Hola d enuevo!
Aquí les caigo con un nuevo capítulo de este fic, el cual estuvo inspirado en una escena de mi película favorita, "Drácula de Bram Stoker". Aquí les dejo el link para que lo disfruten XD:
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¡Nos vemos!
III.
Recuerdos.
Son las 10 de la noche y yo estaba francamente emocionado por esta primera cita. Bueno, no es exactamente una cita, pero podría considerarla como una al ver el ambiente en que Michael condicionó el comedor.
Su casa era muy grande, tal vez dos veces más grande que cualquiera de la villa. La sala era de corte minimalista: Sofá y sillones de cuero, con lámparas modernas de ambos lados más un candelabro colgado del techo; frente a los muebles había un librero con una televisión de pantalla plana de 28 pulgadas de buena calidad. Contiguamente estaba el comedor, en donde estamos solamente los dos actualmente.
La mesa era redonda, pero no era muy grande. En medio de ella había un lindo candelabro antiguo con las velas encendidas completadas con dos pequeños recipientes de veladoras aromáticas de brisa marina.
Los dos estábamos cenando en esos momentos comida vegetariana, ya que le había comentado que la carne no era tanto de mi agrado aunque la consumiera en contra de mi voluntad, a lo que él me había replicado que no me preocupara, porque él también era vegetariano. Así, los dos empezamos a charlar sobre cosas triviales como el ambiente, la política, el arte, la música… De todo lo que ambos queríamos charlas.
Luego de cenar, Michael y yo nos fuimos a la terraza a contemplar las estrellas. Era una noche bellísima, con la Luna escoltada por su corte celestial. Michael, con una sonrisa, me comentó:
- Hacía tiempo que no veía una noche así de estrellada.
- ¿En serio?
- Sí. Tal vez sea porque en las ciudades hay mucha contaminación en el cielo por el exceso de uso de luz y demás.
- Uhmmm… Es posible.
- ¡Jeje! Bien…
- Ya tengo que irme.
Dicho eso, me levanté mientras explicaba:
- Mis padres se darán cuenta de mi ausencia en cualquier momento y no quiero tener tanto pleito.
- Lo entiendo. Ven, te llevaré a casa.
- Gracias.
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- ¿Han oído las últimas noticias? – comentaba Kyle mientras todos consumíamos nuestro almuerzo.
- ¿Qué noticias? – preguntó Stan.
- Han hallado a otro vagabundo muerto y degollado cerca del bosque.
- ¡Jesucristo! – exclamaron él y Clyde.
- El número cincuenta en lo que va de estos tres meses – añadió Craig.
- Eso está para morirse de miedo – comentó Kenny -. No sé ustedes, pero creo que hay algún loco suelto en los alrededores de la villa.
- Pues mira tú que te damos la razón al pensar eso, compa – replicó Token -. Mi padre me dijo que el oficial McPerson aún está muy asustado y alarmado ante la creciente aparición de cadáveres de animales y vagabundo alrededor de la zona. Incluso el gobernador de Colorado piensa tomar las cartas en el asunto y enviar al FBI a inspeccionar las escenas del crimen.
- A como estamos yendo, un chingo de federales nos invadirán – comentó Cartman -. Ya nadie podrá salir de noche sin que ese loco esté cerca de aquí.
- Espero que atrapen al que está haciendo todo esto – comenté.
- Ojalá y así fuera, Butters – me replicó Kenny -, pero dicen por ahí que el asesino podría ser cualquiera.
- ¿Cómo los Tres Bullies? – preguntó Cartman muy burlón.
- ¡¿Qué fue lo que dijiste, gordo de mala muerte?! – exclamó Trent muy furioso, quien se puso detrás de mí al escuchar el comentario del gordo.
- N-nada, Trent, nada. E-es s-sólo una broma…
- Más te valga, bola de manteca – replicó Josh -. Si empiezas con tus mamadas, te ganarás no sólo una golpiza, sino también una denuncia por lo que le hiciste a tu viejo y a su señora años atrás.
