Disclaimer: NADA ME PERTENECE. Los personajes son de la fabulosa Stephanie Meyer y la historia es completamente de la grandiosa escritora Venezolana Lily Perozo (serie: Dulces mentiras, Amargas verdades) La historia es Rated M, por contener alto contenido sexual. Yo los adapto sin fines de lucro, solo por mero entretenimiento.

Leer bajo tu responsabilidad.

Gracias a Lily Perozo, la autora por permitirme adaptar su historia, sin ella esto no fuera sido posible.

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Capítulo No. 3

El ritmo del hip hop acompañaba al sonido de los golpes en las peras y sacos de boxeo que hacían crujir el cuero como si se lamentase de recibir la descarga de adrenalina de sus atacantes.

La energía y potencia vibraba en el ambiente. Todos en ese lugar tenían ganas de golpear algo para drenar ese brío que los consumía y otros tantos para liberar tensión.

Bella estaba preparada con su uniforme de boxeo y entraba al lugar moviendo los hombros de manera circular para relajarlos, ladeando la cabeza. Causó una lluvia de silbidos, mientras saludaba a los chicos, sonriéndoles y agitando una de sus manos.

— ¡Mike llegó todo lo tuyo! —le avisó uno de los hombres a punto de grito al entrenador que estaba sobre el cuadrilátero enseñándoles técnicas de defensa personal a un joven con el rostro cubierto de pecas y las cejas rojizas.

Al ver a Bella, el boricua no pudo mantener el ritmo normal de los latidos de su corazón. Si bien se encontraban un poco alterados por la práctica que llevaba a cabo, divisarla después de varias semanas haría que lo expulsara por la boca y quedara expuesto sobre la lona.

La estupidez lo calaba por completo y el bronceado en ella, hacía que lo enamorara un poco más.

—Hola Mike —saludó sonriendo con entusiasmo mientras se aferraba a una de las cuerdas.

—Qué alegría verte Bella, pensé que habías olvidado el camino al gimnasio —le reprochó mientras se acercaba. Se puso de cuclillas delante de ella y aún así Bella debía elevar la cabeza para poder mirarlo a la cara.

—Estaba de viaje, nunca olvidaría el camino. Necesito entrenarme un poco porque abusé demasiado y necesito quemar caloría ¿te falta mucho? —preguntó desviando la mirada al chico que Mike entrenaba.

—No, ya hemos terminado —respondió Mike, volviendo medio cuerpo hacia atrás para mirar al joven que entrenaba para hacerle señas con los ojos—. Kevin, listo ya puedes bajar.

El chico, con el rostro salpicado por pecas, se quitó el casco protector y dejó al descubierto su ensortijada cabellera rojiza producto de una exótica combinación en sus genes.

Kevin comprendía perfectamente la fascinación que su entrenador sentía por la hermosa mujer de grandes ojos misteriosos y aunque no llevase ni cinco minutos en el cuadrilátero, le otorgó el placer a Mike.

—Te ayudo a subir —se ofreció tendiéndole la mano. Mike la jaló con fuerza y en segundos estuvo en el rin de boxeo, donde su cuerpo inadvertidamente se estrelló contra el de él en el momento en que la abrazó y le dio un beso en la mejilla.

—Te he extrañado —dijo en un tono que pretendía seducir a la mujer que protagonizaba sus más ardientes sueños.

Bella lo miró a los ojos y juraba que su semblante le mostraba a Mike su desconcierto ante la actitud arrebatada de él.

—Yo también, necesitaba mi rutina de ejercicios —generalizó su respuesta. No iba a permitir que Mike una vez más se hiciera falsas ilusiones porque no quería que él mismo terminara haciéndose daño al alimentar un sentimiento al cual definitivamente ella no iba a corresponder. Por esto, sólo una mueca y se dirigió al banquito en la esquina del ring donde se sentó.

