VAMPIRE HETALIA

Eran las doce de la noche, Antonio, Ludwig, Gilbert, Alfred y el siempre ignorado Mathew estaban en la biblioteca de la escuela, a los cinco les había tocado hacer un trabajo, cabe destacar que todos ellos estudiaban la carrera de historia así que lo único en que diferían era en sus horarios de clase.

A pesar de que era tan tarde nadie parecía tener sueño, más bien parecía que el par de hermanos alemanes y el español estaban empeñados en seguir el caminar de las manecillas del reloj pues no dejaban de verlo cada vez que el minutero se movía.

-Oigan, no es por nada pero ¡podrían dejar de ver el reloj como zombies!- les regañó Alfred desesperado

-lo sentimos- dijeron al unisonó Antonio y Ludwig

-muérete yankee, tengo cosas importantes que hacer aparte de esta estúpida tarea de mierda, ¿Cómo es eso de tener que escribir cronológicamente toda la historia de Germania? Como si no supiera las raíces de mi propia tierra- dijo enfadado Gilbert.

-¿Qué cosas tienes que hacer en la madrugada?- preguntó curioso Antonio

-tengo una cita obviamente, no soy como ustedes bola de perdedores, sin ofender West- dijo dándole palmaditas en el hombro a su hermano que en ningún momento se sintió ofendido

-¿en serio? ¡yo también!- agregó alegre el español

-¿con el italiano ese?- preguntó Gilbert regresando a su buen humor y haciendo que Ludwig pusiera más atención en la respuesta que en su tarea

-si, hace algunos días lo he estado viendo más seguido, yo se que le gusto porque siempre que le robo un beso me lo corresponde, aunque al final termina golpeándome- dijo con su sonrisa amable de siempre

-¿lo has besado?- preguntó Ludwig sin poder contenerse a lo que Antonio solo asintió con la cabeza.

¿Sería acaso que Italia estaba viendo a Antonio y a él mismo al mismo tiempo? ¿Y porque se sentía como si su novia lo hubiera engañado? Italia y él no eran nada, solo amigos, además si quería estar con Antonio no había nada de malo (excepto por el hecho de que uno era vampiro y el otro humano)… entonces… ¿Por qué seguía sintiendo esa decepción?

-Entonces ustedes también conocen a esas personas extrañas con apodos de países- dijo Alfred dejando a un lado sus libros y cuadernos, ya se había resignado a no terminar el trabajo

Todos voltearon a verlo

-¿Por qué no invitan a sus "amigos" al bar al que a Matty le encanta ir?-

-oye yankee, debes dejar de inventarte amigos imaginarios, acepta que ese tal Matty no existe- le espetó Gilbert a lo que Mathew solo rodó los ojos.

-ya les dije que es mi hermano...- dijo inflando los cachetes

-como sea, acabas de mencionar un bar, ¿Cuál es? ¿Queda cerca de aquí?- preguntó de nuevo Antonio

-si, creo que por aquí dejé la tarjeta- se rebuscó entre los bolsillos de su chaqueta hasta que Mattew le extendió el papelito, Alfred le agradeció y se la mostró a sus compañeros

-Bar Galia- leyó Gilbert

-¿Crees que a Italia le guste?- preguntó el español también viendo la tarjeta

-yo creo que sí, hasta los clientes tienen apodos de países, creo que se conocen entre ellos- razonó Alfred, Gilbert sonrió, tal vez sería buena idea invitar al "señorito" después de todo siempre se veían en el salón de música, un cambio no caería mal

-¿quieres ir West?- preguntó el mayor entonces al rubio

-no gracias, sabes que esos lugares casi no me gustan- contestó con desgana, lo más seguro era que a Italia si le agradaran, le era muy fácil socializar, y tal vez si estaba con alguien tan extrovertido como Antonio se la pasaría bien… aunque le hubiera gustado poder platicar con el vampiro una noche más…

-bueno, está decidido, yo llevaré al señorito, Toño a su italiano y el yankee puede irse al carajo kesesese-

-no me voy a ir a ningún carajo Matt y yo también iremos, tengo que ver a una persona y creo que a mi hermano no le molestará ver de nuevo a ese cara de pervertido de Francia-

