Perdonen el tiempo que he estado sin actualizar, pero me había centrado en otras cosas y dejé de lado este fic. La verdad es que nunca pensé que lo alargaría, cuando estaba pensado para uno o dos capítulos, sin embargo, ante sus lindos comentarios decidí traerles la continuación y la continuación de ésa. Los nombres dados son los que más le gustan a Himaruya, aunque no hay realmente oficiales, espero no les moleste.
Aún no sé cuántos capítulos resulten al final, pero no será tan largo. Cualquier comentario, duda o crítica es bienvenido. A los que no les tocó leer la corrección, les aviso que los pisos nueve y seis son para los países y sus Nyos.
Estúpido… una y mil veces estúpido bruto. Claro que no le sorprendía de sobremanera, tanto tiempo cerca de la señorita podrida le había afectado las pocas neuronas que podía tener en esa cabeza, llena hasta el tope de yuri. Pero, ¡eso no le importaba! ¡Claro que no! ¡La grandiosa de ella no pensaba en ese mal nacido! ¡Ese bruto! ¡Ese imbécil! ¡Él, que había cambiado una vida al aire libre por días encerrado en una casa de muñecas! ¡Él, que dejó las aventuras por lecturas! ¡Él, que se olvidó de la caza por clases de etiqueta! ¡Él, cuya montura fue suplantada por bailes de salón! ¡Él, cuyas ropas sencillas con ligero aroma a bosque fueron sustituidas por trajes y colonia de marca!
No, jamás podría perdonarle que cambiara quien era sólo por esa señorita podrida, esa niñata, esa muñequita de porcelana… esa… esa…
Y sin embargo estaba allí, en medio del pasillo, olvidándose por un momento que debía entregarle unos papeles urgentemente a su pequeña schwester. En su mano izquierda llevaba el libro que se le cayera al castaño unos minutos atrás, cuando chocaron en una esquina. Y no, no había sido su culpa, sino del nena de Daniel, cuyos ojos no distinguieran su awesome presencia debido a la pila de volúmenes que cargaba en ese instante. Se había disculpado, es verdad, no tenía por qué contestarle al de ojos esmeralda, pudo aceptar sus palabras sinceras y retirarse de allí, pero al verle en compañía de ella sintió una rabia inmensa.
¿Acaso no podían vivir sin el otro? Pasaban demasiado tiempo juntos, pero era entendible que alguien tan débil como ella necesitara estar rodeada de gente; no era ni la milésima parte de asombrosa que ella, Julchen lo sabía.
Si en ese momento los buscaba no era en consideración a Anelisse, sino con el castaño, debía devolverle el libro olvidado, a pesar de todavía tener la voz de la austríaca taladrando sus oídos.
–Daniel, no te entretengas, no vale la pena discutir con… ella…
¡¿Cómo se atrevía a referirse a su awesome persona de ese modo?! De no ser porque el húngaro le detuvo estaba segura de que habría despedazado a la niñata frente a sus ojos. Sea como sea el caso, luego de que se marcharan su mirada heterocromática se topó con el libro cuyo título rezaba "Modales a la hora de la cena"; rogaba porque fuera de la señorita podrida, no soportaría el saber que incluso a eso había llegado su antiguo compañero de aventuras.
Por eso había mandado a su Maribird a buscarles mientras ella hacía lo mismo revisando algunas salas cercanas, sin hallar rastro de ese par de tontos. Iba a desistir cuando un suave pí le avisó del regreso de su awesome mascota. Le divisó doblando en la esquina en dirección a ella cuando algo más llamó su atención. Se trataba de un castaño de ojos esmeralda, aunque no aquel que buscaba, su piel lucía más tostada y tenía una tonta sonrisa en el rostro.
Notó con molestia cómo se acercaba a la pequeña ave y murmuraba algo acerca de retirarle su "ridículo moño rosa". ¡¿Qué!? ¡Fue ella quien se lo obsequiara al ver que la pequeña ave no podía volar con la cruz de hierro en el pecho! Se enfadó, no era una excusa para descargar su malhumor al ver a cierto húngaro, ¡claro que no! ¡No era así!
