Disclaimer: Con excepción de la trama de este fic y los ocs que me pertenecen. Todos los demás personajes, nombres, historias y trama de Invasor Zim pertenecen a JHONEN VASQUEZ y NICKELODEON


Capítulo Tres:

Pesadillas y Recuerdos

Esa noche durmieron en la nave de los resisty preparándose para mañana continuar con su investigación teniendo siempre la esperanza de encontrar un indicio por pequeño que sea.

Nad estaba acostada en su cama mirando el techo, no tenía sueño, muchos pensamientos cruzaban su mente, ¿Cómo sería la familia de Lard Nar? Quería encontrarlos para devolverle la alegría a su amigo como tantas veces el había hecho con ella cuando se encontraba triste, ¿Cómo sería cuando los irkens y los vortians eran aliados? En los tiempos de los altezas Miyuki y Spork, ellos realmente fueron grandes líderes no como sus predecesores, como llego a detestarlos, lo único que se limitaban a hacer era sentarse, dar órdenes y comer, eran un total fracaso como líderes, burlándose e intentado matar a Zim, deshonrando a su buena amiga, Tenn por fallar en su misión, conquistando, torturando y esclavizando a los vortians como a su amado Lard Nar y su abuelo, Tex Lan, sin mencionar las reiteradas burlas y menosprecios a ella misma por ser humana, no le faltaban ganas de destruirlos pero pronto sus pensamientos se vieron interrumpidos por un quejido, rápidamente se sentó en la cama asustada, era un gemido de horror, parecía que torturaban a alguien.

Sigilosamente Nad sale al pasillo, no había nadie, todo se encontraba en calma, los quejidos continuaban así que siguió el ruido por el oscuro pasillo llevándola a la habitación de Lard Nar ¿qué estaba pasando? Sin dudarlo abrió la puerta y se encontró con que era el teniendo una pesadilla y parecía ser una de las feas porque emitía quejidos como si estuviera llorando mientras apretaba fuerte sus puños y la expresión de su cara develaba un gran dolor ¿Qué estaría soñando tan horrible?

Lard Nar se encontraba trabajando en uno de los cuantos laboratorios de la enorme Novena Estación de investigación militar de Vort, una de las enormes construcciones en el centro de la ciudad principal vortian, donde se desarrollaban los principales inventos e investigaciones no solo para Vort sino también para la alianza que mantenían con el planeta Irk.

A pesar de que ya era tarde y casi todo el personal ya se había retirado el aún continuaba trabajando en unos planos holográficos de una nueva arma para el Imperio Irken, anotaba avanzadas operaciones matemáticas en un pizarrón, cuando entra al laboratorio otro vortian el cual se saca su uniforme científico que consistía en una larga bata blanca con detalles azules y unos anteojos para proteger sus ojos, para luego colgarla en un perchero cerca de la puerta.

- Lard Nar ¿seguís trabajando?- Pregunta aquel vortian de piel gris y ojos verdes.

- ¿Papá?- Voltea sorprendido.

- Ya es tarde, hijo, vamos a casa.-

- Si, solo quiero terminar esto.- Vuelve a voltear hacia el pizarrón.

- ¿Seguís teniendo problemas con el mecanismo de invisibilidad del Megadoomer?-

- No logro que este dispositivo deje al piloto también camuflado.- Dice suspirando con algo de resignación.

- Dejame ver…- Dice observando las fórmulas del pizarrón.-

Luego de darle vueltas y vueltas a las fórmulas, se aproximan a un probable resultado, padre e hijo hacían un gran equipo y sin duda alguna Lard Nar había heredado la gran inteligencia de su padre.

-Como no se me había ocurrido antes.- Refunfuñaba el vortian mientras anotaba los nuevos datos en el pizarrón.

- Tranquilo, hijo, trabajas duro.-

- Listo, ahora si, vamos a casa. – Sonríe con una sonrisa satisfecha dejando la tiza con la que escribía para sacarse aquella bata blanca con puños azules.

