Este cap va dedicado a KaoruB , quien me ha levantado el ánimo con sus reviews y me ha animado a seguir escribiendo este fic. Gracias!
Espero que os guste a todos el nuevo capítulo n.n
The Tempest
Mi obi. Mi maldito obi. Sí, aquella prenda era la que más le habría servido en aquel momento. La aldea ya había sido prácticamente envuelta por la tormenta de arena y a Temari le costaba no respirar el polvo. Tener el obi habría significado envolver su boca y su nariz con él a modo de máscara, y así no tener la sensación de estar ahogándose. Pero el obi estaba sobre la cama de su habitación.
Sin dejar de agarrar su vestido para taparse la cara y con los ojos llorándole por toda la porquería que tenía en ellos, deambulaba por las callejuelas mientras llamaba a Akahari, angustiada por el paradero del pequeño animal. En aquellos momentos no le importaba su reputación entre las kamaitachis, sino más bien la capacidad de supervivencia del maldito bicho que les había metido en aquel embrollo. Pensar que podía salir gravemente herido o incluso morir era un pensamiento terrible.
-¡Akahari! -gritaba, pero el viento engullía su voz, perdiéndola entre su inmenso aullido. ¿Cuánto tiempo duraría aquella tormenta? ¿La resistiría?
El viento es tu elemento. Lo puedes crear, pero también destruir. Temari intentaba centrarse y recordar todas aquellas enseñanzas que Baki le había dado a lo largo de los años. Era el momento de aplicarlas. Recordó los ejercicios en los que proyectaba el chakra hacia el exterior para poder escalar árboles o paredes, por ejemplo.
Con toda la concentración que podía permitirse en aquellos instantes, la kunoichi buscó su chakra en su interior. Pudo sentir cómo fluía a través de los canales de su cuerpo y, con sumo cuidado, se rodeó con él, creando un escudo protector. En seguida sintió cómo el viento dejaba de golpearla gracias a una delgadísima capa de aire que contrarrestaba el cortante viento de la tormenta. Al fin pudo dejar de cubrirse la nariz con el vestido. Con muchísimo cuidado, se atrevió a abrir los ojos completamente, sin entrecerrar. No veía nada más allá de un metro de distancia.
Es escalofriante. ¿Estará cerca Akahari? Se acercó a la pared y cerrando los ojos, envió una pequeña cantidad de chakra a través de ella, tratando de sentir algún cuerpo caliente próximo a ella. Su corazón se aceleró al detectar un cuerpo no muy grande en un cruce que había a veinte metros. Sin despegar las manos de la pared, se desplazó hasta donde sentía que se encontraba.
No tardó mucho en encontrar el tembloroso cuerpo de la comadreja, que se había escondido en la grieta en una pared. Tiró de ella, que se resistió por miedo, pero en cuanto consiguió sacarla fuera del agujero y la abrazó, protegiéndola con su escudo del viento, la comadreja se aferró a sus ropas y ocultó el hocico en su pecho. Más tranquila ahora, emprendió el regreso a casa.
-¡Temari-sama! –varias personas se abalanzaron sobre ella nada más pasar por la puerta. Delicadamente separaron sus entumecidos brazos de su pecho y despegaron al animal de su cuerpo. Con suavidad la acompañaron a sus aposentos, donde un par de criadas procedieron a prepararle un baño de agua caliente y una muda limpia.
Sin embargo, un enfurecido shinobi entró en la habitación. Baki, su sensei, no parecía tener tanta preocupación por sus heridas.
-¡Pero qué has hecho! –bramó levantando su mano, donde tenía agarrada por el lomo a Akahari.
-¡Le rogamos que se marche, Baki-san! –una de las criadas se interpuso con suma irritación entre ambos -¡La princesa no está en buenas condiciones esta noche y debe descansar!
-¡Vosotras dos, marchaos! Mis asuntos están por encima de vuestras razones. –claramente ofendidas, las dos mujeres acabaron marchándose, siseando maldiciones.
