El siguiente capítulo X3 oh si, tiene algo que se podría considerar lemon, así que personas que no les gusten este tipo de cosas por favor saltense hasta donde termine de ser cursiva la letra XD Nos vemos!:D

Faceless Obsession

Capítulo 4

Quién sabe por qué razón, pero te animaste a investigar sobre el Slenderman. Fuiste al bosque, debías llevar algo que no usabas comúnmente para que nadie te reconociera. Probarías que eso del Slenderman era una tontería. Algo que comúnmente no llevarías en este pueblo eran faldas o shorts o cosas así. Vestías una falda cortísima en color blanco que a duras penas te cubría el trasero. Te pusiste unas medias que te llegaban a las 3 cuartas partes de los muslos, una blusa de manga larga en color blanco también, y dejaba uno de tus hombros al descubierto, y por último un par de converse blancos.

Saliste con una linterna de tu casa, así nadie te reconocería. Fuiste al bosque, sin cámara, pues confiabas en que si comprobabas que ese tal Slenderman no existía, la gente confiaría en tu palabra, después de todo, estamos en el siglo XXI y todos son gente civilizada y pensante que no se tragaba esas patrañas, ¿No?

Entraste al bosque, confiada en que de la única cosa que tendrías que protegerte era de los lobos.

Seguiste caminando lo que para ti parecieron horas. Llegaste a un claro en el bosque a descansar, cuando de repente los oíste…

Lobos. Su aullido rompió el silencio de la noche. Cada vez sus gruñidos se escuchaban más.

Iban a por ti. O más bien: corrían hacia ti.

Asustada, subiste a un árbol. En cuanto subiste los lobos se aparecieron. Rasgaban con esas garras hambrientas por rasgar tu carne y alimentarse de ella. Saltaban a ver si podían aunque sea conseguir un pedacito de tu piel. No sabías cuánto más podrías resistir, tarde o temprano la rama donde te subiste se caería, y ellos eran capaces de esperar toda la noche por su comida.

Y escuchaste un crujido…

La rama donde te apoyaste se cayó, dejándote sola en el suelo, con rasguños, moratones y una horda de lobos. Y sobre todo, desprotegida.

Gruñeron y se acercaron, uno de rasguñó. Gemiste de dolor al ver tu sangre fluir y la herida quemar. Uno te quiso dar un mordisco, pero por suerte lo esquivaste.

No sabías cuánto tiempo más aguantarías, estabas acorralada a su merced.

Cuando creíste que todo estaba perdido, algo tomó a una loba de la manada y la agitó en el aire, llamando la atención de la manada. Viste ese algo, era algo parecido al blanco, largo, y parecía un… ¿Tentáculo?

Luego otro tentáculo tomó uno de los extremos de la loba y poco a poco la fue separando en dos hasta que la mató. Tú hiciste un esfuerzo para no vomitar. La manada entera huyó despavorida. En cuanto viste qué era lo que causó ese alboroto tu sangre se hizo de plomo, tus huesos de piedra y tu respiración se dificultó.

Era el Slenderman.

Él te ofreció una mano caballerosamente para ayudarte a levantarte, pero tú cubriste tu cabeza con tus manos a modo de protección, creíste que te haría algo.

Él dijo tu nombre, casi como un… ¿Suspiro?

-No te haré daño. Te lo prometo.- Habló. En eso te diste cuenta de que su descripción no era como el libro o los creepypastas. No tenía ojos, había una sombra de lo que era su nariz, pero SÍ tenía boca, una con dientes afilados. No medía tanto, se te antojaba que su altura era unos 2 metros y medio. Portaba un traje con una corbata roja, y su complexión era parecida a la de un humano, sólo que mucho más delgado, y su piel era blanca en su totalidad.

Aún así pensaste que mentía, ¡Había matado a tantos niños y familias enteras!

-Te prometo que no te haré daño, sólo quiero ayudarte. Palabra de honor.- Dijo levantando su mano izquierda y poniendo la derecha en donde suponías estaba su negro y cruel corazón, casi como si te estuviera dando su palabra.

Decidiste hacerle caso, si no arriesgas no ganas. Él te ayudó a levantarte y tú con cuidado te sacudiste la falda. Viste el zarpazo que te dio el lobo; sangraba y ardía como la mierda.

