YA CAERÁS, MI HERMOSA AMARGADA

CAPITULO 3

Por Sabaku No temari

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Shikamaru pisó repentinamente el freno de su automóvil y sintió con fuerza el golpe que se dio al momento de detenerse, el cuál fue bastante intenso considerando la velocidad a la que iba. Levanto la mirada y pudo identificar a cuatro hombres que se disputaban dos espejos retrovisores de un rojo granate particular, bastante conocido para el. En ese momento, su corazón comenzó a palpitar acelerado, y casi sintió que su mundo se desmoronaba. Si algo le pasa a Temari, será mi culpa...

Apretó los puños con fuerza, y salió disparado de su vehículo, dispuesto a encarar a aquellos sujetos sin importarle si quiera su propia seguridad.

Cuando pisó el suelo de la pista, bastante desgastado y agrietado, avanzó con decisión hasta llegar a los cuatro sujetos que, ignorando su presencia, continuaban discutiendo a voces.

–¿De donde sacaron eso? – preguntó, señalando los artefactos en cuestión. – ¿Donde está el automóvil del que sacaron esos espejos? – continuó mientras, inconscientemente, levantaba el tono de su voz. – ¿¡Y donde está la persona que lo conducía?!

Al momento de escuchar sus gritos, los cuatro tipos se detuvieron y giraron con dirección al recién llegado, al que se quedaron observando por unos segundos. Luego de estudiarlo de pies a cabeza, comenzaron a reír a carcajadas.

El mayor del grupo, posiblemente líder de los cuatro, dio unos pasos hacia adelante y habló.

–¿Y tú quien te crees, niño bonito, para venir acá y hacer tantas preguntas?

Al instante, los otros tres sacaron de sus bolsillos unas navajas finamente afiladas, listas para ser usadas en cuanto fuera necesario.

–Por su bien, será mejor que me contesten. – amenazó el Nara mientras levantaba los puños limpios, con el tono de voz ligeramente alterado.

Ante las palabras del joven, los ladrones gruñeron furiosos y apretaron los puños, colocándose en pose de batalla. Si algo les molestaba más que tener que pelearse por la mercancía robada, era tener que soportar a un niño mimado que viste ropa cara y con aires de superioridad.

–Ahora vas a ver. – el mismo que había hablado antes, levantó la mano e hizo unas señas a los otros tres, para luego continuar hablando. – Te vamos una lección de modales, para que aprendas a hablarnos con más respeto la próxima vez, niño bonito.

Al instante, y siguiendo las instrucciones dadas, los otros tres se abalanzaron contra Shikamaru.

–Vas a ver como te dejamos de bonita tu cara. – fue lo último que escuchó el castaño antes de recibir el primer golpe, por parte del más grande.

Los otros dos secundaron al que avanzó primero, y en ese momento, la primera pelea de la noche comenzó.

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–¿Donde?

Se oyó una voz amenazante, gritando en medio de la noche.

Al grito, le siguió el ruido de un golpe seco, una patada.

–Auch... – se oyó una voz quejándose.

–Dije, ¿¡Donde!?

Otro golpe se escuchó, similar al anterior.

–O contestas o te vuelvo a golpear.

–No... no sigas, por favor. – rogó el hombre que había recibido los dos golpes anteriores, con la voz adolorida y tosiendo seco.

A su lado, sus tres compañeros se encontraban tendidos sobre el suelo e inconscientes luego de haber sido derribados y noqueados en forma vergonzosa; y sobre él, con el rostro lleno de ira y con apenas un par de golpes en el rostro, se encontraba Shikamaru, irritado, y dispuesto a no perder más tiempo con aquel tipo.

–Si no quieres que siga... – amenazó el castaño, antes de gritar con furia. – ¡¡Dime de donde sacaste esos malditos espejos!! y ¡¡Donde está Temari!!

–E... está a tres calles de acá. – contestó débilmente el mayor. – En... encontramos el auto estrellado contra un poste de luz a tres calles de acá, pero no había nadie adentro.

