Se quedó sobre sus pies.
No podía imaginar su vida sin John. Tal vez habían comentado la posibilidad de dejar sus aventuras al momento de comprometerse con alguien más, pero no de esa manera.
Su corazón estaba dolido, pensaba en su padre y lo mucho que le hacía falta en ese momento. Su padre también pensaba en ella – Busquen por allá –Indicaba aluzando el camino con una tea encendida
-Hemos recorrido todos los lugares – Se alertaron en cuanto vieron sus caballos regresar solos y detenerse en el centro de territorio Andry
Hombres a caballo y hombres a pie, niños, mujeres, druidas… todos les buscaban por todos lados – Aquí está la capa de Candice
Cuando llegaron a su lugar de entrenamiento, Candice colgó su capa en la rama de un árbol, John dejó la de él junto con una túnica bajo una piedra para que el aire no la arrastrara. Debido a la curiosidad de algunos animales las ropas se encontraban rasgadas.
El corazón de Rosse Marie se destrozó al mirar la prenda de su hija, temía que las noticias no fueran agradables.
La espada de John estaba lejos al igual que la lanceta de Candice. –Padre, las ropas muestran que fueron rasgadas por animales
-No hay indicios de pelea, las armas no están teñidas de sangre.
-Aquí está la corona de Candice – Entre los matorrales de flores silvestres se encontraba la corona que John le había hecho a Candice ese día. Todos en la aldea se habían acostumbrado a mirarla con corona flores adornando sus sienes. La vegetación daba indicios que algo había pasado, algunos tallos estaban desquebrajados y pisoteados.
William miraba alrededor y su corazón se dolía por no tener noticias de su hija, Calright unía sus esfuerzos a los de William pero no fructificaban en encontrarles – William – Dijo con su voz gruesa – No los atacó ningún animal y dudo que el río se los haya llevado
-¿Piensas lo mismo que yo?
-Si… y la única colindancia es con Grandchester.
-Tú nos dirás lo que debemos hacer…
-Esperaremos un poco más, tal vez anden perdidos
Tú y yo sabemos que eso es mentira, ellos conocen esta parte mejor que tú y yo
Sé que tu hijo no se llevaría a mi hija sin honra
-Son como hermanos, se consideran hermanos
-Enviaré a Albert, le indicaré que investigue
-¿Qué decidirás en caso que Candice y John estén del otro lado del río?
-Guerra…
Carlright esbozó una sonrisa y sus ojos brillaron.
Disfrutaban la paz, pero el clan Andry amaba la guerra y hacía muchos años que no se enfrentaban a ningún pueblo para satisfacer ese deseo.
Terrence no pudo dormir, Archiwalt se presentó a la cámara de su hermano para saber la forma en la que enfrentarían tal problema; Markus se unió a la pequeña reunión de sus hermanos. –Es mejor decirle a nuestro padre lo más pronto
-Yo lo haré, creo que es mi deber y responsabilidad
Archiwalt se quedó con la intensión de hacer más preguntas y comentarios ya que su padre ingresó alegremente a la habitación de Terrence -¿Qué es lo que planean, hijos míos? No es común verlos juntos
-Padre, tengo algo importante que decirle – Terrence enfrentaría con valor el problema y si era necesario entregar su vida por su clan lo haría sin dudar
-¿Qué te pasó en el rostro? Ayer no tenías esa cortada
-No tiene importancia pero lo que deseo comunicarle sí.
Eleonor ingresó y al igual que Richard notó la piel abierta de su hijo y expresó su preocupación, Markus intervino diciendo una mentira para que Terrence pudiera externar lo que sí era importante – Festejamos y Neil bebió de más y peleó contra Terrence. La peor parte la llevó Neil
-Padre… tenemos un problema
-¿Qué tan grave es?
Abrió su boca para responder cuando fueron interrumpidos –Lamento la interrupción, Albert Andry está aquí – Richard observó la mirada que sus hijos intercambiaron entre sí. Temió en ese momento que a lo que se refería Terrence respondería el por qué Albert había regresado.
Salió a prisa de la cámara de su hijo con estos atrás de él. Eleonor se quedó pensativa de lo que podría estar pasando.