Mathew jaló un poco la manga de la chamarra de su hermano para llamar su atención, Alfred volteó a verlo

-¿a quién tienes que ver? Pensé que no te gustaba ese lugar- dijo en voz baja, después de todo estaban en una biblioteca aunque los únicos que estuvieran ahí fueran ellos

-a Inglaterra, la última vez que fuimos estaba como que enfermo, tuve que obligarlo a tomarse una medicina asquerosa y quiero saber cómo se siente, ¡ese el trabajo de un Hero!- dijo dándose un golpecito ligero en el pecho, su hermano solo le sonrió, sabía bien que Alfred era una buena persona aunque a veces eso de ser un héroe se le subía mucho a la cabeza.

Cuando dieron las dos de la mañana todos se fueron de la biblioteca no sin antes quedar de acuerdo a la hora y el lugar donde se verían para ir al famoso bar.

Aunque mientras que algunas se iban alegres y contentos, otros no lo estaban tanto.

Una tormenta azotaba la ciudad, los truenos iluminaban el manto nocturno y la lluvia se dejaba caer con violencia.

Italia Romano estaba sentado en la azotea de la mansión, estaba empapado pero no le importaba, el cabello mojado se le pegaba a la cara cubriéndole los ojos.

La lluvia le ayudaba a pensar y aclarar las ideas. Dio un suspiro largo, desde hacía algunos días no podía sacarse de la cabeza a cierto español, lo peor era que seguía viéndolo, en consecuencia estaba empezando a levantar sospechas entre los habitantes de la casa, lo único que lo consolaba era que su hermano y Austria siempre iban con él.

Romano continuaba hundido en sus pensamientos cuando la lluvia de pronto dejó de caer sobre él, alzó la vista encontrándose con un paraguas sostenido por su hermano

-sabía que te encontraría aquí- le dijo sonriente el menor

-¿Qué quieres?- preguntó molesto. Italia Veneciano se sentó a su lado cubriendo a los dos con el paraguas

-saber que tienes- contestó alegre. Hubo un largo silencio hasta que Romano se decidió a hablar

-soy un tonto, un completo idiota- dijo abrazando sus piernas y escondiendo la mitad de su cara entre ellas, su hermano no dijo nada, esperando que el otro continuara

-estoy haciendo algo incorrecto… a pesar de que se que no debo hacerlo… no puedo detenerme…-

-¿y tú crees que lo que haces está mal? Podemos estar atados a muchas reglas, pero si nosotros pensamos que no estamos haciendo nada malo entonces no tiene por qué ser así- contestó Italia Veneciano intentando convencerse de sus propias palabras.

-¿y si alguien saliera lastimado por mis acciones?- dijo Romano encarando a Veneciano que solo tomó su mano

-es el riesgo que corremos, además cuando quieres a alguien no tiene porque salir lastimado- Romano abrió muchos los ojos

-¿po… porque piensas que qui… quiero a alguien?- preguntó nervioso a lo que Italia solo sonrió apretando más fuerte su mano

-porque te conozco mejor que nadie en el mundo- el otro solo frunció el seño como un niño pequeño

-yo solo quiero a una persona- dijo el mayor desviando la mirada sin soltar la mano de su hermano

-fratello yo también te quiero- y se enganchó del brazo de Romano dejando caer el paraguas, ya no importaba si se mojaba.

-te lo prometí…-

-si… siempre juntos…- un ráfaga de viento hizo que el paraguas volara lejos y que Italia Veneciano se aferrara más fuerte al brazo de su hermano, sintiendo que si no lo tomaba con fuerza este se iría junto con el viento. Después de trescientos años sus vidas estaban tomando rumbos muy complicados, pero quería imaginar que la promesa de hace siglos seguía inquebrantable… ambos querían pensar eso.

Y bueno mientras que algunos se deprimían otros se apresuraban a arreglarse para una noche de fiesta y sorpresas.