Baki esperó a que la puerta estuviese cerrada a sus espaldas para cargar contra ella:
-¡Se puede saber qué se te ha pasado por la cabeza! ¡Robar el contrato de sangre! –Temari, sentada sobre la cama, no se atrevió a levantar la cabeza y mirarle al rostro. Las lágrimas ardían sobre su dolorido rostro, pero lo que más escocía era su orgullo. –Gracias al cielo se me ha ocurrido pasar por tu habitación. ¿Se te ha ocurrido pensar lo fácil que habría sido que otra persona hubiese entrado a husmear y se hubiese encontrado el pergamino tirado por el suelo? Y eso sin tener en cuenta los riesgos que podrías haber corrido intentando invocar uno de esos bichos…
-…Ya lo he hecho. –susurró Temari. –Ya he invocado una kamatari…
Aquello pilló tan desprevenido a Baki que liberó a Akahari de la garra de su mano. El animal se golpeó contra el suelo con un gimoteo de dolor, alejándose después para agazaparse bajo la cama. Sólo entonces pareció percatarse de que la comadreja era, efectivamente, una kamaitachi. Bajo las telas del turbante sus orejas se pusieron rojas por la tensión. Aquello no lo había planeado. Sí, contaba con que en un futuro no muy lejano, Temari acabase invocando a las comadrejas; pero no había considerado que fuese el momento más oportuno…
-Creo que deberías marcharte, Baki. –una voz helada los sobresaltó.
Gaara, mirándole fijamente desde el quicio de la puerta, parecía amenazante. Llevaba una bolsa de papel en una mano y una toalla en la otra.
-Gaara-sama. –susurró el sensei. Se palpaba el miedo en su voz.
-Temari está cansada. Ha tenido una noche muy ajetreada y debería descansar. ¿No crees?
Su hostilidad era tan fuerte que Baki, tras un titubeo, salió sin despedirse, cerrando tras de sí. Eso sí, no se olvidó de coger el contrato de sangre. Sólo entonces Gaara miró a su hermana, que luchaba para no pestañear y estar atenta a sus movimientos.
–Gaara... ¿Qué haces?
–He ido a hacer unas compras –murmuró su hermano sin mirarla a los ojos –. Justo quería verte ahora, Temari. Necesito que me enseñes a aplicarte esto.
–¿Aplicarme…? –se sorprendió al ver que su hermano sacaba de la bolsa una venda, agua oxigenada, adhesivo y algodón.
-Sí. Pero antes hay que bañarte. Estás sucísima.
Sólo entonces Temari se percató de que sus extremidades y su rostro estaban cubiertos de sangre seca y arena. Claro, el afilado viento de la tormenta. Herida por mi propia arma… Sonrió brevemente a su hermano, que pareció leerle la mente. Gaara alzó la mano para agarrarla pero paró en seco, sorprendido por su atrevimiento. Increíble… pensó ella; no me puedo creer que hagas esto, hermano…
Pero quizá llevaba tiempo deseando aquello. Tras unos segundos, Gaara tragó saliva y se atrevió a tocarle con la mano el brazo. Temari sintió un escalofrío, pero no se apartó. Con algo más de confianza, el muchacho tiró del brazo de su hermana y la ayudó a levantarse para llevarla hasta su baño. Mientras terminaba de prepararle el baño, se desnudó, y se metió mientras su hermano apartaba la mirada. Permaneció junto a ella mientras se limpiaba, e incluso la ayudó a desenredarse el cabello cuando empezó a cabecear sin control. Volvió a apartar la mirada cuando salía de la bañera y se ponía el camisón.
Fue entonces cuando, con infinito cuidado, curó los cortes de su hermana, teniendo que improvisar ya que ella estaba demasiado dormida como para darle indicaciones. Una vez hubo terminado la llevó hasta la cama, la arropó y, como último detalle, recogió a la kamaitachi - que estaba lo suficiente exhausta como para tratar de huir de él- y la acostó a los pies de la cama. Acercó un taburete al lecho y con el ruido Temari se removió un poco, acomodándose. Cuando por fin lo hizo, Gaara se quedó de piedra al oírla balbucear:
-Perdóname, Gaara…
La miró en silencio unos instantes, totalmente impasible. Si ella hubiese sido consciente de lo que había dicho se hubiese decepcionado ante la nula reacción de él. Pero seguramente no hubiese tardado en comprender lo que significa para Gaara atreverse a sentir algo. Apagó la luz, se sentó en el taburete y estuvo observándola en silencio durante horas.
-Temari, despierta. Tenemos compañía.
Todavía medio dormida, abrió los ojos para comprobar si aquellas palabras habían sido pronunciadas en la realidad o si seguía soñando. Al ver a Gaara en habitación un escalofrío de miedo le recorrió la espalda. ¿Ha estado toda la noche vigilándome? El miedo irracional la hizo buscar con la mirada arena a su alrededor.
