CAPITULO 3 (Primera parte)
"Estaba a punto de irme para evitar otra aburrida transmisión sobre la perdida lamentable de recursos en el Capitolio y las revueltas en los demás distritos que cuando apareció Caesar en la pantalla no pude evitar mi curiosidad, curiosidad que llego a niveles altísimos al darme cuenta de que su invitado era nada más y nada menos que Peeta.
Peeta Mellark mi dulce y amado esposo, pero esto no fue lo único que me hizo caminar a toda prisa hasta estar lo más cerca de la pantalla sino más bien aquella pequeña criatura preciosa que se encontraba sentada en sus piernas y por la cual comencé a llorar mientras con una de mis manos ahogaba los sollozos que comenzaban a salir de mi garganta.
—Esto no puede ser posible…."
Dejo escapar un sonido, mescla de un gemido lastimero y un grito sobre la palma de mi mano mientras levanto la mano tratando de alcanzar la maldita televisora, con la intención de poder sentirme más cerca de Peeta y mi pequeña. Esa niña de ojos preciosamente inmensos y azules.
Tres años, tres malditos años sin poder saber nada de ellos y ahora casi podía sentirlos cerca de mí y a la vez tan lejos.
Por un momento me olvido de todo y de todos a mi alrededor mientras, aliviada, contemplo a mi esposo y a mi hija que se encuentran en perfecto estado de saludo.
Ambos han aparecido vestidos de blanco. Peeta porta el traje de novio que habían elegido en el Capitolio para nuestra boda mientras que Vallolete se encuentra sonriendo con dulzura, abrazando con sus dos bracitos un enorme oso de peluche de color café claro y obscuro. Acurrucada en el pecho de su padre, sentadita en sus piernas. Vistiendo un precioso vestidito blanco con detalles de encaje en los holanes y peinada con una tensita de lado. Es entonces cuando me doy cuenta de que estos tres añitos de su vida la han transformado en una pequeñita copia de mí, exceptuando esos enormes y maravillosos ojos azules que ha heredado de Peeta. Pensar en ello hace que las lágrimas broten por montones de mis ojos mientras una pequeña sonrisa se forma en mi rostro. Ambos lucen saludables y hermosos. Ambos sanos y a salvo, ambos míos y de nadie más.
Caesar se acomoda en el sillón que hay frente a Peeta y mi pequeña y los mira durante un buen rato mientras una estúpida sonrisa se le va formando en el rostro.
—Bueno…Damas y caballeros, hoy me complace presentarles a Peeta y por supuesto—Dice mientras le guiña un ojo a mi nena haciéndola soltar una carcajada infantil y dulce— Su pequeña y preciosa nenita que hoy ha cumplido añitos. Sean bienvenidos los dos y por supuesto un muy pero muy feliz cumpleaños pequeña Vallolet Elizabeth Mellark. Nuestra preciosa rosa—Agrega cursimente mientras se levanta y hace una reverencia hacia Vallolet quien aún se encuentra sentadita sobre las piernas de Peeta, a quien veo sonreír forzosamente ante el ridículo gesto del presentador.
—Papi, ese señod me ha dicho que soy una dosa—Dice risueñamente Vallolet mientras abraza a su padre y oculta su carita en su pecho por pena. Escuchar su voz hace que el corazón me lata deprisa y que mi sonrisa se ensanche aún más mientras siento a alguien colocar una mano sobre mi hombro y darme apoyo. Cuando volteo, me doy cuenta de ha sido Prim quien ha hecho eso y que Gale se encuentra a lado mío mientras a nuestras espaladas escuchamos suspiros de ternura y de vez en cuando un "que linda", "que tierna", "es un angelito"…. de todos los ahí presentes en el comedor.
—Se dice "señor" y "rosa" cariño—Le corrige tiernamente Peeta mientras deposita un besito sobre su frente. —Ciertamente es halagador el estar de nuevo aquí Caesar. Apuesto a que Katniss estaría encantada de vernos en especial a Eli. —Agrega haciendo que el presentador carraspee y se ría nerviosamente mientras se acerca a ellos.
—¿Puedo? —Pregunta señalando a mi pequeña con la intención de agacharse hasta su altura a lo cual Peeta deja que Vallolet se ponga de pie sin soltarla de sus pequeños hombros y asiente dándole permiso.
