LA BELLA Y LA BESTIA

CHAPTER 4

Pasaron los días, los meses y así las estaciones. Podéis comprender el sufrimiento de la pelirroja al no saber nada de su querido y velando por él cada día. Los primeros meses resultaron ser los más dolorosos.

No obstante, los vínculos con sus amigos se forjaron y eso le ayudó a atenuar aquella obsesión que sentía por Luffy que la estaba quemando por dentro.

Vivi le aconsejaba que no le fuera tan fiel y que se divirtiera porque ella lo pasaba fatal al verla de ese modo, tan apagada, tan perdida... Nami había perdido totalmente los colores.

Necesitó más que nunca el apoyo incondicional que siempre obtuvo de sus amigas Robin y Vivi. Gracias a ellas consiguió avanzar y ser quien fue siempre. Ya volvía a trabajar arduamente y ya sonreía como siempre. Esperaría el regreso de su novio y estaba segurísima de que él no la hubiera querido ver en ese estado tan deprimente.

Cuatro años pasaron volando. Y en un plis plas la bella pelirroja creció y se convirtió en una hermosa mujer adulta. Una adulta de 24 años. Mantuvo como siempre su pelo, largo y ondulado. Su vestimenta se volvió más adulta y provocativa. Su cuerpo también se desarrolló transformándose en una escultura típica de una diosa.

Pero no era solo el aspecto físico. Había madurado y se había vuelto más inteligente de lo que ya era.

Y os preguntaréis si Nami en ese largo período estuvo con algún hombre como bien le recomendó su amiga, pues eso lo dejo a imaginación de cada uno.


A la susodicha le llegó la noticia que Luffy llegaba esa misma semana. Soñaba con verlo convertido en un digno almirante. Ansiaba sentir su piel rozar con la suya. Echaba de menos todo de él. Y también deseaba que él viera la mujer de armas tomar que se había convertido con los estudios finalizados y trabajando como la mujer del tiempo en el canal siete.

Pero como todos sabemos, el tiempo cambia a las personas y el dolor nos transforma en otros. Así pues, Nami tembló aquel día al ver a Luffy tan distinto bajando las escaleras del buque.

Él también había sufrido cambios muy notables. Su cuerpo había alcanzado unos músculos de hierro. En el puerto no vio al muchacho vivaracho que conocía, sino a un guerrero de mar desafiante e imponente. Estaba alto y su mandíbula se marcaba más, su cabello más corto y su mirada seria dejaban perpleja a la presentadora.

¿Quién era ese desconocido?

Se hizo paso empujando a los demás que aclamaban y festejaban el regreso. Y cuando lo tuvo enfrente un escalofrío recorrió su cuerpo.

─¿Eres tú, Nami?

─Luffy... Has cumplido tu sueño, te has convertido en todo un almirante. ─dijo aferrándose a los fuertes brazos de él y derramando lágrimas, las cuales no se molestó en retener.

─Sí, Nami. ¡Lo logré! ─exclamó él acariciando la cabeza de la joven.


Una vez en casa de la presentadora, estuvieron haciendo el amor repetidas veces. Luffy se había vuelto más sexy al igual que ella y los dos se comían a besos hambrientos de amor.

─¿Cuál es la historia de esta cicatriz? ─preguntó medio adormilada mientras acariciaba la considerable cicatriz trazada en su torso.

─Joder, Nami... No me preguntes por ello nunca más, has hecho que recuerde cosas. ─despotricó a la vez que se quitaba a la pelirroja de encima. ─Déjame dormir, anda.

─¿Pero qué te pasa ahora?

─Te lo repito, déjame dormir y no me incordies con más preguntas.

Ella no quiso seguir discutiendo y se fue de la habitación. Fue a la cocina a calmarse y a tomar agua.

Alucinada se quedó. ¿De qué coño iba este tío? ¿Y por qué esos humos de superioridad? Debía de ser una broma o algo por el estilo porque ese no era su inocente y amable Luffy. Ella quería escuchar sus hazañas y quería saber todo por lo que pasó en esos cuatro años y él no le contó nada de nada.