Pero él no la estaba prestando atención, tenía los ojos puestos en otra cosa. Se irguió para mirar hacia donde miraba él. Joder, ya empiezan las sorpresitas de par de mañana…
Lo que pudieron ver sus ojos fueron no una, sino dos kamaitachis. Akahari era una de ellas, por supuesto; seguía sucia y sin guadaña, aparte de que alguien le había vendado una de las patitas. Pero el plato fuerte era la otra: era tres veces más grande y tenía un aspecto muy fiero. Ésta sí da miedo… Tenía uno de los ojos oculto bajo un parche, vestía un chaleco azul marino y también llevaba consigo una guadaña desproporcionadamente grande. Monstruosa.
En seguida pudo notar que su posición jerárquica era superior a la de Akahari: durante todo el tiempo esta última se había mantenido sobre sus dos patas traseras al hablar con ella, dándole un aspecto altivo y arrogante. Sin embargo ahora estaba sobre las cuatro patas y cabizbajo, ya fuese por algún tipo de arrepentimiento o por respeto. La otra era esta vez la que estaba erguida altivamente, con la suficiente confianza en sí misma como para incluso mirarla directamente a los ojos.
Cuando vio que Temari se había despertado, dio un pasito y comenzó a parlotear a toda velocidad:
-Me llamo Kamatari. ¡Soy la kamaitachi más poderosa de mi clan!, aparte del hermano mayor de Akahari.
-Ah… Hola. –Temari se sorprendió cuando el animal extendió la garra para estrechársela.
-Mi hermana está mal de la cabeza, Temari. Ya se llevará una reprimenda cuando volvamos a casa. ¡A quién se le ocurre! ¡Era una tormenta de arena!–ambas comadrejas profirieron gruñidos y se amenazaron con los dientes, pero pronto Akahari volvió a mirar hacia otro lado, avergonzada. Kamatari volvió a mirarla a los ojos –Pero tú también lo hiciste mal. ¿Invocarnos de repente? ¡Somos indomables! ¡Rapidísimas! Y si no hubieses sido de viento habría sido horrible. Por cierto, el anterior invocador murió, ¿cómo nos encontraste?
-Eh… Digamos que mi sensei y mi padre habían guardado el contrato de sangre durante años para cuando estuviese lista.
-Oh, ya veo. Qué bien que hija de un Kage, no es mala reputación para nosotras. –tenía un modo de hablar rápido y ágil, idéntico al de la otra comadreja. ¿Será cosa de familia o de comadrejas? – Hemos hablado con Gaara, estamos de acuerdo con lo que nos dice. Y tú nos gustas a nosotras. Saliste a la tormenta para rescatar a mi hermana. ¡Tienes mucho valor para ser humana! Ya solo por eso ¡aceptamos el contrato de sangre!
-Espera, espera, me estoy perdiendo. ¿Acaso no estaba ya firmado el contrato?
Fue Gaara el que habló aquella vez:
-Kamatari me ha explicado mientras dormías que siempre ha habido un proceso de entrega, en el que el shinobi ofrece el contrato a un nuevo usuario elegido cuidadosamente entre las dos partes. Esta vez, como bien ha dicho, el antiguo usuario ha muerto y tú eres la única que parece estar interesada, o elegida, para ser la nueva usuaria. Como no es el procedimiento normal, las kamaitachis han decidido que no van a volver a aceptar las normas del contrato habitual y han exigido nuevas condiciones. Esas condiciones no me desagradan y las he aceptado. Una de ellas es que tú seas la usuaria.
-¿Las otras cuáles son? –inquirió Temari.
-Eso te lo comentaré más tarde. –el tono de Gaara fue tajante.
Kamatari, que se estaba poniendo ansioso de estarse tan quieto en su sitio, interrumpió sus cavilaciones alborozadamente:
-¡Genial, fantástico! Entonces, espero que mañana empiece nuestro entrenamiento, Temari. ¡Cortaremos cabezas, rebanaremos gargantas, sí!
-Un momento, ¿voy a invocarte a ti y no a Akahari?
-Deberías. Akahari para nosotras no llega a estar considerada como lo que los ninjas llamáis genin. ¡Adiós!
Y elevando su manita, con un ¡kai! se desaparecieron.
-Vale, Gaara, ahora es cuando… si tú quieres, claro…, yo te pregunto qué es tan… intricado en el contrato como para no explicármelo en el momento. –inquirió Temari midiendo sus palabras.
