Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer, y para los que ya han leído las novelas que adapto, aclaro que esta historia no es mia. Yo sólo me limito a compartirla con ustedes cambiándole ciertos detalles para que se adapte mejor a los personajes que tanto amamos. Al Final mencionaré quien ha sido la excepcional y magistral autora de modo que podamos mantener el misterio. Espero lo disfruten mucho, como yo lo hice
Nota: Esta historia que se desarrolla en el presente, describe situaciones del pasado que para evitar confusiones está señalado con ** ! Otra nota aclaratoria son las edades actuales de nuestros protagonistas. El el presente Bella tiene 25 y Edward 28, de modo que pueden hacerse una idea de cuantos años tienen cuando sucede cada cosa! Espero les guste la historia y por fa dejen sus comments es mi única paga por el tiempo que dedico a este hobbie tan especial para mi!
Capítulo 4 "Jessica Stanley"
Edward, Bella, Rose y su marido Emmett habían ido aquella noche a un pub que solían frecuentar y como siempre, Edward había desafiado a Bella a una partida de dardos, perdiendo miserablemente.
—No puedo creerlo —dijo enfurruñado, sacudiendo la cabeza—. ¿Seguro que no los has trucado?, algo le hiciste a esos dardos!
Bella no podía dejar de reír.
—Eres muy mal perdedor, Cullen. Acepta la derrota como un caballero e invítame esa copa —dijo divertida. Regresaron a la mesa donde estaban Rose y Emmett. La socia de Bella sonrió al verlos llegar discutiendo sobre la partida.
—Nunca descansan de pelear, ¿eh? —dijo Rose.
—Es él quien empieza, no yo —se defendió Bella.
—Bueno, ¿quién se apunta a otro trago? —dijo Edward.
Emmett lo acompañó para pedir lo que iban a tomar, y mientras Rose aprovechó para volver a la carga.
—Parece que las cosas van bien entre ustedes esta noche. Has podido hablar con él, ¿eh?
—La verdad es que no —murmuró Bella torciendo el gesto—. Pero sí, la verdad es que esta noche está encantador y muy divertido. Me recuerda a los viejos tiempos.
—No sabes lo que nos alegra ver a Edward tan animado. Durante los años que estuviste fuera parecía tan… distante.
Bella estaba segura de que era otra de las exageraciones de Rose.
—Yaaa, si claro Rose!
—Te hablo en serio. Vamos, pregúntame. ¿O es que no te pica la curiosidad? ¿No te gustaría saber cómo pasó él esos tres años que estuviste lejos? Mmm dime que no quieres saber hasta qué punto te echó de menos?
—No creo que se pasara el día llorando, ni que se recluyera como un monje. —farfulló Bella.
—Bueno, eso no, claro. Al fin y al cabo es un hombre. Pero no hubo nada serio. Recuerdo que salió un tiempo con esa chica… Tanya Denali.
—¿Tanya Denali? —repitió Bella con una mueca de disgusto.
—Sí. ya sé… Oh cielos! Que suerte la nuestra, ahí está de nuevo esa odiosa Jessica… —gimió Rose, señalando hacia la barra con un movimiento de la cabeza.
Bella se giró, y se encontró con la desagradable visión de la mujer molusco empujando su escote hacia Edward e insinuándose de todas las maneras posibles. Tomándose de un trago el gin tonic que quedaba en su vaso, Bella miró a Rose y esbozó una sonrisa perversa.
—Perdóname querida amiga, pero creo que me necesitan en la barra.
Rose se echó a reír mientras la veía alejarse.
—¡Acaba con ella, chica! —la animó.
Cuando llegó a la barra, Bella le rodeó a Edward la cintura con el brazo y se apretó contra él, sonriéndole con dulzura, para después tomar de su mano el whisky con hielo que había pedido.
—Tardabas demasiado en volver y tenía mucha sed —le dijo algo melosa a Edward.
Jessica dio un paso atrás, entornando los ojos ante la escena.
—Vaya, Bella, no te había visto —le dijo en un tono poco agradable, como si acabara de ver una cucaracha.
—Pues ya ves, estoy aquí —contestó la joven con una sonrisa sarcástica.
—Bella acaba de ganarme una partida de dardos —intervino Edward, rodeándole también la cintura y atrayéndola hacia sí—. Le he dicho que podría empezar a apuntarse a torneos. ¿Quién sabe?, quizá gane lo suficiente como para retirarme y que me mantenga en la vejez.
Jessica dejó escapar unas risitas que sonaron de lo más falsas.
—Oh, vamos, Edward, un hombre en la flor de la vida como tú no debería pensar en la vejez, sino en pasarlo bien —musitó Jessica en un tono descarado y coqueto.
Bella parpadeó irritada, conteniendo el deseo de echarle el whisky a Jessica por el escote.
—Por eso no tienes que preocuparte —le aseguró—. Creo que conozco alguna que otra manera de hacérselo pasar mejor que bien.
Emmett carraspeó y se escabulló sonriendo disimuladamente, excusándose en que Rose también debía de estar sedienta. A Edward lo había pillado desprevenido aquella descarada intervención de su amiga, y tardó unos segundos en reaccionar, sobre todo porque Bella se había abrazado más a él y sentía la suave presión de sus senos contra su costado. Diablos, cuando quería jugar sucio, jugaba sucio.
—¿Tienes algo en mente, Bells? —inquirió tragando saliva.
La joven alzó la barbilla y lo miró a los ojos, sonriendo de un modo seductor.
—¿Por qué no discutimos eso más tarde… en casa?
Edward sintió que la boca se le ponía seca de repente. ¿Cuándo había aprendido a interpretar tan bien el papel de vampiresa? Carraspeó y sonrió débilmente a Jessica, no porque quisiera hacerlo, sino porque mirarla le pareció el único modo de controlar su libido, que estaba disparándose por momentos.
—Ya lo ves, Jessica. Uno nunca puede aburrirse con Bella —le dijo riéndose un poco y agarrando su pinta de cerveza, desesperado—. Siempre me mantiene ocupado.
Jessica miró a su rival con frialdad, para sonreír después con fingida dulzura a Edward.
