Sabía que ese no iba a ser un buen día desde que me levanté, algo mareada. Pero al ver por la ventana de mi habitación a una rubia que me resultaba familiar hablándole a MI chico del pan… no, definitivamente no iba a ser un buen día. Bajo las escaleras lo más rápido que mis piernas me permiten: mi pelo desastroso, mi pijama viejo… lo único que importa es la sonrisa que le dedica a Peeta esa lagartija merecedora de un buen vómito asqueroso de Haymitch.

Una vez afuera, me apropio del cuerpo del chico del pan, abrazándolo por detrás, haciéndole una clara referencia a la lagartija para que sepa que él ya me pertenecía y que nadie me iba a sacar lo que más amo en todo el mundo.

-¡Katniss! ¿Qué haces tan temprano? Pensé que todavía dormías. -Dice, saludándome con un beso en la frente.

-Me asusté al no sentir el olor de mi pan de queso matutino horneándose en la cocina. Y luego vi que teníamos visitas en el Valle de los Vencedores. -Respondí, dedicándole una mirada asesina a la lagartija. Es que es una lagartija. Se parece a una lagartija.

-Katniss Everdeen…finalmente conozco a la Chica en Llamas. -¿Por qué la lagartija está intentando ser simpática conmigo? ¿No le di ya a entender mi desprecio? -Yo soy…

-Ya sé quién eres. Estuviste toda la secundaria enamorada de Peeta. -Y se ruborizó.

-Katniss, de eso ya pasaron años…- Dice Peeta, tratando obviamente de encubrirla. Le dedico una mirada asesina y luego vuelvo a la lagartija.

-¿Quieres pasar a tomar algo? ¿No? Qué bueno, porque -digo, sin esperar una respuesta de parte de la lagartija. - tenemos muchos pan de quesos por cocinar. ¿Vamos Peeta? - Le dedico una de mis mejores sonrisas falsas y me dirijo hacia adentro de la casa.

Cuando me doy vuelta para ver si Peeta me sigue, la lagartija le está diciendo algo al oído. Y luego ambos ríen y se saludan. Y mi furia explota. Le cierro la puerta a Peeta en sus narices, y me voy hecha una furia a la cocina.

-Tengo llaves. -Dice, mientras abre nuevamente la puerta. -¿Te enfadaste?

-Sopa de Sae por la noticia. -Le respondo, mientras me siento todavía roja de la furia en la mesada. -Lamento que tu exnoviecita no haya querido compartir un hermoso momento con nosotros. -Agrego, poniendo los ojos en blanco y cruzando los brazos.

-Tres cosas. -Dice, mientras se me acerca peligrosamente, y yo resisto girando la cara. -Primero: eres aún más hermosa cuando estás celosa. -Abro la boca para replicar, pero me tapa los labios con un dedo y continúa. -Segundo, no es mi "exnoviecita". -Nuevamente intento replicar y, nuevamente no me deja. -Tercero, no es que ella no quiso, tú no la dejaste. Y no, no lo lamento. Nunca me cayó muy bien. -Ahora sí estoy decidida a hablar.

-Pero…

-No, todavía no terminé. Hay una cuarta. Te amo. -Y sí, creo que ahí fue cuando mi corazón se derritió. Cuando se me acerca así, lento y despacio, y nuestros labios empiezan a rozarse… Es insano. Cierro los ojos con fuerza y no me dejo embriagar por su aroma: todavía seguía enojada. O iba a fingir estarlo un rato más.

Me bajo rápidamente de la mesada con esa habilidad que me dio la caza en mi niñez, y al ver que Peeta sigue hablándome mirando la mesada y de espaldas a mi nueva posición, agarro un poco de harina de una de las tantas bolsas y la coloco en mi mano.

-Peeta.

Se da vuelta instantáneamente y yo aprovecho para soplarle toda la harina en la cara. Rio hasta más no poder, y él también ríe. ¿Ya les dije que él era el único con el poder de hacerme reír así, verdad? Y es entonces cuando siento como un huevo se hace añicos en mi espalda. Lanzo un grito que se mezcla con risas y entiendo que esto se puso serio.

-¿Estás seguro de esto, chico del pan? -Digo entre carcajadas, mientras me armo con municiones de harina en las manos.

-Claro que lo estoy, chica en llamas. -Responde también riendo.

Y es entonces cuando al mismo tiempo él me lanza dos huevos en simultáneo, que manchan mi pelo y mi pijama, y yo le lanzo todo el paquete de harina entero en los ojos.

-¡Se han vuel…!- Y es entonces cuando el tercer huevo que lanzó Peeta da de lleno en la boca abierta de Haymitch que recién entraba a la casa. -To locos. -Balbucea, con el huevo en la boca todavía.

Y Peeta y yo que no podemos más, terminamos tumbados en el suelo con lágrimas en los ojos. Por un momento pensé que la risa me iba a llevar hasta la muerte.

-¿Le has… le has visto la car…? -Intenta balbucear Peeta, pero de nuevo empieza el ataque de carcajadas, que parece no terminar más.

Cuando después de lo que parecen años nos calmamos y nos levantamos del suelo, aún con las lágrimas en los ojos, vemos a Haymitch sentado en una de las tantas sillas de la mesa, con los pies y brazos cruzados.

-Muy graciosos, eh. -Dice, mientras aplaude con ironía. -Esperé aquí sentado por años para que se calmaran y no me iré de aquí con una buena botella de licor en remuneración a los daños causados a mi persona. Los huevos crudos son espantosos. -

Hago de cuenta que voy a buscar una botella de licor a los muebles de la cocina, pero en cambio agarro otro huevo de la mesada.

-¿Y preciosa, dónde está mi bot…?

Y ahí es cuando, al entrar perfectamente el huevo a la boca abierta de Haymitch, estoy agradecida de tener el don de la puntería. Esta vez Haymitch se cansó de esperar que el ataque de carcajadas que nos dio a Peeta y a mi, que terminamos con dolor de estómago por la risa. Creo que ahora sí puedo decir que nunca antes en mi vida había reído tanto como esta vez.

-Creo que finalmente de una vez por todas dejará de llamarme princesa. -Digo cuando no dimos más de reírnos. Me acerco a Peeta y le doy un dulce beso en los labios. -Gracias por hacerme tan feliz. -Él me atrae más a él y profundiza el beso.

-Gracias por hacerme el padre más feliz del universo. -Dice cuando nos separamos, mientras posa una de sus manos en mi vientre que empezaba a crecer.