Capítulo 4
DECISIONES DOLOROSAS.
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— Bien, entonces, ¿qué haremos? — preguntó Archie, estaba sentado en un sofá en la sala principal de la casa de la tía abuela, tenía la cabeza gacha y se mecía su cabello con las manos.
— La tía abuela no está en condiciones optimas para viajar, tuvo una descompensación en la presión arterial, lo mejor para ella es el descanso.
Archie miró a Candy alzando ligeramente la cabeza, ella estaba parada junto a la ventana viendo hacia el exterior, según lo informado en el telegrama, se pedía que pasaran a recoger al soldado Alistir Cornwell Andley al Hospital Monte Sinaí en la ciudad de Nueva York, pero era indispensable que se presentaran familiares directos para poder hacer los trámites correspondientes al traslado.
— Debo ir por él, haré los preparativos ahora mismo para salir, Candy, necesito que me acompañes.
Annie clavó sus ojos directamente en Archie, no creyó haber escuchado bien, no podía estarle pidiendo a Candy que lo acompañara, eso implicaba que pasarían varios días juntos y solos.
— Archie — dijo Candy con un titubeo — sería mejor que te acompañara Annie.
— Eso sería tan inapropiado, no puedo viajar sólo con mi novia, se prestaría a interpretaciones incorrectas — contestó Archie levantándose mientras que con un movimiento elegante se abrochaba los botones de su chaqueta — tú eres mi prima, no habría ningún inconveniente en eso.
— Prefiero ir yo Archie, además, Candy tiene trabajo — Annie estaba a la defensiva y le había arrebatado la palabra de la boca a Candy.
— Eso no es problema, iré a hablar ahora mismo con los directivos del hospital, arreglaremos esto y en verdad Annie, sería impropio que viajáramos juntos, las personas suelen malinterpretar lo que sucede.
— Es mejor que vaya Candy con él Annie — Patty había entrada a la habitación, se había sentido mareada y la dejaron recostada en una recámara para que se tranquilizara, ahora se veía más relajada, pero pálida y un poco temblorosa.
— Candy, es muy importante que me acompañes.
— Está bien, iré, además, es un milagro que hayan encontrado a Stear.
— Bien, entonces, mandaré a alguien a comprar los boletos del tren, mientras, la dejaré en la estética para que se hagan su corte de cabello y pasaré por ustedes en dos horas mientras arreglo todo.
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El auto en donde viajaban se estacionó frente a una estética muy limpia y lujosa, ése era el lugar al que acudía la tía abuela cuando quería algún peinado elegante cuando asistía a las fiestas y reuniones de las que tanto gozaba.
— Las dejo aquí chicas — avisó Archie sacando su cabeza por la ventanilla mientras que el chofer abría la puerta para que ellas bajaran — pasaré en dos horas por ustedes, Patty, debes de quedar aún más hermosa para que Stear se sorprenda cuando te vea, nos vemos-
El vehículo se alejó dejando a una Patty visiblemente sonrojada, Candy le pasó un brazo por los hombros y le dio un apretón cariñoso.
— Es maravilloso que él esté vivo — dijo Patty, sentía su garganta seca y su corazón latía desbocado — es casi increíble.
— Sí, lo es, ¿No lo crees Annie?
— Sí, ¿podemos entrar? Annie se adelantó a las demás, iba seria y su respuesta había sido muy brusca, sin esperarlas abrió la puerta de la estética y entró sin voltear a verlas.
– Ven Patty, será mejor que entremos — Candy suspiró y se enfiló hacia el negocio.
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El restaurante de la señorita Goldsmith estaba abarrotado a más no poder, de pronto había llegado una cantidad pasmosa de gente y todos pedían ser atendidos lo más pronto posible y llamaban a la mesera casi a gritos la cual no se daba abasto atendiendo a tantas personas.