-¿Estás seguro que no quieres ir con nosotros?- preguntó por decima vez Gilbert mientras se miraba al espejo con poses de modelo

-hermano si vuelves a preguntármelo te juro que te aviento la computadora en la cara- respondió molesto Ludwig que trabajaba en un proyecto de la escuela en su computadora portátil

-oye, solo me preocupo por ti y tu inexistente vida social- dijo el peliblanco sin despegar la vista de su reflejo a lo que su hermano solo lo miró con reproche regresando la atención a su tarea, aunque en realidad no se podía concentrar pues el pensamiento de Italia saliendo con Antonio no lo dejaba en paz.

-bueno hermanito, pórtate bien y si te vas a portar mal me invitas, nos vemos en la madrugada- y salió de la habitación. Cuando Ludwig escuchó que su hermano ya había salido, dio un resoplido, y se puso las manos en la cabeza

-ya basta… no me puedo pasar la vida pensando en él…- dijo en voz alta para intentar convencerse

-¿pensando en quién?- inquirió una voz extra, una voz infantil, chillona y vampírica…

-¡Italia!- dijo Ludwig sobresaltándose al ver al italiano que estaba sentado en el marco de la ventana

-ve~ hola- saludó el otro con su típica sonrisita tonta

-¿Qué haces aquí?- preguntó cerrando su laptop y alisándose la ropa y el cabello, no se había preocupado mucho por su aspecto personal dado que pensó que el otro saldría con el español

-vine a visitarte ¿vengo en mal momento?- preguntó Italia al fin entrando al cuarto y tirándose con toda confianza en la cama de Ludwig

-no, claro que no… es solo que pensé que saldrías con… alguien más- no quería decir el nombre de Antonio, que tal si Italia quería mantenerlo en secreto

-mmmmmmmm…- Veneciano se rascó al mejilla pensando en posibles personas con las cuales hubiera podido salir, pero no se le ocurrió ninguna –pues no, por eso aquí estoy- respondió al fin sonriente

Ludwig sintió como un enorme peso se quitaba de sus hombros y esbozo una ligera sonrisa. Ambos se quedaron en silencio, no estaban incómodos, al contrario era muy confortable. Italia miró con atención a su amigo, y se perdió en sus ojos celestes un momento.

Ya llevaba un tiempo pensando que lo único que hacía diferente a Ludwig de "aquella persona" eran sus ojos; por una parte el alemán tenía unos ojos claros y pequeños, serios pero profundos… y los del otro muchacho eran grandes, de un azul obscuro como la noche y siempre miraban tímidos a todos lados… tal vez después de todo eran personas diferentes e Italia solo se estaba aferrando a una tonta y desesperada fantasía.

-Ludwig- llamó Italia

-dime- el rubio estaba comenzando a acostumbrarse a las frecuentes preguntas del vampiro, para haber vivido tantos años parecía que aún le quedaban muchas cosas por aprender, ese era uno de los detalles que hacían al castaño tan interesante

-¿tú crees que se puede querer a dos personas al mismo tiempo?- una vez más la carga del alemán regresó ¿Acaso Italia estaba hablando de Antonio y él? Entonces… ¿Italia también lo quería a él? ¡¿Qué debía hacer en un momento así! ¿Qué responder? ¿Por qué estaba tan nervioso? ¿Por qué el corazón le latía tan rápido? ¿Por qué Italia lo estaba mirando con esos ojos de borrego? Lo estaba desarmando completamente

-no sé- ¡que idiota! debió haberle respondido que solo se podía querer a una persona a la vez, y esperaba que esa persona no fuera el español mujeriego.

Italia se sentó en flor de loto en la cama mientras agarraba sus tobillos

-me siento mal- dijo Italia entonces –me siento mal porque quiero a dos personas al mismo tiempo… una de ellas ya no está aquí pero la otra sí y siento que si sigo con la segunda estaría traicionando a la primera ¿Qué puedo hacer?- preguntó ladeando ligeramente su cabeza dejando escapar una pequeña gota de sangre de sus ojos almendrados.

Ludwig se sentó a su lado y con su dedo índice limpió la supuesta lágrima, ya tampoco le sorprendía ver a Italia llorar sangre, porque Italia lloraba por todo.

