.

Disclaimer: Harry Potter y sus personajes no me pertenecen.

Advertencia: AU. Gryffindor!Draco, Gryffindor!Harry. Posible OoC, falta de lógica y centrado en el romance entre hombres. Sí hay algo más que advertir, ya ni sé.


Al fin de cuentas

.

Mokita

...

Es el principio del infierno, oficialmente. No, Draco no está exagerando ni un poquito porque tiene dieciséis años y se encuentra en el tercer lunes de septiembre, lo que al pertenecer a gryffindor se traduce a que la semana del amigo secreto ha dado inicio.

Draco Malfoy odia la jodida semana del amigo secreto.

Sinceramente, le interesa una mierda que sea una tradición desde que está en primer año, que sea para unir un poco más los vínculos entre los miembros de la casa e incluir cálidamente a los primeros años. El tener que aguantar la locura que significan los intercambios de obsequios durante siete días consecutivos y averiguar que desea más que nada la persona a la que le toca dar un regalo, es estresante; Draco ya vive muy estresado con el simple hecho de estar donde está, muchas gracias.

Entonces, cuando la semana comienza y antes de salir siquiera de la Sala Común, se encuentra con Harry Potter convertido en un niño de siete años, Draco tan solo rueda los ojos y hace una mueca mientras que los amigos de Potter se quedan pálidos y alterados. Consecuentemente, Draco es quién termina mandando a alguien a que llame a la profesora McGonagall y se acerca al niño que apenas le llega un poco más arriba de la cintura y parece no recordar algunas cosas. Algunas cosas, como que es un mago y es alumno de Hogwarts. Magnifico.

¿Ven por qué Draco odia septiembre?

—Hola —sonríe un Harry con gafas demasiado grandes para su rostro—. Soy Harry, ¿y tú?

Cuando todas las personas que se encuentran en el lugar sueltan un chillido, Draco sabe que están jodidos.

.

De verdad, Draco no tiene cómo reaccionar a esto.

—¿Somos amigos? —le cuestiona el pequeño Harry Potter, tirando de la manga de su camisa con sus pequeñas manos.

McGonagall se encuentra regañando a toda su casa severamente –"lo hablamos antes, estas cosas no están permitidas. ¿Quién es el responsable?" –, Granger se encuentra bastante pálida y Weasley lleva un rato desmayado. Personalmente, Draco los considera demasiado dramáticos hasta que el niño le agarra la mano y lo mira con curiosidad, llevándolo a la situación actual.

—No.

Harry no se ve feliz ante su respuesta.

—¿Por qué?

Por alguna razón, Draco piensa cuidadosamente su respuesta, nervioso ante la insistente mirada de su compañero de casa. Cuando Harry frunce el ceño y comienza a golpear el piso con la punta de su pie descalzo, Draco sabe a la perfección que el niño ha perdido la paciencia; entonces, solo suelta la respuesta sencilla que se le ha ocurrido.

—No lo sé.

Harry inmediatamente le sonríe, brillante.

—Entonces seamos amigos —dice con simpleza—. Soy Harry.

—Draco —es toda su respuesta.

.

Para cuando todos se encuentran desayunando, han perdido cien puntos, no ha aparecido el culpable de que Harry esté pegado a la cadera de Draco y en consecuencia, Draco tenga que aguantar las acusaciones de Weasley y la mirada inquisitiva de Granger. Es algo completamente normal, para ser la semana nefasta – como Draco la llama desde los once años – y por ello, que la enfermera del colegio dictamine que Harry se mantendrá como un dulce niño demasiado liviano para su edad durante otros seis días, no es algo que sorprenda a Draco.

—Draco, ¿me das de tu tocino? —pide Harry con sus grandes ojos verdes clavados en su persona.

En respuesta, Draco tan solo le sonríe y le cede al pequeño niño lo que le ha pedido. En realidad, a Draco le sorprende que en menos de tres horas ambos tiene una conexión, como si fueran amigos de toda la vida y eso hace que Draco se cuestione cómo será cuando Harry vuelva a ser el adolescente de dieciséis años que todos conocen.

Tan perdidos en sus mundos como están, ni el pequeño Harry ni Draco notan los dos pares de ojos que los miran con diversión.

.

Cuando llega el jueves, Draco y Harry ya tienen una rutina de la que ni siquiera son conscientes. Ambos duermen en la cama de Draco ante la negativa del niño de dormir en su propia cama con el resto de sus compañeros, se levantan lo suficiente temprano como para desayunar con calma y asisten a casi todas sus clases – porque los profesores cuando quieren son piadosos y Harry ha resultado bastante curioso –. Harry suele repetir a menudo que son los mejores amigos de todo el mundo y Draco sonríe todo el tiempo. Suelen pasar las tardes paseando por los terrenos del colegio o en la Sala Común de griffindor, Harry suele jugar al ajedrez con Ron o lee cuentos con Hermione, a veces quizás hasta intente peinar a Ginny y hable de plantas con Neville; pero inevitablemente termina junto a Draco hablando de un montón de cosas.

Siendo sinceros, Draco se ha acostumbrado en demasía a todo esto con una rapidez aterradora.

Entonces, metido en sus pensamientos sobre cómo serán las cosas a partir del lunes siguiente, Draco no puede evitar sorprenderse la noche del viernes cuando ambos se encuentran listos para dormir. Draco ha descubierto en lo que va de esta semana que, sin importar qué versión de Harry Potter sea, el chico siempre termina sorprendiéndolo.

—¿Draco? —susurra Harry bajito.

—¿Hm?

Harry guarda silencio por unos segundos, llamando la atención del adolescente acostado a su lado y juega con su desordenado cabello oscuro por un momento. Es la primera vez que Draco puede ver al niño de siete años tan serio.

Y adorable, por supuesto.

—Cuando vuelva a ser grande —comienza Harry, congelando a Draco en su lugar—. ¿Podemos seguir siendo los mejores amigos del mundo?

Los grandes y brillosos ojos verdes de Harry lo miran fijamente, mientras Draco intenta pensar cómo se ha enterado de ese no tan pequeño detalle – y algo le dice dice que deberá hechizar a Seamus al día siguiente, quizás a Dean también –, al mismo tiempo nota que es la primera vez que ve a Harry tan tímido.

—Por supuesto Harry —sonríe Draco—, seguiremos siendo mejores amigos.

Harry sonríe tan encantadoramente como solo él puede.

—¿Lo prometes?

—Lo prometo.


.

En algún momento Marsha agarró sus cosas y se largó pero digamos que volvió para pegarme este cachetazo estando en la escuela hoy. En realidad, esto está pensando para más (un mini- fic quizá) pero ahora no estoy para más y se supone que de la ruleta no tiene que salir algo con más de dos drabbles. Como sea, en algún momento tal vez me escriba todo o no.

Lo que me arrojen, que sea de buena manera. Hasta luego.