- ¡Cállate, Meyers!
- Intenta callarme, gordo pendejo.
Mientras que Josh y el culón discutían, Trent me apretó un hombro y me dijo:
- Tenemos que hablar.
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Trent y yo estábamos en el baño de chicos.
Mirándonos mutuamente, cualquiera diría que estaríamos en medio de un enfrentamiento en donde yo sería enviado al hospital. No obstante, la realidad era otra…
- Hace tiempo descubrí que andas saliendo a escondidas con un tipo– me dijo Trent en un tono acusador.
Aquello no me extrañó en lo absoluto y ni me preocupó. Simplemente cuadré de hombros mientras replicaba:
- ¿Y?
- ¿Cómo que "y", cabrón? Viejo, soy tu primo y mi deber es cuidarte, te guste o no. Ahora dime, ¿quién coño es ese sujeto con quien sales tan asiduamente?
- No es de tu incumbencia.
- Lo es cuando se trata de mi primo pequeño. ¿Quién es ese tipo? ¿De dónde le conoces?
- Es un amigo.
- ¡Con una chingada madre, Butters! ¡Dime como se llama!
- ¡Ya te dije que es un amigo!
- ¡Pero no me dijiste su nombre!
- ¡¿Por qué quieres saberlo?!
- ¡Porque me preocupo por ti!
- ¡Pues ni te preocupes, que sé cuidarme solo!
Trent me miró de manera acusadora mientras que yo argumentaba:
- ¡Es sólo un nuevo amigo que hice aquí en la Villa hace unos meses, Trent! ¡Dios!, ¿qué tiene de malo salir con mis amigos?
- Desde el mero hecho de que no sea alguien que conozca, tiene algo de malo.
- ¡Él no es ningún enamorado o pretendiente, si es tanto lo que te preocupa! ¡Además, no soy gay!
- Pero si eres bisexual.
- Sí, pero él no es mi tipo.
- Y espero que así siga siendo, Buttercup. No quiero que te enredes en asuntos amorosos en donde salgas perdiendo.
Dicho eso, Trent me acarició la cabeza y se marchó del baño.
&%&%&
- ¿Te peleaste con Trent? – me preguntó Kenny mientras ambos caminábamos hacia nuestros hogares.
- Discutimos, eso es todo.
- ¿Sobre qué?
- De nada importante.
- ¿Estás seguro de eso o simplemente no quieres decirme?
- Kenny, por favor… No estoy de humor para decirte lo que me pasa.
- Está bien, no insistiré si eso es lo que me pides, aunque te aconsejo que comprendas a tu familia aunque sea un poco. Ellos te quieren y solo quieren verte feliz.
- Lo sé, lo sé…
- Ok… Aquí me desvío, Buttercup. Nos vemos mañana.
- ¡Hasta mañana, Ken!
Con una sonrisa en los labios, Kenny se desvió y se encaminó hacia su casa. Por mi parte, yo también me desvié de mi camino, ya que aprovecharía la oportunidad de tener un tiempo de sobra para ir a casa de Michael y charlar un rato con una copa de vino y un pedazo de pastel de zanahoria como invitación.
&%&%&
- ¿Qué es eso que estás echando encima del cubo de azúcar? – le pregunté a Michael mientras que éste vaciaba en una copa un líquido verde a través de las rejillas de una cuchara grande agrietada con el cubo de azúcar encima
Mi amigo sonrió y me explicó:
- Esto, mi amigo, es absenta.
- ¿Absenta?
- O ajenjo, como se le conoce comúnmente.
- Oh…
- Verás: Este líquido es una bebida alcohólica, de ligero sabor anisado, podría decirse, y con un fondo amargo de tintes complejos debido a la contribución de las hierbas que contiene, principalmente Artemisia absinthium, o Hada Verde, como se le conocía en ese entonces.