Mi pequeña nena mira con curiosidad a Caesar mientras se acerca hacia él, caminado con algo de dificultad gracias al enorme oso de peluche que sostiene en sus brazos mientras se lleva el pulgar a la boca risueñamente.
—Qué color de pelo tan daro…¿Es de verdad o de mentiritas? —Pregunta inocentemente mi pequeño ángel mientras le toquetea el cabello a Caesar haciendo que una risita nerviosa se escape de mis labios y de los de Peeta.
—No tesoro, es de mentiritas pero…. No se lo cuentes a nadie —Le responde en un tono de complicidad mientras le giña un ojo, haciéndola reír de nuevo. Esa risa y esa carita tan dulce y angelical son vida pura para mí —Por cierto princesa ¿Sabías que mami nos está viendo ahora miso? —Agrega sonriéndole a Vallolet haciendo que sus preciosos ojitos azules brillen y que abrace más al enorme oso de peluche que trae en sus bracitos.
—¡Enserio ¿Dónde está mami?! …!¿Dónde está?! …¡Quiero verla!—Dice una y otra vez Vallolet mientras da saltitos y me busca con la mirada en todo el lugar. Verla así me parte tanto el corazón.
*Oh mi pequeña, aquí estoy* Pienso para mis adentros mientras cierro los ojos con fuerza y me obligo a tragarme todo el dolor y la angustia, concentrándome en disfrutar viéndola por primera vez desde ese horrible día en que me la arrebato esa maldita serpiente de Snow al igual que a su padre.
—No tesoro, mami no está aquí— Dice haciendo que su carita se empiece a entristecer y que se contenga las ganas de soltarse a llorar agachando la cabeza. —Pero ella te ve a ti por medio de esa pantalla—Agrega mientras le levanta la carita delicadamente y le señala a la cámara que es por donde se esta transmitiendo la entrevista. —Anda corazón, dile a mami cuantos años cumpliste hoy y lo mucho que la quieres.
Mi pequeña aun con los ojos cristalinos y aguatándose con todas sus ganas las lágrimas, sonríe hacia la pantalla y casi siento que me está viéndo a mí. Con una enorme sonrisita en el rostro ella dice:
—Mami, si etas ahí. Quiero decirte que…que hoy cumplí 3 años…—Dice levantando su manita libre y señalando con tres deditos—Y… quero también decirte que…deci…te…que…—Mi pequeña ya no puede seguir hablando por que ha comenzado a llorar mientras con una manita se limpia las lágrimas y con la otra abraza aún más fuerte al oso.
*Oh cariño…no llores…por favor no llores….*Me repito a mí misma una y otra vez mientras me dejo abrazar por Prim y recargo mi cabeza sobre su hombro. Gale ahora se encuentra apretando mis hombros con fuerza mientras Delly sostiene una de mis manos para darme fuerza y hacerme saber que no estoy sola en esta situación tan dulce y a la vez tan dolorosa.
—Mami te amo…Degesa a casa, por favor….—Ruega mi pequeña mientras su sonrisa se transforma en una mueca de tristeza junto con los ojitos anegados de lágrimas. Entonces Peeta se levanta del sillón en el que estaba sentado y se inclina para tomar a Vallolet haciendo que ella lo rodé con un bracito libre en el cuello mientras esconde su carita en su pecho llorando.
—Oh dios Peeta…lamento esto, yo…
—Está bien, no pasa nada Caesar—Dice fríamente y algo incómodo Peeta mientras finge una sonrisa al presentador pero yo sé que en el fondo se está conteniendo las ganas de golpearlo por haberla hecho llorar, mismas ganas que yo ahora estoy sintiendo .Esto es tan jodidamente injusto. —Si no te importa, prefiero que mi hija se vaya a descalzar…ha sido… un día algo pesado para ella.
—Oh claro….alguien por favor, podría llevarse a la pequeña a su habitación—Anuncia Caesar y es entonces cuando una jovencita como de unos 3 años menor que Prim se acerca y toma a Vallolet de los brazos de Peeta para llevársela diciendo:
—No se preocupe señor Mellark, yo me encargare de ella—Dicho esto Peeta le sonríe asintiendo mientras la niña se lleva en los brazos a mi pequeña Eli, cerrando tras de sí la puerta del salón en el cual ahora se encuentran mi esposo y Caesar solos.
