Watamote pertenece exclusivamente a Nico Tonigawa al igual que todos los personajes de la serie. Lo único mío es la historia, gracias por leer.


Ya eran las nueve y media de la noche, según el reloj del móvil de Tomoki. Los dos hermanos miraron al cielo, resguardados por el pequeño techado que había fuera del restaurante.

—Deberíamos habernos traído algún paraguas.— Comentó el moreno guardando su móvil de nuevo y poniendo su brazo en el hombro de su hermana. —¿Qué hacemos enana? ¿Esperamos a que pare o vamos corriendo a la parada?— Preguntó Tomoki abrochándose un poco más la chaqueta.

—Eh... N-no sé, es tarde, deberíamos ir a casa y estoy algo cansada.— Respondió una sonrojada Tomoko al notar el brazo de su hermano rodeando su hombro. —Quizás si nos damos prisa llegamos a la parada...— Dijo mirándole.

—¡Dios santo! ¡Es verdad, el autobús!— Exclamó asustado le menor. —No vamos a llegar son las diez menos cuarto y el último es a las diez.— Tomó la mano de su hermana, y se encaminó casi arrastrándola de camino hacia la parada.

—¡Tomoki, me vas a tirar, estúpido!— Exclamó la mayor soltándose de la mano de su hermano y corriendo a su lado bajo la nieve.

Cuando llegaron y no había nadie, era ya bastante de noche y la ventisca era cada vez más fuerte. Tomoki se acercó un poco más a la parada para poder ver el reloj donde estaba el tiempo que tardaba cada autobús, y resopló.

—Ya ha pasado el último onee, tendremos que ir en taxi a casa.— Comentó algo triste volviendo con su hermana, la cual estaba sentada en el banco que anteriormente ocuparon. —Llamaré al taxi. —Comentó sacando su móvil y marcando el número de la central. —Al terminar de hablar, guardó su móvil y giró la cabeza hacia el lado opuesto de su hermana, apoyó su codo en su rodilla y descansó su cabeza en las manos, suspiró y después volvió a mirar a su hermana. Se fijó en cada detalle de su rostro, sus ojos; sus pequeña nariz respingona, sus labios... —"Tienen color rosa..."— Pensó notando como la sangre se concentraba en sus mejillas, haciendo que se sonrojaran levemente, tragó saliva y miró hacia el suelo. —"¿Por qué me pasa ésto? Sólo... sólo es mi hermana, no debería estar sintiendo nada de éste nerviosismo. ¿Qué me pasa en las manos? ¿Por qué me sudan y por qué mierda tiemblan?"— Su cabeza era un mar de preguntas y puesto que a ninguna le encontraba respuesta, seguía preguntándose más y más... Hasta que una suave mano tomó la suya. Se extrañó y giró la cabeza de nuevo a su hermana.

—¿Estás bien?— Preguntó Tomoko, su gorro rosado estaba cubierto de una pequeña y fina manta de nieve a causa del temporal. Tomoki extendió su mano y removió toda la nieve para que le gorro pudiera verse mejor, bajó por su cabello hasta llegar a su mejilla y la acarició.

—Nada... Todo está bien.— Respondió aún acariciando la mejilla de su hermana, ésta sorprendida le miraba confusa. —"¿Por qué se comporta así? No es que me disguste... Pero, no quiero que me guste. ¿Me gusta a caso? Ah, mierda.—" La mayor de los Kuroki se dejó acariciar, soltando la otra mano de su hermano, miró hacia abajo y esperaron a que llegara el taxi.

—Ya está aquí.— Tomoko se había quedado dormida en el hombro del pequeño, él estaba acariciando dulcemente el cabello que sobresalía del gorro, pero tuvo que darle dos pequeños toques en la mejilla para que se despertara. —Tomoko...— Acercó su cara a la de ella, quedando relativamente cerca, sonrojándose así el menor justo cuando la mayor despertaba.

—¿Q-qué haces?— Preguntó sorprendida.

—Eh- qu-quería despertarte.— Respondió nervioso Tomoki, levantándose rápidamente y señalando el taxi, que ya estaba en la carretera de enfrente.

—Oh, está bien.— Tomoko, perezosa, arrastró sus piernas hacia los asientos traseros del taxi, pues su hermano previamente abrió la puerta; después se metió él y cerró la puerta.

Tomoki le indicó la dirección al chófer, y él simplemente asintió. —"Qué estúpido."— Pensó Tomoki volviendo a apoyarse en el respaldo del asiento, mirando a su hermana, que miraba la nieve por la ventana. —"¿Por qué no quiero que lleguemos a casa?"— Miró su mano, tan cerca de la suya pero... Simplemente la apartó y miró hacia delante.

