Hola, lamento toda demora pero no estoy en una situación muy... afable por el momento. Pero disfruten el siguiente capítulo, aunque advierto que es más que nada, para comprender ese amor y dolor entre Roy y Korian

Dinglars: No existe en los comics, pero lo he inventado como una clase de borrego de Tamaran, cuya piel es el material más cálido del reino.

Singmur: animal que no pasa el medio metro, innecesario pero bonito, usado normalmente como mascota para las clases altas de Tamaran.

Los jovenes titanes no me pertenece :( por cierto, recomiendo la canción everybody hurts de Rem...


La noche era fresca y tranquila en se espacio abierto, y la vista era bella. La luna se hallaba en lo más alto, brindando luz suficiente para que Wallace pudiera ver por dónde iba. Ya había caminado un buen rato rodeando el campamento pero no se percibía amenaza alguna. De hecho podía estar seguro que con los sonidos que proporcionaba la noche (el estridular de los grillos, el ulular de algunas aves, y el croar de ranas o sapos) uno podría quedarse dormido tranquilamente. Aquella idea le hizo bostezar perezosamente, por lo que decidió caminar nuevamente, pera antes que su pie tocara siquiera el suelo, se escuchó el crujir de una rama. Se giró evitando que un grueso tronco lo golpeara en la nuca, y en su lugar se estrelló en su omoplato; soltó un quejido mientras iba directo a chocar contra un árbol (que apenas evito le diera en la cara al meter las manos), pero no tuvo tiempo más que para hacerse a un lado y evitar otra arremetida. Casi pudo escuchar sus vertebras crujir ante el impacto imaginario de la gruesa vara, pero era la prueba que necesitaba para darse cuenta de que no se trataba de ningún juego o novatada: estaba siendo atacado por los futuros aliados del reino, o por lo menos, por uno de ellos, y debía escapar de ahí enseguida.

Roy trataba de controlar su ira y pensar fríamente, pero aquel muchacho estaba corriendo con suerte; y en el momento que pensó que no tendría escapatoria, Wallace se dio impulso con un tronco y, a trompicones, echó a correr a la negrura. Aquello tomo desprevenido a su agresor, quien tras dudar por instantes, decidió seguirlo.

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Azul claro, brillante. Así se veía el cielo con el esplendoroso sol brillando sobre sus cabezas. Los jardines reales siempre le parecieron vivos a la pequeña princesa Korian, por eso era su lugar favorito cuando entrenaba con Roy, aunque él no le caía bien. Siempre le ganaba cuando debía mostrar lo que había aprendido sobre combate, y le abochornaba no poder demostrarle a su padre, pero sobre todo a su hermana, que X-Hall no estaba siendo injusta al concederle a ella la salud que había negado a la primogénita. Aquel día su madre iba retrasada, y ni siquiera se había tomado la molestia de enviar un mensajero. Se sentía más nerviosa que enojada o molesta, porque su presencia le tranquilizaba; cuando su hermana mayor la miraba fijamente, juzgando cada insignificante movimiento fallido, su madre le distraía, e incluso lograba provocar una sonrisa a la discapacitada joven. Pero no llego al evento.

Si hubiera llegado aún después, su compañía le habría consolado. Aquel día, Roy le había hecho tragar el pasto (literalmente), su padre había desaparecido a medio encuentro y el reproche en la mirada de su hermana era casi palpable. Estaba hecha una furia con él, no podía concebir que ese súbdito —aspirante a guerrero— la humillara así. Ella quizá no gobernaría Tamaran, porque el derecho reclamaba que fuese su pequeño hermano Ryand De Fire, por ser varón, o Kahlan su hermana por ser la mayor; pero ella aún estaba una torre por encima de él, por pertenecer a la familia real. ¿Acaso el padre de ese muchacho no lo reprendía por no dejarle ganar a ella, la princesa? ¿Por qué el Rey, su padre, no hacía algo para que aquello no siguiera ocurriendo? Y encima se encontraba sola y desconsolada por su derrota. Por lo menos Roy tampoco había contado con la presencia de su padre para ser testigo de aquella degradación. Fue solo en ese momento cuando se dio cuenta que tampoco su tío Galfore había acudido. El sosiego y la inquietud se abrieron paso entre la rabia y el disgusto, y de pronto, las ansias por ver a su madre la consumían.

