Loki: Espía de Asgardia.
Misión: #Sigyn.
Capítulo. 4
-¡NO!- gritó Sigyn alarmada cuando Hela acortó su distancia. Poniéndose finalmente de pie y encarándola -¡Aléjate de mí! Nada de lo que dices es cierto…no puede ser cierto- susurró desconcertada.
-Es absolutamente cierto y será mejor que guardes silencio ahora y prestes clara atención a lo que voy a ordenarte, lo haremos por las buenas o…lo haremos por las malas
La reina extendió su brazo y de la palma de su mano broto energía. Formando en el vacío lo que parecía un agujero negro y del mismo, sonidos que simulaban gritos y sollozos abismales.
Sigyn, espantada, calló y tomo asiento en su cama de nuevo. No quería ni siquiera pensar qué sería de ella si hacía enfadar a la diosa.
-Excelente…-Hela sonrió. La vanir era una criatura manejable después de todo, y por mucho que pretendiera revelarse en momentos.
-¿Qué vas a hacer conmigo?-Preguntó Sigyn temerosa, bajando la vista.
-Buena pregunta- Dijo Hela al parase frente a ella- Veras, "Sigyn", es muy sencillo. Cuando te otorgue el favor de la reencarnación, te cedí ochenta y cinco años de vida midgardiana, los cuales me costaron la energía de unas 5 mil almas de Helheim. Necesito esa cantidad de almas para alimentar mi reino o éste colapsará. Fue un acto muy generoso de mi parte darte una segunda oportunidad para que resolvieras tus asuntos pendientes como tanto me rogaste, lo admito- mintió descaradamente. A fin de cuentas, era hija del mayor mentiroso de los nueve mundos-… pero el poder de mi reino se debilitó a consecuencia de esto. ¿Sabes que sucede si Helheim continúa en ese estado? Las vías que conducen a Hel a través de todo Yggdrasil se cierran y… ¡Catástrofe antinatural! La gente dejaría de morir y las tierras de todos los reinos se sobrepoblarían, causando escases de recursos, alimentos y espacio. Produciendo a su vez guerras interminables, posiblemente en todo Yggdrasil. Locura, caos y sobre todo, sufrimiento eterno. No es algo que me importe mucho, la verdad- se encogió de hombros- pero por desgracia si Helheim cae, yo también y no queremos eso, ¿cierto? – La reina le puso su mejor cara dura e inexpresiva. Sigyn asintió. Todo aquello sonaba horrible.- Es por eso que vine personalmente a buscarte. Querías vida, te la di. Ahora necesito almas, tú me las darás. Tómalo como una deuda a saldar.
-¿Qué…? No…-Sigyn estaba pálida y podía jurar que comenzó a sudar frío. Si la idea de un futuro infernal le causaba turbación, aquello que Hela le estaba pidiendo/ ordenando casi la mata de la impresión.- ¡Yo no puedo hacer eso!- dijo agitada- No puedes pedirme hacer eso…yo…no mataría personas.- termino en voz baja para sí misma. – No sería capaz.
-No tienes opción.- insistió la reina- Ninguna de las dos tienes.- Sigyn la miro a los ojos con miedo.- No podría darte ni un día más de vida ni aunque quisiera si no tengo almas para repetir el hechizo, ni tampoco puedo tener mi reino desolado por puro capricho tuyo– Trataba de persuadirla pero la chica no se decidía entre qué hacer. Esa era la Sigrunn que conocía: insegura, temerosa pero manejable. –Antes me haz jurado que tu regreso traería un propósito glorioso y hasta ahora no he visto nada de eso. ¿Debo pensar que me has engañado? ¿Qué acaso no deseas vivir y que no existe tal cosa que haz dicho? – La vanir se encogio de dolor al escucharla decir todo eso. No sabía si era verdad o mentira pero se le notaba en su rostro la duda y el temor.
Sigyn pensaba en la respuesta en silencio, confundida, llena de miedo. ¿Quería vivir? Claro que quería, a pesar de no saber quién era y de dónde provenía. A pesar de recién descubrir que aquella no era su vida ni su cuerpo, deseaba vivir más….deseaba saber más. En el fondo, creía saberlo pero necesitaba más tiempo para averiguarlo y Hela no les estaba dando más opción que aquella. Era egoísta el hecho de quitarles la vida a unos cuantos miles para subsistir pero presentía algo importante y bueno de todo aquello y no debía desaprovecharlo, aunque tuvieran que hacer un pequeño sacrificio. ¿Qué acaso Hela no le había dado una segunda oportunidad para eso precisamente?
-Yo…acepto- susurro, con la mirada baja y triste, derrotada, sin más remedio que aceptar.
-¿Qué dijiste?-Los ojos verdes de Hela brillaron al escucharla. Le había costado tanto tiempo y habilidad convencerla que casi creía toda la misión fallada.