Shikamaru abrió los ojos con sorpresa y se levanto de golpe, totalmente aterrado.

¿E... estrellado? ¿y contra... un poste de luz?

Entreabrió y cerró un par de veces los ojos, antes de reaccionar. Luego dirigió su mirada en forma despectiva hacia el hombre que tenía sometido en el suelo, aún consciente, y casi sintió pena por él. Se agachó y aproximó su rostro al suyo, buscando algún indicio que le indicara que le estaba mintiendo, no lo encontró. Antes de volver a levantarse, le dio un certero golpe en el rostro, noqueándolo.

Así no me seguirá...

Luego de eso, se volvió a levantar y partió en dirección hacia su vehículo para dirigirse hacia el lugar donde se le había indicado el ladrón.

Esperame, Temari...

Se subió a su automóvil y giró la llave lo más rápido que pudo. El vehículo hizo un par de movimientos bruscos y se detuvo. No me vayas a fallar ahora... rogó el Nara antes de volver a intentarlo. El viejo motor contestó satisfactoriamente ante el segundo intento, y el castaño volvió a pisar el acelerador con fuerza, decidido a encontrar cueste lo que cueste, a Temari.

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Mientras conducía, se comenzó a lamentar a sí mismo, culpándose de la situación actual que estaba viviendo, y sobre todo, de todo por lo que debía estar pasando la joven de Suna. Todo esto es mi culpa, si no hubiera hecho que ella fuera a esa maldita fiesta... se dijo a sí mismo, mientras recordaba todo lo que había hecho para que la rubia de cuatro coletas asistiera a la fiesta organizada por su amiga Ino...


Desde que Temari había llegado a la ciudad de Konoha, Shikamaru le había pedido a su amiga Ino que organice fiestas casi a diario, con intención de atraer con ellas la atención de Temari, con el único interés de poder encontrarse con ella, nuevamente. Ante la curiosidad y el desconcierto, y sin conocer los planes del castaño, su amiga había accedido a la solicitud de éste, no sin antes solicitar un par de favores en compensación. Un par de favores que luego Shikamaru pagaría caro.

Las fiestas se habían dado tal y como había solicitado el Nara, pero a ninguna de ellas había asistido la Sabaku No. Al hacer sus averiguaciones, pudo descubrir que, debido a la fuerte carga laboral, la rubia no había tenido tiempo ni de saludar a sus amigas. Peor aún, había descubierto que el viaje de la embajadora se había extendido mucho más de lo esperado, y que pronto se iría de la ciudad. Solo le quedaba una noche más para cumplir su objetivo.

No podía darse el lujo de perder dicha oportunidad.

Pero para esa mañana, el Nara tenía la certeza de que sus planes se darían tal y como debían ser. "Esta vez si irá", se dijo al recordar lo que le costó pagarle a la mucama de la suit presidencial del hotel de Konoha, para que rebuscara de entre las pertenencias de la embajadora, su libreta de direcciones, y la dejara expuesta ante su vista, con el marcador apuntando a un nombre en particular. "Cuando la vea, estoy seguro que la llamará..."

Shikamaru se sentó al lado de su cama y observó con curiosidad su teléfono. Sonrió torpemente, y luego instintivamente pasó las yemas de sus dedos por una herida que tenía marcada en la pierna derecha, ya cicatrizada, pero bastante notoria. "Lo que me costó en cableado para intervenir su teléfono..."

Esperó pacientemente al lado de su aparato telefónico, por lo que le debió parecer horas, hasta que de pronto escuchó como éste daba señales de vida.

En el acto, levantó el auricular escuchó la conversación que tanto había estando esperando...

"Estoy en la ciudad, ¿Que hay de nuevo?", habló una Temari más entusiasta que nunca. El castaño sonrió al escuchar nuevamente la voz de la rubia, con aquel tono tan alegre que nunca antes había tenido oportunidad de escuchar. "Hoy en la noche voy a hacer una fiesta en mi casa", le comentó una voz femenina por el otro lado del auricular, a la que pudo reconocer al instante como la voz de su amiga Ino. "Ahí estaré", se oyeron las últimas palabras, y la conversación terminó.