-Albert, ¿Qué ha pasado?
-Siento mucho presentarme sin previo aviso.
-No te preocupes, ¿Tu padre se encuentra bien?
-Sí, él me ha enviado a informarle que nuestro Clan se encuentra triste y desconcertado
-¿Pasó algo, grave?
-Mi hermana Candice ha desaparecido
-¿Cómo pasó? –Preguntó Richard con profundo desconcierto, los ojos de sus hijos expresaron lo que él podría definir como Nosotros sabemos lo que pasó
-Desconocemos cómo pasaron las cosas y venimos a pedirles su ayuda.
-Dile a tu padre que nos unimos en su preocupación y que será un honor ayudarles en todo.
-Se lo agradezco en nombre de mi padre
-¿En qué consiste la petición de William?
Albert, al igual que Richard podía mirar el nerviosismo en los jóvenes Grandchester así que fue más astuto –Nos visitó un capitán romano, según él venía en paz… lo que a mi padre no le agradó fue que intentó cortejar a mi hermana, mi padre cree que él tiene algo que ver en esto – Mitad verdad, mitad mentira. William había recibido y ayudado a un soldado romano que había desertado de su ejército, pero éste no conoció a Candice.
Archiwalt de pronto creyó que podría tratarse de una trampa, confiarse y ser atacados desde adentro - ¿Cómo llegaron a esa conclusión?
-Ayer en cuanto llegamos a la aldea, nuestra gente le buscaban con preocupación, nos unimos y hasta el amanecer nos dimos cuenta que no se encontraba por ningún lado.
-Quizás en lo que has demorado en llagar hasta aquí ya le hayan encontrado
-Cualquier probabilidad que indique que está en nuestro territorio ha sido descartada, ella no se aleja más allá del lugar en donde le gusta recoger flores y alimentar a los cabríos.
-¿Algún enamorado?
-No – Albert comenzaba a entrar en el juego de preguntas y respuestas de Archiwalt pero con más cautela, quería descubrir lo que ellos sabían- Mi hermana está casada con John Carlright y le encontramos herido.
-¿Dijo que se la llevaron?
-No ha podido hablar, está muy grave, dudamos que sobreviva
Archiwalt miró a Markus.
Cuando sacó en hombros a John, dos hombres le ayudaron a llevarle lejos, en realidad él no se hizo cargo de desaparecerle.
-¿Qué hará tu padre, Albert?
Este sonrió – Declarará la guerra a quien tenga a mi hermana.
Richard se angustió porque al igual que Albert sospechaba de sus hijos. Asumió el control de todo y le aseguró al enviado de William que le brindaría su apoyo así como él lo había hecho en pasadas ocasiones.
Albert Andry hizo su camino hacia su aldea.
Archiwalt, Terrence y Markus se dirigieron apresuradamente hacia la cámara donde le habían puesto.
-No está –Gritó enfurecido Archiwalt,
-¿Cómo diablos se escapó?
-Maldito sea, Neil… y tú ¿Por qué no acabaste con la amenaza del esposo de Candice Andry?
Terrence se mantuvo en silencio. Esperaría, tal vez Candice llegaría a su aldea y tendrían nuevamente la visita de los Andry bajo otras circunstancias.
Por aparte de esa posibilidad pensaba en ella. Quizá tomó valor para dirigirse a su aldea. El tiempo de recorrido no coincidía si ella iba a pie… Dejó solos a sus hermanos y al llegar a las caballerizas había alboroto, faltaba un caballo. –Se fue… Candice se fue.
Los Andry experimentaron la paciencia por varios días, confiaban en que Candice volvería o que los Grandchester la devolvieran sin necesidad de ir por ella, aunque algunos integrantes Andry deseaban con todas sus fuerzas batirse contra el clan de Richard. Por su parte Grandchester disfrutaron de una aparente paz.
Ningún guerrero mencionó nada.
Neil no mencionó nada.
Las cosas regresaron a lo cotidiano.
-Me has evadido, creí que celebrarías conmigo tu triunfo
-Perdóname, Susana, he estado un poco distraído
-Lo sé – Se acercó a él – Vamos a tu cámara, tenemos algo que festejar.