— Vas muy bien muchacha — soltó Frederick cuando Ginebra pasó frente al mostrador con una charola al hombro mientras que con la otra mano empujaba un carrito lleno de postres, ella dio un resoplido de enfado mientras Frederick reía a carcajadas, simplemente la veía trabajar mientras comía un trozo de pastel de chocolate, lo único que tenía que hacer era recibir el dinero y dar el cambio, nada complicado ni estresante.
— Mi tía no va a estar hoy, ¿qué tal si organizamos una cena romántica solos tú y yo? — le ofreció a Ginebra cuando se había acercado al mostrador con la cuenta para que la cobrara, ella lo miró con curiosidad cuando él le sonrió seductoramente — anda, tendrás el placer de estar conmigo, después podríamos ir a mi casa, mi tía jugará canasta con sus amigas hoy y regresara muy tarde, ¿qué opinas?
— Se te pegó el chocolate en un diente — se burló ella cuando por fin le había dado el cambio de la cuenta. Frederick tomó rápidamente el tostador que siempre tenía al alcance para comprobar lo que ella le había dicho.
— Oye, no es cierto — ero Ginebra ya se había alejado hasta el otro extremo del restaurante para seguir atendiendo a los clientes — eres una zorra.
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— No puede ser — se quejó Candy cuando el primer mechón de su cabello rubio caía al piso, se veía largo, ondulado y lustroso, no tenía idea de cómo quedaría el corte pero poco a poco más mechones caían dejando una suave alfombra dorada a sus pies.
— No se preocupe Mademoiselle, ésta es la moda, se verá preciosa, como ésas vampiresas de las películas — le decía el peluquero tratando de hacerla sentir mejor, pero no daba muchos resultados.
— Candy, ¿tú crees que a Stear le guste mi corte? — ahora Patty ya no se veía consternada sino eufórica y alegre y tenía una sonrisa que hacía tiempo no se le veía.
— Le va a encantar Patty — la apoyó Candy con un tono alegre, pero no dejaba de ver su reflejo en el espejo mientras el peluquero iba cortando más y más cabello.
Annie no decía ni una palabra y al parecer no le daba mucha importancia a que le estuvieran cortando su largo cabello negro, ni siquiera volteaba a ver a sus amigas y se limitaba en tener la vista clavada al frente.
— Estás muy seria Annie, ¿pasa algo? — la pregunta de Patty hizo que Annie clavara sus ojos en ella y se veían algo enrojecidos.
— No me pasa nada — contestó tratando de sonreír aunque su gesto parecía más una mueca torcida – Estoy un poco cansada, eso es todo.
Candy la miró, tenía una idea de por qué Annie estaba tan molesta, pero no quería hacer comentarios frente a Patty.
— Supongo que van a dormir en habitaciones separadas.
— ¿De qué hablas Annie? — preguntó Candy sorprendida.
— Te preguntó que si Archie y tú dormirán en habitaciones separadas.
— Annie, no entiendo a qué viene tu pregunta, claro que dormiremos en habitaciones separadas, ése no es motivo por el cual deberías de estar tan preocupada — Candy no podía creer la pregunta de Annie, ya se imaginaba que podría estar un poco celosa porque haría el viaje con Archie, pero nunca creyó que su preocupación llegara a tal extremo.
— Annie, ella y Archie son primos, no deberías estar haciendo ésas preguntas — Patty estaba sorprendida, nunca hubiese pensado que Annie fuese tan prejuiciosa.
— Sólo es curiosidad — contesto Annie encogiéndose de hombros al tiempo que intentaba sonreír con una mueca.
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— Muy bien, creo que la presión y el cansancio los ayuda a trabajar mejor — Robert estaba parado a la mitad del escenario mientras los actores lo rodeaban y escuchaban sus palabras — si seguimos a éste paso y trabajando como hoy es posible que tengamos la obra lista días antes de lo programado, así que por favor, estudien bien sus papeles y traten de encarnar lo más posible al personaje porque solamente de ésta manera podremos ir más rápido en los ensayos.