-yo pienso que si esa primera persona te quiere o te quiso tanto como tú a ella lo único que le importa es que seas feliz así sea con alguien más… mientras no pierdas tu sonrisa- una vez más las palabras habían salido de su boca sin quererlo, era como si otra persona estuviera usando su voz para hablar, pero su cuerpo no ponía resistencia.

Veneciano creyó haber escuchado por un momento un acento diferente al que Ludwig acostumbraba, sacudió la cabeza sacándose el disparatado pensamiento y volvió a sonreír.

-creo que tienes razón- Ludwig le regaló una ligera sonrisa, después el chico puso cara de sufrimiento

-ve~ tengo hambre. Se quejó abrazando su estomago, Ludwig miró a todos lados

-ah… creo que no tengo nada de comer, mi hermano no ha hecho las compras y…- se detuvo al recordar un pequeño pero importante detalle –creo que la comida no te servirá de nada- dijo viendo como el otro sonreía como si se estuviera disculpando

Ambos se quedaron pensando un momento en cómo resolver el problemilla

-si quieres puedes beber de mi- dijo al fin Ludwig arremangándose la camisa dejando ver su brazo

-¿seguro?- preguntó el otro al parecer afligido

-mientras no me dejes sin una gota supongo que todo estará bien-

Veneciano asintió con la cabeza, tomó el brazo del rubio pero apenas sus labios rozaron con la piel del alemán se detuvo. Miró a su amigo y después se sentó sobre las piernas del germano de frente a él

-q… ¿Qué pasa?- preguntó asustado y sonrojado por el repentino cambio de posición

-si sale de aquí tiene un mejor sabor- y dirigió su boca hasta el cuello del otro, lamió con delicadeza haciendo que el otro se estremeciera un poco y su sonrojo se intensificara, después clavó sus colmillos comenzando a beber.

Aunque Italia no era propenso a mentir, esa vez lo hizo, no era verdad eso que del cuello la sangre tenía un mejor sabor, al contrario, tenía el mismo sabor la bebieses por donde la bebieses, pero aquella posición era un buen pretexto para abrazar a Ludwig.

Italia se enganchaba al cuello de su amigo mientras seguía saboreando su sangre, y sin darse cuenta el alemán había rodeado con sus brazos la cintura del italiano acercándolo más a él.

Para Veneciano era increíble el sabor de la sangre de Ludwig, seguía igual que la primera vez: deliciosa y adictiva. Ludwig le dio unas palmaditas al otro indicándole que ya estaba comenzando a marearse, Italia muy en contra de su voluntad se separó sin cambiar su posición. Se miraron, Italia lamió con sensualidad (aunque sin darse cuenta) un pequeño hilillo de sangre que había quedado cerca de la comisura de su boca. Podía sentir el pecho de Ludwig que subía y bajaba en un respiración agitada, igual que su corazón palpitaba con prisa, el rubio pasó una mano por la mejilla helada del vampiro y la bajó hasta su nuca deteniéndose para acercar al otro más hacia su rostro, podía sentir un ligero olor metálico saliendo de la boca del vampiro pero no le importó, sus narices rozaron provocándole un pequeño escalofrío gracias a la baja temperatura del cuerpo italiano.

Un fugaz recuerdo pasó por la mente de Veneciano, un recuerdo de un castigo que fue concedido a una persona por haber cometido el mismo pecado que él estaba a punto de cometer. Se separó rápidamente de Ludwig echándose para atrás

-perdóname- dijo con las lagrimas amenazando con salir

Ludwig dedujo que esa reacción se debía su dilema con Antonio así que intentó no sentirse mal

-no te preocupes, entiendo- dijo en un tono de desilusión.

Italia no quería ser castigado, y no quería que le pasara nada malo a Ludwig ¿Cómo pudo aprender a quererlo en tan poco tiempo?

Entre gimoteos logró tranquilizarse un poco, se levantó de la cama

-voy por agua, tienes que reponer la sangre que me diste- dijo con su intento de sonrisa boba mientras daba saltitos al refrigerador, pero en su camino se topó con la tarjeta del bar que Gilbert había dejado ahí.

