Capitulo 4

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Podía decir que mi vida había cambiado por completo desde que había vuelto a Estados Unidos, en especial a Forks. Cuando había decidido aceptar la herencia de mi abuelo, nunca pensé que las cosas podrían ser como antes… bueno, algunas cosas, como mi amistad con mis amigas de la infancia, gracias a Emmett había tenido el valor de buscarlas. Tomar el puesto de mi abuelo dentro de la hacienda, ser quien tomaba las decisiones, quien daba la última palabra luego de que Edward diera el visto bueno, eran grandes responsabilidades pero gracias a mi abogado de confianza había realizado todo tal cual hubiera hecho John Swan, esperaba que estuviera orgulloso de mi. El único pendiente era mi relación con Edward Cullen

Hablé con Emmett uno de aquellos días, porque con mis amigas no tenía la confianza suficiente para contarle mis cosas, ya que con ellas nos habíamos dejado de ver desde que nos graduamos del instituto, antes de yo irme a Londres para mis estudios superiores.

Entré al despacho donde estaba concentrado en algún papeleo que yo no entendería por ahora ya que recién estaba entrando al negocio en lleno. Me senté frente a su escritorio y lo miré fijamente. Era la única persona en esa casa que me conocía a la perfección, que con solo mirarme sabía que me sucedía, si era algo relacionado con el trabajo, con las amistades o con el amor. Creo que le tomé tanta confianza porque se parecía mucho a mi abuelo. Como siempre, no había necesidad de que me mirara para saber lo que ocurría.

- Tienes inquietudes ¿verdad?

- Si

- Estas distinta, Bella, de la mujer que regresó de Londres- había dejado los informes de lado y se dedicó a mirare… exactamente como lo hacía mi abuelo.

- Estoy muy ocupada, Emmett. Trabajo, paso todas las mañanas muy temprano a caballo por las tierras, compruebo que todo funcione, me gusta ver todos los procesos y dentro de pocos días se llenaran nuestros campos de jardineros que vienen a recoger las flores y otros para preocuparse de la producción de los perfumes o la nueva idea para elaborar algunos aceites… todavía estoy sorprendida como mi abuelo podía con todo esto- Emmett se rió entre dientes

- Quieres abarcar todo como lo intentaba John cuando estaba vivo- solo suspiré

- Me crié toda mi vida con mi abuelo…

- Una pregunta, Bella, ya que has dejado a ese tal James, ¿No has pensado en viajar? Tengo entendido que tienes el permiso de piloto

- Sí, pero he manejado muy pocas veces

- ¿Vas a pasarte toda la vida en el campo?- me acomodé en mi asiento y miré al hombre

- Me gusta el campo. Regresé ansiosa de volver a esta vida. Me gusta levantarme temprano, llegar a los almacenes, volver al despacho trabajar junto a ti y junto a Edward…

- También hablas mucho con Edward- interrumpió Emmett, yo me sonrojé

- Creo que yo soy la que habla, Edward es poco hablador

- Y no le has preguntado porque esta mudo últimamente… que yo sepa, él no es así, creo recordar tardes enteras conversando con Edward cuando todavía estabas en Londres

- No me atrevo- y era verdad, ya no éramos las mismos amigos de la infancia, no estaba la confianza de antes

- Antes te atrevías a todo. Edward era tu mejor amigo y le contabas tus cosas

- Ya, pero es que antes no tenia sentido común. Ahora me da vergüenza, no soy capaz de contarle nada.

- ¿Y él a ti?- desvié la mirada, Emmett tenía razón, ya ninguno de los dos tenía la misma confianza de antes- estoy seguro que hay algo más que simple vergüenza… ambos están maduros desde la última vez que los vi juntos… cabezas pegadas mirando un libro para enseñarte algún ramo que no entendías de la Universidad- Emmett era experto en hacerme sonrojar, escuché como reía por lo bajo- entiendo por tu comportamiento que él tampoco te cuenta sus cosas

- Tampoco…- susurré

- Veo que tienen mucho de que conversar- lo miré fijamente dándome cuenta que hablaba como si fuera un chiste

- Tú sabes algo…

Solo recibí una buena risotada antes de que la conversación se desviara a otro tema, sobre las flores, los compradores, los beneficios y otros temas de la hacienda. Como siempre lograba distraerme ya que el tema me interesaba por completo, me enseñó los informes que estaba revisando antes de que nos enfrascándonos en una acalorada conversación. Poco después ya estaba cansada y Emmett lo notó, así que me dijo me que tomara un descanso. Antes de despedirme le pregunté si seguiría en la mansión hasta la tarde, me contestó que aprovecharía de trabajar en unos casos por lo que se mantendría un par de horas más en la hacienda.