Terrence tenía la tarde sin compromisos y sin entrenamiento.
Entre besos y caricias ingresó con Susana a su cámara. Ella olía a lavanda y se había adornado con unas pequeñas flores la cabeza.
Terrence pidió que metieran una tina de agua caliente… se lavó ante los ojos de Susana que brillaban de deseo.
Se recostó en su lecho y ella besó cada parte de su cuerpo desnudo.
Él cerró los ojos para disfrutar lo que ella le ofrecía. Susana vertió un aceite y masajeó sus fuertes músculos.
Se introdujo la virilidad en su boca provocando que él jadeara de placer, pasaba su lengua por toda su longitud. Sus manos le acariciaban sus testículos que se contraían al contacto con la piel de ella, la temperatura de ambos comenzaba a aumentar.
Susana se despojó de sus ropas e intentó introducir a Terrence en su interior – Aún no-Dijo seductoramente – Déjame tocarte, quiero ser quien te desnude.
Los grandes senos de Susana ocuparon la boca de Terrence, mientras le acariciaba su cuerpo desnudo.
Con cuidado la recostó sobre su lecho y besó su vientre, su ombligo, nuevamente sus senos, su cuello, se detuvo en un largo y apasionado beso en la boca.
Le abrió las piernas y comenzó a besarle, su lengua hurgaba la feminidad de ella causándole placer, separaba sus pliegues con sus labios y lengua. Ella sentía estallar en cualquier momento…
Pero no era la única que ardía de deseo.
Aquella noche cuando Terrence despidió a Candice, ella se ocultó en lo alto del roble sagrado de los Grandchester y le rogó la oportunidad de regresar a su casa sin la necesidad de una guerra. El sueño, la tristeza y el cansancio le vencieron hasta el amanecer.
Cuando intentó bajar del árbol los pájaros que habitaban el Roble emprendieron el vuelo y ella creyó que no era el mejor momento, debido al revolotear de las aves encontrarían su escondite.
Observó cuando el equino se salió de las caballerizas y notó el desconcierto que eso provocó.
Cuando la mayoría de la gente se distribuyó en sus labores, ella bajó con mucha cautela e ingresó a la casa de Richard, robó un poco de comida y al sentir que alguien se dirigía al interior corrió para esconderse, la mayoría de las habitaciones se encontraban cerradas, salvo una, así que sin dudarlo ingresó y se escondió detrás de los escudos, hierros y demás cosas para la guerra que se apilaban entre la pared y una pequeña rendija en la que cabía bien.
Por las mañanas tomaba comida, que por cierto no sabía nada bien, y nuevamente se escondía.
Cuando no sentía peligro salía para hacer sus necesidades y se bañaba en la tina de agua templada que ingresaban a la habitación de Terrence.
En algunas noches tuvo la tentación de asesinarlo mientras dormía, pero recordaba sus plegarias al Sabio Roble, y era de todos sabido que todo trato realizado bajo el Roble debía respetarse; todo secreto dicho en el Roble no tenía por qué revelarse… ella le rogó que la ayudara a regresar a casa sin la probabilidad de desatar una guerra, así que eso la mantenía sin hacer nada en contra de Terrence,. Sus deseos por acabar con él luchaban contra el placer que sentía al mirarlo dormir, mirarlo desnudo, contemplar su soledad, verlo indefenso, era hermoso, tenía una estatura que a ella le impresionaba, le gustaba contemplarlo dormir desnudo, y despertar con sus largos cabellos aleonados y estirar ese cuerpo de dios con el que había sido dotado.
Ella no sabía muchas cosas de las relaciones carnales, ni del placer que estas podrían despertar. Pero al igual que Susana sentía en su interior el deseo húmedo que reclamaba la embestida de Terrence.
Sus ojos verdes se mantenían fijos mirando en el pequeño espacio entre dos escudos, esos escudos que la habían protegido de ser descubierta.
Cuando aseaban la cámara de Terrence ella agradecía que no movieran los escudos, más tarde se enteró que a Terrence no le gustaba que nadie tocara sus armas y herramientas de combate.