—Menos mal que los conozco, porque si no yo también empezaría a creer esos rumores que corren sobre vosotros. En fin, supongo que será uno de sus jueguitos. Pero no importa, soy una mujer paciente, Edward y sabré esperar —le dijo levantando la mano en señal de despedida.
—Yo que tú no esperaría demasiado, Jessica —le espetó Bella con insolencia—. Lo que es mío es mío, y, créeme, después de haber estado conmigo, a Edward el resto de las mujeres le parecerán… —miró a Jessica de arriba abajo—, bueno, digamos que… incompletas.
El rostro de la mujer se contrajo de ira, pero le dirigió otra sonrisa a Edward antes de alejarse. Bella dejó la copa sobre la barra y se puso frente a su amigo, enganchando los pulgares en las trabillas de su cinturón y acercándose peligrosamente a él.
—¿Qué? —le susurró con una sonrisa maliciosa—, ¿qué tal lo he hecho?
—Por un momento me has dado miedo —dijo él, echándose a reír—. Esto se te da mejor de lo que creía.
—Bueno, soy tu «novia», ¿recuerdas? Tenía que defender mi territorio —replicó ella.
—No sé qué esperaba, pero desde luego no esperaba que fueras tan… —contestó él buscando la palabra apropiada— contundente, ni que me… eemm… afectaras del modo en que me has afectado —confesó algo aturdido. ¿Qué sentido tenía ocultárselo? Además, se le daba fatal mentir.
Bella se sonrojó, pero sonrió ante su honestidad. Había temido que perdieran eso con aquella apuesta.
—Pues, ya que estamos hablando con sinceridad, me gustaría saber dónde diablos has aprendido a besar como besas.
Nuevamente Edward fue pillado con la guardia baja pero se compuso para preguntar —¿Y cómo beso?
Bella creyó que quería jugarle un broma con su tonta pregunta, pero entonces se percató de la expresión de perplejidad en su rostro. ¿No se lo habría dicho ninguna mujer antes que ella?
—Pues besas… bueno, besas bien —dijo sonrojándose.
Edward esbozó una sonrisa de sorpresa y satisfacción, se le hinchó el pecho como a un pichón.
—Vaya, gracias.
—No debería habértelo dicho. Ahora se te subirá a la cabeza —masculló Bella torciendo el gesto—. Dios, esta es la mayor locura que hemos hecho nunca, lo sabes verdad? —dijo rompiendo a reir.
—Es posible —murmuró él rodeándole otra vez la cintura y atrayéndola hacia sí—, pero creo que la semana pasada, gracias a nuestra apuesta, quedaron al descubierto las verdaderas intenciones del «señor Baboso». ¿Estás ya dispuesta a admitir que yo tenía razón?
Bella sabía que Edward estaba enterado de que Jacob Black había ido a verla a la tienda después del incidente en la playa, y que la había llamado por teléfono; que aunque sabiendo que era una mujer comprometida mas deseos aún tenía de pretenderla.
—Si te digo que sí, entonces… ¿«rompemos» antes de lo previsto?
— ¿Es eso lo que quieres? —inquirió Edward escrutando su rostro.
—Creía que eso era lo que iba a ocurrir cuando uno de los dos hubiese ganado —respondió Bella con una risa nerviosa.
— ¿Qué pasa, Swan?, ¿te da miedo seguir con esto hasta el final? —inquirió Edward desafiante, enarcando una ceja. Inclinándose hacia ella, le susurró en un tono seductor—¿Es demasiado para ti?
Bella esbozó lentamente una sonrisa, y se puso de puntillas para besarlo en la mejilla. Inhaló el aroma mentolado de su cuello, tomándose su tiempo para elegir las palabras, y cuando habló, lo hizo también en un susurro, cerca de su oído, haciéndole cosquillas con el aliento.
—Cullen, no pienso rendirme ahora. Dijimos tres meses, y pienso torturarte hasta el último segundo de esos noventa días —Edward sintió un delicioso escalofrío en su espina dorsal y una enorme sonrisa se dibujó en sus labios, con un alivio casi palpable, pero ella no lo vio. Hasta ese momento no se había dado cuenta de hasta qué punto quería continuar con aquella pantomima.
Como para reforzar lo que acababa de decir sobre torturarlo, Bella lo sorprendió apoyando la cabeza en el hueco de su hombro y abrazándose a él, mientras murmuraba.
—A lo mejor eres tú el que acaba pidiendo la rendición —sonrió suavemente contra camisa.
La noche avanzaba entre risas y caricias furtivas por parte de Bella hacia Edward, sentía la mirada fija de Jessica que no les quitaba los ojos de encima, así que pensó en darle una lección a aquella mujer molusco portandose extremadamente cariñosa con él y logrando que dejara de comerse con los ojos a su mejor amigo. Edward por su parte se sentía feliz, dichoso, respondiendo a cada rose cariñoso que Bella le regalaba.
Momento después Bella se excusó para ir al tocador de damas, Rose se iba a parar también pero por el esfuerzo que le significaba ponerse de pie debido al embarazo le dijo a Bella, que ella preferiría ir en la siguiente ronda. Todos rieron por el comentario de la pobre Rose.
Bella se estaba lavando las manos frente al espejo cuando entraron dos personas mas al tocador, que para mala suerte de ella, era Jessica Stanley acompañada de una amiga.
—Mmm así que jugando a manitas calientes con Edward? —dijo ella lanzando su veneno— Pero ni te ilusiones querida pensando que yo me creo esa historia falsa de ustedes, jamás, escuchame bien, jamás Edward se fijaría en alguien tan insignificante como tú, peor llevarsela a la cama... Créeme no eres su tipo! —terminó Jessica con ese tono tan pesado y burlon, acompañada de aquella risita falsa.
Bella tomó aire profundamente, estaba cegada por la ira, se vio agarrandola de los cabellos y estrellandola contra el piso del baño una y otra y otra vez... Pero no podía hacer eso, ella no le daría el gusto, además la verdad era que las palabras de Jessica le habían herido de alguna manera, ya que Bella había conocido bien el "tipo" de mujeres con las que había salido Edward en el pasado, y ella definitivamente no era nada de eso, aún así no dejó que eso la afectara y peor frente a ella. Su táctica sería diferente.