-Hay que limpiar esta herida o podría infectarse.- Te dijo. Asentiste aún sin palabras por lo que estaba pasando.

Él tomó tu mano y tú te dejaste llevar por él, como si fueras un pececito al agua o una hoja al viento, con total confianza, como si fuera una persona que conocieras desde hace mucho tiempo o le tuvieras mucha confianza.

Llegaron a una casa. Era enorme, en parte te recordaba a la mansión de "Luigi's mansion". Era negra, y parecía castillo en una parte ya que poseía un observatorio que se veía más como una torre de esos castillos de la época medieval.

Entraron a la casa; un silencio sepulcral reinaba en ella. Él fue a lo que tú suponías era un baño y vino con un par de bolitas de algodón limpio y agua oxigenada. Puso un poco del líquido en el algodón y con todo el cuidado del mundo rasgó tu blusa para poder aplicar el dicho desinfectante en tu brazo. Te quejaste un poco, pero su roce era delicado, como si estuviera tratando con la mismísima reina de Inglaterra.

-¿Te duele?- Preguntó delicadamente.

-Sólo un poquito.- Respondiste con un hilo de voz. Fue entonces cuando sus largos dedos fueron aún más delicados con la piel que curaban. Cuando terminó enrolló una venda en donde tenías el zarpazo, alrededor de tu brazo. Quién sabe por qué, pero le sonreíste cuando terminó, haciendo que esa boca de dientes afilados también sonriera de manera cálida y afectuosa, ¿Acaso le agradabas?

-Veo que el asunto te ha dejado un poco consternada, ¿Quieres dar un pequeño paseo por el bosque?-

Slenderman te inspiraba confianza, así que accediste. Se levantaron del sillón, volviste a tomar su mano y salieron por la puerta.

Caminaron un largo rato hasta llegar a un claro del bosque más iluminado al que te atacaron los lobos, era en cierta manera más reconfortante, la luz de la luna lo iluminaba, y se veían muchas estrellas desde allí.

¿Pero por qué no te mataba?

-Slenderman…- Dijiste con un hilillo de voz. El pareció reaccionar aunque tu tono de voz fuera bajísimo y agudo.

-Mis amigos me llaman Slender o Slendy, llámame así si quieres, ¿Qué pasa?-

-Yo… ¿Por qué no muestras interés en matarme?-

-No sé cómo expresarlo.-

-Hazlo con acciones. Mueve las manos, gestos, así decía mi abuela que era más sencillo.-

-Espero y no te molestes por mi intento de explicación.-

Antes de que siquiera pudieras reaccionar a la última oración, Slender tomó tu rostro y unió sus labios con los tuyos. A pesar de que eran increíblemente fríos, tú sentías una enorme calidez por lo que era ese beso. Lejos de lo que tú esperabas como reacción, correspondiste al beso.

La intensidad del beso fue creciendo, hasta que sus labios se movían a un solo compás. Se separaron y viste a donde suponías deberían estar sus ojos.

-Creo que ya entiendo Slendy.- Dijiste antes de volver a besarlo.

Si Slenderman pudiera sonrojarse, lo haría. El beso se acrecentó, prácticamente se devoraban con los labios. Tú pusiste tus brazos alrededor de su cuelo, con mucho esfuerzo ya que te ganaba en altura, y él con sus largos y delgados brazos rodeó tu cintura. Sentiste la lengua de él queriendo entrar a gritos. Tú sin dudar ni un segundo lo dejaste entrar. Sus lenguas se enredaron, sin duda el momento sería efímero, pero inolvidable. A pesar de que sus labios se vieran mal, eran más suaves que una almohada. Y cuando menos lo esperaste, él se encontraba subiendo sus largos y delgados dedos por tu espalda, acariciándola, y tú estremeciéndote a su roce.

Con cuidado comenzaste a desabrochar su corbata roja, y la tiraste por ahí. Quitaste el saco de encima, dejándolo en una camiseta de botones blanca. Slender comenzó a despojarte de tu blusa. Él se separó para admirarte, y regresó a tu boca. Después sus besos comenzaron a desplazarse por el lado derecho de tu rostro y llegaron a tu oreja, donde sentiste los afilados dientes del Slenderman morder tu lóbulo, haciéndote gemir un poco. Bajó a tu cuello, lamiendo, besando y mordisqueando lo que estuviera a su alcance, haciéndote gemir aún más.