Colgó el auricular y sonrió satisfecho.

"Perfecto, puedo estar seguro que Temari irá a esta fiesta."


Continuó conduciendo, sin dejar de observar a los lados con cierto recelo, sintiendo cómo ojos invisibles se posaban sobre él y lo observaban con curiosidad y sigilo. Si yo me estoy sintiendo así, me pregunto como la estará pasándola ella... se dijo a sí mismo, tratando de no imaginar las mil y un penurias que debía estar pasando la chica de cabellos dorados en aquel momento, tan sola e indefensa.

Y todo por simples estupideces...

En ese momento, y con la vida de Temari en peligro, todo aquello que lo que lo había llevado a actuar de aquella forma tan elaborada y meticulosa, le parecieron motivos tan insignificantes...

Soy un idiota, un idiota...

Continuó repitiéndose a sí mismo, al pensar que por motivos tan estúpidos como el orgullo propio y su estúpido deseo de venganza personal, había puesto en peligro a la persona que más amaba.

Si algo le pasa, nunca me lo perdonaré...

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De pronto, frenó de golpe y su rostro palideció cuando pasó por la tercera calle. Lentamente, volteó hacia su lado derecho, para encontrarse con la escena que le habían descrito los ladrones, solo que mucho peor de lo que se había imaginado. Maldita sea...

Avanzó lo que le permitió el angosto espacio de la calle a su vehiculo, hasta alcanzar al tercer poste, en donde estaba estrellado el automóvil de la embajadora de Suna, con el asiento del copiloto total y completamente destrozado. Si hubiera habido alguien en dicha posición, no hubiese pasado de aquella noche.

En ese momento, maldijo su estúpida idea de haber arreglado el automóvil de temari...


Acababa de dejar sola a Temari en medio de la fiesta, luego de haberle dado un pequeño empujón en la espalda para poder pegarle un interesante papel con unas bastante llamativas escritas en él, cuando se dio media vuelta y se encontró con sus peores pesadillas de la noche: las primas menores gemelas de Ino.

"Como te odio... Ino" se dijo a sí mismo recordando que debía cuidar a ese par de diablas, todo por una promesa hecha a su mejor amiga. "Haré las fiestas que quieras, mi amigo, solo tienes que hacerme un par de favores...", le dijo ella en aquel momento, y él accedió sin chistar, sin sospechar en el tremendo lío que se estaba metiendo.

Luego de insoportables minutos sin una sola idea de como deshacerse de las niñas, un rayo de luz asomó en su destino. Le costó un par de promesas más y unos cuantos minutos de suplicas para lograr convencer a dos de sus amigos, Inuzuka Kiba y Uzumaki Naruto, para que se las llevaran a pasear por algún lado y las entretuvieran lo suficiente como para poder escapar, directo hacia la entrada de la residencia, para poder realizar ciertos trabajos... automotrices.

Ya en el exterior, se apoyó en el marco de la puerta, y observó con una sonrisa en el rostro el automóvil rojo granate de la embajadora de Suna, tan imponente y llamativo como la misma dueña. Luego observó con molestia al personal de vigilancia, y se vio obligado a soltar un par de billetes para que éstos se retiraran discretamente.

Una vez libre, se aproximó hacia la imponente pieza automotriz, y se remangó las mangas de su camisa para no ensuciarse. De su bolsillo derecho sacó un destornillador, y del izquierdo, una pequeña llave maestra. Con mucho ingenio, abrió la maletera del automóvil, y expuso a la vista los entreverados cables y piezas que comprendían el potente motor del vehículo.

"Ahora solo tengo que hacer un par de agujeros por aquí y..."

Hábilmente, y agradeciendo todos los conocimientos de mecánica heredados por su padre, Nara Shikaku, ubicó los cables indicados y les hizo las perforaciones debidas, calculando que con ellas, el automóvil de la Sabaku No pudiera avanzar por lo menos durante quince minutos, antes de fallar y detenerse. Terminada su labor, se secó el sudor de la frente, guardó el destornillador en su bolsillo y volvió a estirar las mangas de su camisa. Se acomodó como pudo y se dispuso a regresar al interior de la fiesta.

