Querido diario:

Oficialmente estoy saliendo con Kuroro. Pasaron muchas cosas entre nosotros desde que lo conocí y finalmente hemos comenzado a salir. Y me ha prometido llevarme a un lugar especial para nuestra primera cita. Me pregunto en dónde será.

Por otra parte aún no le digo nada a mi hermano, me gustaría poder contárselo y contarle cuán feliz soy, pero me temo que no puedo decírselo.

Espero que algún día pueda confesarle cuanto amo a Kuroro y espero que para cuando llegue ese día pueda entender como me siento.

Esta semana había sido de las peores para Kurapika. Kuroro se las arreglaba para sacarlo de quicio.

Leorio siempre le había dicho que tenía que aprender a controlar su temperamento y no dejarse llevar por las provocaciones de Kuroro, sin embargo por no hacerle caso ahora se encontraba en esta incómoda situación.

Kuroro sostenía un libro maltratado y viejo enfrente de las narices de Kurapika, parecía que el pobre libro había sido aventado desde el edificio más alto del mundo y que no se había deshojado por pura suerte.

Sin embargo lo que había sucedido en realidad era que Kurapika harto del hostigamiento y acoso de Kuroro, lanzó por la ventana una pila de libros del pelinegro, entre ellos el libro que sostenía frente a el.

-Los otros libros no me interesan ya que son sólo libros escolares, puedo comprar nuevos- dijo sin darles importancia- pero este libro tenía por lo menos 100 años de antigüedad. Así que vas a pagar por su restauración- afirmo Kuroro. Sin importarle si Kurapika estaba de acuerdo o no.

-Tu te lo buscaste por provocarme toda la semana- se defendió el Rubio, aunque si se sentía un poco mal por el libro, ya que el también apreciaba libros tan valiosos. Kuroro ignoro lo que dijo y lo tomó de la muñeca.

-¡Sueltame!- ordenó el rubio, pero Kuroro no soltó la muñeca de Kurapika.

Tan pronto como llegó a un coche negro abrió la puerta y entró al coche obligando al Rubio a entrar también.

-¿Porqué haces esto?- exigió el Rubio- tienes suficiente dinero para que TU repares el libro.

-Es verdad que yo te provoque, pero esa no es excusa para actuar de la forma en que lo hiciste. Así que vas a tomar responsabilidad por tus actos.

-¡Ja!- se burlo Kurapika- como tu con Pairo- dijo sarcásticamente.

-Créeme, ya la estoy pagando- murmuró Kuroro, aunque Kurapika no escucho lo que dijo.

-¿eh? ¿Qué dijiste?

-Nada- sonrió el pelinegro.

Kurapika se rindió y sólo miro por fuera de la ventana. Aunque le doliera, era cierto lo que había dicho Kuroro de el. Su ética no le permitiría evadir su responsabilidad, por mucho que odiara a Kuroro.

Por otra parte, Kuroro sólo quería una excusa para salir con Kurapika. Y parecía que su plan había funcionado.

No es como si le gustase Kurapika, sólo sentía curiosidad por él. Y estaba disfrutando mucho de sus reacciones y la forma en que se molestaba. Quería saber que tan lejos podía ir con él.

Una hora después ellos se encontraban en un barrio muy concurrido y un poco pobre. Frente a ellos había una tienda de libros antiguos, y como los libros, el lugar parecía muy antiguo. Sin embargo al entrar Kurapika no sabía si sorprenderse por la cantidad de libros que había o por el hecho de que todo el lugar estuviera impecable.

El duelo del lugar se presentó frente a ellos.

-¡vaya!- dijo en tono decepcionado- ¡sólo eres tu, Kuroro muchacho!- dijo el hombre de voz grave y rasposa.

-¡Tanaka-san!- se sorprendió Kurapika al ver al anciano- no sabía que tenía una tienda de libros.

El anciano parecía un poco sorprendido al principio, pero después sonrió y dijo: -Tanaka es mi hermano gemelo, no me esperaba que lo conocieras. ¿Cómo esta él? Hace mucho que no lo veo.

-Ah, ya veo. No lo sabía. La última vez que lo vi estaba bien.

-Me alegra saberlo- dijo el hombre- y bien, ¿A que has venido?- le preguntó a Kuroro.

-Quisiera que restauraras esto- le dijo mostrándole el libro. El anciano reconoció el libro y frunció el ceño. A continuación le dio un golpe en la cabeza con su bastón.

La acción tomó por sorpresa tanto a Kurapika y Kuroro. Kurapika no pudo evitar reírse y Kuroro miro al Rubio con molestia.

-¡Maldito muchacho! ¡Para eso querías que te regalara este libro! ¡Mira cómo lo has dejado!- empezó a exclamar el hombrecillo enojado.

-Yo no fui- dijo Kuroro con calma- fue él- dijo refiriéndose a Kurapika, pero el anciano no le tomó importancia.

-Si, pero seguramente fue tu culpa.