Terry escuchaba sin mucho ánimo lo que decía el señor Hattaway, se había parado a un extremo del escenario y estaba recargado contra un pilar al tiempo que, distraídamente cruzaba los brazos; lo único que comenzaba a crisparlo era que ésa chiquilla que lo había invitado a almorzar ésa mañana estuviese viéndolo fijamente y de vez en cuando intercambiaba algún susurro con sus amigas y era cuando ellas volteaban a verlo y reían tontamente.
Trató de ignorarlas y dirigió su vista hacia el techo, del cual pendían los reflectores pesadamente y una sensación ardorosa inundo su garganta y le impidió respirar bien, esos trozos de acero y cristal le traían muy malos recuerdos y por ésa misma razón, deseo irse de ahí, escapar y esconderse en algún lugar en donde jamás lo encontraran, incluso, deseaba escapar de su mente que ella misma lo llegaba a traicionar con tanta frecuencia que ya había perdido la cuenta de todos los tropiezos que le había puesto mezquinamente.
Cerró sus ojos que le ardían, no sabía si era por el cansancio o por los enormes deseos de llorar que lo habían atrapado como un torbellino que se negaba a soltarlo, incluso, un escalofrío le recorrió desde el cuello hasta el nacimiento de su cadera, abrió sus ojos cristalinos que comenzaban a enrojecerse y se perdió tras bambalinas, no quería quedarse ahí con todos sus compañeros al tanto de lo que hacía.
Se fue caminando rápidamente por los pasillos estrechos que estaban en la parte trasera del teatro y llegó a su camerino, entró y lo cerró con un fuerte portazo y sin encender la luz fue a sentarse en el diván que tantas veces lo había recibido cálidamente y ahí, sin ningún tapujo se echó a llorar como un niño pequeño; escondió su rostro entre sus dedos fríos y sollozó dejando escapar las lágrimas que le surcaban el rostro como ríos salados, poco a poco fue dejándose caer sobre su costado y se abrazó a si mismo sin dejar de llorar… nadie jamás lo había visto así, prefería esconder esas lágrimas tan vergonzosas detrás de su semblante frío y distante, eso era lo mejor, que nadie se enterara de que su paz emocional estaba pendiendo peligrosamente de un hilo que amenazaba con romperse y que al hacerlo, él caería en un pozo envenenado del cual jamás saldría vivo.
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— Se ven… fabulosas — Archie ahogó una exclamación de sropresa cuando Annie, Patty y Candy subieron al auto mostrando sus nuevos peinados, cortísimos como marcaba la moda, él maldijo para sus adentros, no sabía a qué desequilibrado se le había ocurrido que era una buena idea cortar el cabello de las mujeres al punto que parecían muchachos o criaturas andróginas.
— ¿Te gusta Archie? — Le preguntó Annie con voz melosa mientras tocaba las puntas de su cabello que apenas si le cubría las orejas.
— Te ves hermosa… las tres se ven hermosas — fue cuando Archie vio a Candy, ya sin sus largos rizos rubios y brillantes, ahora mostraba el cabello corto, ondulado y con raya a un lado, pero le sorprendió lo largo y fino que era su cuello, jamás se había percatado de eso, incluso le dio la impresión de que estuviera hecho de mármol.
— ¿Qué miras Archie? — cuestionó Annie que no le quitaba la vista de encima y ahora estaba más paranoica que nunca.
— Nada — se apresuró a contestar tragando saliva — es que se ven muy diferentes, Patty, cuando Stear te vea se enamorará más que nunca de ti — pensó que desviando el tema sería una buena manera de escapar de las interrogantes de Annie que se veía notoriamente molesta.
— Haces que me apene Archie — Patty se agachó tratando de disimular su vergüenza, aunque sus orejas enrojecidas la delataban.
— Bien, bien — Archie estaba sonriente e incluso más inquieto que otras veces — Candy, salimos en el tren de las ocho de la noche, tenemos boletos para el vagón de primera clase, hoy es martes, llegaremos ahí el jueves a la una de la tarde – Candy suspiró y agachó levemente la cabeza – Lo siento, es un viaje largo, pero iremos cómodos.