"A estas alturas, ya debe haber notado el papel que le dejé en la espalda..."

Fue lo último que se dijo, antes de disponerse a regresar a la fiesta e ir por Temari, para hacerla salir de la fiesta.


Bajó de su vehículo y caminó hacia el de Temari, sin dejar de mirar con espanto el asiento del conductor, el cuál se encontraba ligeramente golpeado. No hay rastros de sangre, al menos está intacta, se dijo a sí mismo algo aliviado. Pero ahora, ¿Donde rayos se habrá metido? Giró hacia los lados y no pudo encontrar ni rastros ni indicios que le pudieran dar una respuesta.

Extendió la mano y tocó con las yemas de los dedos el asiento del conductor, en donde debió haber estado Temari. Aún está caliente, no debe andar lejos...

Giró hacia los lados, y optó por descartar el camino por el que él había venido. Si no me la encontré mientras venía, debe haberse ido por el otro lado, se dijo al observar hacia el fondo, hacia donde curiosamente la noche se hacía más oscura y siniestra.

Se volvió a subir a su vehículo, y giró con fuerza la llave para accionarlo.

Nada.

Lo intentó un par de veces más, con el mismo resultado.

En el tercer intento, el auto saltó un par de veces, y se detuvo. Un intenso humo negro salió de la cajuela, y un intenso olor a chamuscado rodeó el ambiente. En ese momento, supo que el motor de su viejo pero apreciado automóvil negro, había pasado a mejor vida.

Diablos, tendré que caminar, se lamentó al momento de bajar de su vehículo.

Antes de comenzar a correr, volteó nuevamente y levantó la mano, como despidiéndose de alguien. Te voy a extrañar... le dijo mentalmente a su querido auto, siendo consciente que a lo mucho duraría un par de horas de vida, luego de que los ladrones lo desmantelaran y lo convirtieran en un montón de piezas para ser vendidas.

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Se encontraba caminando por las calles, sintiendo que la oscuridad cada vez se hacía mas intensa alrededor de él. ¿Tenia que tomar precisamente esa ruta, Temari?, se quejó algo incómodo, mientras avanzaba desesperado cuesta abajo, hacia lo que parecía ser un túnel sin salida.


Decidió acelerar el paso, mientras observaba preocupado hacia los lados, buscando cualquier indicio que pudiera llevarle a la ubicación de la rubia de ojos verde esmeralda.

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En su camino, se cruzó con dos borrachos que pasaron por su lado, y estuvo a punto de ignorarlos por completo, cuando algo en su conversación le llamó la atención...

–Esa rubia estaba buenísima... – comentó uno de los borrachos, el que parecía estar más lucido.

–Sí, pero muy arisca la tipa... hip. – comentó otro, que estaba en peor estado.

Al escuchar esas palabras, el Nara detuvo la carrera y volteó hacia los borrachos.

–Y con ese vestido verde, y esos pechazos... estaba como para comérsela...

Rubia, arisca y con vestido verde... Temari.

Shikamaru apretó los puños con fuerza, y se lanzó en un impulso total y completamente inesperado hacia los individuos, cogiéndolos por sorpresa. Luego de su movimiento inicial, terminó parado frente a uno de ellos, el que parecía estar menos borracho, y lo encaró.

–¿Donde vieron a esa chica? – gritó amenazante, al momento de sujetarlo de la polera y levantarlo para hacerlo llegar a la altura de su rostro. – ¡Dime donde está!

A su lado, el otro ebrio hizo esfuerzos inútiles por tratar de defender a su amigo.

–Óyeme tú, ¿Quien diablos te crees... hip– tosió y tardó unos segundos para continuar. – quien te crees para hablarnos así? –

Shikamaru ignoró por completo al individuo.