- Wow…
- Esto, chico, fue el elixir de la locura de grandes escritores y pintores de los siglos anteriores – añadía mientras vaciaba un poco de agua en la copa -… Fue el elixir que inspiraba a los más grandes genios a crear sus grandes obras. Una maravilla de la raza humana, sin duda alguna.
Me entregó la copa y, con señas, me invitó a probar un sorbo. Con la curiosidad de un niño de ocho años, bebí de poco en poco el líquido, pero me detuve al empezar a sentirme mareado. Michael, al verme en ese estado, me preguntó:
- ¿Estás bien?
- S-sí – le respondí.
Mi vista se volvió un poco borrosa, aunque después se aclaraba mientras que Michael dijo estas palabras:
- Con ella ves todo más allá de su apariencia, Leo…
- ¿En serio?
- Sí…
- Oh… Michael…
- ¿Uhmmm?
- ¿Cómo es tu hogar? Nunca… Me has dicho como era tu hogar…
El hombre sonrió y, con serenidad, me respondió:
- Mi hogar… Mi hogar era el lugar más hermoso que jamás había existido sobre la Tierra…
- Sí… Tiene que serlo… Con pastizales verdes como ningún otro, bosques majestuosos… Una tierra que está mucho más allá de toda luz exstente… Rodeada de montañas llenas de majestad y potestad… Con las flores más exquisitas que jamás se podía uno imaginar… Un lugar que iba más allá de los sueños…
Mis palabras no mentían.
Podía ver su tierra; podía verla, sentirla, palparla, como si yo ya hubiera estado ahí antes… Como si yo hubiera vivido ahí, en otro tiempo y lugar.
Michael, al parecer, se quedó muy sorprendido, ya que él me dijo con esa voz dulce y tierna que me era familiar:
- Has… Has descrito mi hogar… Como si tú… Hubieras estado ahí. Lo describiste tan..
- Es…
- Tan perfectamente…
- Es tu voz… Tu voz me es tan familiar, como si hubiera estado siempre en mi cabeza. No… No puedo sacar de mi mente la idea de que ya te conocía antes.
- Leo…
- Tu voz me hace sentir bien, me conforta, me pone en un estado de… De tranquilidad.
Me levanté de la silla y me dirigí hacia la ventana. Luego, volviéndome hacia él, quien ya estaba junto a mí, le pregunté de manera suplicante:
- ¿Y hubo una mujer en tu pasado, Michael? ¿Hubo alguna… chica, una señora Cordovedyi?
- Una mujer...
- Sí… Una mujer… Como aquella que vestía esos lujos dorados… Dueña de esa sonrisa tan tierna y encantadora… De largos cabellos rubios y ojos azules sin igual… Una mujer de mirada triste y sonrisa serena al momento de… De…
Mi voz empezó a temblar.
No podía creer lo que estaba diciendo ni lo que estaba recordando. Todo lo que decía salía de mí, ¡de mí! Todo lo que decía era una especie de recuerdos que empezaban a surgir de lo profundo de mi ser.
Podía ver claramente el rostro de aquella chica: Su rostro triste pero lleno de resignación al momento de que una espada atravesara su corazón y muriera ahí, en medio de un camino de piedra. Era horrible ver una muerte así y sentirla además.
- P-pobre mujer – añadí entre sollozos -… M-murió por… Por amor a él…
- Hubo una mujer – me decía Michael mientras se acercaba a mí -… Elisabeta se llamaba. Ella… Ella era la mujer más radiante y bella de toda la creación. Su sonrisa era tal y como la describiste: Inocente, risueña, tierna… Encantadora…
- ¿Qué le pasó?
Michael me abrazó por detrás y me respondió:
- Murió… Murió sesinada por culpa de unos criminales…
- Dios…
- Todos los días la lloré… La lloré hasta que tú apareciste…
Yo levanté mi mirada para encontrarme con la suya. Había empezado a llorar ante aquella funesta noticia…
Y porque había descubierto que me había enamorado de él.
De Michael Cordovedyi.