Al salir del despacho tomé el rumbo hacia mi habitación, pero al cruzar por una de las ventanas que daba al jardín pude ver algunos rayos de sol que se filtraban entre las nubes. Aquella tarde, decidí tomar aire libre en vez de encerrarme en mi dormitorio o en el salón. Solo pasé por algo liviano para abrigarme, le pedí a Sue que me llevara algo para tomar al patio delantero donde me sentaría a tomar algo de sol.

Yo estaba sentada en la terraza tomando un refresco cuando Edward llegó a caballo, ese caballo era uno de mis favoritos aparte de mi caballo personal. Vestía el traje de montar. Llevaba una camisa negra abierta hasta el ombligo, pantalones de montar y sus botas, debido a los rayos de sol tenia lentes oscuros. A su llegada lo recibió el jardinero quien lo ayudó a mantener al caballo mientras él descendía, el hombre se llevó al animal, Edward al verme se dirigió a mi encuentro. Llegó ante mí y empezó a abrocharse la camisa. No pude evitar comentar.

- Por mi- le dije con descaro- déjalo como está. Tienes un pecho musculoso- él no me hizo caso por lo que siguió arreglándose pero pude ver un leve rubor en las mejillas, cambié el tema- ¿Sabes en que estaba pensando? Los Hale dan una fiesta, es el cumpleaños de Rosalie y como una de las familias del pueblo debe ir un representante. Y nos invitan a los dos.

- Pues si vienes tu, voy contigo a la fiesta de los Hale- se sentó, se sirvió un refresco y siguió- Nos reuniremos a las 10 de la noche en el vestíbulo, ¿te parece?- yo asentí- esta bien, iremos juntos.

Había pensando que la cosa seria más complicada, no se me había pasado por la mente que aceptara a la primera, como siempre sus cambios de humor. Conversamos unos minutos más. Edward me parecía un hombre lejano, pero en aquel momento era casi tierno y hablaba mirándome de una forma que me perturbaba. Como una persona podía cambiar de esa forma, no tenia sentido. Como podía ser que hubiera veces que lo único que quería era estar con él aunque no conversáramos de nada, solo oyéramos los ruidos de la naturaleza y otras veces, lo único que quería es salir corriendo.

Antes de la cena, Edward se disculpó para abandonar nuestra plática, fue al despacho donde se encontraba Emmett, ya que tenían que ver unos asuntos pendientes. Yo me aparecí al rato después, como lo había hecho varias veces, me quedaba en el marco de la puerta a mirar como trabajaban, no como una dueña cascarrabias que miraba cada detalle de sus empleados, sino que como mis hombre de confianza… mi familia. Luego de que habían arreglado todo, invitamos a nuestro abogado a que cenara con nosotros, pero estaba invitado a donde unos amigos. Lo despedimos en la entrada antes de que Sue apareciera para avisarnos de que la mesa estaba lista.

Como siempre cenamos en silencio, conversamos sobre algunos puntos que se habían tratado en el despacho pero nada relevante. Después de la cena cuando ya nos habíamos parado de la mesa, Edward habló.

- Ve a vestirte si es que quieres ir a casa de los Hale- asentí dirigiéndome a la escalera, antes de subir me di la vuelta

- Oye, Edward, ¿te gusta Ángela?- me miró tratando de entender porque preguntaba eso

- ¿Ángela?

- Si, la única hija de los Weber

- No me he fijado en ella.- no podía creerle eso, todos se fijaban en Ángela Weber, era la heredera de todas las tierras de la familia, lo cual no eran pocas. Sus hermanos eran pequeños como para hacerse cargo del negocio, aunque mi amiga estaba más interesada en la moda.

- ¿Te has enamorado alguna vez?- Edward se estaba colocando nervioso, parecía como que mis preguntas lo incomodaban, aprovechó de que subíamos las escaleras, y solo miraba los escalones

- Hace mucho que estoy enamorado…

- ¿Y no me vas a decir de quien?- estaba ansiosa de saberlo, los consejos de Emmett siempre ayudaban, debíamos tenernos confianza como antes, él solo sonrió

- No, déjalo así, la persona a quien yo amo y admiro la veo muy lejana…

Tuve envidia y celos de aquella sombra que no conocía. Cuando ya habíamos llegado al segundo piso, nos despedimos para cada uno dirigirse a su cuarto y arreglarse para la noche. Llegué a mi dormitorio y comencé a vestirme con la mente puesta en esa persona que tenía el corazón de Edward Cullen. Pensé si tenía tiempo de tomar un baño o si ya era muy tarde, pero al final opté por un baño rápido, quería refrescarme luego de tanto trabajo de esa mañana. Antes de meterme al baño llamé a Sue para que me ayudara con el vestido y los accesorios mientras yo terminaba la ducha.