Por otra parte, Tomoko miraba por la ventana preguntándose lo mismo que su hermano menor ¿Por qué éste día había sido tan corto? No quería que acabara así... Necesitaba pasar más tiempo con él; giró la cabeza y le miró, triste.

—Tomoki...— Le susurró, con la mirada en las manos del chico.

—¿Qué pasa?— Respondió sin mirarla. No quería, no podía pensar en ella de otra manera que no fuera... su hermana. Apretó un poco las manos y la miró. —¿Qué quieres?— Al ver su cara triste, algo en el corazón del menor tuvo compasión por ella y dejó su enfado consigo mismo para otro momento. Acercó su cuerpo al suyo y la abrazó.

—Me lo he pasado bien hermano.— Le abrazó de vuelta, enterrando su rostro en la chaqueta de éste.

—"Pobrecita... Después de hoy volverá a estar sola de nuevo, no me imagino estar en su lugar. Yo no podría estar sin Akise, y ella sin embargo no tiene a nadie."— Mientras acariciaba su cabeza, Tomoki pensaba en lo bien que le sentaba a Tomoko estar con gente. Ya no tenía ojeras, reía, estaba... diferente. Se separó de ella y la miró. —¿Por qué no tienes ojeras ya?— Preguntó volviendo a su sitio.

—Eh p-pues, éstos días que dormí con Ki hicieron que no me acostara tarde, o que no pasara tanto en el ordenador, salí con ella y demás... A parte, dormí mucho mejor.— Sonrió al final de la frase.

—No puedes dormir sola ¿No?— Se apoyó en la ventana opuesta a la de su hermana, mirando la nieve caer.

—No, supongo que no. Bueno s-sí, pero... mal. Aunque debo de acostumbrarme, creo que pasaré el resto de mi vida sola.— Rió intentando parecer graciosa, pero, en realidad sentía eso. Su vida no tenía sentido ¿A caso ella era importante para alguien? ¿Qué hacía? ¿Estar todo el día en el ordenador? Quizás, si fuera una chica popular se pensarían que estaría hablando con gente, pero ¿Qué son los amigos? ¿Y la amistad? Tomoko miró hacia la ventana de su lado, intentando no llorar, apretó sus puños fuertemente y a los segundos notó la mano de su hermano tocando la suya, acariciándola levemente. Ella le miró sonrojada y cuando fue a abrir la boca para preguntar, él se adelantó.

—Puedes dormir conmigo ésta noche, así ninguno estaremos solos... Pero no digas nada, sólo cállate.— Tomoki continuaba mirando en todo momento por la ventana, como si algún local fuera a desaparecer, no quería mirarla a ella, no quería que notara su felicidad de que él tampoco iba a dormir sólo y tampoco quería que viera el estúpido sonrojo que había aparecido en su rostro desde hacía rato.

Llegaron a su destino, Tomoki pagó al chófer y éste se despidió con la mano, diciendo un leve gracias.

—Estúpido.— Dijeron al unísono los hermanos a lo cual se rieron.

Entraron en la casa, su madre estaba en el sofá tumbada, con las piernas apoyadas en las piernas del padre de los hermanos, él estaba sentado. Miraron los dos hacia sus hijos y saludaron con una sonrisa.

—¿Qué tal el día?— Preguntó la cabeza de familia sonriendo.

—Ahm, muy bien. Fuimos a los recreativos y a cenar, pero tardamos porque debimos pagar el taxi puesto que el último bus lo perdimos...— Contestó Tomoko acercándose al sofá para ver qué veían en la televisión, pero los brazos de su madre la rodearon y la giraron hacia su padre.

—¿Has visto cariño? ¿Has visto lo guapa que está Tomoko?— Comentó a Chichioya.

—La verdad es que sí, ya no tienes ojeras y te has quitado ese mechón de pelo tan fastidioso.— Rió su padre. —Estás muy bonita.— Comentó el hombre levantándose del sofá, agarrando una lata de cerveza y dirigiéndose a su hija. —A ver si pronto encuentras un novio.— Le dijo con un tono de burla, encaminándose a la cocina para tirar la lata.

—"Un novio..."— Pensó Tomoki mirando a su hermana, veía que estaba sonriendo sonrojada. —"Ella no puede tener novio... Se-seguro le harán daño y... yo no puedo permitir eso."— Pensó mirando hacia el suelo.