Gaara la miró en silencio, en apariencia meditando sus palabras. ¿Estás midiendo lo que vas a decir? ¿Tú, la única persona que conozco que es lo suficientemente peligrosa como para que el resto no se atreva a contradecirte en nada?
Pero sí, su hermano estaba pensando cómo era la mejor manera de decirle lo que tenía que decir. Aquello la puso en guardia: incluso antes de que hablase entendió que aquello iba a cambiar sus vidas. Esperó.
-Una de las condiciones establecidas es que si nuestra familia sigue liderando esta aldea, ellas podrán elegir a su antojo al shinobi con el que establecer el contrato. Tú seguirás siendo la elegida hasta que perezcas o te retires, por supuesto.
-¿Nuestra familia? ¿Te refieres a Kankurô, tú o yo, uno de nosotros tres?
-En efecto.
-… Yo no voy a ser Kazekage. Me niego. En rotundo. – ¡Tengo apenas dieciséis años! Con tan sólo pensarlo empezó a sudar.
-No sé por qué lo daba por hecho. Es por eso que no te estaba contando como la candidata más… segura.
Temari volvió a torcer el morro, pensativa. Aquellas condiciones eran demasiado extrañas como para que Gaara las hubiese aceptado tan a la ligera. ¿Me estoy dejando algo?
-¿Estás seguro de que Kankurô querrá…? Espera. –miró a su hermano a los ojos para confirmar que lo que estaba pensando, la loca idea que se le había venido por casualidad a la cabeza, era de verdad lo que había planeado. -¿Tú? ¿Kazekage?
-¿Tan raro te resulta?
Temari se imaginó al Shukaku campando felizmente por la Aldea derrumbando casas de adobe como un feliz perro en la playa. –Sí, y tanto.
-Las kamaitachis parecen estar de acuerdo en que soy un buen candidato. Parece ser que les impresiona el chakra del Ichibi. –defendió Gaara.
O sea, que unas ratas voladoras han decidido con mi hermano, en concreto el de tendencias homicidas, que tiene que convertirse en el Kage de nuestro país. Añadió mentalmente a la escena del Shukaku escachando casas la de una veintena de comadrejas histéricas en medio de una orgía desenfrenada de mermelada. Maldito Shukaku, seguro que tú has tenido la idea.
-Sé lo que estás pensando. –murmuró Gaara con un tono amenazante.
-No, lo dudo mucho. –el tono amenazador de su hermano le puso la piel de gallina.
-Sí, sí lo sé. Piensas en el Shukaku. Piensas en que es imposible confiar en mí.
Temari abrió la boca para contradecirle, pero de ella no surgió ningún sonido. Hubiese significado mentirle. Su hermano la miró a los ojos y ella se llevó una sorpresa al descubrir en ellos, tras las gruesas paredes de frialdad, un atisbo de tristeza.
Su corazón se aceleró en su pecho. Su hermano estaba triste porque su opinión le importaba. De repente sintió algo de esperanza dentro de ella. Sólo tras comprenderlo fue capaz de hablar:
-Tienes que entenderme.
Gaara frunció el ceño molesto, pero no tuvo más remedio que asentir, dándole la razón.
-Pero confiaré en ti, si tú me dejas.
El muchacho abrió mucho los ojos. Aquel gesto hizo que las enormes ojeras pareciesen más pequeñas, y de repente Temari se encontró mirando el rostro infantil de un niño precioso de inmensos ojos color turquesa…
-Tienes… tienes que hacer un esfuerzo, Gaara. –si hay algo que realmente te hace confiar en que puedes ser un buen Kazekage… ¿quién soy yo entonces para contradecirte? -Pero hay mucho que hacer en ese caso.
Gaara asintió. –Muchas decisiones que tomar.
-Demasiado que aprender.
-¿Qué crees que debemos hacer primero? –interrogó su hermano.
Decisiones… Aprender… Progresar… Por dónde empezar…
-Antes que nada (y siento decirte esto) creo que debemos buscarte aliados. De momento tienes demasiadas… -¿tendencias psicópatas? ¿Probabilidades de acabar matándome? -… demasiada mala fama. Dejémoslo así.
-Sí, tienes razón. –Gaara se removió el pelo, pensativo. -¿Crees que podríamos intentarlo con la Hoja? Oí que el Consejo ha enviado una misiva para pedir disculpas y solicitar un tratado de paz.
