Buenos días/tardes/noches a todos mis lectores.

Me disculpo si este nuevo capitulo puede haber tardado mas de lo normal, ya que sin importar que tan modernas sean la computadoras siempre tendrán los mismos estúpidos problemas, y uno de esos problemas es tener que actualizar TODO el puto sistema cada 2x3.

Reviews:

Sin reviews (se va a llorar a su rincón).

Disclaimer: Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto y la saga Maze Runner le pertenece a James Dashner.

Sin mas rodeos aquí va el capitulo.


El Virus Letal.

Despegue.

Los aullidos rasgaron el aire mientras la multitud huía en medio del caos. Naruto se arrodillo y engancho los brazos de Kiba en sus codos. El sonido de los dardos volando a diestra y siniestra lo impulso a darse prisa y borrar cualquier otro pensamiento de su cabeza.

Arrastro a su amigo por todo el piso. Hinata había caído, pero Rin ya estaba ahí, ayudándola a levantarse. Ambas corrieron hacia él y cada una sujeto uno de los pies. Con resoplidos sincronizados, levantaron a Kiba y lo alejaron de la Plaza y del espacio abierto. Era un milagro que ninguno de ellos hubiera sido alcanzado por un dardo. Los proyectiles surcaban el aire y se escuchaban los gritos y el ruido de los cuerpos al chocar contra el suelo. En medio de la lluvia de dardos, Naruto, Hinata y Rin se deslizaron lo más rápido que pudieron transportando a Kiba con dificultad. Al pasar por detrás de un conjunto de árboles, Naruto escucho los golpes de los dardos que se hundían en las ramas y en las cortezas. Volvieron a salir al espacio abierto y atravesaron velozmente un pequeño claro hasta enfilar por un sendero de cabañas de troncos construidas al azar. Había gente por todas partes: algunos golpeaban frenéticamente las puertas, otros se arrojaban por las ventanas.

A continuación Naruto oyó el rugido de los propulsores y un aire cálido le azoto la cara. El ruido fue aumentando y el viento soplo con más intensidad. Alzo los ojos y comprobó que el Berg había cambiado de posición y perseguía a la mitad que huía. Vio a Chouji y a Ino alentando a todos a darse prisa. Sus gritos se perdían bajo el estruendo del Berg.

No sabía qué hacer. Buscar refugio era lo más apropiado, pero había demasiada gente intentando hacer lo mismo, y si se unían al caos con Kiba a rastras, terminaría aplastados. El Berg se detuvo una vez más y los desconocidos, con sus extraños atuendos, alzaron nuevamente las armas y abrieron fuego.

Un dardo rozo la camisa de Naruto y se clavó en el suelo. Alguien lo piso y lo enterró más profundamente. Otro pego en el cuello de un hombre que pasaba a toda velocidad. Con un grito, se dobló hacia adelante mientras la sangre manaba de la herida. Cuando se desplomo, se quedó quieto y tres personas se tropezaron con él. Apabullado por todo lo que ocurría a su alrededor, Naruto se detuvo y no reacciono hasta que Rin le grito que se moviera. Obviamente los agresores habían mejorado la puntería. Los dardos volaban, clavándose en la gente, y el aire se impregno de gritos de dolor y espanto. Se sintió completamente indefenso: no había forma de protegerse del aluvión de artillería. Lo único que podía hacer era intentar superar a duras penas una maquina voladora: una tarea imposible.

¿Dónde estaba Kakashi, el hombre duro de instintos de guerrero? ¿Hacia dónde había huido?

Naruto seguía moviéndose, empujando el cuerpo de Kiba y forzando a Rin y a Hinata a mantener su ritmo. Chouji e Ino corrían junto a ellos tratando de ayudar sin estropear la carrera. Los proyectiles continuaban cayendo desde arriba. Más alaridos, más cuerpos que se desplomaban. Doblo en un recodo, se agazapo en el callejón que conducía a la Cabaña y se pegó al edificio que tenía a su derecha, usándolo de escudo. Poca gente tomaba esa dirección y había menos dardos que esquivar.