— Tengo que pedir permiso en el hospital para que me dejen ir.
— Entonces iremos a dejarte al hospital para que hagas tus maletas y pidas el permiso, pasaré nuevamente por ti a las seis y media de la tarde para ir a la estación del tren, ¿te parece bien? — Archie le ofreció a Candy el telegrama en donde notificaban el encuentro de Stear – Llévatelo para que lo muestres a tus superiores, por si acaso no te creen.
Candy tomó el papel y Archie rozó levemente la mano de Candy, hecho que no pasó desapercibido para Annie.
— Insisto en que debería ser yo quien tiene que acompañarte Archie — la molestia de Annie ya era imposible de ocultar y apretaba los puños constantemente.
— Hablaremos de eso más tarde Annie — el tono de voz de Archie no admitía ningún reproche, Annie parpadeó incrédula, ya que jamás le había hablado así.
El viaje hasta el hospital fue en absoluto silencio, Annie miraba fijamente hacia el exterior e igualmente lo hacía Archie, era notorio que se aproximaba una pelea. Pronto llegaron al hospital y Archie se apeó para ayudar a Candy a bajar del auto para finalmente acompañarla hasta la entrada del edificio.
— Archie, no quiero que vayan a discutir por mi culpa — le suplicó Candy preocupada.
— No te preocupes, si llegásemos a discutir, no será por tu culpa, sino por sus celos — Archie tomó la mano de Candy de una manera discreta para que nadie más viese el contacto – aunque, debo de admitir que me emociona hacer éste viaje contigo.
— No digas eso Archie — pidió Candy con las mejillas enrojecidas.
— Es la verdad — en el rostro de Archie se dibujo una sonrisa brillante al tiempo que su voz se volvía más profunda y aterciopelada — será divertido, platicaremos mucho, además, mi hermano está vivo, eso es lo más increíble.
— Debo entrar — Candy trató de zafar su mano pero Archie se la llevó a los labios y depositó un beso suave y cálido.
- Nos veremos en la tarde — Candy dio la media vuelta entrando al hospital, podía sentir la mirada intensa de Archie clavada en su espalda, pero haciendo un esfuerzo casi sobrehumano, evitó el girar la cabeza, no deseaba que Annie se enfadara aún más.
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— Frederick, déjame pasar — Ginebra trataba de sortear al hombre que la había seguido al pequeño cuarto de servicio sin que ella se diera cuenta y la había acorralado en un rincón, estaba pegando cada vez más su cuerpo contra ella que se retorcía tratando de zafarse.
— No te pongas necia — le susurró mientras recorría la pierna de ella con una mano y le subía lentamente la tela de la falda buscando tocar su piel — te conviene recibir dinero extra para pagar ésa inmundicia en donde vives.
— ¡Suéltame maldito enfermo! — le gritó Ginebra empujándolo con más fuerza, consiguió echarlo un poco hacia atrás y fue cuando ella aprovechó para tratar de escapar de ahí.
— No te vas a ir — anunció él con enojo y alcanzó a sujetarla de su larga trenza jalándola dolorosamente, le dio otro tirón fuerte y fue cuando logró bajarla al piso.
— ¡Déjame! — gritó ella al tiempo que se sacudía, aunque era poco probable que alguien la escuchara ya que estaban cerca de las cocinas y el ruido de las cacerolas y el hervor de la comida amortiguaba sus gritos.
— ¡Quédate quieta, maldita zorra embustera! — dos golpes sonaron en el pequeño cuarto, Frederick le había propinado dos bofetadas en el rostro a Ginebra con tal fuerza que le escurrían hilillos de sangre por la nariz – no eres más que una ramera, como si esto no te gustara.