–¡Dime donde rayos está Temari! o... – se soltó una de las manos y, haciendo puño, la levantó a la altura del rostro del individuo al que tenía sujeto, amenazándolo.

–Ash, no sé de quien rayos hablas... – contestó. – no conozco a ninguna Temira o Terami, o lo que sea... – continuó. – Solo sé que hace unos minutos nos topamos una rubia con cuerpo de infarto, pero bastante idiota, que se dirigía precisamente a la zona más peligrosa de por aca–

Shikamaru soltó con fuerza al ebrio, haciéndolo caer al suelo.

–Le dijimos que la podíamos llevar a un sitio "más... seguro", pero ella no quiso... – comentó el otro ebrio, que al parecer acababa de reaccionar. – Dijo algo de que no podía confiar en nadie, y que ella sabía lo que hacía...

–Pero definitivamente, no sabe nada de esta ciudad, porque por como estaba vestida, no va a durar ni media hora antes que alguien la encuentre y... –no pudo continuar porque cayó dormido en el suelo antes de terminar su frase.

El castaño apretó los puños y observo con frustración la escena, los dos borrachos en el suelo, casi cayéndose del sueño, y sin mucha información útil que darle, salvo al hecho que la habían visto hace no mucho y en la dirección de la que ellos venían. No tenía sentido desquitarse con ellos, ya que no tenían la culpa de nada.

Toda la culpa es mía, se dijo antes de partir nuevamente en busca de Temari, directamente a los callejones más oscuros de la ciudad. Y precisamente con ese vestido, se dijo al recordar lo que le costó hacer que Temari asistiera con ése vestido a la fiesta de Ino...


Agitado, y bastante cansado por haber recorrido casi toda la ciudad en tiempo récord, luego de haber escuchado cierta llamada telefónica, Shikamaru alcanzó a llegar a la entrada de la residencia Haruno.

"Tal y como lo dijo la mucama, Temari no tiene ningún vestido de fiesta en su armario, y tal y como lo había planeado, le pidió el favor al segundo número en su agenda, el de Sakura..."

En la puerta de la residencia, pudo identificar a una chica de cabellos rosados que salía cargando algo en la mano derecha.

¡Sakura! – gritó el castaño, llamando la atención de la joven.

¿Shi... Shikamaru? – preguntó ella, bastante sorprendida ante la presencia de su amigo. –¿Que haces aquí?

El Nara avanzó rápidamente hasta llegar al lado de su amiga, buscando un buen pretexto para excusar su presencia en aquel lugar. "¿Y ahora que le digo?"

E... venía a avisarte que Ino va a hacer una fiesta esta noche.

Eso ya lo sabía, me llamó en la mañana. – contestó la joven. – por cierto, ¿Sabes cual es el motivo de esta nueva fiesta? la puerquita no ha dejado de parrandear desde hace dos semanas y...

Cosas de Ino. – contestó él. – tú solo ve y diviértete. – continuó, para luego fijar su mirada en el paquete que llevaba cargando la chica. – ¿Y... que es eso que llevas? – preguntó señalando el gancho en la mano de la joven, y fingiendo inocencia total.

¿Esto? – preguntó Sakura. – es un vestido que le voy a prestar a una amiga, Temari, de Suna, ¿La recuerdas?

Vagamente. – contestó, algo irónico, Shikamaru. – ¿Y... porque le llevas un vestido?

Bueno, es que ella me pidió que le prestara un vestido verde para hoy.

Shikamaru sonrió ante las palabras de Sakura y, antes que pudiera objetar, se aproximó y levantó la mano para poder correr el cierre del empaque que llevaba ella, dejando al descubierto ver un hermoso y coqueto vestido.... fucsia. Observó serio el vestido por unos instantes. "Ese no es el vestido, y ahora como hago para que..."

Etto... – comentó fingiendo confusión. – Yo no sabré mucho de vestidos, pero creo que ése no es verde.

Es que... – titubeó ligeramente, con algo de culpa en sus palabras –no tengo vestidos verde.