Mike se puso de cuclillas frente a ella y movió la cabeza en una sutil señal para que le extendiera las manos. Bella lo hizo y él se dio a la tarea de vendarle las manos empezando por las muñecas para asegurarse de que no sufriera ninguna lesión durante el entrenamiento.

—Te has hecho un nuevo tatuaje, es muy lindo —dijo Bella mientras observaba el escorpión negro que el chico se había tatuado en el cuello.

—Lo tenía pensado desde hace mucho. Lo hice por un amigo al que le decían Escorpión. Murió hace un par de años —le informó y temió que la repentina acotación de Bella se debiera a que lo había pillado fantaseando con sus piernas.

—Sí. Lo recuerdo. El que tuvo el accidente de auto en el túnel Holland —dijo en voz muy baja, sintiéndose afligida al recodar el fatídico momento.

—Sí ese mismo. Me gusta tatuarme cualquier cosa que pueda relacionarme con las personas que han formado parte importante en mi vida —detuvo su tarea de vendaje y miró a Bella a la cara—. De ti quiero tatuarme tus ojos. Claro si estás de acuerdo y quieres facilitarme una foto para que puedan hacerlo.

—Mike, no sé. Creo que no soy tan importante —razonó mientras y se removía inquieta en el banquillo.

Verdaderamente no se creía merecedora de un acto tan importante por parte de él. Ella no le había brindado algo realmente poderoso para que tomara una decisión tan importante, una decisión irrevocable que llevaría de por vida.

—Sí lo eres y lo sabes Bella, pero no te preocupes, no pienso exigirte algo por el tatuaje, quiero hacerlo y nada más —le regaló una sonrisa tranquilizadora.

Ella no podía influenciar en su decisión, aunque no pretendiera ser tan importante, definitivamente lo era.

—Si crees que es buena idea y que en un futuro no te va a incomodar, puedes hacerlo. Te pasaré una foto esta noche, pero después no te quejes.

—Gracias, no voy a arrepentirme y sin embargo existe el láser —dijo sonriendo de esa manera que a Bella le gustaba porque era una risa entre sensual y tierna. Esa que resaltaba la hermosa imperfección en su diente canino derecho.

—En eso tienes razón. Podrás hacerte cualquier cosa después si terminas arrepintiéndote —le dijo con una sonrisa traviesa observando como él regresaba a su tarea de vendarle las manos.

—Tal vez, puede que nunca me arrepienta. Cuando me tatúo es porque estoy seguro de lo que quiero —anunció con decisión y terminaba con las vendas—. Listo voy a ponerte los guantes —le informó poniéndose de pie yéndose en busca del par de guantes rojos que estaba en el centro del ring.

Bella se puso de pie y se acercó al entrenador. Extendió los brazos y los puso a la altura para que pudiese colocarle los guantes.

— ¿Estás preparada? —le preguntó armándose con los protectores.

—Más que lista, estoy ansiosa —respondió soltando las palabras, y con la energía que la embargaba saltó de un lado al otro con la punta de sus pies estrellando sus guantes uno contra otro para ponerse en guardia.

—Vamos, izquierda, derecha, codazo, gancho…—iniciaron la rutina de entrenamiento y mientras Mike la alentaba—. Bien, muy bien Bella, una vez más y más rápido. Izquierda, derecha, codazo, gancho. Ahora un crochet… —Mike le pedía a Bella los golpes y ella los daba con precisión, fuerza y rapidez. Él admiraba el poder que Bella poseía. Sabía que con lo que le había enseñado, podría salir de cualquier apuro.

Quince minutos de continua práctica, les había consumido gran parte de las energías y necesitaban descansar un poco.

—Descanso, cinco minutos —pidió y Bella deteniéndose jadeante ante la falta de aliento. Él lanzó a la lona los protectores y se dejó caer sentado en medio del ring.

A Bella las piernas le temblaban. El aliento le quemaba en la garganta donde también se ahogaban los latidos del corazón. Junto con eso, sentía el sudor liberando las toxinas por cada poro de su cuerpo. Finalmente se dejó vencer por el cansancio y se sentó al lado de Mike.