Además, a diferencia de ella él no le preguntó acerca de sus cuatro años aquí. No mostró interés.

Notó que unos brazos la abrazaban por detrás. Era su nuevo novio.

─No era mi intención hablarte así. No te enfades, por favor. ─le susurró en el oído.

Ella sintió que se derretía. Quiso no vacilar pero era imposible porque ese susurro tan cálido en la oreja la enternecía.

─Vamos a olvidarlo. ─respondió la pelirroja devolviéndole el abrazo.


Quedaron con todos en el bar. Se presentaron Zoro, Sanji, Usopp, Vivi, Robin y Hancock.

Luffy les relató punto por punto sus aventuras y cómo llegó a almirante. Nami estaba que sacaba humo por las orejas, ¿por qué a ellos les contaba todo sin que le hubieran preguntado ni siquiera cuando ella fue la primera que se interesó por su vida?

─Cuánto os he echado de menos.

─Nosotros a ti también. Sobre todo Nami que sufrió mucho los primeros meses. ─informó Vivi.

─¡Vivi! A veces hablas más de la cuenta. ─se quejó la nombrada sonrojada.

─Y dime, ¿te hiciste amigo de las hermosas marines que habían en el barco? ─preguntó Sanji.

─¡Claro y de muchas! Shishishi...

La pelirroja sintió un vació en su interior. Empezó a formular paranoias y a sentirse inferior ante esa afirmación tan alegre que parecía tener un trasfondo lleno de secretos. ¿Qué demonios le estaba ocurriendo? ¿De dónde salía esa impotencia?

─Voy al lavabo un momento y vengo enseguida. ─se excusó el moreno.

─Yo también tengo que ir. ─añadió Boa Hancock.


─Si que tardan... ─comentó Usopp.

─¿No notáis a Luffy más maduro? -les preguntó Zoro. ─¿Tú qué opinas, Nami? Eres la que ha pasado más rato con él desde que vino.

─Más maduro y más amargado, ¿tal vez?

Todos se quedaron mudos. ¿Luffy amargado? Eso era algo utópico. Algunos se preguntaron si no era ella por casualidad la amargada. Pensaron que posiblemente ella le guardaba rencor por dejarla sola durante cuatro años.

─¿Por qué lo dices? ─preguntó la arqueóloga.

─Da igual... no le deis importancia a lo que acabo de decir.

Regresaron del baño la modelo y el almirante a la vez, cosa que extrañó a Nami.

─Bueno, ¿por dónde íbamos?

─Estabas por contarnos la Guerra de Marineford. ─recordó el narizotas.


El lunes dio su comienzo y como cada mañana Nami se preparaba para ir al trabajo y el almirante se la pasaba durmiendo en la cama. Desde su regreso quisieron pasar más tiempo juntos, por consiguiente decidieron vivir los dos en el piso de la joven.

Cuando la novia se fue, él se despertó. Acto seguido cogió el móvil y llamó a la modelo.

─Ya se ha ido, ven cuando quieras.

Luffy se había convertido en un hombre que jugaba a dos bandas. ¿Y eso por qué? Porque un almirante tan codiciado y macho no podía conformarse con una sola mujer. Él podía ser dueño de todas las féminas que quisiera, o eso mismo le inculcaron durante aquel período. Con esta justificación, cuando Hancock se le insinuó en los servicios del bar, a él solo le quedó aceptar.

Cuando llegó, de inmediato echaron un polvo.

A Boa Hancock no le invadía la culpabilidad, ya que nunca se consideró una amiga de la pelirroja, pero sí que lo era de Nico Robin. Por esa misma razón, solían coincidir en algunas quedadas.

Bien sabía la morena que se dejaba el sostén en la habitación del chico pero precisamente era ese el objetivo principal de esa mañana. Boa con la intención de sabotear la relación estable de esos dos introdujo su sostén debajo de la almohada de la pelirroja.


La noche cayó y al llegar a su calle se percató de las luces encendidas. Luffy estaba en casa.

Subió y cuando entró lo encontró dormido en el sofá con el televisor encendido. Sonrió para sus adentros. Solamente cuando dormía y reía le recordaba al viejo y adorable Luffy.