Ambos estaban yéndose del laboratorio cuando repentinamente se escucha una gran explosión que los deja totalmente aturdidos y enseguida un terremoto y un masivo corte de luz. Lard nar y su padre caen violentamente al piso entre motones de vidrios rotos y utensilios de laboratorio desparramados por todos lados cubriendo sus cabezas con terror.

- ¿Estas bien, hijo?- Pregunta Gerb Nar asustado levantándose rápidamente para ver a su hijo.

- Si ¿y vos?- Contesta el aún conmocionado.

- Si, no te preocupes por mí.-

- ¿Qué fue eso?- Pregunta Lard Nar levantándose del piso con algo de dificultad, sus piernas curvadas aún temblaban por los nervios del momento.

- No lo se pero salgamos de acá, vamos a buscar a tu madre y a tu hermana.-

Los dos salen corriendo de allí por los oscuros pasillos chocando con otros vortians que también corrían, gritando, buscando una salida o intentando encontrar a algún compañero o familiar. Se dirigen a la zona de vestuarios donde Nan Thai y Luri Nan estaban cambiándose sus ropas para irse a casa cuando sucedió la explosión.

- ¡¿Luri?- Grita Lard Nar al escuchar los gritos de su hermana a la distancia.

- ¿Lard Nar?-

- ¿Estas bien?- Pregunta corriendo a abrazarla.

- Si ¿vos?- Contesta también abrazándolo.

- Estoy bien.-

- ¡Hija!- La llama Gerb Nar.

- ¡Papá!- Dice ella corriendo a sus brazos.

- ¿Y mamá?- Pregunta Lard Nar.

- Quedo atrapada dentro de los vestuarios y no la puedo sacar.- Contesta Luri Nan con un tono de preocupación.

- ¡Nan Thai!- Grita Gerb Nar acercándose a la puerta del vestuario.

-¿Gerb Nar?-

-¿Estas bien, amor? ¿Te lastimaste?-

- Estoy bien pero no puedo salir.-

- Tranquila vamos a sacarte.-

- ¿Lard Nar esta bien?-

- Si, mamá, acá estoy.- Contesta Lard Nar intentando tranquilizarla.

- Gracias al Cielo que están todos bien.- Dice besando un amuleto que llevaba en su cuello.

Los tres se pusieron a remover escombros de la puerta para sacar a Nan Thai la cual también ayudaba desde la parte de adentro, en cuestión de minutos lograron hacer un pequeño hueco por donde pudo salir.

- Me alegro que estés bien.- Dice Gerb Nar abrazando y besando a su esposa con mucho cariño.

- Y yo, mi amor.- Responde ella entre sollozos haciendo lo mismo.

- ¡Mamá!- Dicen al unísono ambos hermanos, corriendo hacia ella.

- ¡Mis bebés! Como los amo.- Dice Nan Thai besando y abrazando a sus hijos.

Una vez los cuatro juntos se propusieron salir de allí, tuvieron que recorrer de un lado al otro el edificio buscando una salida que no estuviera obstruida por el derrumbe, chocando y tropezando en la oscuridad de los pasillos con escombros, cables, luces caídas y vidrios rotos, se abrieron paso por la zona del sótano y las calderas hasta que finalmente logran llegar a la puerta principal.

Una vez afuera cuando creían estar a salvo descubren que eso solo fue el comienzo, la calle era un verdadero caos, los edificios estaban destrozados, había fuego y humo por todos lados y los escombros cubrían las veredas, había gran cantidad de soldados irkens que atrapaban y esposaban a los vortians que asustados y presas del pánico corrían de un lado a otro gritando, llorando, rogando por sus vidas, incluso buscando ayuda de sus viejos aliados.

