leían en voz alta para deleite de otros.
-Hay un pequeño grupo,- le dijo señalando uno de los rincones donde un par de chicas permanecían en posición sumisa,- la gente de la colmena les llama "las devotas". Se sabe que ellas nunca permiten ser tocadas por nadie que no sea su amo pero cuando el amo se entera no les va bien. Ellas dos ya han sido castigadas por ello. Las han regresado a la perrera cuando no aceptan compartir al amo. Pareciera que no entienden que el amo no es de su propiedad ¿Entiendes? El amo no es tuyo, tú eres de él pero al no hacer lo que él quiere lo estás desobedeciendo.
-¿Y él quiere que me entregue a ti?-rió Hermione incrédula.
-Claro que no, pero él quiere que seas perfecta. Él tiene un plan para ti y nunca lograrás la perfección si solo practicas cuando él te llama. Si es que te llama pronto. Algunas de estas chicas tardan semanas en ser llamadas. La colmena es, después de todo, a donde van a parar los esclavos que tienen el entrenamiento suficiente pero no son perfectos aún. Y si tu intención es que te llame pronto, debes ser totalmente perfecta para él.
Era la primera vez que ella se tomaba en serio lo que él estaba diciendo. Además, era evidente que él sabía más que ella acerca de cómo funcionaban las cosas no solamente en la colmena sino en toda la mansión.
-¿Y a dónde van a parar los otros? Los esclavos perfectos, quiero decir.
Lawrence se puso de pie haciéndole una señal para que lo siguiera y así lo hizo.
-Depende de lo que quieras decir con eso,- le dijo caminando sin rumbo fijo, parecía más bien estarle mostrando el lugar de cerca caminando alrededor del patio,- lo esclavos más disciplinados están en los establos. El amo Lucius era adepto de los establos tanto como el amo Draco, así que si sueñas con ser la mascota preferida del amo actual, deberías empezar por entrenar para los establos.
"Los establos". No estaba segura por qué el nombre le llamaba la atención como lo hacía. Se sintió, sin duda, deseosa de ir ahí.
-¿Y qué hay en los establos? ¿Cómo llego ahí?
-Tú no puedes llegar ahí, el amo debe ordenar que te lleven pero para eso, primero intentará probar que eres digna. No puedo decirte exactamente qué hacen o lo que se espera de ti o arruinaré tu entrenamiento y, créeme, es lo que menos te conviene. La expectativa es la clave aquí y si el amo sabe que estás prevenida, perderá interés.
Hermione caminó al lado de Lawrence por un rato sin decir palabra. Estaba meditando lo que acababa de escuchar y también estaba sopesando sus sentimientos y sus deseos.
-¿Y si no me interesa ser… "la mascota favorita del amo"? ¿Me quedaré aquí? ¿Qué diferencia hay entre serlo y no serlo?
-Mucha. Como la mascota preferida de Narcissa gozo de otros privilegios que los miembros regulares de la colmena no.
-¿A qué te refieres?
-Para empezar, al ser una mascota, mi lugar es en la habitación de mi ama. Dormir en el suelo siempre dispuesto a lo que quiera y a veces en sus brazos.
Hermione recordó sus días en la habitación de Draco y de pronto sintió una oleada de calor entre las piernas.
-También implica otros beneficios,- continuó Lawrence,- puedo entrar y salir de la colmena cuando quiera. También de los establos. Y eventualmente se te permite ir al exterior.
-¿QUÉ?
Quizá sonó un poco más emocionada de lo que pretendía pero no tenía forma de corregir su reacción. Lawrence decidió que no tenía importancia y siguió hablando.
-Una vez que le has demostrado a tu amo que eres una buena mascota y tu fidelidad no está en jaque, el amo te da carta blanca y puedes salir cuando quieras.
-¿Quieres decir que tú puedes salir cuando quieras?
-Por supuesto. De hecho, últimamente he pasado casi tanto tiempo adentro como afuera. Desde que mi ama se fue, me he visto un poco aburrido, verás. El amo Draco no está interesado en mí, por supuesto, y las chicas de la colmena a veces son aburridas.
-¿Por qué el amo no está interesado en ti?- quiso saber ella como no comprendiendo cómo es que alguien, hombre o mujer, podría no estar interesado en él.
-Porque no soy el tipo de esclavo que el amo busca. Además, he sido el favorito de su madre por años. Quizá me deja en paz por respeto o quizá, a pesar de todo, tiene un poco de escrúpulos.
Hermione encontraba difícil la idea de un Draco con escrúpulos pero no persiguió esa línea en la conversación.