Me puse un vestido violeta escotado y sin mangas, me quedaba ajustado al cuerpo hasta las caderas, luego ondulaba hasta el sueño en holgadas capas. La realidad es que me veía mayor, pero estaba bellísima, yo misma debía reconocerlo. Sue me ayudó con los detalles, en especial para abrochar cada botón de seda que estaba en la espalda. Como el vestido era sencillo, lo que resaltaba eras las joyas, un collar de diamantes que me había regalado mi abuelo cuando me había graduado del instituto, y me puse un anillo con un brillante que había sido de mi madre. No conocí a mi madre y tampoco a mi padre, mi madre murió a los pocos meses de cuando yo nací de pulmonía, no había soportado los malestares y por más que le pedían se tomaba las medicinas que le recetaba el doctor, había veces en que me preguntaba si en realidad tenía ganas de vivir. Mi padre murió en uno de sus viajes de negocio cuando volaba la avioneta, fue una muerte instantánea siendo que la avioneta quedó casi intacta, lo que causó su muerte fue un golpe en la cabeza logrando un derrame cerebral. Mi abuelo siempre quiso que yo no le tuviera miedo a los aviones así que cuando tuve la edad suficiente me metió a clases de vuelo, igualmente no me gusta pilotear mucho, era más entretenido cuando él iba a mi lado. Así que siempre había vivido con mi abuelo, las únicas mujeres que conocía de mi casa eran Sue, mi ama de llaves y alguna que otra criada. Así que para estas cosas Sue siempre estaba presente, ayudándome con el vestido, maquillaje o cosas de mujeres. Ahora que mi abuelo había muerto, mi única familia eran Emmett, Sue y Edward.

Me miré a mi espejo y me dejé maquillar por Sue, fue un poco, no mucho, no quería sobresalir mucho, las joyas lograban ese trabajo. Me vi bien. Me gustaba y así bajé, muy despacio, hacia el vestíbulo, mirándome en cada espejo que encontrara en el camino. Además los tacones no ayudaban mucho en ese momento y menos para bajar las escaleras de la mansión, escaleras de mármol que a cualquier mala pisada y terminaría en segundos en el piso inferior.

Cuando llegué a la escalera, puede ver de espalda a Edward. Cuando sintió mis pasos se volvió. Yo quedé paralizada. Edward vestía de etiqueta, como nunca antes lo había visto, se daban varias reuniones cuando mi abuelo estaba vivo, pero nunca era necesaria la etiqueta para los chicos. Me pareció que lo conocía por primera vez y que me fascinaba.

Algo me indicaba que Edward Cullen era para mí el hombre perfecto, tal cual como lo decía Emmett, parecía que debía creer en cada palabra de ese hombre. Bajé lentamente las escaleras. Cuando quedé a unos pasos de él, sonreí ligeramente.

- Estas muy hermosa- me dijo besándome la mano

Me besó la mano de una forma insinuante, porque le dio la vuelta y me besó en la palma con los labios abiertos. Me sonrojé. Me quedé temblando, no sabía qué hacer en ese momento. Empezaba a saber lo que sentía por ese hombre que me había acompañado durante toda mi vida en esa casa. Algo se había transformado en el fondo de mí ser y me encantaba como se sentía, no pude evitar sonreír ampliamente. Por fin logré sacar la voz y hablé.

- Tu estas muy elegante

- Gracias- y me tomó de la mano, el solo contacto de ese hombre en mi brazo me producía una sensación indefinible- Tengo el auto preparado, vamos.

Asentí, en ningún momento soltó mi mano, abrió la puerta de la casa permitiéndome salir. Yo sabía que los criados miraban por las esquinas escondidos esperando este gran momento y me daba un poco de vergüenza, porque Edward había sido en mi vida como un hermano, pero ya no veía a ese hombre en aquel momento como alguien familiar, sino como un extraño que me conmovía y alteraba… me gustaba. Cerró la casa tras de mí, volvió a tomar mi mano para conducirme al coche, no pude evitarlo, me sonrojé. Uno de los guardias nos esperaba en la reja de la entrada para cerrar tras nosotros. Me abrió la puerta del Ferrari, yo entré y me senté, esperé a que él se diera la vuelta y partió el coche, parecía como si nunca lo hubiera encendido, adoraba el ronroneo que tenía mi coche.