—Necesito, matarme entrenando y lo digo literalmente —le comunicó con seriedad—. Mike debo estar perfecta, porque… —aún la falta de aliento le pasaba factura y no le quedaba más que hacer pausas para llenar los pulmones de oxigeno—. Eres al primero que se lo digo.

—Gracias por el privilegio —dijo sonriendo y perdiéndose en la mirada de Bella.

—Me han invitado a participar en el Fashion Week y tendré que subirme a la pasarela, por lo que estoy totalmente en tus manos para que ese día mi cuerpo hable por mí —le contó e inevitablemente una gran sonrisa iluminó su rostro perlado por el sudor.

—Felicidades Bella —expresó sinceramente. La felicidad de Bella, se reducía a la de él también—, me alegro mucho por ti. Siempre te lo he dicho vas a llegar muy lejos y ahí tienes la prueba. Bueno sabes que soy exigente y desde ya me eliminas las grasas saturadas, las naturales hasta las once de la mañana, después de esa hora olvídalo. Ya sabes cuales son las frutas antioxidantes. Te ayudarán mucho, pero sólo para mantenerte porque estás perfecta, no quiero que bajes ni un solo gramo —le advirtió y aplaudió con energía—. Listo has descansado mucho. Agarra la cuerda y me haces saltos intervalos. Cuatro sesiones de siete minutos —ordenó poniéndose de pie tendiéndole las manos para ayudarla.

—Tampoco te lo tomes tan enserio ¡eh! —le dijo sonriendo aferrándose a las manos de Mike.

—Es necesario —argumentó, alzándose de hombros de manera despreocupada—. No debes faltar ni un solo día y mañana nos vamos a las máquinas. Vamos a tonificar esos músculos —enfatizó cada una de sus palabras, porque estaba seguro de que sería la mejor excusa para verla más seguido.

—Vale como diga capitán —acató la orden con un gesto de saludo militar.

Salió del cuadrilátero y se encaminó. Agarró una cuerda y empezó a saltar en un área despejada para cumplir con la rutina que acababan de asignarle.

Mike apenas podía despegar la mirada de Bella y en un visaje pudo ver a los chicos sonriendo mientras negaban con las cabezas. Todos sabían cómo lo traía la diseñadora. No le quedó más que tratar de seguir con su trabajo y reticente desviar la mirada de la monumental mujer.

Después de casi una hora, Bella terminaba agotada y se despedía de Mike y los chicos. Sólo quería llegar a su departamento para darse una ducha con cambiantes temperaturas de agua y descansar. Se secó el sudor con una toalla y se marchó.

Mientras conducía hacia su departamento, escuchaba un poco de música. Cantaba y movía su cuerpo al ritmo de Go Gentle, encantada con la maravillosa voz de Robbie Williams.

Se detuvo ante el semáforo en rojo y el reloj del auto le informaba que eran las nueve y cinco. Agarró su iPhone y la consciencia le taladró las sienes al percatarse de que Edward no le había enviado ni siquiera un mísero mensaje de texto.

No quería alimentar los demonios que naturalmente conviven con una mujer y antes de hacerse cualquier idea prefirió suponer que seguramente estaría tan ocupado como ella.

La pantalla de su teléfono móvil perdió casi totalmente su nitidez y cuando sintió que todo le dio vueltas, confirmó que su celular estaba bien y la del problema definitivamente era ella.

Cerró los ojos, respiró profundo, liberando lentamente el aire por la boca cuando una bocina detrás de ella le anunció que el semáforo había cambiado a verde.

Dos cuadras antes de llegar a su edificio, las grandes luces de neón de una farmacia la encandilaron. Era como una señal, una azul y brillante señal.

En contra de todos sus miedos y del pánico que la azotaba, decidió luchar y armarse de valor. Puso las luces traseras en intermitente para anunciarle al auto que la seguía que pensaba estacionar a un lado de la acera. Antes de bajar agarró una bocanada de aire y la soltó, la acción la repitió un par de veces.