-¿Qué tipo de esclavo es el que el amo busca? Perdón, pero sigo sin entender que no te desee. Yo lo vi… con un amigo mío… y parecía muy interesado.
A Hermione no le gustaba pensar en Harry y Draco juntos. No porque fuera aberrante. La verdad, le había parecido bastante sensual, pero la forma en la que se habían conectado… no es que no lo hubiera visto besar a otras esclavas o que no quisiera que lo hiciera… pero cuando se habían tocado le pareció ver algo de lo que le hubiera gustado ser partícipe y sabía que nunca lo sería. Sí, quizá eso era lo que más le había dolido.
-No quise decir que al amo Draco no le gustara tener mascotas hombres. A veces el género no importa mucho, eso también lo debes entender. Algunos amos prefieren un género sobre otro pero en general, si el esclavo es atractivo ¿Qué más da? Mi ama, de hecho, gusta de llevar a un par de chicas para nuestros juegos y al amo Lucius le encantaban los jovencitos, especialmente los de los establos. Siempre tuvo una particular admiración por los que lograban ser parte de los establos cuando todavía eran muy jóvenes.
-¿A qué edad llegaste tú a los establos?
-Yo nunca llegué a los establos,- le contestó encogiéndose de hombros y deteniéndose en seco. Por fin habían llegado a su destino.
Era un grupo de cojines blancos y bastante gruesos, agrupados para formar un círculo como si fuera una cama y en medio colgaba un velo que podía usarse como mosquitero o, como los demás, para atenuar lo que se hacía sobre los cojines. Hermione tragó saliva pero accedió a acostarse cuando él se lo indicó y él la siguió envolviendo su lecho con el velo.
-¿Y cómo lograste ser mascota sin pasar por los establos?-quiso saber ella urgiendo por una conversación que distrajera el hecho de que estaban solos en lo más parecido a una cama y desnudos.
Llevaba dos semanas sin ropa pero no se había sentido tan desnuda como en ese momento.
-Ya te lo dije, tengo habilidades especiales que no pueden pasar de apercibidas.
Él estaba sentado con los pies cruzados al frente, con el dorso erguido tanto como su miembro. Hermione sabía que era una broma pero seguía sintiéndose intimidada por él, así que permaneció recostada en su costado y mirándolo a los ojos lo más que podía.
-Así que Narcissa te eligió de la colmena…
-Mi ama no tiene un interés particular en los establos a diferencia del amo Lucius, quien eligió a su mascota de ahí. Quizá la conozcas, Yasmin llegó a los establos a los quince años.
-¿Yasmin era la mascota de Lucius?
-Así es, y a pesar de la muerte de su amo mantiene sus privilegios.
Hermione pensó un poco en Yasmin. La chica de piel canela con los ojos negros y cabello del mismo color. Era firme en su andar y podía hacerse invisible si así se lo proponía. Algunas veces la había visto darle placer a Draco y era cierto que era rápida, limpia, casi perfecta.
-¿Eso quiere decir que ella puede irse de aquí cuando quiera?
Lawrence emitió un hondo suspiro al escuchar esa pregunta.
-Todas las mascotas somos distintas. Por ejemplo yo, hago uso de mis libertades y las ejerzo pero siempre vuelvo porque sé que no hay otro lugar para mí allá afuera. Aun así, a veces encuentro a alguna chica que no es de este mundo y tengo citas, me la paso bien… tengo un trabajo ¿Sabes? Tengo una vida allá afuera, pero siempre vuelvo porque sé que esta parte es tan necesaria en mi vida como la otra. Yasmin, en cambio… ella nunca pudo pertenecer afuera. Cuando el amo Lucius le ofreció salir, entró en pánico y se encerró en el establo hasta que Lucius la castigó en la caja y salió besándole los pies. Prometiéndole fidelidad eterna pero que nunca más intentara hacerla salir. Y no lo ha hecho, ella nunca ha salido de la mansión.
Yasmin… era difícil pensar en esa chica con algún tipo de vida fuera del de ser esclava. Una imagen de ella abriéndole las piernas y preparándola para el amo le vino a la mente. ¡Valla que era buena! Perfección… perfección era su boleto para estar con el amo. Y también era su boleto afuera de ahí. Si antes lo había pensado demasiado, ahora estaba segura de lo que debía hacer.
-Entonces…- le dijo estirando el brazo y tocándole la rodilla,- para ser perfecta necesito…
Lawrence sonrió recibiendo su mano y tirando de ella hasta acercarla a él con la facilidad que se levanta una sábana. Se la sentó en las piernas mirándola fijamente a los ojos.