A Temari se le encendió una bombilla en la cabeza.
-¿Y si nos ofrecemos al Consejo para realizar misiones de colaboración con Konoha? No se me ocurre otra manera de que nos acepten allí, sobre todo teniendo en cuenta que hay un montón de genin a los que estuvimos a punto de asesinar por culpa de Orochimaru… -en su mente apareció entonces el rostro de aquel niño idiota, el de las sombras… ¿Cómo se llamaba? Ya se me ha olvidado… La rabia de su orgullo herido le volvió a la sangre en un segundo y se visualizó a sí misma lanzándole hordas de kamaitachis encima.
-Por eso mismo creo que es bueno que vayamos allí. –la voz de su hermano interrumpió sus gratificantes elucubraciones - De acuerdo, iré a hablar entonces hoy mismo con el Consejo.
-¿Crees que accederán tan fácilmente?
-Oh, no te preocupes. Tengo mis métodos. –la sonrisa de su hermano fue tan malévola que Temari temió por la vida de los consejeros. –Ah, tengo que pedirte un favor… No le digas nada a Kankurô de momento. Deja que sea yo quien se lo diga cuando sea el momento… ¿te importa?
-De acuerdo… ¿Vas a mantenerle alejado de todo esto?
Gaara negó lentamente con la cabeza. Clavó sus ojos en los de su hermana y ella sintió cómo le transmitía una determinación que le era desconocida en él.
-No. Esto es cosa de los tres. Ya no van a separarnos ni bestias con colas ni padres déspotas. Yo seré el Kazekage, pero vosotros seréis mi… mi conexión con el mundo real; seréis mi mente.
Y dicho esto, el niño que se convertiría en no tiempo en el Kazekage más joven jamás habido, salió de la habitación en silencio, dejando pasmada a una hermana que de momento tan sólo veía en él a un muchachito de doce años.
Temari se removió el cabello de color arena, se sentía nerviosa. Su hermano estaba distinto, y muy de golpe. Tenía la sensación de que ya no sabía quién era, si debía seguir teniéndole miedo o no. Pero mi instinto ya no me hace temerle tanto… Eso debía ser una buena señal, o eso quería creer. Aún así eso no le capacitaba para tomar un papel tan importante.
"Yo seré el Kazekage, pero vosotros seréis mi conexión con el mundo real; seréis mi mente." Las palabras de su hermano retumbaron dentro de ella. Sí, definitivamente, creía en él. No sabía por qué, ni cómo, pero a pesar de las dudas estaba cada segundo más convencida. Pensaba en los tres al fin juntos, sin necesidad de competir entre ellos ni teniendo que ocultar sus sentimientos fraternales, algo que al parecer su padre sólo había sabido debilitar en vez de potenciar.
Gaara será el más fuerte, como ya es; Kankurô su mano derecha, el gran estratega de la Villa, como está deseando ser y para lo que se está preparando. Y yo… yo seré la gran kunoichi, pero también su gran diplomática. Seré su "mano izquierda".
Al fin, tras muchas cavilaciones, tenía claro lo que quería ser. Acompañaría a su hermano en su misión, ella sería fuerte para él, para la Villa, para sí misma. Ya tenía elegido su papel de mujer. Quería ser kunoichi, la más fuerte, la más diplomática a la vez. Ya todo tenía sentido.
Espéranos, Konoha. Vosotros sois el primer paso en un largo camino…
Por desgracia, sus recuerdos la traicionaron y la imagen el maldito muchacho del examen Chunnin se le volvió a aparecer en la cabeza. La rabia volvió a ella.
Oh, contigo diplomacia cero. Mi patada en el culo te espera. ¡Capullo!
¿Sabíais que escribir reviews es bueno para salud? Científicamente demostrado *w*
Muchísisisisisimas gracias por leer! Espero que no se haya hecho demasiado largo, pero quería ir acortando... En el siguiente capítulo habrá algo de acción al fin... =P
PD: para que podáis escuchar las canciones que titulan los capítulos he creado una lista de reproducción en grooveshark. Para quienes no lo conozcan es una página para escuchar música gratis y sin necesidad de registrarse. Aquí os dejo el enlace:
grooveshark . com /#!/playlist/Light+Of+A+Firefly/68581504 (no olvidarse de quitar los espacios)
Espero de corazón que sigáis leyendo! Hasta el próximo cap!
