§ Ángel de Amor §
"Todos tenemos un ángel que nos protege, que nos cuida y que nos vigila en el silencio del anonimato. Sabemos que esta ahí, incondicionalmente, y hasta a veces nos gustaría conocerlo... pero son realmente pocos los que tienen esa maravillosa oportunidad."
CAPITULO IV... "Tregua"
.·oOo·.
—Entonces ¿puedo preguntarte algo? —aventuró ella, inquisitivamente
—Inténtalo. —le contestó su ángel.
—Alguna vez fuiste... cómo decirlo...
—¡Habla! Que me pones nervioso...
—Bien. —Inhaló profundo, y luego soltó de una vez: —¿Alguna vez fuiste humano?
Inuyasha se quedó de una pieza. ¿Cómo era posible que ella...?
—¿Cómo que si alguna vez fui humano?
—Eso, tan simple como eso. —decía Kagome, con nervio.
—Mira, el hecho de que estemos juntos no te da derecho de hurgar en mi pasado, ¿estamos?
—Pero... ¡Yo quiero saber! ¡Quiero conocerte, entenderte, saber por qué me odias, por qué odias esto!
Era hora de que Inuyasha tomara decisiones. Por un lado estaba su orgullo, la diversión que podía sacar de las desgracias de Kagome, por más injusto que ello fuera. Y por otro lado estaba un punto tan delicado, personal y doloroso como era su pasado... tenía que sacrificar uno de los dos para salir de aquella encrucijada...
—Bien... Kagome, te propongo que hagamos un trato.
—¡No conseguirás escapar de ésta, te lo advierto!
—¡Y yo te advierto que no conseguirás hurguetear en mi pasado! Jamás... así que qué tal si hacemos esto: yo me comprometo a serte leal como ángel, tal cual como a Dai le gustaría, pero a cambio tú no me preguntarás nunca más sobre mi pasado.
La tregua era bastante beneficiosa para Kagome. ¿Qué pasaría? ¿Podría más su curiosidad o su necesidad de seguridad? Si lo pensaba bien ambos caminos, el aceptar la propuesta de Inuyasha o el rechazarla, la llevarían a caminos relativamente similares, pero con la primera opción sería todo más pacifico.
Después de todo, ella sólo quería buscar una manera de llevarse mejor, y si él estaba cediendo, pues... ¡qué bien!
—Acepto, pero con una condición.
—¿Qué, te parece poco que sacrifique mi orgullo y mi diversión a cambio del silencio?
—La verdad, sí.
Inuyasha estaba atado de pies y manos en cuanto al tema, después de todo, el que estaba en grandes apuros era él.
—A ver, ¿qué más quieres?
—Quiero que me trates bien, que me llames por mi nombre, que no me critiques, que no te rías de mí... que te olvides de que me odias.
—¿Y hacer como que te quiero? ¿A eso te refieres?
—Si tú quieres llamarlo así, pues sí. ¿Es mucho pedir?
Nuevamente Kagome puso una cara de súplica ante la cual Inuyasha se sentía disminuido. ¿Qué demonios le estaba pasando? Si Dai tenía algo que ver en esto, las iba a pagar. Porque desde que él le metió esa idea ridícula de que se podía terminar enamorando de Kagome, la veía de manera diferente. ¿O era simplemente que él jamás se había planteado esa posibilidad de volver a enamorarse, después de lo que le había ocurrido?
—Bueno, tal vez no seas tan desagradable después de todo...
—¡Así me gusta! Te aseguro que si la tregua no resulta, lo entenderé, pero por lo menos no nos quedaremos sin intentarlo...
—Como quieras ¬¬...
Bien, ya estaba hecho. Por lo menos Inuyasha no había tenido que hablar de su pasado...
—Inuyasha... —dijo Kagome en voz baja.
—¿Qué quieres?
—Gracias...
—¿G-gracias? ¿P-por qué?
—Por aceptar... por fin sabré que se siente tener a alguien que me proteja, y aunque sé que no te puedo forzar a estimarme, lo único que quiero es que me respetes, de veras que no pido más... bueno, me tengo que ir, ya que me levantaron la suspensión n.n ¡Nos vemos después, hasta entonces!
La chica se fue en dirección a su salón y ni tiempo le dio al otro de replicar, ya que no quería volver a llegar tarde y que la volvieran a suspender. Aunque si tenía suerte, eso jamás volvería a pasar...
—Definitivamente, Dai me las va a pagar. –dijo Inuyasha más para sí que para nadie, viendo embelesado como Kagome se marchaba.