Entro caminando altivamente al salón para salvar por lo menos un poco el orgullo, y porque las clases de conducta que había estado recibiendo así lo dictaban aun vestida con su ropa de combate, pero se encontraba vacío. Ni siquiera había criadas que le ofrecieran poner la tina para ella. Entonces no lo pensó, y mando al carajo las clases de conducta y corrió al ala donde se alojaba su familia, para subir los escalones de dos en dos. Pero al entrar al recibidor nadie reparo en ella. Las criadas iban y venían de aquí para allá corriendo presurosas, empujándola sin siquiera una disculpa pero no era eso lo que le importaba, y al divisar a su hermana entre los vaivenes de los cuerpos, su garganta se secó, y sus ojos se humedecieron. Kahlan lloraba sin el menor reparo.

Cuando el rey salió de los aposentos de la reina el tiempo se paró. Parecía haber envejecido veinte años, y su mirada era sombría. Entonces Korian dejo escapar un sonoro gemido que acentuó aún más el silencio, y apartando a quien estuviera en su camino casi a golpes, se abrió paso hasta llegar al lecho donde su madre y su hermano pequeño yacían.

Al día siguiente fueron los funerales, lo que no dio tiempo a reyes vecinos para ir y dar el pésame por las pérdidas al rey de Tamaran. Él no lloro ni un solo momento, su rostro parecía una roca tallada en amargura.

Ese día el sol también brillaba, y no había nubes que acompañaran la perdida de la reina más generosa que hubiera tenido el reino. Porque la reina siempre había sido admirada y venerada por su condescendencia hacia los súbditos, ella hacía llevar vegetales mismos del huerto real al pueblo en tiempos de sequía, o en algunos inviernos crueles, regalaba pieles de dinglars. Pronto todos se darían cuenta, que ella también se encargaba de ser el apoyo y la alegría del rey.

De la familia real, solo la princesa menor lloraba. Fue la última en irse cuando termino el sepulcro y los homenajes. El sol que había brillado todo el día, no había calentado nada en el corazón de Korian, y frustrado parecía irse a esconder aún lanzado unos últimos rayos rojizos, muy brillantes. Noto torpemente que el brillo rojizo pertenecía a los cabellos de Roy, que estaba a varios metros de ella. Con los hombros caídos y la mirada baja no parecía ni la sombra de un guerrero valeroso e internamente se alegró un poco; pero al instante se arrepintió, al darse cuenta del bulto de tierra recién movida que se hallaba frente a él. Ella aún tenía a su padre y a su hermana (aunque eran más fríos que los peores inviernos), pero Roy ya no tenía a nadie.

Aún con lágrimas en los ojos, avanzó lentamente. Nunca supo si aquel muchacho se percató o no de que ella se acercaba, porque en ningún momento alzo la vista. Pero pareció aceptar juntar el dolor de sus corazones en el abrazo que Korian le dio.

Pasaron los días, y la princesa no tuvo ningún otro encuentro de lucha con Roy, porque el rey ordeno que dejaran de entrenarla. Pero después de que paso el tiempo de duelo, y las cosas volvieron "a la normalidad", Korian observaba a escondidas los entrenamientos que recibían los jóvenes guerreros, especialmente a Roy. Encontrarlo entre los diferentes muchachos no era muy difícil (aunque por lo menos una tercera parte tuvieran el cabello rojo), porque Roy entrenaba aparte. Antes era su padre el encargado de instruir, de mostrar los movimientos y la ferocidad con la que se ganaba una batalla, por eso a nadie le sorprendía que Roy fuera el más aventajado guerrero. Pero ahora Galfore se encargaba del grupo, y otro guerrero apodado Red Hood se encargaba del huérfano.

Después de varias semanas, cuando solo quedaba Roy, después de que todos los guerreros en formación se hubieran retirado y Korian también se disponía a abandonar su escondite, la princesa fue descubierta.

— ¿Estáis esperando verme perder un combate? – Pregunto Roy, sin dirigir la vista al lugar dónde sabía que se escondía la princesa.

Tras unos instantes, supo que le hablaba a ella.

— N-no. – No entendía porque se sentía avergonzada en ese momento.

Él parecía querer descubrir algún engaño en su respuesta, pero debió creerle.