Sin darte cuenta te encontrabas sentada en su regazo, con una pierna a cada lado de su torso. Mientras él besaba tu cuello desabrochaste los botones de su camiseta con destreza y la deslizaste por sus brazos, dejando su torso al descubierto. Aunque era muy delgado, tenía un torso algo marcado. Te sonrojaste mucho. Sus dedos pasaban por tu espalda hasta que se encontraron con el broche de tu sujetador. Sentías que cada lugar que tocaba con sus dedos quemaba, abrasaba, ardía, pero de una manera que no podías describir. Te gustaba la sensación.

Sentiste el frío aire de la noche cuando Slendy te quitó por completo el sujetador, dejando tus pechos al descubierto. Él seguía besando tu cuello con lentitud, tú gemías de vez en cuando. Slender bajó su camino de besos hacia la nueva piel descubierta de tus pechos, besando y lamiendo lo que podía. Tú gemías aún más. Tu cabeza era un nudo de emociones, ¿Cordura? ¿Locura? ¿Qué rayos era eso? Al parecer lo único que podías confirmar era que tu sentido común se había ido a la mierda.

Mientras Slender pasaba su lengua por tu ardiente piel, jugueteaba con sus manos en tu abdomen, haciéndote gemir por más. Te diste una reprimenda mentalmente.

Sus manos comenzaron a bajar a un lugar más privado, justo debajo de tu falda blanca. Pensaste que había sido una mala idea. A la próxima que investigases algo irías con un cosplay de Gray Fullbuster o algo así. Sus dedos comenzaron a jugar con tus entrepiernas, masajeando de vez en cuando. Tus gemidos eran incontrolables. Volvió a besarte en los labios mientras jugueteaba contigo. Lentamente comenzó a bajar tu falda hasta que sólo quedaste en un par de braguitas negras. Mientras te besaba con sus dedos acarició tus largas y sedosas piernas. Tú te sentías a su merced. Mientras te besaba y te acariciaba con suma precisión tus piernas tú pasaste las manos por su torso. Si pudiera sonrojarse, lo haría. Tu simple toque encendía los sentidos de ese monstruo que mataba por diversión. Eres algo a lo que simplemente no podía asociar con la palabra asesinato. Desabrochaste el botón de su pantalón, bastante sonrojada. Él se dio cuenta y terminó tu trabajo. Los dos estaban en simples interiores, pero no por mucho tiempo. Se separó de tus labios, dejando un hilo de saliva como único enlace entre sus bocas. Se veía un poco de sudor entre sus cuerpos. Él sonrió al ver tu desconcierto. No tenías idea de cuándo un simple beso había pasado a esto.

Con cuidado te recostó en la hierba, usando su propio cuerpo como un obstáculo para que salieras de su agarre. Tú no mostraste resistencia, todo lo contrario, lo hallabas… seductor, tentativo para ti. Comenzó a besarte apasionadamente de nuevo, como si no pudiera vivir sin ti. Tú pasaste las manos por su abdomen hasta llegar a sus hombros, donde dejaste descansar tus manos para que él pudiera hacer lo que tenía planeado. Pasó sus manos por tus piernas de nuevo, y llegó a tus bragas. Sin pensarlo metió uno de sus dedos por debajo de las bragas hasta llevarlo hasta tu húmeda y cálida entrada. Gemiste fuerte por eso. Slendy sonrió un poco, la sonrisa era seductora. Lentamente introdujo uno de sus dedos, haciéndote gemir. Lo sacó con lentitud, y luego lo volvió a introducir, haciéndote gemir más. Los movimientos se repitieron por unos minutos hasta que sentiste una sensación en tu abdomen bajo, un calor abrasador. Te correrías tarde o temprano. Y pasó; te corriste en sus dedos. Era una sensación muy placentera para ti, como tocar una parte del cielo. Él rio por lo bajo, muy seductoramente. Te sonrojaste más, ¿Cómo podías estar pensando eso acerca de él? ¿Cómo era posible que hallaras su risa seductora?

Se llevó uno de sus dedos a los labios y probó tu sabor. No podías creer lo pervertido que era ese monstruo, sin duda se iría al infierno. Pero tú te irías con él al infierno…

No.

No podías irte con él. Tenías a alguien más… habías olvidado su nombre. Se llamaba Steve si mal no recordabas. Separaste a Slender de tu cuerpo.