-Necesitas practicar,- le dijo inclinándose para besarla. Hermione respondió y él se alejó luego de un instante,-¿Ves? Te dije que tus labios eran perfectos.
Hermione sintió su rostro arder. En su vida había besado a muy pocas personas y la mayoría de las veces había sido Ron. Luego había sido Draco con sus besos que devoran y ahora Lawrence, Lawrence con su labio inferior ligeramente más grueso que el superior. Con su pecho firme y su piel de durazno. Con sus enormes brazos envolviéndola en deseo y su enorme erección jugueteando entre sus piernas, estimulando su clítoris.
-Ven…- le dijo tomándola por la cintura y bajándola de sus piernas. Tomó su rostro entre sus manos y volvió a besarla largamente,- primero veamos qué tal tragas.
Hermione podía adivinar lo que seguía, así que no opuso resistencia cuando la condujo hacia su entrepierna. Lo recibió con la boca abierta y lo dejó entrar lo más que pudo. A simple vista ya había calculado sus dimensiones pero no fue hasta entonces que reparó en su grosor. No pudo avanzar mucho en él cuando empezó a sentir las arcadas en el estómago.
Lawrence le dio una cachetada y volvió a empujar de su cabeza hasta hacerla entrar un poco más. Hermione conocía el truco, se suponía que tenía que abrir la garganta y después cerrarla empujándolo fuera de sí, pero Lawrence no tenía un miembro con el que fuera fácil trabajar, así que siguió haciendo arcadas y recibiendo cachetadas hasta que por fin pudo hacerlo bien.
-Tus ojos están rojos,- le dijo luego de volver a besarla.
-Lawrence…- contestó ella recobrando el aliento,- creo que no pensé muy seriamente en lo que iba a pasar cuando te pedí las lecciones…
Lawrence sonrió a pesar de sí.
-No te preocupes. Empezaremos con cosas sencillas. No pretendo metértelo por atrás en la primera oportunidad. Aunque…
Él la tomó por la cintura y la volvió a sentar en su regazo, ésta vez la acomodó primero para asegurarse de entrar en ella mientras lo hacía. Hermione pretendió dejar salir un simple jadeo o un gemido, pero se encontró gritando contra los labios de Lawrence que se apresuraron a besarla tan pronto adivinó que ella no resistiría tan dignamente.
-Debes controlarte,- le susurró a pesar de estarle mordiendo los labios mientras la besaba.
Hermione iba a decir algo pero en lugar de eso comenzó a convulsionarse descontroladamente. Lawrence la sujetó de la cadera para estabilizarla y esperó a que dejara de moverse antes de volver a besarla.
-Lo siento…- susurró ella de verdad apenada casi en el instante que dejó de moverse.
Lawrence no contestó a la disculpa. Volvió a besarla mientras trazaba círculos en su espalda. Hermione se dio cuenta que él seguía duro como si nada hubiera pasado y no tardó en volver a excitarse con los pequeños movimientos que él comenzó a hacer. Tomándola por la cintura para entrar y salir de ella con una levedad sublime pero sin introducirse del todo en ella.
-Controla lo que sientes,- le dijo continuando con el movimiento, cerrando los ojos y modulando su voz. Esa voz que parecía de terciopelo ahora que estaba excitado. No solo erecto pero de verdad excitado.
Se inclinó hacia ella y mordió uno de sus pezones. Hermione no estaba lista pero resistió la queja intentando concentrarse en la restricción de la que Lawrence hablaba.
-Bien,- le dijo pellizcando con más fuerza y complacido al ver que ella apenas emitía un sonido,- no se trata de ser impasibles, es bueno ver el estrés en tus ojos, por ejemplo ¿Te lastima mi miembro dentro de ti?
Hermione lo miró seriamente ¿Qué tipo de pregunta era esa? Entonces la soltó un poco más y movió las caderas de tal manera que la penetración fue todavía más profunda que la primera vez. Hermione iba a gritar pero logró restringirse a tiempo pero no pudo evitar colgarse de su cuello con todas sus fuerzas. Lawrence volvió a sujetarla para disminuir el dolor.
-Te lo repetiré ¿Te lastima?
Hermione asintió sin dejar de mirarlo a los ojos, Lawrence desvió la mirada nuevamente para ver sus labios y volvió a besarla.
-Tu amo buscará infinidad de formas para ocasionarte dolor y aun así esperará que no lo demuestres demasiado.
Dicho eso le insertó su dedo pulgar por atrás. Ésta vez tuvo mayor éxito en disimular el dolor sin ocultar la sorpresa y se encontró a sí misma pensando que quizá ese podía ser su sello personal ¿Le gustaría a su amo que hiciera eso? Sorpresa, no gritos o muestras de placer pero un estrés palpable en su mirada.
