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Disclaimer: Los personajes son propiedad de Disney.
NUEVAS AMISTADES, NUEVAS ALIANZAS (II)
Cuando Elsa llegaba al reino de Corona junto con su guardia y sus hayas, el pueblo ya no se sorprendía, se habían acostumbrado a la llegada de la heredera de Arendelle desde hacía mucho tiempo; todos en el reino se sentían felices al saber que su princesa sería la reina de Elsa, lo que solo habían escuchado en rumores, por supuesto, pero eso no les impedía creerlo fielmente, sería una suerte para el reino entero, ya que desde la muerte del rey Esteffano la economía había decaído considerablemente, aunque no llegaban a la pobreza y el reino seguía con un comercio activo; pero entablar una relación con un reino tan próspero y rico como Arendelle sería como agua fresca para todos en Corona.
Elsa iba a la cabeza de su guardia con Hans y ser William a sus costados; como siempre los estandartes de Arendelle ondeaban al viento, el camino hacia el castillo se pintó con los colores azul y gris, y mientras se enfilaban hacia el palacio una pequeña pelirroja se encargaba de los últimos detalles para recibir a Elsa.
Anna estaba sumamente emocionada de volver a ver a Elsa; las últimas semanas del verano anterior se había divertido como hace muchísimo no lo hacía, le encantaban las clases de equitación que la platinada se ofreció a darle y para su muy grata sorpresa los caballos le encantaban, desde la primera vez que se subió a la yegua que Elsa escogió para ella se enamoró de esos animales, ya no les tenía miedo y en lo último que pensaba era en si se iba a caer; no tardó mucho en seguirle el ritmo a Elsa.
- Eres la mejor aprendiz que un maestro pudiera desear, Anna. – Le había dicho Elsa con asombro y orgullo.
Y aunque Anna se esforzó por aprender todo a la perfección, no tuvo la oportunidad de salir con Elsa a dar un paseo a caballo por el pueblo, como se lo había propuesto. Sin embargo, llegando a Corona habló con su madre para decirle que quería que le pusiera un maestro de equitación y así seguir con sus clases.
La habitación de su madre olía a lavanda y rosas, una mezcla que era capaz de empalagar cualquier nariz. Mónica estaba tomando un baño y sus criadas ayudaban a lavarle su larga cabellera castaña, se encontraba justo enfrente de Anna dándole la espalda.
- Madre, quisiera hablar contigo. – Anna había pasado las últimas dos semanas pensando en cómo pedirle a su madre que por favor añadiera la equitación a sus clases diarias, y había pasado otra hora y media fuera de los aposentos de su madre armándose de valor y ensayando su monólogo.
- Ya estás hablando conmigo, Anna. – Dijo su madre sin siquiera volverse a verla.
- Bueno sí pero… Bueno… Quiero seguir hablando contigo. Más bien quiero pedirte algo, aunque no es tanto como pedirte algo material, así como vestidos o joyas o cosas por el estilo; sino más bien como un permiso, o bueno más bien como una petición. ¡Sí, eso! ¡Una petición! Y es que tengo suficientes vestidos y las joyas no me gustan mucho, aunque son bonitas y brillan, y se ven muy bien en ocasiones especiales, pero yo siempre he creído que no son nada cómodas. Y es que en una ocasión…
- ¡Anna, basta! Me está doliendo la cabeza y sabes que nunca entiendo nada cuando hablas así de rápido. Sabes de sobra que me molesta mucho cuando divagas tanto. – El tono de Mónica sonaba molesto. Realmente le molestaba que Anna divagara, era una característica que había heredado de Esteffano. Siempre pensó que era producto de una mente débil que no lograba secuenciar de manera correcta los pensamientos. Había hecho de todo por tratar que Anna dejara de hacerlo, pero por su desgracia no fue algo que pudiera erradicar de su hija, y con el paso del tiempo solo iba empeorando. Debía de imponerle más horas de lecciones de dicción y proyección, eso debía de funcionar tarde o temprano.
- Perdona, madre. – Anna se mordió el labio inferior y pasó un mechón de cabello atrás de su oreja, debía de seguir el discurso que había armado; sino solo haría enojar a su madre y eso le quitaría la oportunidad de conseguir lo que quería. Respiró hondamente y con toda la serenidad que pudo empezó de nuevo. – Lo que quiero es pedir su aprobación y apoyo para empezar con clases de equitación; ponerme un maestro y conseguir un…
- No, la equitación no es para princesas, para eso hay carruajes, es lo único que necesitas para transportarte, eso y sirvientes. – Mónica interrumpió a Anna y evitó que siguiera con sus disparates; había visto el tipo de lectura que Elsa leía, la mayoría eran historias de caballeros, y príncipes, que rescataban a la princesa que vivía atrapada en la torre más alta de un castillo olvidado por Dios; y por la postura y crianza de la princesa de Arendelle, se asumía que ella jugaba el papel de caballero, mientras que la actitud protectora de Elsa hacia Anna denotaba que creía que ella era la princesa encerrada en una torre. La misión de Mónica era mantener esa ilusión, lo que necesitaba es que Elsa "rescatara" a Anna casándose con ella; su hija debía de permanecer como la princesa débil e indefensa, perfecta para los gustos de Elsa.
Anna no podía creer que su discurso fallara, bueno no había llegado a los argumentos pero por lo menos esperaba que su madre la dejara llegar al final. - Madre, pero es que yo…
- Nada, Anna, he dado mi última palabra.