— ¿A que debemos el honor de vuestra presencia, princesa? – No había ironía, más bien parecía un tono vacío. Ensayado.

Hubo un silencio antes que una respuesta.

Vuestro rey ha considerado innecesario continuar con mi entrenamiento. – Dijo al fin, pero era una respuesta más bien triste, y las palabras que callo fueron más elocuentes que ella. Con esfuerzo logras ser vencida. Es más fácil que el mejor guerrero sea vuestra escolta. — Y,.. me ha ganado la curiosidad por ver vuestros progresos.

Entonces el muchacho confeso algo que no planeaba decirle nunca a ella: — Os culpo a ambos.

Korian salió de su escondite atónita y molesta, pero no alcanzo recriminar nada porque Roy seguía hablando.

— Siempre quise demostrar a mi padre que valía la pena como guerrero, y aunque se molestaba mucho conmigo por ganarle siempre de ese modo, deseaba que ante mi rey, vuestro padre, – añadió respetuosamente – quedase más que claro que sería un guerrero que no se dejaba intimidar por un puesto.

Y por segunda vez se quedó con la intención de hablar cuando quiso hacer un comentario empático y el joven guerrero siguió con sus divagaciones.

— Pero me molestaba mucho que nunca hiciese más que mostrar que había aprendido la lección. No había pasión en su pelea, y aun así era casi la mejor guerrera. – Al terminar la miro.

— ¿Cómo osas hablarme así? – Intento sentirse más indignada de lo que realmente se sentía.

— Hasta vuestro padre sabe que es cierto. – Se defendió.

Un nuevo silencio los envolvió. Korian se sentía confundida, y sopesaba lo que acaba de escuchar. Pero no comprendía muy bien.

— Habladme más claro. – Exigió a regañadientes.

— Nunca ha logrado vencerme, porque nunca ha luchado por su vida.

— ¡Mi vida nunca ha estado en peligro! – Repuso molesta, sin comprender del todo a que quería llegar.

— Es ese el problema. Luchabais sin convicción por sobrevivir. En una lucha verdadera, nadie se detendría para hacerle daño, porque todos buscarían vencer.

Solo hasta ese momento lo entendió todo. Pero ya era tarde, porque no volvería a tener clases de lucha, y el joven guerrero que siempre le ganaba, lo noto cuando la princesa bajo la mirada. Y rompiendo tantas reglas que le hubiera costado la vida al muchacho, ofreció algo a la princesa.

— Mirad la clase, salid del escondite cuando todos habéis marchado y practicareis conmigo.

Entonces Korian sonrió como no había hecho en mucho tiempo, y por un momento, le pareció que los azules ojos del muchacho se dulcificaban.

El abrazo de consuelo que Korian ofreció el día del entierro, no había hecho más que iniciar un lazo que el tiempo se encargaría de estrechar.

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La adrenalina le daba la fuerza para seguir avanzando esquivando apenas los altos pinos, abetos y cipreses, sin diferenciar uno de otro tras intentar perder a su perseguidor. Ya ni siquiera escuchaba a los animales nocturnos, y sentía que el ruido que hacía su corazón los hacia callar. Después un largo rato de estar corriendo sin rumbo, Wallace creyó haber perdido a Roy, y en posición de cuclillas trataba de recuperar el aliento. Oficialmente no sabía dónde estaba parado, y los árboles en ese lugar eran tan altos que sus copas impedían que la luna alumbrara apenas nada. En ese momento se sentía observado, como si alguna fiera quisiera darse un banquete con su carne, pero se calmó atribuyéndolo al nerviosismo que le provocaba el lugar. El latir de su corazón ya se había acompasado y se disponía a erguirse cuando su perseguidor aprisionó su cuello entre él y el tronco con el que le había atacado. Estaba empecinado en matarlo.

— ¿Qué motivos os he dado – se le dificultaba hablar, pero necesitaba esos segundos para pensar en un escape — a vuestro reino… para matarme?

Roy se echó a reír, lo que desconcertó a Wallace.

— Disculpad mi descortesía, pero no pensé que en ese otro reino suyo os gustase saber la causa de su muerte. – Apunto con ironía.

— Tomad-lo com-mo mi u-ultima volun-ntad – Repuso tratando de empujar el leño lejos de cuello, pero apenas le quedaban fuerzas.