-¿Lo estás disfrutando?- preguntó él. Hermione asintió rápidamente.
-Entonces estás lista.
Y sin más ni más la dejó caer hasta que la penetración fue total. Ella pudo contener un poco el grito pero no los gemidos que acompañaron las convulsiones. Lawrence sintió su humedad estallar una vez más en él y sonrió tiernamente mientras la besaba de nuevo, sujetándola contra su pecho hasta que terminó de mecerse. Y entonces lentamente se extrajo a sí mismo de ella.
La colocó en los cojines, dispuesto a continuar con el entrenamiento, cuando se percató de que estaba profundamente dormida. Tuvo el impuso de ser más duro con ella, de despertarla a pesar de que sabía que sería complicado, solo por su beneficio, porque quizá Hermione no entendía el nivel de disciplina que todavía le faltaba. Pero no pudo permitirse hacerlo. Después, quizá después.
Hermione se despertó la mañana siguiente un poco adolorida y saciada. Tardó en ajustar sus recuerdos mirando a su alrededor y entonces todo le vino a la mente de golpe. Buscó a Lawrence con la mirada pero no parecía estar cerca de ahí. Pensó por un momento y supuso que quizá había dormido en su cama en la habitación de su ama o en los establos. Ella estaba confundida, por supuesto. No podía creer que había estado con dos hombres en un mismo día. Uno de ellos su enemigo de media vida y el otro al que nunca antes había visto.
Sabía que debía tener remordimiento moral. Podían decir cientos de insultos al referirse a sí misma después de lo que había pasado. Pero por mucho que le dio vueltas al asunto, pronto se dio cuenta que lo único que sentía era el posible prejuicio de quienes vivían fuera de esas paredes. De ese mundo cada vez más distante y al que poco a poco había empezado a olvidar. Cuando llegó a uno de los rincones del patio, notó que unas chicas estaban tomando una ducha sin pudor alguno y a la vista de todos. Se miró a sí misma y notó que eso era justamente lo que necesitaba, así que no dudó en entrar a otra de las duchas desocupadas.
Era sorpresivo cómo su pudor se iba evaporando al paso de los días y eso lejos de humillarla, la hacían sentir deseada y con cierto poder sobre sí misma. Cuando salió de la ducha, se secó con ayuda de una de las habitantes de la colmena que le sonrió al contemplar su cuerpo. Al principio creyó que se estaba burlando de ella hasta que notó los moretones en sus senos y la manera en que contrastaban con su piel. Hermione rió también al recordar a quien era responsable por ellos.
Su amo, era difícil pensar en su amo como tal pero también era difícil pensar en él como otra cosa. Sabía que tenía que salir de ahí y volver a la vida de la que había sido arrancada pero ya había nacido dentro de sí ese deseo de complacerlo y sentirse premiada por hacerlo. Emitió un hondo suspiro al saber que no llegaría a una resolución y resolvió que era mejor dejar ese pensamiento para después y mejor caminar alrededor del patio.
Notó que en ese momento la gente se dedicaba a labores comunes y asumió que quizá era muy temprano para que las personas se dieran placer como lo habían hecho la tarde pasada a su llegada. Algunas simplemente tomaban un baño, otras se ayudaban para hacerse peinados elaborados y otras más solo descansaban.
Pasando por debajo de los caedizos, notó que ahí también había actividades. Hasta entonces no se había fijado que los camastros y cojines de ahí no eran necesariamente para lo mismo que los del área central, de este lado algunas de las chicas se dedicaban a la alfarería y otras pintaban no otra cosa que escenas de la misma colmena (escenas tan obscenas que si ella viera esos cuadros en alguna casa, jamás se habría imaginado que eran basadas en imágenes reales). Algunas más tocaban instrumentos pequeños como flautas o armónicas y más allá otras parecían enganchadas en una representación de un drama griego.
En un segundo caedizo, las cosas parecían más tranquilas. No caminó mucho cuando encontró el área de lectura que consistía básicamente en un librero incrustado contra la pared y varios cojines arreglados a su alrededor donde algunas de las chicas leían entretenidamente. Hermione se acercó al librero y leyó rápidamente los lomos de los libros. Era una colección de novelas eróticas así como libros de instrucción para ocasionar placer. Algunos de ellos hablaban de nutrición, ejercicios y salud integral pero no tardó en percatarse que el objetivo de la librería era maximizar o perfeccionar los servicios de los esclavos y esclavas. No supo qué pensar al respecto, así que decidió tomar una de las novelas y la llevó consigo camino al lecho donde había dormido. Todavía le faltaba por inspeccionar dos caedizos y dos rincones, pero si Lawrence volvía, seguro podía hacerle las preguntas directamente.