- ¿Qué paso acá?- Pregunta Lard Nar anonadado por el panorama, sus ojos no creían lo que veían, parecía más bien una horrenda pesadilla.

- ¡Allá hay cuatro más!- Señala un soldado irken al ver a los cuatro vortians parados en la puerta del enorme edificio.

Los soldados salen a la persecución de los cuatro vortians los cuales aterrorizados corren a más no poder, estaban escapando cuando unos de sus perseguidores dispara una red de energía la cual atrapa a todos juntos, pronto los esposan y los encarcelan en precarias celdas improvisadas donde apenas había lugar si quiera para sentarse.

- ¿Qué es lo que pasa?- Se preguntaba una y otra vez Luri Nan llorando histérica.

- Tranquila, hija.- Intentaba tranquilizarla su madre, igual de asustada que ella pero tratando de contener sus miedos para no preocupar a sus hijos.

- Pero mamá.- Proseguía la joven ente sollozos.- Esto no puede estar pasando.-

- ¡Ey! ¡Alguien puede contestarnos!- Gritaba insistente Gerb Nar.- ¡¿Qué pasa? ¡Ey! ¡Alguien! ¡Ey!-

- ¡Ya cállate!- Ordena un soldado golpeando la reja de su celda.

- No hasta que me contestes qué pasa.-

- Que tontos- Dice el guardia dejando escapar una risa burlona.- Vort es ahora propiedad del imperio irken, fueron conquistados por el invasor Larb y ahora son nuestros esclavos.- Vuelve a reír con el mismo tono burlón.

Ninguno de los cuatro podía creerlo, parecía un mal sueño, habían colaborado por siglos al Imperio Irken y no comprendían porque irían a conquistarlos o aún peor esclavizarlos, a partir de aquel trágico día sus vidas cambiarían drásticamente, comenzaba una era de esclavitud y humillación de aquella raza tan avanzada, inteligente y sobre todo pacífica.

Luego de unos meses la prisión de Vort fue subdividida en anexos femenino y masculino, haciendo separar a madres e hijos, novios, esposos, hermanos. Los irkens esposaban a los indefensos vortians para luego llevárselos lejos de sus seres queridos, en medio de llantos, lamentos y súplicas de dolor.

- Te amo, hijo.- Se despedía Nan Thai del joven Lard Nar.

- Yo también mamá.-

- Portate bien, ¿si?- Dice ella acariciando su carita.- Y hacele caso a tu padre.-

- Lo haré.- Responde Lard Nar con sus ojitos color miel llorosos, después de todo era solo un adolescente de tan solo diecisiete años que aún necesitaba de su familia en medio de aquella pesadilla.

- Tenes que ser fuerte, mi amor.- Continua ella no pudiendo contener las lágrimas.

- Ya vamos.- Ordena un guardia irken.

- No quiero que te vayas.- Dice casi suplicando el joven vortian.

- Ni yo quiero dejarte.- Responde dándole un cariñoso y maternal beso en su frente.

- ¡Ya basta, vamos!- Grita el guardia, alejando a Nan Thai de el, esposándola.

La imagen de su madre, tan maternal y dulce como es ella siendo esposada como una criminal mientras le gritaban horribles insultos por su procedencia de una raza inferior para los irkens, era demasiado para su corazón.

- ¡Hermanito!- Corre a abrazarlo Luri Nan.

- ¡Luri!- Responde abrazándola.

- Te quiero, te quiero mucho.- Repite una y otra vez entre lágrimas.

- Yo también, te quiero mucho.- Responde ya no pudiendo contener su llanto.

- ¡¿Vos también te vas a resistir? ¡Vamos!- Ordena nuevamente el guardia acercándose a Luri Nan.

- ¡No! ¡No! ¡No quiero!- Protesta abrazando fuerte a Lard Nar.

- ¡Dije que vamos!-Insiste el guardia aún más furioso intentando hacer que se suelte.