"No, estoy seguro que Sakura tiene el vestido verde que necesito que use Temari, yo mismo la vi cuando lo compró y... "

¿En serio? – Preguntó Shikamaru, fingiendo comprender la situación.– Bueno, si es así, no queda de otra, pero... – se detuvo y observó con mirada inquisidora a la Haruno. – si tuvieras un vestido verde, y no se lo piensas prestar a tu amiga, considerando que casi nunca viene a esta ciudad, no estarías siendo una verdadera amiga.

Terminó de hablar esperó paciente a que sus palabras surtieran efecto. De pronto, pudo notar como Sakura tragaba saliva y lo observaba con ojos de tristeza y culpa.

Bueno... – volvió a hablar el Nara. –¿Quieres que te acompañe? no tengo nada que hacer y...

No. – habló la joven de ojos jade, cortándole las palabras a Shikamaru. – es que... acabo de recordar que sí tengo un vestido verde, y tengo que volver a mi casa para sacarlo.

Dicho esto, Sakura se dio media vuelta y regresó a su casa, dispuesta a sacar ese hermoso y nuevo vestido verde esmeralda que había comprado para una ocasión especial, y que tenía guardado bajo siete llaves, lo más alejado posible de la vista de cierta persona en particular.

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Shikamaru comenzó a caminar por las calles, sonriendo satisfecho. "Bah, en honor a la amistad" pensó burlonamente, antes de sacar de su bolsillo derecho un pequeño teléfono móvil.

Hola, Natsuko, a que no sabes que vestido va a usar Sakura para la fiesta de hoy...


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Y todo porque quería que ella supiera lo que se siente ser objeto de burla de todos...

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Continuó corriendo por lo que él le pareció, fueron horas, tanto como sus fuerzas le permitieron, hasta que el cansancio pudo más con él. De pronto, detuvo la carrera y comenzó a caminar a paso lento, agitado, sintiendo como las miradas hacia él se habían intensificado, al punto de casi asfixiarlo.

Luego de caminar bastante y con la mirada perdida en el limbo, se dio oportunidad de observar a sus alrededores. ¿Donde rayos estoy? Estudió con detenimiento el ambiente alrededor suyo, sin mucho éxito. Todas las calles se ven iguales, tuvo que admitir al observar que todas las entradas y pasajes a sus alrededores se veían tan similares las unas a las otras que duramente se podrían distinguir. Las calles eran todas en forma recta, como si hubieran sido trazadas con regla milimetrada, y todas con la misma distribución de casas, como si hubiesen sido copiadas cuadra tras cuadra.

Perfecto, ahora yo también estoy perdido, se castigó mentalmente en aquel momento.

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Caminó torpemente hasta detenerse frente a una vieja tienda de pasteles, la única construcción que parecía romper con la monotonía del lugar. La observó con desdén, y con notorio sentimiento de culpa sobre él, decidió sentarse para tomar un breve descanso. ¿Y ahora, como la voy a encontrar?

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Víctima de la desesperación, comenzó a gritar.

–¡¡Temari!!

Su grito se oyó tan fuerte que le pareció escuchar su eco durante minutos enteros.

Nadie le contestó.

Ya no tenía mucho sentido intentar disimular su presencia, ya que más de uno en aquel lugar lo había detectado. Al menos, debía hacer lo posible por intentar encontrar a la Sabaku No.

–¡¡Temari!! ¡¡Donde estás!!

Volvió a gritar, con el mismo resultado que antes. Nadie lo escuchó, o al menos, nadie pareció escucharlo.

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Observó a sus alrededores con aire de desconfianza. Luego suspiró, se levantó para seguir caminando, cuando de pronto algo retuvo su atención. ¿Como no me di cuenta antes? abrió los ojos con sorpresa y un leve rayo de esperanza asomó sus ojos. Al lado del lugar donde se había sentado, se podían notar unas marcas dejadas por unos dedos que, probablemente, habían intentado retirar la tierra del lugar.

Alguien más estuvo aquí...