-Ludwig ¿Quieres salir un rato?- preguntó a lo que el alemán lo miró extrañado, Italia tomó la tarjeta entre sus dedos índice y anular mientras guiñaba un ojo

-conozco al dueño así que no creo que se enoje por invitarte- Ludwig no parecía muy entusiasmado sobre todo por el hecho de que Antonio estaba en ese lugar, pero tampoco se podía resistir a la sonrisa soñadora de Italia y sus planes de verse con su "hermanito" Francia.

Aunque algunos otros no estaban tan felices por la idea.

Antonio, Romano, Gilbert, Austria, Alfred y Mathew miraban atentos la puerta principal de cierto bar.

Los mortales habían decidido no decirles a sus respectivas citas a dónde irían así que cuando ambos inmortales vieron las letras neón del lugar no pudieron más que levantar una ceja

-no puede ser- dijo Romano sintiendo unas ganas increíbles de largarse corriendo muy lejos de ese agujero de vicio y perdición

-si, si puede ser- le contradijo Austria acomodándose los lentes y levantando el cuello de su gabardina tratando de esconder lo mejor posible su rostro antes de entrar.

-bueno, este lugar parece tener un buen ambiente, entremos rápido, mi trasero se congela- dijo Gilbert tomando de la muñeca a Austria que caminaba lo más lento posible aun en contra de los jaloneos de Gilbert

-vamos- coincidió Antonio empezando a caminar y unos metros detrás Romano que al igual que Austria buscaba donde esconder su cara. Alfred y Mathew encabezaban el grupo.

Entraron al elegante bar que rebosaba en decorados de estilo barroco. Los vampiros que se encontraban bebiendo y bromeando entre ellos, guardaron silencio al notar la presencia de los humanos, algunos empezaron a cuchichear mientras que otros caminaban a un lado de los recién llegados mientras los miraban fijamente

-¿Qué les pasa?- preguntó Gilbert molesto y en voz baja

-siempre hacen lo mismo cuando nos ven llegar- dijo Alfred también bajando la voz

-Mathew mon amour- dijo entonces una voz con acento francés

-Francia, buenas noches- saludó alegre y más tranquilo Matt

-veo que trajiste visitas- dijo Francia repasando con la mirada a los nuevos clientes

-¿y ustedes son…?-

-Gilbert- respondió el alemán poniéndose derecho y levantando el mentón un poco más

-Antonio, mucho gusto- se presentó el español siempre de buen humor.

-el gusto es mío, soy Francia- hizo una pequeña pero exagerada caravana, Gilbert y Antonio voltearon a verse mientras se encogían de hombros

-ah y ellos son…- comenzó a decir Mathew pero se detuvo al no ver a los acompañantes de sus amigos ya que estos dos estaban caminando sigilosamente hasta la puerta

-¡no me lo puedo creer!- dijo entonces Francia soltando una risita elegante –pero si son Austria e Italia Romano- dijo finalmente Francia provocando que los mencionados se detuvieran en seco; los dos se voltearon lentamente a la vez que Francia se acercaba a ellos con los brazos abiertos

-siguen tan guapos como la ultima vez- dijo intentando darles un beso en la mejilla pero los dos se hicieron a un lado evitando cualquier tipo de contacto con el galo.

-¿Se conocen?- preguntó entonces Antonio

-por desgracia- respondieron al unísono el austriaco y el italiano

-que crueles son, ¿Cómo no han hablado de mi con sus… amigos? si hace taaaaaaaaaanto que nos conocemos- dijo pasando un brazo por los hombros de los otros dos

-¿a que son una monada?- preguntó entonces Francia a Gilbert y Antonio

-seeeeeee- respondieron con caras embelesadas los otros dos

-¡suéltame pervertido de mierda!- le espetó Romano quitando con desprecio el brazo de Francia, Austria hizo lo mismo pero con menos escándalo

-Romano, Romano, Romano, no sé porque no has estado en mi cama aun, si eres una pequeña fierecilla, tan diferente a tú hermanito- dijo Francia seductor, después se dirigió a España –si algún día tienes sexo con él vas a ser muy afortunado- España solo sonrió ganándose así un golpe de parte del italiano

-y tú Austria ¿aun eres un aburrido aristócrata?- preguntó viendo con menos afecto al castaño que no respondió –lástima que te veas tan terriblemente sexy cuando tocas el piano-

-en eso tienes razón- se agregó Gilbert y Francia y él rieron de manera cómplice haciendo que Austria solo frunciera el seño ofendido.