—Mira "querida" Jessica —le dijo con el mejor tono de lástima fingida que tenía— no te respondo como debería sólo porque se que estas frustrada y me da algo de pena. Ya quisiera contarte que cosas hacemos Edward y yo en la cama, pero no quiero entrar en detalles. Por favor quiérete un poquito y no te pongas más en ridículo, si? —se disponía a salir de alli, pero Jessica la detuvo gritándole.
—Eres una mentirosa Isabella Swan! Dudo muchisimo que le puedas dar algo de verdadero placer a un hombre como Edward Cullen, perra frígida!
Bella estuvo a punto de lanzarcele encima y casi lo hizo, pero en el ultimo instante se detuvo, Jessica había dado un paso hacia atrás del miedo, Bella trató de recomponerse para decirle burlona.
—No te asustes Stanley, no me ensucio las manos con cualquier cosa... Es mas piensa lo que se te dé la gana; mientras tu lo haces y pones a trabajar la unica neurona que te funciona, yo me voy... tengo un hombre que me está esperando. Adios!
Jessica se quedó muda de la impresion pero evidentemente furiosa e histérica. Bella por su lado cruzó la puerta, se sentía traquila de haber guardado la calma pero parada en el pasillo estaba replantiandose seriamente la idea de regresar y darle una verdadera paliza a la estúpida esa, sus niveles de coraje superaban sus limítes.
Parada como una estatua, no se había percatado debido a lo oscuro del lugar que en el corredor se encontraba una figura alta e imponente, muy familiar a sus ojos, recostado contra la pared.
—Hey Swan y esa cara? No me digas que necesitabas mi ayuda en el baño —dijo Edward muy divertido.
Bella quizo matarlo por su broma, pero no debia ser injusta, estaba furiosa pero su enojo no era contra el, era contra la tonta de Jessica y todas las estupideces que había dicho. En ese instante como iluminación divina se le ocurrió la mejor de las ideas.
Edward la miraba confundido y se acercó lo suficiente para que Bella no lo pensara más y pusiera su plan en acción. Como si se tratara de una acechadora y Edward fuera su indefensa presa, se le lanzó directamente a lo labios arriconandolo contra la pared. Toda su furia y enojo se alinearon para transformarse en la mas ardiente pasión trasmitiendosela toda en un lujurioso beso. Al principio Edward se sorprendió de aquel arrebato pero la fuerza de las sensaciones lo llevaron a responder de inmediato.
Era un beso lleno de urgencia y necesidad, los labios de Bella demandaban todo de él y Edward gustoso le entregaba todo de sí. Sus lenguas comenzaron una batallan sin fin, que no buscaba un vencedor, buscaba la satisfacción mutua. Una danza que se podía percibir peligrosa pero que ambos concientes de ello, siguieron adelante, entregandose en cuerpo y alma a aquella intensidad inminente que les dejaba el sabor de la pasión. Las manos de ella se activaron, recorriendo el esculpido torso de su mejor amigo por encima de la ropa que para ese momento comenzaba a estorbar, ella intentaba sentir cada centrimetro de su cuerpo acariciando con pertenecia su espalda, sus brazos hasta llegar a sus cabellos en donde sus dedos se enredaron trayéndolo más hacia su boca como si eso hubiere sido posible.
Esa pasión casi salvaje de Bella, volvió loco a Edward, quien sin pensarselo siquiera, permitió que sus manos también tomaran ventaja de la situación. Moría por tocarla, por acariciar aquel pequeño cuerpo que tan bien se acoplaba al suyo. Dibujando su fina cintura con las manos, estas fueron bajando poco a poco hasta sentir el redondeado trasero de su amiga, apretándolo y empujandolo hacia si mismo. Ambos gimieron sin interrumpir aquel beso cuando sintieron el fuerte contacto de sus caderas, pudiendo ella palpar con su cuerpo el grado de exitación en el que él se encontraba. Separaron sus bocas al necesitar aire pero Edward se dirigió al cuello blanco y terso de Bella besandolo y saboreandolo con la misma pasión, eso la estaba matando, se arqueó hacia atrás con la intención que Edward sintiera la dureza de sus pezones, no sabía que era lo que la había poseido, pero solo quería darle todo a aquel hombre, ofrecerse por completo para que el la tomara ahí y en ese momento.
Edward la volteó ahora a ella, de modo que su espalda estubiese contra la pared, volvió a besarla pero esta vez sus manos se dirigieron a los contornos de sus pechos, sin atreverse a apretarlos aún, torturandola, Bella no pudo aguantarlo más y volvió a gemir audiblemente sobre sus labios, no solo logrando que él apretara sus tan exitados montes, sino que cortara el beso para dirigirse hacia su escote besando y succionando cada espacio de su piel. Ella estaba en medio de un trance celestial, abriendo y cerrando sus ojos por la fuerza de las sensaciones que la estaban abrumando en ese instante, Edward por su lado mientras mas se acercaba al comienzo de sus pechos, jadeaba descontroladamente con un deseo más que palpable en el ambiente.
En uno de los instantes en que Bella abrió sus ojos y Edward seguía dandole placer cada vez mas cerca de su objetivo alcanzó a ver de soslayo a Jessica Stanley, parada en estado schok a la salida del baño y con el rostro desencajado por la escena que estaba presenciando, fue ahí cuando Bella recién recordó su plan inicial que tan solo había sido que ella presenciara un beso apasionado entre ellos para hacerle comer las palabras con las que la había atacado hace unos momentos, pero lo que nunca imaginó fue el tumulto de sensaciones que se habían desatado entre Edward y ella, ni como una idea al parecer inocente la estaba confundiendo tanto a esas alturas. Sin embargo todos sus cuestionamientos tendrían que esperar, si bien el plan no salió como esperaba no desaprovecharia la oportunidad tampoco. Así que sumida en el escenario lujurioso y pasional llevó sus manos a la nuca de Edward incrementándo la excitación de ambos y se las arregló para dedicarle a Jessica una media sonrisa socarrona que la aclamaban como la vencedora de aquella ardua batalla.