Llegamos a casa de los Hale en pocos minutos, no vivían muy lejos de mi casa. En la entrada de la gran casona nos esperaba un parquin para recibir el coche mientras nosotros ingresábamos a la casa, Edward de mala gana entregó las llaves de mi coche, estoy segura que amenazó al hombre sobre si le ocurría algo al coche, no pude evitar reírme. En la entrada nos esperaban Rosalie y Jasper, sonrientes ante mi llegada, ambos no pudieron evitar mirar detenidamente a mi acompañante, yo también lo miré para darme cuenta que miraba seriamente al hermano de mi amiga.

Saludamos de un gran abrazo a la cumpleañera, nos invitó a entrar para saludar a los demás invitados. No alcancé a colocar un pie dentro del salón cuando Ángela salió a mi encuentro y me dijo al oído.

- Me prestarás a Edward- no era una pregunta, yo me quedé muda, no esperaba esa solicitud, Edward no era mío… o eso quería demostrar, porque a mis adentros, él era solo mío, en eso Ángela añadió- Me gusta. Hasta me le declaré y no me hizo caso. Siempre lo vimos aquí tan deportivo, trabajador, elegante, caballero y educado. Mi padre me dice como consejo: "conquista a Cullen, es el hombre que necesito para dejar segura esta finca"

No quise seguir con la conversación así que decidí separarme rápidamente de Ángela ya que veía que recibiría un golpe de mi parte. Me sentí enojada, sin saber lo que hacia, me pegué a Edward mientras entrábamos al salón. Noté como él me miraba extrañado pero traté de mostrarme como si no pasara nada. Antes de comenzar a saludar a los demás, nos encontramos con los señores Hale, Edward como siempre, bien educado, me acompañó mientras teníamos una pequeña conversación sobre mis estudios, me defendió en todo momento cuando me cuestionaron por mi herencia de la reservación de flores, se lo agradecí con la mirada mientras seguíamos entrando. Alice como siempre llegó corriendo entre sus grititos hacia nosotros, tenía una gran sonrisa en el rostro cuando me vio con mi acompañante, confirmaba que para mí, Jasper solo era un gran amigo.

Saludamos a todos los conocidos y fuimos por algo de tomar, y luego pasamos por varios círculos de conversación, todos menos donde estaban mis amigas, no quería que Edward se acercara a Ángela, lo justifiqué diciendo que no había estado con las demás familias del pueblo. Varios empresarios estaban contentos de que hubiera regresado a hacerme cargo del negocio familiar como otros no tanto debido a que no confiaban en mis facultades, como siempre Edward me defendía. Pude notar que todos conocían a Edward y le tenían mucho respeto.

En eso comenzó a sonar la música, y él ni siquiera me preguntó si quería bailar. Me agarró por la cintura y bailó conmigo. Era el conocido baile de salón, siempre se tocaba en estos acontecimientos, los dos nos ajustábamos bien el uno al otro. Me preocupé de demostrar el talento que tenía en esto y él lo notó.

- Bailas bien- me dijo al oído logrando que estremeciera

- Aprendí en el colegio. Nos enseñaban desde montar a caballo hasta tocar el piano, y entre esas cosas, el baile de salón- lo vi mirarme muy impresionado- recuerda que mi abuelo siempre quiso que fuera una mujer de bien, no solo iba a estudiar al colegio, tenía que aprender a ser una señora de casa- se rió a lo bajo

- Tu abuelo siempre quiso que fueras dueña de casa

- Pero no lo logró, yo quería estudiar, ya estamos en una sociedad moderna

- Pero gracias a ir a ese colegio ahora bailas muy bien- yo me sonrojé

- Gracias

- Yo no bailo muy bien, así que perdona si te piso

- Procura no hacerlo- le dije, los dos sonreímos

Y podría haber añadido "no me aprietes tanto"pero no quise, no me atreví, me sentía bien así, me sentía segura y creía que Edward también lo sabía. Mientras bailábamos solo existíamos los dos, nunca dejamos de sonreír, Edward nunca sacó sus manos de mi cintura y yo no pude despegar mi mirada de sus ojos verdes.