—¡Sí! Un día nos traerás un novio, y será guapo, alto y atleta. ¡Cómo tu hermano! Porque mira que mi hijo es guapo, y no es por presumir.— Dijo su madre, ésta vez acercándose a Tomoki agarrando sus mofletes.

—Ma-mamá.- Habló con dificultad el menor a causa de los estirones de mofletes de su madre.

Estuvieron un rato más en el salón hablando todos juntos hasta que los dos cabezas de familia decidieron que ya era hora de dormir. Llegaban a tocar las 23:00 pm. y sus hijos debían ir al instituto al igual que el padre a trabajar. Tomoko y Tomoki fueron a sus respectivos cuartos sin mediar palabra y cerraron las puertas.

—"¿Debería decirle algo?"— Pensaba la mayor en su cuarto, quitándose la ropa para ponerse el pijama. Su cómoda camiseta larga de distintos tonos de verde y su pantalón blando y suave la esperaban, tenía ganas ya de poder estar a gusto. Guardó su ropa en el armario de nuevo y puso el gorro encima de la cama. Lo miró sonrojada y lo abrazó sonriente; era su primer regalo en tiempo, y eso le hacía feliz. —Vale, iré.— Dijo para sí la morena, dejando el gorro cuidadosamente encima de la cama y dirigiéndose a la habitación de su hermano. Tocó dos veces y esperó unos segundos antes de abrir.

—¿Quién es?— Se escuchó desde dentro.

—Emh... S-soy yo...— Susurró inaudible para el oído humano, a lo que Tomoki abrió la puerta para encontrarse a su hermana, roja como un tomate y mirando hacia abajo mientras entraba a su cuarto y se sentaba en su cama, mirando la habitación. Él sonrió para sí al ver tan tierna escena.

Cerró la puerta y terminó de ponerse los pantalones del pijama, puesto que estaba a medias de vestirse. Guardó su ropa y se sentó encima de la cama, a un lado de su hermana.

—Bueno ¿Tienes sueño?— Le preguntó estirándose un poco quitando algunos cojines de la cama y tirándolos al suelo.

—Un poco...— Bostezó y estiró los brazos.

—¿Prefieres dentro o fuera?— Comentó el menor abriendo las sábanas.

—D-dentro.— Respondió metiéndose rápidamente en la cama y tapándose hasta el cuello. Tomoko pestañeó varias veces sorprendido.

—Vale, yo aquí fuera.— El moreno metió su cuerpo bajo las sábanas, quedando junto al de su hermana. —"Tomoki, vaya ideas tienes... Podrías haberte callado."— Pensó para sí mientras su rubor comenzaba a salir por sus mejillas.

Tomoko estaba callada y girada totalmente hacia la pared, dándole la espalda al menor. —"Tra-tranquila, e-es sólo tu hermano."— Respiró profundamente e intentó dormir.

—"A la mierda."— Pensó Tomoki girando su cuerpo hacia el de su hermana, acoplándose en ella y abrazándola por la espalda. —Te-tengo frío.- Mintió, en ese momento tenía más calor que un pingüino en un desierto y eso que estaban a 8ºC.

La mayor, sonrojada y con los ojos abiertos cuales platos intentó que su respiración no fuera más agitada de lo habitual, cerró los ojos y asintió en señal de aprobación. Tomoki comenzó a recorrer el costado de la morena con sus dedos, lentamente, hasta llegar a su mejilla.

—Ti-tienes las manos frías.— Comentó intentando zafarse de las caricias, de verdad estaban frías.

—Lo siento.— Comentó dejando sus manos en la posición anterior. Algo molesto, cerró los ojos y se dispuso a dormir, pero las suaves manos de su hermana, tan cálidas y delicadas le distrajeron. —¿Qué haces?— Preguntó sonrojado.

—Calentarte las manos, idiota.— Contestó la mayor de igual forma, con los ojos cerrados. —Y ya, duérmete.— Concluyó.

El menor, obediente, con una sonrisa cerró los ojos y esperó a que el sueño le entrara, mañana sería un nuevo día.


¡HOLA! Bueno, pues aquí dejo el cuarto capítulo de ésta historia. Quizás me alcance a hacer algunos más ya que estoy pensando crea una chica que se haga amiga de Tomoko y que sea igual que ella y eso... ¡No sé! Tampoco quiero dar spoilers jajaja.

Muchas gracias por leer y por las rereviews, me hacen tener ganas de seguir publicando y no dejar que ésto muera.

¡UN BESO!