Arrojó con fuerza el libro que aún conservaba en su mano izquierda, con tan buena puntería que estampó directamente en la cara del desconocido, soltando de inmediato a su amiga plumífera.
–¡¿Se puede saber qué demonios hace mi awesome Maribird en tus asquerosas manos?! –gritó fuera de sí, con el ave sobre su cabeza.
El castaño le contempló como si hubiese visto a un fantasma, abriendo los ojos más allá de lo que los límites humanos lo permitían. Le contempló con detenimiento y finalmente su atención se posó en su mirada. Creyó que se desmayaría, sin saber el por qué de tal reacción, aunque era entendible que pocos mortales soportasen ver tanta genialidad junta. Sonrió socarronamente al ver su cara de bobo sólo para escucharle murmurar en español.
–Ohhh, Dios…
–Está claro que la grandiosa yo te ha dejado sin aliento –le dijo altanera–. Tranquilo, puedes arrodillarte y…
No la dejó terminar, el desconocido gritó mientras le señalaba con un dedo. Maribird ladeó la cabeza ante tal reacción y ella se preguntó si acaso el tipo no se había escapado de un psiquiátrico cercano.
– HETALIA –
–Mon amie, Julchen está demorando en llegar –se quejó la francesa, mirando a su amiga de ojos verdes.
–Seguramente no tarda –sonrió mientras continuaba jugando con sus pies, balanceándolos en el aire mientras esperaban sentadas en la banca afuera de la Sala de Juntas–. De haber sabido que Monika le llamaría, me hubiera ofrecido a ir a recogerla.
–Cherì, no eres precisamente la más puntual –alzó los hombros–, de ser así las dos vendrían retrasadas en este momento.
–Pudiera ser –se rió con ganas–. Chiara siempre se queja de la impuntualidad de la Jefa.
–Me sorprende que la petite Clara aún te visite, creí que algún día te asesinaría, es hermosa, pero su carácter es sumamente explosivo.
–¿Cómo podría no querer a la Jefa? –sonrió ampliamente– Hemos vivido mucho tiempo juntas, me la crié enteramente.
–¿Y nunca le miraste con otros ojos, Isabel? –apareció una sonrisa ladina en su rostro– Después de todo, compartían el mismo techo.
–Sí, muchas veces creía que era mi hija o hermanita –divagó, desconociendo el significado de las palabras de la otra–, era fácil pensar de esa manera con el belga y la holandesa en casa…
–Ahhh… –suspiró– Déjalo así, Isabelle. Mejor vayamos a buscar a la albina, seguramente no está muy lejos, ambas sabemos lo puntal que es y el hecho de que aún no haya llegado significa que algo debió haberle pasado.
–No digas eso, Françoise –se preocupó.
–Anda, anda, busquémosla. Ahhh… –volvió a soltar un suspiro– y yo que pensaba mostrarle mi nuevo vestido a Alice, será en cuanto volvamos.
Las dos castañas se pusieron en pie y caminaron por los pasillos hasta llegar a los elevadores, seguras de que la germana no andaría muy lejos, posiblemente estaría en las calles aledañas. La culpa era de la platinada al negarse a comprar un nuevo celular luego de que el anterior quedara inutilizado tras la última pelea tenida con Anya, diciendo que la rusa debía reparar el daño hecho, incluso se negó a que su hermana menor le comprara un nuevo modelo, pero Julchen siempre había sido orgullosa.
Iban a pulsar el botón para llamar al ascensor cuando el aledaño a éste se abrió y del mismo bajó un par muy particular.
–¿Seguro que es aquí?
–Oui, Gilbo…
–Será mejor que estés en lo correcto, Toño aún no contesta su celular y yo no…
Se calló al observar a las chicas frente a él. Francis se acercó a ver lo que tanto había llamado su atención, topándose con el par de hermosas chicas; una sonrisa se posó en su rostro al ver su buena fortuna, sin embargo, cualquier presentación asombrosa que hubiera pensado se desvaneció cuando por el otro lado del pasillo vio al tercio faltante del Bad Friends Trio, corriendo más rápido que la última vez que estuvo en Pamplona.
–¿Qué ocurre, Toño? –preguntó el de ojos escarlatas.
–¡Está loca! –chilló el castaño, con una albina detrás de él.
