IV. Humo, vaho y vapor.

Había habido un cambio en Izuku en la última semana. Aunque se había forzado a dejar de prestarle atención, Shouto era incapaz de no verlo. Cada día, al acabar las clases, tenía que reprimir las ganas de hablar con él. Clavó la vista en su mano izquierda. Este es el camino que he elegido. Sabía que iba a ser duro, que no era una vida fácil de llevar, pero se sorprendía al encontrarse con que, de todo a lo que iba a renunciar para ello, la cercanía de aquel chico era lo que más le dolía. Aún entonces le costaba alejarle de sus pensamientos, alejarse de aquel pelo alborotado, de esa nueva forma de caminar, más erguida pero de algún modo más rígida, como si le doliese algo, de su modo de descolocarle cuando hablaba con él, de cómo esperaba… a que… ¿el semáforo del cruce se pusiese en verde?

Shouto se detuvo. Todo aquello estaba pasando delante de él, no solo en su cabeza. Le había estado siguiendo. Pero, ¿qué me pasa? El semáforo de puso en verde, e Izuku cruzó. Shouto se puso en movimiento de nuevo, cruzando poco después. Sabía que aquella no era la dirección a su casa, pero se negaba a detenerse. No te hagas esto, decía una parte de él, pero había otra que contestaba Sólo un poco más.

Al cabo de varios minutos, le vio saltar la valla de lo que parecía un antiguo colegio. Shouto frunció el ceño, rodeando el lugar. No entendía por qué acababa de hacer eso. Tampoco sabía bien qué hacer. Entrar implicaba asumir que no había nada de casual en sus pasos, y que le había estado siguiendo desde clase, pero no entrar suponía que su curiosidad aumentase hasta el punto de perder todo lo que había avanzado en su camino de alejar sus pensamientos de él.

Al final se decidió por entrar escalando la valla. Aterrizó en un patio con dos edificios. Uno de tres plantas que parecía ser el principal, y otro alargado y bajo que debía de ser el gimnasio. La puerta de este último estaba abierta, y se escuchaban ruidos que venían de esa dirección.

Se acercó lentamente, hasta llegar a asomarse por la puerta. Entonces lo comprendió todo.

Katsuki sobrevolaba a Izuku valiéndose de su fuego, y éste esquivaba los golpes que descendían sobre él sin descanso. Era un entrenamiento. Un entrenamiento después de clase. Observó cómo se movían, girando el uno en torno al otro. Fuego y fuerza física, ambos pelean a corta distancia. Justo igual que su padre.

Una posibilidad empezó a crecer en su cabeza. Era un atajo en su camino, pero un atajo que estaba cargado con más amargura que el sendero original.

Finalmente, decidió arriesgarse.

–––

Izuku detectó una forma apareciendo en la puerta, y la distracción momentánea hizo que recibiese otro golpe más por parte de Kacchan. El muchacho se detuvo al escuchar al intruso acercarse.

Desde el suelo, Izuku vio a Shouto.

– ¿Entrenamiento extra?

–Shouto. ¿Qué haces aquí?

Una expresión fugaz de algo parecido a la sorpresa cruzó su rostro. Desapareció en seguida con su pregunta:

– ¿Puedo unirme a vosotros?

Izuku se levantó para responder, pero Kacchan se le adelantó.

– ¿Para que vuelvas a contenerte con nosotros?

–No. Esta vez no. Simplemente tengo que aprender a usar mi lado izquierdo.

¿Su lado izquierdo? Izuku sintió cómo una sonrisa crecía en sus labios. Así que está aceptándolo al fin. Miró a Kacchan, y descubrió que también sonreía. Sin embargo, había algo terrorífico en su sonrisa.

–Entonces está bien. Deku no está hoy en su mejor día, puede dedicarse a mirar un rato.

– ¿Te parece bien, Izuku?

Shouto me ha llamado por mi nombre. Caminó hasta la pila de colchonetas olvidada en un rincón de la sala, intentando ocultar su sonrisa.

–Claro, está bien –se sentó, buscando una buena vista del espectáculo. Shouto prendió su brazo izquierdo.

–Perfecto.

Aquella escena iba a repetirse durante las siguientes semanas.

–––

– ¿Puedes dejar de congelar todo el jodido edificio?

–Ayúdame a descongelarlo.

– ¿No sabes controlar tu poder o qué?

–Pero Kacchan, te ha ganado.

– ¡Tú cállate! Estúpido Deku…

–––

–Izuku, si solo me esquivas no conseguirás ganarme.

–Es complicado alcanzarte con ese vapor que haces juntando tus manos.

– ¿Ahora sabes lo que se siente, eh, Deku?

–Lo siento, Kacchan.