- ¡No!-

- ¡No se la lleven!- Protesta Lard Nar sin soltarla de su abrazo.

- Necesito ayuda.- Dice el guardia por el comunicador.- ¡Soltala!- Vuelve a gritar mientras comienza a golpearlos para que se suelten.

- ¡No lastimes a mis hijos!- Grita Nan Thai, desesperada y maniatada incapaz de hacer algo.

- ¡Callate, vortian!- Contesta el guardia para luego volver a golpear a los hermanos que aún así no se soltaban.

- ¡No los toques!- Grita enfurecido Gerb Nar embistiendo al guardia.

Pronto acuden un par de guaridas a ayudar a su compañero, estos logran separar a los hermanos los cuales permanecen juntos tomados de las manos hasta último momento. Lard Nar presencio como se llevaban a su hermana y a su madre a la fuerza llorando y gritando de angustia por los fríos pasillos de la prisión sabiendo que quizás nunca más las volvería a ver.

Los días pasaban y se hacían meses dentro de las paredes de la prisión Vort, donde eran obligados a fabricar naves y armamentos para el Imperio Irken, los vortians recordaban sus vidas pasadas como si solo hubieran sido un sueño, despojados de toda felicidad y anhelos, eran ahora esclavos del Imperio al que tanto habían servido, humillados y degradados de las peores formas. Muchos de ellos comenzaron a intentar escaparse, algunos lo lograron pero muchos no y los que eran descubiertos les esperaba un trágico final, Lard Nar fue uno de ellos, en su primer intento de escapar fue descubierto y por ende, castigado, los guardias irkens se divertían usándolo como pelota de fútbol, pensaban matarlo a golpes de la forma más salvaje y primitiva, el solo podía pensar resignadamente que todo había terminado para el, cuando escucho a la lejanía la inconfundible voz de su padre el cual con gran valentía detuvo a los guardias salvando a su hijo de una muerte segura.

- Lard Nar ¿estas bien?- Dice Gerb Nar tomándolo en sus brazos con la ternura que solo un padre puede tener para sus hijos.- Lard Nar, Lard Nar.- Lo llama insistentemente.

- Papá…- Reacciona con dificultad, abriendo uno de sus ojos que se encontraba morado e hinchado por un fuerte golpe que había recibido.

- Ya paso, hijo…- Dice acariciando su rostro con suavidad.- Estoy acá…-

El vortian herido y dolorido sonríe levemente mientras un pequeño hilo de sangre se resbala por un costado de su boca.

- ¡Ya veras tonto!- Grita uno de los guardias empujando fuertemente a Gerb Nar alejándolo de su hijo.

- ¡Papá!-

- ¡Esto es por entrometerte!- Dice otro de ellos propinándole una fuerte patada.

- ¡No voy a permitir que lastimen a mi hijo!- Grita enfurecido Gerb Nar aún cuando los irkens lo pateaban indefenso en el suelo.

- ¿A si? ¡Eso esta por verse!- Dice desafiante uno de ellos mientras da la orden a otros guardias.- ¡Llévenselo a las mazmorras subterráneas! Veamos cuanto aguanta.-

- Si, señor.-

- ¡Papá! ¡No! ¡No!- Grita insistente Lard Nar mientras corre tras el grupo de guardias que llevan arrastrando a Gerb Nar.

- ¿Dónde crees que vas?- Pregunta irónicamente uno de los guardias que se abalanzan sobre el para detenerlo.

- No tengas miedo.- Dice a la lejanía Gerb Nar.

- ¡Papá!-

- Te quiero hijo.- Fue lo último que escucho de el antes de que desapareciera detrás de aquella puerta blanca.

- Yo también...- Solo alcanzo a decir para si mismo Lard Nar mientras las lágrimas que corrían de sus ojos color miel limpiaban la sangre sobre sus mejillas.

