V: La Cruzada de los Héroes
La conmoción en las ocho naciones duró un largo rato después de que Tony les anunciara la identidad del afectado por los caza almas. No había ninguno que hubiera quedado sin una expresión de sorpresa, duda… o desesperación como lo era el caso del representante de Estados Unidos, quien se vio obligado a sentarse para recuperar un poco la calma y no perder el control.
—N-No puede ser, aru —pronunció Yao, quedando paralizado a causa de la impresión.
—Esto tiene que ser una broma —añadió Francia, con los ojos aún más abiertos.
—¡Oye! ¿Estás seguro que es él? ¿No te habrás equivocado, estúpido extraterrestre? —preguntó el británico, alterado, tras un minuto de consternación.
—Mis datos casi nunca fallan, limey bastard. Si tienes un aporte mejor te reto a que lo hagas, maldita bitch —le desafió Tony con la misma mirada de desagrado que el inglés tenía hacia él.
La furia en la cara del representante del Reino Unido era evidente, y antes de que pudiera lanzar algún improperio contra el pequeño ser grisáceo, fue frenado por Kiku.
—C-Calma, por favor —intervino Japón, poniéndose delante de Arthur—. Todos estamos muy conmocionados por esta revelación, pero no podemos pelearnos ahora. Tenemos ver qué hacer para solucionar este problema, ¿no es así, Amerika-san?
El silencio y la quietud en Alfred sólo generaron un ambiente de tensión, el cual preocupó un poco a sus más cercanos al verle sentado nuevamente en su silla de operaciones y con sus manos tapándole el rostro.
—¿Amerika-san?
—Más de doscientos países… más de doscientos países en todo el mundo y precisamente tuvo que ser él —repetía el estadounidense con las manos sobre su cabeza mientras se echaba para atrás y adelante en su silla—. ¿Por qué él? ¿Por qué a mí?
—Oye, America, ¿estás bien? —le preguntó Rusia parándose detrás de su silla, más por curiosidad que por preocupación como tal.
—¡Este tipo es un dolor en el trasero! ¡Siempre tiene que estar jodiendo mi existencia y la del resto! —se comenzó a quejar el estadounidense, irritado, poniéndose abruptamente de pie y caminando de un lugar a otro—. ¡Si sólo le hubiéramos dado un castigo por lo de hace un año esto no estaría pasando! ¿Y saben qué creo? ¡Apuesto a que fue él quien armó toda esta conspiración para fastidiarme de nuevo!
—¿Qué estás diciendo, America, aru? ¡Estás hablando de Hyung! ¡Él nisiquiera cree en extraterrestres! —le refutó la nación milenaria, molesto.
—Yo les dije que había que frenarlo cuando tuvimos la oportunidad —le apoyó Arthur, severo.
—Pero… ¿Él está en problemas, no? ¿No se supone que deberíamos ayudarlo? —preguntó inocentemente Feliciano, ganándose enseguida una mirada asesina de casi todos en la sala que le hizo estremecerse de miedo—. ¿Q-Qué, qué dije?
—Italia, tú sabes bien lo que ese tipo ha hecho en el pasado. Lo viviste junto a nosotros —le respondió el alemán, lo más pasivo que pudo al tiempo que ponía sus manos sobre sus hombros y le miraba fijamente—. Él no merece ninguna consideración de nuestra parte.
—L-lo sé, pero…
—Estoy de acuerdo. A mi parecer sólo está teniendo lo que se merece —comentó Francis cruzándose de brazos, un tanto despectivo.
Hubo una pausa en que la mayoría asintió mientras que Yao no pudo sino más que observar atónito al resto.
—Esperen… ¿Es decir que van a dejar a NorCorea a su suerte, aru?
—Lo mejor que podría pasarle al mundo es que ese buscapleitos, guarda-misilesnucleares desapareciera de la faz de la Tierra —contestó firme Inglaterra.
—No podría estar más de acuerdo —murmuró Alfred con cierto rencor.
—¡No puedo creerlo, aru! ¿Y qué hay de…? —El chino hizo una pausa para intentar recordar algo que persuadiera a los demás, en especial a America, hasta que se le vino a la mente un punto crucial con que atacar a éste último—. ¡¿Del código de los superhéroes?! ¿No se supone que tienen que salvar la vida de amigos y enemigos por igual, aru?
