Capítulo 3.
Los hermanos sean unidos.
Todo un día de temblores, fiebre que no cedía y vómitos habían dejado exhaustos a ambos hermanos, al menor porque era el que los había padecido en carne propia y al mayor porque cuando veía sufrir a su hermano pequeño era peor que si él mismo padeciera algún dolor.
Bobby entró en el cuarto seguro decidido, sabía lo que tenía que hacer:
- Dean, Dean!- tuvo que insistir mientras le sacudía un brazo para sacarlo de su letargo, porque estaba seguro de que el mayor no dormía, sólo estaba muy lejos, perdido en sus propios pensamientos.
- ¿Qué pasa, Bobby?- respondió el aludido con voz pastosa.
- Vete a la cama, come algo, date una ducha y luego duerme, lo necesitas urgentemente.-
- Lo siento, no me muevo de aquí. Mi hermano me necesita.-
- Mira, chico no vine aquí a discutir contigo, o te vas o te juro que te saco yo y no va a ser precisamente placentero. Anda! El cuarto ya está preparado. Pero primero come! Es una orden.- dijo Bobby.
Ante la mirada del viejo cazador, Dean optó por retirarse, aunque no era lo que deseaba hacer en ese momento. Antes de irse acarició delicadamente el cabello de Sammy que en ese momento dormía ya casi sin temblores. Una última mirada a ambos y luego desapareció rumbo a la cocina de Bobby pero lejos de pensar en comer, Dean sólo aprovechó que estaba solo para desmoronarse en el sofá de la sala. Su mundo se desmoronaba, el libre albedrío era una quimera y el tiempo apremiaba. No había más nada que hacer, salvo resignarse a su destino, el problema con esta opción era que implicaba ver a Sam convertido en receptáculo de Lucifer y eso aunque él estuviera muerto por dentro -como el Hambre le había dicho- no podía permitirlo, antes debería matar él mismo a su hermano, como se lo había prometido a su padre. Pero él no tenía fuerza suficiente para matar a su hermano, jamás la tendría y ahora, luego de todo este tiempo recordó las palabras de Gordon, cuando trataba de mostrarle cuán lejos de lo humano se iba a ir su hermano. En ese momento lo que había escuchado le había resultado absurdo, una verdadera locura, pero ahora veía que no era tal... ¿Qué hacer, pues? La angustia brotó en forma de silenciosas lágrimas que surcaron sus mejillas. Nadie había respondido a su pedido de ayuda y dudaba que alguna vez alguien lo hiciera...
Perdido en sus propios pensamientos, Dean se fue quedando dormido, cumpliendo al menos la última parte de la orden de Bobby.
Sam se despertó sobresaltado, por primera vez desde que había destruído al Hambre se sentía lúcido y podía darse cuenta de dónde estaba y porqué, lo que le extrañaba era no ver a Dean a su lado...pero al girar su cabeza descubrió a Bobby que dormitaba en su silla de ruedas y comprendió que el veterano cazador seguramente había ido allí a reemplazar a su hermano que estaría descansando luego de todo lo acontecido. ¿Cuánto tiempo había pasado? Sam no podía calcularlo, pero debían de haber sido al menos dos días.
- Bobby, Bobby, dónde está Dean?-
- Hey, chico, cómo estás? ¿Te sientes mejor?-
- Si, eso creo. Al menos no estoy desesperado por ingerir sangre de demonio, aunque me siento muy débil y mi cabeza me duele horrores.
- Bueno, es un precio pequeño después de todo lo que has pasado, hombre. Tu hermano está descansando arriba, o al menos eso espero que esté haciendo, y si te sientes en condiciones, puedes ir tu también allí. Es hora de que te reintegres al mundo, Sam.
-Gracias Bobby. Esperaré a Dean aquí y luego subiré.- el joven sólo trataba de disimular la necesidad imperiosa de tener a su hermano consigo en ese momento.