La amiga que acompaña a Jessica, la tomó del brazo y prácticamente la empujó para que salieran del angosto pasillo. Edward nunca se percató del incidente. Sin embargo para sorpresa de Bella, aún sabiendo que se había salido con la suya, no quería dar por terminado aquel acto que la estaba haciendo tan feliz y comenzó una lucha interna en saber si era correcto o no. Edward notó su repentina quietud y se detuvo en su tarea para separarse un poco y mirarla.
Ella se sonrojó al instante y no pudo sostener la mirada de su amigo, bajándola hacia el piso como si ahí yacieran las respuestas a todas sus interrogantes. Edward percibió lo apenada que se encontraba y como si de medir quien ganaba, un intenso rubor comenzó a aflorar en su rostro también. Parecían dos pequeños niños.
—Yo… este… yo no sé qué decir… Bella, esto…
—Perdóname Edward por favor –le suplicó intentando mirarlo a los ojos— No sé que me pasó, supongo que son las copas de más, o que últimamente mi cabeza no está pensando con claridad, por favor perdona mi arrebato, por favor, por favor –Bella sintió como las palabras se agolpaban en su garganta y lágrimas traicioneras amenazaban con emerger –esto no debió pasar y yo lo originé, por favor Edward, dime que me perdonas, por favor.
Edward sintió que se le oprimió el corazón, Bella estaba arrepentida de lo que había pasado? Fue sólo el resultado de unas copas, mientras su pecho estaba inflado de verdadera felicidad? Realmente las palabras de Bella fueron como un duro golpe en su estómago, pero por otro lado estaba frente a su amiga, con lágrimas a punto de derramar y él solo podía pensar en él? Se cuestionó y se recriminó.
—Bella, no te pongas así por favor –la tranquilizó— comprendo perfectamente, créeme que yo también he bebido de más esta noche, el alcohol nos juega verdaderas pasadas y nos hace hacer cosas locas –le apretó el hombro a modo de consuelo— es más, que te parece si hacemos de cuenta que nada pasó? O mejor dicho, tomémoslo como parte de nuestra apuesta, tu sabes para hacer nuestro "noviazgo" creíble.
Bella asintió y abrazó a su mejor amigo, pero esta vez de un modo diferente a como habían estado hace escasos momentos, lo abrazó con una enorme gratitud, admiraba a su amigo por haberlo tomado tan bien, realmente se había asustado que por sus estúpidos planes y arrebatos perjudicaran la gran amistad que ellos tenían.
—Gracias Cullen y déjame decirte que fue bastante creíble, Jessica Stanley nos vio y yo lo sabía –masculló apenada.
—Ja, eres una bribona Swan, pero ves! Todo sea por que este pueblo lo crea y bien por la Stanley eso la mantendrá alejada! –respondió Edward fingiendo naturalidad, sonriendo y llevándola en un fraternal abrazo hacia la mesa que compartían con Rose y Emmett para pronto dar por terminada aquella velada tan compleja.
*Cinco años atrás*
A Bella le partía el corazón verlo así. Sentía el pecho tirante, y un nudo tan grande en la garganta que casi no podía hablar.
—Lo siento tanto… —balbució con la voz entrecortada por la emoción.
Edward estaba inmóvil como una estatua, los ojos enrojecidos fijos en la lluvia deslizándose en regueros por el cristal de la ventana.
Bella extendió una mano temblorosa y lo tocó en el brazo, apretándoselo ligeramente, pero no obtuvo ninguna reacción.
—Cullen… —musitó. Muy despacio Edward se volvió hacia ella.
—Vete, Bella… Márchate… No puedo soportar verte sufrir a ti también por mi dolor.
Un sollozo escapó de la garganta de su amiga cuando lo abrazó con fuerza.
—No pienso dejarte.
—Swan… márchate.
Bella lo sintió temblar por las emociones que lo sacudían por dentro, y apoyó la mejilla contra su pecho.
—No, no me iré. Me necesitas a tu lado —le dijo. Edward se quedó quieto unos segundos pero luego la abrazó también, y cerró los ojos con todas sus fuerzas.
—¿No ves que si dejo que te quedes, tal vez no sea nunca capaz de dejarte ir? Eres todo lo que me queda, Bells, todo!
Las lágrimas que había tratado de contener por el bien de él rodaban ya por sus mejillas.
—Para eso es para lo que están los amigos, para los buenos tiempos y para los malos —le dijo sonriendo con tristeza—. Nunca te dejaré, siempre estaré contigo, así me quieras lejos, siempre estaré a tu lado!
Edward se derrumbó, abrazándose a ella y llorando sin consuelo.
—Quiero que vuelvan, Bella… quiero que vuelvan mis padres… No pude decirles todo lo que quería decirles…
—Ellos lo sabían, Edward —murmuró ella acariciándole el cabello—, sabían cuánto los querías.
*Un año después de la muerte de Carlisle y Esme*
Tras la muerte de sus padres en aquel penoso accidente de tráfico, Edward pasó una temporada totalmente desorientado. Vendió la casa de sus padres y comenzó a probar deportes de alto riesgo en busca de emociones fuertes que anularan la desazón y el dolor que lo inundaba; también viajaba lejos para embarcarse en causas humanistas y ecologistas en un intento de huir de los recuerdos, buscamdo encontrar algo que diera sentido a su vida.
Bella estaba inquieta por él, pero se decía que era algo natural, intentaba convencerse a sí misma que se le pasaría a medida que pasara el tiempo y fuera superando esa gran pérdida, pero todo cambió, incrementando su aprensión cuando por puro milagro Edward no se mató de una caída escalando un alto monte, o cuando casi se ahogó en unos rápidos, o hasta cuando la policía lo tuvo un fin de semana en prisión por obstaculizar el trabajo de un barco ballenero con otros voluntarios de Greenpeace.