- Pero madre, los caballos me encantan, me divierto mucho, me hacen feliz. Si tan solo me dieras la oportunidad; juro poner más empeño en mis labores, las demás lecciones que has puesto para mí no las dejaré. Haré lo que quieras. Y es que quiero darle una sorpresa a Elsa, ella me estaba enseñando y prometió que cuando perfeccionara mi técnica iríamos de paseo por el pueblo, yo no quiero decepcionarla. Es más prometo hacerme cargo de mi caballo, yo le daré de comer y…
- ¿Qué fue lo que dijiste? – De nuevo la voz de Mónica interrumpió los desvaríos de Anna.
- Que me haré cargo de mi caballo, yo lo cuidaré y…
- No, eso no. – Mónica se volvió para ver a Anna. – La princesa de Arendelle, ¿te dio clases de equitación, o las tomaron con el mismo maestro?
Anna estaba aturdida, no veía la relevancia de que Elsa le hubiese enseñado o su maestro, pero sintió un poco de miedo al pensar que su madre pudiera enfadarse y reclamarle a Elsa. – Fue Elsa la que me estaba enseñando, ella era mi maestro en Arendelle. – Mónica se quedó mirando fijamente a Anna con el ceño fruncido. – No te enojes, madre, yo se lo pedí y ella me dijo que sí, fue solo un impulso mío y yo…
- Mañana mismo hablaré con sir Thomas Bjorgman para que te busque un caballo y busque un maestro adecuado para ti. – Dijo volteándose de nuevo dándole la espalda a Anna.
Anna no daba crédito de lo que había oído, no supo en qué momento había cambiado de parecer su madre pero lo agradecía infinitamente.
"¡Seguro la convencí por lo de cuidar yo misma a mi caballo!"
- ¡Muchas gracias, madre! ¡Te juro que no te arrepentirás! – Y dando un pequeño salto de alegría salió de los aposentos de su madre.
Y de nuevo ahí estaban, Anna y su madre estaban a la entrada del palacio para recibir a Elsa; todo parecía repetitivo, casi como una rutina, aunque solo fuera cada dos años para Anna parecía que fuera diario, sabía lo que tenía que hacer y cómo recibir a Elsa, su madre siempre se encargaba con esmero de que todo estuviera perfecta para la llegada de la princesa Arendelle.
- Es un gusto volver a verla, su alteza. – Mónica y Anna hicieron una reverencia mientras Elsa desmontaba del caballo. – Me alegro de que haya llegado hasta aquí con bien, últimamente ha habido varios bandidos en el camino real y me preocupaba que tuviera problemas en el camino.
- Mi señora, es un gusto verla. – Elsa hizo una reverencia a Mónica, seguía viéndose como un príncipe, o eso se le antojaba a Anna. Había crecido mucho desde la última vez que la vio, ahora era casi de la estatura de su madre, le hacían falta unos escasos centímetros para alcanzarla. – No se preocupe, tuvimos unos altercados, pero nada grave. De hecho, el viaje transcurrió de lo más normal, pero me sorprende que haya bandidos. – Frunció el ceño al pensar en los hombres que intentaron asustarlos, ellos fueron los que terminaron sorprendidos, no fue nada grato. – El camino a Corona nunca había sido un lugar peligroso.
- Realmente lo lamento, su alteza. Pondré un ejército a la búsqueda de esos bandidos.
- No es necesario, mi señora. No creo que vuelvan a atreverse a ponerse con un hombre de Arendelle, y es mejor tener a los soldados en el castillo y el pueblo… Pero dejemos esa plática para después. – Elsa hablaba igual que su padre, Mónica cada vez se convencía más de que Elsa era la viva imagen de Alexander, aunque también cada año se acentuaban más los rasgos que Idun le había heredado.
- Como usted deseé, su alteza.
Elsa asintió y miró por fin a Anna, aunque no es como si no la hubiese visto, fue en lo primero que se posaron sus ojos; Anna la había recibido con una sonrisa cálida; hace mucho que no veía sonreír así a la pelirroja. – Mi dulce princesa, es un placer volver a verla. – Hizo una reverencia hacia Anna y está le contestó con una sonrisa de emoción y un leve sonrojo en sus mejillas; deseaba con ansias ir a pasear a caballo con ella, eso es lo que más estaba esperando desde que sabía que el día de llegada de Elsa se acercaba. Mientras tanto Hans atrás de Elsa intentaba ahogar un comentario sarcástico mordiéndose la lengua, le encantaba burlarse de Elsa y su gusto por Anna pero ese no era el lugar.
- Me da gusto que estés aquí… ¿No te hicieron daño los bandidos? – La voz de Anna sonaba un tanto quebrada.
Elsa enarcó ambas cejas, lo había olvidado por completo, hace un momento hablaban de ello y después de haber visto a la pelirroja se le olvidó, lo único en lo que pensaba era en que se estaba poniendo muy linda y que no debía de portarse como una completa torpe con ella. Y con todo, ahora estaba ahí confusa por las palabras de Anna. – Ahhh… ¡No! ¡No, qué va! A ellos les fue peor.
- No se preocupe, princesa Anna. La princesa de Arendelle no sufrirá daño alguno mientras tenga una guardia tan asombrosa como la que lleva. – Hans habló detrás de Elsa, una sonrisa altiva se dibujó en sus labios. Al escucharlo hablar, Anna sintió un hueco en el estómago, no soportaba a ese creído.
