Capítulo IV

"Fuji"

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"Buenas noches, Mewtwo", dijo Lerman, dándole dos palmaditas en el hombro cuando por fin cerró los ojos.

"No...", se dijo el pokémon en la oscuridad, mientras iba perdiendo la noción de la realidad, de su cuerpo y de su propia mente."Yo...yo debo ser libre...yo quiero ser libre...co-como tú...como tú querías...Fu-Fuji..."

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"Fuji..."

El lápiz rodó sobre el papel, cuando la mano que lo guiaba no tuvo la fuerza suficiente como para continuar su trayectoria. La palabra quedó inconclusa, acompañada de una línea irregular que nacía desde el último de sus puntos, y moría a varios centímetros de ella. La mano, causante de tal espectáculo, se mantuvo rígida, inamovible. Sus dedos, casi como si se encontrasen congelados, incapaces de motricidad alguna. El hombre respiró con dificultad, mirando el papel sin lograr salir de su estupor, mas luego de un instante, con sumo cuidado, alzó la vista y giró su cabeza en todas direcciones, observando la habitación para descubrirse completamente solo.

No, era absurdo, se dijo, él sabía que lo que había escuchado en realidad no era un sonido. Era la interpretación de su cerebro a un impulso psíquico, uno que se le hizo tan familiar, que no pudo sino quedar atónito al haberse convertido en su receptor muchos años después desde aquella fatídica última vez.

Dejó caer, finalmente la mano sobre la mesa y echó la cabeza hacia atrás, cerrando los ojos tan sólo para ver las imágenes de aquella tarde de verano, momento en que ya no dormiría en paz, en que aquella voz lo llamaría incesante cada noche, cada día, a cada momento hasta que, eventualmente, se acallara para siempre.

Hasta hoy.

Porque si bien, se daba cuenta de que la forma en que aquella voz hizo eco en su cabeza, demostraba que su emisor ya no era un niño, no podía no reconocerlo. Y más, por la intensidad, la añoranza, esa nostalgia y ese dolor que caracterizaron a los primeros llamados, esos en los que aquel niño suplicaba por ayuda.

"¿Qué sucedió?", se preguntó llevándose una mano a la cabeza. "¿Por qué ahora?"

Se puso de pie y abrió la ventana, apoyándose en el alfeizar para poder reponerse de aquella experiencia, mas las preguntas y, porque no, el dolor que le provocaba no iba a desaparecer con un par de minutos sintiendo la brisa.

"Fuji...".La voz clara de un Mewtwo adulto había perforado su cabeza con una fuerza tan brutal, que el no haberse adaptado a ella hace años, simplemente lo hubiese matado. "Fuji". Lo llamó con dolor, con miedo, con tristeza y, porque no, con odio, tal y como cuando lo hizo las últimas veces en que escuchó su voz, cuando el tinte de ésta comenzó a cambiar hasta convertirse en algo ponzoñoso, oscuro y corroído.

"Mewtwo...", susurró con temblor en sus palabras. La sola mención de su nombre provocaba un gran abatimiento en su interior."¿Qué te ha sucedido?", continuó, sin poder dejar de ver el rostro del pokémon en su infancia con aquella sonrisa enorme que, sin desearlo, comenzó a querer.

Sintió que su corazón se comprimió en su pecho, y que el picor en los ojos no lo dejaba en paz. Su recuerdo, esos días de su pasado que se negaron a abandonar sus memorias, reaparecieron como enredaderas, abrazándose con fuerza a cada uno de sus pensamientos, para absorberlo y hacerlo suyo. No, nunca lo pudo olvidar, sin importar cuantas veces lo hubiese intentado. Ese niño había entrado a su corazón con toda la libertad del mundo y se había instalado allí, para permanecer en el lugar para siempre.

Y es que la historia del científico y el pokémon no era para nada menor. Después de todo, había sido el hombre quien, después de años de arduo trabajo, había logrado darle vida a Mewtwo.

Recordó esa tarde de verano, cuando alertado por uno de los científicos asistentes, corrió hacia el laboratorio principal, en busca de convertirse en testigo del más grande milagro creado por el hombre. Entró a la sala casi a trompicones, encontrando a sus colegas murmurando cosas inteligibles, mientras una luz roja parpadeaba incesante sobre el enorme tubo de ensayo que se encontraba anclado frente a ellos. Dentro del cristal, el líquido amarilloso era drenado por pequeñas aberturas ubicadas en la base, mientras la fuerza de gravedad se encargaba de atraer el cuerpo de aquel que hace unos segundos, y durante meses, había estado flotando en él.

El cuerpo de un pequeño Mewtwo finalmente llegó a su destino, moviéndose lentamente aun dentro del cristal. Una gran cantidad de cables y tubos se encontraban adosados a su cuerpo, mas luego de una orden de la computadora principal, éstos y el vidrio que lo rodeaban, poco a poco fueron retirados, hasta que el pequeño se vio en contacto por primera vez con el aire del mundo exterior a su incubadora. Se balanceó en su lugar, ante la mirada atónita de los científicos, quienes a pesar de haberse mantenido al pendiente de su desarrollo durante todo este tiempo, y de conocer a ciencia cierta su estado de salud, aun se encontraban expectantes ante el despertar de la criatura. No estarían tranquilos hasta verlo abrir los ojos y descubrir que la parte más importante de su trabajo estaba lista.

Fuji recordaba sus acciones con detalle. Luego de haber esperado varios segundos, como si encontrasen todos en una escena congelada, dio un paso hacia él, impaciente ante el "nacimiento" de su creación. Sin embargo, cuando apenas la suela de su zapato toco el frío piso frente a él, los ojos de Mewtwo se abrieron de golpe y alzó la cabeza para quedarse con la mirada fija en las pupilas atónitas del humano.