Se sorprendió al encontrarlo vacío y se preguntó si Lawrence solo había usado su palabrería para obtener lo que quería y ahora nunca más se acercaría a ella. No estaba segura si le sentaba mal esa opción aunque definitivamente era una pena pues estaba segura que había aprendido bastante de él. Pero tampoco se iba a poner a llorar sobre la leche derramada. Así que abrió el libro que había traído y procedió a leer en espera a que algo interesante pasara ¿Qué podía hacer si no? Hasta donde ella sabía, lo único que se hacía en la colmena era esperar. Y esperar haría.
Iba ya por el tercer capítulo de "El libro de O", cuando el velo de su lecho se abrió y Lawrence se abrió paso para sentarse frente a ella. Hermione estaba recostada boca abajo con el libro abierto sobre los cojines y jugueteaba sus pies golpeándolos una y otra vez contra la superficie blanda de su lecho.
-Te traje frutas,-le dijo tendiéndole un tazón con uvas, fresas y varias moras.
Hermione cerró el libro y se sentó frente a él. Su sonrisa seguía igual como la había dejado. Tomó una uva y lo miró fijamente mientras la introducía a su boca.
-¿Entonces así funciona esto?- preguntó ella por fin,- yo accedo a tus… "lecciones" y tú me traes comida.
Lawrence rió levemente.
-Claro que no,- le dijo relajando un poco la postura y dejando su espalda inclinarse hacia atrás, deteniéndose con la ayuda de las palmas de sus manos,- la comida está debajo de aquel caedizo,- Hermione miró el caedizo que él le señalaba con un gesto de su cabeza y se dio cuenta que no había caminado para allá en su exploración,- pero antes fui a mi habitación, tengo que ir a ver si mi ama está o me dejó alguna instrucción.
-¿Alguna novedad?- preguntó ella saboreando una de las fresas.
Lawrence negó con la cabeza.
-No ha vuelto.
Hermione siguió comiendo en silencio antes de volverá hablar.
-¿Entonces dormiste aquí?
Lawrence sonrió de nuevo. Sí, era de sonrisa fácil y quizá no había nada de malo en ello.
-Sí, Hermione. Dormí aquí y tú dormiste en mis brazos ¿Qué te parece?
Hermione sintió sus mejillas sonrojarse y Lawrence no pudo evitar inclinarse para robarle un beso con sabor a fresas. Los besos no tardaron en convertirse en otra cosa y muy pronto, el desayuno se convirtió en una nueva lección donde Lawrence había devorado su clítoris, castigándola con una nalgada cada vez que ella perdía el control de sus movimientos. Luego del entrenamiento del día anterior, habría sido sencillo asumir que era menos complicado para Hermione. Pero Lawrence tenía un talento excepcional en lo que hacía y la había hecho convulsionar por lo menos tres veces antes de hacerla repasar las lecciones del día anterior.
Para cuando terminaron, había llegado la tarde y consiguieron algo de comida antes de regresar al lecho e intentar una nueva lección. En esa ocasión, Lawrence había usado los dedos para estimularla en todos sus recovecos, y una vez más Hermione tuvo que luchar contra las habilidades del hombre para no desfallecer de placer.
Y no, no se trataba de una relación donde los sentimientos tuvieran nada que ver. Hermione podía ver en Lawrence que buscaba entrenarla quizá por algún motivo personal. Y ella, bueno, ella efectivamente quería ser mejor. Quería ser cada vez mejor. Y el placer que recibía en el camino de serlo tampoco estaba mal ¿Qué podía decir? Lawrence era un hombre hermoso en muchos sentidos y además era muy hábil. Fuera cual fuera el motivo por el que la había elegido, no le importaba demasiado.
-Yo te reclamé,- le había dicho esa noche cuando le había preguntado, ambos recostados luego de una larga sesión de entrenamiento- soy macho alfa, tengo privilegios. Y si te reclamé es porque quise asegurarme que nadie salvo yo pudiera tocarte mientras estuvieras aquí en la Colmena.
-¿Se supone que soy de tu propiedad?
-No… tú eres de tu amo y él tiene todo poder sobre ti. Pero la Colmena es una pequeña sociedad y debe tener reglas para que funcione como tal. Al reclamarte para mí mientras ambos estemos aquí, los mantiene alejados de ti.
-¿Y si te vas?
-Entonces alguien más te buscará. O quizá nadie te reclame y algunos podrían incluso buscar oportunidades para convencerte sin llegar nunca al compromiso que conlleva el reclamo.