El pequeño grupo remolco con torpeza el cuerpo inconsciente de su amigo. En esa sección del poblado, las casas estaban construidas prácticamente unas sobre otras y no quedaba espacio para sortearlas y escapar hacia los bosques de las montañas circundantes.

-¡Ya casi llegamos a la Cabaña!-anuncio Hinata-. ¡Apúrense antes de que el Berg vuelva a colocarse encima de nosotros!

Naruto giro para quedar frente mientras mantenía a Kiba agarrado de la camisa a sus espaldas. Al andar hacia atrás, había forzado al máximo los músculos de las piernas, que comenzaban a acalambrarse. No había nada en el camino que los frenara, de modo que acelero el paso. Hinata y Rin se mantenían detrás de él, sosteniendo las piernas de Kiba. Ino y Chouji sujetaban los brazos para distribuir el peso de la carga. Se deslizaron hacia izquierda y derecha entre angostos senderos y pasadizos, raíces prominentes y tierra compacta. El zumbido del Berg sonaba a la derecha del grupo, silenciado por los edificios y las hileras de árboles que se erguían en medio.

Por fin, Naruto se dobló una esquina y diviso la Cabaña al otro lado de un pequeño claro. Se preparó para comenzar a correr cuando una horda de vecinos en fuga frenética y violenta emergió como un remolino desde el lado opuesto y se desparramo hacia las puertas. Se quedó congelado en el lugar justo en el momento en que el Berg se acercaba a toda velocidad, más cerca del suelo que nunca. Ahora solo había tres personas sobre la escotilla, que comenzaron a disparar tan pronto como la nave quedo suspendida en el aire. Finos rayos de plata cayeron sobre la gente que se adentraba en el claro. Todos los proyectiles parecían encontrar su blanco en brazos y cuellos de hombres, mujeres y niños, que se desplomaban en el suelo casi instantáneamente mientras otros tropezaban con ellos en su precipitada huida en busca de refugio.

Rodearon el costado del edificio más próximo y depositaron a Kiba en el suelo. El dolor y el cansancio se extendían por los brazos y por las piernas de Naruto, que anhelaba derrumbarse junto a su amigo inmóvil.

-Deberíamos haberlo dejado allá atrás-Dijo Hinata con las manos en las rodillas mientras trataba de recuperar el retrasa mucho y de todas maneras sigue estando en medio de los disparos.

-Y posiblemente muerto-agrego Chouji con voz ronca.

Naruto lo miro con severidad, pero tenía que admitir que el chico podía tener razón. Quizá había arriesgado su vida para salvar a alguien que ya no tenía posibilidad de sobrevivir.

-¿Qué está sucediendo ahora?-pregunto Rin acercándose a la esquina en la construcción para espiar. Les echo una mirada por encima del hombro.-Están liquidando gente de forma indiscriminada. ¿Por qué usaran dardos en vez de balas?

-Es inexplicable-respondió Naruto.

¿No podemos hacer algo?-inquirió Hinata mientras su cuerpo temblaba, más por la frustración que por el miedo-. ¿Por qué permitimos que esto ocurra?

Naruto se acercó a Rin y se puso a espiar con ella. Los cuerpos estaban diseminados por el suelo, atravesados por dardos que apuntaban hacia el cielo como un bosque en miniatura. El Berg permanecía sobrevolando la plaza en medio del fuego azulado de los propulsores.

¿Dónde están los tipos de seguridad?-murmuro Naruto sin dirigirse a nadie en particular-. ¿Se tomaron el día libre?

Nadie respondió, pero un movimiento inusual en la puerta de la Cabaña llamo su atención, y respiro aliviado. Agitando las manos frenéticamente, Kakashi los alentaba a unirse a él. Sostenía lo que parecían ser dos enormes rifles con ganchos en los extremos, unidos a lo largos rollos de la cuerda.

