4. ¡BRUTALIDAD!
Tras aquel episodio en el bar de Itori (de donde ella no salió hasta pasada una hora desde que Tsukiyama se fue), Rize se negaba en rotundo a volver a cruzarse con ese prepotente. Por culpa de la rabia que tenía hacia él, había comenzado a comer más de lo normal ya que su apetito parecía no saciarse tan fácilmente desde aquel día. Sin embargo, debía tener mucho cuidado a la hora de cazar ya que parecía que su kagune se había rebelado contra ella y no salía. Por culpa de eso, había días en los que no podía cazar y el hambre la hacía enloquecer tanto que casi se comió un día su propio brazo.
Seguía sin respuestas de lo que ocurrió aquella noche… Supo que fue al bar de Itori invitada por Uta, habló con Itori y, más tarde, estaba con Tsukiyama en un comedor de ghoul según tres ghoul que entraron en el bar, hambrientos de venganza. El tiempo desde que salió del bar de Itori hasta la "grata" sorpresita de la mañana siguiente seguía en blanco. Una cosa era segura: aquella noche su kagune funcionaba a la perfección para haber hecho semejante estropicio.
La costó semanas conseguir arreglar todo decentemente antes de la visita de alguien inesperado…
Ese día, el susodicho tiró la puerta de una patada ante la palabra ¡BRUTALIDAD! en su boca.
― Hola, papá ―le saludó Rize colocando otra vez la puerta en su sitio.
Estaba claro que debía cambiarse ya de bloque de pisos. Pero ya de ya porque los vecinos ya la miraban raro por los "amigos" que traía a casa.
Ahora, padre e hija se hallaban sentados en el sofá. El señor Orca, gran jefe del Distrito 6, estaba con los brazos cruzados y gruñendo mientras Rize pensaba alguna excusa por los visibles arañazos de kagune en su sofá.
― He oído que has tenido problemas últimamente, hija tonta.
― Últimamente tengo mucha más hambre y mi kagune no sale… Yo no lo llamaría "problemas". Cuando se me rompe la tele, tengo comida gratis ―sonrió recordando la cara del hombre que vino a repararle la tele cuando Rize se abalanzó sobre él.
A pesar de la broma, la cara del señor Orca no había cambiado en absoluto: seguía con esa mirada de soltar una hostia al primero que pasase (palabras de Rize).
― ¿Cuándo has empezado a encontrarte así?
― Pues…
Rize se calló. No podía contarle lo que ocurrió: su pobre hija borracha supuestamente se acostó con el ser al que más aborrecía.
― No lo sé… Fue de improviso.
― ¿No te duele nada?
― No.
El señor Orca se quedó pensativo durante un rato.
― ¿Le quieres?
Rize se quedó pálida. ¡¿A qué venía aquella maldita pregunta?!
― No sé de qué hablas, papá ―sonrió inocente Rize.
― Ya no eres una cría, Rize ―la fulminó con la mirada―. Deja de intentar ocultarme lo que ha pasado aquí, porque creo saber lo que está ocurriendo.
Rize bajó la cabeza. "Pillada" era la palabra clave para ese momento.
― ¿Le quieres?
― No lo sé…
― Si esa es tu respuesta, me dices quién es y lo mato. ¡DESTRUCCIÓN! ―se levantó de un salto del sofá, rompiendo la mesa tras poner un pie encima.
― ¡No, espera! ¡No es eso! Solo que…
― ¿Humm?
― ¿Cómo me va a gustar alguien que come quisquillosamente, limpiándose de derecha a izquierda la boca con un pañuelo blanco que siempre lleva en el bolsillo izquierdo, que lee varias veces la misma página con ojos de querer entrar en el libro que lee y que habla francés como si fuese el propio Molière?
― Si no te gusta, ¿a qué viene eso de fijarse en todo lo que hace?
Rize se sorprendió. Levantó la cabeza hacia su padre, quien se volvía a sentar.
― ¿Lo sabe?
― No. Somos… Incompatibles.
― ¿Tú crees?
― Lo sé. Somos muy opuestos. Le odio.
― ¿Por qué?
― ¡Esa forma que tiene de mirar a todas sus víctimas como si fuese un caballero! ―se levantó de un salto del sofá.
― ¿A ti te gustaría que te mirase así?
― ¡Sí!
Un "tierra trágame" se habría quedado corto en aquel momento. El señor Orca la observó sin mediar palabra mientras ella se sentaba ocultando su cara con su larga melena.
― Tengo hambre…
― Voy a por comida ―respondió Orca mientras se marchaba del piso, civilizadamente esta vez.
Nada más cerrar la puerta, Rize rompió a llorar y se tumbó en el sofá, haciéndose un ovillo. Le quería, le quería mucho. Le quería por su forma de ser tan resolutivo, sin miedo a nada, riéndose de la vida… Amaba sus ojos, su forma delicada de comer, sus trajes que nunca sabía conjuntar… Amaba cada parte de su ser. Pero el pique que se traían ambos por sus formas tan opuestas de comer no se lo dejó ver hasta aquel momento, cuando tras echarle del piso rompió a llorar afirmando que era idiota. ¿No la extrañaba que fuese ella sola la que se diese cuenta del aroma de su perfume? Ella lo sospechaba, pero era verdad… Ojalá lo de aquella noche haya ocurrido como ella se lo imaginaba.
Y, en medio del llanto, se durmió.
¿Qué hora sería? Nada más despertar, se encontró arropada con una manta en el sofá mientras Orca intentaba arreglar la mesa que había partido.
― Te he dejado la comida ahí.
Con sumo cuidado, Rize cogió el brazo humano y se lo comió.
― Está como a mí me gusta ―sonrió.
― Rize, sigues siendo mi hija y sabes que siempre te ayudaré ―se sentó al lado de ella tras dar por imposible el arreglo de la mesa―. ¿Has ido a que te vea el doctor Fueguchi?
Rize se le quedó mirando.
― No... Me da miedo.
― Entonces, si te da miedo preguntar, es que ya sabes la respuesta.
Próximo capítulo: -Por el olor-
BUENO, LA HISTORIA EN SÍ IBA A SER CORTA, PERO AL FINAL TERMINÉ ALARGÁNDOLA :) COMO DIJE ANTERIORMENTE, LA PAREJA RIZE Y TSUKIYAMA NO ME LLAMABA MUCHO LA ATENCIÓN, PERO TRAS PENSARLO MUCHO... COMO QUE TIENEN UN ALGO QUE LA HACE BASTANTE INTERESANTE :) A PARTIR DE AHORA SUBIRÉ MÁS SEGUIDO LOS CAPÍTULOS :)
MUCHAS GRACIAS POR LOS COMENTARIOS Y YA NOS LEEREMOS :D
TODO COMENTARIO ES Y SERÁ BIEN RECIBIDO :)