Fue entonces cuando el primer contacto psíquico se hizo presente, instante en que, seguramente, se formó el lazo que los unió para siempre y que el pokémon siempre quiso enriquecer.

Fuji sintió una suerte de pitido antes de que todo un torbellino de emociones se desencadenara sobre él, a vista y paciencia del resto de sus colegas, quienes observaban la escena sin tener idea de lo que sucedía.

Era Mewtwo, tratando de comunicarse y responder las miles de preguntas que tenía respecto al mundo al que acababa de conocer. No obstante, el científico no estaba preparado para ser el receptor de tal pensamiento abstracto y, frente a todos, se llevó las manos a la cabeza y cayó de rodillas al piso. Todos corrieron en su ayuda, ignorando por completo a la criatura que aun veía con cierto estupor el movimiento de aquellos a los que, con algo de dificultad y en base a los pensamientos que acababa de leer, reconocía como humanos.

"¿Quién soy yo?", irrumpió una vocecilla que parecía venir de ningún lado, y a la vez, de todos. "¿Qué soy yo?". Entonces alzaron la vista y se sus miradas se encontraron con los violáceos ojos del pokémon. ¿Estaba comunicándose por telepatía? Todos sacudieron sus cabezas algo contrariados y luego se enfocaron otra vez en él. Sin lugar a dudas, estaba usando telepatía de una forma extraordinaria, lo que los dejaba con la boca abierta: el pokémon sólo tenía unos minutos de conciencia y ya podía comunicarse a la perfección.

"Calma todos", dijo Fuji poniéndose de pie, ya mucho más repuesto del primer impacto, para luego dirigirse al pokémon. "Por lo que veo ahora, comprendo que será fácil mantener una comunicación relativamente normal."

"¿Quién eres tú?, irrumpió el pequeño, y luego, para dejar aun más atónitos a los presentes, su cuerpo abandonó lentamente la base del tubo y levitó con completa experticia hacia Fuji, para acercarse a su rostro y observarlo con atención. "¿Quién soy yo?", preguntó otra vez.

El hombre, sin caber en su sorpresa, sin creer que aquel pokémon que había estado dormido durante meses ahora se encontrase flotando frente a sus ojos, parpadeó un par de veces y luego, con algo de dificultad, adoptó una postura más recatada y menos fuera de sí. Después de todo, era el científico a cargo de la operación y debía enfundar respeto. Es especial con este pokémon que no tenía ni la menor idea de lo que era el espacio personal.

Dio un paso hacia atrás, mientras el pequeño parecía esperar una respuesta a sus cuestionamientos. Los demás lo observaron, intrigados por la comunicación entre los protagonistas de la escena.

"Buenas tardes, Mewtwo", dijo solemnemente.

"¿Mewtwo?", preguntó con algo de confusión en su mirar, mas pareció calmarse luego de un instante. "¿Ese soy yo?"

"Así es", convino el hombre, sorprendido por la indudable inteligencia de la criatura.

"¿Quién eres tú?"

"Mi nombre es Toshihiro Fuji y este es el equipo de trabajo", y extendió los brazos para dirigir la mirada del pequeño al resto de los presentes. Uno de ellos, viéndose escrutado por los amatistas ojos del pokémon, movió la mano torpemente en señal de saludo, siendo imitado casi al instante por el infante.

"¿Qué eres tú?", preguntó otra vez, volviendo al científico de cabecera.

"Soy un humano, Mewtwo y tú..."

"¡Entonces yo soy un humano también!", irrumpió exclamando con gran energía, la cual pronto fue apaciguada por el hombre.

"No, Mewtwo, no. Nosotros somos seres humano. Tú eres un pokémon"

"¿Un pokémon? ¿Qué es eso? ¿Eso soy yo?"

"Verás", dijo caminando un poco hasta detenerse frente a una gran piedra tallada colocada en la pared, donde se dibujaba una versión antiquísima de un legendario pokémon. "Este de Mew, el pokémon más raro de todos, mas se cree, está extinto. Durante años hemos trabajado arduamente en recrear la vida de este pokémon, y el resultado lo tenemos justo aquí, Mewtwo"

"¿Uh?", ladeó la cabeza. "¿Entonces Mew es mi mamá? ¿O es mi papá?"

Fuji se quedó de piedra ante esa pregunta, tal y como el resto de sus compañeros. ¿De dónde había sacado tal concepto el pokémon? ¿Cómo?¿Si acaba de despertar? Sin lugar a dudas, Mew parecía haber perdido el título de la criatura más extraña de todas, arrebatado sin piedad por las inocentes preguntas de su clon.

"Podríamos decir...", titubeó, "...que de alguna forma, es ambos y a la vez ninguno. Fuimos nosotros quienes te otorgamos la vida."

"Entonces... ¡mi papá eres tú!", concluyó con absoluta alegría en sus palabras, descolocando al hombre y al resto de sus compañeros. Fuji intentó disuadirlo de tal creencia, mas el pequeño prontamente perdió el interés en él, intrigándose por todo lo que se encontraba a su alrededor.

Se acercó a la computadora principal y puso sin ningún cuidado, sus pies sobre el teclado, casi causando un ataque de pánico a más de un científico. Uno de ellos corrió para quitar al pokémon del lugar, mas éste se adelantó a sus intenciones y rápidamente voló para observar las luces parpadeantes, los ventiladores, los estantes llenos de informes ordenados con sumo cuidado y por último, los tubos de ensayo que se encontraban a los costados del propio. Los miró con atención, puso sus manos sobre el cristal y los recorrió uno a uno, hasta que algo en particular llamó su atención. Se detuvo frente a la placa de uno de ellos, donde estaba el nombre del experimento que se desarrolló en él.

AI, podía leerse con claridad, intrigando a Fuji, quien se acercó ante el abrupto cambio de actitud del clon. Se había quedado completamente quieto, como si algo lo hubiese afectado de una forma brutal.