- Y veo que haz traído a tu mascota. – Hans tensó la mandíbula y los puños.
- ¡Anna! – Su madre la reprendió sorprendida por la actitud de su hija, y Anna se encogió por la reprenda. Elsa simplemente soltó una risa que escondió tras su mano.
- Mi señora, podría por favor preparar una habitación más para el joven Hans Pyke, es mi… escudero. – Hans y Anna voltearon a ver incrédulos a Elsa.
- Por supuesto, su alteza. Les diré a mis sirvientes que también lleven agua caliente para que tome un baño. – Mónica hizo un gesto con la mano y dos mujeres detrás de ella corrieron hacia el interior del castillo y desaparecieron.
- Muchas gracias, mi señora. – Elsa hizo una reverencia con un movimiento de su cabeza.
- Elsa, vamos a dar un pasea por el pueblo. – Anna tomó de la mano a Elsa y la apretó emocionada.
- Anna, yo creo que la princesa de Arendelle desea ir a descansar después de estar tantos días subida en un caballo. – La sonrisa de Anna decayó un poco, sabía que su mamá tenía razón, Elsa notó el cambio en la cara de la princesa y le apretó de nuevo la mano para que regresara su atención a ella.
- ¿Te parece bien si mejor mañana nos vamos de paseo? No es que esté cansada pero ya está anocheciendo, y si nos vamos en la mañana será más fácil salir sin tanta guardia, ¿qué dices? – Elsa le guiñó un ojo a Anna, lo que hizo que se sonrojara al instante.
- Me parece bien… - Y con nerviosismo pasó un mechón de cabello rojo atrás de su oreja.
Después de Elsa estuvo bañada y con un vestido acorde al banquete que sabía se avecinaba para festejar su llegada, se encontró con que Hans esperaba fuera de su habitación, se encontraba recargado en la pared con los brazos cruzados y una pierna doblada sobre el muro; mantenía el ceño fruncido. - ¿Escudero? ¿En serio?... ¡Escudero! ¿¡Por qué no mejor decir que soy tu sirviente!?
- Hans… Al decir que eres mi escudero te darán el trato que deben, recuerda que no estamos en Arendelle y aquí no hay una buena manera de ponerte como mi mejor amigo. Además, no entiendo cuál es el problema, es uno de los mejores puestos. Eres mi mano derecha al fin y al cabo, ¿no es así? – Elsa sabía que a Hans no le gustaba que ella lo tratara como a un sirviente, y ella nunca lo hacía, para Elsa, Hans era su mejor amigo y confidente.
Con la explicación de Elsa, Hans se calmó. Era cierto, al fin y al cabo, no era más que un mozo que había tenido la suerte de hacerse amigo de la princesa de Arendelle. Y ser el escudero de Elsa no sonaba tan mal. – Está bien, rubia, tú ganas. – Dijo levantando las manos al cielo en forma de rendición y suspirando pesadamente.
El banquete de bienvenida fue, como siempre, demasiado ostentoso en opinión de Elsa; pero con todo transcurrió de lo más tranquilo, de vez en cuando Anna y Hans compartían miradas de desprecio, que no pasaban desapercibidas por Elsa pero al mismo tiempo eran suficientemente discretas para que Mónica no se enterara.
Al día siguiente a penas salió el sol Anna salió de su cama y se puso las ropas adecuadas para salir a cabalgar. Y antes de que se diera cuenta ya estaba frente la puerta de Elsa, tocó y espero por una respuesta.
Nada.
Tocó de nuevo y obtuvo la misma respuesta. Impaciente por al fin ir de pasea con Elsa, abrió la puerta y entró para ver si estaba bien. Cuando se acercó a la cama encontró a una Elsa profundamente dormida, no entendía como Elsa se mantenía perfecta mientras dormía, ella normalmente era una maraña de cabellos y siempre amanecía de posición diferente a la que con que se había quedado dormida, por otro lado Elsa a penas si se movía en la noche. Se acercó un poco a Elsa, la cual le daba la espalda.
- ¿Elsa? – Preguntó casi en un susurro. Elsa hizo un ruido con la nariz. - ¿Elsaaaa? – Anna tomó a Elsa por el hombro y empezó a moverla para que reaccionara.
- ¿Qué quieres, Anna? – Elsa habló entre sueños, no quería levantarse, hace días que no tenía una cama blanda en la cual dormir, además su sueña era muy lindo.
- Levántate, vamos a jugar… - Anna saltó a la cama de Elsa y esta se movió por el rebote de la cama.
- Anna, aún es muy temprano, regresa a dormir, más tarde nos vamos. – Elsa con todo y que la estaban despertando tenía una sonrisa en los labios, había olvidado lo inquieta que era Anna; era como volver a los seis años y ver a una Anna que sigue igual de hiperactiva e impaciente.
Anna hizo un puchero y se dejó caer sobre Elsa; y llevándose una mano a la frente con la voz más dramática que pudo hacer, dijo; – ¡No puedo dormir, el cielo ya despertó y yo también! – Una risa fue su respuesta. – ¡No te burles! Tú me lo prometiste, Elsa. – Otro puchero.