El caso es que no solté a Edward en toda la noche. Ángela varias veces se acercó a mí para pedirme que se lo prestara, pero yo me hacía la tonta, y nunca me separé de él. Por otra parte, cuando Jasper, el hermano de Rosalie, se me acercó para conversar y pedirme un baile, Edward frunció el ceño, sentí como apretaba mi cintura como si fuera de su posesión, no sabía si sentirlo como un halago o mirarlo enfadada para que me soltara, mi corazón optó por negar la invitación de mi amigo con una sonrisa, él lo comprendió, tomó mi mano para dejar un beso para luego alejarse hacia los demás invitados. Edward me guió hacia uno de nuestros compradores.

Estuvimos unas horas más en la fiesta, lo estábamos pasando como nunca antes. Hace mucho que los dos no nos divertíamos tanto, desde que éramos unos adolescentes.

Cuando todo terminó, estaba sofocada, no habíamos parado de bailar o de conversar con todos por ahí, atraíamos más la atención que la festejada. Edward también estaba aun más ahogado que yo, sonreía como hace mucho tiempo no veía, nos despedimos apresuradamente de la familia y salimos.

El aire de la noche nos tranquilizó. Bailar con Edward había sido una tentación, casi un pecado capital. Esperamos a que trajeran el Ferrari, me ayudó a acomodar el chal del mismo color del vestido para no enfriarme en esa noche helada. Nos subimos al auto y nos fuimos camino a la Hacienda.

- Bailas divinamente…- dijo Edward pero yo pensaba en otra cosa y se lo hice saber

- Ángela quería bailar contigo

- Ya. Es una niña caprichosa

- ¿Te lo parece?- pregunté sorprendida, él no era de hablar así de la gente

- Si, así creo

De ahí, seguimos en silencio hacia la casa, nos bajamos del auto dejándolo en la puerta del garaje y esperamos a que una de las criadas nos abriera la puerta. Atravesamos el vestíbulo muy apresurados y subimos las escaleras del mismo modo. No sabíamos por que, pero parecía ser necesario. Nunca había llegado tan rápido al segundo piso que llevaba a mi dormitorio.

Nos detuvimos al llegar a la puerta de mi cuarto, se detuvo y me quedó mirando. Yo no hice nada, solo quería entrar, sacarme los zapatos y acostarme. De repente Edward habló.

- ¿Me dejas que te bese?

- ¡Edward!- exclame yo, no esperaba esas palabras, y menos de la boca de él

- ¿Qué pasa, no quieres?

Yo afirme solamente con la cabeza, no podía negar que lo esperaba hace mucho tiempo, estaba segura que hasta lo había soñado. El me tomó de la nuca con ambas manos y despacio se acercó a mi cara, rozó sus labios con los míos.

Era el primer beso donde mi cuerpo se estremecía por completo. A mis compañeros del colegio jamás los dejé besarme y los distintos novios u hombres con que salí, jamás lograron que sintiera esa sensación. Cuando soltó mis labios, yo seguía con los ojos cerrados y de repente sentí su boca en mi garganta y pensé que me moría. Cuando me soltó, me miró, pero no estaba la expresión que yo esperaba.

- Perdóname. Hay cosas que no pueden remediarse

No dejé que se moviera cuando yo ya había dado un portazo en mi cuarto. Ya en mi dormitorio no hice otra cosa que llorar, debía darme una explicación, ¿Verdad? Debía tocar la puerta y preguntarme como estaba, debía sonreírme y decir algo lindo, pues no. Se fue tranquilamente a su cuarto ¿Por qué me besaba así? ¿Por qué debía personarlo por algo que ambos queríamos? Odiaba cuando demostraba esa doble personalidad que lo acompañaba. En un momento pensé en ir a su cuarto y pedir una explicación o solo darle una bofetada por sus estúpidas palabras.

De repente sonó el celular y lo agarré con rabia, quien podía molestarme en ese momento de confusión y tristeza. No miré quien llamaba, solo contesté. Al otro lado, Edward me decía: "Si quieres, despídeme mañana"

Colgué sin responder.

…..


Nota de la autora:

Lamento haber demorado con la actualización de esta historia pero estaba muy metida con "Todo Cambio" pero acá dejo otro capítulo.

Edward por fin ha demostrado lo que siente por Bella pero como siempre, tiene que hacer algo mal, pensando que en realidad es lo mejor. Como dice Bella en la película de Crepúsculo "Tus cambios de humos me dan tortícolis".

Espero que estén disfrutando y espero sus comentarios, también los invito a pasarse por mi otra historia que está en proceso. Muchas gracias a los que pasan a leer y nos vemos en un próximo capítulo, besos.

Camili