Susana arqueaba la columna mientras Terrence pasaba su lengua por el interior y Candice se acariciaba los senos duros y con los pezones erguidos debido al éxtasis que sentía al mirarlos, deseaba esos besos.
Quiso besarle de la forma en la que Susana introdujo el duro falo en su boca y se movía de atrás para delante.
Su entrepierna se humedeció al ver a Terrence colocarla con las manos en un taburete y arremetió contra ella, Candice tuvo una pequeña confusión al imaginarse que Terrence penetró a Susana por el orificio más pequeño.
Descansaba sus grandes manos sobre la cintura, más robusta que la de Candice, mientras embestía cada vez más rápido.
Se recostó nuevamente sobre su lecho y Susana le montó tomando su falo e introduciéndolo en su cavidad vaginal, Terrence le succionaba los senos febrilmente y acariciaba las nalgas de Susana. –Suéltate el cabello
-No, no me gusta
-Por favor, compláceme –Estiró su mano para soltar su larga cabellera, Candice se puso con cuidado sobre sus rodillas y soltó su cabello; apretaba su entrepierna sintiendo placer, pero no como el que Susana experimentaba con Terrence.
El movimiento candente y rápido de Susana resultó en que ambos amantes culminaran su danza del amor.
Candice respiraba con dificultad por el grito ahogado de su placer.
Susana se recostó sobre el pecho de Terrence y él acariciaba su larga cabellera.
Candice intentaba calmar su alocado corazón y como cada noche intentaba dormir poco y casi sin moverse.
Con el reflejo de la luna que se colaba a la habitación, podía envidiar a Susana recostada a un lado de Terrence y éste sujetándole con un brazo.
El cansancio y la satisfacción reclamaban del cuerpo de Terrence atención – Terrence
-Humm
-¿Estás dormido?
-No, todavía no
-¿Sentiste placer?
-Sí… .-Respondía soñoliento.
-¿Anunciarás lo nuestro?
-No, no es tiempo aún
-Pero ya me hiciste tu mujer
-Sí, pero no eras doncella, y aunque lo hayas sido eso no es motivo para desposarte
-Terrence – El tono de ella sonaba diferente, sus palabras no eran melosas como al principio sino ásperas y con la intensión de provocar una discusión
-Ajá
-¿Quién es Candice?
Terrence abrió los ojos y se puso sobre sus pies, Candice empujó el sueño y se puso atenta -¿Qué sabes tú de ella? ¿Qué es lo que has escuchado? – La familia Grandchester y unos pocos hombres de confianza eran los únicos que sabían lo que Albert había tratado con Richard, y a todo el clan le convenía mantener la discreción con el Patriarca.
-Me llamaste Candice
-¿Yo? ¿Cuándo?
-Cuando me pediste que me soltara el cabello
-Es mentira, dime en dónde escuchaste ese nombre
-Me dijiste, Candice, suéltate el cabello… ¿Amas a Candice y estuviste conmigo pensando en ella?
El corazón de Candice palpitaba rápido, pero era un palpitar diferente, no era por miedo, no era por el ejercicio, no era por la sensación de estar en el lugar de Susana, se profesaba emocionado –Es mejor que te marches
-Es muy tarde, mi padre se enfadará conmigo
-Quédate con Karen ella no se opondrá.
-No me gusta quedarme con ella.
-Vete a donde quieras pero esta noche déjame solo.
Susana se puso sobre sus pies y salió enfadada con Terrence. Cuando cerró la puerta se sentó y cubrió con sus manos su rostro. Su alma seguía pegada al alma de Candice. No podía arrancarla y se dio cuenta que Susana no era lo suficiente para hacerlo olvidar a aquella pequeña guerrera que cautivó su ser de manera diferente a lo que cualquier mujer había intentado conquistarlo.
Candice sintió miedo, Terrence en su éxtasis había pensado en ella, la deseaba a ella. ¿Qué es lo que debía hacer? ¿Decirle que estaba ahí con él? ¿Seguir oculta? De ser así ¿Hasta cuándo?
Gracias por sus comentarios, aunque aquí no se vean los puedo leer en mi mail