- Ya, ya, ya… - Elsa se incorporó en la cama y volteó a ver a la pelirroja que seguía con el puchero. Otra pequeña risa que escondió tras su mano derecha. – Anda, Anna. Deja que me cambie y en unos minutos salgo, podrías decirle a algún mozo, si es que ya hay uno despierto, que le hable a Hans para que se prepare, ¿por favor?
Anna puso mala cara de inmediato. – ¿Vamos a ir con "Don Tomate"?
- Sí, él hará de nuestra guardia, así Sir William estará tranquilo de dejarnos solas y podremos platicar mejor. Aunque, sigo sin entender el motivo del apodo, si es porque es pelirrojo, tú también lo eres…
- Mi cabello es de un tono rubio fresa, no es pelirrojo como el de "él". – Contestó Anna enojada. – Además es justo, él me llamó "Trencitas"
Elsa meneó la cabeza y sonrió. – Ustedes dos tendrán que llevarse bien en algún punto…
- ¡No creo que eso pase! – Anna la interrumpió de golpe cruzando los brazos.
Elsa suspiró derrotada, era muy temprano para pelear con cualquiera, y con Anna era mejor no pelear en ningún momento del día. – Está bien… - Elsa se llevó una mano al puente de la nariz. – Como quiera, haz que le llamen para que esté listo, yo me vestiré por lo mientras y saldré en un momento.
Anna asintió con la cabeza y salió de la habitación de Elsa aún molesta porque tendría que soportar a Hans pero se convenció de que nada podría hacer que ese día fuera malo, tenía el presentimiento de que ese día sería importante y se la pasaría muy bien, y cómo no, si Elsa había llegado y ese día se la pasaría todo el día con ella.
Cuando Elsa salió al patio se encontró con que Anna ya estaba montada sobre una yegua, al fondo había un mozo que llevaba consigo otros dos caballos, supuso que uno para ella y el otro para Hans. Anna tenía el rostro iluminado, nunca la había visto tan emocionado y tan feliz.
- Te ves muy bien sobre un caballo, mi dulce princesa. – Anna se sonrojó hasta casi quedar del tono de su cabello "rubio fresa".
- Gra… Gracias. – Anna se volteó para evitar la mirada azul hielo de Elsa, siempre la ponía nerviosa.
Elsa sonrió complacida. – Anna, ¿no vamos a desayunar? No vamos a durar mucho así.
Anna volteo a verla y sonrió abiertamente. – Pedí que nos prepararan una cesta con comida para hacer un día de campo. Todo está en el caballo de "Don Tomate".
- ¿A quién llamas "Don Tomate", princesa "trencitas"? – Hans salió del catillo de se dirigió a tomar los dos caballos para acercarle uno a Elsa.
- Creo que no eres tan brillante como dices. ¿A quién podría decirle así? – Dijo Anna poniendo la mejor cara de inocencia que Elsa hubiese visto hasta el momento.
- Mira niñata…
Elsa suspiró y se llevó una mano al puente de su nariz. – Quiero que me escuchen con atención… - Los dos pelirrojos dejaron de verse para observar a la platinada. – Es muy temprano y hoy no tengo intención de hacer de referí. ¿Podrían, solo por hoy, intentar llevarse bien? Por lo menos ignorarse, será mucho más sencillo para mí. – Dos ojos azul hielo se posaron sobre los pelirrojos que después de verse entre sí, con mala gana, asintieron. – ¡Bien! – Elsa aplaudió y con una enorme sonrisa se subió al caballo negro que Hans le había pasado. – Entonces, ¡en marcha!
Anna fue la que guió todo el trayecto, pasearon por todo el pueblo. Los citadinos hacían reverencias ante Anna y Elsa, les regalaron unas hogazas de pan, unas flores y un pedazo de cuero con vino.
Anna nunca había ido al pueblo, siempre había estado tras las murallas del palacio y el poder salir y conocer a todas esas personas era algo increíble. Su madre nunca habría aceptado algo así, pero estando con Elsa parecía que todo era posible, su madre no la estaba monitoreando y hasta podía suspender algunas clases para que pasaran más tiempo juntas. Era algo muy considerado por parte de ella.
Andando un poco más se encontraron a un grupo de niños más pequeños o de la edad de la princesa de Corona, que jugaba en un riachuelo, los tres se pararon a petición de Anna, y fue a jugar con ellos; mientras dejaban que los caballos tomarán algo de agua y pastaran un poco, Elsa y Hans se habían quedado bajo un árbol y se pasaban el vino mientras miraban cómo jugaban los niños. Después de un rato entre Elsa y Hans pusieron el mantel y acomodaron la comida. Los suministros que Anna había guardado eran equivalentes a lo que necesitaría un batallón, Elsa entendió que la misma pelirroja había sido la que armó las canastas.
Elsa llamó a Anna para que fuera a comer y ella corrió con sus nuevos amigos. Entre todos estuvieron platicando y comiendo, parecían una gran familia. Anna se sentía feliz, incluso olvidó la presencia de Hans, no tenía muchas oportunidades de convivir con más niños de su edad; en el castillo siempre estaba rodeada de gente pero nunca alguien con quién jugar. Siempre había estado sola excepto los veranos, cuando Elsa estaba con ella. Después de comer con la brisa cálida que acariciaba sus rostros y con la sombra del árbol, poco a poco se fueron quedando dormidos los nuevos amigos de Anna y la misma princesa de Corona.