Entró al local que le inundó las fosas nasales con el olor antiséptico y las luces blancas la encandilaron por varios segundos. Espabiló un par de veces y fijó su destino. Sin perder tiempo caminó con decisión para no perder el valor que había conseguido.

—Buenas noches señorita ¿en qué podemos servirle? —preguntó un joven con lentes de lectura sin montura y con una gran sonrisa como si verdaderamente le satisficiera hacer su trabajo.

— ¿Tiene pruebas de embarazo? —murmuró sintiendo como la cara se le calentaba ante el sonrojo sintiendo vergüenza por el pedido que hacía.

— ¿Disculpe? —preguntó con la misma sonrisa.

—Pruebas de embarazo ¿tiene? —le dijo en tono normal, pero no tan alto para seguir manteniendo el secreto entre ella y el hombre de lentes y bata de doctor. Inevitablemente con el rabillo del ojo observaba a la señora a su lado.

—Claro señorita ¿busca alguna marca en específico? —consultó con amabilidad y profesionalismo, atraído por la indiscutible belleza de la mujer.

Que marcas, ni que mierda, solo quiero una maldita prueba de embarazo ¿acaso la marca le cambiará los rasgos? Pensó al tiempo que fingía una amplia sonrisa con la que trataba de aferrarse a las riendas de su valor.

—La que sea. La más confiable. Si quiere me da tres de marcas diferentes —dijo con voz urgente.

—Con una será suficiente —aconsejó el hombre que sabía perfectamente de lo que hablaba.

—Quiero tres por favor —pidió conteniendo sus ganas de golpearlo.

—Bien, tres entonces —afirmó y levantó ambas cejas, mostrándolas muy por encima de los lentes. Se encaminó a los estantes y trajo las tres pruebas. Las cobró y las metió en una bolsa.

Bella le entregó el pago y se dio media vuelta. Dio largas zancadas para alejarse de ese lugar cuanto antes.

— ¡Señorita! —la llamó el hombre, deteniendo abruptamente su casi huida del lugar. Ella se giró suponiendo que le había dado un billete de mayor cantidad—, mucha suerte —le deseó con una sonrisa.

—Gracias —contestó Bella con una sonrisa fingida y salió rápidamente.

Condujo las dos cuadras restantes y entró al estacionamiento. Bajó del auto y subió a su piso, pasando de largo a su habitación. Lanzó cartera, teléfono móvil y pruebas de embarazo sobre la cama y se fue directo al baño. Se dio una ducha que le ayudó a eliminar un poco de tensión, evitando lavarse el cabello por la herida que se había hecho al desmayarse.

Salía del baño envuelta en un albornoz de paño, cuando vio la pantalla de iPhone iluminarse. Al estar lo suficientemente cerca se dio cuenta de que era Edward. Lo reconocería a millas de distancia con esa imagen que ella había cambiado recientemente para sus llamadas.

Una gran mezcla de felicidad y miedo se formó en su estómago. Unas ganas de llorar la asaltaron de la nada: tenía miedo. Si estaba embarazada, no sabría cómo decírselo a Edward. Se jodería la vida ella y se la jodería a él. De eso estaba completamente segura. Sabía que un hijo era una bendición para muchas personas, pero para ella no, no en ese momento de su vida. Tenía tantas telarañas en su cabeza, tantas inseguridades y miedos de lo que era una familia que sólo se llenaba de pánico, no estaba preparada, no lo estaba.

Se metió en la cama, se sentó sobre sus piernas cruzadas y sacó las tres pruebas de embarazo.

Las puso delante de ella, mirándolas mientras el corazón le latía en la garganta y Edward llamaba por tercera vez. Respiró profundo y se armó de valor.

— ¡Hola! —saludó tratando de ser lo más efusiva posible.

¿Cómo estás? Llevo media hora pegado al teléfono, ya iba a poner la denuncia de tu desaparición.