—Es un encanto la señorita Suzanne ¿No te parece Peeta?...Heredo el encanto de su abuelo…—Dicho esto Peeta le sonríe asintiendo y es entonces cuando en el pecho siento un escalofrió al enterarme de que esa niña que se llevó a mi hija era la nieta de Snow.
—Katniss cálmate, seguramente es una chica buena. Por algo Peeta le permitió a ella llevársela—Me asegura Prim tratando de tranquilizarme un poco a lo cual asiento mientras cuento hasta 10 para no gritar y entrar en un ataque de histeria.
Nuevamente mi vista se levanta hacia la pantalla cuando veo que Caesar se acomoda en el sillón seguido de Peeta y lo observa detenidamente.
—Bueno Peeta, ahora que nos has permitido conocer un poquito a tu hija, debo decir que nos tomó a todos por sorpresa el tenerte aquí de nuevo.
—Imagino que no pensabas volver a entrevistarme, Caesar—Peeta le responde, sonriéndole un poco.
—Confieso que no. Esa noche en el Vasallaje de los Veinticinco hace tres años atrás, esa noche tan aterradora y espantosa para que nuestra pobre Katniss Mellark trajera a una pequeña y frágil criatura al mundo…Bueno ¿quién iba a pensarlo? Debió haber sido una experiencia sumamente aterradora….
—No formaba parte de mi planes y los de Katniss, eso te lo aseguro—Le dice mi esposo, frunciendo el ceño.
—Creo que a todos nos quedó claro cuál era tu plan y el de ella—Afirmo Caesar, acercándose un poco más a Peeta— Sacrificar sus vidas para mantener a salvo a su pequeña. Pero el tuyo era dar la vida para que Katniss y tu pequeña pudieran vivir ¿No es verdad?
—Exacto, simple y llameante…Nada más en ese momento me importaba más que mantenerlas a ellas dos con vida y a salvo—Asegurar al mismo tiempo que recorre con sus dedos el diseño de la tapicería del sillón en el cual él está sentado— Sin embargo debo decir que hubo otras personas con otros planes para nosotros…planes de los culés no estábamos enterados—Asegura y es entonces que me doy cuenta de que el esta encubriendo el plan que se había puesto en marcha para sacarnos de ese lugar. Peeta aún sigue jugando, jugando para mantenernos a salvo.
*Si otras jodidas y malditas personas* Pienso recordando lo que Snow nos ha hecho a ambos, a los tres. Puedo jurar lo que sea a que Peeta ha pensado lo mismo al disfrazar esa última frase por otra idea totalmente errónea. Claro, él jamás podría admitir que Snow fue quien nos separó, quien ha hecho esto y en cambio ha tenido que mentir para no cometer un paso en falso y decir toda la verdad pues pondría en riesgo no solo su vida sino la de nuestra hija.
¿Sera que Snow sabía algo al respecto? Y si lo sabía ¿Por qué aún mantiene a mi familia y a mis seres queridos en esa maldita prisión? Pensar en ello, recordar ese maldito incidente hace tres años atrás y las malditas palabras envenenadas de Snow, hacen que la sangre me hierva y que mi rostro se transforme en una rara mescla de enojo, impotencia, angustia y odio, odio hacia el Capitolio y a su estúpido Presidente de mierda.
—¿Por qué no nos hablas de la última noche en la arena? —Le sugiere Caesar para romper el incómodo silencio que se había hecho presente en aquella sala—Ayúdanos a aclarar algunas cosas.
Mi dulce esposo asiente, tomándose su tiempo para contestar.
—Aquella última noche…Hablarte sobre esa última noche…, bueno, primero tienes que imaginar cómo era estar en esa arena durante los juegos. Uno se sentía como un insecto atrapado bajo un cuenco lleno de aire hirviendo. Había…había jungla por todos lados, jungla verde, viva y en movimiento. En el centro, un reloj gigantesco iba marcando lo que te quedaba de vida. Cada hora significaba un nuevo horror y tenías que imaginarte que en los últimos dos días habían muerto dieciséis personas y algunas de ellas tratando de defenderte. Con un bebé en camino y ocho sobrevivientes, solo le ruegas a dios por que te permita seguir con vida y poder seguir protegiendo a tus seres queridos aun si eso te costase la muerte. Simplemente deseas que el tiempo se detenga. Despertar de esta horrible pesadilla.