— Porque yo amo a Koriand, – de pronto hablo con una seca seriedad — y como estará enterado, vuestro príncipe se propone arrebatármela. Pero si vuestro fiel sirviente no se presentase a anunciar el mismo que se ha aceptado la propuesta de matrimonio,.. – El dolor que le provoco el acompañante del príncipe de Gotham le impidió seguir hablando, le había encajado el codo con fuerza en el costado.

Pero la distracción fue corta, solo para liberar su cuello y arrastrase un poco, para que Roy volviera a la carga con aquella primitiva arma en alto, pero los reflejos del otro fueron rápidos, —quizá por adrenalina, o tal vez miedo a la muerte— cuando se giró sobre su espalda y lanzo una pata, atinando a darle en el abdomen, haciéndolo retroceder.

A Wallace le dio un poco de pena la situación del atacante, pensó que debía amar realmente a esa mujer para matar por ella, pero sabía que aún si acaba con su vida esa noche, nada impediría que la boda se realizara.

Entre jadeos, confesó: — Aunque apaguéis mi vida aquí, no habrá relevancia alguna. El rey, no está enterado de las nupcias, ni tampoco podría llegar a tiempo para impedirlas. – ya estaba poniéndose de pie, para enfrentar lo que viniera.

Pero Roy se quedó petrificado en su lugar, temblando. El sol estaba comenzando a despuntar, y ya se habrían dado cuenta de su traición, pero no era aquello lo que le importaba. Wallace pareció percatarse también en qué situación se habría metido.

— Volvamos. – Propuso —. Aseguraré a todos que fuimos atacados en plena guardia.

— Os mentí con la guardia. – Hablo monótono, con la mirada perdida.

— No, no. – Wallace no comprendía — Pero mandasteis a ese compañero suyo…

— Vuestra guardia. – Aclaro con seriedad —. Ningún invitado o protegido de Tamaran debe hacer el menor esfuerzo. – aunque hacía mucho tiempo que no tenían que proteger invitados, era una de las reglas que les hacían aprender hasta el cansancio —. Largaos ya.

El muchacho seguía sin comprender la situación. ¿Cómo habría burlado el guerrero a sus compañeros, habría corrido la suerte que a él le esperaba un rato antes?, ¿estaba dejándolo ir?

Dio un traspié hacia atrás, y antes de darse la vuelta Roy le tendió la gruesa vara con la que intentó ahorcarlo —. Vais a necesitarla más que yo. – Wallace la tomo.

No espero a que le repitiera nada, o que se arrepintiera, le dio la espalda y se echó a andar con la mente echa un lio.

Cuando se le antojo que su antigua víctima se había alejado suficiente, y que se encontraba al fin solo, Roy libero un rugido de frustración, de ira y desesperación, mientras le reclamaba en silencio a X-Hall por todo ese dolor.

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Ya no se encontraba huyendo, como hacía un tiempo atrás, pero aun así, era difícil sortear los árboles además de seguir sintiéndose observado. No sabía en donde se encontraba, y a causa del follaje no distinguía por donde estaba saliendo el sol. Por si fuera poco, la adrenalina se había desvanecido, y la espalda le dolía horrores, además de saberse merecedor de un hematoma en el cuello. Deicidio trepar por un abeto que parecía no tener fin, pero era necesario para que el sol lo guiara. Apenas había trepado algunos metros, cuando un agudo dolor le paralizo el brazo y la rama en la que se apoyaba en ese momento se quebró con un crujido. Sintió varios golpes mientras caía, hasta que llego al suelo, sintiendo su cuerpo rebotar sobre la tierra. Entonces el cansancio se fue apoderando de él, y antes de cerrar los ojos vio una figura delgada y de cabello alborotado acercarse; lo último que diviso parecían ser los ojos de un gato.

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— Estáis haciéndolo bien, pero separad un poco más las piernas, o vuestro equilibrio se verá afectado. – Korian obedeció mientras lo decía. — Ahora solo debéis inclinaros un poco y aunque seáis sorprendida, tomando esta posición podrás tomar suficiente fuerza para derribar un singmur. - Dijo a modo chiste.

La risa de Korian sonaba como una suave cascada de aguas para Roy, y le era muy relajante. En esos momentos podía creer en la paz. Pero la reina y su hijo pequeño habían sido asesinados en el pueblo. Para la princesa no existiría la paz, pero él se encargaría que nada la tocara.