—No seas exagerado, me estaba bañando, no pretenderás que me lleve el teléfono al baño —se defendió y se llenaba de esa calidez que le brindaba el sólo hecho de escuchar la voz de Edward.

Claro que puedes llevártelo. Podría hacerte el baño más entretenido —su voz pícara, puso a Bella sobre las intenciones que se formaban en Edward.

—No empieces Cullen… cuéntame ¿cómo fue tu día? —preguntó con una sonrisa temblorosa que la azotó al posar la mirada en las pruebas de embarazo que se mostraban ante ella como si fuese una profecía de los Mayas que anunciaban el fin de sus metas.

Como la mierda —dejó libre un pesado y sonoro suspiro—, estoy agotado, apenas tuve tiempo para respirar. Extrañé durante todo el día el Ford y el Sol.

—Yo también, de hecho al despertar por la mañana me sentí algo desorientada —le confesó. Despertar y no encontrar a Edward a su lado le golpeó más fuerte de lo que esperaba.

Yo más, extrañé despertar y no verte babear —dijo sonriendo y con eso ocultó la verdadera necesidad que sintió por no haber tenido el cuerpo desnudo de Bella calentándole la cama.

—No me babeo, de eso estoy segura —se defendió de la falsa acusación que Edward le hacía.

Bien, no vamos a discutir por teléfono, para eso tengo pruebas. Te hice unas cuantas fotos mientras dormías.

— ¡No te di permiso para que me fotografiaras mientras dormía! —le reprendió sintiéndose divertidamente indignada.

Yo tampoco te lo di y aquí estoy viendo unas. Y pensándolo bien, las voy a enviar a un casting para actor porno. La vida debe ser más fácil que la de un fiscal y seguro gano más —Edward se encontraba sentado en su cama y a través de las fotografías en su portátil revivía los maravillosos momentos del viaje. Sorprendiéndose al encontrar imágenes que no sabía existían y que a él verdaderamente lo exponían. Bella debía tener algún grado de perversión el cual alimentaba al fotografiarlo desnudo.

—Tendrás que agrandártelo con photoshop y después cuando te toque trabajar en vivo hacerte la cirugía —dijo Bella riendo. Utilizó la burla para esconder la vergüenza que la embargó en el momento en que Edward le informaba que había olvidado eliminar ciertas fotografías que podrían ser catalogadas de un erotismo realmente alto.

¡Me revientas las bolas cada vez que me dices que lo tengo pequeño! —exclamó sintiendo su ego masculino golpeado—. Te empeñas en hacer polvo mi autoestima, pero yo sé lo que tengo. Pregúntale a tu amiga llorona si no le gusta este pequeñín.

—Es que mi amiga exagera y se derrite por cualquier cosa —le comentó y ahogó una carcajada.

Bella Swan, vas a hacer que me presente en menos de veinte minutos allá y te demuestre que no soy cualquier cosa —le advirtió con una seriedad fingida.

— ¡Ya Edward! No seas tonto, sabes que no lo eres… bien sabes cómo me pones cuando me seduces y todo lo que me haces sentir y decir. Lamentablemente hay cosas que me delatan —reveló e hizo un puchero, al saber que ante él su cuerpo no tenía ningún control.

Me gusta cuando admites que te tengo loca —dijo sintiéndose victorioso y soltando una carcajada de la cual ella se burló, imitándolo—. En fin no me has dicho ¿qué tal ha sido tu día? —le recordó, una vez que se cansó de reírse.

— ¡Perfecto! En la mañana apenas llegué a la boutique me encontré con la mejor noticia de mi vida ¿adivina qué? —le hizo la pregunta como si fuese una niña que ponía a prueba a un adulto.

No sé, no puedo imaginármelo —contestó fingiendo inocencia, sin embargo perfectamente sabía que ella le contaría lo de la invitación. No quería decirle a Bella que él lo había conseguido. Pero lo hizo porque sabía que ella no se atrevía. No se arriesgaba a hacer la petición por temor. Él la hizo y ahí estaba.