Empiezo a sudar con tan solo recordar ese momento; momentáneamente cierro los ojos y cuento hasta diez para intentar calmar mis nervios y mi histeria. Estaba claro que Peeta no necesitaba un pincel para pintar imágenes de los juegos. Él siempre ha sabido trabajar igual de bien con las palabras.
—Una vez en la arena y con la llegada repentina de ese bebé, el mundo se vuelve muy lejano—Sigue hablando Peeta— Todo se te bien en sima y todas las personas y cosas que amas o te importan casi dejan de existir y solo procuras desear que todo termine rápido. El cielo rosa, monstruos de la jungla, los tributos que desean tu sangre a toda costa y tu esposa a punto de dar a luz en medio de un infernal lugar se convierten en tu realidad, en lo único que importa. Por muy mal que eso te haga sentir, está el constante recordatorio de que tienes que matar a otros seres humanos, porque en la arena solo se te permite un deseo, y es un deseo muy caro.
—Te cuesta la vida.
—Oh, no, te cuesta mucho más que la vida. ¿Matar a gente inocente? Te cuesta todo lo que eres.
—Todo lo que eres—Repite Caesar en voz baja.
Por un instante el comedor se ha sumergido en un silencio total y puedo notar ese silencio extenderse por todo Panem, una nación entera inclinándose sobre sus televisores, porque simplemente nadie había hablado antes sobre cómo era realmente la arena. Peeta nuevamente ha dejado a todos sin palabras, incluyéndome a mí.
—Así que te aferras a tu deseo—Comienza nuevamente a hablar mi esposo—Esa última noche…Sí, esa noche mi único deseo fue salvar a Katniss y a mi hija, pero, siempre hay algo malo dentro de todo esto. Esa noche me arrepentí de no haber corrido tras Katniss justo en el momento en que los rayos comenzaron a caer sobre el árbol. Si yo no hubiera permitido dejarla ir sola y con Johanna…ahora mismo ella estaría con nosotros aquí mismo. Jamás debí haberla dejado sola, aunque lo que si no lamento es el haber mantenido a salvo a mi hija cuando apenas era un bebé recién nacido—Escuchar aquello no hace más que confirmar mi sospecha de que Peeta aún siga en el juego.
Esto no era más que una farsa. Estaba claro que Snow había obligado a Peeta a mentirle a todo el mundo, a ocultarles la verdad sobre lo que paso aquel día. No había otra explicación para su extraño comportamiento.
—Estabas demasiado inmenso en proteger a su pequeña— Dijo Caesar.
—¡No debí haber permitido que nos separáramos! —Estallo Peeta— Fue en ese momento cuando la perdí.
—Cuando te quedaste en la playa mientras Johanna y Katniss salían corriendo hacia la jungla— Aclara Caesar.
—¡No quería hacerlo, pero no tuve otra opción! — Exclamo mi esposo con angustia—Tenia a mi hijita de tan solo unas horas de nacida en mis brazos y yo le había prometido mantenerla a salvo pasara lo que pasar. No podía permitir que algo le sucediera a nuestra pequeña. No podía…Sin embargo me arme de valor para ir tras ella y cuando eso paso fue demasiado tarde….Sólo recuerdo algunas cosas: Haber intentado encontrar a Katniss…escuchar la explosión del campo de fuerza, el haberla escuchado gritándome antes de que el campo comenzara a partirse en fragmentos y que me sacaran a toda prisa de ese lugar junto con mi hija recién nacida en los brazos sin poder hacer nada .Absolutamente nada… —Miente descaradamente Peeta en algunos aspectos que a su vez los hacen muy reales y creíbles frente a todo Panem exceptuando al Distrito 13, quienes sabemos la verdad sobre lo que paso ese día. Peeta miente tan bien que inclusive yo me creo sus palabras falsas.
—Katniss voló el campo de fuerza, Peeta. Tú has visto las grabaciones.
—Ella no sabía nada. Ni siquiera lo que estaba haciendo. Ella solo estaba actuando por el simple impulso de mantener a nuestro bebé a salvo. Ninguno de nosotros entendía nada. Se ve claramente la confusión y el miedo de Katniss en su rostro cuando todo eso paso—Le responde fríamente Peeta.