-Lo siento, no puedo hacerlo.- Le comunicaste.

-Si es por él, te prometo que jamás se enterara.-

-No, no puedo traicionarlo. Simplemente no puedo.-

-Pero él ya lo hizo. No peleó por ti. Vamos…- Su tono era como el de un niño que te suplicaba por un dulce. Tierno, inocente…

Te ibas a arrepentir de esto.

Lo volviste a besar, juntando sus cuerpos de nuevo.

Bajó tus bragas con lentitud. Temblaste al sentir el frío en tu piel.

Slendy te contempló por unos instantes. Eras imposible para él, como una muñeca de porcelana, como algo imposible de conseguir para él, una estrella, un ángel caído del cielo. Cuando menos lo esperaste los dos estaban desnudos, en medio del bosque, a la luz de la luna... el problema era que el momento estaba siendo acompañado por un hombre largo y delgado que mataba por diversión.

Te besó notando que estabas pensando mucho las cosas.

Poco a poco se fueron uniendo.

Lo sentiste dentro de ti. No eras virgen como para sentir dolor, por lo tanto los dos gimieron cuando entraron en contacto. Al instante comenzó a moverse mientras te besaba. Dentro y fuera… con cada roce tú gemías de placer, y él también. Te abrazaste a él. Siguieron moviéndose, y llegó un momento en que tú solicitaste que aumentara el ritmo. Él respondió a tu solicitud aumentando el ritmo y la fuerza de sus embestidas, aumentando también los gemidos de ambos. Enredaste las piernas alrededor de su cintura y comenzaste a moverte al ritmo de él. Siguieron así un rato, disfrutando la cercanía de sus cuerpos y de sus besos y caricias. Sentiste otra vez ese calor abrasador en la parte baja del vientre. Él comenzó a besar tu cuello y dejó un mordisco marcado con sus afilados dientes para después volver a besarte

Lo que menos esperabas es que los dos llegaran al mismo tiempo. Te corriste y sentiste algo correr dentro de ti. Slenderman salió de tu interior y se recostó a tu lado.

El no mostraba señales de cansancio o dificultad para respirar. Contrario a él, tú respirabas agitadamente.

Él tomó tu mano y tú te recostaste en su hombro al lado de él, con una pierna enredada alrededor de su cintura y una mano en su pecho.

Entonces él lo supo; tú eras la indicada. A ti te buscaba desde hacía años, cientos de años. Tú serías suya, no importaba nada. Haría todo lo posible, y lo imposible también, para que tú lo amaras.


Despertaste agitada y con una sensación de calor en la parte baja del vientre. Ese había sido uno de los sueños más eróticos que tuviste en toda tu vida. Ya eran alrededor de las 8 de la mañana. Te levantaste a darte un baño, te sentías algo sucia después de soñar semejantes cosas, ¡Y con el Slenderman! ¿Acaso estabas tan loca para soñar eso? No le contarías a nadie del sueño, ni a Steve. Cuando te viste en el espejo casi te da un ataque…

Tenías una mordida en el cuello, la misma donde te mordió el Slenderman en el sueño. Automáticamente te asustaste y viste a tu alrededor. En tu mesa de noche había una nota junto a una margarita. Fuiste a por ella y la leíste, decía tu nombre y lo siguiente:

"Mi adorada…

No te asustes. Lo que pasó ayer no fue un sueño, es sólo otra señal…

Otra señal que demuestra que eres mía, o lo serás…

Iré por ti. Seré lo que tú quieres que sea: tú amigo, tu amante, tu hermano, tu padre, tu compañero, lo que desees.

Espérame, estaré allí para protegerte.

-Slenderman"

Entonces te asustaste más. Lo de ayer no nada más había sido un sueño. Había sido de verdad, había sucedido realmente. Te sorprendiste de ti misma.

Lo habías hecho con el Slenderman, y la peor parte es que te había gustado.


Y? cómo salió este horrible intento de lemon?! Q-Q horrible verdad? ToT bueno, actualizaré la próxima vez, osea la próxima semana :P esperenme babies XD hasta luego!

Dejen reviews! Y agradezco mucho a las personas que leen este fanfic, que dejaron review, que lo pusieron en fav, follow, etc. en serio les agradezco!

Hasta luego!:3