-Bingo- pensó Kurapika con cierta satisfacción. De alguna forma comenzaba a creer que valía la pena haber venido con Kuroro.

-Bien, bien. Yo me encargo- dijo el anciano mientras ponía al libro cuidadosamente en su escritorio para restaurarlo- hacia mucho que no te veía por aquí- cambio de repente de tema el anciano- y mucho menos a ese chiquillo que siempre te acompañaba. Dime, ¿como esta? ¿Qué ha sido de él?

-Murió- dijo Kuroro sin emoción alguna.

El anciano lo miro apenado y Kurapika supo a quien se refería.

-Ya veo, es una lástima- dijo con tristeza- me agradaba, siempre que venía me preguntaba cientos de cosas sobre los libros. Hacia mucho que no había visto a alguien tan apasionado como él. Las generaciones de ahora no se interesan en esas cosas.

Un nudo en la garganta de Kurapika apareció. Se sentía molesto por la forma tan fría en que Kuroro había dicho que había muerto. Él había sido el culpable y ¿no podía sentir aunque sea un poquito de lástima o arrepentimiento?

-De cualquier forma- dijo el anciano, cambiando de tema nuevamente al notar el ambiente tan tenso entre ambos.- Tu, ¿puedes venir conmigo?- le dijo el anciano a Kurapika y éste lo siguió.

El anciano buscaba entre los estantes de la parte de atrás de su tienda un libro en especial.

-Cuando entraste en la tienda- empezó a decir- note el parecido que tenías con Pairo. Siento mucho tu pérdida.

Kurapika intentó decir algo, pero el nudo en la garganta aún permanecía ahí.

-Me gustaría poder decirte que todo mejorara a partir de ahora, pero eso sólo depende de ti. Puedes decidir guardarle luto a tu hermano y quedarte estancado o puedes seguir adelante con tu vida sin olvidar A aquellos a los que amas y lo que hubieran querido para ti- le sonrió el anciano con compasión- será difícil, pero así son las cosas.

Kurapika sintió de alguna forma que el anciano podía entender como se sentía.

-¿Usted...?

El hombre asintió y dijo :- mi hermana menor. Fue mi culpa que muriera, pero el daño ya estaba hecho. Ya no había nada que hacer. Así que decidí vivir su sueño por ambos. Esta tienda, es nuestro sueño.

Suspiro el hombre y después encontró el libro que buscaba:- si no es mucho pedir, ¿podrías llevarle este libro a mi hermano?

Kurapika asintió, y tomó el libro.

Para cuando salieron del pequeño negocio ya empezaba a oscurecer. Kurapika estaba tan inmerso en sus pensamientos que no notó cuando el pelinegro se había subido al coche negro, sin el.

-Bien, nos vemos mañana- dijo el pelinegro dejando a Kurapika en medio de la calle y arranco el automóvil.

Kurapika miro incrédulamente al auto:- al menos pudo llevarme a casa- susurro molesto.

Comenzó a caminar cuando el auto negro se detuvo.

-¿Vas a subir o no?

Kurapika lo miro molesto, sin embargo acepto.

Para cuando llegaron a casa de Kurapika, ya era de noche y casi no había nadie en las calles.

Kurapika bajo del automóvil, sin siquiera agradecerle a Kuroro.

-Pairo siempre hablaba de lo increíble que era su hermano mayor- dijo Kuroro bajando del coche y acercándose a Kurapika- pero nunca mencionó lo torpe y descuidado que era.

-¿eh?- Kurapika dijo molesto.

-Parece que tendré que cuidar de ti, por el- le dijo y a continuación le robó un beso. Kurapika quedo petrificado, sorprendido por lo que había hecho. Kuroro. Una vez que Kuroro lo soltó sólo dijo un "nos vemos" y se fue en su auto.

Kurapika miro con rabia al pelinegro, pensando en mil maneras horribles en las que desearía que Kuroro se muriera, pero en ese momento notó la presencia de alguien.

Cuando miro en dirección de la persona, esa persona era Leorio. La sangre de Kurapika se heló.

-¿Nos vio?- pensó, aunque en el fondo de su corazón ya conocía la respuesta.

Leorio no dijo nada y se fue en dirección a su casa, Kurapika corrió tras el.

-¡Espera Leorio!- dijo aferrandose a la chaqueta de él- no es lo que parece. Kuroro...

Pero Leorio interrumpió sus palabras con un beso mucho más pasional que el que le había dado Kuroro hace unos momentos. Kurapika no se resistió, sino que correspondió el beso con el mismo impetuo. Por supuesto Leorio se alegro de aquello.

Después de que rompió el beso, abrazo a Kurapika fuertemente.

-No necesito explicaciones, confió en ti Kurapika. No necesitas decir nada.

Kurapika se sintió aliviado, por un momento creyó que Kuroro había arruinado lo único que le importaba. Ya había perdido a Pairo, no quería perder a Leorio también.

Y sin embargo, las palabras de Kuroro aún rondaban en su cabeza, así como sus labios sobre los suyos...

Continuará...