Se agachó y observó con curiosidad el lugar a su lado, pasando los dedos por las marcas encontradas a su lado. Por el ancho, se notaba que habían sido dejadas por unas manos más pequeñas que las suyas, y por las marcas de tierra retirada, debían ser bastantes recientes.

Temari...

Esperanzado, se levantó y observó a su alrededor, buscando alguna otra marca o indicio que pudiera servirle de utilidad. Para su suerte, pudo notar que en el suelo, a unos cuantos metros de donde estaba, se podía ver un pequeño destello de luz brillante.

Corrió hacia el lugar indicado, y se detuvo a observar. Nada. Se agachó para buscar con mayor detenimiento, y se encontró con una pequeña piedra de color verde.

Esto es... es... del zapato de Temari.

Volvió a levantarse, y de pronto pudo ver otro destello brillante a lo lejos, y más allá, otro más. Sonrió y continuó en la dirección indicada por las pistas dejadas por la Sabaku No.

Te encontraré, cueste lo que cueste...


Continuó corriendo tras el rastro de destellos brillantes dejados en el suelo, cuando de pronto escuchó una voz bastante familiar gritando, que lo obligó a detenerse.

–¡Seas quien seas, no te tengo miedo! – gritó con fuerza una voz femenina, a la que pudo reconocer al instante.

Temari...

– ¡Sal de ahí ahora mismo!

Continuó gritando la voz, y esta vez Shikamaru se concentró en encontrar su ubicación. Al cabo de unos instantes, sonrió algo esperanzado. La tengo. Comenzó a correr en la dirección de la cuál provenía aquella voz, hasta que se detuvo a la entrada de un callejón, aparentemente, sin salida. Y en ese lugar, la encontró. Temari... Ahí estaba ella, parada, visiblemente cansada pero intacta, y gritando con voz amenazante, en posición de batalla.

Parece que me preocupé de más...

Sonrió y el alma le volvió al cuerpo en el momento que la tuvo frente a sus ojos, tan hermosa y segura de sí misma, tan altiva y confiada, incluso en la peor de las situaciones. Esa era ella, la Temari a la que tanto amaba.

Asintió para sí mismo, y comenzó a avanzar lentamente hacia ella, sintiendo como su cuerpo temblaba ante cada paso, y como su corazón comenzaba a latir agitado al estar acercándose cada vez más a ella.

Detuvo sus pasos cuando llegó a estar parado justo detrás de ella, y respiró profundo del alivio al saberse tan cerca de ella, a escasos centímetros de de su cuerpo. Por un momento, sintió unas enormes ganas de abrazarla, pero casi pudo imaginarse siendo golpeado por ella ante tal atrevimiento – y bien merecido se lo hubiera tenido – por lo que decidió optar por pasarle una mano sobre el hombro, para hacerle notar su presencia.

De pronto, el golpe que había recibido en su imaginación se hizo realidad, pero en mayores proporciones.

Sintió que una de las pequeñas y frágiles manos de Temari le pasaba por el brazo, y que de un tirón lo jalaba por sobre ella. ¿Desde cuando tiene tanta fuerza? se preguntó al saberse con el cuerpo en el aire, y luego contra el suelo.

–Auch. – se quejó al caer pesado contra el agrietado y desgastado piso.

Levantó la mirada y pudo observar como la rubia giraba sobre él. –¿Shi….Shikamaru? – la escuchó pronunciar su nombre, pero era más que evidente que no iba a poder detenerse, no a tiempo. Shikamaru iba a recibir tremendo golpe de gracia, cortesía de la Sabaku No.

Pero para su suerte, el golpe de gracia nunca llegó.

Escuchó un sonido seco proveniente del pié de la joven, y la vio tambalearse. ¿Que le pasa? se preguntó un tanto confundido, para luego fijar su mirada en el pie de la joven, y ver como tambaleaba por culpa del tacón roto. Shikamaru pudo notar la frustración en el rostro de Temari, quien intentaba mantener el equilibrio, sin mucho éxito. Con rapidez, se incorporó levemente y logró levantar los brazos hasta alcanzarla, sujetándola de la cintura a tiempo de evitar que cayera al suelo y atrayéndola contra su cuerpo, haciéndola caer sobre él, sobre su amplio y fuerte pecho.