Bobby entendió y con la excusa de traerle un poco de té, ingresó en la cocina, donde pudo darse cuenta que Dean no había comido absolutamente nada. Pasó a la sala y allí halló al mayor de los hermanos que descansaba en una incómoda posición. Se acercó y lo sacudió levemente.
- Tu hermano está despierto, lúcido y pregunta por tí.
Dean tardó un segundo en entender lo que le decía Bobby, pero en cuanto lo hizo, saltó del sofá y se dirigió al cuarto seguro. Entró con paso lento y dubitativo pero cuando vio a su hermano parado cerca del camastro que lo había cobijado todos esos días sólo pudo arrojarse en sus brazos al mismo tiempo que Sam se abrazaba a él sintiendo uno y otro que ese era el único lugar seguro que siempre habían tenido y tendrían en el mundo. No conocían otro consuelo que tenerse a ellos mismos y eso no podía faltarles. El lazo entre ellos estaba restaurado y era ahora más fuerte que antes, ya que los malos momentos no habían hecho más que reafirmar ese amor mutuo que se tenían.
- Ya todo pasó, Sammy- Dean fue el primero en hablar, tal vez para evitar los momentos embarazosos, que tanto lo perturbaban.
- Si, Dean. Ha sido horrible y me siento como la mierda.
- Te ves como una mierda, hombre.
- Gracias, tu tampoco te ves bien. ¿Qué has estado haciendo además de preocuparte por mí, hermano?- bromeó Sam.
- Bueno, a ver, fui de compras, fui al cine... Joder, Sam, qué diablos querías que hiciera mientras tú sufrías aquí debajo? Pues nada, sólo me he pasado estos días esperando a que te mejoraras. Y gracias a Dios que ahora sí estás bien, Sam.
Como para graficar cuánto se equivocaba Dean, Sam tuvo que apresurarse a llegar al baño, porque los vómitos habían comenzado otra vez. El mayor se apresuró a ayudarlo gentilmente a llegar de regreso a la cama, le masajeó suavemente la espalda mientras pensaba qué más seguiría a eso, cómo diablos se salía de semejante adicción sobrenatural.
El silencio fue interrumpido por las palabras de Sam.
- Dean, no creo que pueda resistir más, estoy agotado.
- No te preocupes, Sammy, estoy contigo, como siempre lo he estado, todo esto pasará, hermanito. Sólo tienes que resistir un poco más. Te daré algo para las náuseas y te prometo que te sentirás mejor.
Acto seguido Dean se dirigió rápidamente a la cocina, donde buscó entre los medicamentos de Bobby lo que necesitaba y regresó a donde se hallaba Sam.
- Vamos Sam, bébelo. Te prometo que todo pasará. Acaso yo te he mentido?
- No, Dean tu no me has mentido nunca, has sido el único en toda mi vida que siempre me ha dicho la verdad y ahora quiero que lo hagas por última vez. Dime, tu no crees que vaya a superar esto, no? Esta adicción va a acabar conmigo y contigo, no es verdad, hermano?
- Claro que no, Sammy, no seas tonto. Vamos a superar esto como hemos superado tantas otras cosas y vamos a patear los traseros de Lucifer y Miguel también. Esos tarados no nos van a tener. Eso te lo juro.- ¿qué podía decir Dean si no una mentira? Era momento de empezar a mentir a su hermano, lo necesitaba, ya que aunque el mayor de los Winchester se daba cuenta lo roto que estaba él mismo, y lo difícil que iba a ser todo, también se daba cuenta de que si no le mentía a Sammy y le daba ánimos y motivos suficientes como para continuar, a éste inclusive le resultaría un acto de liberación decir "si" a Lucifer.
Las náuseas impidieron que Sam pudiera rebatir los argumentos de su hermano pero era lo mejor, él también sabía que necesitaban ser positivos, necesitaban creer que iban a vencer, que iban a ganar esta maldita guerra. Así que cerró los ojos mientras sentía el contacto de la mano de su hermano en su espalda, dejó que el medicamento hiciera su efecto y se fue hundiendo en la inconciencia otra vez.
