Abrió los ojos, tardó unos segundos en enfocar la imagen, sus párpados estaban pesados. Había soñado con sus últimos frustrantes días. Logró entonar su visión y dirigió su mirada al causante de murmullos que dormido escuchaba lejanos: la televisión.

Paseó su mirada a lo largo de la habitación: era la sala de la casa de Jiroh. Volteó, a su lado en el sofá donde estaba sentado, también estaba el susodicho con la mirada fija en el aparato. Con las piernas dobladas sobre el cojín y las manos sujetas a sus tobillos descalzos, estaba absorto en la película que estaban pasando.

Atobe miró el reloj de pared en la columna del frente, este marcaba las 8:30 pm. Era sábado así que pasarían películas hasta las 9:00 pm y de allí hasta la madrugada, especiales de novela. Esperaría hasta las 9:00 pm.

Por primera vez prestó atención a la pantalla que tenía tan atrapado al dueño de la casa, era de acción, se veía muy interesante para él pero se le hacía peculiar en comparación con los gustos infantiles del otro.

Así que también encuentra gusto en algo más serio sonrió para sí, pensando que no debería de descalificar tan rápido los intereses del chico.

–¿Qué ves? – habló, rompiendo el silencio de sus voces en un largo rato. Akutagawa se sorprendió un poco, no sabía que se había despertado, aun así no desenfocó su mirada del televisor.

–Una película de acción – respondió en voz baja.

–¿Es interesante? – preguntó haciéndose el curioso, con esa voz sedosa tan característica.

–Si

Atobe no quiso seguir interrumpiendo al otro, sería de muy mal gusto, así que se dispuso a ver lo que restaba del programa. Al comenzar los créditos, el caballeroso dios se puso de pie frente al televisor, Jiroh aun estaba hipnotizado por la pantalla.

–¿Qué más vas a ver? Están pasando los créditos– le dijo repentinamente cansado, realmente requería de su atención para hablar con él, quería llegar al fondo de sus últimas malas pasadas. Como hombre en toda la extensión de la palabra, no podía arrastrar la situación por más tiempo. Su orgullo y su próstata se lo imploraban.

El aludido no respondió, solo se movía sobre su asiento buscando un mejor ángulo de visión.

Keigo se dio vuelta y se dirigió al mueble donde estaba el aparato, apangándolo desde el botón de mando. –Necesito hablar contigo– le dijo entonando algo de orden en su voz, dirigiéndose hacia él.

–¿De qué quieres hablar? – le preguntó el castaño con poco interés ya quería seguir viendo la tele.

–¿Por qué últimamente no quieres tener sexo conmigo? – le espetó de una, el rostro fastidiado del risueño cambió en uno azorado y sorprendido, aferrándose con fuerza al cojín en sus brazos. Expresaba algo de perturbación.

No era muy del estilo de Keigo ser tan directo y poco sutil, pero la poca paciencia que tenía hace tiempo se había agotado, y quería aclarar todo de una vez, ya mañana sería muy tarde. Aun así, hacia un esfuerzo descomunal por bajar la guardia y no intimidarle.

–…–Jiroh se mantenía callado, bajando la mirada avergonzada, volteando donde Atobe no pudiera verle el rostro. Un brillo inconstante en sus orbes era clara señal que algo traía para decir pero no se atrevía. En cuestión de segundos el Rey del Hyotei acortó distancias y con un movimiento de su mano, ladeó rápidamente el rostro del chico, acercándolo al suyo. Akutagawa solo pudo cerrar fuertemente los ojos, dando un leve respingo.

–¿Así que ni siquiera quieres que te bese?– dijo decepcionado, ocultando el hecho de que le había dolido un poco la reacción del otro. No estaba acostumbrado a esa evasión que últimamente recibía por parte de su titular.

–No es eso– contestó en un susurro, ocultando su rostro tras el cojín, encovándose en el sofá.

–¿Entonces qué es? ¿Será que te cansaste de mí? – inquirió como respuesta de ultima opción. Probando, a ver si al agotar los comodines obtenía alguna contestación; se cruzó de brazos levantando una ceja, zapateando con el pie repetidas veces.

–No es eso– repitió, evasivo.

–Habla de una vez, así no llegaremos a nada ¿Qué te pasa últimamente? – dijo procurando no alterar su tono sentándose en el sofá justo a su lado. El pequeño Morfeo se dio vuelta, escabulléndose de la mirada profunda de su compañero.

Atobe solo veía su espalda. Hace días que todo era así, lo sentía lejos por más cerca que lo tuviese…aunque fuera a su lado. Lo sentía distante. En un impulso irrefrenable lo abrazó.

Acercó su boca a su oído, susurrándole en voz baja –¿Acaso ya no quieres nada conmigo? – realmente no dijo lo que pensaba en ese momento ¿será que ya no me quieres? Era lo que quería preguntar, pero no lo haría, ya se había rebajado mucho por Jiroh.

Nunca admitiría en voz alta que se sentía inseguro por primera vez en su vida.