Sin embargo, la gota que colmó el vaso fue el día que Matthew y ella habían quedado con él en un pub a su regreso de un viaje a África, y lo vieron aparecer con la pierna vendada y un bastón. Había viajado hacia aquel continente con un grupo de voluntarios para intentar detener la caza ilegal de leopardos, y uno de los furtivos le había disparado.
— ¿Qué es lo que intentas demostrar? —le dijo exasperada—. ¿O es que quieres matarte?
Edward contrajo el rostro. Los sermones de Bella podían ser realmente terribles.
— ¿Es eso? ¿No vas a parar hasta que te maten y tengamos que ir a Indochina o a quien sabe dónde para identificar tu cadáver? —bramó irritada—. Pues, ¿sabes qué te digo? ¡Adelante! ¡Hazlo de una vez y acaba con esto! —Le gritó clavándole repetidamente el índice en el pecho—. Yo ya no lo aguanto más.
Y dejando a Edward con la palabra en la boca, se giró sobre los talones y salió del pub.
—Me parece que está realmente enfadada conmigo, ¿verdad? —le preguntó Edward a su amigo, contrayendo el rostro y enarcando una ceja.
—Yo diría que sí —asintió Matthew, bebiendo un trago de su cerveza.
Edward suspiró. Estar allí juntos era como volver a los viejos tiempos, como haber retrocedido el tiempo, sin embargo había algo en Matthew que había cambiado. Ya no era el tipo abierto y despreocupado de los años de universidad. Era como si hubiese perdido algo por el camino, en la transición al mundo de los adultos pensó Edward. «Pero en fin, las cosas son así», se dijo, «la gente cambia; la vida nos cambia». ¿Quién hubiera dicho que Bella y Matthew acabarían siendo pareja? … ¿Quién lo hubiera dicho? Se interrumpió a sí mismo en sus divagaciones para seguir dialogando con su amigo.
— ¿Tú también crees que tengo deseos de morir?
Los ojos grises de su amigo lo miraron pensativos un instante antes de contestar.
—Lo que creo es que te arriesgas demasiado por cosas que no están en tus manos poder cambiar —le dijo con una sonrisa.
—Claro que pueden cambiarse —protestó Edward, tomando un par de cacahuetes de la bandejita que les habían puesto.
—Puede, pero no puedes salvar el planeta tú solo, ¿sabes?
—Bueno, al menos puedo intentarlo —replicó Edward con una sonrisa socarrona.
—Eres incorregible —respondió Matthew riéndose—. No me extraña que Bella te haya dado por perdido.
Se quedaron los dos callados un buen rato, hasta que finalmente Matthew volvió a romper el silencio.
— ¿Realmente te ayuda en algo, Edward?
— ¿El qué? —inquirió su amigo mirándolo confuso.
—Esta huida sin fin.
Edward se rascó el mentón, cubierto por la barba de unos días, otro indicador de lo poco que se preocupaba por su apariencia, por sí mismo, desde la muerte de sus padres. Bajó la vista pensativo a la jarra de cerveza casi vacía que tenía ante sí, rodeándola con ambas manos. Aquello era lo mismo que él se había estado preguntando durante los últimos meses después de haber dado tantos tumbos. ¿Se sentía menos solo o vacío? ¿Le dolía menos el corazón que hacía un año?
—No, la verdad es que no —admitió—. Lo cierto es… que quería volver. He pensado en irme a vivir durante un tiempo a la casita de verano que teníamos en las afueras de Forks, hasta que encuentre algo en el pueblo.
— ¿Y no hay demasiados recuerdos allí?
—Puede, pero son los mejores de mi vida. En esa casa fui muy feliz.
*Volviendo al presente*
El día después de la partida de dardos en el pub amaneció cálido y soleado. Bella se quedó durmiendo hasta tarde, y desayunó leyendo el periódico tras poner de comer a Houdini; una perfecta mañana de domingo en la que holgazanear.
La noche anterior, después de lo sucedido, Edward y ella habían vuelto a casa charlando y bromeando, Bella pudo respirar tranquila cuando se dio cuenta de que aquel suceso no había afectado en lo absoluto su amistad, ya que entraban a casa como si volvieran a ser dos adolescentes sin preocupaciones.
La joven se había despertado de muy buen humor, cuando bajó las escaleras, Edward ya se había marchado. En aquella época un nuevo edificio estaba por construirse y Edward al estar a cargo de todo el proyecto tenía un horario de trabajo más irregular y pesado, sin embargo estuvo de regreso a la hora del almuerzo.
—Vaya, al fin se despertó su majestad —la saludó burlón. Se acercó por detrás y le revolvió el cabello, aprovechando las protestas de Bella para robar un pepinillo de la tabla de cortar que tenía frente a sí.
—¡Cullen! —exclamó la joven en tono de reproche. Se giró hacia él, y dio un ligero respingo al encontrarlo más cerca de ella de lo que pensaba.
— ¿Qué ha sido de «Edward»? —inquirió, acortando los escasos centímetros que había entre ellos.
Bella frunció los labios.
—Para mí siempre serás Cullen. Solo te llamo así cuando flirteo contigo para fastidiar a alguna otra mujer.
—Mmm… ¿Así que anoche no estabas intentando seducirme, sino solo flirteando conmigo? –preguntó divertido.
Bella se río.
—Sigue soñando, Cullen. El que te dijera que besas bien no significa que haya caído rendida a tus pies.
—Tal vez si te besara otra vez… —murmuró Edward mirándola fijamente a los ojos.
—Ni hablar —lo interrumpió ella riéndose y poniendo las manos en alto para detenerlo. De hecho, trató de dar un paso atrás, pero su espalda chocó con la encimera de la cocina—. Lo de los besos se suponía que solo teníamos que hacerlo en público.
—¿Y qué me dices de aquel día en la playa, cuando nos besamos en aquella arboleda? Allí no nos veía nadie.
—Sí, pero la idea era que la gente pensara que nos habíamos estado reconciliando y fue idea tuya además.
—Y el beso pasado de copas ayer? Parece que podemos seguir practicando sin ocasionar problemas
—Lo de ayer quedamos claro que era por las copas y para que "Molusco Stanley" se la creyera
—De acuerdo, pero es que no había considerado eso de que me dijeras que beso tan bien.