–No te disculpes con él. Tengo una idea. Prueba a crear viento contra mi vapor. Veamos cuál tiene más potencia.

–––

– ¿Quieres dejar de saltar, jodido mono?

– ¡Sigue así, Izuku! ¡Cada vez eres más rápido!

– ¡Sí!

– ¡Tú cállate, mitad-idiota!

–––

–En serio. Odio cuando te escondes detrás de tu jodido hielo.

– ¿Hay algo que no odies, Katsuki?

–Si tiene que ver contigo, da por hecho que no.

– ¿No le percibes por su olor, Kacchan?

– ¿Por mi olor?

–Eh… Sí, bueno. No es que sea fácil distinguirlo, pero… Aprendí a hacerlo.

–Oh. Tal vez tengo que ducharme más a menudo.

– ¡No, para nada! Hueles muy bien. ¡Quiero decir…! Bueno. Es un poco…

–Cállate ya, Deku. Estoy cansado de los dos.

–––

Habían estado entrenando juntos casi todos los días durante más de un mes. Poco a poco, habían ido volviéndose más fuertes. La unión entre ellos también se había fortalecido. Izuku no cabía en sí de felicidad. Nunca pensó que las cosas pudieran haber llegado a resultar de esa manera.

Cuando llegaron a su sala de entrenamientos aquella tarde, Shouto se dirigió a ellos.

–Hay algo que tengo que pediros hoy.

– ¿Qué es?

–Me gustaría que fueseis los dos contra mí.

– ¿Te refieres a combatir dos veces?

–No. Los dos a la vez.

Kacchan se dio la vuelta hacia Shouto frunciendo el ceño.

– ¿Qué? ¿Tan creído te lo tienes que piensas que puedes vencernos?

–No. Para nada. Sé que no puedo venceros. Pero tengo que conseguirlo.

Está poniendo mucha presión sobre sí mismo. ¿Por qué? Tal vez Shouto necesitaba relajarse. Izuku llevaba un tiempo pensando en ello. Quizás todos lo necesitaban.

–De hecho, yo también tenía que pediros algo. He pensado que podríamos descansar este fin de semana y hacer un viaje hasta la playa.

–Tienes que estar de coña.

– ¡Creo que es bueno para nosotros! Porque… eh, veréis. Muchos héroes tienen que trabajar juntos para enfrentarse a los villanos. Y creo que nosotros... Bueno, podría ayudarnos en ello.

–No cuentes conmigo.

–No me parece mal, Izuku. Pero, ¿y si Katsuki y tú trabajáis juntos contra mí?

–Ja. Como si tuvieras alguna posibilidad. Vamos Deku, y procura no meterte en mi camino.

–––

Les venció. Peleó con una ferocidad que era impropia de él, casi como impulsado por la desesperación. Leyó sus movimientos incluso cuando aparecieron en formas que nunca antes habían mostrado en sus entrenamientos. Quedó allí de pie, jadeando frente a ellos, formando humo, vaho y vapor caliente.

Izuku se levantó con esfuerzo.

–Ha sido increíble, Shouto.

–Maldito Deku. No dejabas de ponerte en medio. La próxima vez te ganaremos, mitad-idiota.

La mirada del chico ante ellos estaba perdida, como si estuviese observando el fondo de un abismo.

– ¿Shouto? ¿Estás bien?

Fijó la vista en ellos, volviendo al mundo.

–No voy a volver a entrenar aquí.

¿Qué?

–Shouto, ¿qué estás diciendo?

–Tengo que hacer algo que me mantendrá… fuera un tiempo. Lo siento, Midoriya, pero no voy a poder ir el sábado con vosotros. De hecho… Tal vez es mejor que hicieseis como si no me hubieseis conocido.

Izuku tardó un momento en darse cuenta de lo que significaban sus palabras. Quiso correr hacia él. Quiso preguntarle qué le ocurría. También deseó quedarse allí sentado y llorar. No entendía lo que estaba pasando, pero sentía que todo volvía a ser como antes de que comenzase aquel mes. Kacchan dio un paso al frente.

– ¿Te has quedado tonto del esfuerzo o qué? ¿Qué es eso que tienes que hacer ahora, eh?

–Lo siento. Izuku… Kacchan… Adiós.

Empezó a caminar hacia la puerta. Se va a ir. Se va a ir y no voy a poder hacer nada. ¿Por qué está pasando todo esto?

–Shouto. Te esperamos el sábado a las diez. En la estación.

Volvió la cabeza en su dirección y le miró con tristeza a través de su ojo celeste.

Desapareció tras la puerta.

Se fue. Otra vez. Ahora Kacchan… Izuku le miró. Tenía los puños apretados y la mirada fija en el suelo.

De pronto, él también echó a correr, dejándole solo en aquella sala que se había vuelto tan grande. Los dos se van.