.·oOo·.
—¡Kagome-chan! —gritó Eri al ver a su amiga entrar al salón. —¡Por aquí!
—¡Hola muchachas!...
—Que bien que te levantaran la suspensión, ¿verdad? —Ayumi sonrió, aliviada.
—Sí, nos tenías preocupadas, pensamos que terminarías deprimiéndote si continuabas suspendida... –sugirió Yuka.
—¡Oh! Vamos, no es para tanto... —respondió Kagome con una amplia sonrisa. Ahora que estaba consiguiendo arreglar las diferencias con Inuyasha todo parecía menos grave, hasta una suspensión.
—Vaya, vaya, vaya... ¿qué tenemos aquí?
—¿¿Y desde cuándo que Kagome Higurashi se ríe tanto, no se queja de alguna cosa y no tiene cara de querer que se la trague la tierra? —la picaresca expresión de Ayumi hablaba por sí sola.
—¿Qué es aquella cosa tan buena que te ocurrió? —preguntó Yuka, al tiempo que le ofrecía a su casi recién llegada amiga un refresco, que ella aceptó gustosa.
—Nada... ¿por qué? ¿Tiene que pasarme algo ultra increíble para que me ría? Solo estoy aliviada por lo de la suspensión, es eso...
—Quien lo diría, parece que después de todo, sí tienes una ángel guardián, Kagome. Una suspensión no se la levantan a cualquiera...
Kagome, quién se disponía a tomarse el primer trago de su bebida, pareció incapaz de tomar un sorbo, ya que si lo hacía... la escupiría sin remedio. ¿Cómo podían sus amigas adivinar lo que pasaba entre ella e Inuyasha, si al mismo tiempo ni sospechaban que hablaba con él?
—Bueno... —una gota de incomodidad se deslizó por su nuca. —¿No eran ustedes las que decían que todos los humanos tenemos uno?
—Sí, —respondió Eri ágilmente. —¿Pero no eras tú la que decía que ningún ángel podría con el desastre de vida que llevas?
La conversación se desviaba a puntos inconteniblemente sospechosos, y Kagome comenzó a preocuparse.
—Chicas, díganme la verdad: ¿ustedes me notan extraña últimamente? —preguntó con cara de angustia.
Sus amigas parecían meditar un poco. La verdad era que Kagome pensaba que ellas también podían ver a Inuyasha, porque tanta coincidencia de preguntas no podía ser casual... Al fin, Yuka tomó la palabra.
—A decir verdad, si no fuera por el hecho de que llegaste tan sonrientemente hoy... diría que sigues siendo la misma de siempre.
—"Debí sospecharlo... ni siquiera pueden ver a su propio ángel y van a ver al mío... no tiene sentido" —pensó Kagome. Y sin querer darle más vueltas al asunto, cambió de tema rápidamente. —Bueno, jeje... amigas... ¿Quién de ustedes me prestará los apuntes para ponerme al día?
.·oOo·.
Mientras tanto, en el cielo, Inuyasha y Dai mantenían una amena conversación...
—Así que decidieron darse una tregua... quien lo diría...
—¡Feh! Lo hice porque no me quedó otra alternativa. —aclaró el mayor, de inmediato. —Ésa humana estaba cada vez más empeñada en entrometerse en mi pasado, ¡y eso no se lo iba a permitir!
Inuyasha puso cara de ofensa total al imaginarse a Kagome inmiscuyéndose en su vida como una esposa celosa que busca pruebas de que su marido la engaña.- "Un momento... ¿Una esposa celosa? ¿Pero qué comparaciones son esas...? ¬¬ ¡Inuyasha... eres un tarado!" —se reprendió a sí mismo.
Dai no parecía haberse dado cuenta de las expresiones de Inuyasha a medida que pensaba en los efectos de su respuesta, y agregó, curioso:
—Conque tu pasado, tu misterioso pasado... ¿Inuyasha...?
—¿Qué quieres? —La cara de Dai reflejaba lo mismo que Kagome momentos antes de pactar la tregua. —No, un momento, ¡¿No me digas que tú también!
—¡Es que piénsalo! Eres la persona más misteriosa que conozco... ¿Qué tan oscuro puede ser el pasado de un ángel para no querer contarlo a nadie?
—Sí, la verdad soy muy misterioso... jeje —Contestó a modo de broma, queriendo eludir la respuesta central de la pregunta de Dai. Este se dio cuenta, y puso una cara... ¡uf! —Ya, ya... OK sí, a lo mejor mi pasado no es tan oscuro, pero sí... doloroso. No quiero hablar más de eso, ¿estamos?