-¿Compromiso?-inquirió ella arqueando una ceja y mirando involuntariamente el lugar donde su anillo de bodas había estado unas semanas atrás. Era extraño pensar en él en ese momento ya que normalmente casi nunca lo hacía.
-No ese tipo de compromiso. Al reclamarte te ofrezco mi protección y los demás entienden que si se meten contigo se meten conmigo. Y sí, a cambio me dejas…"darte lecciones". Es un contrato implícito.
Hermione había suspirado intentando ver más allá del velo que los cubría. La noche había caído y solo los iluminaban las luces de las antorchas de patio que colgaban de cada uno de los pilares de los caedizos. Se deslizó entre los brazos de Lawrence y se quedó profundamente dormida.
Durante los días siguientes, las cosas continuaron de la misma manera. Draco no la mandó llamar y comenzó a preguntarse si en efecto había hecho algo malo que impidiera que el amo quisiera verla. Luego pensaba en Harry y se lo imaginaba atado a la pata de la cama o quizá siendo acariciado mientras yacía en su regazo, y sentía un pinchazo en el estómago. Seguía sin poder poner el dedo sobre lo que le molestaba más al pensar en ambos juntos y terminaba por hacer otra cosa para distraerse, la mayoría de las veces lo que hacía era tomar más lecciones con Lawrence, y para el día cinco había formado una rutina perfecta a su lado.
-Más manzanas,-le decía ella mientras caminaban fuera del lecho que compartían,- y miel.
-La miel es interesante,-le contestaba él levantando una ceja y Hermione le daba un codazo.
-Para las manzanas.
-No tienes que ser tan controladora,- le dijo intentando fastidiarla,- traeré la miel y veremos qué pasa.
Se despidieron sacudiendo la mano en el punto donde cada quién iba por su cuenta. No había ningún tipo de interacción romántica fuera del lecho. Y de hecho, ahí solo había besos cuando las sesiones iban a comenzar. Fuera de eso, todo eran instrucciones y consejos. Y cuando estaban fuera, eran amigables, cordiales y quizá un poco coquetos, pero no pasaba de eso. Jamás se tomaban de las manos o se despedían de beso. Era raro. O por lo menos a Hermione le parecía raro en un principio ¿Pero qué no era raro para ella? Antes de la mansión Malfoy, su única experiencia había sido los besos de Viktor y Ron en su cama.
Estaba por llegar a una de las duchas, cuando escuchó un alboroto venir de la parte central del patio. Parecía haber una conmoción en la fuente y la gente se amontonaba para ver el espectáculo. Por un momento pensó que quizá algunas exhibicionistas se habían apoderado de la fuente y quiso ignorarlos, pero pronto los gritos fueron creciendo y el alboroto se hizo mayor. Sin Lawrence cerca para explicarle lo que estaba pasando, decidió que lo mejor que podía hacer era ir a ver.
Y entonces lo vio ahí. Yasmin y otra chica entraron con látigos en mano, conduciendo a fuerza de sus golpes a un hombre de exquisito físico y cabello negro que entraba dando tumbos. Sus manos estaban atadas al frente y su correa era tirada por un chico que Hermione identificó de inmediato como Landon, el joven de dieciocho años que casi siempre era partícipe en los entrenamientos.
Hermione se acercó un poco más y sintió un gran vacío en el estómago.
Era Harry.
Harry con las manos atadas y el cuerpo lleno de marcas en cada extremidad. Llevaba una correa de cuero negro alrededor de la cintura que a su vez se unía a más correas que se le rodeaban las piernas y una más que le dividía los glúteos. Cada correa parecía estar asegurada con una tosca hebilla de plata y entonces Hermione notó que la cadena con la que lo dirigían no era la misma correa dorada que habitualmente usaban en ellos sino una simple cadena de hierro.
Involuntariamente, Hermione dio un paso al frente apartando de su camino a las demás mujeres de la colmena que veían la escena con morbo.
-¡Harry!- había intentado que su voz fuera un grito pero apenas sonó como un susurro.
Landon aseguró la cadena de Harry en una de las argollas alrededor de la fuente. Hermione no podía creer que cinco días atrás las hubiera visto como un lindo adorno y ahora, al comprobar su uso práctico, sintió una extraña sensación en la boca del estómago. Intentó dar un paso más pero una mano se cerró en su muñeca. Miró sobre su hombro y Lawrence le negaba con la cabeza.
En el centro del patio, Yasmin y la otra chica rubia le susurraban algo a Harry que ella no podía escuchar.