— ¡Preparada! – Fue la única señal que dio para tomar la posición que le había enseñado antes.

Se sintió orgulloso cuando en una fracción de segundo, la joven estuvo en forma y se abalanzo hacia él. No había tardado ni dos semanas en encontrar un ritmo de lucha, en dejar de poner en práctica lo que había aprendido una lección y convertirlo en su modo de sobrevivir. Aunque nunca llegara a ser reina, Roy sabía que Korian haría mucho por Tamaran.

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Pasaron meses y años, hasta que llego el día en que no hubo más lecciones que aprender. Los aprendices demostrarían cuál era su valía como guerreros, y que puesto merecían según su ferocidad. Aquella "graduación" se celebraba año con año en un campo de batalla situado en el castillo. Apenas un año atrás las puertas habían sido abiertas nuevamente a la plebe.

El lugar era similar a un pequeño bosque, pero no había muchos árboles. La tierra era negra y los limites estaban pintados con cal. Ese lugar no daba mucha ventaja a nadie, además de mostrar un terreno probable para una verdadera batalla.

Los jóvenes más rápidos, fuertes y leales resguardarían a la familia real. Pero entre ellos muchos serían eliminados cuando se enfrentaran a los guerreros que ya resguardaban a la familia real. A veces pasaban años sin que un rostro nuevo entrara en el castillo. Después de aquello, diferentes comercios podían pagar un impuesto (dependiendo la destreza del guerrero, sería el precio), para obtener guardias, ya fuera por temporadas o viajes. El reino hacia llegar parte de esa paga a los guerreros como sueldo. Los guerreros podían desempeñar otros oficios si nadie los contrataba, pero si el reino de Tamaran los necesitaba en guerra, fueran contratados o no, debían acudir. Aunque hacía años que nada de eso sucedía, la última vez, fue cuando la reina y el príncipe fueran asesinados.

Roy no tuvo problema en vencer a muchos de sus compañeros. Nadie peleaba con la misma pasión que él, y nadie tenía el mismo motivo. Pero cuando llego el momento de enfrentar a un guerrero de la realeza, hubo un momento de silencio: Galfore sería su contrincante.

Aquel hombre era una leyenda entre las leyendas. Cuando era apenas un muchacho había perdido la vista de uno de sus ojos, defendiendo el territorio de Tamaran de un reino desconocido hasta entonces. Se contaba que él sólo, había ensartado —en una lanza improvisada— por lo menos a cien hombres el primer día de batalla. El habría sido el gran gobernante, pero se negó a subir al trono, y este le fue concedido a su hermano menor.

Al luchar con un guerrero real, las reglas cambiaban. Lo único que debía lograr era derribar a su oponente. Una sola vez.

Korian tenía el corazón en un puño mientras observaba, e intento mantener una expresión apacible, aunque por el comentario de Kahlan no supo si lo estaba logrando.

— ¿No era ese el guerrero que siempre os arrebataba la victoria? – Pregunto con frialdad.

— Si, hermana. Es él. – Respondió quitando toda emoción de su voz.

— Siendo el caso, nuestro tío Galfore no tendrá problema en hacerlo polvo.

La princesa menor no sabía si el comentario era para denigrarla o apoyarla. Y ese era siempre el problema con Kahlan; nunca sabría si estaba apoyándola o reprochándole.

Ambos hombres estaban situados en el extremo diferente al que se hallaba el otro. El inicio de la batalla lo decidían ellos. El silencio se hizo total, ni siquiera se oían las respiraciones de los asistentes. Galfore abrió la batalla con un rugido abalanzándose hacia su oponente. Por segundos Roy no se movió, y, a excepción de la princesa, todos los presentes creían que el miedo lo había paralizado, pero él solo esperaba el momento preciso para esquivar. Lo hizo en el último instante, rodando por debajo hacia un lado, y esa jugada desoriento al gran guerrero. Cuando se dio cuenta, estaba recibiendo una embestida por un costado. Cualquiera sabía que se necesitaba más que eso para tumbar Galfore, pero Roy no lo hacía por imaginarse una oportunidad con esa táctica, al contrario, estaba midiendo la fuerza de su adversario. El gigante solo retrocedió un paso, y aparto al muchacho de un fuerte manotazo, quien metió las manos para evitar su caída oficial.

