Sé que no tengo perdón de ningún Dios por haberme tardado tantos años en actualizar. Tampoco voy a llenarlos de excusas baratas, simplemente voy a contarles un par de cosas: éste es mi primer fanfic, por ende planeo terminarlo SÍ O SÍ, aunque me tarde unos años más (es broma, el fic está casi terminado). Mi estilo de escritura ha cambiado considerablemente en estos años, por lo tanto, eso le dará un giro a la historia que se notará a partir de este capítulo.
Sinceramente, no sé si alguien vuelva a leerlo, pero yo me siento en la necesidad de terminar esta historia, porque fue, es y será mi primer fanfic, y existe un cariño importante. Lo comencé a escribir a los quince años, por ende, hay muchas cosas que desconocía en ese momento (tanto de redacción, ortografía, como de la historia de PoT en sí). Me he esmerado en continuarlo, a pesar de que olvidé muchas cosas.
A modo de acotación: edité los capítulos anteriores. Básicamente arreglé puntuación y ortografía, todo lo demás está igual (a pesar de que pensé en cambiar muchas partes del fic y luego explicar todos los cambios en esta actualización, pero luego pensé que lo mejor era dejarlo tal cual, así le da un aire totalmente amateur, jajaja).
Espero que disfruten y que le den otra oportunidad (a pesar de todos los errores e incongruencias cometidas en los primeros capítulos, que sé que son varias).
Disclaimer: Prince of Tennis le pertenece a Takeshi Konomi.
PD: Como es usual, es un capítulo corto, pero los siguientes serán más extensos.
Capítulo 6: Capitana
Había pasado un par de semanas desde que Izumi había ingresado a Seigaku, y todo parecía ir bien. Sus clases con Sakuno estaban dando sus frutos, puesto que la chica, a estas alturas, ya podía mantener un ritmo de entrenamiento constante, y para la próxima sesión tenía planeado jugar un partido contra ella. Eso la tenía bastante orgullosa, puesto que nunca antes había entrenado a nadie en su vida, y hacerlo le daba más seguridad y confianza en sí misma. Además, comenzaba a agarrarle cariño a la pequeña.
Por otra parte, las clases en el Instituto también iban marchando bien. Izumi siempre se había caracterizado por ser muy constante en sus estudios, y eso se veía reflejado en sus calificaciones. Era tanto así, que el profesor le pidió que fuera la encargada de la clase una vez por semana. En circunstancias normales, a ella no le hubiese molestado para nada ese título, es más, hubiese sido bien recibido, pero dadas las circunstancias a las que pretendía aspirar –ser la capitana del equipo femenino de tenis– era una situación bastante comprometedora. Aún así, no le quedó más remedio que aceptar.
Su carácter se había moldeado un poco a medida que pasaba más tiempo en la escuela. Al estar tanto tiempo con la dulce Sakuno, Izumi se había ablandado un poco, había aflojado su personalidad fría y distante, y ahora era un poco más expresiva y conversadora. Aunque bueno, era sólo un poco. Seguía sin tener amigos, pero mantenía una extraña relación con Kaoru. Él tampoco era muy expresivo, pero ella lo había encontrado varias veces viendo el entrenamiento que ella le proporcionaba a la chica de primer año, y cuando Izumi lo descubría, él se iba siseando hacia otro lado, molesto. Era una mezcla entre extraño y divertido, aunque aceptaba que no comprendía su actuar. En clases tampoco tenían mucho contacto, sólo un par de miradas divertidas por parte de la pelinegra, ya que Kaoru a veces, y sólo a veces, se quedaba dormido, siseando en el intertanto.
Hoy tenía reunión con Tezuka y la entrenadora Ryuzaki.
–Permiso –dijo, entrando a la oficina–. Entrenadora, ¿quería verme?
–Así es. Hemos pensado mucho con el Capitán Tezuka y hemos decidido que tú eres la persona adecuada para ser la Capitana del equipo femenino –Izumi abrió mucho los ojos en señal de sorpresa–. Hemos sido testigos de cómo has entrenado a mi nieta y la pasión que sientes por el tenis, además de ver en ti a alguien con mucha dedicación. A pesar de no haberle ganado a Tezuka en aquel partido, creemos que tienes las cualidades que estamos buscando –finalizó con una sonrisa en el rostro.