El grupo se dirigió al lugar ya acostumbrado por Francia, mientras que Alfred se quedó algo rezagado llamando así la atención de Mathew que había intentado ignorar los comentarios de Francia.

-¿a quién buscas?- preguntó el menor de los gemelos viendo como su hermano miraba a todos lados sin decir palabra alguna

-a nadie…- contestó con desgana.

Cuando ya todos estuvieron sentados Francia, Antonio y Gilbert se hicieron amigos al instante, como si se conocieran de años atrás, bromeaban y compartían experiencias, los tres tenían una muy buena química.

-Dios mío que alguien me saque de aquí- imploró Italia Romano dándose de topes en la mesa con la frente

-Romano no hagas eso o te vas a lastimar- le dijo Antonio levándole un poco el flequillo y dándole un ligero beso en la parte afectada, Romano solo frunció el seño

-espero no se te estén pegando las mañas de ese pervertido- le recriminó el italiano dándole un empujón al español

-buenas noches- dijo un voz extra. Era Inglaterra que miraba a todos con una pequeña arruga en su entrecejo, era obvio que tantos desconocidos juntos no le agradaban

-¡hola!- saludó entonces entusiasta Alfred, haciendo que Inglaterra se pusiera algo nervioso y desviara la mirada, detalle que Francia no pasó por alto

-mis queridos amigos, él es Inglaterra, Inglaterra ellos son compañeros de la escuela de Mathew y mis nuevos camaradas: Gilbert y Antonio- Inglaterra solo inclinó la cabeza ligeramente a modo de saludo, para después ver con reproche a Romano y Austria

-ustedes tres- dijo señalando a los tres no-muertos contando a Francia –van a estar en graves problemas si alguien se entera de esto- Austria y Romano no dijeron nada, estaban más que conscientes de eso, pero Francia como era su costumbre solo soltó una risa burlona

-querrás decir nosotros cuatro- y envió una mirada rápida hacia donde estaba Alfred que sonreía como tonto.

Los humanos solo se mantuvieron en silencio, no entendían nada acerca de esa conversación.

-voy por algo de beber, tanta gente me asfixia- dijo Inglaterra alejándose, Alfred se levantó con prisa siguiendo al ingles

-England wait…- lo malo es que había demasiadas personas paradas y bailando que lo empujaban y le estorbaban así que por maldad de algún cliente lo hicieron tropezar provocando que sus lentes salieran volando

-maldición, mis lentes, mis lentes- repetía palpando el piso pues veía todo borroso, pronto sus manos chocaron con un par de botas

-¿estos son tuyos?- dijo una voz con un tono infantil, Alfred intentó divisar a quien le hablaba pero no podía, así que con torpeza se levantó y tomó sus lentes de la mano enguantada que se los ofrecía. Por alguna extraña razón el lugar se había quedado en un silencio sepulcral.

El americano se puso sus anteojos y lo primero que vio fue el pecho de alguien que usaba un largo abrigo, alzó un poco la cabeza para toparse con un tipo rubio con una bufanda que le sonreía de manera amable

-gracias- dijo el americano sin su estridente tono. El más alto abrió los ojos dejando ver unas orbes violetas que tenían un brillo extraño

-tú no eres de aquí- le afirmó, Alfred negó con la cabeza

-no, yo vengo de Estados Unidos- el otro ensanchó su ya de por si extraña sonrisa

-no me refería a eso- con una sola mano rodeó el cuello del americano cortándole el oxigeno en cuestión de segundos –eres humano y los humanos no son bienvenidos entre nosotros- dijo alzando al otro dejándolo en puntillas.