"¿Sabes qué dice allí?", preguntó el hombre.

"No", contestó él. "Pero...yo...me siento muy triste y no sé por qué. ¿Tú sabes por qué?", y lo miró con desesperación.

"No, no lo sé, pero lo mejor es no preocuparse por eso ahora. Debes hacerte algunas pruebas, debemos sabes cuánto pesas y cuánto mides. Acompáñame", y con cuidado tomó su brazo para jalar de él, hasta que lentamente el pokémon abandonó el tubo para ir a su próximo destino. Sin embargo, más de un científico notó las tristes miradas de ambos al salir del laboratorio, viendo una vez más el tubo vacío que se encontraba justamente a un lado del de Mewtwo.

Tras unos minutos, el pequeño se vio en un nuevo escenario, lleno de cosas que llamaron su atención a una velocidad vertiginosa, haciéndole olvidar su repentina tristeza.

El primer intento de sentarlo en la pesa fue un absoluto fracaso, porque rápidamente el pokémon se zafó de la mano de Fuji y voló en toda la habitación, intrigado por cada objeto que veía. Volteó varias botellas, revolvió papeles y presionó botones que debían mantenerse intactos.

Los científicos lo miraban con horror, tratando de detenerlo, mas sus esfuerzos eran completamente inútiles. Muchos de ellos se sintieron como la clásica niñera sin experiencia, corriendo en círculos en torno al sofá de la casa, para dar caza al infante al que debía mantener bajo control, el que reía a carcajadas por la situación en la que ponía al adulto.

Fuji miraba a Mewtwo con cansancio, recordando las referencias históricas de Mew, pokémon que sólo se presentaba a ciertos elegidos de un desaparecido pueblo indígena, mas la solemnidad del relato se perdía al instante, cuando se decía que la criatura gozaba con jugar bromas a los humanos y ser tan curioso como un niño pequeño, al punto de inmiscuirse en temas que no le incumbían y causar más de algún estrago a los sacerdotes.

El hombre suspiró, viendo como Mewtwo parecía divertirse al extremo ante los rostros afligidos de sus colegas, así que decidió intervenir, aprovechándose de la creencia del infante en que él era su padre. Al menos con eso, suponía, podría mantenerlo bajo control.

"Mewtwo", le dijo seriamente. "Ven aquí".

"¿Qué sucede?", bajó de inmediato, dejando a los demás con la boca abierta.

"Siéntate aquí, debemos pesarte", le señaló. El pokémon acató la orden instantáneamente. Nadie lo podía creer, así que aprovechando este instante de calma, lo midieron y extrajeron un poco de su sangre para un posterior análisis.

"Debemos llamar a Giovanni para informarle que ha despertado", dijo uno de los hombres a Fuji.

"Lo haré yo mismo, no te preocupes", contestó de forma automática. "De todos modos, aunque terminemos todas las pruebas con él, me temo, tendremos que mantenerlo un tiempo más con nosotros"

"¿Y eso por qué?"

"Porque su curiosidad debe ser aplacada. Si lo dejamos ir así, será un dolor de cabeza para Giovanni. Prefiero "acostumbrarlo" al mundo aquí en la isla, y luego que ellos se dediquen tan sólo a su entrenamiento."

El científico lo miró con cierta suspicacia, mas no emitió palabra y se avocó a las pruebas a las que el pokémon debía ser sometido.

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Los días pasaron. Mewtwo fue poco a poco interiorizando los aprendizajes sobre los humanos y los pokémon, comprendiendo sus diferencias y la jerarquía dominante en el mundo, aunque, sobre este último punto, no parecía estar muy a favor. Todos sentían que la criatura, en lugar de actuar como un pokémon normal, lo hacía como un niño, incluyendo a él mismo, por supuesto; por lo que el énfasis en hacerle entender que tarde o temprano debía obedecer sin dilación, fue una de las principales tareas de los científicos. Y si bien, Mewtwo había comprendido el concepto a la perfección, ellos sabían que en el fondo fácilmente podría hacer caso omiso de eso.

Por otro lado, Giovanni aceptó a regañadientes el tener que acatar la sugerencia de Fuji, aunque claro, el hombre se encargó de enviar al líder del Equipo Rocket, un informe completo sobre la salud, las capacidades y la fisiología del pokémon, un video que lo mostraba usando su levitación con completo control y una serie de fotografías

"Muy pronto lo tendrá frente a sus líneas de combate."

"Más vale que así sea", contestó secamente el hombre y cortó la comunicación. Fuji se quedó con el auricular en la mano, mas luego de un segundo, lo dejó en su lugar y salió de la oficina para reunirse con sus colegas y analizar los nuevos informes preparados. Sin embargo, a medio camino se encontró con Mewtwo, quien se le acercó a toda velocidad y con una enorme sonrisa se le dirigió.

"Vi por la ventana algo que se llama "mundo exterior". Yo quiero verlo, pero Legrand dice que debo preguntarte a ti.¿ Puedo verlo?"

"¿Quieres salir? Pero aun hay pruebas que debemos hacer y..."

"Oh, yo hare eso luego. Quiero ver el mundo exterior, quiero saber qué es eso que vi. ¡Hay muchas cosas y yo quiero saber mas y mas!"

El hombre suspiró. En los pocos días que Mewtwo llevaba despierto, había descubierto que su personalidad era completamente la de un niño en la edad de las preguntas sin fin. Quería saber qué era cada cosa que veía, e insistía si no encontraba respuesta o ésta le parecía insuficiente.

Bueno, se dijo, él mismo había sugerido mantenerlo en el lugar un tiempo más para su adaptación al mundo y debía acatar sus propias órdenes.

Suspiró otra vez, más cansado que antes.

"Está bien, buscaré mi abrigo y algo para ti también. Aprovecharé de hacerte unas pruebas de temperatura."