A la organización le habían gustado sus diseños y le darían la oportunidad. No hizo nada más, sólo inscribirla y adjuntarles información de ella, eso fue suficiente para que le eligieran a la firma Swan.

— ¡Me han enviado una invitación de la organización del Fashion Week! —lo dijo en medio de un grito que revelaba su emoción—. Voy a participar Edward y no me lo puedo creer: he llorado y reído, me ha dado dolor de estómago y me he desmayado —hablaba con tanto entusiasmo que no logró conectar la lengua al cerebro y soltó las palabras sin más.

¿Te has desmayado? —la interrumpió con la pregunta sintiéndose realmente sorprendido.

—Sí, pero fue por la impresión —miró una vez más las pruebas sobre su cama y tragó en seco—. Estaba tan feliz que olvidé respirar y bueno se me fueron las luces y me desplomé, pero no fue nada de qué alarmarse porque a los minutos estaba brincando por toda la boutique —logró rápidamente salir del pequeño desliz que había cometido.

Ten cuidado Bells… —le aconsejó con ternura—. ¿Te vio un médico? Mañana pasó por ti y te llevo a que te vea un doctor.

— ¡No! —soltó la negación de manera exagerada. No pudo evitar oponerse porque seguramente le pedirían hacerse una prueba de embarazo delante de él y entonces moriría en ese instante y tenía un desfile que preparar—. No es necesario, ya me vio un médico. Charlie no dejó de molestar hasta que uno no me atendiera —mintió acerca de su visita al médico. Además de eso decidió ahorrarse la conversación que tuvo con Vulturi, porque eso no le iba a gustar a Edward, se alarmaría y comenzaría a sacar conclusiones tergiversando las intenciones de Aro.

¿Pero te sientes bien? —preguntó y a Bella le encantaba ese tono de voz preocupado que utilizaba con ella.

Después de todo tiene corazoncito el fiscal. Pensó sonriente, mientras los latidos del corazón disminuían el ritmo y se tranquilizaba un poco.

—Estupenda, si hasta fui al gimnasio. Llegué hace media hora, después de una extenuante rutina de box con Mike. Me he puesto a régimen, debo mantener el peso.

Mike… Mike, el de los tatuajes que se la hace pensando en ti —masculló como un niño malcriado.

— ¡Edward! Respeta a Mike, te he dicho que es mi amigo, sólo eso, no se masturba pensando en mí —lo regañó por su actitud celosa e infantil.

Apostaría todo lo que tengo a que sí. Bella no conoces a los hombres, pero bueno sé que por tu parte sólo quieres amistad y eso me tranquiliza un poco. La invitación al Fashion Week no puede quedar así. Hay que celebrarlo y nada mejor que una noche de tequilazos —le propuso entusiasmado.

—Será noche de tequilas, ¿por qué todo lo exageras Edward? —inquirió divertida.

No exagero, será una noche de tequilazos ¿mañana te parece?

—Apenas me reintegro al trabajo como para faltar por resaca, mejor el sábado —decidió sabiendo lo que significaría una celebración con Edward.

Bien, entonces el sábado será la noche de celebrar —hizo rápidamente la invitación, aunque fue más una decisión que acababa de tomar.

— ¿Puedo invitar a mis amigos? —curioseó con pillería porque estaba segura que Samuel pretendía que esa celebración la hicieran a solas.

Podríamos salir con tus amigos el viernes sólo a pasarla bien, sin necesidad de que te emborraches, ni te desveles. Una cena, porque la noche de tequilazos será solo entre los dos.

—Entonces serán dos días de celebración, me parece estupendo —vociferó su felicidad y entusiasmo.

Voy a dejarte descansar, debes estar agotada y quiero que tengas energías para el sábado ¿quieres que almorcemos juntos mañana?

—Si es sólo para almorzar, sí porque tengo mucho trabajo y no puedo perderme por mucho tiempo —insinuó conociendo las intenciones de Edward cada vez que se encontraban y aunque a ella le enloqueciera que actuara de esa manera no podía comportarse como una adolescente hormonal.