-¡Que acepto tu trato, Reina de Hel!- Pues si de verdad existía tal propósito y ese era su destino no lo perdería por segunda vez. Iba a descubrirlo. En un arrebato de valentía, Sigyn le extendió la mano para finalizar el acuerdo.- Recuperaré tus almas y a cambio alargaras con un hechizo más vida para mí.
-Eso me parece justo, lady Sigyn. –sonrió gustosa Hela, con cierto brillo malicioso en su mirada. Toda había resultado. Pronto su misión con Sigyn daría frutos.
La reina estrecho su mano y al hacerlo la energía que solía expulsar de éstas para hacer magia se prendió de la mano de Sigyn, quien dio un respingo de la sorpresa al sentir el cosquilleo de la magia de Hela entre sus dedos. Para luego soltar un grito de dolor, cerró los ojos por un segundo y al abrirlos nuevamente lo que vio la hizo espantarse y gritar aún más fuerte. Observo con horror cómo de sus dedos y brazo su carne se desprendía, dejándolo en huesos.
-¿Qué…?- apenas logró pronunciar. Estaba en shock.
Lentamente y sintiendo el agonizante poder mortífero de Hela apoderarse de ella, miro a la diosa por última vez, quién riendo triunfal y ufanamente tomada de la mano ya huesuda de Sigyn se envolvía a sí misma en un espiral de fuego verdoso hasta desaparecer.
Sigyn cayó pesadamente de lado en medio de su destrozada y oscura habitación. Sosteniendo su brazo que volvió a ser normal por el hombro al no poder moverlo.
Se mantuvo así por un rato esperando a que alguna cosa sucediera. Pero no pasó nada, incluso parecía que todo seguía normal abajo en la fiesta y que todo había sido un sueño, pero no, se sentía cansada, realmente exhausta. Fue real todo. Trato de ponerse de pie de nuevo y sin poder evitarlo, se vino abajo en un fuerte desmayo que la dejó inconsciente de inmediato.
Cierto tiempo después…
…Porqué el tiempo se vuelve relativo y tedioso cuando es eterno.
Muy cerca de las fronteras asgardianas.
La vida era un suspiro. Terminaba casi tan rápido como empezaba. No permitía a nadie disfrutarla ni conocerla como era debido. Se complementaba de sufrimiento y de felicidad, ambos monstruos atados de la mano y luchando por predominar, arañando, golpeando, dando de sorpresa y el corto tiempo de dicha existencia era de ellos y la única forma de liberarse de ese castigo, la única salvación, llegaba con La Muerte.
La Muerte se paseaba por todos los reinos, en la oscuridad y el frío, entre túneles mágicos y secretos que su inmenso poder y la experiencia le ofrecían. Con su mano huesuda tocaba la vida y la extinguía al instante, sin importarle que su némesis "vida" luchara por permanecer aun si no tenía ningún verdadero motivo para hacerlo. En cambio, La Muerte, disfrazada de una hermosa mujer de largo cabello oscuro, creía tener un propósito y buscaba la manera de descubrirlo.
Sigyn, bajo aquel seudónimo de "La Muerte", viajaba entre los mundos cumpliendo con su misión y buscando pistas de su turbio pasado, sin conseguir nada de este último. Poco importaba, tenía la eternidad para hallarlo por eso ya no se preocupaba.
Y precisamente eso, la eternidad, había tenido sobre ella el efecto contrario al que se cree cuando se desea y se imagina una vida inmortal. Con todos sus viajes y sus huellas por donde pasara, se le había distorsionado la noción del tiempo y ya no recordaba cuanto había pasado desde que huyo de su casa en Vanaheim aquella noche que Hela apareció y le dio un giro a su destino. Y poco importaba, ya nada tenía valor para ella.
No era del todo su culpa. Con tanto poder que ahora poseía y tantos conocimientos que había adquirido, todo, la vida misma y la eternidad, se le antojaban aburridas y sin sentido. Era como una especie de maldición, o tal vez ironía, que al ser la encargada de quitar la vida careciera de una.
A veces se preguntaba de qué servía hacer todo aquello si había perdido su valor. Se lo preguntaba muy pocas veces, casi nunca, si era sincera consigo misma. Porque muy a su pesar, admitía que hacerlo le daba algunos privilegios y ventajas y de vez en cuando tesoros también.
No hace mucho, llego a su cabeza una idea. Y ya que las ansias de más poder, al igual que la codicia, crecían, se preguntó por las benditas almas que iban hacia el Valhalla y qué sucedería si robaba unas miles para ella. Si dicha pureza de las almas doradas de los dioses le otorgarían poderes y sus tierras. Sí así era, tal vez conseguiría el don del conocimiento o la clarividencia que falta le hacían para esclarecer su pasado y de paso la dominación de su reino. No sería fácil y eso la animaba, ya que lo predecible le aborrecía y ya estaba acostumbrada a ello. Tal vez funcionaría. Nada tenía que perder aunque sí, mucho que ganar si resultaba.
Y con ese pensamiento en mente, se dirigió rumbo a Asgard.