Sí!", exclamó el pequeño con energía, dando una voltereta en el aire para luego acercarse y tomar el brazo de Fuji e intentar arrastrarlo hacia el patio.

"Cálmate Mewtwo, ya te he dicho que..."

"Vamos, vamos, ¡yo quiero conocer todo!",y la sonrisa que le dedicó, fue la más pura y dulce que nunca pudo haber visto, sólo comparada a la expresión de aquella niña que, de alguna forma, lograba conmover a los dos.

Fuji se quedó de piedra. Por un momento, la visión de su hija se superpuso al rostro del pokémon, dándose cuenta de que él y la niña poseían una inocencia tan sublime, que nada sobre la tierra podría superarlo. Ella, quien se había ido abruptamente de su lado, ahora estaba aquí, de alguna forma en el cuerpo de este clon de Mew, quien poco a poco fue perdiendo su sonrisa, hasta que en su rostro se delineó perfectamente la preocupación.

"¿Fuji?¿ Qué sucede? ¿Por qué estás triste?"

"No es nada", contestó tratando de mostrarse serio y frío, mas el pequeño no parecía satisfecho.

"Yo...yo puedo sentir...", y se llevó la mano al pecho, notablemente angustiado.

"Eso se llama empatía y es normal en alguien como tú", dijo el hombre con mas suavidad que antes. "Eres un pokémon psíquico y de esa manera, pueden sentir como se sienten los demás."

"No me gusta sentirme así. No me gusta que tú estés triste. No quiero"

"Tranquilo, tratemos de que no vuelva a suceder. Ahora, iré por mi abrigo, mi libreta y saldremos, ¿de acuerdo?"

"Sí", asintió el pokémon, un poco más tranquilo.

Luego de eso, la puerta del mundo se abrió ante Mewtwo por primera vez. Los colores, los sonidos, los olores, todo lo envolvió suavemente, invitándolo a descubrir algo nuevo con cada paso que daba. El viento, los arboles, las rocas, el cielo, las nubes, todo, todo era una amalgama de objetos, formas que ciertamente lo aturdían, mas no aplacaban su deseo se saber más y más.

Caminó con torpeza, midiendo cada uno de sus pasos al tiempo en que sus ojos intentaban abarcar todo el campo de visión y más, en tan sólo unos segundos

El laboratorio donde el pokémon había "nacido" se encontraba ubicado en una lejana isla al fin del mundo, en donde, debido a la distancia y a las dificultades que ella implicaba, no había rastro de civilización. Sólo algunos aventureros exploradores, habían puesto sus pies en el lugar, mas el asentamiento no estaba para nada en sus planes. Y es que un sitio como Isla Nueva, donde las temperaturas apenas si abandonaban el rango de los diez grados, donde el terreno parecía un desafío de la naturaleza era un lugar realmente poco acogedor. El frío, los vientos huracanados, la casi nula comunicación con el resto del planeta, la hostilidad de sus paisajes y pokémon la convertían en el sitio menos idóneo para que alguien comenzara a conocer el mundo.

Sin embargo, a pesar de todos los puntos en contra con los que contaba la isla, Mewtwo miraba fascinado el lugar. Las nubes corrían raudas por el cielo, empujándose las unas a las otras en una carrera frenética que dirigían los tempestuosos vientos, formando así, ondeantes formas que se construían y destruían como traviesas motas de algodón. El cielo, de un azul intenso, albergaba a esa estrella solitaria que había dejado de entregar calor a miles de kilómetros al norte, mas se mantenía brillante, reflejándose en las aguas de un, a todas luces, tempestuoso pero intrigantemente hermoso océano, cuyas olas golpeaban con furia la costa y los roqueríos. A lo lejos se distinguían pequeñas montañas, seguramente también como parte de la isla, lo que demostraba que había mucho aún por conocer.

El pequeño entonces dio un par de pasos más, dejando atrás el concreto de la entrada y tocando directamente el pasto que crecía aferrado a la tierra. Se dejó envolver por el viento frío que le daba la bienvenida, silbando canciones que sólo el comprendería. Miró hacia el frente y vio un poste en el que, heroicamente, flameaba una bandera, aunque todos estaban seguros de que más temprano que tarde, terminaría siendo arrancada. Luego, inmediatamente al frente, se encontraba un pequeño muelle y una playa de rocas en lugar de arena.

Mewtwo giró la cabeza para observar mejor el lugar, descubriendo así un bosque cercano, cuyos árboles crecían con los troncos vestidos de musgo y presentaban sus hojas de un verde brillante al cielo. Los rayos del sol se colaban entre las ramas, otorgando en el piso, un espectáculo tan bello como el de una catedral con el más perfecto de los vitrales. Colores, sombras ondeantes maravillaron los sentidos del clon de Mew, quien luego de unos segundos, se volteó lentamente hacia el científico, el que se había mantenido en el umbral de la puerta, a la espera de la reacción del pokémon. Al verlo, el infante le entregó una nueva sonrisa que, tal y como la primera vez, logró dejarlo totalmente paralizado.

Ya no parecía un pokémon cualquiera. No era un animal. Era simplemente un niño al que se le abría el mundo por primera vez y se abrazaba a él con fuerza para no dejarlo ir.

Era tal y como había sido su hija.

Tragó saliva y cerró los ojos. No podía comportarse de esa manera, no podía flaquear frente a él o cualquiera. Después de todo, era un científico y debía demostrar la frialdad que lo caracterizaba. No podía permitirse el comenzar a ver a Mewtwo de otra manera que no fuera el pokémon que había creado para el Equipo Rocket, sin importar que éste hubiese demostrado ser algo infinitamente lejano a ello. Porque la criatura poseía un uso de razón tal, que sólo podía compararse al de un ser humano. Y sin embargo, el hombre debía hacer oídos sordos a esa evidencia y sólo cumplir con lo convenido con la organización. Otras apreciaciones estaban fuera de discusión.