Hans gruñó cuando vio que Anna se había quedado dormida en el regazo de Elsa. – ¡No es más que una niña! Quedarse dormida así como así en cualquier lugar…
- Estaba cansada, se despertó muy temprano. – Elsa acariciaba el cabello de Anna y sonreía tiernamente. Hans sonrió ante la imagen, al ver así de feliz a la platinada de su amiga pensaba que Anna tal vez no fuera tan odiosa como él pensaba.
Elsa volteó hacia Hans y éste bajó la mirada y carraspeo. – ¿Por qué no practicamos un poco de esgrima, príncipe de Arendelle? – Dijo pasándole el cuero con alcohol.
Elsa dio un trago y sonrió. – No te cansas de que te parta el trasero, ¿verdad?
Hans se encogió de hombros. – Solo pienso que ya que la… princesa se la pasó jugando, es nuestro turno de divertirnos un poco, ¿no crees? Además, no planeo quedarme rodeado de niños dormidos. – Dijo haciendo una seña a los niños que se encontragban a su alrededor dormidos.
- Tienes razón… Nos toca jugar. – Con una delicadeza innata en Elsa logró poner la cabeza de Anna sobre el saco de montar azul que había llevado y así no notara tanto su ausencia.
Cuando Anna despertó se encontró sola en la manta, los demás niños veían como Elsa y Hans se batían en duelo. Se desperezó y dirigió a sentarse al lado de un niño que gritaba apoyando a Hans, al darse cuenta de esto volteó a verlo con el ceño fruncido y ella empezó a gritar más fuerte que él el nombre de Elsa, alentándola y apoyándola.
Anna había visto en innumerables veces cómo practicaba Elsa con la espada, cada día mejoraba más y ahora parecía que hubiese alcanzado un nivel mayor al que esperaba la pelirroja. La platinada se movía con fluidez, sus movimientos eran elegantes y más que pelear parecía que danzaba, la espada parecía una extremidad más de ella. Los ojos azul hielo brillaban de diversión, su trenza estaba un poco despeinada y el sudor le caía por la frente y el cuello. Elsa era la mejor visión que Anna pudiera tener de un príncipe.
Los movimientos de Hans, por otro lado, eran menos fluidos y un poco más toscos, aunque se veía que la fuerza de sus estocadas podrían ser mortíferas en un combate de verdad, Anna recordaba haber visto a Hans en las primeras clases de esgrima que tuvo; era pésimo, se la vivía en el suelo y Elsa casi ni lo tocaba, pero ahora ya podía darle pelea. Los ojos verdes de Hans siempre astutos vigilaban los movimientos de Elsa, intentaba golpearla pero Elsa se daba cuenta mucho antes y todo lo esquivaba con una elegancia espléndida. Al final, como Anna ya se imaginaba, fue Elsa la que venció ese duelo, con un movimiento hacia delante, Hans se tambaleo y Elsa aprovechó ese momento dubitativo para ponerle la espada en el cuello.
- Muerto, pelirrojo. – Elsa sonreía con satisfacción y empezaba a regular su respiración.
Hans clavó sus ojos verdes en los de Elsa y frunció el ceño. - ¿15 de 17? – Después sonrió al ver que Elsa empezaba a reír.
La platinada volvió la vista a Anna y le sonrió. – No, estamos un poco lejos del castillo y pronto oscurecerá, además la "bella durmiente" ya despertó. Debemos empezar a guardar todo para irnos. – Hubo un alboroto por todos los niños que esperaban seguir viendo una batalla entre dos contendientes tan asombrosos.
Después de mucho jaleo los niños regresaron a sus casas y mientras que Hans y Elsa guardaban todo de nuevo en el caballo de Hans.
Cuando ya iban de regreso hacia el castillo oyeron el sonido de unos gritos y sonidos sordos. Hans detuvo su caballo, volteó a ver a Elsa y sonrió. - ¿Vamos a ver?
- No creo que sea una buena idea, no venimos solos Hans; podríamos poner a Anna en peligro. – Dijo la platinada deteniendo su caballo.
- ¿Y si es algún niño en apuros?
Anna se giró para ver a sus dos acompañantes, sujetó con fuerza sus riendas y habló sin vacilar. – Elsa si es así, deberíamos ir, por mí no te preocupes, puedo cabalgar a todo galope hasta el castillo y pedir ayuda si algo sale mal.
Elsa indecisa miró a Anna y después a Hans que ya emprendía el camino hacía donde oía los gritos. Elsa lo siguió y cuando Anna la alcanzó en su caballo se volteó para hablarle. – Júrame que cualquier cosa te irás sin mirar atrás. – Anna asintió con la mandíbula tensa.
Sin embargo, la sorpresa fue cuando llegaron, no había ningún niño en peligro. Solo era un chico rubio que practicaba con una espada de madera. Se movía con seguridad y parecía una rutina de diferentes estocadas y defensas. El niño rubio cuando notó la presencia de los tres otros jóvenes se puso en guardia y volteo para encararlos, pero cuando notó a Anna se puso en rodillas.
- Princesa Anna. – Saludó con su voz aún chillona, todavía no tenía el tono grave de alguien mayor, por lo que Elsa supuso que tendría su edad o tal vez sería un poco menor. Anna miró a su alrededor y después al niño rubio, sin comprender.
- Ehhh… Ahh… Hola… - Elsa volteó a ver a Anna con el ceño fruncido y luego al niño rubio que seguía arrodillado y con la cabeza gacha.