Bella frunció el entrecejo contrariada.
—Ah, no… no puedes cambiar las reglas cuando te venga en gana. Además, esto es solo ficción, no realidad.
Edward extendió el brazo por detrás de ella para robar otro pepinillo, y su brazo rozó el costado de Bella, haciendo que diera un respingo.
—Aja… —murmuró con una sonrisa maliciosa—. Conque ficción, ¿eh? Entonces… ¿por qué te pones tan nerviosa cada vez que me acerco a ti? ¿Eso también es parte de la ficción?
A Bella aquello no le parecía nada divertido.
—No tiene gracia, Cullen. Esto no tiene nada que ver con la apuesta, así que no juegues con eso. Esto es serio.
—Lo sé —contestó él bajando la vista a sus labios. En ese momento, sonó el teléfono.
Edward alzó los ojos hacia Bella. Parecía algo alterada, y de hecho él mismo podía notar que su corazón palpitaba a un ritmo algo acelerado de repente. El teléfono continuaba sonando, insistentemente.
—El teléfono… —balbució la joven.
—Ya lo oigo —contestó él muy tranquilo, sin moverse un ápice. Bella esbozó una sonrisa forzada.
—Pues cuando el teléfono suena… lo normal es contestar.
—Cierto —asintió Edward cortésmente, con otra sonrisa.
Bella lo miró de hito en hito, esperando una reacción, y al ver que él enarcaba una ceja, como preguntándole «¿qué?», resopló exasperada.
—Iría a contestar yo misma, pero tengo delante cierto obstáculo que…
—¿De veras?
Sin poder aguantar más, Bella se echó a reír, y lo empujó para apartarlo.
—¡Muévete de una vez, pedazo de alcornoque, y déjame contestar el teléfono!
Edward se rió también, accediendo finalmente.
—¿Lo ves? No puedes quitarme las manos de encima —dijo el gracioso.
Bella todavía estaba riéndose cuando descolgó el aparato, mientras Edward se preguntaba que había sido eso, porque se estaba comportando así, que era que lo estaba poseyendo para actuar así con ella. Pero a la única conclusión que llegaba era que esos besos comenzaban a afectarlo, pero no le importaba, quería más de ellos.
—¿Dígame? –dijo Bella al teléfono.
—¡Eh, hola, preciosa!
Bella se quedó muda por un instante, pero se sobrepuso rápidamente.
—¿Matthew? ¡Eh!, ¿cómo estás? —dijo con una pequeña sonrisa—. Estábamos empezando a pensar que habías desaparecido de la faz de la Tierra.
Se oyeron risas al otro lado de la línea.
—No, todavía no. ¿Y tú qué?, ¿estás manteniendo a raya a ese rebelde con causa?
—Créeme —contestó Bella girándose hacia Edward y sonriendo divertida—lo intento.
—Bien, no desesperes. Pronto vas a tener refuerzos, finalmente he decidido aceptar la invitación de Edward de pasar con ustedes unos días… y vamos a ir a hacerles una visita.
—¿«Vamos»?
—Verás, después de que los dos me hayan dado tanto la lata con eso de sentar la cabeza, pues…
Bella abrió mucho los ojos y se quedó boquiabierta.
—¿No me digas que…? —balbució. Pudo notar que Matthew sonreía cuando respondió.
—Bueno, aún no he pisado el altar, pero estoy en camino. Parece que Diane ya no quiere mantenerme a raya solo en la oficina, sino también fuera de ella.
Bella esbozó una media sonrisa. Diane llevaba tres años siendo su asistente, y no solo era una chica encantadora, sino también eficiente, que había logrado poner en orden la caótica oficina de Matthew. Bella siempre se había preguntado cuánto tardaría Matthew en darse cuenta de la adoración con que lo miraba aquella chica morena. Ella lo había comprendido enseguida, porque a Diane se le ponía la misma sonrisa soñadora al tenerlo delante que a ella, años atrás.
—Bueno, ya era hora —respondió ella.
—Escucha, Bella, estoy en una cabina y se me está acabando el tiempo. Llegaremos mañana, sobre las once, ¿de acuerdo? Díselo a Edward.
—Eem… bien —asintió la joven, mirando otra vez a su amigo y frunciendo el entrecejo— Se lo diré.
—Chao, Bella.
—Chao.
Bella colgó el teléfono y se volvió muy despacio, llevándose las manos a las sienes.
—Genial —masculló—, sencillamente genial.
Edward se quedó mirándola un momento sin comprender.
—¿Qué?, ¿qué ha pasado?
—Matthew y Diane se han comprometido.
—¡Pero eso es estupendo! —exclamó Edward sonriendo—¿o no lo es? —finalizó inseguro al ver la expresión de ella.
—No me has dejado acabar, se han comprometido, y van a venir de visita mañana, y van a quedarse varios días —replicó Bella, lanzando los brazos al aire y saliendo de la cocina como un torbellino.
Edward le dio alcance en el porche.
—¿Y qué tiene eso de malo? —inquirió entornando los ojos. Tenía un mal presentimiento. ¿Y si Bella todavía estaba enamorada de él?
—¿Que qué tiene de malo? —Exclamó ella incrédula, volviéndose hacia él y poniendo los brazos en jarras—. Pues, no sé, déjame pensar… La mitad del pueblo piensa que somos novios, esto de los besos se nos está yendo de las manos… ¡y ahora Matthew viene con su prometida a hacernos una visita! —se quedó mirándolo furibunda—. Dime, ¿cómo diablos vamos a explicárselo?
—Em… —murmuró Edward, pasándose los dedos por su cobrizo cabello y revolviéndolo.
Estuvo a punto de decir: «¿Y qué más da que se entere?», pero las palabras no llegaron a cruzar sus labios. Matthew era su amigo, y no estaba seguro de cómo reaccionaría ante la idea de que él y ella pudieran estar en el comienzo de una relación. No, no podía hacerle daño.
—¿«Em»? —repitió ella—. ¿Es eso todo lo que tienes que decir? Genial, sencillamente genial.