Lo miró otra vez y alzó el mentón, mostrándose serio bajo sus gafas que en ese momento, reflejaban la luz del sol.

"Ya has visto el exterior, como tanto querías. Ahora debemos continuar con las pruebas."

"Oh, pero podemos hacer eso luego.¡ Hay mucho que ver!¡ Quiero que me enseñes todo!"

Esto no es un juego!", sentenció en forma dura. El pequeño dio un salto. "Tú eres un pokémon. Ya te había explicado la diferencia entre un pokémon y un ser humano."

"Los pokémon deben obedecer a los humanos", susurró el pequeño con la decepción dibujada en el rostro.

"Correcto. Así que ya has obtenido lo que querías. Entra ya."

Mewtwo se giró otra vez hacia el mar, observando cómo las olas parecían invitarle a desafiar el orden de las cosas y gozar de la aventura. No obstante, él cerró los ojos y, con la cabeza gacha, entró a las instalaciones del laboratorio.

Fuji lo siguió con la mirada y luego suspiró contrariado, mas el regaño interno se hizo presente. No podía, por nada del mundo, ver a su hija y su recuerdo en él, así que entró y cerró la puerta de golpe, dejando afuera el maravilloso espectáculo que había seducido la mente de Mewtwo.

Los días siguieron pasando. El pokémon era sometido a pruebas de las más variadas índoles, mas vez con vez se le permitía observar el exterior, lugar al que se internó cada vez más. Si bien, al principio sólo había llegado a la puerta del laboratorio, ahora conocía de cerca el muelle, las rocas, había tocado con cierto temor las aguas del océano, había rodado en el pasto y hasta se había abrazado a la bandera que resistía todavía en su lugar.

Conocía las inmediaciones del lugar en donde abrió los ojos la primera vez, siempre bajo la atenta mirada de algún científico, quien tomaba notas de su comportamiento sin que el pequeño le importara.

Cierto día, pidió por favor, casi suplicando, si podía dar un paseo por el bosque. Fuji, quien era el que aprobaba estas expediciones, luego de la insistencia del pokémon, decidió acompañarlo, argumentando que quedaban tan sólo unos cuantos días de la criatura en la isla y que, al menos, merecía conocerla un poco más. Mewtwo cerebró esto con volteretas en el aire que causaron más de un estrago, por lo que el científico tuvo que detenerlo de inmediato y llevárselo para que sus colegas pudiesen trabajar tranquilos.

Al salir, el pequeño pretendió volar a toda velocidad a su destino, mas una indicación del hombre le obligó a mantenerse tranquilo y caminar a su lado. Después de todo, ya le había dicho y recalcado entre las tantas pruebas e instrucciones, que los pokémon debían acatar las órdenes de sus maestros.

Así comenzó un recorrido protagonizado por el sonido del viento entre las hojas y el baile de luces entre las ramas. Mewtwo miraba todo ello de forma sublime, como si de verdad se encontrara frente a fuerzas más allá de su infantil comprensión. Fuji en tanto, unos pasos tras él, sólo se mantenía calmo, tratando una y otra vez acallar los pensamientos que lo acechaban desde el momento en que sus ojos se cruzaron con los del pequeño por primera vez.

¿Por qué no podía no sentirse culpable cada vez que intentaba mantenerse firme ante él? ¿Por qué sentía que su corazón se aprisionaba en su pecho cuando veía su radiante sonrisa? ¿Por qué se odiaba y odiaba al niño cada vez que éste no parecía enfadarse por la frialdad de su comportamiento, en contraste con la forma afectuosa que el pokémon le demostraba siempre?

Lo miró otra vez recorrer los árboles, observando los musgos con sumo cuidado.

¿De verdad este era el pokémon más poderoso del mundo?¿ De verdad esta era la criatura que se convertiría en el arma definitiva del Equipo Rocket? ¿De verdad iba a ser este niño quien causaría dolor y sufrimiento bajo los mandatos de Giovanni?

Lo miraba y esas preguntas no parecían tener sentido. Mewtwo no encajaba en aquellas visiones bélicas que pretendían de él. No. Era sólo un niño con sed y hambre del mundo, inocente en su grado más puro, cuyo único propósito parecía ser aprender.

Un niño, nada más que un niño.

¿Cómo pretendían corromperlo? ¿Cómo iban a convertirlo en un soldado? Fuji no podía creer que, en un par de días, el infante iba a abandonar la isla para avocarse por completo a la lucha.

Pero no, no podía pensar así. Él era un científico y le habían pagado por traer a la vida al pokémon más fuerte del mundo. Nada más. No podía encariñarse con él, no podía seguir pensando así, imaginándose a su pequeña Ai corriendo por los senderos de la isla, observando el musgo en las rocas, tocando y abrazándose a los árboles para conocerlos mejor, riéndose con las cosquillas que le provocaban las hojas de los arbustos en la cara.

No podía seguir viendo a su hija en Mewtwo. No podía comenzar a quererlo como a ella.

Pero...

¡Cómo había sufrido con la partida de su hija! ¡Cuánto había llorado por no verla ser libre y feliz! Y ahora Mewtwo, quien anhelaba lo mismo, quien era potencialmente libre, tenía un destino aún más cruel que la niña: lo matarían en vida. Lo obligarían a ser un soldado en contra de su voluntad, instándolo a acabar con aquello que tanto quería: el mundo.

De repente, el pokémon se volteó hacia el hombre y lo miró con intensidad, con el rostro completamente serio.

"Lo siento", dijo, fingiendo templanza. "Esta vez, no volverá a suceder."

"Tú piensas en alguien que se llama Ai, ¿cierto?", susurró sorprendiéndolo. "Yo también lo hago, pero no sé quién es y me da mucha tristeza."