—De acuerdo, aunque parece sospechoso, como si formara parte del plan de los rebeldes desde un principio.
Peeta de la nada se puso de pie y se inclinó sobre la cara de Caesar, recargando sus manos sobre los brazos del sillón en el cual el presentador se encontraba sentado.
—¿En serio? ¿Y formaba parte del plan que ella terminara en los juegos con nuestro bebé en su vientre? ¿El que ella terminara dando a luz en esa maldita arena? ¿El que pusieran su vida y la de nuestra hija en peligro? ¿El que la descarga eléctrica de la arena la paralizara?...¡¿El provocar el bombardeo?! — Añade, gritándole—¡No lo sabía, Caesar!...¡Lo único que intentábamos los dos era proteger a nuestra bebé y a nosotros mismos, el uno al otro!
—Está bien Peeta, tranquilo. Yo te creo—Le asegura con nerviosismo el estúpido presentador mientras Peeta asiente y se despega de el para luego sentarse de nuevo en el sillón.
—Qué me dices sobre Haymitch Abernathy—Le pregunta Caersar haciendo que el semblante de mi esposo se endurezca aún más.
—No sé qué sabia Haymitch sobre esto —Peeta vuelve nuevamente a mentir con descaro, haciendo que todos le crean.
—¿Podría haber formado parte de la conspiración?
—Nunca lo mencionó
—¿Y qué te dice tu mente y tu corazón?
—Que nunca debimos haber confiado en él, eso es todo.
Caesar le da una palmaditas en el hombro a Peeta.
—Podemos parar, si quieres
—¿Es que hay otra maldita cosa de la que tengamos que hablar? —Le pregunta con ironía mientras lo mira a los ojos haciendo que Caesar trague en seco.
—Te iba a preguntar por tu opinión sobre estos 3 largos años que llevamos en la guerra, pero si estas demasiado afectado…
—Oh, no lo suficiente como para no contestar a esa pregunta—De pronto Peeta respira hondo y mira directamente hacia la cámara—Quiero que todos me vean y escuche, estén en el Capitolio o en el lado rebelde. Quiero pedirles a todos que se detengan a pensar un segundo sobre lo que podría significar alargar más el tiempo en esta absurda guerra para todos nosotros como seres humanos. Casi nos extinguimos luchando entre nosotros la última vez, ahora somos aún menos y nos encontramos en condiciones difíciles y decadentes ¿De verdad es lo que quieren hacer? ¿Qué nos aniquilemos por completo? ¿Con la esperanza de…qué? ¿De qué alguna especie decente herede los restos que queden reducidos a cenizas sobre esta tierra?
—No sé…No estaría seguro de seguirte…—Le dice Caesar a Peeta haciendo que este lo voltee a ver con enfado.
—Simplemente no podemos seguir luchado entre nosotros, Caesar—Le explica—No quedarían suficientes seres humanos con vida para seguir adelante. Si no bajamos las armas, todo acabara pronto.
—Entonces ¿Estas pidiendo un alto el fuego? —Le pregunta Caesar incrédulo por la respuesta de mi esposo mientras a mis espaldas comienzo a escuchar murmullos de toda la gente.
—Sí, estoy pidiendo un alto el fuego—Le replica Peeta, cansado—Y ahora, si no es mucha molestia ¿Podemos pedir ya que los guardias me lleven de regreso a mi alojamiento para que pueda seguir cuidando de mi pequeña bebita?
Caesar asiente mientras voltea hacia la cámara diciendo:
—Esto ha sido todo por hoy. Volvamos a nuestra programación habitual.
CONTINUARA…
HOLA A TODO EL MUNDO X3
Ya sé lo que me van a decir y la verdad es que les pido una enorme disculpa. Actualmente me encuentro algo ocupada pero como se darán cuenta hoy he podido publicar y espero poder publicar lo mas pronto posible…
Muchas gracias a todas aquellas lindas personas que han dejado sus comentarios. Prometo que pronto responderé cada uno de ellos.
En verdad lo lamento y espero que no me echen a los mutos aun jeje X'3
Pronto tendrán noticias de mí y de esta historia ;)
Les mando un enorme beso
Nos leemos pronto :3
SALUDOS