—Pero Inuyasha, Inuyasha-san... que te cuesta...
Cuando Dai llamaba a Inuyasha "Inuyasha-san"... el otro ya sabía que no descansaría hasta sacarle algo. Ese jodido ángel... tan entrometido que era... pero estuvo ahí cuando Inuyasha lo necesitó... y Dai parecía que estaba dispuesto a cobrárselo.
—Inuyasha-san, ¿recuerdas cuando te sentías mal? ¿Recuerdas cuando te sentías solo, triste y abandonado? Y... ¿Recuerdas que yo estuve ahí, apoyándote sin preguntar nada de nada?
—Sí, lo recuerdo. (¬¬U)
—Pues... ¡¡Ahora quiero saber! —Terminó Dai. —Al menos dime una pequeña pista, algún nombre, algo, poooooooooooooooooooorfis...
Inuyasha retrocedió en su memoria. Ciertamente era algo muy difícil de recordar. Eran tantos los sentimientos que se hacían presentes...
—La razón... la razón fue...
—La razón fue... —Dai parecía que estallaría de la expectación.
—La razón fue... Kikyou —terminó de decir Inuyasha.
—¿Kikyou? ¿Quién es ella?
—Ella es... ¡bah! ¿Qué caso tiene? Además, ya te dije algo, así que por hoy déjame en paz, no preguntes más y... olvida lo que te conté...
—Inuyasha-san...
—¡¡¡No me llames "Inuyasha-san", no conseguirás nada mas! Ahora, ¿Me podrías dejar solo? —Evidentemente, a Inuyasha se le había terminado el buen ánimo.
—¿Solo? ¬¬ bueno, esto... solo solo, lo que es solo no te puedo dejar, recuerda que soy tu tutor y debo vigilarte a sol y a sombra...
—Pues haz lo siguiente: golpéate la cabeza, olvídate de que eres mi tutor y ¡¡¡DESAPARECETE DE MI VISTA! ¿fui lo suficientemente claro, querido amigo?
—Fuiste más que claro, estimado Inuyasha-sa... Inuyasha. —Se corrigió antes de que Inuyasha lo matara.
Así, Dai se retiró, dejando al ángel de la mirada ambarina sumido en los más recónditos rincones de sus pensamientos.
—Kikyou... hace tanto tiempo que no pronunciaba ese nombre... pero sigue sonando en mi corazón... hoy... como ayer...
.·oOo·.
Estaba poniéndose el sol en el horizonte. La jornada había sido tan agotadora que cualquier estudiante que se tomaba la escuela seriamente, hubiera agradecido que al día siguiente no hubiera clases. La semana de exámenes mensuales era difícil, pero si le pones empeño al final se agradecen los resultados.
Justamente en eso pensaba Kagome, cuando caminaba de regreso al templo Higurashi de manera distraída... como siempre... ¬¬
Bueno, por hoy era totalmente justificable andar distraída caminando por la calle, con una vista tan espectacular de una perfecta puesta de sol, algo que difícilmente podía ser ignorado. Un atardecer como ése podía despertar la sensibilidad de cualquiera. De cualquiera...
Para llegar al templo, Kagome debía caminar a orillas de un río, para finalmente cruzarlo a través de un puente a escasas dos cuadras de su hogar. Pero como por hoy andar distraída era inevitable, la chica no se dio cuenta de que el puente estaba fuera de servicio, pues las cuerdas que lo sujetaban ya tenían sus años, y en cualquier momento cederían. Así que, pasando por alto el cartel que avisaba a los transeúntes que no debían caminar a través de dicho puente... Kagome se encaminó por sobre él.
Lógicamente cuando iba a mitad de camino, el puente comenzó a temblar peligrosamente.
—¿Qué diablos le pasa a esto? Se siente como si en cualquier momento fuera a ceder...
Fue entonces cuando la chica se tomó la molestia de voltear su cabecita hacia la entrada del puente, para recién percatarse AHORA del gran letrero que había en el que decía:
"Favor de no usar. Puente en reparación"Una gorda gota cayó por la nuca de Kagome, al verse en la mitad de un peligro inminente...
—Dios, ¿por qué siempre yo? T.T —se dijo, al tiempo que las cuerdas comenzaban a cortarse.
—Porque eres una pajarita distraída sin remedio. —le respondió una voz que ni siquiera se anunció, lo que hizo a Kagome saltar de la impresión, agilizando el corte de las cuerdas.