Vio platos en el fregadero y supuso que él ya había cenado, así que ella también comió velozmente para irse a dormir de lo agotada que estaba.

Posicionó su cabeza en la almohada pero notó un bulto. Había algo debajo de la almohada.

─¿Qué coño...?

Esa pieza de ropa era reconocible para la presentadora. Esa marca no la lucía una cualquiera. Reconocería esa marca tan cara en cualquier lugar, era una de las que la furcia de Boa Hancock promocionaba en su trabajo.

Y tampoco era tan gilipollas para no percatarse de la pesada fragancia que desprendía su puta almohada.

No podía ser que ese hombre por el que había estado esperando cuatro mismísimos años la estuviera engañando con otra. Rabia le daba que el muy cabrón durmiera a pierna suelta en el sofá como si nada.

En estas ocasiones hay quienes se derrumban y se ponen a llorar y luego están los que pierden los estribos, como era el caso de la pelirroja.

─¿Qué significa esto? ─preguntó mientras lo zarandeaba bruscamente para despertarlo.

─¿Umm...? ¿El qué?

─Esto. ─recriminó estampándole la prenda en toda la jeta.

Luffy no dijo nada. Supo enseguida por donde iban los tiros. Maldijo a la modelo por descuidar la ropa.

─Como veo que no tienes nada que contradecir, zanjemos esto cuanto antes. Quiero que te largues esta noche a tu casa. ─expuso la joven con más calma.

─Esta es mi casa.

─Muy bien, si tú no te largas lo haré yo. Mañana ya hablaremos cuando tenga la mente en frío.

─Vaya ¿y ahora no me vas a insultar y a sacar los trapos sucios? ─preguntó con tono burlón.

─No... ─gimió Nami mientras se daba la vuelta para que él no pudiera presenciar las lágrimas traicioneras que emergían con voluntad propia.


Al día siguiente Nami despertó en casa de Vivi. Le explicó a su amiga la causa de la repentina aparición de esa noche en su portal.

─No me esperaba esto de Luffy-kun. Pensaba que él no era de esos.

─Ni yo... Puede que él aún me ame pero yo ahora siento una repulsión difícil de describir. ¡No sé qué debo hacer!

─Nami... ─musitó la más joven mientras la abrazaba. ─Si de verdad te quisiera no te habría hecho eso. Todo saldrá bien, yo le daré a Luffy-kun su merecido.

─Me las apañaré yo sola.

─Lo sé. Lo sé perfectamente. ─respondió ella con dulzura.


─Bien. Ahora que ya estás de vuelta hablemos. ─dijo Luffy invitándola a sentarse en el sofá.

─Que alegre te veo. Creo que esto para ti no es más que cachondeo.

─Te equivocas. Yo quería disculparme porque no había día en el barco que no pensara en ti y en volver a estar juntos.

─Entonces explícame por qué te acostaste con Hancock.

─No puedes culparme por esto. Tú tampoco eres una santa. ─balbuceó a la vez que apretaba los puños.

─¿A no?

─No me jodas, Nami. ¿En estos cuatro años a cuántos te habrás follado ya mientras yo no estaba? ─ahora era él quien perdía la sensatez. ─¡Venga, dilo! ¿Tal vez veinte? No... tratándose de ti seguro que mil.

─No sabes lo que dices.

─Y tanto que lo sé. De la misma manera que cortaste con Torao sin remordimiento alguno pudiste haberme engañado a mí.

─Te acuestas con otra, me haces querer sentir culpable, me insultas, me gritas... No puedo más. Ahí tienes la puerta y te ruego que no vuelvas.

─No quiero terminar así. No podré volver a ser el mismo de antes si tú no estás conmigo.

A la pelirroja se le estaban agotando las lágrimas de todas las veces que lloró esa semana. Lo amaba y lo odiaba.

Si él verdaderamente fue aquel bonachón que siempre se le tenía que ajustar la bufanda en las noches frías, merecía una segunda oportunidad.

Si era él el chico ingenuo que vino cada noche al hotel al que trabajaba solo para hablar con ella, merecía no ser odiado.