Te prometo que será sólo para almorzar. Lamentablemente también estoy a tope con el trabajo. Te envío besos castos para no excitarte.

—Igualmente señor fiscal —le dijo divertida y finalizó la llamada.

El silencio de su habitación la golpeó fuertemente. Suspiró profundo tratando de que esa ola de nostalgia pasara rápidamente.

Ella amaba su soledad. Estar consigo misma era todo lo que necesitaba, pero se había acostumbrado a la presencia del egocéntrico brasileño en tan poco tiempo que se desconocía totalmente.

Su mirada una vez más se posó en las pruebas de embarazo que se encontraban verticalmente sobre la cama. Sabía que debía salir de dudas, pero si el resultado daba positivo se derrumbaría.

No podía culpar a Edward. Todas las veces que cogieron fue con plena consciencia y estaba segura de que había tomado todas sus pastillas, sin embargo se sentía en una pesadilla de la que no podía despertar.

Se armó de valor y salió de la cama. Agarró las pruebas y sentía como sus piernas temblaban, mientras se encaminaba al baño.

Se sentó en la taza y destapó la primera. Leyó las instrucciones e hizo lo mismo con la segunda y la tercera. En todas pedían una muestra de orina. No quería perder tiempo, por lo que se haría las tres de una vez y salir de dudas.

Las usó tal como las indicaciones le dictaban: se aseó con un algodón húmedo los genitales y orinó en éstas. Las colocó sobre el borde del lavabo y no lograba controlar el temblor en su cuerpo.

Mientras los minutos parecían horas, se encaminó al espejo y se quitó la bata de baño, observándose desnuda y tocándose el vientre. No veía nada fuera de lo normal, pero con sólo pensar que podría abultarse hasta estriarse la piel, se llenaba de pánico.

No estaba en ella, no podría ser madre. Ese instinto materno no se lo implantaron al nacer, o mejor dicho, perdió todas sus ilusiones de familia cuando era niña.

La alarma le avisaba que el tiempo había pasado y después de tanto esperar, no se atrevía a acercarse. Veía a las indefensas pruebas como si fuesen bestias que se la devorarían. Para ella no eran más que el Apocalipsis.

Dejó libre un suspiro, resopló y se armó de valor para tomar la decisión que podría marcarle la vida y de la cual tal vez no huiría. Se encaminó y se detuvo frente al lavabo donde estaban las pruebas. Sin pensarlo más miró una y luego la otra para salir de dudas. La tercera se lo confirmaba.

Se llevó las manos al rostro y lloró. Las lágrimas de felicidad y alivio se arremolinaban en su garganta, sólo debía dejarlas salir, mientras sentía que un peso enorme la abandonaba. Todas las pruebas mostraban una sola raya.

— ¡Negativo! Gracias Dios, gracias. Te prometo que tendré más cuidado. No te prometo que no voy a coger porque es imposible, pero sí voy a recurrir a un método anticonceptivo más eficiente. Este susto no quiero experimentarlo una vez más —prometió con la mirada al techo.


Espero que les haya gustado el capitulo.

No creen que merezca Reviews.

Las actualizaciones serán dos veces por semana, los días Martes y Viernes.


Adelanto del próximo capitulo…..

No te voy a pedir eso, si lo quieres yo lo acepto. Sólo te pido precaución. Sabes que ya es un hombre y ellos no aceptan novias. Mi vida aún eres una niña —los ojos de Sulpicia evidenciaban la tensión que sentía ante la situación inesperada que estaba viviendo.

Ya no lo soy mamá, te cuesta verlo, pero ya no lo soy. Me he hecho mujer ¡ya no soy virgen! —le confesó que no sólo Jasper le gustaba sino que esa relación ya había cruzados los límites de un simple noviazgo en el cual se tomaban de la mano. No sólo le había entregado sus sentimientos, sino también su cuerpo.