Los golpes la dejaron aturdida y dejó de forcejear por un momento, lo que le permitió a Frederick el desgarrarle el blusón de su vestido descubriendo el corpiño que cubría su pecho y sin dudarlo, rompió la delgada gasa de la ropa interior. De forma dolorosa y sin cuidado, comenzó a estrujar la delicada piel de los senos de Ginebra.
- Esto te va a gustar, ya lo veras — tenía la vista nublada gracias a las dos fuertes bofetadas que había recibido en el rostro, pero distinguió cómo Frederick bajaba la cremayera de su pantalón y hurgaba dentro sacando su miembro ya rígido, intentó separarle las piernas para osicionarse entre ellas y ella alcanzó a ver algo brillante cerca de su mano; era una pequeña espátula que utilizaba para despegar la suciedad que se quedaba firmemente pegada al piso, no se lo pensó dos veces y tomó la delgada lámina, sujetándola fuertemente con la mano y tratando de evitar el mareo, atacó al hombre con el filo de la lámina, ocasionándolele a Frederick un corte profundo desde el pómulo izquierdo hasta la barbilla, él se echó hacia atrás gritando y ella se alejó gateando hasta la puerta que con trabajos logró abrir.
— ¡Maldita cerda, te voy a matar! — gritó Frederick levantándose, sentía como su sangre caliente y viscosa salía a chorros, trató de alcanzar a Ginebra pero ella, después de caerse varias veces había conseguido echarse a correr hacia fuera del restaurante ante la mirada atónita de los clientes.
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Corrió calle abajo tan rápido como pudo empujando a cuanta persona encontraba a su paso y solamente atinaba a cubrirse su pecho desnudo con las manos, la garganta y los pulmones le ardían al respirar el aire helado y se resbaló tres veces con la escarcha del piso, siguió corriendo sin una dirección fija hasta que delante de ella vio una construcción grande y de colores neutros, se detuvo jadeante y temblorosa y vio los anuncios, se trataba del teatro.
Con una de sus manos empujó la puerta lateral y cedió dejándola pasar, el lugar estaba oscuro, pero sorteando las butacas se aproximo al escenario en el que estaban todos los actores rodeando a un hombre de edad madura.
— Señor Hattaway, creo que lo buscan — dijo una de las actrices que miraba burlona a Ginebra; Robert Hattaway giró y vio a la muchacha que tenía hilos de sangre secos bajo la nariz, la trenza medio deshecha, la piel amoratada y el vestido desgarrado.
— ¡Por todos los cielos muchacha! — exclamó Hattaway visiblemente sorprendido — ¿Quién te ha hecho esto?
— Terry me ha enviado — contestó Ginebra con la garganta reseca y adolorida, todos los actores comenzaron inmediatamente a murmurar, no creían posible que Terry se enredara con ésa mujer que tenía pinta de pordiosera.
— Bien, si es así, vamos a buscarlo a su camerino _ Robert bajó del escenario y tomó a Ginebra por los hombros y la condujo por la salida de los actores hacia el área de los camerinos dejando a todos más sorprendidos que nunca.
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Los golpes en la puerta hicieron que diera un respingo, ya se había tranquilizado y estaba frente al espejo sujetándose el cabello con una cinta negra, se paró a regañadientes y fue a abrir la puerta.
— Terry, tengo una visita para ti.
— Robert, no me interesan las visitas y tú bien lo sabes — Terry ya se disponía a entrar nuevamente en su camerino pero Hattaway lo detuvo del brazo.
— Creo que tú le pediste que viniera — Terry creyó no entender bien y frunció el ceño de manera interrogante, fue cuando el señor Hattaway le dejó ver a la chiquilla que tenía detrás de él.
— Muchacha, pero ¿qué te ha pasado? — le preguntó Terry sorprendido cuando la vio, ella temblaba ligeramente y tenía la cabeza gacha — no te preocupes Robert, yo me encargo — tranquilizó a Robert e hizo entrar a la chica a su camerino cerrando la puerta tras de si.