-¿Qué está pasando?- le preguntó a Lawrence a pesar de lo que en realidad quería hacer era correr a él.
-Es un castigo,-le dijo con una tensión en su voz que nunca había escuchado,- un castigo malo.
-No digas tonterías,- espetó ella mirándolo de reojo pero regresando su atención a Harry quien se había quedado quieto y de rodillas frente a la fuente mientras que las chicas y Landon jugueteaban con él usando los látigos y toqueteándolo,- ¿Cuándo has escuchado hablar de castigos buenos?
-Aquí la mayoría de los castigos no tienen una connotación "mala". Y sabes perfectamente a lo que me refiero. Este hombre debió hacer algo verdaderamente malo, creo que lo acaban de sacar de "la caja".
Hermione había escuchado hablar de la caja antes. Más bien, Lawrence la había mencionado antes pero no había querido preguntar mucho por ella ya que estaba tan concentrada en llegar a los establos o a la habitación de su amo, que había ignorado su existencia deliberadamente. Pero su mente había hecho una asociación rápida con el lugar. De la manera en que ella lo veía, la habitación del amo era lo mejor, los establos eran muy buenos, la colmena era buena, la perrera era mala pero la caja… le daba escalofríos en solo pensar el adjetivo que debía darle.
No podía creer que Harry hubiera terminado ahí ¿Por qué?
Pensó en los celos que había sentido al pensar en él al lado de Draco y sintió remordimiento. Harry parecía un poco disperso y ausente ante las muestras de humillación que sufría a mano de los otros tres esclavos.
Cuando hubieron terminado, miraron a la audiencia y señalaron a Harry.
-Ahora es todo suyo,- dijo Landon.
Y luego se marcharon.
Las voces que se elevaron en el patio le explicaron inmediatamente el por qué le llamaban "la colmena". Parecía como el aleteo de miles de abejas y todos se movían sin ritmo alguno. Hermione sabía que algo grande estaba por pasar. Podía leerlo en los ojos de las mujeres y los pocos jóvenes que vivían ahí. Lawrence parecía apenado y al mismo tiempo perdido en sus pensamientos. Hermione tenía que hacer algo.
Dio un paso más al frente e ignoró la mano de Lawrence que intentó detenerla, empujó a todos los que se metían en su camino pero ya podía sentir que los ánimos estaban volubles. Quizá no se habían acercado porque al verlo ahí, tan castigado, era como un tabú tocarlo. Hermione aprovechó esa confusión y avanzó rápidamente. Llegó hasta Harry antes que nadie más y lo tomó por los hombros.
-Harry…- susurró buscando su mirada que parecía todavía perdida en otro lugar. Lawrence no había tardado en alcanzarla.,- Harry…- volvió a decir, pero él apenas respondía.
Su cuerpo estaba lleno de laceraciones excepto por el rostro, esa parecía ser la única parte de su anatomía que no había sido azotada. Lawrence parecía nervioso mientras miraba alrededor. El zumbido de las abejas iba en aumento.
-Lo que sea que vas a hacer, hazlo ya,-le dijo
-¿Qué es lo que le va pasar?- le preguntó a Lawrence sin dejar ir los hombros de Harry.
-¿No es obvio?- le dijo señalando a las mujeres que contemplaban la escena pero no se acercaban quizá por miedo a él.- el amo lo mandó para uso de la colmena.
-Harry no está en condición de… "ser usado" por la colmena.
Era imposible esconder la mortificación que sentía. El golpe en el pecho y algo en su estómago que la obligaba a tomar medidas desesperadas.
-¡Reclámalo!-le dijo a Lawrence sabiendo que solo él mantendría al resto de la colmena a raya.
Él negó con pesadez.
-No puedo. Ya te he reclamado a ti y además… sabes que yo no reclamo chicos u hombres… reclámalo tú.
No había parecido muy seguro al decirlo pero quizá podía ver el terror en la mirada de Hermione. La colmena quizá no haría más que ridiculizarlo más y en su estado, quizá ni se enteraría. Pero Hermione podía percibir cuando algo en su mejor amigo estaba a punto de romperse y no podía dejar que sucediera mientras ella pudiera hacer algo al respecto.
Se acercó a él y lo abrazó contra su pecho. Ambos de rodillas, frente a frente. Él era más fuerte que ella, de proporciones más grandes. Él siempre había sido el valiente, el que hacía las cosas a pesar de sí. Quien había preferido hacer algo que jamás habría hecho en sano juicio antes de tomarla para placer del amo. Se encontró a sí misma recordando una vieja frase, una que separaba su carácter desde hacía muchos años atrás. Hermione solo era buena con los libros, solo era lista.