—Bueno, bastará con que actuemos como si no hubiéramos hecho esa apuesta mientras él esté aquí.
—¿Y qué hacemos con los vecinos? ¿Sobornarlos para que no mencionen lo maravilloso que es vernos juntos? Buen plan —le espetó irritada. Edward frunció el entrecejo contrariado.
—Bueno, bueno, cálmate. Le diremos a Matthew que los rumores sobre nosotros están llegando a cotas insospechadas, y no pasará nada. Nos comportaremos con normalidad. Además, Matthew ni se fijará en nosotros. Solo tendrá ojos para Diane.
—¿Cómo puedes decir que nos comportaremos con normalidad, cuando tú no te has comportado de un modo normal desde que regresé de Inglaterra? —le espetó Bella incrédula, sacudiendo la cabeza—. Además, esta ridícula apuesta nos está afectando. Las cosas están cambiando, ya nada es como era antes…
—¿Y a qué crees que se debe eso, Swan? —inquirió él avanzando hacia ella y mirándola muy serio.
Bella resopló.
—¡Pues a que nos sentimos atraídos físicamente el uno por el otro, pedazo de alcornoque! —le gritó exasperada.
Al darse cuenta de lo que le había dicho, la pobre Bella se tapó la boca con las manos, poniéndose casi transparente y queriendo que se la trague la misma tierra por haber hablado de mas y sin pensar.
Claro que era la verdad, porque en esas últimas semanas había empezado a ver realmente a Edward, como un hombre, no solo como a un amigo, y que más prueba que lo que habían vivido el día de ayer, todas esas sensaciones en el aire, todo lo que ella sintió en medio de sus brazos, como un verdadero amante… Y eso era tan extraño.
—¿Bella? ¿Me estás oyendo? —dijo Edward agitando una mano delante de su cara para hacerla volver a la Tierra.
—¿Eh?
Edward sonrió malicioso ante la expresión confundida de su amiga.
—Vaya, vaya… Es la primera vez que veo a Bella Swan quedarse sin palabras —le dijo acercándose un paso más hacia ella—. ¿Estás bien?
Los grandes ojos chocolates de la joven pestañearon, como tratando de enfocar la visión. El corazón le latía apresuradamente, y tuvo que aclararse la garganta antes de hablar.
—Creo que sí —respondió. Edward se quedó mirándola pensativo un instante.
—Sé que no te doy la razón muy a menudo —dijo esbozando una sonrisa—, pero me temo que ahora no me queda más remedio que hacerlo.
—¿En serio? —inquirió ella enarcando una ceja. El asintió.
—Sí. Yo también me siento atraído por ti —confesó. Probablemente había sido así desde hacía años, pero era algo que aún se sentía reacio a admitir. No estaba seguro de que ninguno de los dos estuviese preparado para una revelación semejante—. La verdad es que he estado pensando bastante en ello, y, bueno, para ser honestos, no creo que lo que siento al besarte sea lo que creía que sentiría al besar a mi mejor amiga.
—A mí me pasa igual —dijo ella esbozando una sonrisa tímida—. Pero lo que te dije es verdad, besas muy bien —añadió. Entonces le tocó a Edward ruborizarse.
—Ya, bueno, supongo que todos tenemos algún talento oculto —murmuró riéndose.
Bella no pudo resistir la tentación de picarlo.
—Y además estás adorable cuando te sonrojas —le dijo. Su amigo frunció los labios.
—Pues yo lo odio. Los hombres hechos y derechos no se sonrojan… igual que se supone que no deben permitirse la clase de pensamientos de su mejor amiga que yo he estado teniendo últimamente, sobre todo después de lo de ayer.
—¿Qué clase de pensamientos son esos?
Estaban pisando arenas movedizas. Edward no estaba seguro de que debiera hablarle de esos pensamientos, pensamientos oscuros y ardientes en los que ambos hacían cosas que dos amigos jamás harían. Y lo peor era que aquellos pensamientos resultaban aún más excitantes precisamente por el hecho de que eran en cierto modo algo prohibido.
—Pensamientos adultos, Swan. La clase de pensamientos que un hombre tiene cuando encuentra atractiva a una mujer y cuando siente cosas como las de anoche.
La joven bajó la vista al ancho tórax de Edward, para después volver a mirarlo a los ojos. Y, como una polilla atraída por la luz, se acercó más a él.
—¿Y en qué consisten exactamente esos pensamientos y sensaciones?
—Bueno, pues, ya que lo preguntas… —murmuró él acercándose también a ella hasta que sus cuerpos casi se tocaron—, supongo que comienzan con mirarte a los ojos para ver si tú sientes el mismo calor que siento yo dentro de mí —y lo hizo. Bella se notaba la garganta seca.
—¿Y qué ves?
Parecían estar saltando chispas entre ellos, como si al no llegar a tocarse, el calor del que hablaba él se hubiese incrementado diez veces. Edward sabía que estaban llegando a un punto sin retorno. Si seguían, no habría vuelta atrás, su relación cambiaría irremediablemente porque no se trataba de un encuentro arrebatado como el de la noche anterior, esta vez estaban siendo sinceros, estaban siendo conscientes.
—Veo algo en ellos que nunca había visto antes —susurró él en un tono seductor.
—¿Y qué es? —inquirió ella con voz ronca por la excitación. El cuerpo de Edward se puso tenso al instante.
—Es deseo, Bella, el deseo te ha atrapado, igual que a mí, ¿no es cierto?
Una sonrisa tímida se dibujó lentamente en los labios de la joven, y asintió con la cabeza.
—Me temo que sí.
Edward apartó el cabello del rostro de Bella, y la joven cerró los ojos, disfrutando del tacto de sus dedos.
—Nunca lo hubiera imaginado —murmuró Bella.
—¿El qué? —inquirió Edward.
Movió la otra mano hacia el hueco de su espalda y la atrajo hacia sí, hasta que sintió sus curvas apretadas contra su cuerpo.
—Que pudieras resultar tan seductor —dijo ella alzando la barbilla y abriendo los ojos. Y, sin darse cuenta, se encontró de nuevo mirando sus labios, como hipnotizada. Se notaba la garganta tan seca que tuvo que tragar saliva.
