Hacía calor. En Londres. Si, en ocasiones la palabra calor y Londres se podían conjugar perfectamente, haciendo que sus habitantes se dieran cuenta de que vez en cuando, el cielo azul y el sol, recordaban que también eran hijos suyos.

El Palacio… el Támesis… el famoso Big Ben… si, todo lo recordaba… pero a la vez no.

Sherlock Holmes, quien una vez había sido el mejor detective consultor del mundo (por no decir el único), se encontraba en estos momentos tratando de ver si aquel casi recorrido Londres le pudiera abrir un poco la coraza hacia sus recuerdos. Esa idea había sonado bien en boca de John. Quizás si sirviera…

Pero después de casi una hora de darle vueltas a lo tonto por la ciudad, haber hartado un poco al taxista por no ir a ningún lado en concreto y sobre todo, no recordar nada específico, hizo que Sherlock desistiera en recordar algo.

¿Es que acaso estaba condenado a que su mente se fuera para siempre?

-¿Quieren que de otra vuelta a la ciudad?-pregunto el taxista un poco cansado

-Sí, pero ahora…-John tenía fe en su teoría.

-No, llevemos ya a casa-dijo Sherlock, cerrando los ojos, tomándose para su mente, esa imagen del Millennium Wheel, esa pieza arquitectónica no la había reconocido en toda vuelta.

-¿Seguro?-pregunto John.

-Claro… ya quiero llegar al fin a casa-dijo Sherlock, sonriendo aun sin abrir los ojos-quiero conocerla de nueva cuenta.

-De acuerdo-asintió el taxista un poco mas despierto-¿A dónde los llevo?

-Baker Street 221B-respondió de la nada Sherlock.

-¿Recuerdas eso?-pregunto emocionado John, colocando una mano sobre su hombro-¿Recuerdas donde vives?

-¿Ah, sí?-pregunto sin comprender Sherlock, abriendo los ojos-simplemente lo dije como cualquier otra cosa.

-Tal vez si ayudo un poco el paseo-aseguro más tranquilo el ex militar.

El taxi los llevo por las calles de Londres hasta la mencionada dirección. Esta sería la primera vez de Sherlock viendo su casa. Ese lugar que casi destruye unas 50 veces, en donde recibió a personas enigmáticas (desde el criminal consultor hasta la afamada Mujer), y en el que John vivió infinidad de horas, eternos minutos y desesperantes segundos.

Sherlock aun veía por la ventana el lugar. Reconocía todo y a la vez no.

-Llegamos-dijo el taxista, sacando a los dos de sus pensamientos.

Bajaron. John pago y al regresar la vista a su amigo, lo vio que estaba analizando aquella puerta negra con esos datos dorados. Esa calle famosa y mucho más famosa aquel número gracias a su fama.

-No recuerdo nada, John-dijo Sherlock cerrando los ojos-nada.

-Poco a poco…-John odiaba que su amigo se torturara cada día tratando de recordar algo de su vida y no tuviera resultados afirmativos- ven, entremos.

John y Sherlock entraron. Subieron al piso. Estaba igual de desacomodado que cuando lo dejo John aquella mañana en la que le dieron la noticia de que su amigo había sido internado en el hospital tras un accidente. De eso ya casi un mes.

Y eso era raro. Por lo general la pérdida de memoria no era tan agresiva. En ocasiones si se conseguía recordar ciertos detalles de la vida del afectado. Había rayos de esperanzana, pero ahora con Sherlock… pareciera que los malditos rayos estaban siendo ocultos por una niebla intensa que no dejaba ver nada.

Recordaba sí, pero cosas tan triviales que no eran como para suponer un progreso.

-¿Debo suponer que el desorden es mío?-pregunto Sherlock, tratando de entender aquel desorden.

-Si… aunque no te creas, hay cosas entre toda esa maraña que son mías también-dijo John, viendo con nostalgia aquel sillón que siempre ocupaba su amigo y no permitía que más se sentara en él.

-¿En serio vivíamos en esto?-pregunto su amigo, examinando todo, papeles, libros, el célebre cráneo que lo veía fijamente, ese juego de química delicado lleno de elementos que estaba seguramente investigando-¿en todo este desorden?

-Si puedo decir algo a tu favor, se ha visto peor-dijo John, sentándose en su sillón.

-Debemos de arreglar todo esto… no podemos vivir así, ahora ni siquiera yo sé cuál es el orden de todo este desorden, pero oh, seguramente todo si tenía un orden único y normal en mi mente, pero viendo la situación como esta…-Sherlock miro a John-¿pasa algo?

-¿Por qué lo primero que quieres hacer al llegar a tu casa es recoger todo? No sería más fácil para nosotros y sobre todo para ti, si ves todo como está… seria una manera de…

-No John-reprendió serio el detective-yo… la verdad no creo que mi memoria vuelva… lo cual nos hace pensar en una nueva vida, esto significa que tenemos que tener un nuevo departamento, nuevas cosas… no estas viejas y sucias cosas-haciéndole el feo a esas revistas que se negaba a tirar.

-¿Qué? ¿Nueva vida? Sherlock, no puedes estar diciéndome eso…

-John, tenemos que ser realistas…

-No, tienes que ser paciente-dijo John, parándose enojado del sillón-no puedo creer que te des por vencido aun cuando no haya pasado tiempo.