Se quedaron en silencio mientras una ráfaga de frío viento se interponía entre ambos. Mewtwo miró al piso, a los árboles y luego al humano otra vez, con el seño ligeramente fruncido, demostrando que algo estaba preocupándole enormemente. Suspiró despacio y luego de un prolongado silencio, habló.

"Tú...¿tú quieres a Ai?"

"Como a nada en este mundo", contestó el hombre de forma automática, sin rastro de su duda en sus palabras. Notó que la expresión del pokémon cambiaba, como si aquella primera preocupación creciera cada vez más.

"Uh...y...tú...", dudaba. "Tú...¿ me quieres a mi?"

Fuji no contestó. No sabía qué decir, porque simplemente, no entendía lo que estaba sintiendo. Se había dicho a sí mismo no encariñarse con él, pero se había conmovido con el recuerdo de su hija y el parecido que tenían ambos niños. Sus formas de ser, sus gestos, sus palabras. Había algo de ella en él y eso lo confundía.

"Porque yo sí te quiero a ti", confesó. "No me gusta cuando estas triste, me duele... aquí", y señaló su pecho. "No me gusta."

Entonces el científico se agachó y puso su mano sobre la del pokémon. "A mí también me duele aquí."

"..."

"Ai es la persona a la que más quiero en el mundo. Haría lo que fuera por tenerla aquí conmigo ahora, verla crecer y ser feliz. Pero no puedo", bajó la mirada con tristeza, al tiempo en que los ojos del pokémon lo escrutaban, esperanzado en que el humano pudiese corresponder a su sentir. Quererlo como a ella. "Sin embargo... ", continuó, "siento que no se ha ido del todo, se ha quedado conmigo, a través de ti."

"..."

"Mewtwo...", lo miró. Los ojos amatista del clon estaban fijos en los suyos. No, ese no era su hija y, no obstante, a pesar de todo y contra todo uso de razón, debía reconocer que el pokémon había logrado conquistarlo sin siquiera esforzarse.

Fue entonces cuando, rápidamente se acercó a él y lo abrazó, sorprendiendo al pequeño, quien podía sentir la psiquis del humano envolverlo, abrirse a él y hacerle entender por fin, las emociones que se le dirigían.

"Mewtwo...hazte fuerte. Lucha, crece, sigue luchando y hazte fuerte. No dejes que te quiten tu libertad, sé libre."

"..."

"Por favor, sé libre."

"Sí", asintió y apoyó su cabeza el torso del humano, sintiendo su calor. "Voy a ser libre"

Se quedaron así por largos minutos. El hombre temblaba, mas el pokémon no sabía si era a causa del frío extremo o de la emoción, por lo que sólo atinó a rodearlo con sus pequeños brazos y reconfortarse en la suave alegría de sentirse querido por aquel humano al que había reconocido como padre. Sin embargo, cuando el hombre notó lo que sucedía, se alejo de él lentamente y le acarició la mejilla.

"Nadie debe saber lo que ha sucedido, ¿de acuerdo?"

"¿Por qué no? ¿Hice algo mal?"

"No, Mewtwo, para nada, pero...", se puso de pie. "En un par de días tendrás que abandonar la isla."

"¿A dónde iremos?"

"No iremos. Sólo tú lo harás."

"..."

"Ya te había explicado sobre el orden entre los humanos y los pokemon. Tú estás en este mundo para obedecer a un hombre en particular. Su nombre es Giovanni y te quiere para cumplir sus propósitos, los cuales debes obedecer."

"..."

"Vendrá por ti en unos días y comenzarás un largo entrenamiento hasta convertirte en el pokémon más poderoso del mundo."

Pero yo quiero quedarme contigo!", exclamó el pequeño poniéndose frente al hombre con decisión. "Yo quiero quedarme aquí contigo y aprender todo. No quiero irme, no quiero quedarme solo."

"Lo lamento mucho Mewtwo", susurró con la cabeza gacha. "Debo admitir que lo que sucedió recién fue un error, un grave error. Tú DEBES irte y no puedo hacer nada al respecto"

"No...", dijo mientras que desde sus ojos, las lágrimas comenzaban a nacer.

"Es por eso que te pido que te hagas fuerte, que luches en contra de este destino, que pelees con fuerza hasta alcanzar tu libertad. Porque yo soy demasiado débil y demasiado cobarde como para intervenir en él."

"..."

"Lucha", se agachó otra vez. "Lucha."

"..."

"Prométemelo", le secó una lágrima.

"Lo prometo", dijo cuando finalmente rompió en llanto y se abalanzó al regazo del humano, quien lo acogió otra vez sin dudar, consciente de su error: lo quería.

Al día siguiente, Mewtwo se mantuvo cabizbajo, intrigando al resto de los científicos, mas al preguntarle sobre lo que le sucedía, el pokémon sólo negaba con la cabeza y se quedaba horas sentado en la puerta del laboratorio, viendo el vaivén de las olas, sin atreverse a caminar hacia el mar. Fuji en tanto, lo observaba de lejos, tan triste como el niño y a la vez, sintiéndose mortalmente culpable de su situación actual. Mewtwo había comprendido su destino y, como niño, sólo podía sentir miedo ante él.

Suspiró y entró a su oficina, justo en el momento en que uno de sus colegas se acercaba a la ventana e indicaba un punto en el cielo. Todos los demás se asomaron, hasta que lo que tanta atención les producía, poco a poco tomó la forma de un helicóptero.

"¡Ya han venido!", exclamó alguien. "¡Pero si iban a llegar en tres días más!"

Fuji lo ignoró y salió, encontrándose con Mewtwo, quien se había puesto de pie y miraba también el vehículo volador.

