Al abrir los ojos, lo primero que ve Hermione Granger es un gran plato de pastel de calabaza y una jarra de cerveza de mantequilla, parece que el mortífago quería ponérselo difícil. Alejó esas delicias de su lado y se acurrucó en su esquina predilecta. Llevaría ya semanas en esa habitación, sin ninguna otra compañía que Greyback…y la persona que la había acariciado la noche pasada. Estaba segura de que no se trataba del hombre lobo ya que no había sentido sus garras en ningún momento, y su toque no la había asustado, la había relajado. Deseaba que fuera quien fuese volviera a verla, aunque fuera el mismísimo Lord Voldemort, ya que había sido la mejor noche de sueño que había tenido en mucho tiempo.
Como tantas otras veces, la luz se encendió y una figura alta y algo encorvada apareció en el centro de la estancia. Se dirigió a donde se encontraba la joven, y se dejó caer a su lado. Hermione vio cómo la mirada del mortífago se posaba en la comida, y su expresión se volvía de completa y absoluta ira.
-¿Quién te ha traído eso? ¿QUIÉN HA ESTADO AQUÍ?
Hermione se abrazó a sí misma y repitió una y otra vez no lo sé, no lo sé… Fenrir no paraba de gritar y amenazar a la joven bruja.
-¿Crees que puedes mentirme a mí? Yo te haré hablar. ¡CRUCIO!
El cuerpo de Hermione experimentó el dolor más agudo que cualquier humano podría sentir. Pese a saber cómo sería la sensación de las otras veces en que el hombre lobo había utilizado esta maldición con ella, se sorprendió de lo que dolía. Sus huesos parecía que se rompían en millones de pedazos, sus músculos se expandían como si quisieran abandonar el resto de su cuerpo. Y Hermione no les culpaba, ella también deseaba con todas sus fuerzas abandonar.
El dolor paró y la joven se quedó sin fuerzas, ni siquiera podía abrir los ojos. Unas manos la agarraron y la lanzaron contra la pared. Se sentía al borde del desmayo, ni siquiera podía distinguir lo que decía su agresor, pero sí sintió el momento en que este se fue de la habitación.
Mucho más tranquila, ya que sabía que no habría más tortura por ahora, consiguió abrir los ojos y se encontró de nuevo con la seguridad de la oscuridad. No quería volver a ver esa luz encendida, ni siquiera deseaba poder salir de allí, sólo quería descansar en la placentera oscuridad. Sin embargo, la luz volvió a encenderse, y un quejido salió de sus labios. Había vuelto realmente pronto, seguramente haya ido a por algún instrumento que le ayudara en su castigo. La muchacha se tapó la cara con las manos y esperó a que el dolor empezara.
Pero no empezó. Alguien posó algo metálico en el suelo y se acercó a ella. La levantó y la apoyó contra la pared. Fue en el momento en que sus manos tocaron su cuerpo en el que se dio cuenta de que no era Fenrir Greyback quien estaba con ella en esos momentos. La sorpresa hizo que abriera los ojos, pero esto no consiguió desvelar la identidad del desconocido, ya que llevaba una larga capucha que le ocultaba el rostro.
El encapuchado buscó con la mirada algo en la habitación y encontró la comida que había enfadado a Greyback. La recogió del suelo y se la dio a Hermione, la cual se encontraba tan débil que ni siquiera pensó en la posibilidad de que estuviera envenenada. El encapuchado sacó una manzana de su bolsillo y se la entregó. Tras haber devorado todo, Hermione se sentía con fuerzas suficientes como para investigar quién la estaba ayudando.
-Gracias.
El desconocido asintió con la cabeza pero no dijo nada. Hermione estaba realmente intrigada, pero no quería enfurecerle, era la única fuente de amabilidad que tenía ahora mismo. Se acurrucó contra la pared y observó con atención al hombre misterioso mientras este recogía las sobras. Era alto, y se movía con agilidad, había algo en él que le era muy familiar pero no sabría decir qué.
Se dirigió al centro de la habitación y sacó su varita. Ahí fue cuando la bruja supo quién era, sólo había una varita así en el mundo. Espino, unos 25 centímetros. Hermione soltó un gemido de sorpresa y el mago se giró rápidamente haciendo que la capucha resbalara descubriendo su rostro. Ojos grises, pelo rubio platino, Draco Lucius Malfoy.