Lo abrazó con fuerza y susurró en su oído.
-Hay cosas más importantes… como la amistad y el valor…
Y lo besó. Lo reclamó. Harry pareció reaccionar casi mecánicamente y devolvió al abrazo y el beso casi con la misma hambre con la que Draco la había besado en el pasado. Hermione se sintió estremecer al sentirlo erecto contra su cadera.
Era bastante extraño. Mucho más extraño que besar a Draco. Ese hombre que ahora demandaba sus labios, era el mismo chico de las gafas rotas y la ropa floja que a veces ponía los ojos en blanco cuando ella hablaba de los deberes de la escuela ¿Cómo era posible sentirse tan atraído a él con la misma fuerza que la tierra seguía tirando de la luna?
Se apartó un poco de él y lo miró a los ojos. Estaba confundido, quizá un poco desorientado, pero definitivamente sabía quién era ella.
-Está bien…- le dijo mirando su pecho lleno de marcas. Se inclinó a lamer una de ellas y lo escuchó quejarse,- está bien…-volvió a decirle procediendo a lamer otra y luego otra.
Capturó uno de sus pezones y escuchó claramente cómo algunas personas se alejaban del patio perdiendo el interés.
-Hermione…- le dijo atrayendo su rostro al suyo, buscando sus labios como intentando saciar un hambre que llevaba eternidades formándose.
"¿Y tú desde cuándo has querido tirarte a la sangre sucia?" había preguntado Draco. Hermione parecía escuchar la voz del amo, su risa. Sentía sus ojos en la espalda como aprobando o desaprobando lo que estaba pasando. Ninguna de las dos opciones le importaba mucho.
Sintió la mano de Harry cerrándose en su pecho y olvidó las lecciones de Lawrence. Se escuchó a sí misma gemir a pesar de todo. Sintió las ansias, el calor. No era el lugar apropiado, no era lo mejor que podían hacer, pero era lo que tenían que hacer.
Puso las palmas sobre su pecho y lo hizo sentarse sobre sus propias pantorrillas.
-Está bien…-le susurró mientras se montaba en su regazo.
Harry la abrazó con fuerza de la cintura y la ayudó a acomodarse entrando en ella casi de golpe. Hermione ahogó su grito en parte gracias al entrenamiento de Lawrence y en parte porque quería mantener la interacción con Harry solo para ellos. Lentamente elevó sus caderas y volvió a caer en él sintiéndolo abrirse paso dentro de ella, golpeando sus adentros y haciéndola humedecerse. Estaba un poco sorprendida, sí, pero eso no impidió que repitiera el movimiento haciendo que él emitiera un quejido que era definitivamente de placer más que de dolor. Y entonces volvió a bésalo y lo encontró deseoso de ella, ayudándola en ese movimiento que lo castigaba y al mismo tiempo lo compensaba.
Cuando Hermione se sorprendió apretando los ojos, dejándose llevar por las sensaciones, quiso verlo nuevamente para asegurarse de que todo estaba bien. Él sudaba y parecía resistirse al dolor que el acto le ocasionaba. Hermione lo volvió a besar intentando que eso fuera ungüento suficiente para sobrellevar lo que seguía. Podía sentir sus pechos rozar el sudor de Harry, podía sentirlo crecer dentro de ella. Y dejó que su lengua la explorara, dejó que sus manos pellizcaran y acariciaran.
Lo miró a los ojos y solo con eso volvió a decirle "está bien". Harry pareció comprender el mensaje y asintió a pesar de su expresión confundida y adolorida, a pesar de la gota de sudor que le corría de la frente a las mejillas. Y entonces ella se convulsionó en su regazo y lo sintió terminar dentro casi al instante. Llenándola de calor, inundándola de sensaciones a las que no podía ponerles nombre.
No tengo remedio… aquí estoy escribiendo un capítulo de más de 9 mil palabras cuando me prometí a mí misma que haría capítulos de 5 mil y ya. Pff! Supongo que es hora de culpar a Gaby (no por las CASI 10 mil palabras, aclaro… ese es un vicio mío que me cuesta superar), pero la culpo por mantener a mis musos y obligarme a crear nuevos. Como Lawrence… hmmm, Lawrence… XD. En fin, gracias por leerme, gracias por los reviews (los buenos y los malos). Déjenme un comentario, no sean tímidos, al fin que sé que me leen… por lo menos 500 personas han llegado al capítulo pasado. Si no se han asustado (como Merlín se asustó, según Gaby), háganse presentes.
Nos vemos pronto (Espero), si no se e ocurre hacer capítulos más largos más pronto todavía.
TLAL
