Quaithe de Asshai la había ayudado mucho. Era ingenuo haber pretendido elegir quien llevaría sus dragones, ellos tenían las cosas suficientemente claras. Tras haber carbonizado a su marido y su amante, Daenerys se había convencido para dejarles elegir. La mujer enmascarada hablado claro, sólo las mujeres más fuertes de los Siete Reinos serían capaces de doblegar a sus bestias. También le había dicho quienes eran y cómo encontrarlas, aunque no fue fácil. La primera se encontraba en Bravoos, y la magia del lugar y su gente eran tan impenetrables que pasaron meses sin poder localizarla. Una vez encontrada, Rhaegal se acercó hacia ella, dejando que le acariciase el cuello. Daenerys supo entonces que sólo iba a poder conquistar su trono con la ayuda de las dos elegidas. Aunque la que había encontrado era apenas una niña y la otra se encontraba a miles de millas de distancia, en las Islas del Verano, la búsqueda merecía la pena.

Atravesadas las aguas, tras viajar y viajar por los mares, llegaron a las malditas islas, donde poco le costó dar con la joven. En el puerto rápidamente le informaron sobre la mujer que combatía contra todo hombre que tuviera valor, y que debería haber amasado una gran fortuna ya que, en las apuestas, pocos se atrevían apostar a su favor por su condición femenina. Sin embargo, nadie la había visto perder jamás.

La casa donde la enviaron era modesta. Se encontraba al lado de un acantilado, blanca, azul, pequeña, con un pequeño huerto posterior, pero con unas vistas increíbles. Daenerys que había visto todas las maravillas imaginables pensó que podría ser feliz viendo aquello todos y cada uno de los días de su vida. Llamaron a la puerta, pero la joven tardó en salir.

-Buenos días, ¿qué desean?.

Daenerys agradeció haber ido acompañada. La mujer parecía agradable, el tono era cortés, pero acariciaba una enorme espada en su cadera. Además su altura era impresionante, prácticamente debía medir lo mismo que Khal Drogo, su sol y sus estrellas, aunque cada vez le costaba más recordarlo.

-¿Sois Eneria Del Sol?

-Si, y vos…

-Soy Daenerys de la Tormenta, la Primera de su nombre, Reina de Meereen, Reina de los ándalos, los rhoynar y los primeros hombres, Señora de los Siete Reinos, Protectora del Reino, Khaleesi del Gran Mar de Hierba, La que No Arde, Madre de Dragones.

Reconoció el miedo en sus ojos. Salió de la casa y fue a cerrar la puerta tras de sí.

-¿Qué pasa?-La voz masculina surgió de dentro.

-Nada, sigue con las manzanas, ahora vuelvo. -Cerró la puerta tras de sí.-Quizá deberíamos hablar en otro sitio, no sé qué desea de mi, mi señora, pero creo que no os puedo ofrecer mucho.

-¿Podríamos pasar? Llevamos un largo viaje y…

-Lo siento, no tengo…no hay espacio…Puedo acompañaros a la posada, hablaremos allí y…

-Es importante, y no es algo que se pueda hablar en una posada.

-Hablemos aquí, pues.

-¡Este no es modo de tratar a su reina!-Las voces surgieron de entre sus hombres, a Daenerys tampoco le estaba gustando el trato, pero la necesitaba, quizá más de lo que había necesitado a nadie, y tenía que hablar con cuidado.

-Entonces hablaré rápido. Os necesito para recuperar mi trono. No os puedo decir por qué aún, ni en este lugar, pero necesito que me sirváis.

La enorme mujer parecía asustada, terriblemente asustada -Mi marido…perdió una mano. Me necesita, gano dinero en las apuestas y es lo que nos mantiene a ambos.

-Si me ayudáis os garantizo el bienestar de vuestro esposo, no le faltará…

Ni siquiera le dejó terminar la frase -¿Si juro ayudaros, juráis proteger a mi marido? ¿Juráis por vuestro nombre que nada malo le ocurrirá, que será protegido por vos y vuestros hombres?-Sus palabras salían rápidas, con urgencia. Sus ojos y su voz parecían desesperados. Reconocía el amor en sus palabras, ese amor único que ella había experimentado hace mucho, mucho tiempo, y quiso tranquilizarla.

-Os juro por mi honor, palabra de vuestra Reina, que nada malo le ocurrirá a su esposo. Será protegido durante la guerra, y después de ella, no le faltará nada y no dejaré que nadie le dañe.

-Entonces juro serviros, por mi honor, por mi espada, os serviré en aquello que necesitéis.

-Eneria, ¿qué ocurre?- Un hombre terriblemente apuesto apareció por la puerta. Efectivamente le faltaba una mano, pero aún sin ella podría ser el hombre más atractivo que había visto jamás. Despreocupado, cogió a su mujer por la cintura y, de repente palideció.

-¿Aria Stark?-La niña estaba quieta, muda. Su rostro tenso y rígido ahogaba un grito hasta que sus labios reaccionaron al fin.

-¡Es Jaime Lannister!¡Lo juro por los siete, es Jaime Lannister, el Matarreyes!