La mente del joven guerrero ya estaba maquinando un plan para vencer. Tomo distancia, y echo el primer y último vistazo a la princesa, y sus ojos se cruzaron. Entonces se juró ganar todas las batallas por ella.

Echo una mirada desafiante a Galfore, e hizo un movimiento predecible al avanzar directamente al oponente. Tuvo la reacción que esperaba, y era fue la pose que él mismo le había corregido a la princesa mucho tiempo atrás. Ella la había imitado perfectamente con solo ver a su tío hacerla, y tenía el mismo defecto que él se había encargado de corregirle. Apenas estaba a un palmo de distancia cuando se tiró al suelo con los pies por delante y con la velocidad que llevaba, ante la expresión de sorpresa de Galfore.

Roy supo desde el principio que no ganaría con fuerza ni con esfuerzo, porque Galfore era un guerrero muy poderoso, paciente y resistente. Demorar la batalla, aunque solo fuera para hacerla parecer titánica habría sido un error.

Por un largo minuto, nadie hizo ademan de vitorear, hasta que el mismo Galfore volvió a ponerse de pie y rugió, demostrando así, que Roy era un guerrero formidable, y merecedor de un puesto en el palacio. Hasta entonces el público aplaudió, y el muchacho miro de nuevo a la princesa, lo más disimuladamente que pudo, para ver como sonreía radiante provocándole sonreír un poco; pero cuando volteo a ver a su anterior adversario, noto que le dirigía una mirada seria y amarga. Y supo que no había pelado con él porque fuera el guerrero más avanzado, sino porque nadie creía que hubiera podido vencerlo, ni el propio Galfore. La pequeña sonrisa que había aflorado, desapareció de su rostro.

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Korian despertó exaltada, como si hubiera escuchado un grito desgarrador. Miro alrededor, y por la luz naranja que entraba por las aberturas de las cortinas, supo que apenas estaba clareando. No había dormido bien. Sus sueños habían sido una de mezcla de recuerdos que compartía con Roy, pero que siempre terminaban en grilletes puestos en sus manos, mientras él desaparecía en el bosque.

Volvió a hundirse en su cama y acomodarse entre las colchas, pero no recupero el sueño. Se quedó despierta en esa posición hasta que llego una criada para ponerle la tina.

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El príncipe de Gotham no había llegado a dormir. Ni siquiera se recostó en la cama. Divago toda la noche, pensando que todo lo hacía por el bien de su reino, y el de Tamaran, aún si aquello implicaba hacer llorar tan desgarradoramente a la princesa. No le paso por la mente que la tristeza no fuera a causa del miedo por casarse con un desconocido, sino por tener que renunciar a quien creía el amor de su vida. También diviso un futuro, quizá tranquilo, en cuanto a la princesa se le pasara el miedo. Soltó un sonoro suspiro al imaginarse a sus padres enterándose que había llevado a cabo la descabellada idea que les había comentado. Ellos se habían negado, diciendo que bastaría con proponérselo al rey, pero en aquella visita que había tenido de él, le basto para saber que no lo aceptaría.

Casi al final recordó a su prima.

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Wallace abrió los ojos con una tremenda pesadez. Sentía como se le dificultaba respirar, seguro que se habría roto un par de costillas, pero sentía la frente fresca, y estaba seguro que se hallaba en algo más cómodo y mullido que la tierra fría y húmeda del bosque. Solo pudo captar una cosa, más bien, un rostro afilado y unos ojos gatunos que lo miraban como tratando de decidir si era una amenaza. A él le pareció el rostro más bello, y sintió que aquel visión era parte del sueño en el que volvía a sumergirse.


Muchas gracias por los reviews.

Ojala aun lo sigas Max Player 123, y espero que siga sin muchas complicaciones, o en su caso, que no lo escriba tan difícil.

Angel Rebelde18, seguiré continuando, aunque lenta... Panta seguirá por ahí inmiscuyéndose, aunque a veces no muy frecuente :)

KICT, espero que aún siga gustándote, un saludo!

Amy Grayson, deseo que te agrade este capítulo, que... bueno, si ya lo leíste, es un intento del por qué amar a Roy.. Aún falta mucho, pero espero les guste conforme siga.