- Levántate, chico. – Dijo Elsa, pero el rubio no le hizo caso.
- ¡Hey, niño! ¿No escuchaste? La princesa de Arendelle, te ha dicho que te levantes. – Dijo Hans al notar que el niño había desobedecido a Elsa.
- ¡Escuché! Pero yo sirvo a Corona, no a Arendelle. Si la princesa Anna no me dice nada yo no tengo por qué escuchar a "la princesa de Arendelle". – Esto último lo pronunció como si le supieran mal las palabras en la boca.
Elsa dejó de fruncir el ceño y sus ojos azul hielo se vieron más profundos que nunca. Era la primera vez que alguien le perdía el respeto.
Anna captó la mirada de Elsa y se metió antes de que algo más pasara. – Levántate, tú chico… Ehhhhh…
- Kristoff Bjorgman, mi espada es para servirle princesa. – Después el rubio se puso en pie y clavó sus ojos avellana en la princesa, aunque de inmediato se sonrojó.
"La princesa Anna."
No podía creer su suerte, desde que el rey Esteffano había muerto su padre los había sacado del castillo para llevar a su madre y a él al pueblo, no sabía el motivo, pero lo recordaba con mucho recelo, cuando el rey vivía Kristoff se la pasaba jugando con Anna, ella era muy pequeña para acordarse, pero él lo recordaba a la perfección.
El sonrojo no pasó desapercibido para Elsa y cada vez veía con peores ojos al niño con el nombre de Kristoff. – Entonces, tu espada es para servir a Anna… - Kristoff se sorprendió por la manera tan altanera que había sonado la voz de Elsa y por la familiaridad con la que se refería a la princesa de Corona.
- Mi espada siempre estará para servir a la princesa de Corona.
Elsa sonrió de medio lado. – ¿Y por lo menos sabes usarla? ¿O acaso siempre practicas con el aire? – Hans sonrió ante la actitud de su mejor amiga.
Kristoff apretó los puños y entre dientes dijo: - Le aseguro, mi señora, que sé usar la espada mejor que lo que lo haría su guarura. Después de todo, mi padre es el maestre de armas de Corona.
Elsa ensanchó su sonrisa. – No sé si puedas utilizar la espada mejor que mi escudero, pero te garantizo que no sabes usarla mejor que yo. – Anna no entendía cómo podía cambiar el humor de Elsa tan rápido, hace unos momentos estaba riendo y jugando con ella y ahora, jamás la había visto así, pero no le gustó ni un poco. Recordó por un momento a su prometido, arrogante y violento.
- Lo siento, mi señora. Pero no quiero lastimarla, se me hace injusto pelear con una mujer. – Dijo Kristoff tomando su espada y volviendo de soslayo la vista hacia Anna pretendía marcharse.
Elsa desmontó y le impidió el paso, Hans saltó a su lado en un abrir y cerrar de ojos.
- Elsa, por favor, le no hagas nada. – Anna desmontó y se puso al lado de Elsa tomándola del brazo. Elsa volteó a verla con los ojos fríos y hondos, Anna jamás había visto así a Elsa y se encogió en su sitio. – Por favor… - Logró susurrar.
Elsa la observó un poco más y después volvió la vista al joven rubio.
- Hágale caso, mi señora. Si no saldrá lastimada. – El tono altanero de Kristoff fue la gota que derramó el vaso.
- Hans, dale al "caballero" rubio de aquí una de nuestras espadas para practicar, y pásame a mí la otra. – Dijo Elsa deshaciéndose del agarre de Anna.
- Estoy bien con mi espada de madera, gracias. – Dijo Kristoff sosteniéndole la mirada a Elsa, al final está sonrió y se encogió de hombros.
- Como guste sir rubio. – Dijo haciendo un mohín. Cuando Hans llegó con su espada, Elsa la tomó sin dejar de ver a su oponente. – Mantén alejada a Anna, Hans.
Por algún motivo a Kristoff le molestaba que le hablara de una manera tan informal a la princesa. Era la princesa de Corona y debía de respetarla como tal. – Si la lastimo, mi señora, no deberá reprenderme.
En la cara de la platinada apareció una sonrisa burlona. – Por supuesto, sir. – Antes de que alguien más pudiera hacer algo Kristoff dio una estocada a Elsa, la cual burlo con una gracia sorprendente.
La batalla era más reñida de lo que Hans hubiese esperado. Anna estaba aferrada a su brazo, era la primera vez que la tenía tan cerca y no le importaba en lo más mínimo, ambos estaban presenciando un duelo digno de admirar. Era cierto, el rubio era mejor que él con la espada, pero Elsa no se quedaba nada por detrás de él, no sabía quién era mejor; sin embargo podía notar que Elsa tenía mucha más soltura y gracia, y sus golpes en una pelea verdadera serían letales, pero las estucadas del rubio eran certeras y llevaban mucha más fuerza, además de que esquivó y se defendió de cada uno de los ataques de Elsa.
Elsa estaba realmente impresionada, el rubio sabía pelear, y por más que le pesara admitirlo, muy bien. Sin embargo, sus movimientos seguían siendo un tanto burdos, debía pulirlos, pero supuso que no tenía con quién afinarlos. Estaba estudiando perfectamente a su oponente y encontró un punto ciego, la parte izquierda la desprotegía mucho. Después de cerciorarse de que estaba en lo cierto hizo su último ataque, movió la espada hacia la derecha y se acercó casi hasta estar cuerpo con cuerpo, tomó a Kristoff por el cabello y jaló su cabeza hacia atrás mientras ponía su espada sobre el cuello de éste.