Suspiró aliviado y se permitió disfrutar del momento. Tener a Temari sobre su cuerpo de aquella forma, aunque no fuera precisamente de la forma en la que hubiera deseado para esa noche, igual resultaba ser bastante bueno. Tardó unos segundos antes de reaccionar.

–¿Estas bien? – le preguntó con preocupación.

–No. – contestó ella a secas, mientras intentaba soltarse de él con fuerza. – ¿Me puedes soltar? – se quejó.

El comportamiento de ella sorprendió por completo a Shikamaru, quien no se esperaba una reacción tan violenta. Apenas comenzaba a darse cuenta que aún continuaba sujetando con fuerza el cuerpo de Temari, apretándolo contra el suyo, y hasta cierto punto, disfrutándolo. Sonrió levemente al pensar que sobre él, se encontraba nada más ni nada menos que Sabaku No Temari, la chica más difícil e imposible de todo el mundo.

Y que ella me trate de esa forma justo ahora, era lo menos que podía esperar...

–Al menos podrías darme las gracias y… – intentó relajar un poco la situación, cuando de pronto ella lo detuvo, asestándole con certeza un golpe en el estómago.

– Auch. – se quejó del dolor, al momento de contraerse y verse obligado a soltarla.

Una vez libre, ella se alejó de él un par de pasos y se sentó en el suelo, con el rostro apoyado en las rodillas y mirando al Nara con la ira reflejada en el rostro.

–Diablos… ¿Me podrías decir por qué estás tan agresiva? – preguntó dolido Shikamaru. – Siempre lo he dicho, las mujeres son demasiado problemáticas. – comentó algo fastidiado.

El joven se incorporó lentamente y con esfuerzo hasta lograr sentarse también en el suelo, frente a ella. Luego llevó una de sus manos a la altura de su cuello para poder masajearse por detrás, por debajo de la nuca, mientras que la otra mano se encargaba de aliviar el dolor del golpe en el estómago. Incluso habiendo fallado, su golpe fue bastante bueno...

–He tenido una noche bastante mala. – comenzó a hablar ella, distrayéndolo de sus pensamientos. – Y por algún extraño motivo, sospecho que tú tuviste algo que ver en todo lo que me ha pasado. – continuó más que molesta.

Shikamaru la observó sorprendido. ¿Se habrá dado cuenta?, se preguntó, algo confundido. No, no creo, es prácticamente imposible.

–Quien, ¿Yo? – sonrió burlonamente Shikamaru, intentando desviar la atención de ella. – Yo apenas te conozco, ¿Por qué crees que iba a querer arruinar tu noche?

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De pronto, la sonrisa se le borró en el rostro al presentir que un grave peligro se les avecinaba a ambos. Observo a sus alrededores, y pudo notar como aquellas miradas que lo habían seguido durante toda la noche, comenzaban a moverse a su alrededor, agitadas, como si estuvieran listas para actuar en cualquier momento.

–Diablos... – dijo molesto el Nara, apretando los puños mientras se incorporaba, aún adolorido por el golpe recibido anteriormente. – Estamos en problemas.

Observó hacia abajo y dirigió la mirada hacia el rostro de Temari, con aquel aspecto tan frágil e indefenso.

Esto se va a poner difícil.

–Qué es lo que... – intentó hablar ella, pero él la detuvo.

–Shhh – señaló con el dedo en sus labios. – no te preocupes de nada, yo te protegeré.

Se levantó y se puso en posición de batalla.

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La verdadera pelea, estaba por comenzar.


Fin del capítulo.

Mil disculpas por la tardanza. Escribí este capítulo tres veces, y preferí quedarme con esta versión. Espero sea de su agrado.

Gracias a los reviews que me alientan a seguir, que me indican mis fallos y mis puntos a favor, y que me acusan por no haber actualizado en dos semanas. Gracias a todos.