Como un buen soldado, aun después de tanto tiempo el hombre tenía un plan y necesitaba ayuda. Iba a enfrentar a esos monstros, y Naruto también lo haría. Se apartó del muro y, al echar una mirada a su alrededor, diviso un trozo de madera al otro lado del callejón. Sin advertir a los demás sobre lo que pensaba hacer, cruzo corriendo, lo tomo y, usando la madera a modo de escudo, salió a la plaza abierta para llegar a la Cabaña, donde se encontraba Kakashi. No necesitaba mirar hacia arriba: podía oír los silbidos inconfundibles de los dardos que se acercaban en su dirección. Escucho el golpe nítido de uno de ellos incrustándose en la tabla y continúo su carrera.

En su camino hacia Kakashi fue variando el ritmo de sus pasos, a veces más lento, otras más rápido, esquivando los dardos que llovían alrededor de sus pies. Un segundo proyectil se enterró en su escudo improvisado. Mientras el corría a cielo abierto, Kakashi se dirigía directamente hacia el centro de la Plaza sin soltar los rifles. Los dos amigos casi chocaron uno contra el otro justo debajo del Berg y, de inmediato, Naruto se agacho y levanto el escudo. Los ojos de Kakashi brillaban con intensidad y determinación. A pesar de las canas, parecía veinte años más joven.

-¡Tenemos que darnos prisa!-grito-. ¡Antes de que ese aparato decida largarse de aquí!

Los propulsores ardían sobre su cabeza y los dardos seguían clavándose en las personas que los rodeaban. Los alaridos eran horrendos.

-¿Qué hago?-exclamo Naruto. Una mezcla de adrenalina y terror que ahora le resultaba tan familiar recorrió su cuerpo mientras esperaba las instrucciones de su amigo.

-Cúbreme con esto- índico Kakashi, al tiempo que sujetaba los rifles debajo de un brazo y sacaba detrás de los pantalones una pistola negra que Naruto no conocía. No había tiempo para vacilar: tomo el arma con la mano libre y, por el peso, supo que estaba cargada. Al amartillar la pistola, un dardo se incrusto en la madera. Luego otro más. La gente del Berg había divisado a las dos personas que se hallaban tramando algo en el medio del claro. Más proyectiles aterrizaren en el suelo como una repentina lluvia de granizo.

-¡Dispara, hijo!-rugió Kakashi-. Y apunta bien, porque solo tienes doce balas. No falles ¡Ahora!

Con esas palabras, se dio vuelta y salió corriendo hacia un sitio que se hallaba a unos metros. Naruto apunto la pistola a los hombres de la escotilla e hizo dos rápidos disparos sabiendo que debía distraer su atención para que no notaran los movimientos de Kakashi. Los tres mascaras blancas retrocedieron y se pusieron de rodillas para que la rampa de metal los protegiera del agresor. Uno de ellos giro y comenzó a trepar para ingresar a la nave.

Naruto arrojo a un lado el escudo, sujeto el arma con ambas manos y se concentró. Cuando una cabeza se asomó por el borde de la escotilla, la coloco rápidamente en la mira y disparo. Sus manos saltaron con el culatazo, pero alcanzo a ver en el aire la bruma roja del chorro de sangre. Un cuerpo se tambaleo por la rampa y, al caer, choco contra tres personas que se hallaban abajo. Cuando la gente noto lo que estaba sucediendo, nuevos coros de gritos brotaron de todos lados.

Un brazo emergió de la puerta blandiendo uno de los tubos y comenzó a lanzar tiros al azar. Naruto disparo y enseguida oyó el sonido agudo de la bala que pega contra el artefacto del metal y vio caer el arma hacia el suelo. Al instante, una mujer la recogió y comenzó a examinarla para descubrir cómo funcionaba. Podría ser de gran ayuda.

Naruto se arriesgó a echar un rápido vistazo a Kakashi: sostenía el arma con los anzuelos como si fuera un hombre de mar a punto de lanzar un arpón a una ballena. Un ligero estallido y repentinamente el gancho salió volando hacia el Berg mientras la soga giraba como una nube de humo. El garfio choco contra uno de los brazos hidráulicos que mantenían abierta la escotilla y se retorció con fuerza a su alrededor. Kakashi tenso la cuerda.

-¡Arrójame la pistola!-le grito.