- ¡No! ¡No! ¡No se los lleven! ¡Luri! ¡Papá! ¡Mamá!- Repetía una y otra vez dormido con gran dolor en su voz.

- Su familia…- Dice suavemente Nad.

- No me dejen solo…- Suplica dormido mientras una lágrima cae de uno de sus ojos.

- No estas solo…- Susurra Nad cerca de donde debería estar su oído.- Yo estoy con vos…- Dice Acostándose a su lado y abrazándolo con mucho cariño.

Lard Nar abrió sus ojos recordando su sueño, parecía tan real, aún cuando ya habían pasado cinco largos años desde aquel siniestro día pero su corazón dolía como si apenas hubiera sido ayer. Aunque ese desconsuelo pronto desapareció al percatarse del brazo que lo abrazaba y la persona que dormía a su lado, Nad había pasado la noche a su lado, haciéndole compañía y cuidando sus sueños, se veía tan hermosa como un ángel, era su ángel, su ángel de ojos marrones y sedosa cabellera castaña.

La hubiera despertado para ir a desayunar con el y el resto de su tripulación pero se veía tan hermosa durmiendo que prefirió dejarla dormir un rato más, después de todo sabía cuanto odiaba despertarse temprano por la mañana.

Cuando llego a la cocina Spleenk y Shloonktapooxis ya estaban desayunando entre montones de platos, ollas, cacerolas y sartenes sucias.

- ¡Buenos días!- Exclama Shloonktapooxis.

- ¡¿Qué es todo este lío?- Grita indignado Lard Nar al ver la cocina prácticamente destruida.

- ¡Hicimos tostadas!- Responde alegremente Shloonktapooxis.

- ¿Usaron las ollas para hacer tostadas?- Vuelve a preguntar incrédulo.

- ¡Si!- Respondió con una simpática sonrisa con su lengua afuera.- Pero como no funciono usamos las sartenes.

- Genial…- Dice Lard Nar tomándose la cabeza.

Unos minutos después aparece Nad usando sus ropas habituales, lista para entrar nuevamente a la prisión de Vort en busca de esos

- ¿Ya te vas? ¿No vas a desayunar?- Pregunta Lard Nar sirviéndose un cafe y una tostada prácticamente negra.

-No, cuanto más temprano vaya mejor.-

- ¿Vas a estar bien?- Vuelve a preguntar por millonésima vez.

- Si, entro y salgo, un trámite.- Responde Nad con una sonrisa para tranquilizarlo, después de todo Vort era casi como un segundo hogar para ella, pasaba mucho tiempo allí, ayudando a los prisioneros y defendiéndolos de los abusos de los irkens.

- De acuerdo… Pero si llegas a estar en problemas…-

- Voy a estar bien.- Lo interrumpe acercándose y tomándolo de las mejillas mirándolo directamente a los ojos.

- Esta bien.- Responde el vortian con un leve rubor azul en sus mejillas grises.

Finalmente Nad deja a Lard Nar y sus acompañantes en la nave mientras se dirige a la prisión comunicándose con su contacto dentro de la prisión.

- En serio, Lard Nar, ¿Y si vienen con refuerzos?- Insiste Spleenk viendo como la humana salía por la puerta principal de la nave.

- No lo hará Spleenk.-

- Esta bien, pero no será mi culpa cuando…-

- Anda a verificar que los sistemas estén funcionando correctamente.- Interrumpe el capitán.

- Pero ya los verificamos como tres veces.-

- Es una orden, Spleenk.-

- De acuerdo.- Se va renegando saliendo de la cocina.

Lard Nar continua tomando su café en silencio recordando que difícil era ser capitán pero ahora su atención se concentraba en aquellos expedientes, quería creer que después de tanto tiempo las cosas podían salir bien por una vez.

-¿Estas bien? – Pregunta preocupado Shloonktapooxis flotando a su lado.

- Tengo un buen presentimiento, Shloonktapooxis.- Responde el capitán.

Continuara...