Si era él al que le importó un comino que tuviera novio y aun así siguió a su lado, merecía ser perdonado.

Los recuerdos la desbordaban. Le dolía el orgullo amarlo pero más le dolía el corazón no hacerlo.

─Luffy, volvamos a lo que éramos antes. ─sollozó en los brazos del moreno.

─Sí... Cambiaré, lo prometo.


Amanecieron de muy buen humor. Luffy la había tratado esa noche como una princesa. Pero no nos engañemos, la presentadora no tenía ni un pelo de tonta. En estos casos todos incluso ella saben que lo que pasa una vez siempre sucede una vez más. ¿Pero qué era lo que la estaba cegando? Los recuerdos eran lo que la tenían cegada.

Ella creía que si permanecía a su lado lograría cambiarlo. Porque ella estaba convencida de que era la única que sabía que algo, alguna especie de oscuridad o algo semejante, lo carcomía por dentro. Debía conseguir saber qué era y salvarlo.

─Voy a hacer el desayuno.

─Pero si no sabes cocinar. ─se cachondeó la pelirroja ─Ya lo haré yo.

─Déjame intentarlo.

Lo cierto era que Luffy no sabía cocinar. No tenía ni los conocimientos culinarios básicos. Así pues, terminó todo en un desastre, los huevos quemados y él hecho una furia debido a la quemadura en su mano por manejar mal la sartén.

─Esta quemadura no tiene buena pinta. Te la voy a tratar ahora.

─Esto no es nada para un almirante de la Marina como yo. Ni te molestes.

─No te hagas el valiente y haz el favor de aplicarte agua fría en la zona.

─No quiero.

Se le acababa la paciencia. Tal vez él había madurado pero en ciertas ocasiones salía aquel comportamiento infantil y cabezota que lo caracterizaba tanto.

Cansada ya, le agarró el brazo. Sin embargo, Luffy molesto no se dejó llevar y la empujó contra la esquina de la mesa que había en la cocina. Nami salió disparada y se dio un golpe en la cabeza perdiendo la consciencia al acto.

─¡Nami!


Cuando despertó la cabeza no hacía más que darle vueltas. Se dio cuenta al instante de que se encontraba estirada en una cama que no era la suya. Estaba en el hospital.

¿Qué hacía allí?

Intentó hacer memoria y entonces fue cuando recordó a Luffy empotrándola contra la mesa de la cocina. Era incapaz de sacarse esa imagen de la mente. La imagen donde los ojos del moreno transmitían más crueldad que el empujón.

Entonces la puerta de la habitación se abrió. Era él. Era el cabrón de su novio.

─¿Cómo te encuentras? ¿Te duele mucho la cabeza? ─preguntó él preocupado de verdad.

Nami no respondió. No le hizo falta. Pudo transmitirle todo con aquella mirada llena de odio y resentimiento.

─Déjame que te vea la herida. ─dijo él para romper el hielo.

─¡No te acerques! No permitiré que vuelvas a ponerme ni un dedo encima.

─Estás exagerando. Fue un accidente, no fue queriendo.

─No sé qué fue lo que viviste en el mar. Tampoco me lo quisiste explicar en su momento pero lo que sí sé es que te has convertido en una bestia. ─dijo ella poniéndose de pie a duras penas.

─¡Oe! Que aún no estás recuperada para salir de la cama.

─¿¡Y de quién te crees que es la culpa!? ─gritó mientras se revisaba el vendaje de la frente en el pequeño espejo de la mesita ─Joder... No podré presentarme mañana al trabajo con estas pintas.

─Me asusta.

─¿El qué?

─Me asusta que pueda perderte por esto, daría todo por ti. ¡Por eso te pido que no me dejes solo! Estoy asustado. Estoy asustado por todo.

─Luffy... ─musitó sorprendida al ver su cabeza gacha -Ya he entendido lo que quieres decirme, así que por favor no llores más.

La pelirroja caminó tambaleándose hacia el azabache. Le secó las lágrimas con ternura. Después lo abrazó dejándose llevar por la conmoción.

─Dame otra oportunidad, Nami.