Anna sintió que el tiempo se detuvo cuando vio a Elsa tan fiera y con sus ojos azul hielo oscurecidos por la ira, Elsa había vencido, tenía la espada sobre la garganta de Kristoff y ninguno de los dos dejaba de verse, se estaban incitando. Anna sujetó con más fuerza a Hans y éste tomó su mano y la apretó; también estaba nervioso, ninguno había visto así a Elsa, jamás.
Elsa bajo la mano del cuello y la puso sobre el pecho de Kristoff para empujarlo, con lo que cayó de espaldas al piso, puso su espada ante la cara del rubio. – La próxima vez que pongas tu espada al servicio de la princesa Anna, asegúrate de que no te maten en el proceso.
- Yo sabía que tú podías, Elsa. ¡Muéstrale al rubio insolente, quién manda! – Hans había soltado a Anna y celebraba a la platinada. Elsa se acercaba con una leve sonrisa en los labios.
- Bien, ¿nos vamos? – Le dijo a Anna, sonriéndole.
Anna tenía en entrecejo fruncido y se veía muy molesta. - ¿Anna…?
La pelirroja aventó a la platinada que intentaba acercarse a ella. – Eres un patán. No tenías por qué buscar pelea. ¡Te lo pedí!
Elsa no entendía bien a lo que se refería la princesa de Corona. - ¿Perdón?
- ¿Qué era lo que pretendías, Arendelle? ¿Humillarlo? ¿Maltratarlo para que sepa quién manda? – Anna estaba furica, no pensaba que Elsa pudiera hacer algo así. Y ella que pensaba que era el príncipe perfecto.
- Mira, Anna, te lo diré de buena manera, no me hables así…
- ¿O también me enseñarás la manera en que usas la espada? ¿O vas a golpearme? – Anna volvió a empujar a Elsa.
- Anna, ¿qué demo… - Y antes de que terminara la oración Anna ya había dado media vuelta, montó su yegua y espoleo fuera de ahí. - ¡ANNA! ¡Mierda! – Elsa corrió hasta su caballo, montó y fue tras Anna lo más rápido que pudo.
Hans recogió la espada de Elsa y volteo a ver al rubio que tenía una sonrisa de satisfacción en el rostro. - ¿De qué te ríes, rubiecito?
- Si una niña como la princesa puede poner tan fácil en su lugar a "la Arendelle", tal vez tiene razón; sí, no sirvo para pelear…
Hans lo miró con desprecio, se acercó a Kristoff y lo barrió de pies a cabeza. – A ver, niño reno. En primer lugar: báñate, apestas. En segundo, si vuelves a dirigirte de esa manera a la princesa de Arendelle, yo mismo te cortaré la lengua, ¿entendiste? – Kristoff encaró a Hans y no bajo la vista en ningún momento. Hans le dio la espalda y montó su caballo. – Además, Trencitas es más fiera de lo que creerías. – Y dejando a un Kristoff confuso se alejó a todo galope.
Cuando Elsa llegó al castillo ya había anochecido, no entendía nada de lo que había pasado. Anna se había enojado de la nada, y luego la manera en la que le habló. ¿Qué había sido todo eso? El día había sido tan maravilloso, si tan solo no hubiesen visto a ese idiota rubio.
Elsa desmontó saltando del caballo aún en movimiento y corrió tras Anna que ya había desmontado y entrado al palacio. - ¡ANNA! ¡Maldita sea…! ¡Anna! – Anna sin volverse atrás seguía corriendo, ocultando a Elsa las lágrimas de coraje que corrían por sus mejillas. - ¡Por Tehlu, Anna!
Anna no paró de correr hasta que, ignorando todas las miradas curiosas que le dirigían los sirvientes, llegó a su cuarto. Justo cuando intentaba cerrar la puerta detrás de ella algo se interpuso, cuando volteo y se encontró frente a frente con Elsa, que tenía las mejillas completamente rojas, supuso que era por el haber corrido tanto. - ¡Vete!
- No, me voy a ir hasta que hablemos. – La mirada de Elsa seguía siendo de un color hielo profundo pero Anna pudo visualizar también una chispa de preocupación en sus ojos.
- Yo no quiero hablar. ¡Largo! – Anna volvió a empujar la puerta pero el pie de Elsa se lo impedía.
- ¿Qué rayos te pasa? Dime, ¿qué mierda fue lo que te puso así? – Elsa no iba a ceder y empezaba a empujar la puerta, tenía mucha más fuerza que Anna así que no le costó ningún trabajo abrir por completo la puerta.
Anna se quitó por fin y puso su mirada en Elsa, que hasta ese momento se dio cuenta de que lloraba. – Te creía un príncipe.
- Soy una princesa, no un príncipe. – Dijo Elsa con un tono de preocupación en la voz por las lágrimas que seguían rodando por las mejillas de Anna.
- No, tienes razón, no eres un príncipe, eres un gañán. – Anna seguía enfurecida con Elsa. – Dime, ¿qué te hizo ese joven para que quisieras humillarlo?
- ¿No notaste cómo me habló? – La voz de Elsa ahora sonaba fría y dura, no podía creer que ese mozo insolente fuera el culpable de que Anna se hubiese enojado con ella.