"¿Es él?", preguntó con cierto temblor en su voz, mas el hombre no le contestó. Su corazón latía de una forma tal, que casi no podía escuchar nada a su alrededor. Sintió como la mano del pokémon intentaba tomar la suya y apretar sus dedos para no dejarlos ir, mas él, en un estado ciertamente heroico de conciencia, la apartó. No podía dejar que Giovanni viera el lazo afectivo que había formado con el pokémon, aunque ahora el temor de ver la realidad de perderlo ante sus ojos sin poder intervenir, por poco le hacía perder la razón. Mewtwo abandonaría la isla en unos minutos y jamás volvería a verlo. No podría gozar de su sonrisa al descubrir algo nuevo, no podría reírse internamente de sus colegas cuando el pokémon causaba ciertos problemas en el laboratorio debido a su inacabable curiosidad. No podría tenerlo entre sus brazos ya nunca más.

Sintió que la respiración se le hacía dificultosa mientras el helicóptero poco a poco se aproximaba a tierra, haciendo flamear las vestimentas de los hombres. La bandera que se había mantenido en el poste, demostró su valía al ser capaz de soportar el embate de las hélices del aparato. Fuji quiso tener también el mismo valor, mas cuando vio como los agentes de la organización comenzaban a bajar, hasta dar paso al mismísimo líder, su estómago se sintió pesado y sus piernas comenzaron a temblar con mayor fuerza. No quería separarse de él, lo necesitaba, tanto como a su hija.

De pronto, comenzó a sentir un terror aun más grande que el propio, algo que creció dentro de su cabeza y se esparció por todo su cuerpo. ¿Qué era ello? Fue entonces cuando cayó en cuenta y miró de reojo a Mewtwo. Estaba sintiendo su temor ante la fría mirada y la arrogante sonrisa de Giovanni, quien caminó de forma confiada, hundiendo con cada paso, los sueños y esperanzas de libertad del pokémon.

"¿Realmente este es el pokémon creado de Mew?", preguntó sin siquiera reparar en el resto de los presentes. Miró al pequeño casi de forma despectiva, entreviendo su temor y aumentándolo sin piedad. Mewtwo dio un paso hacia atrás, respirando más rápido de lo que sus pulmones le permitían, mas pronto chocó con el cuerpo de unos de los científicos, quien se había acercado para tomar la palabra que Fuji era incapaz de aceptar.

"La apariencia es sin duda distinta, pero ello se debe a la recombinación del material genético que lo hace aun más poderoso. No tenga duda en que está ante el pokémon más poderoso de todos."

"Eso espero", sonrió. " Por fin esta tierra podrá ser testigo del poder del ejército más temido, y este pokémon... ¡estará a la cabeza cumpliendo con mis órdenes!"

Mewtwo abrió los ojos con terror. Fuji sabía que el pokémon podía captar los impulsos psíquicos y emocionales de Giovanni, por lo que tales pensamientos de grandeza implicaban imágenes que el pequeño se negaba a procesar. No, él no quería ser un soldado, pero ¿qué podría hacer?

"¿Qué sucede?", preguntó de pronto el líder. "¿Es que acaso han creado un pokémon que es incapaz de parar de temblar?¿ Acaso me están entregando un cobarde?"

"No señor", se apresuró a contestar alguien. "Solamente le hace falta un poco de disciplina. Como no contamos con pokémon de batalla en la isla, lamentablemente no pudimos darle un entrenamiento adecuado."

"Bueno", se rió el hombre. "Una vez llegado al cuartel general, recibirá el entrenamiento que le corresponde", y lo miró de una forma sombría, como si ocultara lo más grandes horrores en sus oscuras pupilas. "Mañana vendrá un barco para llevarlos a sus respectivos hogares, así que les recomiendo comenzar a preparar sus maletas lo antes posible", y sin más dilación, dio media vuelta y partió, levantando la mano para hacer una seña. Dos agentes se acercaron y tomaron a Mewtwo de ambos brazos, para guiarlo hacia el helicóptero.

Fuji de pronto se convirtió en eco de las sensaciones de Mewtwo. El terror recorría sus venas, al tiempo en que su corazón parecía detenerse y sus músculos convertirse en plomo.

"Por favor, no...", susurró. "Yo no quiero ir con él..."

El científico lo escuchaba claramente, sin poder evitar preguntarse porque Giovanni no parecía reaccionar.

"Por favor, Fuji, detenlo..."

Mewtwo respiraba cada vez más rápido. Sus pies se movían torpes en el piso.

Quiero quedarme contigo!", gritó de pronto, zafándose de las manos de los agentes y levitando hacia el científico, quien se alejó con horror cuando sintió el contacto del pokémon con su cuerpo. Miró a Giovanni, quien lo escrutó de forme asesina, mas sólo bastó una señal de su mano para que los agentes se aproximaran y volvieran a tomar al pokémon.

No!", volvió a gritar éste, desesperado al ser separado del humano. "¡Yo quiero quedarme aquí!".

Fuji intentó apartarse de él, mas la fuerza con la que el pokémon lo sujetaba era tal, que dos agentes del Equipo Rocket no parecían ser suficientes. La sonrisa de Giovanni se había borrado de golpe, clavándose sus ojos en las atemorizadas pupilas del científico.

No quiero irme! ¡Por favor, no dejes que me lleven! ¡Quiero quedarme contigo, por favor!"

"Mewtwo...", balbuceó el hombre.

Por favor!", lloraba el pokémon. El resto de los científicos miraba la escena con una tensión tal, que casi carecían de respiración. Los matarían, matarían a Fuji y nadie en este planeta se enteraría.

Sin embargo, Giovanni volvió a hacer una señal y otro de sus agentes se acercó y sin piedad, inyectó una suerte de tranquilizante en el brazo del pokémon, el cual poco a poco cesó su movimiento hasta caer inconsciente.

Fuji vio cómo rápidamente le lanzaban una pokéball para capturarlo y así, llevarlo al helicóptero. Su rostro había expresado el más puro dolor antes de convertirse en un haz de luz roja; las lágrimas aún corrían por sus mejillas y el hombre fue incapaz de movimiento alguno.