-Tú como doctor debiste de haber dado cuenta ya que esto está mal… que debería de haber recordado algo mas en todo este tiempo y lo único que sé es como se llama la calle donde vivo, como es Londres en sí, y como por alguna extraña razón, recuerdo de que cuando era niño quería ser pirata-contesto Sherlock un poco turbado por aquella declaración.

-Si, tal vez ha sido muy lenta la recuperación, pero todavía hay… espera-algo había captado-¿Querías ser pirata…? ¿Recuerdas eso, pero no lo demás?

-Si-y John no se atrevió a aceptar que por un momento Sherlock se había sonrojado por esa afirmación.

-Eso es raro… recuerdas tu infancia pero no lo actual- John pensaba ¿Por qué será?

-¡Sherlock, John!-exclamo alguien en la puerta, era su casera, la señora Hudson.

-Hola señora Hudson-saludo John aun con la duda.

-¿Qué tal tu departamento, Sherlock? Es como si lo vieras por primera vez… mira, para allá esta tu cuarto, por ahí el baño, la cocina… bueno, lo que parece ser una cocina… está el cuarto de John, bueno el que era…-la señora Hudson miro a John que le decía con señas que se callara por todos los santos que conocía, ese no era el momento para revelarle aquello a su amigo-eh… y bueno, por allá esta también…

-¿Qué dijo?-pregunto Sherlock, mirándola fijamente.

-¿Qué coas, Sherly?-la señora Hudson se hacia la desentendida, si tan solo le hubieran dicho algo antes de que abriera al boca.

-Algo sobre el cuarto de John…

-Imaginaciones tuyas, querido… oh, de seguro tendrás hambres, déjame ir por un poco de comida que tengo allá abajo.

-Pero…

-¿Quieres ver tu habitación?-jalo John a Sherlock por el pasillo.

-Eh… si-Sherlock, aun cuando no recordaba nada, no significaba que hubiese perdido sus dotes para la deducción. Aquella zona del cerebro aun estaba intacta.

John lo condujo hasta su habitación. Grande, espaciosa, llena de cachivaches, libros, y hasta cierto punto, acomodado.

-¿Dormirás conmigo?-pregunto Sherlock inocentemente.

-¿Qué?-pregunto al acto el doctor

-Sí, que si piensas quedarte a dormir en el departamento-dijo Sherlock, mirando la tabla periódica que estaba ahí pegada en su pared.

-Ah, eso… pues claro, yo vivo aquí-dijo John, tratando de calmarse.

-Eso me hacen creer todos-Sherlock sonrió, viéndolo a los ojos-sé que ya no vives aquí, no sé porque, ni desde cuando exactamente… vamos John-el mencionado se removió en lugar-el despiste de la señora Hudson, sumado a tu dejo de añoranza en la mirada al entrar al departamento y claro, una pequeña mención de Mycroft, me hace suponer todo.

-¿Qué te dijo Mycroft?-pregunto, pateando mentalmente al mayor de los Holmes.

-Nada concluyente-el detective se deshizo de varios papeles que estaban en el suelo, poniéndolos en el cesto de basura-solo menciono que después de un suceso del cual no quiere decirme, tú decidiste irte del departamento… no te preocupes, no te pediré que me especifiques ese suceso… la verdad es que no me interesa mucho... así que entenderé que no quieras regresar al departamento, debo recordarte que no tengo memoria, pero eso no significa que sea un invalido o algo similar-y le sonrió, un poco triste, pero le sonrió.

-Sherlock…

-¿No hueles a comida?-pregunto y salió, dejando al doctor con sus pensamientos algo confusos.

Bien, la primera parte del plan de "No hacer sentir solo a Sherlock" había fallado. Se suponía que no debería de saber que él ya se había mudado, querían hacerle creer que aun vivían juntos, como en los viejos tiempos. Bien, se nota que con o sin memoria, el detective siempre estaba un paso delante de él.

Cuando regreso al comedor, vio que Sherlock y la señora Hudson comían ya, platicando de algo alegre que hacia sonreír al detective como si no hubiera nada malo pasándole.

John se dispuso a comer con ellos. Tal vez si debería de dejarlo una noche solo… no es que fuese un niño como para matarse él solo ¿o sí? Aunque… si pasaba algo… él tendría el remordimiento de aquello y eso no estaba dispuesto a afrontarlo… no, lo mejor sería quedarse al menso un tiempo para asegurarse de que estaría bien; si, eso sería bueno…

Cuando John regreso al mundo, se dio cuenta de que Sherlock ya no estaba en la mesa, había ido a abrir la puerta del departamento, tal pareciera que había alguien tocando. Asomo un poco la cabeza para ver quién era.

Oh, por el amor a la…

¿Es que ese maldito plan se lo podían saltar sin tenerle consideración?

¡El segundo paso había fracaso también!

Pero eso no es lo sorprendente. Oh no, lo sorprendente, es que de todas las personas que lo habían ido a visitar, era aquella la única que le había podido decir por su nombre. Y precisamente era la persona a quien John quería alejar de Sherlock.

-Mary-dijo Sherlock al ver a la rubia, teniendo de repente un dolor intenso en la cabeza.