—¡No uses el código de los superhéroes para contradecirme, China! ¡Yo los inventé! —le replicó furioso el americano, parándose frente al mayor—. Además, recuerda que tengo como motivo todo lo que ese maldito nos hizo cuando nos atrapó en su casa. Lo sabes, tú estuviste ahí también, así que ni tú ni nadie en esta sala puede juzgarme.
—¡De cualquier manera si no haces nada para ayudar a Hyung estarías ayudando al propósito de esos extraterrestres, aru! ¿O permitirías que tu resentimiento contra él te impida salvar el mundo?
La determinante y firme respuesta de Yao dejó a Alfred con los puños y dientes apretados. Sin duda el mayor había tocado el punto clave para ir contra de su moral y en todo lo que creía.
—Es cierto. Aún no sabemos qué propósitos tengan esos parásitos con nuestro mundo —reflexionó Ludwig, llevándose pensativo una mano a su mentón—. Quizás debamos considerar pensar en cómo estudiar a esos extraños invasores antes de tomar cualquier acción en su contra.
—Sea como sea habrá que buscar a ese tipo e interrogarlo nosotros mismos —dictaminó Arthur—. Si en verdad hay una posibilidad de salvarlo y que nos ayude… bien, pero si por el contrario no hay salida… tendremos que hacer lo que debamos hacer.
Asentimiento absoluto por casi todos, excepto por Italia, Rusia y China. El último de ellos volvió a quedar perplejo ante semejante declaración.
—Esperen… ¿Q-Qué… qué planean hacerle, aru?
—Nada… por el momento. Como dije sólo es en caso de que estemos ante una encrucijada.
—¿Es eso o están usando esto como pretexto para deshacerse de Hyung, bastardo opio? —China fulminó con la mirada al rubio, quien frunció el ceño desdeñoso. Momento después se dirigió al ruso para buscar apoyo—. ¡Rusia, dí algo!
El más alto se mantuvo algo confuso. Desde que había empezado aquella discusión sólo se limitó a observar al resto, divirtiéndose un poco con las quejas y lamentos de algunos, especialmente con las de America, pero también tenía su propia opinión.
—Da, estoy de acuerdo con Yao-Yao. Hyung se ha vuelto muy amigo mío este último tiempo, así que no me gustaría que nadie atentara en su contra. Y no me gusta a quienes se meten con mis amigos, kolkolkol —recitó con una voz cantarina que ocultaba una escalofriante amenaza.
La aura amenazante que cubría a Rusia provocó que algunos retrocedieran intimidados, lo que finalmente dictaminó que todos acordaran en no hacer nada en su contra y sólo centrarse en buscar a NorCorea para saber más de la identidad de su verdadero enemigo.
—Estos commies siempre se ayudan entre sí —expresó America, frustrado—. En fin, vengan conmigo, hay algo que debo mostrarles antes de empezar nuestra cruzada para salvar al mundo.
El tono del representante de Estados Unidos había cambiado por uno más entusiasta; tono que ya había usado antes de revelarle al resto de naciones su base secreta, y que de seguro les deparaba otra agradable sorpresa sobre las cosas que guardaba en ésta misma.
De cualquier forma, Yao se sentía más tranquilo. Al menos había logrado convencer a los demás de no hacer nada en contra de Hyung e intentar buscar respuestas antes de tomar cualquier represalia en su contra. A ratos agradecía ser fan del cine estadounidense, ya que podía sacar de la manga estrategias efectivas como ésa.
De pronto, una perturbadora duda dio lugar en la mente del chino acerca de los invasores… ¿Qué estaría pasando con SurCorea? La casa de Yong Soo estaba al lado de la de su mellizo, y de haberse desatado ahí todo aquel desastre, significaría que entonces él también estaba en problemas.
Tiene que estar bien, aru. Debe de estar bien. Él es un país muy fuerte después de todo, aru.
Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando el cuarto al que los había guiado Alfred abrió sus compuertas lentamente para dejar ver una sala aún más grande y amplia en la que habían estado anteriormente. Lo impactante fue que en ésta había un inmenso jet de guerra que ocupaba la mayor parte de espacio del lugar y resaltaba a la vista junto a todo su armamento.
—Vean. Contemplen las maravillas de la armada estadounidense ¿No es una preciosidad? —alardeaba Alfred caminando alrededor de su jet como si fuera un niño que acababa de recibir un juguete nuevo y presumía delante de sus amigos.
—Amerika-san… Usted… Esto… ¿Cómo…? —tartamudeaba el japonés, sin asimilar del todo lo que estaba viendo junto a los demás.
—¿Por qué se sorprenden tanto? —preguntó el estadounidense con falsa modestia—. Es como un jet privado estilo Bombardier Challenger 604(*)… sólo que modificado y equipado con lo último en armas y misiles. Con esta belleza podemos ir a cualquier parte del mundo al mismo tiempo que defendernos y atacar —finalizó empuñando su puño y con un aire de gloria.
—Tengo una duda… ¿Pretendes que con esto nos vayamos directamente a NorCorea? —preguntó vacilante Alemania tras recuperarse de su asombro.
—¡Claro que sí, dudes! Pero antes pasaremos a recorrer algunos otros sitios para ver que tal está la situación por otros lados. Quizá hayan quienes necesiten ayuda ¡Y quién mejor que el hero y sus acompañantes para darles una mano! —se jactó el rubio de lentes concluyendo con su característica carcajada que molestaba a muchos.
—Eso no estaría mal. A todos nos dejaría más tranquilos ver qué pasó con los demás —meditó Francia.
—¡Ese es el espíritu, fellas! ¡Ahora muevan su trasero que debemos ponernos en marcha cuanto antes! Y… tengo regalitos especiales para ustedes antes de partir, jejeje —anunció la nación de lentes, ajustándose éstos antes de abrir la compuerta de su nave.
—Apuesto a que has estado deseando por esto desde hace mucho tiempo, America —apostilló Rusia con su sonrisa infantil al ver la emoción que embargaba al americano mientras se subía a su jet de lo más campante.
Como respuesta, Estados Unidos sólo figuró una sonrisa de orgullo.
En otra parte, específicamente en el hogar de Ricardo Díaz, el representante mexicano se hallaba sentado en el comedor de su casa, manteniendo su mirada en un punto ciego como si no estuviera mirando nada realmente. Su expresión parecía apagada, mustia.
El ambiente en la sala era solitario e iluminado por el atardecer que caía sobre su tierra. Contrarrestando con la luz de la ventana, se hallaba una misteriosa figura a un lado del joven de pelo castaño, quien se encontraba parado a un lado suyo antes de depositar un objeto frente a él y decir en tono misterioso y profundo:
—Estarán aquí dentro de poco. Cuando lleguen… ya sabes lo que tienes que hacer.
El mexicano apenas si asintió y su mirada quedó fija en el arma que el norcoreano había dejado sobre la mesa.
(*)Bombardier Challenger 604(o CL 600 challenger): Es un jet privado con una capacidad entre nueve a doce personas, según sea el tipo. Originalmente son aviones de reacción para transportar a un pequeño grupo de personas, aunque también son usados por las fuerzas armadas.
Notas finales: Ya sé que me querrán matar T_T No era mi intención dejar tanto tiempo este fic sin actualizar (y eso que no saben cuánto tiempo he dejado en hiatus mi trilogía u_u) sin contar que ha sido un capítulo corto… pero en fin, espero lo hayan disfrutado :3 ¿Qué peligros les esperan ahora a nuestros héroes en su travesía por el mundo antes de llegar a NorCorea? xD ¿Y qué pasó con México y el resto de naciones que estuvieron en el cine ese día? Esto y más en el próximo capítulo xD (Jo, soy pésima para estos anuncios)
Chica cosmo: No temas, que pronto se sabrá qué pasó con los secuestrados ;) Para eso el hero y sus "acompañantes" van al rescate xD Yep, todo indica que NorCorea fue poseído por los misteriosos visitantes, pero… ¿quizá hay algo más ahí? :O Besitos y gracias por comentar :D