Lo último que vio, fue como lo subían al aparato y la mirada asesina de Giovanni. Luego, como las hélices comenzaban a girar hasta que el vehículo comenzó a tomar altura. ¡Cuántos deseos tuvo de correr tras él, llegar hasta el pokémon y huir! ¿Adónde? ¿Cómo? Eran preguntas que carecían de significado para él, mas en ese momento, todos esos pensamientos perdían validez y realidad, ya que poco a poco le helicóptero se alejó hasta convertirse en un pequeño punto negro que se perdió entre las esponjosas nubes que tiempo atrás habían fascinado los violáceos ojos del pokémon más poderoso del mundo.

El científico cayó de rodillas tras haberse mantenido como un mártir en su lugar y ya sin importarle nada, dejó que las lágrimas contenidas cayeran a la tierra sin vergüenza y sin temor. Había perdido a aquel al que de algún modo, pudo considerar un hijo.

...

...

Miró por la ventana como los árboles se mecían con suavidad, sin evitar sentirse débil por los sucesos de su pasado, así que se dejó caer otra vez en su silla y se llevó las manos a la cabeza. Luego, tras mantenerse unos segundos con los ojos cerrados, miró ciertos objetos en su escritorio: dos marcos de fotografía.

El primero de ellos, era poseedor de la imagen de una mujer, una niña y él, quienes sonreían alegremente hacia la cámara, como si tuviesen toda la vida por delante. A su lado, descansaba otra fotografía, la de él mismo, mucho mayor, más cansado y agobiado, sosteniendo en sus piernas a un Mewtwo pequeño, con grandes ojos violáceos que miraba con atención hacia el lente de la cámara.

Los había perdido a ambos, había llorado por ambos, mas sólo uno convirtió sus noches en pesadillas cuando, cada vez con una desesperación desbordante, clamaba por una ayuda que jamás llegó. Durante meses, Fuji podía escuchar el llanto del pokémon en su cabeza, pidiéndole por favor, el que se presentara en el cuartel general para volver a la isla, como si esa acción fuese extremadamente fácil. Hasta largas horas de la noche, cuando a veces el sol asomaba en el horizonte, el hombre se quedaba en su cama, con los ojos abiertos y las lágrimas secas en sus mejillas, escuchando como el pokémon finalmente caía rendido ante el sueño, ahogado en su llanto y en su desdicha, mas, pasado el tiempo de esta tortuosa rutina, el hombre fue testigo de cómo la voz de aquel niño sonriente fue cambiando. Ya no sólo pedía por ayuda. En sus susurros se agregaban palabras de odio, hacia Giovanni, hacia la humanidad, e incluso hacia el mismo Fuji, quien sólo había sido un cobarde incapaz de hacer algo para cuidar de él.

Y lo peor de todo era que el pokémon tenía toda la razón.

Ya pronto no pedía ayuda, sólo soñaba con venganza, sólo pensaba en destrucción. No había más que odio en sus palabras y eso era lo que más dolor le causaba al hombre: ver como aquel pequeño que le robó el corazón, se convertía en un ser oscuro, sin la pureza que lo había caracterizado. Su sonrisa había desaparecido, su curiosidad, sus deseos de aprender. Ahora sólo había rencor, furia y dolor.

Y fue así como, poco a poco las noches del hombre volvieron a la normalidad. Mewtwo dejó de proyectar sus pensamientos a él hasta desaparecer totalmente, dejando al científico con un vacío infinito en el corazón, al haber perdido al pequeño para siempre.

Y ahora, de la nada, volvía a escucharlo llamar su nombre, como si pasados los años, el hombre pudiese saltar las barreras del Equipo Rocket e ir a su rescate.

"Lucha", susurró. "Lucha, como me lo prometiste. Arrebátales tu libertad y vuela...

"Es lo único que ahora puedo hacer por ti", y dejó caer la cabeza entre sus arrugadas manos de anciano, mientras su cuerpo temblaba sin control.

"Lucharé...lucharé por mi libertad. La haré mía, sin importar lo que tenga que hacer ni cuánto me tarde. Lucharé y acabaré con todos los que se me interpongan.

"Desearán nunca haberle dado vida al pokémon más poderoso del mundo...

"Lucharé...porque te lo prometí..."

...

...

...

Nota de autor:

Hola. ¿Qué creen? ¡Existo! Wooooo!

Bueno, bueno, he regresado, no en gloria y majestad, pero he regresado. He tenido un poco de tiempo (no mucho, un poquito. Pronto terminará), así que aproveché de escribir, de leer para inspirarme y todo. Lo bueno de todo esto es que el borrador del capítulo 5 está bastante avanzado, pero en realidad no prometo nada, ya que el proyecto en el que estoy trabajando aún no termina y ya estoy en conversaciones para comenzar uno nuevo, sin considerar un montón de cosas que ocupan gran parte del día.

Puff, bueno, todos saben que tengo poco tiempo y que en realidad escribir en la noche, cuando llegas a tu casa y lo único que quieres es caer de bruces sobre la cama y no saber nada del mundo hasta el otro día, sólo va a resultar en un muy, muy, muy mal capítulo. Y realmente he gastado mucho jugo cerebral para arruinarlo así. Además de que este año quiero trabajar en mis proyectos personales de una buena vez para lograr hacer algo concreto. Así que tengo que estar con mis sentidos bien despiertos.

Lo que quiero decir es que no quiero subir capítulos sólo por subirlos, sólo por tiempo, sino que quiero entregar algo bueno y, para eso, yo tengo que estar en buenas condiciones.

Como sea, intentaré aprovechar esta ventana de tiempo que tengo ahora para trabajar el siguiente capítulo, pero no prometo nada, así que no quiero ilusiones de nadie.

Eso

Nos leemos luego y un abrazote! Feliz año nuevo a todos!

Chau!