—Pues aún no has visto ni la mitad de lo seductor que puedo llegar a ser —le susurró Edward, inclinando la cabeza hacia ella—. Tal vez debería mostrártelo.
Bella sentía el cálido aliento de Edward contra sus párpados.
—Sí, deberías…
En los labios de Edward se dibujó lentamente la sonrisa más sexy que Bella había visto en su vida.
—¿Sabes qué? —dijo él de pronto—. Esos pensamientos ilícitos que he estado teniendo… nunca hacen justicia a la realidad —murmuró rozando sus labios.
Aquel beso fue distinto, tal vez porque finalmente estaban siendo honestos consigo mismos y con el otro, porque no sentían la presión de comportarse de un modo distinto de como se sentían. Bella quería que Edward la besara, lenta y apasionadamente, y él estaba más que dispuesto a complacerla.
Se tomó su tiempo, explorando la forma y textura de sus labios… tan dulces, tan suaves…
Cuando la punta de la lengua de la joven rozó la suya, Edward sintió que su cuerpo se tensaba, y se sorprendió a sí mismo por la vehemencia con que respondió.
No hacía ni cinco minutos que habían admitido que se sentían atraídos el uno por el otro, y de pronto la pasión estaba haciendo mella en ambos con la fuerza de un titán. Era demasiado pronto, demasiado pronto… Aunque su cuerpo le exigía que satisficiera la necesidad que Bella había despertado en él, Edward sabía que tenían que ir poco a poco. Aquellas emociones eran demasiado nuevas, demasiado frágiles; no quería que se arrepintiera como pasó la última vez aunque haya sido en circunstancias diferentes. Así que hizo uso de todo su autocontrol y despegó sus labios de los de la joven, con la respiración jadeante, apoyó su frente contra la de ella.
—Dios… —murmuró maravillado.
Bella también respiraba entrecortadamente, pero logró esbozar una sonrisa y murmurar:
—Lo mismo digo. No se nos da mal esto de los besos, ¿eh?
—No, nada mal —concluyó él.
Se quedaron un instante en silencio, abrazados, hasta que Bella se apartó lentamente de él.
—Respecto a Matthew… —comenzó insegura.
Pero Edward la miró a los ojos, invitándola a continuar.
—¿Qué quieres que hagamos?
Bella inspiró profundamente, se dio la vuelta y observó los árboles en la distancia que podían verse por la ventana.
—No sé qué pensarás tú —dijo finalmente—, pero para mí esta atracción es algo nuevo y difícil de afrontar y no creo que pueda hacerlo con Matthew aquí, después de lo que hubo entre nosotros. Además, no sé cómo reaccionaría él, sobre todo si tuviéramos que explicarle cómo empezó esto.
Edward no dijo nada durante un buen rato.
—No voy a pretender que no me molesta tener que ocultarlo, Swan, pero si es lo que quieres, respetaré tu decisión —le respondió al fin. Bella seguía de espaldas a él.
—Bueno, es solo que… quiero decir… nosotros mismos no sabemos a dónde nos llevará esto. ¿Quién sabe? Tal vez acabemos no queriendo volver a vernos el uno al otro.
Edward frunció el ceño, y su voz sonó muy seria.
—Bella, yo nunca dejaré de ser tu amigo, nunca.
La joven se volvió hacia él con una sonrisa triste.
—Cullen, ya nunca seremos los mismos después de esto, y eso es lo que más me asusta de todo.
—Pase lo que pase yo siempre estaré aquí para ti Bella, eso lo sabes! Igual que lo he estado hasta ahora, siempre, siempre estaré para tí. No pienso irme a ninguna parte.
—Ojalá tengas razón —murmuró ella. Se quedó mirándolo un momento con la misma sonrisa melancólica. Edward siempre había sido su «roca»—. Para ti nada es complicado, ¿verdad?
—Solo el tratar de comprender a las mujeres —confesó Edward riéndose suavemente.
Bella le acarició la mejilla y sonrió.
—Bueno, supongo que ya no hay vuelta atrás, así que no tenemos otro remedio que seguir adelante y ver qué ocurre. Pero no lo hagamos más difícil metiendo a Matthew en esto, ¿de acuerdo?
Edward asintió con la cabeza y le apretó la mano.
—De acuerdo, pero no pienso ocultarme en las sombras para siempre —le advirtió—. No tenemos que avergonzarnos de nada, Bella.
Que les ha parecido? cuentenmelo todo por favor... yo casi que le rindo culto a mi Bella por aquel arrebato que tuvo...ya quisiera yo jajajajajaj por otro lado toda una zorrita la Jessica... gggrrr yo no hubiera podido contenerme... muy seguro que le caia encima... aunque con lo mala que soy en las peleas hubiera terminado toda magullada... pero que diablos! por defender a mi Edward lo que sea, si o si, chicas? jajajaja
Aaaaahhh y el descenlace del capitulo me hizo temblar las piernsa cuando lo adaptaba... uuuyyy que se viene... les aseguro que algo muuuuy intenso jajajajajaja
Chicas graaaacias por todos los comentarios, alertas y favoritos... no digan que molesto, pero a todas las tímidas que leen pero no escriben, animense a dejar su opinion... no saben cuanto me encanta responder a todos sus comment, asi me entero si les parece bien o mal como va la historia! Animense yap! *Ojitos inocentes pestañeando una y otra vez* jejeje
Bueno como siempre mi mención para mis lectoras favoritas que me dejan sus palabritas; Joli Cullen, Luluu Pattinson, Alimago, .Cullen , Camili Manina, Stardropper, a mi queridisiiiima Meli8114, Yeya Cullen Bienvenida de corazón, a mi twittera PRince_sadra, a mi Patty 69 gracias por el apoyo linda, a mi twiperv maravillosa magymc y a Possesion and Obssesion una mención especial en este capi porque su review inspiró parte importante de la adpatación de hoy jejejej
Un abrazo enorme para todas! No olviden contarme que les parecioooo!
Con cariño
Vivitace
pd.- Proximamente les regalaré más imágenes de este fic!