—Ay... —pensó la chica más que resignada a caer al río. —aquí fregué.
Y en efecto, el puente se dio por vencido. Kagome cerró los ojos pensando absurdamente que así el chapuzón se sentiría menos... pero resulta que el espacio entre el puente y el río no era tanto. El tiempo pasaba, y ella... no caía...
Decidió abrir los ojos. Estaba suspendida en el aire, y alguien detrás de ella la estaba sujetando por la cintura al tiempo que levitaba en dirección a la orilla segura, al otro lado del río.
—¿Inuyasha? —preguntó, totalmente incrédula.
—Pues hasta donde yo sé no tienes otro ángel guardián... —contestó el ángel en un sorprendente tono carente de antipatía.
—Bueno si... yo tampoco... —dijo Kagome, sintiéndose totalmente estúpida.
Finalmente llegaron a la orilla, pero... algo pasaba.
—Esto... Inuyasha...
—Dime...
—Ya me encuentro a salvo, puedes soltarme ññ
En efecto, Inuyasha en un acto realmente sorprendente, incomprensible, inentendible y similares, luego de haber pisado tierra, se había quedado prendido de la pequeña cintura de la chica que llevaba en brazos, sin motivo aparente de hacerlo, ya que el peligro había pasado. Posteriormente, y totalmente sonrojado, se separó de Kagome y volteó, confundido.
—Lo siento, es que... me preocupaba que el suelo no fuera firme, y también pudiera ceder... —dijo, excusándose en sus propias tonterías.
Kagome también estaba atolondrada con el hecho, pero para ocultar su sorpresa, decidió continuar la conversación de manera hilada.
—Era algo probable, así que lo entiendo. Después de todo, estamos a orillas de un río.
—Bueno, sí...
Ambos se miraron un momento. Un momento que parecía transmitir magia con esa espectacular puesta de sol que se efectuaba a sus espaldas.
—Gracias, Inuyasha. —Exclamó Kagome con un dejo de emoción.
—¿Eh? ¿Por qué?
—Porque es la primera vez que me salvas de un desastre n.n la verdad no sé que hubiera hecho si hubiera caído al agua.
—Bueno, no te lo tomes como la gran cosa, después de todo es parte de un trato ¬¬ —contestó el ángel en su habitual tono seco. —Además... reconozco que verte caer a ese río, hubiera sido una cosa más para agregar a mi repertorio de accidentes caóticamente graciosos xD
Kagome se sintió sulfurar. ¿Por qué el tarado que tenía enfrente no podía hacer las cosas bien y terminar amablemente aquel acto de valentía?
—Después de todo... eres hombre... —dijo en voz alta, haciendo sin sentido el significado de esas palabras en la conversación original.
—¿Cómo dices? —preguntó Inuyasha, confundido.
—No, nada, jeje. Olvídalo. ¿Me acompañas de camino a casa?
—¡No me lo digas como si fuera una proposición!... Debo hacerlo. —cara completamente roja de vergüenza.
—Bueno, como quieras. —Terminó Kagome, con una sonrisa francamente adorable.
Así, en el tranquilizante silencio de un atardecer perfecto, ambos retomaron el camino al templo.
Un atardecer perfecto, que puede despertar la sensibilidad de cualquiera...
De cualquiera.
Continuará...
.·oOo·.
Notas de autora: OK, cuarto chap arriba. ¡Oigan gente, sean más animosos con los reviews pos! ¬¬ no sean amargos... a lo mejor muchos de ustedes leen o han leído esta historia, entonces denme mi premio por escribir tan lindo xD (o por escribir tan mal, o tan cursi... entonces dejen una critica, una recomendación... pero dejen algo, aunque sea un "¬¬")
Eso sí... don't want flames.
Revisando rewies x ahí, me fijé en que alguien pregunto pa' donde iba la historia xD porque leyó mi profile y se asustó porque dije que detestaba a Kagome xD (eso no es mentira ¬¬)... así que aquí y ahora aclaro: esto siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii es un InuxKag porque lo escribí en la época en que la pareja me parecía adorable hasta la muerte, y claro, Kikyou anda metida x ahí porque si no la cosa no tiene gracia (de eso aparece algo en este chap), pero para eso falta haaaaaaaaaaarto... así que lean con toda la confianza del mundo xD
Y eso. Esta autora desaparecida en acción vuelve cuando menos se lo esperan a dejarles otro poquito de esto. ¡Espérenme!... ¡Y gracias x los reviews que llegaron!
Bytes xD
¤EnD¤
-08/07/06-