Alfred intentaba soltarse pero ese tipo era demasiado fuerte. Nadie a su alrededor estaba haciendo nada, se estaba ahogando y nadie parecía querer ayudarle…

-¡suéltalo!- reconoció la voz de Inglaterra

-¿Y tú quien eres para darme ordenes?- respondió el ojivioleta sin soltar a Alfred que comenzaba a ponerse azul

-te dije que lo sueltes- dijo en voz pausada Inglaterra acercándosele al ruso con pasos largos y pesados

Gilbert y Antonio que no estaban muy lejos de ahí solo observaban impotentes, Austria había logrado mantener a Gilbert a raya con su anormal fuerza al igual que Romano a Antonio mientras que Francia solo observaba desinteresado, era obvio que Inglaterra no iba a poder contra Rusia, pero sería interesante ver su patético intento o eso pensaba hacer hasta que…

-Francia ayúdalo por favor- pidió Mathew tomando la mano del francés. Sus ojos suplicantes atravesaron la dura coraza que Francia había logrado forjarse desde hacía mucho tiempo.

-no lo voy a repetir- le espetó Inglaterra mostrando sus colmillos de manera agresiva

-no es necesario que lo hagas - respondió Rusia acercando al humano hacía él, agachó un poco su cabeza para poder estar a la altura del cuello del ojiazul y empezó a clavar sus colmillos dejando escapar unas pequeñísimas gotas de sangre

-¡Rusia!- llamó entonces con una voz firme y seria Francia, todos los presentes hicieron paso al dueño, el ruso levantó la vista

-te recuerdo que estás en mi bar así que hazme el favor de dejar al muchacho en paz- Rusia aflojó el agarre pero sin soltar al chico que estaba viendo todo negro sin perder completamente el conocimiento

-eso ya lo sé, por eso vine a tomar algo- dijo regresando su atención al cuello ligeramente sangrante del americano

-no me provoques Rusia- le advirtió Francia, el ruso sonrió de manera hipócrita y aventó a Alfred hacia la pared como si se tratara de un muñeco de trapo, aunque Inglaterra logró atraparlo para amortiguar el golpe

-esto te costará caro Francia- dijo sin perder el tono alegre en su voz

-espero que esa no sea una amenaza, no te conviene liarte con alguien más antiguo que tú, y la advertencia va para todos- dijo levantando un poco más la voz

-no lo decía por mí- Rusia metió una mano al bolsillo interno de su abrigo, sacó un sobre de color azul marino sellado con cera roja.

-es para ti, creo que se confundieron de remitente- le entregó el sobre y dio media vuelta para irse.

Todos guardaron silencio hasta que el rubio salió, cuando escucharon la puerta del bar cerrarse Francia se desplomó en el piso

-Mon Dieu ese maldito de Rusia como me da miedo- dijo poniéndose una mano en la frente –no puedo creer que sea más joven que yo, es un verdadero desgraciado- dijo intentando recuperarse del pánico que había intentado reprimir.

Mathew corrió a ver como estaba su hermano que estaba en el regazo de Inglaterra tosía y se agarraba la garganta con un gesto adolorido, Gilbert y Antonio fueron a ver a Francia que se abanicaba con la mano mientras que Austria y Romano solo se quedaron en el mismo lugar

-¡Estamos jodidos! ¡Totalmente jodidos!- Se quejaba Romano al borde de la histeria

-obviamente lo estamos, Rusia nos vio con los humanos…- corroboró Austria manteniendo la calma

-no… ahora si estamos realmente jodidos- dijo Francia captando la atención de Inglaterra, Austria y Romano. El galo tenía en las manos el sobre abierto y acababa de leer la carta

-¿Por qué lo dices?- preguntó Austria

-los Nórdicos… van a venir…- dijo desmayándose completamente.

Polonia veía divertido la escena desde una esquina de la barra mientras jugaba con el popote de su vaso de sangre

-ósea ¿Quién es como que completamente fabuloso? Obviamente yo- y otra risa traviesa salió de sus labios.

/

Wii me encantó escribir este capítulo, sobre todo porque puse a Francia machín ja ja ja y porque también Francia es uno de los países más antiguos de Europa, aun más que Rusia mientras que Inglaterra y Rusia ahí se llevan de edad, pero bueno, ya pronto aparecerán los nórdicos y alguien más. Gracias por estar leyendo me animan mucho y espero sigan haciéndolo