— Será mejor que te sientes — le pidió Terry señalando el banco de su tocador y ella obedeció en silencio — Te dije que no durarías en ése trabajo.
Ella solamente escuchaba o al menos, aparentaba escuchar, tenía la vista clavada en sus pies y solamente su cubría fuertemente el pecho con las manos.
— Déjame ver qué pasó — Terry sujetó con sus dedos el mentón de ella haciendo que alzara la cara, tenía las mejillas en un vivo color carmín, la nariz enrojecida y la sangre seca había hecho costras sobre su labio — Sabía que Frederick era un bruto, pero no creí que fuera capaz de esto, hasta te ha roto el vestido.
— ¿Cómo sabes que fue él? — le preguntó Ginebra con voz apagada.
— No eres la primera, ya antes lo ha intentado con otras chicas, según rumores, ha conseguido lo que quería con una que otra, no sé si contigo…
— ¡No! — se apresuró a decir ella interrumpiendo a Terry — no consiguió nada aparte de darme un par de bofetadas, alcancé a escapar.
— Bien, entonces, déjame limpiarte ésa sangre seca y después llamaré a una amiga para que te ayude con tu ropa
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— ¡Por Dios Annie, basta! — Archie se sentía furioso ante las lágrimas de Annie, ella estaba echada boca abajo en un sillón y abrazaba un almohadón mientras gemía y sollozaba — no entiendo por qué te pones así.
— ¿No lo entiendes? — se lamentó ella entre hipidos — ¿por qué nada más estás esperando una oportunidad para estar a solas con Candy? A pesar de que yo te amo tanto, ella siempre tiene que estar en medio de los dos
— Ésas son tonterías — le dijo Archie mientras se acomodaba las mancuernillas de la camisa — eres demasiado celosa.
— ¡Lo soy por que te amo! — gritó Annie levantándose del sillón — dame la seguridad de algo y casémonos.
— Perdóname Annie, pero yo aún no deseo casarme.
— ¡¿Por qué siempre me dices lo mismo?!
— ¡Porque para casarte con alguien es por que lo amas, debe ser algo mutuo, no solamente de un miembro de la pareja! — Annie dejó de llorar y se había quedado sorprendida por las palabras de Archie, no podía creer que le hubiese dicho eso, acababa de confirmar todo y simplemente no la amaba.
— Entonces si no me amas, dime ¿por qué estamos juntos?
— No lo sé — confesó Archie aproximándose a la puerta — pero es mejor dejar todo esto por la paz, quizás tú encuentres a alguien mejor y lo mismo me puede pasar a mí.
— ¡No me puedes hacer esto Archie! — las lágrimas habían vuelto a aparecer y se derramaban sin control por el rostro de Annie.
— Terminemos ya con todo esto Annie, es lo mejor para ambos – Archie acababa de abrir la puerta y se disponía a salir — me tengo que ir, no quiero llegar tarde, nos vemos.
Annie se había quedado muda y de su boca no salía ninguna palabra, era como si su garganta se hubiera cerrado para siempre; a través de la ventana, alcanzó a ver como Archie subia al auto y cuando éste arrancó, se dio cuenta de que realmente él se había ido abandonándola, lentamente se dejó caer sobre la alfombra de la habitación sin dejar de llorar.
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N/A. Terminé de revisar el cuarto capítulo, ya está listo y entregado a ustedes, no puedo decir si Candy y Terry se quedarán juntos en mi historia, tengo tres finales alternativos y aún no me he decidio por alguno de ellos.
Gracias a las personas que han leído lo que escribí y que me han dejado un review para alentarme (también muchas gracias a los lectores fantasma que me leen aunque se quedan escondidos en el anonimato), procuraré tener el nuevo capítulo listo a mediados de la semana entrante y bueno, disfruten del Halloween, tengo una one shot de Candy Candy alusivo a la temporada, lo pueden encontrar en mis historias publicadas y su nombre es "Noche de cacería". Nos leemos lueguito.