–Esto nos dará la posibilidad de tener a otro equipo competitivo de Seigaku en los torneos más importantes. Sabemos que, desde que entrenas a Sakuno Ryuzaki, has atraído la atención de muchas alumnas, que ven en ti a alguien ejemplar y que puede insertarlas en el mundo del tenis. Confiamos en ti –dijo Tezuka, con rostro convencido.
–Yo... –balbuceó. Todavía no podía creer lo que estaba pasando–. ¡Claro que sí! ¡No los defraudaré! –dijo, inclinándose hacia ambos en forma de agradecimiento.
–La próxima semana serás presentada oficialmente como capitana, y se abrirán los cupos de ingreso. Tendrás que estar todos los días entrenando, y si es necesario que sea hasta tarde, así lo será.
–Por supuesto que sí. Muchas gracias por confiar en mí.
Había esperado mucho tiempo por eso. Por fin sus esfuerzos como tenista estaban siendo reconocidos, por fin había gente que realmente confiaba en ella para llevar a cabo una tarea tan comprometida y delicada como lo era ser capitán de un equipo. Su rostro todavía no podía asimilar la noticia.
Iba caminando tan perdida en sus pensamientos, que no se dio cuenta que chocó contra alguien.
–D-Disculpa –balbuceó.
–Ey, Akiyama, despierta.
Kaoru la miraba extrañado.
–¿Qué te pasa? Tienes una expresión rara en el rostro.
–Voy a ser capitana –dijo en un susurro.
–¿Eh? No te escucho. Ey, Akiyama –y la tomó de los hombros, sacudiéndola para que despertara–. ¿Qué actitud tan rara es ésta?
Izumi por fin despabiló y dijo con una media sonrisa: –¡Voy a ser capitana!
Kaoru abrió los ojos como platos. Sintió un pequeño cosquilleo en el estómago al escuchar esas palabras.
–W-Wow, impresionante.
–Lo siento Kaidoh, no puedo quedarme a conversar, ¡necesito contarle esto a mi abuela! –y por primera vez en mucho tiempo, sonrió de una manera tan natural y dulce, que hasta la misma naturaleza hubiese sentido celos de ella.
Kaoru se quedó mirándola ensimismado, perdido en aquella sonrisa. Nunca había visto nada que se le pareciera. Era una sonrisa tan pura, que no pudo evitar que un pequeño tinte carmesí adornara sus mejillas, mientras murmuraba: –Buena suerte, Akiyama.
Izumi llegó lo más rápido que pudo a su casa, dando pequeños saltos de felicidad. Su perro ladraba efusivamente ante aquella situación.
–Izumi, ¿qué sucede? –preguntó su abuela.
–Abuela, abuela, ¡voy a ser capitana! –y la abrazó lo más fuerte que pudo.
–Oh, Izumi, estoy tan orgullosa de ti –dijo su abuela, en un tono de profundo orgullo y satisfacción, correspondiéndole el abrazo–. Sabía que lo conseguirías.
–Gracias abuela, hace tiempo que no me sentía tan feliz –dijo mientras acariciaba el pelaje de su perro.
–Sabes que ahora tienes que dar todo para que el equipo llegue lejos, ¿verdad?
–Por supuesto, no defraudaré a nadie. Haré que todos se sientan orgullosos del Equipo Femenino de Tenis de Seigaku. Lo prometo –y una sonrisa adornó su rostro. Su abuela, a pesar de que no podía verla, sabía que su nieta estaba feliz por lo acontecido.
Sí, las cosas realmente estaban yendo bien. Izumi tenía en la palma de sus manos su destino, y sólo ella podía darle un buen curso. Mientras dependiera de ella, las cosas irían bien. No importaba qué cosas hubiesen ocurrido en el pasado, ahora ella estaba escribiendo su propia historia.