Naruto miro hacia arriba para asegurarse de que nadie hubiera reaparecido para lanzar otro aluvión de dardos, y luego salió corriendo hacia Kakashi con la pistola. Apenas se la había entregado cuando se escuchó un clic y vio a Kakashi volando por el aire mientras el dispositivo lo elevaba con la cuerda hacia el Berg. Con una mano sujetaba firmemente el rifle con los ganchos y, con la otra, apuntaba el arma hacia arriba. Tan pronto llego al borde de la escotilla, sonaron tres disparos sucesivos y fulminantes. El hombre subió la rampa y sus pies se perdieron en el interior. Unos segundos después, otro cuerpo con mascara blanca atravesaba el borde y se precipitaba a tierra.

-¡El otro gancho!-le grito Kakashi desde arriba-. ¡Apúrate, antes de que aparezcan más o se vayan!-advirtió y se dio vuelta hacia el Berg sin esperar respuesta.

El corazón de Naruto latía a toda prisa y casi le producía dolor al golpear con fuerza contra sus costillas. Miro a su alrededor y distinguió el pesado dispositivo en el piso, donde Kakashi lo había dejado. Lo levanto y tras estudiarlo, lo invadió el pánico al pensar que no sabría cómo utilizar esa estúpida arma.

-¡Solo tienes que apuntar hacia acá arriba!-le explico con un bramido-. Sin no se engancha, lo amarro yo mismo. ¡Vamos!

Naruto lo empuño, apunto hacia el centro de la escotilla y apretó el gatillo. La sacudida fue intensa, pero esta vez se inclinó hacia el arma y solo sintió una ráfaga de dolor en el hombro. El gancho y la cuerda trepadora se elevaron raudamente hacia el Berg y pasaron por encima de la escotilla abierta. El gancho golpeo contra el metal y se deslizo hacia abajo, pero Kakashi lo agarro justo a tiempo. Corrió hasta uno de los brazos hidráulicos y lo ato con fuerza.

-¡Muy bien!-grito-. ¡Ahora oprime el retractar verde de la culata…!

Sus palabras se interrumpieron cuando los motores del Berg rugieron con más intensidad y la nave se sacudió en el aire.

Sujeto el extremo del dispositivo justo en el momento en que este lo levantaba del suelo y lo izaba hacia arriba. Escucho la voz de Hinata que le gritaba desde abajo, pero el piso se fue alejando y las personas se empequeñecieron con el paso de los segundos. El miedo lo envolvió mientras se aferraba con tanta fuerza que los dedos se le pusieron blancos. Al mirar hacia abajo le dolía la cabeza y se le revolvía el estómago, así que decidió fijar la vista en la escotilla

Después de haber estado casi al borde de la muerte, Kakashi intentaba nuevamente encaramarse sobre el borde de la rampa. Forcejeo y pataleo hasta volver a estar en una posición segura, usando la misma cuerda a la que Naruto se aferraba con toda su vida. Luego se dejó caer sobre el vientre y observo a su joven amigo con ojos desorbitados.

-¡Naruto, busca el botón verde!-rugió-. ¡Oprímelo!

El viento azotaba el cuerpo de Naruto junto con el aire de los propulsores. El Berg estaba ascendiendo y ya se encontraba por lo menos a sesenta metros del suelo. Se movía haca adelante, en dirección a la arboleada. Sin no hacía algo, en breves segundos los arboles lo harían pedazos o lo arrancarían de la cuerda. Se mantuvo bien aferrado mientras buscaba desesperadamente el botón verde.

Por fin lo encontró, a unos pocos centímetros del gatillo que había disparado el gancho y la soga. Odiaba tener que soltarse aunque fuera por un solo segundo, pero concentro toda su fuerza en la mano derecha, apretó los dedos y luego lo busco con la izquierda. Todo su cuerpo se mecía en el aire de un lado a otra, bamboleándose contra el viento y saltando con cada sacudida del aparato. Las puntas de los pinos y de los robles se acercaban peligrosamente, y no conseguía la firmeza necesaria para pulsar el botón.

De pronto, escucho un chirrido metálico sobre su cabeza y levanto la vista: la escotilla se estaba cerrando.