- Perdona, se me olvidaba que no importa que tenga la misma educación que tú. Tienes razón, como ha tenido tantos maestros de etiqueta. – Anna se sentía exasperada.
- No puedo creer que un mozo que acabas de conocer sea más importante que lo que tenemos desde hace años. – Dijo Elsa irguiéndose ante Anna. – O tal vez me acabo de dar cuenta de que en realidad no tenemos nada. – Soltó una sonrisa altiva. - ¡Qué imbécil fui! Disculpe, princesa de Corona. No la vuelvo a molestar.
Anna se encogió y le dolieron las palabras de Elsa. – ¡Más bien yo nunca me había dado cuenta de lo idiota que eres! – Elsa la miró un momento más, la miró igual que a Kristoff, con desprecio.
- Muy bien, princesa. – Elsa hizo una reverencia hacia Anna. – Si eso es lo que piensa es mejor que la deje sola. – Dio media vuelta y se dirigió a la puerta, mientras Anna empezaba a sollozar. – Hablaré con vuestra madre, le diré que te case con el mozo insolente, ya que lo proteges tanto, tal vez eso es lo que deseas. – Dijo mirando de soslayo a Anna y sonriendo de manera irónica.
Anna corrió a coger una jarra de agua que había en su mesa de noche y la aventó hacia Elsa, la cual ya había salido del cuarto por lo que se estrelló contra la puerta, y sin poder sostenerlo más se dejó caer y rompió en llanto. No podía creer que Elsa fuera tan idiota, sus palabras se habían clavado como cuchillos en su corazón, y no sabía por qué le dolía tanto.
"¿Por qué Elsa Arendelle, me afecta tanto?"
Elsa se dirigía a zancadas hacía su habitación, estaba iracunda, quería asesinar a alguien, más en específico a un niño rubio que le había arruinado todo.
- Elsa, ¿qué pasó? Los sirvientes me dijeron que las vieron correr hasta el cuarto de Anna, que ibas gritando para que se detuviera. ¿Qué te dijo? – Hans corrió hasta donde estaba Elsa pero ésta no se paro, solo siguió su camino sin siquiera voltear a ver a su pelirrojo amigo. - ¿Elsa?
- Nos vamos Hans, dile a todos que partimos al amanecer a más tardar, empaquen todo. ¡No volveremos a pisar Corona! ¡De eso me encargo yo!
Hans sabía cuando no vacilar ante una orden de su amiga así que sin preguntar nada más asintió. – Estará todo listo, Elsa. – Y sin decir palabra giró a la izquierda para dejar sola a su amiga y llevar la enmienda que le encomendó.
FIN
Madh-M: Hans merece una oportunidad, ¿no? Aunque eso no le quita que es el peor villano de Disney. Jejejejejejejejejeje Te gustaría más a Anna como el príncipe, sinceramente una Elsa así, a mí me enamora! 3.3
Maximus: Qué bueno que te hay gustado! Espero y disfrutes éste capítulo!
Lector: Sigo insistiendo que TÚ MUY BIEN por seguir la historia y siempre dejarme review, eso ayuda a motivarme.
Pam: Espero sigas enganchada.
Sakura Anayami: Al morir Esteffano le pide a Alexander que se haga cargo de sus mujeres, Mónica y Anna, y del reino, lo vuelve algo así como su mano, por lo que Alexander se ha hecho cargo del reino de Esteffano, utilizando una mesa de consejo que él impuso, quería poner eso en el prólogo pero no sabía si iba a ser una historia aceptada o no, por lo que lo omití, aunque lo puse implícito. xDD El problema es que no queda otro familiar de Corona más que el hermano del rey Esteffano y fue desterrado. Y Mónica no le enseña nada a Anna porque para ella no vale la pena, al fin y al cabo se casará con alguien Elsa y el reino lo manejara ella, Anna solo tiene que verse bonita. Yyyyyy me cachaste, tengo resaca de GoT entonces es una buena idea en vez de llorar porque Martin no se digna a sacar un nuevo libro escribo algo parecido. Es una buena idea, pienso yo. ¿Tú qué opinas?
Anonimo: Espero y se siga viendo tan prometedor.
Elsaisabadass: Hola gran lectora, primero que nada gracias por seguirme la corriente en mis locuras e investigar en wiki; yo lo aprendí por uno de mis autores favoritos y me pareció la cosa más cierta del mundo. Sobre tus preguntas: 1) Hans será MUY importante, pero no diré más. 2) Alexander... Ahaaaaa... Esa historia se contará en su momento. No daré spoilers de nada pero puedo decirte que sí saldran los trolls. 3) Sobre OUAT la verdad, fue casualidad los nombres! xDD Aunque a mí también me gusta el ship Regina/Emma. 4) Y sobre el dragón, pienso poner uno pero a´´un estoy indecisa, resulta que debo de investigar un poco más sobre los dragones antes de ponerlo, pero estoy pensando en una mascota para Elsa. :D Espero te haya sorprendido con este capítulo. ;)
¡Gracias a todos por sus reviews!
Bueno pues, muchas gracias por leer hasta aquí, lo de FIN era broma... xDD Me gusta dejar todo en suspenso. Y solo les pido que dejen sus reviews, les juro que eso me motiva y tendré así los capítulos listos antes. Déjenme sus dudas y comentarios, sugerencias y críticas, me ayudan a crecer.
Hasta la próxima leída.
